Antes de regresar a la península el padre Juan María de Salvatierra, después de renunciar en 1706 al cargo de provincial de la orden en la ciudad de México, preparó un envío de equipo y provisiones de Matanchel a Loreto que fue llevado por el padre Julián de Mayorga1, quien tenía poco tiempo de haber llegado de Europa.
Mayorga, nativo de Villarejo, España, arribó en 1707 a Loreto enfermo y se agravó al grado de que se le administraron los últimos sacramentos, y aunque el padre Salvatierra que ya estaba allí desde el 3 de febrero de ese año le ordenó que regresara para su propio bien, el misionero suplicó a su superior que lo dejara en California a lo que accedió el padre Juan María, pronto el nuevo misionero se restableció e inició así una estancia de 30 años en la distante península.

Paisaje cercano a Comondú.

Panorama que deben haber contemplado Salvatierra y Ugarte al subir La Giganta en su viaje a Comondú.
En 1707 los padres Salvatierra y Juan de Ugarte exploraron, simultánea pero independientemente, el arroyo de Comondú o “Caamanc Cadeú”, “Carrizal en cañada” en lengua cochimí2, a unos 50 kilómetros al oeste de Loreto. Cuando casualmente se enteraron de que ambos trabajaban muy cerca uno del otro, decidieron continuar sus acciones, Salvatierra fundó un poblado que llamó San Ignacio al norte y Ugarte el de San Miguel al sur. Los misioneros no pensaron entonces que, años después, como se verá más adelante, los dos poblados formarían parte de una de las misiones más importantes de la península, San José de Comondú.
Un año después, en el verano de 1708, Salvatierra, Ugarte y Julián de Mayorga visitaron el paraje llamado Comondú por los nativos, que es el actual Comondú Viejo, paraje por el que pasa un arroyo afluente en la parte alta del que hoy se llama La Purísima, pero que antes se llamó Santo Tomás y Cadegomó, situado a unos 35 Km. casi directamente al norte del actual poblado de San José de Comondú3 y a unos 33 kilómetros de La Purísima, arroyo arriba4; los misioneros pensaban que el lugar era propio para fundar una misión, por lo que con la dotación de Don José de la Peña Castrejón y Salzines, Marqués de Villapuente, se inició en aquel sitio la misión que se llamó San José de Comondú5 (ver F8), siendo designado su misionero el padre Mayorga, quien permaneció en ella hasta su fallecimiento en 1736.
Salvatierra y Ugarte acompañaron a Mayorga durante algunos días, hasta que pudieron iniciarse las actividades rutinarias de la misión, y regresaron a Loreto. Al principio se construyeron una pequeña habitación y una iglesita de palos y ramas, poco después Mayorga pudo levantar con la ayuda de los indios una buena edificación de adobes para iglesia, un hospital y dos escuelitas para los niños y niñas, cultivó la tierra para la siembra de granos y plantación de viñedos, y reunió las diversas rancherías en dos poblados que eran San Ignacio, originalmente establecido por Salvatierra, y San Juan Londó; años después el pueblo de San Miguel que había fundado Ugarte, que perteneció en un principio a San Javier, también se agregó a la misión de San José de Comondú. El que tenía más agua y tierra labrantía de riego era San Ignacio.

Cimientos de la misión de Comondú Viejo. De “Images of Baja California”, Harry Crosby, 1967-1992.
En 1714, ayudado por los soldados, y más aún por los indios de la misión, Mayorga inició la construcción de una iglesia un poco más grande que la que tenían desde 1708, aunque también se construyó de adobe debido a la falta de cal para el mortero con que se pegaba la piedra. Al nuevo edificio se le dio una anchura de 6.4 m., por ser esa la longitud de los maderos disponibles para vigas del techo, aunque la anchura de los muros de casi un metro reducía bastante el espacio interior. Sin embargo, la construcción daba la impresión de solidez, y su longitud de 19 metros era suficiente para acomodar a buena parte de los neófitos de la misión. Las ruinas de los cimientos de la iglesia aún existen, y fueron hechos de piedras que se colocaban en la zanja y llegaban a unos 30 centímetros sobre la superficie del suelo. Poco a poco, aprovechando las épocas en que había en la misión alimentos para sostener el equipo de indios que trabajaban en la construcción, se fueron levantando los muros que llegaron a una altura de 3 m.. Ocho años después de su fundación, la iglesita fue techada. Lo narrado da una idea del gran esfuerzo y paciencia que se requerían para levantar una edificación en un paraje alejado de Loreto.
Mayorga escribió un informe al provincial de la Compañía de Jesús Alejandro Romano sobre el estado de la misión de San José de Comondú, fechada en San Juan el 20 de octubre de 1720, del cual cabe destacar lo que sigue. La iglesia era de pared doble de adobe, con su sacristía y otras dos piezas para habitación del padre; había...*ganado mayor y menor lo bastante para surtir así este pueblo como los otros dos de este partido. Y cada día irá creciendo, si no viene otra mortandad, como la he tenido este año, en que se me ha muerto una buena porción de ganado menor6 …*Sigue relatando el padre Mayorga que en Comondú, no había posibilidad de sembrar ni una mata de calabaza, ya que a pesar de haber trabajado por el parecer de quien más lo entendía7 en una obra para sacar agua e irrigar la tierra, no se había obtenido la suficiente para conducirla al terreno de siembra.
Aquí, al igual que en otras partes de su informe, el misionero deja trascender muestras de cansancio y pesimismo sobre todo en su quehacer temporal. En este aspecto, refiriéndose al pueblo de San Juan, Mayorga mencionó que lo construido se reducía a una pequeña pieza para el padre, una iglesita empezada y un pequeño pozo con muy poca agua para sembrar; en San Ignacio, el otro pueblo de la misión, sólo había una casita que se estaba cayendo y era inhabitable, por lo que más valía derribarla. Se contaba con algunas cabras, aunque muy pocas, y aquí sí admitía el padre que había suficiente agua para regar un espacio de tierra en donde cabrían 10 a 12 almudes de maíz. Sin embargo, las tierras que de por sí no eran muy buenas, se las llevaba el arroyo cuando llovía fuerte.
En lo espiritual, Mayorga fue un poco más optimista y señaló que tenía a casi todos los indígenas bautizados y había muchas parejas casadas, aunque explicó que en lo general los avances eran muy lentos. Cerca del final de su manuscrito, el padre Mayorga precisó que en relación con lo que se había hecho o no se había hecho en la California, en nada había intervenido él con sus opiniones, por la razón sencilla de que jamás se le había pedido su parecer, y si en nada he intervenido hasta aquí, lo mismo sepa V. R. será en adelante 8. Se transcribe enseguida parte del documento:
…Acerca de otras cosas, aunque en sí, a mi parecer muy sustanciales, y aunque de algunas de ellas dependiere, y no poco, mi opinión, así en lo temporal como mucho más en lo espiritual, no hablo palabra. Porque ninguna de ellas depende de mí, y por otra parte, si hablara algo, aunque no me apartara en un punto de la verdad, fuera yo un hombre sin juicio, imprudente, temerario, y sin amor alguno a la California. El tiempo vendrá (aunque tarda mucho), que [se] descubra con cuánta verdad se ha informado, por escrito y de palabra, a los Padres Provinciales acerca de las cosas de por acá. Sólo quiero ahora para mi consuelo, que tenga entendido V. R., que en cuanto se ha determinado, se ha hecho y no se ha hecho, de años a esta parte en la California, en nada ha intervenido jamás el parecer del Padre Mayorga con un sí, ni un no, porque jamás en todo este tiempo, se me ha pedido mi parecer ni yo lo he dado. No digo esto porque lo sienta, y puede V. R. creerme, que antes tengo muchas razones para alegrarme de ello. Dígolo sólamente para que se entienda que alguna o algunas cosas, y de suyo de monta, en que yo ni he dado mi parecer, ni aun he sabido lo que intentaban, se han pedido a los Padres Provinciales en nombre de todos los Padres de Californias. Esto sí he sentido vivísimamente. No quiero que se me atribuya por algún lado, sea bueno sea malo, lo que por ninguno me toca. Y si en nada he intervenido hasta aquí, lo mismo sepa V. Ra. será en adelante…9
Mayorga terminó su informe con las cortesías acostumbradas, pero es innegable que el documento es la muestra de un misionero disgustado con la situación prevaleciente respecto a sus superiores y la forma como se administraban las misiones, y aunque su redacción es propia, carece de los eufemismos e hipérboles acostumbrados por casi todos los demás jesuitas de su tiempo, todo esto a pesar de que llegó a ser representante de la Inquisición en California10. El padre Mayorga tuvo problemas de salud, al grado de que en una ocasión tuvo que irse a Sinaloa buscando una mejoría con el cambio de clima, y tan pronto como mejoró volvió a su misión. En la opinión de autores como Clavijero, en aquel tiempo fue reconocida su labor en favor de los indios de San José de Comondú, en donde trabajó arduamente durante 28 años. El mismo misionero admitió en una carta dirigida al padre provincial que padecía fuertes dolores en el pecho y el estómago, y que le afectaba una grave depresión al grado de que había días en que no sentía deseos de moverse11.
Sin embargo, Mayorga debe haber dominado todos los problemas físicos y mentales que por un tiempo lo agobiaron, pues poco a poco su misión de San José de Comondú prosperó no sólo por el número de indígenas bautizados, sino en la producción de alimentos.
Julián de Mayorga murió el 10 de noviembre de 1736 a la edad de 67 años, después de 28 años de servir como misionero en California, y le sucedió el padre Francisco Javier Wagner. Deben reconocerse las virtudes de aquel hombre educado en los refinamientos de la corte española, que vivió casi tres décadas ejerciendo sus tareas de evangelizador y civilizador de los primitivos californios, en una de las misiones que llegó a tener la distinción de constituir la base de dos de los poblados más reconocidos de la península, como lo son San Miguel y San José de Comondú.
La obra del padre Mayorga cobró importancia años después como iniciador de una serie de misiones que se irían plantando hacia el norte, lo cual culminaría algunas décadas más tarde con el establecimiento de los franciscanos en Alta California, conducidos por el padre fray Junípero Serra.

Muro del colegio levantado por el padre Inamma en la última ubicación de Comodú.
Después de la muerte del padre Mayorga, para julio de 1737 ya estaba el padre Wagner trabajando en la misión12, la cual pronto fue cambiada al poblado San Ignacio hacia el sur, el lugar que había visitado Salvatierra, por tener agua abundante y ofrecer mayores posibilidades agrícolas, de manera que el Comondú Viejo quedó como visita, y a San Ignacio se le conoció desde 1738 como San José de Comondú, en memoria del paraje en el que primero se fundara la misión. En 1737, el poblado de San Miguel, fundado por el padre Juan de Ugarte y que antes era visita de la misión de San Francisco San Javier, quedó ahora muy cerca de la nueva cabecera de San José de Comondú, a la cual se agregó, de manera que por algunos años los pueblos de la misión fueron 4: San José de Comondú, San Miguel de Comondú, Comondú y San Juan, aunque con el tiempo, por la disminución de la población indígena, lo que quedaba de ella se reunió toda en San José y los demás pueblos prácticamente desaparecieron.
La edificación de piedra que se levantó después fue iniciada en 1750 por el misionero austriaco Francisco Inama, y era considerada una joya arquitectónica13, se terminó alrededor de 1760 pero décadas después fue destruida por el gobernador Juan Domínguez, según la tradición, para aprovechar sus materiales en la construcción de una escuela rural. De esta nueva construcción queda aún lo que fue la sacristía, y hasta hace poco en su interior se podía admirar una fotografía de las ruinas de la iglesia como estaban poco antes de 1930. Aquí debe señalarse que hay cierta confusión sobre la iglesia de San José de Comondú, de lo que se hablará con más detalle en otro capítulo, ya que autores como Dunne la consideran obra del padre Mayorga14, mientras que Barco y otros la atribuyen a Inama.
Mayorga viajó de Matanchel a Loreto en compañía del capitán Rodríguez, quien estaba recién casado con una noble dama de la Nueva España. ↩︎
Dunne afirma que Comondú significa Valle de las Piedras. Black Robes…, op.cit., p. 125.m ↩︎
San Miguel de Comondú está a 26° 2’ de latitud norte, y San José de Comondú se encuentra apenas a unos 2 kilómetros al norte del anterior. ↩︎
Comondú Viejo está a 26° 16´26.94" N y 111°43´12.49" W. ↩︎
San José en honor del benefactor de la misión y Comondú por castellanizar el nombre del lugar en cochimí. ↩︎
Informe del padre Julián de Mayorga al provincial de la Compañía de Jesús, Alejandro Romano, sobre los bienes temporales y adelantos espirituales de la misión de San José de Comondú. Colecciones Mexicanas, ficha 285. Biblioteca Nacional de México, México, 2003, hoja 1. ↩︎
Ibid., hoja 1. ↩︎
Mayorga, op.cit., hojas 5 y 6. ↩︎
Ibid. h. 6. ↩︎
“Harry W. Crosby, “Antigua California: Mission and Colony on the Peninsula Frontier, 1697-1768”, p. 486, n. 16. ↩︎
Dunne, op.cit., p. 126,127. ↩︎
El cambio de Comondú Viejo a San Ignacio, que se empezó a llamar San José de Comondú, pudo haberse iniciado desde 1736, antes de que muriera el padre Mayorga. ↩︎
La iglesia era la única en California que tenía 3 naves. Su techo era abovedado y sus dimensiones: 25.1m. por 10.8 m. ↩︎
Dunne, op.cit., p. 127. ↩︎