El lunes 17 continuó el ascenso a la sierra, dirigiendo el rumbo aun más al noreste; la marcha se hacía a pie y cabresteando a las bestias, pues montados los viajeros corrían el peligro de rodar por los profundos desfiladeros. Al llegar a una de las cimas pudieron ver nuevamente el Océano Pacífico y describieron su costa como orientada directamente de sur a norte; se trataba indudablemente del trayecto de litoral entre San Quintín y Camalú (Ver mapa p. 10). Los pinos, las palmeras y los álamos blancos se mostraban abundantemente, pero la esplendidez del paisaje no era suficiente para facilitar la marcha, y ese día viajaron apenas un poco más de quince kilómetros en siete horas, lo que da idea de la dificultad que el terreno presentaba para poder avanzar. Se detuvieron en un arroyo con álamos, sauces y mucha agua, y en este lugar dos soldados que hacían un reconocimiento del terreno encontraron gran número de huellas de nativos.

Mapa de La Cieneguilla, hoy La Rinconada.
El lugar, a los 30°34’ L.N., fue descubierto por Linck cuya expedición acampó allí probablemente el domingo 16 de marzo de 1766, poco antes de cruzar la sierra hacia el este. Entre las curvas remarcadas hay desniveles de 100 m. de altura, y la distancia horizontal entre las rectas azules es de 500 m.; esto da idea de lo accidentado del terreno; obsérvense al noreste elevaciones de más de 1600 m.. Fue punto de cruce de las expediciones que después hicieron franciscanos y dominicos (INEGI)
Entre los días 15 y 17 de marzo es muy probable que la expedición haya acampado en o muy cerca de La Cieneguilla, hoy La Rinconada, situada a los 30° 34’ de latitud norte y 115° 23’ de longitud oeste (Mapas pp. 10 y 29).
El lugar es de fácil acceso por el sur, pero por el norte las montañas alcanzan más de 1 400 metros de altura y por el este cerca de 1 300. Sin embargo, los arroyos de San Simón y Santa Eulalia son algunos de los sitios por los que se puede iniciar el ascenso de la sierra.
El martes 18 de marzo, viajando por cuatro horas, la expedición desvió aun más la ruta hacia el este, estaban empezando a cruzar la cumbre de la sierra, los arroyos con muchas palmas y álamos se sucedían uno tras otro, hasta que acamparon en un valle atravesado por varias cañadas con bastante agua. De aquí salieron varios soldados y nativos para hacer la acostumbrada exploración, pero al poco tiempo se vieron obligados a regresar, pues aunque se contemplaban el Golfo de California, y el valle de San Felipe entre el litoral y las montañas, tuvieron que detenerse al ser bloqueados por un paso muy difícil, según Linck . Esta descripción hace pensar que estaban en una latitud muy poco al sur de San Felipe, casi del lado oriental de San Pedro Mártir.
Estando aquí, algunos de los neófitos salieron a buscar mezcales para tatemarlos, y al oscurecer regresaron acompañados de una anciana india cuyos años y los ostensibles padecimientos que la aquejaban encorvaban su cuerpo. Linck sintió piedad por la mujer y dispuso que los interpretes intentaran instruirla con las ideas básicas del Evangelio. Poco se logró en este sentido con la anciana, pero aun así el misionero procedió a cristianizarla el 19 de marzo, poco antes de partir. Linck da a entender en los registros de su diario que tal vez la mujer no estaba preparada para el bautismo, ya que en momentos pareció rechazar la idea, aunque en otros se mostraba bien dispuesta a ello. Ante la duda, de cualquier manera el misionero decidió bautizarla, lo que en circunstancias semejantes no acostumbraban hacerlo los otros religiosos.
El día 19 todavía la expedición marchó hacia el este, sorteando los peligros que las montañas presentaban a su paso, llegaron al sitio en el que se habían detenido los soldados el día anterior, y aquí fue necesario que todos se pusieran a trabajar arduamente para nivelar en parte una vereda que les permitiera continuar.
No hay forma de determinar con exactitud el sitio por el que cruzaron la sierra de San Pedro Mártir; Burrus da a entender que fue aproximadamente a los 30° 37' de latitud, pudieron hacerlo por el cauce bajo del arroyo Agua Caliente, o más probablemente procediendo desde el sitio que Linck llamó La Cieneguilla1, conocido hoy como La Rinconada de la que se habló en párrafos anteriores, viajando hacia el noreste.
Esa tarde, el misionero subió a pie hasta una cumbre desde donde pudo ver el Golfo de California, y tomando como referencia el mapa de Fernando Consag, escribió en su diario que se encontraban enfrente de la Ensenada de San Buenaventura, nombre que dio este misionero a la bahía que está enseguida de San Felipe hacia el norte.
Por la descripción que hace el misionero del terreno y el tiempo viajado, lo anterior pareciera dudoso para algunos, sin embargo, al decir en su diario que estaba seguro de encontrarse frente a San Buenaventura2, contemplando el mar desde una posición geográfica favorecida por la altura, y señalar además que también se veía el valle que el día anterior habían contemplado los soldados entre las montañas y la costa, es casi seguro que la expedición se encontrara efectivamente casi a la altura de San Felipe, aunque esto discrepe con el mapa que se anexa en la edición de Ernest J. Burrus del diario de Linck, en el cual, el 19 de marzo acamparon aproximadamente a 30° 37’ de latitud, todavía a unos cincuenta kilómetros al sur del paralelo correspondiente a la bahía de San Buenaventura3.
Lugares de nombres conocidos en los que acamparon los viajeros en su viaje de ida. De unos 28 sitios, hay 19 de los cuales se desconocen los nombres
| Viernes 21 de febrero, 1766 | Vimbet |
| Sábado 22 | Yubai |
| Domingo 23 | Kanin |
| Lunes 24 | Keda |
| Miércoles 26 | Laguna Chapala |
| Viernes 28 | San Luis |
| Lunes 3 de marzo | Keita |
| Miércoles 5, jueves 6 y viernes 7 de marzo | Vellicatá |
| Sábado 8 y domingo 9 de marzo | San Juan de Dios |
Lugares de nombre conocido en los que acampó la expedición de Linck de 1766 en el viaje de regreso. Hubo unos cinco sitios de los cuales se desconoce el nombre
| Lunes 7 de abril | Keita |
| Martes 8 | Cataviña |
| Jueves 10 y viernes 11 | San Luis |
| Sábado 12 y domingo 13 | Calamajué o Calagnujuet |
| Lunes 14 a viernes 18 de abril | San Francisco de Borja |
Los campamentos
En el mapa de la página nueve, los puntos negros que aparecen en la ruta corresponden al lugar aproximado en los cuales los expedicionarios establecieron campamentos, aunque la precisión absoluta en la ubicación de muchos de esos lugares es imposible. Acostumbraban plantar sus tiendas en lugares cercanos a arroyos o aguajes y que tuvieran pasto para los caballos y mulas, aunque esto no siempre pudo hacerse, y cuando no tenían guías, el padre Link y el teniente Fernández de Somera mandaban partidas de exploradores para que buscaran la mejor ruta, lo cual podía ocuparlos uno o dos días. El cuidado de las bestias por la noche debió hacerse con mucha atención, tomando en cuenta que los pumas o leones de montaña merodeaban con frecuencia los improvisados corrales en que los viajeros encerraban a la caballada. En varias ocasiones tuvieron que dedicar todo un día en campear los animales que habían huido la noche anterior espantados por el depredador, con el fin de llevarlos al corral del campamento.

Sierra De San Pedro Mártir. El primer europeo que la conoció fue Linck
El jueves 20 de marzo por la mañana, un indio gentil que los viajeros encontraron les enseñó la ubicación de un aguaje, este hombre les hubiera podido ser de mucha utilidad pero se escapó al poco tiempo4.
Continuaron su marcha por la vereda en la que habían trabajado el día anterior, aunque de todos modos no pudieron montar en sus caballos y mulas por lo abrupto del terreno, y el descenso tuvo que hacerse a pie. Al final del día, Linck anotó en su diario: …Hicimos tan poco progreso que nada más alcanzamos hoy a dejar la molestísima sierra… Habían cruzado la sierra de San Pedro Mártir y se encontraban en su falda oriental. Aquí acamparon en un arroyo.
El viernes 21, después de cuatro horas de marcha siempre por una ruta hacia el norte pegada a la sierra, se detuvieron en un arroyo para acampar, y salieron dos soldados con algunos neófitos con la acostumbrada consigna de buscar más adelante un aguaje y algunos gentiles que les sirvieran de guías. Linck también mandó una partida de exploradores hacia la playa cercana, como lo dice en su diario, lo cual no concuerda con el mapa ya citado de la obra de Burrus, pues en él la distancia del punto en el que supuestamente se encontraban hasta la playa era de unos cuarenta kilómetros5, distancia que no se puede considerar “cercana” dadas las condiciones del terreno, como se menciona más adelante. El misionero deseaba saber si los nativos que habitaban en la costa sacaban pescado del mar, pensando que si así era y el viaje no presentaba problemas, podían mejorar su alimentación6.
Al día siguiente, sábado 22 de marzo, al hacer un reconocimiento del arroyo en el que estaban, vieron que cerca de su nacimiento, había muchos sauces y carrizos, y el agua, que brotaba en varios lugares y con distintas temperaturas formaba un buen caudal. Pudiera ser que se tratara del arroyo de Agua Caliente, que se forma en la sierra de San Pedro Mártir aproximadamente a los 30° 43’ de latitud norte para luego dirigirse al sureste rumbo a Valle Chico, o a algún sitio cercano al nacimiento del arroyo Huatamote, en donde todavía hay un lugar llamado Agua Caliente, aunque esto resulta difícil de aceptar, pues entonces estarían al sur de los 31° de latitud norte, lo que es muy dudoso. Lo cierto es que desde ese lugar, los viajeros contemplaron las faldas de la serranía con abundantes palmeras y pinos en lo alto, encontraron porciones pequeñas de tierra cultivable a los lados del arroyo, y el religioso consideró que el sitio se podía escoger para asiento de una misión.
Ya oscureciendo regresaron los neófitos exploradores que habían salido el día anterior hacia la costa, aunque muchos de ellos no tuvieron el vigor necesario para atravesar todo el arenal, y sólo los más fuertes pudieron llegar hasta la playa. Todos los españoles que conocieron a los primitivos californios exaltaron siempre su capacidad para realizar marchas prolongadas, lo que significa que desde el lugar en que estaba la expedición hasta el litoral habría unos cuarenta kilómetros, o más, pues sólo con tal distancia se explicaría que varios nativos no hubieran podido terminar la caminata. Un cálculo burdo del tiempo que viajaron los indios hasta la playa y el que destinaron al reconocimiento del lugar hace pensar que pudieron hacer el viaje de ida y vuelta en unas veinte horas más o menos, suponiendo que el día 21 salieron poco después del amanecer y regresaron el 22 al anochecer. Lo anterior permite suponer que la jornada sencilla fue de unas diez horas, tiempo en el que debieron viajar bastante más de los cuarenta kilómetros ya señalados, tratándose de hombres tan avezados como ellos a las marchas prolongadas y difíciles. La distancia al litoral, pues debió ser de cuando menos 40 Km.7.

Imagen satelital de la región deltaica del Río Colorado
El 26 de marzo la expedición debió estar en algún punto cercano al extremo sur de la línea amarilla que el autor trazó al oeste de Sierra de Los Reyes, hoy Sierra Pinta. “La Bomba” y S. El Mayor también son agregados a la imagen original
Cuando regresaron, los exploradores reportaron a Linck y a Fernández de Somera que encontraron una ranchería cercana a un aguaje, el cual coincide con el que describió el padre Consag localizado en San Felipe, y que aparece en su mapa “Seno de Californias y su Costa Oriental” (Ver p. 21). Los indios de la ranchería huyeron, excepto dos que fueron llevados hasta el campamento por los soldados y neófitos de Linck.
Varios soldados que también llegaron hasta la playa encontraron otra ranchería cuyos habitantes prefirieron pelear contra aquellos extraños forasteros, tendieron sus arcos y estuvieron a punto de iniciar un combate, afortunadamente fueron convencidos por los exploradores que sus intenciones eran pacíficas, y acabaron mostrándoles el aguaje.
Los indios gentiles que habían traído los exploradores estaban vigilados por un soldado, pero uno de ellos logró escapar por la serranía mientras que el otro fue detenido en su intento. Éste, cuyo lenguaje entendían los españoles y los indios intérpretes con mucha dificultad8, les proporcionó alguna información sobre la ruta a seguir, y el día 23 les sirvió de guía. Conducidos por él llegaron a un arroyo muy grande, pero no lo pudieron explorar para no perder tiempo y poder llegar a otro arroyo más lejano, viajando ahora un poco hacia el noroeste. Linck sabía que el tiempo se agotaba para concluir su empresa.
Las versiones de los diarios que se mencionan en párrafos anteriores, tienen a partir del 23 de marzo bastantes diferencias en sus registros; es este caso se ha seguido el documento de la Biblioteca Bancroft9.
Ese domingo 23 de marzo los expedicionarios viajaron durante cuatro horas faldeando el oriente de las montañas, aunque pasaron por dos aguajes los animales no pudieron beber el agua, y al llegar a un llano que les pareció propicio para acampar se detuvieron.
Conducidos todavía por el indio gentil que permanecía con la expedición, el 24 de marzo continuaron viajando por las faldas de la sierra hacia el noroeste, y a las dos horas de camino llegaron a un arroyo con mucha agua, flanqueado por tierras planas y gran cantidad de álamos, desde donde se contemplaban los pinares de la sierra. Linck consideró que el lugar reunía las condiciones para que se plantara una misión. Se encontraban quizá a un poco más de veinticinco kilómetros al noreste del cerro La Encantada10. Cerca del lugar encontraron a una india, vestida modestamente11, quien les aseguró que si seguían pegados a la sierra encontrarían agua todos los días. Muy cerca de allí, varios exploradores de la expedición encontraron en las montañas una ranchería de la que llevaron sin problemas varios hombres al campamento, en donde durmieron. Esa noche, asustados por algún león12 que rondaba el campamento, los caballos se espantaron y varios se fueron, lo que detuvo la marcha del contingente.
Linck sabía que se encontraban cerca del Golfo de Cortés, o Mar del Golfo, como dice el documento de la Biblioteca Nacional, pero al haber fracasado algunas partidas de exploradores, tanto españoles como nativos, en hallar aguajes cerca de la playa, se vio obligado a permanecer pegado a la sierra en donde sabía que encontraría agua todos los días, como les dijo la india. El misionero hizo la observación que la costa se dirigía “derecho al norte”13, por lo que es seguro que estaban un arriba de los 31°, tomando en cuenta que esa rectitud en el litoral de que habla Linck, sólo puede encontrarse en la línea costera que va del norte de San Felipe a la bahía de Ometepec14.
Auxiliados por los indios los soldados habían recapturado casi todos los caballos, y aunque no se encontraban en buenas condiciones, aprovechando la ayuda del único indio gentil que se había quedado en el campamento, avanzaron hacia el norte durante cinco o seis horas15; pasaron por varios aguajes y se detuvieron en el último de ellos para acampar. Poco antes de llegar a ese lugar, los indios de la expedición habían encontrado una ranchería cuyos pobladores se escaparon a la sierra, y aquí lo notable es que los neófitos y uno de razón16 describieron entre los gentiles que huían a un hombre blanco, como los españoles. Nunca se sabrá quién era ese hombre, pero podría especularse que se trataba de algún náufrago o un miembro perdido de las expediciones de Consag que sobrevivió amparado por los nativos17.
A esta altura y por toda la ruta, se encontraron muchas huellas de los nativos que habitaban la región, así como sus cabañas18; el misionero expresó que los indios eran dueños de muchos bosques de pinos y álamos que bajaban de la sierra. Cuando la expedición llegó al aguaje se encontraron a tres gentiles varones, dos con sus esposas e hijos. Uno de ellos era el guama de la ranchería y al ver a aquellos extraños forasteros procedió a hacer la representación que solían realizar para impresionar a su gente: hizo muecas, gritó y tembló de pies a cabeza, aparentando un estado de gran furia, sin embargo, al ver que no impresionaba a nadie, se calmó y se quedó tranquilo entre los expedicionarios.
Aquí observó nuevamente el misionero que el lenguaje hablado por los indios cambiaba radicalmente, lo cual se notó sobre todo por la extraordinaria rapidez con que pronunciaban las palabras; además, hasta los guías gentiles que prácticamente eran sus vecinos cercanos no entendieron lo que decían, lo cual convenció al misionero de que éste era el límite en donde terminaba la lengua cochimí. El extraño lenguaje de rápida pronunciación que ahora hablaban aquellos aborígenes debió ser el empleado por los ancestros de los indios kiliwas de hoy.
La caballada se encontraba con mataduras y en malas condiciones, comenzaban a espiarse19, y las yeguas especialmente se dolían al tener que cruzar algunas partes bajas de un terreno duro, blanquecino, que se formaba por un material rocoso que arrastraban las lluvias desde lo alto. Por otra parte, los guías estaban llevando a la expedición rumbo al noroeste, cada vez más lejos del golfo, argumentando que sólo por ese camino había agua, lo cual era absolutamente cierto, y Linck lo sabía. A pesar de la breve relación que el misionero había tenido con los naturales de la región, confiaba en sus guías y sabía que no lo alejaban del golfo con algún fin perverso, sino que sencillamente era cuestión de supervivencia: si descendían directo al golfo podrían perecer de sed, además de que la región entre la Bahía de Ometepec y la desembocadura del Colorado, con sus pantanos y zonas inundadas les hubiera dificultado en gran manera alcanzar las bocas del río.
Los guías relataron a Linck que para poder viajar a la playa sin agua desde la posición en que estaban, se ocupaba más de un día de jornada, y que cuando rara vez lo hacían, caminaban de noche y durante el día se enterraban en la arena para soportar las altas temperaturas. Actualmente se ha comprobado que en los tórridos y soleados veranos del desierto, a unos cincuenta centímetros bajo la superficie de la candente arena la temperatura desciende a un nivel soportable, lo que da veracidad a lo dicho al misionero por los indios
Los diálogos con los gentiles nativos de la sierra eran penosamente lentos por la discrepancia de su lengua con el cochimí, pero los intérpretes creyeron entender lo siguiente: casi todos los indios de la región tenía amplios conocimientos sobre el Río Colorado, pero ninguno sabía algo sobre su desembocadura; el Océano Pacífico estaba cerca del río formándose un istmo; y el agua “de mar” se podía tomar, refiriéndose quizá a que cerca de las bocas de la corriente, el agua dulce fluye sobre el líquido salino, especialmente en la época de inundaciones, lo que efectivamente hace posible sacar agua potable de lugares situados geográficamente “en el mar”.

Las dos piezas de arriba y la izquierda de abajo son ejemplos de cerámica elaborada por tribus del bajo Colorado. El recipiente de abajo a la derecha era de varas de sauce. Aunque las imágenes se publicaron en 1889 en ‘The Overland Monthly’, dan idea de la fina artesanía que mencionó Linck al referirse a las ollas de barro que los indios de la sierra adquirían de las etnias del Colorado
El casi desconocimiento que los indios de la sierra tenían sobre las bocas del río, resulta lógico por el terreno prácticamente inaccesible que debe haber existido por la ruta terrestre hacia aquel lugar; lo que sí es difícil de explicar es la supuesta existencia del istmo o faja de tierra entre el océano y el río, dada la cercanía de éstos según lo expresado por los nativos, lo cual era obviamente falso. Sobre esto último, tal vez la dificultad para interpretar las señas y expresiones de los gentiles hicieron que el misionero entendiera mal lo que querían decir; o quizá los indios sólo dijeron que consideraban al Océano Pacífico relativamente cerca, lo cual era cierto, dados los frecuentes viajes que llegaron a hacer hacia rancherías situadas muy cerca de la costa occidental de la península20. También pudo ser que los indios hablaran del Golfo de California, el río y las islas del delta, de lo cual se derivó la confusión.
Las ollas de barro artísticamente decoradas que algunos aborígenes de la sierra poseían, así como las cobijas y telas de algodón, algunas de fina apariencia, las obtenían de la gente que habitaba en las riberas del río, quienes, aunque eran indios como ellos, “usaban alguna ropa”. También supo Linck por los nativos que quienes habitaban la región del Colorado eran feroces guerreros, los arcos que usaban eran más altos que ellos, llevaban las flechas en aljabas pendientes de la cintura, y además usaban lanzas de palo y una especie de espada de madera con la que cortaban la cabeza a sus enemigos21.
A pesar de todo, don Blas Fernández decidió adelantarse tratando de llegar al río, acompañado por cuatro soldados montando mulas recién herradas, tomando en cuenta que casi toda la caballada se encontraba inutilizada de sus pezuñas22. Con alguna dificultad, el militar convenció al misionero para que se quedara, no sólo por la escasez de bestias en buenas condiciones, sino porque debería permanecer para cuidar a los enfermos, y para ahorrarse los riesgos y molestias de un viaje tan aventurado. Linck tenía treinta años, y al igual que sus hermanos jesuitas, la fe lo sostenía e impulsaba para realizar las más arduas empresas que condujeran a la evangelización de los gentiles; además, los bríos propios de su juventud le permitían aceptar con gusto los riesgos y peligros de las exploraciones que emprendía. Sin embargo, esta vez comprendió la razón que asistía al teniente y no tuvo más remedio que permanecer en el campamento.
Ya se ha dicho que el 19 de marzo, Linck aseguró que se encontraban enfrente de la Bahía de San Buenaventura, ligeramente al norte de San Felipe, aunque según el mapa empleado por Burrus, les faltaban unos cuarenta kilómetros de camino para llegar a ese punto. Esto no podría achacarse al reiterado error por exceso de un grado que constantemente cometió en el cálculo de la latitud, porque en este caso se basó en la observación directa de la costa23, aunque se admita que los errores mencionados del mapa de Consag consecuentemente llevaron a Linck a ubicar mal las latitudes24. Sin embargo, la verdad es que estas inexactitudes poco tuvieron que ver con el tiempo en el que Linck planeaba llegar al río, para el caso, decir que el 19 de marzo le faltaba viajar de los 31 a los 32 o de los 32 a los 33 grados es lo mismo en cuestión de tiempo o distancia.
Para el día 26 de marzo la expedición se encontraba por el lado occidental y casi al pie de la Sierra de los Reyes25, la cual hoy se conoce como Sierra Pinta, que se ubica al este del extremo sur de la Sierra de Juárez, a una latitud de 31° 30’ en su extremo sur, aunque por las razones explicadas antes, el misionero pensara que se hallaban a los 32° 30’. Para ahora según sus observaciones, y en esto sí tenía razón, la distancia que los separaba de la playa era casi el doble de la que había seis días antes, aunque los gentiles del rumbo dijeran que el gran río estaba cerca. Según lo expresado en el diario del viaje, los expedicionarios se encontraban al sur de la ladera occidental de la Sierra de los Reyes, con la Sierra de las Tinajas al oeste26, y en una apreciación correcta, los nativos aseguraban que siguiendo por las faldas de la serranía hacia el norte llegarían al río. Esto era cierto.
50 Km., lo que coincide con la distancia calculada en el viaje sencillo que hicieron los indios a la costa en 10 horas viaje sencillo.
claridad desde algún lugar situado en la sierra, al noroeste de San Felipe, quizá a unos sesenta kilómetros de ese puerto. Ese punto elevado debió estar sobre la sierra de San Pedro Mártir, ya que la de Los Reyes o sierra Pinta, y la de San Felipe, es casi seguro que nunca fueron escaladas por los expedicionarios tomando en cuenta su carácter desértico y desprovisto de agua.
*…Continuó la expedición su camino….que era el mismo que tres años antes había andado el padre Wenceslao Link, según dijeron los soldados que lo acompañaron en la expedición al Río Colorado hasta un lugar que el citado padre nombró La Cieneguilla, distante de la nueva misión de San Fernando en Vellicatá veinticinco leguas al rumbo del norte.. “*Relación histórica de la vida y apostólicas tareas del venerable padre fray Junípero Serra”, p. 59. Francisco Palou, Editorial Porrúa, México, 1990. ↩︎
... Al consultar el informe de la expedición hecha por el padre Fernando Consag de p. m. [de “pía memoria”] *en 1746 y el mapa hecho de su reporte, estoy convencido que estamos enfrente de la bahía de San Buenaventura...*De “Wenceslaus Linck’s Diary of his 1766 Expedition to Northern Baja California”, Dawson Book Shop, 1966. ↩︎
Por la observación del mapa de Consag, se hace prácticamente inequívoca la identificación de la bahía de San Buenaventura si se observa desde lo alto, tomando en cuenta que la bahía de San Felipe es claramente visible, así como el brazo que la cierra por el norte y que termina en lo que hoy se llama Punta El Machorro, el que a su vez limita por el sur a la bahía de San Buenaventura. ↩︎
Muchos nativos que los viajeros encontraron a lo largo del camino hacia el norte, acompañaron frecuentemente a la expedición por breve tiempo, sirviéndoles de guías y hasta de embajadores para convencer a los habitantes de las rancherías que se encontraban más delante de sus buenas intenciones; sin embargo, a pesar de la vigilancia de los soldados y de la insistencia de Linck para que permanecieran con ellos, los indios se escapaban con toda facilidad y regresaban a sus comunidades. Lo anterior sugiere que los nativos no se deslumbraron con la comitiva y los regalos que recibían, y que les resultaba preferible regresar a su vida acostumbrada. No se sabe de indios gentiles que se hayan sumado a la expedición y la hayan acompañado permanentemente abandonando sus rancherías. ↩︎
Conforme a lo dicho en las notas 73 y 74 anteriores, lo más probable es que la expedición se encontrara en esa fecha más al norte de lo que se indica en el mapa señalado, en o arriba de los 31 grados, lo que aumentaría un poco la distancia al litoral del golfo, pero sin obstáculos montañosos en la ruta. ↩︎
Linck no sabía que los pueblos que habitaban cerca del Río Colorado se alimentaban de las vainas del mezquite y de los productos que obtenían de su incipiente agricultura, como melones, maíz y sandías, así como de gran variedad de pescado que sacaban del gran río, como carpas y salmones. Es casi seguro que en las rancherías cercanas a San Felipe, los nativos no comían ordinariamente los productos que se mencionan al principio, pues no tenían las facilidades de quienes vivían más al norte para practicar una elemental agricultura, factible gracias al gran río; pero sí es seguro que sacaban pescado del mar, como lo había comprobado Francisco de Ulloa, en su viaje por el Golfo de California realizado en 1539 con los cochimíes que habitaban en las costas, un poco al sur de San Felipe. ↩︎
Todo hace suponer que el día 22 de marzo estaba la expedición ligeramente al noreste del Pico de la Encantada; de allí al aguaje de San Felipe que cita Linck debe haber entre 45 y ↩︎
Linck señaló en su diario que, aunque básicamente el lenguaje de toda la región era el mismo, era común que en cada ranchería se emplearan por su gente palabras pronunciadas en forma especial y única, algo así como modismos regionales, que consecuentemente no entendían aun los vecinos próximos. ↩︎
No se conoce la causa por la cual, a partir del 23 de marzo, hay las diferencias señaladas entre los dos diarios, y sólo se pueden formular hipótesis para explicarlas. Esas hipótesis, cualesquiera que sean, podrían tener relación con un hecho importante: Fernández y Somera y cuatro soldados se adelantaron en búsqueda del río el 26 o 27 de marzo, y sus aportaciones para uno de los diarios escritos pudieron hacer su contenido diferente al de la versión autógrafa de Linck, ya que el misionero se quedó en el campamento con el grueso de la expedición. También debe pensarse que esas diferencias en los textos se dan prácticamente en el viaje de regreso. ↩︎
El Cerro de La Encantada también tiene el nombre de Picacho del Diablo, denominación más empleada por turistas y montañistas, su altura es de 3 070 m. sobre el nivel del mar y constituye la elevación más importante de la península. Las regiones cercanas a este lugar, y otros por los que la expedición acababa de pasar, fueron considerados por Linck como propios para establecer misiones. Sobre el particular, Peveril Meigs señala, refiriéndose a la sierra de San Pedro Mártir, ...*En cuanto al abastecimiento de agua, a las tierras llanas y a la abundancia de madera, esta región es insuperada en toda la península. Los inviernos severos fueron, sin embargo, un obstáculo contra el que los misioneros españoles, con su trasfondo agrícola mediterráneo y sus limitados recursos, no estaban muy inclinados a luchar...*Quizá Meigs tuvo algo de razón al sugerir que los jesuitas no tuvieron el carácter y decisión suficientes para plantar misiones en la sierra de San Pedro Mártir y sus alrededores, pero el geógrafo e historiador olvidó que, aparte de las bondades geográficas de un medio determinado para establecer una misión, se necesitaban resolver otros problemas, como el transporte de equipo y víveres, ya que sin la capacidad de transportar y trasladar los bienes necesarios a los sitios seleccionados con la oportunidad necesaria, la empresa con seguridad fracasaría. Además, debe recordarse que el proyecto de poblar la región septentrional de la península en tiempo de los jesuitas, se vio truncado por su expulsión apenas dos años después de la expedición de Linck hacia el Colorado (Aunque el decreto de Carlos III para la salida de los discípulos de Loyola se expidió en 1767, en California se hizo efectivo hasta principios de 1768) . ↩︎
La expresión “vestir modestamente” significaba vestir con decencia. ↩︎
La existencia del león de montaña o puma todavía es frecuente en casi todas las serranías de la península, y el depredador es una amenaza constante para el ganado de los ranchos que hay en esas regiones. Linck dijo entonces que ...las montañas están llenas de ellos... ↩︎
El registro de Linck del 24 de marzo dice: ...Sé que estábamos muy cerca de la costa del golfo, pero la necesidad de agua nos obligó a pegarnos a la sierra. Es cierto que se ha llevado a cabo la búsqueda de aguajes cerca de la playa, pero sin éxito. Desde nuestra actual posición, la mar corre aquí derecho al norte...[En el documento de la Biblioteca Nacional dice “la mar del Golfo]. ↩︎
En el mapa que acompaña la traducción de Burrus, el campamento del día 24 de marzo se ubica a los 31°, lo que resulta dudoso por lo que se ha señalado, en el sentido de que la rectitud de la costa que observó el misionero ese día solo pudo haberla percibido con ↩︎
Las “cinco o seis horas” que viajaron los expedicionarios hacia el norte a partir de un lugar ya rebasado el paralelo de los 31 grados, dan, con un cálculo muy conservador , una distancia superior a los cuarenta kilómetros, lo que ubica a los viajeros ese día 24 de marzo prácticamente a una latitud que corresponde con el arranque por el sur de la Sierra de Los Reyes o Sierra Pinta, a una distancia de unos cincuenta kilómetros del litoral del golfo. ↩︎
“Uno de razón” significa un español. ↩︎
Aunque en el sur de la península se dieron situaciones de soldados desertores o mineros que llegaron a irse a vivir con alguna mujer india a su ranchería, éste es el único caso documentado de un hombre blanco que en un lugar tan remoto, se haya visto formando parte de un grupo de indios gentiles. ↩︎
...*En aquel país se vieron algunas cabañas de madera labrada, lo que da a entender que sus habitantes son más laboriosos e industriosos que los otros californios; mas estas cabañas estaban desiertas, y por eso se creyó que no las habrían fabricado para habitarlas permanentemente, sino para refugiarse en tiempo de frío; porque no es allí rara la nieve en invierno, y nuestros viajeros vieron nevar en abril...*Clavijero, op.cit., p. 224. ↩︎
Ver el vocabulario. ↩︎
Los indios del Colorado llegaron a hacer incursiones sobre las misiones dominicas de San Pedro Mártir y Santa Catarina, esta última fue destruida en 1840 por tribus locales y otras provenientes del Río Colorado. En 1836, los yumas se unieron a los kumiai y otros indios de la costa para atacar los ranchos cercanos a San Diego, y aun al mismo puerto, aunque Macedonio González, de San Vicente, logró ahuyentarlos hasta Jacumé, cerca de La Rumorosa, en donde se hicieron fuertes con el apoyo de indios del Colorado y lograron rechazar a González. Resumen histórico de Baja California, de Cueva Pintada a la Modernidad, Antonio Ponce Aguilar;1999; pp. 171 y 178). ↩︎
Los indios de la región del Colorado, como los yumas, usaban arcos de palos de sauce o álamo, forrados con nervios o tendones de venado, material que retorcido servía también para la cuerda del arco. Para la guerra, las puntas de sus flechas las envenenaban hundiéndolas en substancias orgánicas putrefactas. Empleaban también unos mazos de palo parecido a un moledor de papas, hechos de palo verde o de mezquite. Estos datos se tomaron de The Yuma Indians, publicado en la revista “The Overland Monthly”, Vol. XIII, junio de 1889, No. 78, escrito por Eugene J. Triple. ↩︎
En la traducción del diario de Linck que hizo Burrus no se menciona el resultado de la salida de don Blas Fernández de Somera hacia el Colorado, ni si acaso llegó a la desembocadura del río. ↩︎
Es seguro que Linck supo que estaba frente a la Bahía de San Buenaventura el día 19 porque la vio, no porque haya hecho el cálculo astronómico correspondiente. Al respecto, el misionero escribió:...El 19 avanzamos por dos horas a través de los más escarpados cantiles hasta que llegamos al lugar al que no pudieron cruzar nuestros soldados ayer...Me pasé la tarde subiendo a pie una cumbre para lograr una vista del Golfo de California. Tuve éxito en contemplarlo...al consultar el mapa hecho de su reporte [de Consag] estoy convencido que estamos enfrente de la ensenada de San Buenaventura...lo que después vi o *aprendí de los indios coincide por cuanto el padre Fernando dice...*El mapa de Consag aparece reproducido en la página 21. ↩︎
El error de más de un grado al medir la latitud geográfica pudo ser consecuencia del citado mapa de Consag, que aparece en la página 20, en donde es evidente la falla, pero en un reporte a Armesto de 1765 en el que Linck se refiere a otra expedición anterior a la del Colorado, también se manifiesta la misma equivocación en la latitud, lo que podría indicar defectos de los aparatos empleados o deficiencia en su manejo. ↩︎
Un cálculo conservador de la distancia recorrida desde el día 15 ó 16 de marzo en que se acamparon en La Cieneguilla, hasta el día 26, basado en el relato del misionero sobre las horas viajadas cada día, y las dificultades que en algunas partes del trayecto encontró la expedición para seguir normalmente el viaje, da unos 130 ó 140 Km., lo que ubica a los viajeros, efectivamente, al pie de la sierra de Los Reyes. Esta sierra, enclavada en la zona desértica del noreste de la península, tiene elevaciones promedio de 400 a 700 m sobre el nivel del mar y termina por el norte en La Ventana. Carece de vegetación. Véase mapa de p. 46. ↩︎
La sierra de Las Tinajas y la de Las Palmitas están casi paralelas, a la izquierda de la sierra Pinta o de Los Reyes. Entre los bloques montañosos de las dos primeras y la última está el cauce del arroyo Grande o del Tule, que en el tiempo en que Linck hizo el viaje pudo haber llevado agua en partes de su trayecto. ↩︎