Juan Manuel Basaldúa nació en Pátzcuaro, Michoacán, en 1675, y su vocación religiosa debe haber surgido en parte de una motivación familiar, pues todo hace suponer que los padres José y Marcelino Basaldúa, nativos también de Pátzcuaro, fueron sus hermanos y se desempeñaron como evangelizadores en la Tarahumara y en Nayarit, respectivamente. En 1690, a los 15 años de edad entró al noviciado, y se ordenó el 7 de diciembre de 1700. Dos años después hizo su tercera probación en Puebla, y en 1702 fue destinado a California, inicialmente para servir en la misión de San Javier.
El padre Francisco María Píccolo, uno de los primeros misioneros jesuitas en California, salió de Loreto rumbo a la ciudad de México en diciembre de 1701 con el propósito de conseguir la ayuda que tanto se necesitaba en la península para seguir con la evangelización de los naturales de aquellas tierras. Poco fue lo que consiguió en dinero y especie, pero a su regreso navegando en la barca “El Rosario” recién comprada en Acapulco pudo llevar con él a dos nuevos misioneros que tanta falta hacían, los padres Jerónimo Minutuli, italiano de Cerdeña, y Juan Manuel Basaldúa, quien ahora podría cumplir con su vocación de servir a los naturales en la lejana provincia. Después de una peligrosa navegación del puerto de Matanchel a Loreto, los misioneros desembarcaron el 28 de octubre de 1702, y se prepararon para aprender el lenguaje de los naturales locales para iniciar su trabajo. Una de las primeras experiencias que como misionero tuvo el padre Basaldúa, fue dar los auxilios espirituales a un indio de la misión de San Francisco Javier, sentenciado a muerte por sedición y asesinato^184^, inesperado inicio del joven jesuita en California. Poco después se acordó que el padre Basaldúa se fuera con el padre Pícolo a la misión de San Francisco Javier, en tanto que Ugarte, su anterior misionero, cruzaría el Golfo en la nueva embarcación para traer provisiones y sobre todo, bestias y ganado mayor y menor.
Al igual que casi todos sus compañeros, el padre Basaldúa llevó a cabo exploraciones en la constante búsqueda de lugares adecuados para plantar misiones. En 1703, aprovechando que el padre Ugarte había traído caballada en febrero de ese año, Basaldúa acompañó a Salvatierra, Pícolo, el capitán Rodríguez y algunos soldados en una expedición hacia el Pacífico. No se tiene fuente documental que detalle la ruta seguida, pero se sabe que al no encontrar en aquella costa un paraje propio para establecer una misión, los viajeros se dirigieron al sur y llegaron hasta la desembocadura del arroyo San Javier, que en su parte baja recibe hoy el nombre de Santo Domingo. Aquí encontraron muchos estuarios e isletas con abundancia de pescados y otros mariscos para alimentarse, estaban a unos kilómetros de Bahía Magdalena, pero tuvieron que regresar y llegaron a Loreto en mayo de 1703 sin haber encontrado puerto alguno o fuente de agua importante. Sin embargo, sí hallaron en la zona costera indígenas amistosos que fueron invitados a San Javier.
La procuración de los bienes necesarios para subsistir que tenían que llevar a cabo los jesuitas de la península, era una lucha constante y casi siempre llena de frustraciones por la burocracia y
^184^ Por aquel tiempo, naturales de algunas rancherías cercanas a San Javier se habían rebelado y asesinado a varios neófitos de la misión. El capitán del presidio, ayudado por indios fieles, logró la aprehensión del cabecilla que fue sentenciado a la última pena a pesar de la intervención a su favor de los padres Pícolo y Salvatierra. Fue entonces que Basaldúa ayudó al sentenciado en sus últimos momentos.

Relación geográfica de Liguig con otras misiones. Adaptación en mapa de Google Earth.
- Liguig.
- Loreto.
- San Bruno.
- Bahía Concepción.
- Mulegé.
- Bahía San Juanico.
- La Purísima.
- La Purísima en su segunda ubicación.
- Comondú Viejo.
- San Miguel y San José de Comondú.
- San Javier.
política imperantes en todas las colonias de España. En febrero de 1704, Basaldúa viajó a la Ciudad de México vía Guadalajara llevando informes sobre el estado general de las misiones, así como las grandes ventajas que tendría para la corona el consolidar su existencia y progreso. El rey Felipe V había mandado varias cédulas disponiendo, entre otras cosas, que del real erario se sacara lo necesario con el fin de satisfacer algunas de las necesidades más apremiantes que se planteaban, incluyendo mejoras en las “limosnas” de los misioneros, el establecimiento de un nuevo presidio con 30 soldados y un capitán en la costa occidental, y hasta la compra de un barco. A pesar de que todo indica que las órdenes reales eran terminantes, sobre todo la de que se entregase a los jesuitas $6,000 pesos retroactivamente desde 1701, el virrey Don Francisco Fernández de la Cueva Enríquez nada concedió al misionero, seguramente porque España se debatía en constantes guerras1, y puso como pretexto para posponer indefinidamente la entrega de lo que ordenaba el rey que no estaban presentes ni Pícolo ni Salvatierra. Después de mandar carenar la pequeña embarcación “El Rosario”, Basaldúa regresó a Loreto pero acompañado del padre Pedro de Ugarte, hermano del legendario Juan del mismo apellido.
En 1705, el padre Juan María Salvatierra en su carácter de provincial, llevó los víveres que tanto se necesitaban a California y antes de regresar a la Nueva España, dejó el encargo de que se plantaran dos misiones, una en el lugar conocido como Liguig2, al sur de Loreto, y otra en Mulegé, al norte, en un sitio que los nativos llamaban “Caaman Cagaleja”, lo cual significa “Río entre rocas”, y los encargados de dar cumplimiento a lo dispuesto por Salvatierra fueron los padres Pedro de Ugarte y Juan Manuel Basaldúa, respectivamente.
Basaldúa, acompañado por varios soldados y algunos indios cristianos se embarcó en Loreto y llegó al oasis de Mulegé en noviembre de 1705, situado en la costa a los 26º 53´ N. y 111º 59´ W, a orillas del río del mismo nombre. Como de costumbre, una de las mayores dificultades que tuvo al comenzar su obra misionera fue la presencia de los guamas o doctores indígenas, que supuestamente curaban a los enfermos con sus ritos tradicionales, uno de los cuales consistía en aspirar la enfermedad con una caña que aplicaban al lugar del cuerpo en que se manifestaba el padecimiento. Después de vencer la natural oposición de los guamas que como podían trataban de desacreditar al misionero, este fundó la misión y le puso por nombre Santa Rosalía de Mulegé, en lo alto de una loma cerca de un extenso palmar, muy cerca de la costa. El nombre de Santa Rosalía fue en atención a los deseos de su patrocinador Don Nicolás de Arteaga y su esposa.

Paisaje actual del palmar de Mulegé.
El padre Basaldúa levantó la iglesia y demás pequeños edificios de adobe, y la construcción de piedra que hoy se conoce la comenzó años después el padre Francisco Escalante, obra que fue terminada en 1766. Además de su obra evangelizadora con los gentiles y a pesar de su precaria salud, Basaldúa trabajó intensamente con sus indios para abrir un camino a Loreto, a más de 140 Km. de distancia, con los consecuentes beneficios al facilitarse el viaje de la recua de mulas y los bienes que se transportaban. Los malestares de Basaldúa aumentaron, enfermo de viruela en la gran epidemia de 1709, y al temerse que corriera peligro su vida, se dispuso que el misionero se fuera a Guaymas primero, y después a la misión de Ráhum, en Sonora, en donde se restableció y pudo seguir sirviendo a las misiones peninsulares al enviarles ayuda en más de una ocasión y actuando como su gestor cuando pudo hacerlo, como sucedió en la ocasión en que su amigo, el padre Pícolo, le escribió una carta sobre los logros en Mulegé, Basaldúa le mandó una copia al obispo de Durango que tenía jurisdicción sobre California, el obispo pidió el documento original y lo mandó a Madrid, consecuencia de lo cual fue una cédula más a favor de California expedida por Su Majestad el 29 de enero de 1719. Las dotes intelectuales del misionero fueron reconocidas cuando fue nombrado en 1717 rector del Colegio de Guadiana3. El padre Basaldúa Murió en 1746.
Uno de los pretextos que puso el virrey al misionero jesuita para no entregarle la ayuda. fue que deberían estar presentes los padres Salvatierra y Píccolo, lo cual obviamente no podía ser por encontrarse en la lejana California. ↩︎
Se emplean indistintamente los nombres de Liguig, Ligüi, Lihui o Malibat para designar el lugar en que se estableció la misión de San Juan Bautista. ↩︎
El Colegio de Guadiana, 1596-1767, fue una importante institución educativa de nivel superior en Durango. Entre otras cosas se enseñaba latín, retórica, teología y filosofía, preparando a los estudiantes para ejercer la abogacía y el sacerdocio. ↩︎