Antonio Ponce Aguilar

 
Capítulo VIII. La estancia en Isla de Cedros

¿…Qué nos depara el destino en estas islas misteriosas, llenas de neblina y en medio de mares borrascosos…?

Arribo a Isla de Cedros. Las primeras tormentas

La flotilla siguió su rumbo, y al ir costeando por las bahías La Asunción y San Roque, a los 27º 6' de latitud norte, Preciado expresa en su relación que el jueves primero de enero de 1540, vieron dos pequeñas islas muy cerca de tierra firme, que pudieran ser las que hoy llevan los nombres de las bahías mencionadas, hay quien opina que Ulloa bautizó la Isla de San Roque como Isla de los Inocentes1; poco tiempo después, lo viajeros contemplaron las islas de Natividad, Cedros, y quizá el archipiélago de islas San Benito. Más detalladamente Preciado expresa cómo vieron las islas diciendo: …Y el domingo [¿4 de enero de 1540?] vimos, adelante y lejos de nosostros una tierra alta como cortada de la costa de tierra firme, y todos comenzamos a discutir si era la tierra que tendía hacia el noroeste. y el dicho lunes 5 de enero arribamos a esta tierra alta ya mencionada, y eran dos islas, una pequeña y la otra grande. Costeamos estas dos islas, las cuales eran verdes, por unas seis leguas, y tenían en lo alto de ellas muchos árboles altos y esbeltos…2.

Para Preciado fue el domingo cuando vieron las islas lejos y adelante, y el lunes 5 de enero de 1540 llegaron a la tierra alta ya mencionada, la cual costearon por unas 6 leguas, era la isla de mayor tamaño y, aparentemente, la flotilla se encontraba situada al suroeste de la isla de Cedros, cerca de Cabo San Agustín. Ulloa se refiere por primera vez a las islas diciendo que, después de la navegación de unas 60 leguas3 con rumbo al noroeste de Boca de la Soledad, avistaron 3 islas próximas a tierra, pero una fuerte tormenta del noreste los hizo alejarse y perder de vista tanto las islas como tierra firme, aunque antes, el capitán seguramente había observado las bondades que ofrecía como potencial refugio para los navíos el Cabo de San Agustín ya mencionado. Se transcribe a continuación cómo narra Ulloa la llegada a Isla de Cedros y la supuesta fecha de su arribo:

…y andadas sesenta leguas destas ahumadas [en Boca de la Soledad] nos tomó un temporal del Nordeste, estando a vista de unas tres yslas que están cerca de la tierra firme, el qual fué tal que nos apartó harta cantidad, y tanto que perdimos de vista la tierra y yslas, e después de abemos dexado y no poco cansados e maltratados, tornamos a hazer la via por la costa, por ir siempre viendo lo que en ella abia, y tardamos en tomarla siete dias después que nos dexó este temporal, la qual tomamos veinte cinco leguas adelante de do a ella nos apartamos, y en altura de treinta grados largos vimos dos e tres noches antes que la tomásemos, en la costa, algunos fuegos, e no surgimos en ella porque estando para hazerlo nos paresció que hazia ruin tiempo y recio, a cuya cabsa no osamos hacerlo sino antes nos tornamos a meter a la mar, y en haziendolo arreció tanto el tiempo que nos fué forzado volver a buscar reparo para valemos de el, a estas tres yslas que arriba digo que dexamos atrás, de las quales estábamos veinte leguas; no quesimos ver qual cosa hera quando por ellas pasábamos, por parescernos poca cosa e de ruin despusicion y por no perder el tiempo, e allegamos a ellas y tomamos la una y mas prenzipal un sábado, a nueve de enero año de mili e quinientos e quarenta, y en acabando de surgir y repararnos en ella ventó un Norte tan frío e tan recio y con tanta escuridad e nublado y neblinas en el cielo y en la tierra, que en el reparo a do estábamos y que no hera malo para el, nos daba harto trabaxo, e creo verdaderamente que si nos tomara en la mar nos pusieran en necesidad 4.

En síntesis, Ulloa expresa que el mal tiempo alejó a la flotilla de las islas y de la tierra firme, lo cual debió haber ocurrido el día 1 o el 2 de enero, que a los siete días, quizá el 7 u 8 de enero de 1540, pudieron retornar hacia la costa de tierra firme, en un lugar, según el capitán, a veinticinco leguas al norte de donde los había azotado inicialmente la tormenta, distancia aparentemente exagerada, a una latitud de 30º; el mal tempo les impidió desembarcar, por lo que tuvieron que regresar a las islas en las que anteriormente no se habían detenido por considerarlas de ruin disposición, y allí anclaron el sábado 9 de enero de 1540 en la más grande, aparentemente al este de Cabo San Agustín, apenas a tiempo porque empeoraron las condiciones climáticas.

  • Punta Eugenia.
  • Isla Natividad.
  • Isla de Cedros.
  • Punta Norte.
  • Cabo San Agustín y campamento de nativos ligeramente al noreste
  • Bahía Sur.
  • Morro Redondo.
  • Agua.
  • Islas San Benito.
  • El Marrón.
  • Bahía María.
  • Bahía Santa Rosalillita.
  • Cabe señalar que el cálculo de 30º de latitud obtenido por los pilotos para el sitio costero, aunque equivocado por exceso, permitió a los historiadores modernos determinar, aparentemente con bastante aproximación, la latitud correcta de ese lugar de la costa peninsular tomando en cuenta que un grado de latitud equivale a 111 Km. Lo anterior ha sido posible gracias a que días después de estos hechos, la flotilla ancló casi en el extremo norte de Isla de Cedros, y los pilotos calcularon para ese punto 29º 30’, por lo que el lugar de tierra firme al que se aproximaron después de la tormenta debió estar a 30’al norte al norte de un sitio muy cercano a la punta septentrional de Isla de Cedros. Convertidos a distancia en metros esos 30 minutos equivalen a 55 kilómetros, lo que correspondería en la costa de Baja California a un punto situado a uno o dos kilómetros al sur de Punta Prieta, en la llamada Playa El Marrón. Investigadores sobre el tema como Myers, ubican el lugar un poco más al norte, en algún lugar de la playa Bahía María, a los 30º 55’ de latitud norte.

  • Procedente de B. Magdalena, 1o -I- 1540.
  • Desviada al NW de Isla de Cedros por mal tiempo. 2.1, La flotilla pudo haber navegado por el oeste o el este de Islas San Benito.
  • Navegan hacia tierra firme (TF).
  • Arriban frente a un punto a los 30o L. N., según Ulloa.
  • Mal tiempo devuelve embarcaciones hacia el oeste.
  • Logran regresar hacia TF, a los 7 días se encuentran frente a la costa, al norte de donde arribaron por primea vez, aparentemente entre Punta María y Punta Prieta.
  • Tormentas obligan a la flotilla a regresar hacia Is. de Cedros en busca de refugio.
  • Las embarcaciones anclan al este de cabo San Agustín el 9-I-1540.
  • La flotilla zarpa hacia el este.
  • Doblan Morro Redondo 15-I-1540 y anclan.
  • Zarpan de Morro Redondo hacia TF.
  • Mal tiempo obliga regreso a M. Redondo o a C. San Agustín.
  • Zarpan hacia TF el sábado 17 de enero.
  • Calmas los obliga a regresar, anclan al sur de Punta Norte.
  • El 22 y 23 de enero hacen aguada unos 4 Km. al sur.
  • El Marrón.
  • Bahía Santa Rosalillita.
  • Al aquietarse la tormenta, los viajeros desembarcaron muy cerca de Cabo San Agustín, para buscar agua y lastre que les era necesario, pero encontraron sólo restos humanos antiguos, y muy poca agua en alguns barrancos; los restos y huellas encontradas sorprendieron a Ulloa, por considerar la tierra tan estéril que no imaginaban que puedieran sobrevivir seres humanos en aquel lugar, su sorpresa sería mayor tiempo después, no sólo al confirmar la existencia de aborígenes, sino al comprobar su calidad de fieros guerreros. En poco tiempo cargaron el lastre que necesitaban, probablemente rocas y arena, y se volvieron a sus embarcaciones.

    Los isleños, guerreros pero también buenos comerciantes

    A los seis o siete días que estuvieron allí, mejoraron las condciones climáticas y entonces zarparon hacia el este, a fin de conocer el litoral oriental de la isla, que no habían visto. Llevarían navegados unos 10 Km. cuando vieron que, proveniente de la isla, se aproximaban cuatro indios en una balsa de palos; el capitán no quiso ocuparse de ellos y continuaron la navegación, llegaron a la punta sudoriental de la isla, hoy conocida como Morro Redondo, en donde algunas peñas salen al mar, y vieron entonces unos diez o doce indios pescando en unas cinco o seis balsas y varios más en una colina. Ulloa se dio cuenta que muy cerca de ese sitio debía haber algún asentamiento indígena, y por lo tanto, el agua que ya necesitaban, por lo que decidió desembarcar en ese paraje. Cabe señalar que, aunque el capitán no le da mucha importancia al frío invierno que afectaba a los navegantes, en la narrativa de Preciado se menciona que cerca de las islas y en el mar cercano prevalecían un clima muy frío, neblinas densas y frecuentes lluvias, lo que debió afectar a los expedicionarios. A propósito de lo anterior, debe recordarse que los indígenas llamaban “Huamalguá”5 a la isla de Cedros, lo que significaba “Isla de las Neblinas”, por la constancia de este factor climático.

    El miércoles 14 de enero, al anclar los barcos, los pescadores indígenas de quienes se habla en el párrafo anterior se dirigieron hacia atrás de las rocas, en donde aparentemente acampaban; poco después, ya oscureciendo, 5 indios en una balsa procedentes seguramente de su campamento, se aproximaron a los barcos hasta una distancia de unos 40 m., desde donde intentaron comunicarse con los españoles, aunque vociferando en su contra, al no entenderse y habiendo anochecido, se retiraron a su campamento, junto con los que estaban en la colina.

    El jueves 15 de enero de 1540 los españoles permanecían tranquilos en sus embarcaciones por faltar viento propicio para la navegación, cuando al aproximarse el medio día se acercaron 5 balsas con 1, 2, 3, 4 y 5 hombres en ellas, respectivamente, remaron un poco más allá de los barcos, y se pusieron a pescar tranquilamente, y luego se retiraron a su alojamiento6. Cabe aclarar que desde muy temprano, el capitán Ulloa había ordenado que se le trasladara al “Trinidad”7, cambio que, como se ha dicho en otra parte, se hacía de vez en cuando en la flotilla. Más tarde, después del medio día sopló un viento favorable que facilitó a los barcos el acercarse a la punta de Morro Redondo y doblarla, desde allí pudieron ver entonces el campamento de los pescadores californios y anclaron. Ulloa quería desembarcar y hacer la aguada lo más rápidamente que se pudiera, para aprovechar un viento favorable y reiniciar la navegación, por lo que ancló sus barcos cerca de la playa.

    Al ver los nativos que los españoles de las embarcaciones se disponían a saltar a tierra, las mujeres, niños y algunos hombres en el campamento pesquero recogieron lo que pudieron de sus pocas pertenencias y se fueron hacia las colinas próximas, pero la mayoría de los varones se reunieron unos en la playa y otros en su campamento, desde donde mostraron abiertamente, con gritos y señas, su rechazo a los extraños forasteros, haciéndoles saber que no debían avanzar más, en tanto que los marineros de Ulloa, con señas, comunicaron a los nativos que no les causarían daño, y que sólo se abastecerían del agua que necesitaban, hecha la advertencia subieron a sus botes y remaron hacia la playa.

    Los españoles llevaban rodelas de unos 50 cm. de diámetro para protegerse de las piedras y flechas que acostumbraban lanzar los indios, quienes traían, además, unos palos de tres yardas de largo y más gruesos que la muñeca de un hombre8 que tomaban con las dos manos para golpear a sus adversarios. Se dio el encuentro, y con mucho espíritu y determinción, según Ulloa, los nativos se veían decididos a impedir el desembarco a como diera lugar, lo que por un tiempo lograron al lanzar gran cantidad de piedras, y aunque los españoles se protegían con sus rodelas de la lluvia de proyectiles, varios resultaron heridos, incluyendo Ulloa y un hombre de apellido Terrazas, este último con una lesión importante en la cabeza, y en foma semejante varios de los españoles fueron derribados y quedaron fuera de combate. Después, el capitán culparía a los marineros de esta casi derrota por su falta de ánimo e indecisión. Era el 15 de enero de 1540.

    Ante la resistencia de los indígenas, los españoles usaron sus ballestas, de gran alcance y poder de penetración comparadas con los arcos y flechs de los indios, y algunos de estos cayeron, pero ni así dieron muestras de ceder terreno; el desembarco se complicaba más para los europeos, quienes al intentar saltar a tierra, tuvieron que enfrentarse cuerpo a cuerpo con los nativos, y al principio, al no encontrar fondo firme se hundían en el agua9 presentando un blanco fácil para los indígenas, quienes con sus pesados palos atacaban a los invasores doblándoles sus rodelas y causándoles serias lesiones. Sin embargo, el poder de las armas de los soldados que consistían en las ballestas mencionadas, escudo y espada, y el arribo del otro bote que obligó a los indios a dividirse en dos para su defensa, fueron factores decisivos que favorecieron a los españoles, y los indígenas se fueron retirando, quedando varios de sus heridos y uno muerto en la playa. Envalentonados, los hombres de Ulloa persiguieron con sus perros a los indios, y el mastín lamado “Becerrillo” mordió a varios, aunque al tener entre sus fauces a un indio, otro acudió en su ayuda y dio al animal en el lomo un golpe con su mazo de madera, dejándolo fuera de acción10, lo que permitió al nativo escapar. Cabe aclarar que un soldado apellidado Espinosa y Ulloa fueron de los primeros en saltar a tierra, dando muestra el capitán de su liderazgo y valentía en el combate, a pesar de que fue golpeado y lesionado con las piedras arrojadas en su contra.

    Ese jueves 15 de enero, concluido el desembarco y después de la desbandada de los nativos, los lesionados fueron atendidos lo mejor que se pudo, y luego, los españoles buscaron alguna fuente de agua tierra adentro. En su búsqueda encontraron algunas de las cosas que habían abandonado los indios al huir a las colinas, y que se mencionan a continuación: las chozas estaban sostenidas por estacas clavadas en el suelo, cubiertas con ramajos, había pieles de foca en las que dormían y se envolvían para protegerse del frío; odres de piel de foca con agua, equipo de pesca como líneas y anzuelos de espinas de cactus, había pescado fresco y seco, además de unas bolsas conteniendo cada una aparoximadamente 12 Kg. de pescado seco molido, y muchas pieles de foca aparentemente en proceso de curtido con unos granos o polvo blanco, que podría ser sal en grano. También encontraron 5 o 6 balsas de palos de cedro o pino, de 3.66 a 4.57 m. de largo, eran de superficie convexa por abajo y planas por arriba11, tenán a cada lado un conjunto de palos atados en haces tan largos como la balsa, para facilitar el equilibrio, también se encontraron los remos correspondientes. Preciado expesa que los troncos de pino con que hacían las balsas los indígenas tenían el grueso de dos hombres, lo que significaría que los troncos medían entre 60 y 90 cm. de grueso, lo cual parece una exageración, y su longitud era de 3 brazadas, no estaban huecos, y los tendían uno al lado del otro para amarrarlos.

    Ya casi era de noche y no habían encontrado agua, por lo que los españoles se dirigieron a los botes para embarcarse, llevándose todas las pieles de foca12, puede inferirse que los marineros y soldados las valoraban lo suficiente como para tomarse el trabajo de subirlas a los botes y llevarlas a los barcos, quizá, entre otras razones, para cubrirse con ellas y calmar el intenso frío que se siente en invierno en aquellas latitudes.

    Ulloa consideró prudente continuar el viaje, y así se hizo según el capitán en el atardecer del sábado 17 de enero de 1540, tratando de doblar la punta de la isla y poner proa hacia la costa de tierra firme, al lugar en donde las tormentas los había lanzado. Navegando con poco viento, contrario en ocasiones y calmas frecuentes, una tormenta del noroeste, por la noche, azotó a la flotilla y separó las embarcaciones, por lo que independientemente los pilotos se devolvieron en busca de refugio al lugar del que habían zarpado en la parte sur de la isla en donde habían anclado por vez primera; el “Santa Águeda” llegó al medio día del 18 y el “Trinidad” en la noche. Al mejorar el tiempo, ni siquiera anclaron los barcos, y de inmediato continuaron navegando, aunque de nuevo 2 ó 3 días de calmas limitaron su avance, al grado de que por esa razón y el efecto de una corriente marina otra vez se separaron, por lo que regresaron a la isla, lo cual se había acordado en caso de darse un evento como el mencionado. Las embarcaciones se encontraron al extremo noreste de la isla, cerca de una aldea de nativos, tal vez el 21 de enero de 1540.

    En su búsqueda de agua, Ulloa decidió anclar cerca de la aldea, los nativos se dieron cuenta y 5 ó 6 hombres se aproximaron en su balsa a un costado del “Trinidad”, sin mostrar temor alguno, y por el contrario, pronto iniciaron un trueque mano a mano con los marineros, intercambiando su pescado por diversas baratijas que les ofrecían los españoles, sobre todo cuentas de vidrio; al poco tiempo de ocuparse en aquella actividad de dar y recibir que evidentemente disfrutaban, regresaron a la playa al ser llamados por sus compañeros. La actividad de trueque no terminó totalmente, pues todavía otros indios se acercaron al “Trinidad” en sus balsas y prosiguieron por un tiempo aquel singular comercio, habiendo los marineros obtenido, entre otras cosas, algo de agua que a señas les habían pedido a los indígenas, y que ahora traían en un odre de piel de foca. En una de las balsas se habían acercado varios nativos entre los que venía uno de mayor edad que no remaba, y sólo daba órdenes. El trueque siguió por breve tiempo, ya que por alguna razón las balsas se empezaron a alejar y cambió la actitud amistosa de los indios, quienes empezaron a gritarles a los españoles lo que seguramente eran insultos, y hasta les lanzaron un par de piedras, expresándoles con señas que debían irse.

    Al siguiente día miércoles 21 de enero, Ulloa se dispuso a desembarcar temprano con el fin de poder buscar agua antes de que llegaran los nativos, sin embargo, al estar saltando a tierra, cinco indios de miserable aspecto, según el capitán, salieron de su campamento armados dos de ellos con pequeños arcos y flechas, y los otros con palos de mediano tamaño, venían pintados de blanco en piernas, brazos y pechos, pintura que de vez en cuando la renovaban untándose algo así como lodo blanco. Los españoles sumaban 30 hombres13 y tres perros de ataque, pero los 5 indios no mostraban ningún temor por el número de adversarios al que se enfrentaban, pues parecía ….como si en número y en calidad ellos fueran nosotros y nosotros ellos…14.

    Los indígenas mostraban una actitud que el capitán califica de valerosa e insolente hacia los españoles, eran muy pocos, les apuntaban con sus arcos y les gritaban y amenazaban con sus mazos de madera, por lo que decidió soltarles los perros para que mordieran a algunos y así obligarlos a retirarse sin causarles un daño más serio. Así se hizo, y una de dos víctimas de los mastines fue el anciano que parecía ser jefe o líder de los nativos, y aunque al principio se mostró igualmente agresivo que antes del ataque de los perros, poco a poco cedió terreno junto con sus compañeros, y todos se dejaron convencer por los marineros que no querían pelear con ellos sino tan solo agua para beber. Los indios condujeron a los españoles al fondo de un barranco donde había agua, pero tan poca que no podrían llenar los barriles. Ulloa despidió a los aborígenes, les obsequió algunas pequeñeces y se fueron contentos. En la aldea abandonada los españoles no encontraron nada novedoso, excepto en una cueva, en cuya entrada un nativo muy viejo y ciego, yacía sin control de sus movimienos envuelto en una piel de foca, persona a quien el padre Raymundo bautizó, tomando en cuenta su edad, los males que padecía y su aspecto inofensivo. Para los misioneros de la época, salvar un alma era el logro más valioso.

    Los españoles se embarcaron nuevamente, según Ulloa, ese miércoles 21 de enero, y a poco tiempo anclaron una media legua más al sur, cerca de unos barrancos en uno de los cuales encontraron agua suficiene y de buena calidad. Al día siguiente jueves 22, hicieron casi toda la aguada sin mayores problemas, aunque sí bastante trabajo, pues debieron cargar el líquido en recipientes en sus espaldas15, por una buena distancia a la playa, hasta llenar 8 o 9 barriles de 17 que faltaban, y el resto lo hicieron al siguiente dia. Ya no volvieron a ver a los indígenas, ni entonces ni después; al parecer, éstos habían comprendido que los extraños forasteros no venían en plan de guerra y conquista, como es casi seguro que lo hacían de vez en cuando los nativos de la península. Aprovechando las circunstanias favorables, ese jueves 22 de enero de 1540, Ulloa tomó posesión de Isla de Cedros según lo afirma Preciado en su narrativa16, aunque en el acta levantada por Pedro de Palencia se menciona equivocadamente el 20 de enero para tal acción.

    Terminaban la aguada, cuando un viento del noreste obligó a los marinos a buscar refugio a 7 u 8 leguas hacia el sur, poco más de 30 Km., al pie y atrás de la isla, búsqueda que interrumpieron al mejorar el tiempo, por lo cual, aparentemente el viernes 23 de enero, hicieron rumbo a la costa de la tierra firme, con poco viento y frecuentes calmas.

    Después de 2 días de navegar unas 8 o 10 leguas, el domingo 25 de enero, la expedición amaneció en la obscuridad, con lluvia y mucho viento, y aun así, intentaron continuar su rumbo, pero un mar muy encrespado y la tormenta aumentando en fuerza, los hizo regresar a la isla, a donde arribaron al siguiente día lunes 26 de enero, aunque Ulloa registra equivocadamente como 22, y allí estuvieron hasta el 31 del mismo mes.

    Acta de Posesión. Sexta, 20 de enero de 1540. [Debe ser 22 de enero]

    Yo Pedro de Palencia, escribano publico desta armada doy fe e verdadero testimonio a todos los señores que la presente vieren, a quien Dios nuestro Señor honre e guarde de mal, como en veinte dias del mes de enero de quinientos e cuarenta años el muy magnifico señor Francisco de Ulloa, teniente de gobernador y capitan desta armada por el ilustrisimo señor Marques del Valle de Guaxaca, tomo posesion atual y realmente por el dicho señor Marques en nombre del Emperador nuestro señor y rey de Castilla en la isla de cedros, que esta en altura de veinte y nueve grados y medio, poniendo mano a su espada, diziendo que si abia alguna persona que se lo defendiese, que el estaba presto para se lo defender; cortando con ella arboles, meneando piedras de una parte a otra e de otra a otra, sacando agua de la mar y echandola en la tierra; todo en señal de la dicha posesion. Testigos que fueron presentes a lo que dicho es, el reverendo padre Fray Ramundo, de la Orden del señor San Francisco, e Francisco Preciado y Martín de Espinosa, e Pablo Blasco, maestre del navío Trenidad. Fecho dia mes e año susodicho. E yo Pedro de Palenzia, escribano desta armada, la escribi segun que ante mi paso, e por ende fize aqui este mio signo, que es a tal, en testimonio de verdad. Pedro Palencia, escribano desta armada – frater Ramundus Amielibus, Martín de Espinosa.


    1. Abad y Lasierra*,* Íñigo. Descripción de las Costas de California, Madrid, 1981, p. 115. ↩︎

    2. Hakluyt, op. cit., p. 494. ↩︎

    3. La estimación de Ulloa es de unos 100 Km. más corta que la distancia real entre Punta Tosca e Isla de Cedros. ↩︎

    4. Ulloa, Biblióf. Esp. Edit., op. cit., pp. 218-219. ↩︎

    5. Clavijero, Francisco Xavier, Historia de la Antigua o Baja California, Edit. Porrúa, S.A., México, 1990, p. 173. ↩︎

    6. Aquí Ulloa incurre en una contradicción, pues dice que las balsas salieron del campamento medio día después del sol salido, para asegurar después que se estuvieron pescando hasta las 9 o 10 horas del día y se recogieron a su asiento. Ulloa, p. 221. ↩︎

    7. Hakluyt Edit., (Narrativa de Preciado), op. cit., p. 496. ↩︎

    8. Ibíd., ↩︎

    9. Ibíd., p. 497. ↩︎

    10. Ibíd., p. 497. ↩︎

    11. Ulloa, Bblióf. Esp. Edit., P. 223. ↩︎

    12. Quizá de aquella época sea éste el único testimonio conocido sobre el curtido de pieles de foca por los nativos antiguos de Baja California. ↩︎

    13. Ulloa, op. cit., p. 226. ↩︎

    14. Ibíd., p 226. ↩︎

    15. Ulloa dice …en nuestras espaldas…, Wagner Op. Cit., p. 42. ↩︎

    16. Hakluyt Collection…, Cap. 14, p. 500. ↩︎