Antonio Ponce Aguilar

 
Capítulo IX. La navegación más difícil y peligrosa

…No sucumbiremos fácilmente ante las fuerzas de la naturaleza, y si naufragamos en el “Trinidad” o los indios nos matan, el “Santa Águeda” llegará a su destino con un informe para mi señor Hernán Cortés…

Los navíos anclan frente a Bahía María, Baja California, pero el mal tiempo les impide desembarcar

Aprovechando que el clima mejoraba, los viajeros levaron anclas para acercarse al sitio en que habían hecho la aguada por primera vez con el fin de reponer el líquido que les faltaba, pero el viento contrario se los impidió, sobre todo al “Santa Águeda” con su velamen en aparejo de cruz, que dificultaba la navegación contra el viento. Sin embargo, esto no sucedía con el “Trinidad”, por lo que todos los barriles y parte de la marinería se cambiaron a este navío, el cual, no sin algo de trabajo, pudo acercarse lo suficiente al sitio de la aguada, la cual se llevó a cabo sin más problemas, además de juntar algo de leña que les hacía falta. Después, activándose todos los hombres útiles, se transbordó el agua necesaria al “Santa Águeda” que esperaba al sur del lugar.

Todo indica que los españoles estuvieron en aquel sitio del 1º de febrero de 1540 hasta el 8 del mismo mes, como ya se mencionó haciendo la aguada, además de que se dieron tiempo de pescar y cazar algunos animales. El jueves 5 parecía que el clima permitiría que la flotilla reanudara la navegación por el rumbo que otras veces habían comenzado, hacia la costa de tierra firme, pero por enésima ocasión fuertes vientos contrarios obligaron a los navegantes a regresar al punto del que habán zarpado. El domingo 8 de febrero reiniciaron la navegación, y el día 11 pudieron por fin llegar al lugar de la costa en tierra firme a donde por primera vez habían arribado. Este punto está quizá en la actual Bahía María, apenas al sureste de Punta María1, en el sitio del que por primer vez fueron devueltos por las tormentas a Isla de Cedros; aquí pudieron contemplar, según Preciado, un hermoso paisaje de suaves colinas y valles, con verdes matorrales, lo cual solo se explica asumiedo que pudo debese a las recientes lluvias.

Anclados los barcos cerca de la playa, esperaban los españoles que mejorara el clima para reiniciar la navegación, pero sucedió lo contrario, pues fuertes tormentas golpearon a la flotilla, al grado de que el agua del mar embravecido barría con todo y ponía en grave peligro la vida de los marineros, por lo que las embarcaciones navegaron varias veces hacia mar abierto, y en otras a navegar costeando el litoral; el mal tiempo arreciaba, y en una ocasión en que los dos navíos eran empujados hasta cerca de la isla de la que habían salido, el capitán ordenó dirigirse al refugio conocido, al que arribaron el sábado 14 de febrero, en donde permanecieron hasta el miércoles 3 de marzo abasteciéndose del agua y leña que ya necesitaban. Ese miércoles 3 de marzo, al mejorar el clima, reiniciaron su navegación, pero una corrinte marina y la falta de viento, arrojaron al “Santa Águeda” hacia la costa**.** Los marineros de ambas embarcaciones tuvieron que trabajar mucho para normalizar las cosas, pudieron navegar una media legua, un poco más de dos kilómetros, y ya miraban la punta del norte de la isla cuando, a causa de un tiempo rezio y contrario2, tuvieron que regresr al refugio del que habían salido, a donde arribaron a las 9 de la noche, y allí permanecieron hasta el lunes 8 de marzo, cuando un viento favorable del oeste permitió a los navegantes zarpar con la intención de hacer rumbo a la costa de tierra firme; con la esperanza de abandonar ya aquella isla, sin embargo, la misma corriente que los había obligado a volver a la isla el 3 de marzo los separó, arrastrando al “Santa Águeda” hacia el mar, y al “Trinidad” a la costa de la isla. La nave capitana permaneció mar adentro por no ser prudente acercarse a la costa con aquel tiempo y en la obscuridad, mientras que el “Trinidad” estaba protegido cerca de tierra. Desde esa hora, el “Santa Águeda” se fue acercando a la costa, hasta que por fin, ambas embarcaciones llegaron a la hora del crepúsculo al refugio costero anhelado de donde habían zarpado, en el cual permanecieron hasta el viernes 12 de marzo.

Ese día 12, según lo xpresa Ulloa*, …partímonos este día,…a tornar a porfiar nuestra porfía…3*, la niebla obscurecía el entorno al medio día, al grado de que aunque podían hablarse de un barco a otro, apenas se miraban en aquella extraña obscuridad, pero aún así, en dos días estuvieron frente a la costa de tierra firme, unos 35 Km. al sur del sitio al que habían arribado en las dos ocasiones anteriores, aparentemente frente a algún lugar de la bahía de Santa Rosalillita. Un tiempo tormentoso impidió a la flotilla seguir la navegación, y tuvo que devolverse a la Isla de Cedros, y a las ocho o nueve del día del domingo 14 de marzo arribaron a un punto unos 5 Km. al norte de donde habían salido en la costa oriental de la isla. Al día siguiente lunes 15 en la noche, se rompieron los cables de las anclas del “Trinidad”, la mejor de las cuales fue recobrada con gran trabajo por los marineros al amanecer del martes 16.

Al seguir el mal tiempo, los dos barcos se dirigieron al refugio del sur de la isla, en Morro Redondo, a donde llegaron el miércoles 17 de marzo, y allí permanecieron hasta el miércoles 24 de ese mes, cuando el capitán decidió que los barcos se movieran a un sitio propio para hacer las reparaciones que eran necesarias.

A pesar de las penalidades sufridas y el trabajo arduo que todos los hombres tenían que hacer para mantener a flote los navíos, el Domingo de Ramos desembarcaron en la playa y llevaron a cabo una procesión encabezada por los padres misioneros, llevando todos ramas en sus manos, atendieron una misa, y después regresaron a sus embarcaciones.

El capitán Ulloa decide que el “Santa Águeda” regrese y él continuar la exploración en el “Trinidad”. Los preparativos

A estas alturas del viaje, Francisco de Ulloa había comprobado en todo momento su valor ante los riesgos y adversidades del viaje, sus conocimientos en marinería, y su absoluta fidelidad hacia el conquistador Hernán Cortés. Es posible que el capitán tuviera un plan “B” previsto para el caso de que las condiciones imperantes de clima y una mermada provisión de alimentos impidiera seguir la exploración, y procediera entonces conforme al mismo. Ese miércoles 24 de marzo, Ulloa y sus hombres se reunieron para hablar sobre la situación crítica en que se encontraban, sobre todo por el mal estado en que se hallaban los barcos, las pocas provisiones que quedaban, la falta de ropa que ya se había desgastado al máximo y el clima extremadamente adverso para la navegación que persistía salvo por breves lapsos. Como era de esperarse, el concenso general fue que deberían regresar a la Nueva España, pero el capitán Ulloa decidió seguir hacia el norte, él y un pequeño número de marineros que seleccionaría, en el “Trinidad”, por ser el más veloz y capaz de avanar más fácilmente con viento contrario, …tan lejos como pueda…, según sus propias palabras, y mandar al “Santa Águeda” con un informe de lo encontrado en el viaje hasta Isla de Cedros. Ulloa registró lo siguiente en el relato que mandaría a Hernán Cortés:

…Estando en este paraje que arriba digo, hize ver los bastimentos que tenia y halleme con el arinaje que vuestra señoria verá por extenso, y viendo que para toda la gente heran tan pocos quantos vuestra señoria verá, e que con ellos toda la gente no podia pasar adelante, y teniendo por muy gran lastre haber gastado tanto tiempo e tan trabajoso en ver una cosa que tanto vuestra señoria deseaba e tanto le ha costado, e acordado de en la nao Trenidad e con estos pocos bastimentos e gente ir adelante si Dios me diera tiempos, todo lo que pudiere y el tiempo me diere lugar, y enviar esta nao e gente a la Nueva España con esta carta relazion; y para aderegar el navio y llevarle mas bien acondicionado y guarnecerle del todo de las cosas nescesarias, nos venimos a buscar parte aparejada para hazerlo, a la punta que esta isla tiene a Sur, y llegamos a ella miércoles de la santísima semana santa, que se contaron veinte e quatro de marzo, e andobimos buscando por toda ella parte para podello hazer y hallárnosla primero dia de la santísima pasqua de resureccion, el que llegamos alla, y estuvimos aderezando el navio y despachando el uno y el otro hasta oy lunes cinco de abril, que todos nos partimos de esta isla de los Zedros cada uno para seguir su viaje. Dios nos lo dé tal qual vuestra señoría desea, al qual plega aumentar su ilustrisima persona y estado por muy largo tiempo, besando las ilustrisimas manos de vuestra señoría. Francisco de Ulloa4.

La decisión estaba tomada, pero ahora debían todos esforzarse en la preparación de los navíos para sus respectivos viajes. Antes de volver a navegar, los estropeados barcos debían ser calafateados, sobre todo el “Santa Águeda”, por lo que los marineros, bajo las órdenes de los pilotos Juan Castellón5 y Pedro de Bermes, realizaron un excelente trabajo sobre los navíos en 7 días, según Preciado. Por ese tiempo todos recibieron la comunión, y por disposición de los padres confesores, las pieles de foca que la marinería había sustraído del campamento de los nativos, tuvieron que ser devueltas poco después hasta el lugar de donde las habían tomado, acto que por orden del capitán Ulloa sería conducido por Francisco Preciado en el viaje al dejar la isla.

El “Santa Águeda” y el ‘Trinidad" se despiden; el Cabo del Engaño

El lunes, antes del medio día, los que iban en el “Santa Águeda” se despidieron del capitán Ulloa y de sus compañeros, que pronto zarparían en el “Trinidad”, habiéndose derramado no pocas lágrimas, según la narrativa de Preciado. El capitán electo por la marinería del “Santa Águeda” para conducirlos a la Nueva España fue el piloto mayor Juan Castellón, y zarparon el mismo día 5 de abril; el martes, al pasar frente a la aldea de los nativos se detuvieron, varios soldados y marineros con el padre Antonio de Melo, saltaron a tierra para devolver las pieles de foca, después de lo cual regresaron al barco y reanudaron su vaje hacia el sur. Poco antes de esto, cuando ya navegaban a una legua de distancia del “Trinidad”, el capitán Castellón ordenó que se dispararan 3 cañonazos en honor de esta embacación, saludo que fue contestado en forma semejante. El “Santa Águeda” se encontraba a 300 leguas de su destino, el puerto de Colima, mientras que el del “Trinidad” era incierto.

La nave capitana, con Castellón al mando, fue impulsada por vietos favorables, gracias a lo cual en 6 días llegaron a la altura del puerto de Santa Cruz, lo cual produjo gran contento en los navegantes, quienes al sentirse optimistas respecto su futuro, suspendieron el racionamiento de la comida que se habían impuesto. En las vecindades de Santa Cruz, los viajeros se sorprendieron con la presencia de unas 500 ballenas que pasaron cerca de la embarcacón. Otra experiencia novedosa fue la presencia en el mar de gran cantidad de sargazo, lo que en cierta manera difcultó la navegación aunque por breve tiempo.

El 18 de abril de 1540, el “Santa Águeda” arribó al puerto de Santiago de Buena Esperanza, y permaneció allí unos 4 o 5 días antes de seguir para Acapulco. Casi al final de su relato, Preciado expresó que ...Después de que este barco, el “Santa Águeda” se separó del General Ulloa y regresó el 5 de abril, llegó al puerto de Santigo de Buena Esperanza el 18 del mes mencionado, y después de permanecer allí cuatro o cinco días, partió para Acapulco, sin embargo, hasta el presente diecisiete de mayo del año de 1540, no he tenido reportes o noticias de él….6 [refiriéndose a Ulloa o al “Trinidad”].

Más aún, después de la partida del “Santa Águeda” para la Nueva España, el General Francisco de Ulloa en el barco llamado el “Trinidad” procediendo en su decubrimiento costeó la tierra hasta que llegó a un punto llamado Cabo del Engaño estando a los treinta grados y medio de latitud norte, y luego regresó a la Nueva España, porque encontró los vientos muy contrarios, y sus provisiones le fallaron7.

Obsérvese que el litoral occidental de la península de Baja California se interrumpe en un punto que se indica en el mapa como C. de Engaño. Los nombres registrados por Castillo en la costa occidental de la península, de sur a norte, son: Punta de la Trinidad, hoy P. Tosca; San Abad, hoy tal vez P. Entrada; Chumadas, nombre actual desconocido; Punta de Arrecifes; Los Inocentes; Isla San Esteban, hoy I. de Cedros; Punta de Reparo; Punta Cazones; Cabo de Engaño.

Tomado de Historia de Nueva España, escrita por Hernán Cortés, aumentada por don Francisco Antonio Lorenzana, arzobispo de México, p. 330, fondo antiguo, fondos digitalizados.

Lo anterior parece ser un testimonio categórico que confirmaría lo siguiente: Ulloa llegó hasta Cabo del Engaño y se regresó a Nueva España por los vientos contrarios que impedían la navegación hacia el norte, y la falta de provisiones, pero Preciado no deja claro en su narrativa cómo y cuándo obtuvo los datos del último párrafo, y quizá igualmente importante ¿Dónde estaba Cabo del Engaño?; y, ¿Pudo Ulloa haber seguido navegando hacia el norte de Cabo del Engaño?

La ubicación precisa de ese punto se desconoce con seguridad, pero con los mapas y descripciones de navegantes y cartógrafos de la época es posible situar en un mapa el lugar aproximado en que se encontraba. Se dan a continuación sólo unos cuantos ejemplos de métodos y resultados de las principales investigaciones realizadas.

El historiador y biógrafo de Cortés Francisco López de Gómara, quien posiblemente tuvo acceso al mapa que anexó Ulloa al informe entregado al conquistador, escribió lo que enseguida se transcribe, actualizada la ortogografía original:

Del ancón de San Andrés, siguiendo la otra costa, llegaron a la California, doblaron la punta, metiéronse por entre la tierra y unas islas, y anduvieron hasta emparejar con el ancón de San Andrés. Nombraron aquella punta el Cabo del Engaño, y dieron vuelta para la Nueva-España, por hallar vientos muy contrarios y acabárseles los bastimentos. Estuvieron en este viaje un año entero, y no trajeron nueva de ninguna tierra buena: más fue el ruido que las nueces. Pensaba Fernando Cortés hallar por aquella costa y mar otra Nueva-España; pero no hizo más de lo que dicho tengo, tanta nao como armó, aunque fue allá él mismo. Créese que hay muy grandes islas y muy ricas entre la Nueva-España y la Especiería. Gastó doscientos mil ducados, a la cuenta que daba, es estos descubrimientos…envió muchas más naos y gente de lo que al principio pensó (como después diremos) que hubiese de tornar a España, tomar enemistad con el virrey don Antonio, y tener pleito con el rey sobre sus vasallos. Pero nunca nadie gastó con tanto ánimo en semejantes empresas…8

En donde Gómara expresa que anduvieron hasta emparejar con el Ancón de San Andrés, está diciendo que llegron hasta una latitud igual o muy parecida a la del lugar en el que tiempo atrás Ulloa desembarcó y tomó posesión, muy cerca de la desembocadura real del río Colorado, entre los 31° 40´ y 31° 45´. Por la costa occidental de la península, Punta Banda, al sur de la bahía de Todos Santos, a la altura de Ensenada, es una lengua de tierra que saliendo hacia el noroeste, se extiende desde los 31° 42´ hasta los 31° 45´, lo que coincide con los datos de Gómara, aunque esto no significa forzosamente que Punta Banda sea el Cabo del Engaño del mapa de Ulloa. Otra punta cercana a la latitud que aparentemente alcanzó Ulloa segun Gómara, es Punta Santo Tomás, apenas al sur de Punta Banda, unos kilómetros al sur de Ensenada, pero resulta muy dudoso que allí sea el citado cabo, sobre todo al tener presente el considerable error por exceso que siempre afectó los cálculos de los pilotos españoles.

Henry Raup Wagner, el incansable bibliófilo norteamericno, puede considerarse como el investigador que quizá más ha aportado para el conocimiento de la última parte del viaje de Ulloa, en el que navegó al norte de Isla de Cedros hasta el punto que llamó Cabo del Engaño, y probablemente al norte del msmo. Casi todos los datos que se dan en los siguientes párrafos son explicación directa de Wagner o derivaciones de sus investigaciones sobre el tema, lo que por supuesto no significa que deban aceptarse como verdad absoluta.

Más sobre Cabo del Engaño y la posible navegación de Ulloa al norte del mismo

Domingo del Castillo fue un piloto español que, según Bolton, acompañó a Ulloa en su expedición a California9, y poco después formó parte de la expedición de Alarcón al río Colorado. En 1541 elaboró un mapa que sería publicado en México en 1770, en el que el trazo de la costa noroccidental de la península de Baja California llega hasta un punto con el nombre “Cabo del Engaño”, en la ubicación aproximda de la actual Punta San Antonio o tal vez Punta Baja, al suroeste de El Rosario, y es en este mapa donde aparece quizá por primera vez el enigmático topónimo, en donde se interrumpe el trazo del litoral. El punto de la interrupción se encuentra en el mapa casi opuesto a unas islas en el Golfo de California que corresponden, de sur a norte, a las actuales de nombres San Luis, La Encantada, Lobos y El Muerto, comenzando aproximadamente a los 30º 57’ N., y terminando a los 31º 5’; la latitud de Punta Baja, en el extremo norte de Bahía El Rosario, es de 30º 57’ N.; por otra parte, Punta San Antonio, en el límite sur de la bahía, se encuentra a los 29º 45’ N.

La importancia del mapa de Domingo del Castillo radica en que es el primero en el que se ubica Cabo del Engaño, aunque después aparecerían otros puntos del mismo nombre pero en otros lugares de la costa, como en el caso de Sebastián Vizcaíno, que 60 años después, llamó Cabo del Engaño a lo que hoy es Punta Canoas, a los 31° 26´ de latitud norte. Es necesario aclarar que ni en la narrativa de Ulloa ni en la traducción de la escrita por Preciado sobre el viaje de circunnavegación a la península, se menciona el nombre de Domingo del Castillo como parte de la tripulación de la flotilla formada inicialmente por las tres embarcaciones ya mencionadas, aunque esta omisión, si así fuere el caso, no sería de extrañar, dado que en ambos relatos hay una manifiesta parquedad en la inclusión de los nombres de quienes iban en la flotilla. Debe recordarse que las coordenadas geográficas calculadas en el siglo XVI por las embaraciones españolas, casi siempre resultaban con un error, excediendo uno o más grados lo que sería la medición correcta, lo cual impide tomar dichos cálculos como referencia válida para ubicar cualquier lugar. Por lo tanto, los investigadores modernos tienen que basarse principalmente en la semejanza física de la carta geográfica antigua con un mapa moderno de la misma región; esta condición conduciría a la conclusión de que Cabo del Engaño sería la actual Punta San Antonio.

El reconocido historiador Herbert E. Bolton asegura que Castillo sí era piloto en la expedición de Ulloa, y en Madrid, la Real Academia de la Historia, en su Colección Departamento de Cartografía y Artes Gráficas, conserva una copia del mapa elaborado por Castillo, en cuyos detalles descriptivos dice en parte lo siguiente: …Cabe identificar esta carta con la que se presentó en la junta académica de 25 de septiembre de 1778 que se cita así en el Libro de Actas: “copia del Mapa original de las Yslas y tierra firme del Mar del Sur, que corresponde a la expedición de Hernán Cortés. Y se acordó que por ella se satisfaga a D.n Francisco Xavier de Palomares 60 reales por la copia”. Copia manuscrita realizada en 1778. La carta original fue levantada en 1541 por Domingo del Castillo, piloto mayor de la expedición al mando de Fancisco de Ulloa al golfo de California para cumplir la misión encomendada por Hernán Cortés… Haya ido o no en la expedición de Ulloa, queda claro que Domingo del Castillo elaboró una carta geográfica basada posiblemene en sus observacione directas, o en el mapa que Ulloa anexó a su informe que hizo llegar a su señor Hernán Cortés.

Otro mapa que aporta datos a la detectivesca investigación de los historiadores en relación con la probable navegación del “Trinidad” más allá de isla de Cedros, es la porción del planisferio del cartógrafo veneciano Sebastián Cabot, correspndiente a la Nueva España, elaborado quizá en 1544 con base en el Padrón General o Mapa General que se tenía en la Casa de Contratación de España, pues en él, de acuerdo con Wagner, en la sección de la Baja California no hay datos de la expedición de Alarcón que se llevó a cabo después de la de Ulloa, pero sí aparecen nombres que solo se encuentran en los reportes de Ulloa y Preciado, con el litoral de la costa de la península delineado hasta unos 160 Km. al norte de Cedros, aparentemente incluyendo Cabo del Engaño en el extremo norte. Es importante reconocer que en ete mapa de Cabot, entre Cedros y Cabo del Engaño no aparecen nombres de lugares en el litoral, aunque éste se halla firmemente trazado hasta el punto más septentrional ya mencionado.

Uno de los mapas antiguos que muestra algo de la toponimia adjudicada por Ulloa a varios lugares de la costa de Baja California es el de Battista Agnese, elaborado en 1557, en el cual aparece por primera vez la figura de la península, con datos que recientemente había registrado Ulloa, como “Ancón de San Andrés”, “Punta de Ballenas”, hoy Cabo San Lucas, “Cabo del Engaño”, “Isla de Cedros”, etc.. No se sabe cómo obtuvo el cartógrafo italiano los datos mencionados, pero es probable que provinieran de alguna copia del mapa de Ulloa. Cabe aclarar que, aunque gracias a los datos del mapa de Ulloa Agnese estableció en el mapa mundi el carácter peninsular de la Baja California, 60 años después los cartógrafos recayeron mucho tiempo en el error de consderarla una isla.

En febrero de 1541, el piloto Juan Castellón acusó a Cortés de no haberle pagado servicios extra prestados en la navegación con Ulloa, y Wagner, al estudiar las fechas de los movimientos del “Santa Águeda” en su regreso a la Nueva España que se mencionan en la documentación del juicio que se llevó a cabo, y en el estudio de diversos mapas antiguos, sobre todo el de Diogo Homem elaborado en 1558, estableció que cronológicamente, con los datos que se tenían, sí era posible que Ulloa hubiera viajado al norte de Cabo del Engaño10.

La importancia del mapa de Homem radica en que aparecen en él lugares de la costa más allá de Cabo del Engaño, los cuales no corresponden a los mapas de los viajes hechos por Cabrillo o Vizcaíno poco después de las exploraciones del capitán de Cortés, lo que obliga a pensar que hay la posibilidad de que aquel doblara Cabo del Engaño y navegara en el “Trinidad” hasta poco antes del puerto de Ensenada en la costa noroeste de la península. Estudiando el mapa de Homem, Wagner observa, como ya se ha mencionado, que aunque no proporciona datos de la expedición de Juan Rodríguez Cabrillo, si los da de alguien que navegó bastante al norte de Cedros y de Cabo del Engaño, lo que deja a Ulloa como el más probable informante de los referidos puntos. Después de la observación y estudio del mapa de Homem, Wagner identifica Cabo del Enganho, con la actual Punta San Antonio, que es el stio mas meridional de Bahía El Rosario; ubica también la isla de San Gerónimo**,** y la Laguna de Los Apóstoles correspondiente a Puerto San Quintín.

Para Juan Rodríguez Cabrillo, según Wagner, su Cabo del Engaño es Punta Baja, a poco más de 24 Km. al noroeste de Punta San Antonio, mientras que para Sebastián Vizcaíno el multicitado cabo corresponde a Punta Canoas, a poco más de 50 Km. al suroeste de Punta San Antonio.

En conclusión, por los estudios de Wagner se puede pensar que si Ulloa navegó hasta el norte de Cabo del Engaño, pudo haber alcanzado un punto unos kilómetros al sur de Ensenada, como Santo Tomás o Punta Colonet. Sin embargo, no puede ignorarse el relato del padre Francisco López de Gómara que se ha citado párrafos atrás, pues aunque nunca estuvo en la Nueva España, es sin duda un privilegiado aportador de datos sobre el viaje de Ulloa, ya que como confesor y biógrafo de Cortés, es casi seguro que conoció el mapa relativo al viaje que aquel envió al conquistador anexo a su informe, y que nunca se ha encontrado11, y no puede soslayarse su categórica expresión de que el capitán de Cortés llegó a Cabo del Engaño y de allí se regresó a la Nueva España empujado por vientos contrarios.

Como quiera que sea, de alguna forma, el nombre Cabo del Engaño sigue siendo un topónimo cuyo significado y origen parecen relacionados más a vivencias tenidas por Ulloa en aquella remota región, que a una percepción geográfica o a una conmemoración religiosa, como era costumbre de los navegantes españoles al bautizar los accidentes geográficos descubiertos12. Es posible, por ejemplo, que al llegar al multicitado cabo, la gran frustración del capitán al no poder doblarlo a bordo del “Trinidad”, pensara que todo era un fenomenal engaño, comenzando con las siete ciudades de Cíbola y la creencia de que más al norte podría encontrar riquezas, o bien pudo ser una especie de increpación a la naturaleza misma, por haber hecho pensar a los naveganges que sería fácil continuar el viaje mas allá del mencionado cabo, lo cual no sucedió debido a calmas, corrientes marinas y vientos contrarios. Las causas reales que motivaron al paisano de Cortés para dar tan original nombre a aquel accidene geográfico, aparentemente nunca se conocerán.

Sobre el fïnal del supuesto viaje de Ulloa en el “Trinidad” hacia el norte de Cabo del Engaño, se han tejido leyendas con poco sustento histórico, una de las cuales se debe al Dr. Joseph J. Markey, quien en 1952, basado en investigaciones de documentos españoles de aquella época, así como en hallazgos arqueológicos en una cueva de San Luis Rey, cerca del campo “Pendleton”, en California, presentó su hipótesis ante la “San Diego Historical Society” el 25 de enero de 1952, en la cual expresó que Ulloa falleció el 5 de septiembre de 1540, lo cual es invalidado por pruebas documentales que demuestran que el capitán de Cortés aún vivía en 1542, de lo cual se habla más adelante. La hipótesis del Dr. Markey se basa principalmente en la declaración que bajo juramento hizo un piloto del “Trinidad” llamado Pablo Salvador Hernández, la cual refiere que en agosto de 1540 casi todos los tripulantes de esa embarcación murieron, y que él, Hernández, se salvó porque se pudo embarcar en un bote en el cual navegó por varios meses más de 2000 Km. hasta llegar a Acapulco.

Aunque es difícil creer que el viaje de Hernández haya ocurrido, no es algo imposible, y respetables historiadores como Carlos López Urrutia parecen tomarlo como una posibildad que no debe descartarse del debate histórico generado por el destino final de Francisco de Ulloa. El diario y el mapa supuestamente elaborados por Hernández hubieran sido evidencias suficientes para aceptar la hipótesis del doctor Markey, éste prometió a sus seguidores que próximamente aparecerían en un libro que publicaría, pero esto nunca sucedió.

Pleito judicial entre Juan Castellón y Hernán Cortés, en cuya documentación se establce que Ulloa sí regresó a la Nueva España después de estar en isla de Cedros

Sobre el fallecimiento de Ulloa se desconocen lugar y fecha, aunque el historiador Bernal Díaz del Castillo, en su “Historia Verdadera de la conquista de la Nueva España”, afirma que, habiendo regresado a la Nueva España en el “Trinidad”, el lugarteniente de Cortés fue asesinado a estocadas por un marinero de la expedición. Esto resulta difícil de creer porque, tiempo después, sucedieron algunos hechos en los que estuvo involucrado Ulloa y que se mencionan en seguida.

El 17 de febrero de 1541 el piloto Juan Castellón, nombrado en 1538 por Cortés para navegar como capitán en el “Trinidad” en su exploración con Ulloa por los mares de Baja California, presentó ante la Audiencia en la Ciudad de México una demanda contra el conquistador por no haber cumplido con el convenio y haberlo cambiado de la referida embarcación al “Santa Águeda”. Al no haberse ceñido Cortés al compromiso establecido, Castellón se consideraba lesionado en sus intereses, y exigía una compensación de 17,000 pesos para resarcir el daño sufrido. El pleito legal se prolongó hasta 1545, llevándose a cabo no sólo ante la Audiencia en México, sino también en los tribunales en España, ya que se tuvo noticia de que Ulloa estaba allá. Fue en mayo de 1542 cuando se presentaron varios testigos cuyos testimoios favorecían a su cliente, siedo uno de ellos el mismo Francico de Ulloa, y otro de nombre Alonso y con el mismo apellido, quienes pelearon en la batalla de Argel al lado del emperador Carlos V, en la cual por cierto fueron derrotados los aliados europeos.

En estas circunstancias, Cortés contrademandó a Castellón, con el cargo principal de que había incumplido las órdenes de Ulloa de irse directo a Tehuantepec, al haberse detenido sin autorzación en varios lugares, con el consecuente gasto no planeado de provisiones y pago a la merinería, además de que se tuvo noticia de que se había entretenido en Acapulco con un par de mujeres indias, debido a lo cual el “Santa Águeda” llegó a Tehuantepec con seis meses de retraso. Esta grave acusación la hizo el marqués apoyado en lo dicho por el testigo clave, nada menos que el capitán Francisco de Ulloa, quien afirmaría que él había regresdo a Acapulco en el “Trinidad”, y supuestamente, además, que Castellón en el “Santa Águeda” no se encontraba en el puerto, al que fue llegando hasta un mes y medio después, con un retraso de cuando menos de 6 meses. Las fechas señaladas en la documentación del juicio son prueba suficiente de que Ullos sí regresó de su viaje hasta Cabo del Engaño, y posiblemente hasta más al norte del mismo13.

Las pequeñas liviandades e impuntualidad de Castellón le costarían caro, pero fue gracias a este pleito entre Cortés y Castellón, que se estableció por escrito, y con la legitimidad que la documentación de un asunto judicial tiene consigo, que es casi seguro que Ulloa sí viajó de regreso a la Nueva España, quedando como válidos los hechos y fechas que se mencionan enseguida, derivados de la documentación del juicio citado, gracias al estudio que Wagner realizó del mismo, epecialmene de las fechas que se mencionan, al haber tenido en sus manos la documentación correspondiente recibida de otra persona interesada en el tema, además de lo que se puede inferir de la toponimia de los mapas antiguos conocidos:

  1. El “Santa Águeda” zarpó de Isla de Cedros hacia el sur el 5 de abril de 1540, llegó a Manzanilo el 18 de abril, estuvo allí unos días y continuó su vaje a Acapulco.
  2. Quedó registrado que Castellón llegó a Tehuantepec hasta más de un mes y medio después del arribo de Ulloa, cuando menos 6 meses después de la fecha en la que debió llegar.
  3. El “Santa Águeda"llegó a su destino posiblemengte el 1º de octubre.
  4. Se puede deducir que Ulloa arribó de regreso a Tehuantepec en el “Trinidad” después del 1º. de agosto.
  5. Su navegación hacia el norte de la isla de Cedros duró unos 3 meses, tiempo suficiente para llegar a los lugares que aparecen en el mapa de Diego Homem, como bahía de San Juan, que parece haber sido, según Wagner, la actual bahía de Santo Tomás, al sur de Ensenada, B.C..
  6. En los papeles del juicio quedó establecido que Ulloa regresó a España en mayo de 1541, junto con uno de los hijos del marqués. Iban a sumarse a los aliados del Emperador Carlos V en la batalla de Argel.

Aquí es necesario aclarar que Henry Raup Wagner, bibliófilo e investigador norteamericano de reconocida erudición, conoció la documentación del juicio mencionado al serle entregada por el señor Woodrow Borah, en forma de microfilm, obtenido de los papeles que se nconbtraron en el Hospital de Jesús, del cual se habla en otra parte de este libro.

En las más de 500 páginas, con contenidos poco importantes y con una escritura muy difícil de entender, se encuentran, sin embaergo, todos los datos del multicitado juicio, entre lo cuales destaca el hecho de que el capitán Ulloa sí regresó a la Nueva España, lo cual se da como argumento definitivo que demuestra que Castellón, desobedeciendo órdenes, volvió a Tehuanepec hasta un mes y medio después del arribo de Ulloa. Esto permitió al marqués ganar el juicio.

Un estudio de la documentación del juicio permitió a Wagner inferir no sólo que el capitán de Cortés sí volvió a la Nueva España, de Cabo del Engaño o posiblemente de más al norte, lo que, sumado a los nombres de lugares costeros que aparecen en mapas antiguos de la época, como el de Diogo Homem, el historiador haya llegado a la conclusión de que Ulloa sí pudo haber viajado hasta el norte de Cabo del Engaño, el cual, como ya se ha mencionado, podría corresponder a Punta San Antonio, al sur de bahía El Rosario, a los 31º 45’ N y 115º 41’ O., o a Punta Baja, un poco al norte de la anterior.

Wagner, para llegar a la conclusión de que Ulloa navegó frente al litoral peninsular del noroeste, hilvanó las premisas siguientes:

  1. El explorador Francisco de Ulloa viajó por el Océano Pacífico en 1540, y registró nombres de sitios costeros de Baja California en un mapa que se ha perdido;
  2. El explorador portugués Juan Rodríguez Cabrillo realizó una expedición que pasó frente al mismo litoral en 1542, y también registró nombres de sitios costeros en el mapa que elaboró;
  3. El cartógrafo Diogo Homem hizo un mapa en 1568, copiando datos de aquella área de otro mapa, en el cual no aparecen los puntos registrados por Cabrillo, pero aparentemente sí los de un viaje hecho por alguien que anteriormente llegó hasta lugares al norte de Cabo del Engaño.
  4. El único explorador que viajó antes que Cabrillo por aquellos mares fue Francisco de Ulloa. De todo lo anterior se infiere que fue el capitán español, en el “Trinidad”, quien navegó por el Océano Pacífico costeando el litoral occidental de Baja California, y registró los sitios no mencionados por Cabrillo de la costa noroeste de la península.

  1. Es imposible asegurar sin dudas que ese fue el punto de arribo. ↩︎

  2. Ulloa, op. cit. p. 231. ↩︎

  3. Ibíd., p. 231. ↩︎

  4. Ulloa, op. cit., pp. 233-234. ↩︎

  5. Juan Castellón era el piloto mayor de la flotilla. ↩︎

  6. Hakluyt, Collection of…, p. 505, op. cit.. ↩︎

  7. Ibid., p, 505. ↩︎

  8. Francisco López de Gómara. Historia de la Conquista de México. Fundación Biblioteca Ayacucho, 2007, pp. 367, 368. ↩︎

  9. Aun aceptando que Castillo no hubiera ido en la expedición de Ulloa, es seguro que conoció el mapa que éste envió a Cortés, porque en la carta elaborada por él, por Castillo, aparecen por primera vez en la cartografía universal puntos de la península nunca antes mencionados, excepto por Ulloa. ↩︎

  10. La navegación de Ulloa al norte de Cedros debe haber durado poco menos de 3 meses, desde que zarpó hacia lo desconocido entre el 5 y 10 de abril, hasta el 1° de julio de 1540. ↩︎

  11. López de Gómara cita nombres y coordenadas de lugares en el litoral de la península, datos que sólo en el mapa de Ulloa podrían encontrarse en aquel tiempo. ↩︎

  12. La costumbre de los navegantes antiguos al bautizar los lugares descubiertos se basaba principalmente en dos tradiciones, dar al lugar el nombre de la celebración religiosa o el santo festejado en el día del descubrimiento, o el que se describiera el paisaje o algún elemento geográfico del lugar. ↩︎

  13. Wagner, Henry Raup. Francisco de Ulloa returned. California Historical Society, v.19, no. 3 p. 240-244. ↩︎