El informe que hizo el padre Wenceslao Linck al poco tiempo de arribar a la misión de San Francisco de Borja comienza con la ubicación geográfica y una descripción física del lugar.
Siguiendo la costumbre de la época para denotar la distancia entre dos lugares, Linck se refirió a la separación que había entre la nueva Misión de San Borja y Santa Gertrudis diciendo que estaban a dos días y medio de distancia, lo que da, considerando los 100 Km. que separan a ambos puntos, un promedio de 40 Km. viajados por día.. Respecto a su latitud, repitió el error que se cometió varias veces desde las exploraciones de Fernando Consag al situar los diversos puntos de la península a más de un grado de exceso hacia el norte, al mencionar que la misión se hallaba aproximadamente sobre el paralelo de 30 grados al norte, cuando realmente su latitud es de unos 28° 45´. Haciendo una observación crítica de los cálculos de Consag, Linck mencionó que en la última expedición que aquel misionero había llevado a cabo, situó la Bahía de los Ángeles unos minutos abajo de los 30 grados de latitud norte, y para terminar señaló equivocadamente, la misión, sin embargo, está a algunos minutos al norte de la bahía mencionada1, lo que es falso, ya que se tienen que viajar cerca de treinta kilómetros para alcanzar los 29° correspondientes a la ubicación de Bahía de los Ángeles.
Este inicio del informe de Linck muestra al lector contemporáneo uno de los grandes obstáculos que dificultó las exploraciones realizadas en aquel tiempo: la imprecisión al ubicar diversos lugares de la península en las cartas geográficas que después se empleaban como referencia básica en los viajes de otros navegantes y exploradores.
Continuando con la descripción del lugar en el que desempeñaba su labor, el misionero señaló que desde una colina no muy alta situada enfrente de la misión, se podían contemplar tanto el litoral del golfo como el del Océano Pacífico, lo cual significaba que se encontraba casi equidistante de los dos mares. Linck mencionó, además, que desde la mencionada colina, en un día claro podían verse los cerros de la Pimería Alta2 en Sonora, lo cual resulta verídico aunque parezca una exageración, ya que el Cerro Viejo, en el límite sur de la región sonorense que se menciona, es visible a la simple vista desde San Borja. Además, desde el mismo lugar pueden verse las islas de Cedros, Natividad y el grupo de San Benito.
Linck mencionó que de San Borja a Los Ángeles se hacía poco menos de medio día de camino, pero aclaró: el golfo esta realmente mucho más cerca que eso, ya que la ruta a la bahía tiene muchas vueltas. La distancia a la costa occidental la consideró a un poco más de medio día de camino, siguiendo una ruta recta, plana y sin ninguna montaña.
Estas observaciones hicieron pensar al misionero, con toda razón, que en esta latitud la península era mucho más angosta de lo que se apreciaba en algunos mapas antiguos, sobre todo el de Consag, que se reproduce en páginas posteriores y en el cual, efectivamente, hay una deformación por la que se exagera el grosor de la Baja California.
La tierra en la región de San Borja fue descrita tan estéril e improductiva como en el resto de California, y aunque hubiera algunos espacios buenos para la siembra, lo que faltaba era agua, haciéndose efectivo el refrán del ranchero que cita Fernando Jordán3: No es la tierra la malagradecida, el ingrato es el cielo… Era tan escasa, expresó Linck, que si el aguaje produjera suficiente para irrigar lo que hoy serían 1.3 hectáreas de trigo , sería algo excepcional (…si ella da abasto para regar dos fanegas de trigo, será buen andar…).
Este reservorio era realmente una pequeña fuente de agua caliente que luego bajaba en forma de minúsculo arroyo. Al principio se pensó que produciría agua suficiente, pero no fue así, ya que cuando el agua fue retenida en un represo y éste se abrió para que fluyera, no sucedió lo esperado, y sólo corrió una cantidad muy reducida. Linck tuvo dudas sobre excavar más para ampliar y profundizar el cauce según lo relató en su informe. Todavía hoy, los campesinos de Baja California dudan sobre las acciones a tomar cuando el agua de un aguaje no es suficiente, pues saben que escarbar más no siempre se traduce en un aumento del caudal.

Aguaje de San Borja en el que brota agua caliente, y que Linck citó como una fuente muy reducida que apenas ajustaría para regar algo más de una hectárea, lo cual era verdad, pues hoy se usa en un pequeño espacio sembrado, tal vez menor que el mencionado por el misionero (1999). El pozo fue ademado por los dominicos.
La falta de leña también constituía un problema, ya que algunas actividades prácticamente vitales para la misión dependían de su uso, como la cocción de los alimentos, defenderse contra el frío en los helados inviernos, fabricar cal y ladrillos para la construcción4, etc…
Excepto por unos cuanto cactus, escribió el misionero en otro reporte, todo lo que aquí puede verse es una planta llamada cirio. Son dañosos y tan inservibles como leña que los indios, que siempre andan buscando alguna defensa contra el frío, soportarán las más bajas temperaturas antes que usar estos cirios. El intenso frío constituye una dificultad adicional en esta zona. Aun en el presente mes de septiembre las noches son muy frías.5

…Son dañosos y tan inservibles como leña…, escribió Linck refiriéndose a los cirios, (Fouquieria columnaris) como los que se observan en esta fotografía, y que se encuentran en el semidesierto de Baja California desde el volcán Las Tres Vírgenes hasta los llanos aluviales que hay al sur de San Pedro Mártir.. Llegan a crecer 18m.
A diferencia de los reportes hechos por la mayor parte de los misioneros, Linck refirió que respecto a la comida para los indios, había una considerable fuente a la mano, ya que ellos obtenían pescado del mar6, y en el interior la abundancia de mezcal, tanta así que seguramente no había otra región en California con tantos agaves de esta clase, proporcionaba a los indios un sabroso alimento. Además, se daban en el campo una especie de dátiles y algo de pitahayas, y aunque en este particular informe no lo refirió, en otros reportes señaló la abundancia de liebres y conejos que los indios cazaban con facilidad, de lo cual se habla más adelante.
Sobre las costumbres y prácticas religiosas de los cochimíes, el misionero expresó que los locales practicaban las mismas costumbres de los otros californios; sin embargo, aclaró que los indios al norte de nosotros puedan diferir en sus creencias y prácticas religiosas. Los que fueron cristianizados aquí trajeron sus ídolos dos días antes del bautismo. Son estatuas cuidadosamente esculpidas; una de ellas tenía un tridente en su mano derecha, y otra una serpiente enroscada como con la que se acostumbra representar a Mercurio. También trajeron sus vestidos y pinturas, las cuales son bastante decentes7 . La última palabra significa “aceptables” o “de regular calidad”.
Aunque Linck se mostró desconfiado y aun temeroso de los nativos que habían llevado sus ídolos, nunca se presentó un problema que fuera resultado de sus fanatismos y los ritos practicados en sus ceremonias, las cuales, admite el misionero, nunca pudo conocer. Al respecto escribió en el reporte mencionado antes: ...Había alguna preocupación por sus guamas, de que vinieran en la noche a efectuar sus ceremonias de curación sobre los enfermos. Pero ahora han venido a la misión con sus familias y se han asentado aquí. Insisten que nunca pensaron que, dedicándose a sus artes curativas, estuvieran haciendo algo malo; y nos aseguran que las suspenderán. Han traído sus instrumentos, ídolos, atuendos y pinturas, todo lo cual fue quemado públicamente.
Algunos de los indios recién cristianizados inspeccionaron cuidadosamente la casa del misionero, y dijeron que más al norte se podían encontrar habitaciones más altas, grandes y mejores que las de aquí8. Como a dos días de camino de San Borja, había una antigua casa donde los nativos se congregaban en determinadas ocasiones para llevar a cabo sus fiestas9, pero aclaró Linck: Este año no han tenido fiestas allí porque los nativos del norte cortaron el acceso de nuestros indios a la casa, y hace unos días asesinaron a varios de ellos, los demás, aterrorizados, se refugiaron aquí. Más adelante en su informe, el jesuita menciona que las referidas festividades practicadas por los nativos del norte eran diferentes a las que celebraban los demás aborígenes de la California.
Algo que llamó la atención al misionero fue que los indios no hacían un particular esfuerzo por protegerse contra el frío cubriéndose con ropa adecuada. Sólo he visto a dos nativos, escribió en su informe, usando una especie de cobija tosca, bien tejida conforme a un diseño artístico, y conservada limpia; pudiera servir de tapete en cualquier parte. Están forradas con piel de nutria10, conejo, etc.. No ha sido posible que trocaran aquel manto o frazada por cualquier otra cosa, de hecho, desde entonces, ni siquiera se las han puesto. Los hombres nativos andan desnudos aquí como en cualquier parte de California; las mujeres usan una faldita corta11.
Lo que se relata en los últimos párrafos, son informaciones que el misionero alemán aportó a la historia de la península, datos únicos y de gran valor para ampliar el nebuloso concepto que se ha tenido sobre la cultura de los californios. Queda claro, por ejemplo, que la alimentación de estos indios no era tan miserable como la describen otros misioneros, y que en sus prácticas religiosas hubo grupos que sí practicaron cierta forma de idolatría, lo cual nunca se menciona en los informes de la época, además, daban importancia a la diversión en comunidad, rasgo poco conocido y casi nunca mencionado.
Linck fue claro al señalar que los indios eran, en lo general, francamente receptivos a su obra evangelizadora, y aun quienes eran considerados enemigos por los de la misión, querían ser cristianizados, puesto que la mitad de ellos se fueron a Los Ángeles para unirse con aquella ranchería para la instrucción religiosa, mientras que los demás se retiraron hacia el norte, y aun de éstos, dos regresaron después y al poco tiempo fueron bautizados.
Las indios de San Borja que fueron bautizados en Santa Gertrudis eran más de trescientos, y a éstos se agregaron ciento cuarenta, que recibieron el mismo sacramento del primero al veintiséis de septiembre de 1762, en la recién fundada misión de San Borja. El resto, formado por unos ciento ochenta y dos nativos, reciben ahora instrucción religiosa, informó el misionero. Las estadísticas mencionadas por Linck muestran un número excesivo de “aspirantes” a la nueva religión12, lo que obligó al misionero a regular su asistencia a la misión, pues si todos hubieran acudido al mismo tiempo a la doctrina hubiera habido confusión y poco entendimiento en aquella labor de por sí difícil. Al presentarse una epidemia que afectó a casi todos los indios, aun los gentiles acudieron en gran cantidad para que el misionero los instruyera con objeto de recibir el bautismo, como así ocurrió. Muchos gentiles y neófitos murieron en esta época víctimas de la contagiosa enfermedad.
Para terminar su informe, Wenceslao Linck escribió: En una palabra, la cosecha es abundante, y si las provisiones ajustan, la misión de San Borja pronto tendrá más de mil nativos bautizados.

Tronco de un olivo centenario en San Borja, al pie del cual se observa el hilo de agua que Linck consideraba apenas suficiente para el riego de una hectárea y fracción. Actualmente, la persona que cuida el lugar se ha encargado de aprovechar el modesto arroyo para regar una huertita y algo de verduras. Obsérvese el tubo galvanizado que se usa para la conducción del agua. La acequia está revestida con cemento.
W. Linck’s Reports..., Burrus, op.cit., pp. 43-44 ↩︎
La Pimería Alta era una región que se encontraba entre lo que hoy es Arizona y el noroeste de Sonora, limitando con los ríos Gila por el norte y el Altar por el sur, el bajo Colorado por el oeste y el San Pedro al oriente. La árida región estaba habitada por los indios pimas, yumas y pápagos. ↩︎
Fernando Jordán, El otro México. Biografía de Baja California; SEP-UABC, 1997, p. 376. ↩︎
Calcinando piedras carbonatadas y conchas, los jesuitas producían la “cal viva”, que con el agua formaba la cal común para usarla mezclada con arena en la elaboración de mortero. Los ladrillos eran fabricados en hornos que consumían gran cantidad de leña. ↩︎
W. Linck’s Reports..., op.cit., pp. 45,46. ↩︎
Desde tiempos remotos, los californios, y particularmente los cochimíes, usaban balsas para adentrarse en las aguas del Golfo de California o del Océano Pacífico para obtener pescado, que era parte importante de su alimentación. En su viaje por mar alrededor de la península, Francisco de Ulloa reportó que los días dos y tres de octubre de 1539 estuvo en lo que el llamó Puerto Lobos, hoy Bahía de San Luis Gonzaga, y que se encontraron en la playa un campamento de pescadores en el que había anzuelos de huesos de tortuga, los cuales doblaron calentándolos al fuego; otros de espinas vegetales amarrados a varas; cordeles retorcidos; balsas hechas de tres manojos de cañas atadas entre sí, el de en medio más largo que los laterales, amarrados unos con otros, y buches de foca para contener agua The Discovery and Earliest Explorations of the Gulf of California, James R. Moriarty, “The Journal of San diego History” enero de 1965, Vol. II, No. 4. ↩︎
W. Linck´s Reports..., op.cit.,pp.46-47. ↩︎
No se sabe a qué casas se refirieron los indios, aunque pudieran ser las que construían de madera algunas etnias de la sierra de San Pedro Mártir, o las que hacían de gran tamaño algunos grupos que habitaban la región del Río Colorado. En la región de San Borja y más al norte, los cochimíes vivían, según lo describieron exploradores y navegantes de la época, en cabañas circulares, sin techo, dentro de las cuales acostumbraban encender una fogata. El padre dominico Vicente Mora viajó en 1774 hacia la región de Viñadaco, que después sería El Rosario, y describió así las casas que habitaban los nativos al norte de San Borja: …el día 29 fui a comer adelante, como dos leguas de un paraje nombrado Yubay, ranchería perteneciente a San Borja; allí vi, con grande admiración mía, las casitas donde estos infelices habitan, las que no se reducen más que a un círculo hecho de la misma tierra…Ponen en medio dos lumbres o tres…y en medio de ellas se acuestan, por la parte por donde viene el viento ponen unos ramajos…(Nieser, Albert B.; “Las fundaciones misionales dominicas en Baja California, 1769-1822, UABC, 1998, pp. 307-308). ↩︎
Según relatos de los misioneros, todos los californios eran afectos a celebrar festividades con diversos pretextos, como una boda, el comienzo de la época de las pitahayas, la cacería de venados y distribución de sus pieles, y por motivos religiosos o míticos. Una especie de danza era practicada casi siempre en estas reuniones. El padre Juan María de Salvatierra expresó: …*Los niños cristianos hicieron sus bailes , de que tienen más de treinta clases…representando la caza, la guerra, la pesca, sus viajes, sus sepulturas y otras cosas semejantes. Causaba mucho gusto el ver a un niñito de tres o cuatro años que se gloriaba de hacer su deber en el baile…*Clavijero, op.cit., p 60. ↩︎
La nutria de mar llegó a ser un producto codiciado en Asia desde el siglo XVIII, cuando los rusos penetraron por las costas al noroeste de América y se dedicaron a su cacería intensiva. En el siglo XVIII su tráfico comercial llegó al máximo, cuando barcos de distintas banderas anclaban en San Quintín para matar los codiciados mamíferos, lo que condujo a su extinción. ↩︎
W. Linck´s Reports...op.cit., pp.48-49. ↩︎
La región de Adac, sobre todo hacia la costa, tuvo una población relativamente densa desde tiempos remotos, como lo expresa Eric W. Ritter en su documento titlado Investigations of Prehistorical Behavioral Ecology and Culture Change within the Bahia de los Angeles Region, Baja California, publicado en el “Pacific Coast Archaeological Society Quarterly, Vol. 34, N. 3, Summer 1998” y que dice en síntesis: *Se propone que la ocupación inicial del área cercana a Bahía de Los Ángeles ocurrió hace 6 000 años. Subsecuentemente, cambios climáticos y posiblemente otros factores pudieron haber conducido hacia una población menos densa, más móvil, y más cercana a fuentes importantes de agua. Se ha formulado la hipótesis que en esta época hubo un aumento de complejidad cultural al finalizar la prehistoria, probablemente en el área de interacción entre la costa y tierra adentro. Este cambio pudo haber ocurrido como resultado del aumento en las destrezas para conseguir comida, en el manejo eficiente del agua, e interacciones regionales concomitantes con algún nivel de influencia directa o indirecta de eventos externos y posibles respuestas a cambios climáticos, como los que se hallan registrados en la Alta California al término de la época prehistórica.. Sin embargo, es posible que si se dio, este cambio de elevación en la complejidad cultural fue limitado y quizá incipiente. Luego se interrumpió por la entrada de los españoles...*Las investigaciones se realizaron en 74 sitios, 47 de ellos cerca de la costa. ↩︎