…¿Porqué este indio californio pudo más que diez de mis mejores hombres?…
Un desafío casi deportivo en el paso de Belén
Después de navegar unos 580 Km., reconociendo un buen número de islas aparentemente deshabitadas, el 11 de octubre, pasando apenas lo que hoy es el poblado de Santa Rosalía, el “Santa Águeda” y el “Trinidad” llegaron a una más, distante un medio Km. de la costa, a la que dieron el nombre de San Marcos. Estando anclados entre esta isla y tierra firme que se miraba al oeste, tuvo lugar uno de los episodios más intresantes en la expedición desde el punto de vista etnográfico, el cual se narra a continuación.
Al amanecer del domingo 12, los marineros españoles se sorprndieron al ver que un nativo desnudo se aproximaba a las embarcaciones sobre una balsa. El aborigen se acercó al “Santa Águeda”, se puso de pie sobre su balsa y permaneció quieto, observando las embarcaciones. Después de algunos minutos, el indio cochimí dijo algunas palabras en voz alta y se regresó al punto de la playa de donde había salido. Poco después regresó pero ahora acompañado de otros cuatro indígenas en sus respectivas balsas. Los indios hablaban entre sí animadamente, y encabezados por el primero que se había aproximado, se acercron más aún, se comunicaron entre sí a gritos, pero el intérprete que venía con los españoles desde la bahía de Santa Cruz no entendía el idioma de los balseros, y éstos no entendían el guaycura, lenguaje que seguramente hablaba el intérprete que venía en la expedición. Al no poder establecer comunicación verbal con los nativos, la gente de Ulloa se valió de señas invitando a los indios a acercarse más y abordar las embarcaciones para recibir algunos regalillos, pero nada covenció a los cochimíes para que se aproximaran más a los barcos.
Viendo el capitán que los indios balseros no podían ser convencidos para iniciar contacto con la gente de las embarcaciones, y que ya iniciaban el regreso al lugar del que procedían, descendió en un bote con suficientes marineros para alcanzar a uno de los indios, y remaron hacia quien parecía ser el más importnte del grupo, por ser el que hablaba más y el que se había acercado inicialmente al “Santa Águeda”. Cuando alcanzaron su balsa y los marineros creyeron tenerlo prácticamente en sus manos, el indio cochimí se lanzó al mar, nadando casi siempre bajo el agua, de manera que cuando los marineros españoles lo tenían casi en su poder, cerca de la popa, el indio se sumergía de nuevo y luego aparecía por la proa; en la versión de Preciado se dice que los marineros españoles golpearon al indio en varias ocasiones con sus remos1, pero si así fue no sirvió de nada para capturar al nadador indígena.
Estas acciones, que primero deben haber parecido un juego, al paso de los minutos se fueron covirtiendo en una obsesión de pesadilla para los marineros que remaban ansiosos en persecusión del indio, quien parecía divertirse sin fatigarse2. Así transcurrió más de media hora, y mientras que los maldicientes remeros españoles ya no podían seguir por el cansancio, cada cierto tiempo el indio se daba el lujo de descansar flotando sobre el agua, por lo que el capitán, sabiendo que había perdido la partida, se vio obligado a ordenar el regreso a los barcos. Viendo que el capitán y su gente se alejaban en dirección a sus embarcaciones, el indio cochimí gritó a sus compañeros de la playa “belén, belén”, y entonces vinieron por él en sus balsas. Según la versión de Francisco Preciado, piloto mayor y capitán del “Trinidad”, Ulloa tuvo temor de que los indios balseros que se aproximaban para el rescate de su compañero, armados con arcos y flechas, pudieran herir a algunos de sus hombres, y dispuso que de inmediato se levaran anclas y se continuara el viaje con rumbo al sureste, pero al no haber viento suficiente, los barcos tuvieron que permanecer en donde estaban, y por la noche vieron que los nativos encendieron una fogata quizá como señal de despedida. Según Preciado, estos indios eran de gran estatura…de buena presencia, y de color café…3
En su escrito, Ulloa expresa que en total vieron unos 10 nativos, desnudos y de buena presencia, con el cabello cortado de unos 2 ó 3 dedos de largo; sus balsas eran con las que ya se han decrito, aunque en este caso más grandes, y usaban la misma clase de remos. En memoria de este encuentro, Ulloa bautizó el canal entre la isla y tierra firme como Pasaje de Belén, al que el capitán le asignó en sus registros una latitud de 28° 40´4. Aquel encuentro casi deportivo, seguramente nunca fue olvidado por quienes participaron en él, y el soberbio capitán de Cortés quizá rectificó en parte su percepcón general de los prmitivos californios. Cabe agregar que muchos años después, el jesuita Juan Jacobo Baegert, en su “Nachrichten….”, describiría la agilidad y fortaleza física de los nativos californios como fuera de lo común5. Actualmente, el Pasaje de Belén de Ulloa se llama Canal Marítimo de San Marcos, y su latitud correcta es de 27° 10´ N., la isla recibe el nombre de San Marcos y es un importante yacimiento de yeso.
Quienes sienten un interés superior por la cultura de los primitivos indios californios, seguramente que este episodio en el periplo de Ulloa es uno de los más motivantes para buscar más fuentes informativas que iluminen un poco el nebuloso panorama que sobre ese tema se tiene hasta ahora.

En su narración, Ulloa, de por sí parco al referir los acontecimientos sucedidos, abrevia mucho su relato al mencionar lo acaecido poco antes de llegar a La Paz, especialmente entre los días del 13 al 19 de octubre en la navegación hacia el sur, pero en la traducción de Hakluyt, Preciado relata detalladamente lo que observó y consideró digno de mención. En los siguientes párrafos relativos al período señalado se toman en cuenta como básicas las aportaciones de Preciado.
El 13 de octubre de 1539 el “Santa Águeda” y el “Trinidad” zarparon del Paso de Belén, después de
haberse retrasado algún tiempo por falta de viento favorable, costeando por el oriente de la
península hacia el sureste, convencidos los expedicionarios de que la tierra firme que se veía a su
derecha era prolongación de la que se encontrba más al sur, en la Bahía de la Santa Cruz, y los
indios que hoy sabemos eran de la etnia cochimí, seguramente eran de los mismos aborigenes de ese
puerto. En esto último la apreciación del capitán y su gente era inexcta, pues los indígenas de
Santa Cruz o La Paz eran guaycuras, y probablemente algunos pericúes, pero no cochimíes.
Refiriéndose al paisaje, Ulloa expresó que el carácter de la tierra era pobre como el precedente,
y que sólo cerca de donde habían visto a los indios había algo de vegetación. Por su parte, Preciado
en su narración difiere un tanto de lo dicho por Ulloa, al referirse a… ciertos llanos y puntos
de las montañas de agradable vista, y llenos de zacate verde. Además, dice que vieron dos o tres
aldeas muy grandes6. Los navegantes sabían por la latitud que disminuía progresivamente y por
las características del paisaje que estaban muy próximos a la bahía de Santa Cruz.Los expedicionarios pasan por Bahía Concepción. El río Carrizal
Entorpecida un tanto la navegación por falta de viento, siguieron las dos embarcaciones costeando hacia el sur, y contemplaron las islas de Santa Inés frente a la bahía de ese nombre; al pasar frente a Bahía Concepción los marineros observaron el verde paisaje de la costa; un marinero y el piloto del “Trinidad” subieron a lo alto del mástil y vieron la boca de un arroyo que pudiera haberles servido para abastecerse de agua, pero dada la distancia que los separaba del “Santa Águeda” en donde iba el capitán, no pudieron pedirles que se detuvieran, y así continuaron el viaje7; ese arroyo pudo haber sido el Mulegé, en cuyas márgenes se asienta el poblado de ese nomnbre. Algunos párrafos adelante se confirma que Preciado iba en el “Trinidad” y Ulloa en el “Santa Águeda”
Debe mencionarse que Ulloa pasó por Bahía Concepción sin darle la importancia que Preciado le otorgó por su belleza y dimensiones, y sería casi un siglo después, hasta el 28 de marzo de 1636, cuando el buscador de perlas Francisco de Ortega bautizaría la bahía como Nuestra Señora de la Concepción.
Ya tarde el día 15 de octubre de 1539, los viajeros vieron un agradable paisaje verde, con árboles y arroyos, en donde el capitán saltó a tierra con 5 o 6 hombres y tomó posesión del territorio en nombre de Cortés, aparentemente estaban en la Boca de San Bruno, y el arroyo quizá era el San Bruno, al que los españoles llamaron El Carrizal, aunque bien pudo tratarse de un punto un poco más al sur, en donde más de siglo y medio después, el jesuita Juan María de Salvatiera fundaría el poblado de Loreto, y entonces el río sería el que años más tarde se llamó Las Parras. La imprecisa e incompleta descripción de estos lugares hecha por Ulloa y Preciado, es causa hoy de la ubicación dudosa de los mismos8.Aquí los exploradores encontraron numerosas huellas de indígenas, además de que, según la versión de Preciado, vieron unas bestias como perros a las que llama “adibes”, y que pudieron haber sido coyotes o zorros. Llama la atención que, según Preciado, cerca de los arroyos había árboles con frutos smejantes a las manzanas y otros más que pudieron haber sido ciruelos. Esta frecuente ingestión de frutos ricos en vitamina C como los mencionados, seguramente fue factor decisivo para impedir que la marinería fuera afectada por el escorbuto, como sucedía con frecuencia en los viajes prolongados por mar, en que ingerían comidas sin la vitamina mencionada.
Acta de Posesión, quince de Octubre de 1539. Cuarta
Yo, Pedro de Palençia, escrivano público desta armada, doy fee e verdadero testimonio a todos los señores que la presente vieren a quyen Dios nuestro señor guarde de mal, como en quinze días del mes de otubre de quynientos e teynta e nueve años, el muy magnífico señor Francisco de Vlloa, teniente de governador e capitán general desta armada por el ylistrísimo señor Marqués del Valle, tomó posesyón atual e realmente por el dicho señor marqués del Valle y en nombre del enperador nuestro señor e rey de Castilla, en el rio del Carrizal, questá en altura de veynte y siete grados y medio, ponyendo mano a su espada, diziendo que si avia alguna persona que se lo contradixese quel estava presto se lo defender, cortando con ella árboles, arrancando piedras de vna parte a otra e de otra a otra, sacando agua de la mar y echándola en la tierra, todo en señal de la dicha posesyón. Testigos que fueron presentes a lo que dicho es: Diego de Haro e Gonzalo Hidalgo, e Francisco de Terrazas, veedor, y Martín Sánches, y Juan de Montaño. Fecho dicho día, mes y año suso dicho. E yo Pedro de Palençia, escrivano público desta dicha armada, la escrivó segund que ante my pasó. E porque hize aquí este myo signo ques a tal en testimonio de verdad, Pedro de Palençia,escrivano desta armada. Diego de Haro, Gonzalo Hidalgo, Juan de Montaño, Françisco de Terrazas.
La flotilla arriba a Santa Cruz, hoy la Paz, y zarpan de allí hacia el sur el 29 de octubre de 1539
Esa misma noche del 15 de octubre de 1539 reanudaron la navegación, anque obstaculizada por frecuentes calmas que los obligaba a anclar en espera de un viento favorable, finalmente llegaron el 189 o 19 de octubre de 1539 a la bahía de Santa Cruz, hoy bahía de La Paz, en donde cargaron sus barriles con agua, subieron la leña que necesitaban y permanecieron 8 días en el puerto descansando, comieno pitahayas y haciendo algunas reparaciones a las embarcaciones.
Aunque lo que acababan de hacer, demarcar todo el Golfo de California, no era cosa pequeña, algunos marineros y el piloto mayor Preciado consideraban que, después de tanto navegar no habían descifrado el misterio geográfico del Ancón de San Andrés, del cual no sabían si era parte de un estrecho o la desembocadura de un río que no habían explorado10, consideraban que esto era un fracaso e indirectamente culpaban al capitán por no haberse detenido más tiempo explorando aquel lugar.

Los 4 rumbos señalados con 4 flechas de dos puntas en el Canal Marítimo de Cerralvo señalan los rumbos aproximados de la flotilla en su navegación hacia el sureste interrumpida 4 veces por tormentas, las cuales obligaron a los navegantes a regresar y buscar refugio en punta Las Pilitas u otras cercanas. En esto se les fueron aparentemente los días que van desde el 29 ó 30 de octubre hasta el 4 de noviembre de 1539.
Estando en Santa Cruz, Ulloa tenía la esperanza de hacer contacto con algunos de los nativos para conocer un poco más sobre su cultura y la geografía del lugar, por lo que planeó buscarlos y entregarles algunos regalos para ganar su confianza, y hasta pensó que si atrapaban algunos podría aprender algo de su lengua, lo cual habría facilitado sus propósitos. Fue por esto que él y 12 hombres, llevando algunas prendas y trozos de tela, fueron en busca de los nativos, tratando de atraerlos con los regalos mencionados y llevarlos con el intérprete, quien intentaría comunicarse con ellos; para mayor seguridad llevaban dos mastines que supuestamente les ayudarían en la captura, y para ello se ubicaron por la noche, tendiendo una verdadera emboscada en un lugar llamado el pozo de Grijalva. Sin embargo, al no funcionar la estratagema, al medio día iniciron el regreso, y en el camino encontraron a dos indios escondidos entre unos matorrales, sin embargo, no pudieron aprovechar aquella ocasión porque los nativos huyeron corriendo entre el monte espinoso, y dado que, según la versión de Preciado, los mastines no los vieron y los hombres estaban cansados, no pudieron perseguirlos. Pareciera que cada vez que Ulloa y su gente encontraban algún nativo, el cansancio les impedía atraparlo, aún contando con los fieros perros emtrenados para el ataque. Los indígenas dejaron en su huída unas tablas cuidadosamente labradas, con una agarradera y una cuerda para lanzar posiblemente dardos, respecto a las cuales, según la versión de Preciado, era una delicia observarlas11; se trataba de una especie de arma usada en la cacería o en la guerra, que también emplearon los aztecas y mayas, y en náhuatl se llamaban “átl- átl”.
La misión encargada a Ulloa por Cortés se iba cumpliendo hasta donde las circunstncias lo habían permitido, pues se había hecho una demarcación cuidadosa de las costas del Golfo de California y sus islas, pero sobre todo, se había comprobado que el Estrecho de Anián no existía, y aunque respecto al remate del golfo habían quedado muchas dudas, una cosa era cierta: aquel dilatado territorio en el que se situaba el Ancón de San Andrés podía ser lago o río, pero no era un pasaje del Mar del Sur al Atlántico. Sin embargo, Preciado se sentía frustrado no tanto por no haberle dedicado más tiempo a la exploración del Ancón de San Andrés, sino por no haber encontrado hasta entonces algo realmente espectacular que causara al rey una auténtica y agradable sorpresa como lo hubiera sido grandes ciudades, yacimientos de metales preciosos, o pueblos con una cultura igual o superior a la de las sociededes europeas. Sin embargo, quedaban costas desconocidas por explorar, y la esperanza seguía viva, ya que estaban decididos a doblar la punta mridional de la California y continuar hacia el norte hasta donde se pudiera.
Según la narrativa de Ulloa, permanecieron en Santa Cruz del 19 de octubre de 1539, cuando entraron a la bahía, hasta el miércoles 29 del mismo mes, mientras que Preciado difiere en la fecha de llegada, la que registra el domingo 18. Cuando iban saliendo del canal al medio día del miércoles 29 de octubre, el “Trinidad”, en donde iba en esa ocasión Preciado, encalló en unos bajos de los cuales no se pudo librar a pesar del gran esfuerzo de los marineros; al percatarse de la situación, acudió Ulloa en el “Santa Águeda” y todos trataron de sacar la embarcación de la arena, haciendo uso de sus botes, cables y el cabrestante, pero el esfuerzo resultó inútil, hasta que luego, durante el reflujo, el barco quedó en lo seco y todos trabajaron duro apuntalándolo por todos lados para que no se cayera al ascender el nivel del agua. Finalmente, al subir nuevamente la marea, a las 9 o 10 de la noche12 el barco fue liberado, aunque Ulloa prefirió zarpar hasta el amanecer, para evitar la posibilidad de volver a encallar en los bajos del canal. El capitán siempre desconfió de la pericia del piloto mayor. En esta parte de la narrativa en la versión de Ulloa, se dice:
…Partimonos de este puerto e baya de Santa Cruz miércoles a veynte e nueve de otubre para yr a tomar la costa del Sur della, como vuestra señoria manda; yendo e saliendo del puerto se descuydo el piloto de la Trenidad a cabsa de la corriente que entonces salia fuera a la mar, encallo con la nao en uno de los baxos de la canal, la qual nos cabso algund trabajo por desencallarla…13, lo que confirma que en esta parte de la navegación Ulloa iba en el “Santa Águeda”.
El gran interés de los navegantes por descifrar lo que consideraban un gran misterio al dar vuelta al extremo meridional de la península se acrecentó14, pero después de 6 o 7 leguas navegadas, poco más de 30 Km., encontrándose ya en el canal que se forma entre la isla de Cerralvo15 y tierra firme, las embarcaciones no pudieron seguir el rumbo a causa de vientos contrarios y lluvia intensa, por lo que se regresaron y buscaron abrigo cerca de las puntas de tierra firme que se proyectan hacia el norte en el canal de San Lorenzo . Desde allí intentaron reiniciar la navegación en repetidas ocasiones, sin éxito por el mal tiempo que prevalecía, en el que los truenos, relámpagos y luces de San Telmo se dejaron sentir, y el mismo Ulloa afirma que él vio las referidas luces en el “Trinidad” como objetos brillantes en la punta del mástil principal. Después de varios días de ser azotados por las tormentas y de haberse refugiado 4 veces aparentemente en el lugar ya mencionado, poco a poco mejoró el clima, y los marineros cantaron y rezaron en agradecimiento a Dios y a San Telmo por haberse salvado, anclaron en el sitio conocido y allí permanecieron el día siguiente descansando de los trabajos llevados a cabo para mantener a flote las embarcaciones.
Hakluyt, Richard, “The Principal Navigations, Voyages, Traffiques and Discoveries of the English Nation”, London, p. 480, Cambridge University Press, 2014. Reproducción del texto original publicado en 1589. ↩︎
Wagner Edit., op. cit., p. 25. ↩︎
Hakluyt, op. cit., p. 480. ↩︎
y ansi se estuvieron un rato sin quererse llegar mas avnque les llamábamos por señas y les mostrábamos rescates e otras cosas para les dar, de lo qual hizieron poco caso, y visto que no se querían llegar y que se volvian donde habían salido, sali a ellos en una barca por ver si podia tomar alguno para darle algunas cosas y tornarle a soltar, y alcanzé al que al parescer era mas cosa que los otros, porque hera el que mas se llegaba y el que mas hablaba y el que vino la primera vez en la primera balsa, y en llegando a el dexó la balsa y se hecho a la mar a nado, y anduve con la barca tras el mas de media ora sin poderlo tomar, porque todas las vezes que le alcanzaba se cambullia por la proa y yva a salir buen rato de la popa, y por buena prisa que nos davamos a revolver la barca y a tornarla alcancar, estabaya el descansado sobre el agua para poder tornar a hazer lo mismo, y desta manera se sostuvo con mucho animo y sin perder punto de buen tiento hasta que a nosotros nos canso, y de manera que los que remaban no podían rebullir la barca a una parte ni a otra, e a el le vinieron a socorrer sus compañeros en las otras balsas, y visto que no lo podiamos tomar me volvi a las naos; heran el y todos los demás que este dia se vieron en las balsas y en la tierra, ocho o diez hombres desnudos y de buena despusicion, y trasquilados, las trasquilas de dos o tres dedos de largo; tenian entre todos dos o tres arcos con sus flechas; heran las balsas en que venían, de caña, mayores que la primera que arriba digo, y de la misma hechura e manera, las quales remaban con otros palos y palas como la primera; estuvimos este dia en este paraje porque no tuvimos tiempo para pasar adelante; anduviéronse los yndios por la playa, hizieronnos una ahumada y a la noche un fuego; está este pasaje de entre esta isla y la tierra firme, a do estaban estos yndios, en altura de veinte y ocho grados y dos tercios; llamárnosle el pasaje de Belén porque las voces que el yndio daba quando pedia el socorro a los compañeros hera decir ¡belén!...*Ulloa, Edit. Bibl. Esp., pp. 197-198. ↩︎
Observations in Lower California, Jacob Baegert, traducción de M. M. Brandenburg y Carl L. Baumann, Univ. Of Calif. Press, Berkeley, 1952, pp. 85 y 379. ↩︎
Richard Hakluyt; op. cit., London, 1810, p. 480. ↩︎
Ibíd., p. 480. ↩︎
Se transcribe enseguida la traducción parcial de la p. 481 de la versión de Preciado, texto de Hakluyt que se refiere a los párrafos anteriores: …Este día el viento se calmó y regresamos para anclar en el sitio mencionado, y nuestro Almirante se trasladó de la tierra firme hacia la isla [San Marcos]*, y nosotros, quienes estábamos en el barco llamado La Trinidad estábamos cerca de tierra firme, y antes del amanecer partimos con un viento fresco. Y antes de que desembocáramos fuera del canal vimos cierto zacate muy alto y verde sobre la tierra firme, por lo cual un marinero y el piloto subieron a lo alto, y vieron la boca de un río que corría a través de aquel campo verde hasta el mar. Pero debido a que nuestro almirante iba a toda vela lejos de nosotros, no les pudimos decir de este río, donde hubiéramos tomado agua, de la que teníamos alguna necesidad, y debido a que era un muy buen puerto para ir a la playa y tomarla, y por lo tanto, sin abastecernos de agua, seguimos nuestro curso. El lunes zarpamos de este puerto, el cual es como un lago, porque por todos lados estábamos rodeados de tierra, teniendo el continente antes, atrás de nosotros, y a nuestro lado derecho, y la isla a nuestro lado izquierdo, y pasamos adelante por esas bocas antes mencionadas, que mostraban una salida al mar abierto…Cuando salíamos de estas aberturas comenzamos a encontrar una bahía con un gran puerto rodeado con varias pequeñas colinas con verdes bosquecillos que daba gusto verlos. En esta bahía y playa había dos pequeñas islas cercanas a la costa, una de las cuales era como una mesa de media legua de grande, y la otra era una loma redonda casi tan grande como la anterior. Estas islas nos sirvieron solo para satisfacer nuestra vista, porque pasamos por ellas sin detenernos, teniendo un viento flojo el lunes en la mañana, día en el cual seguimos nuestro curso con los mencionados vientos, y en poco tiempo el viento se tornó contrario, de manera que nos vimos obligados a anclar en el mencionado punto del dicho puerto, y el martes al amanecer zarpamos, pero en todo el día avanzamos poco, porque el viento continuó contrario, aunque muy débil. A la siguiente noche…cerca de la media noche empezamos a tener un viento fresco, y el miércoles en la mañana estábamos a siete leguas de distancia de aquel punto …*Este registro de Preciado deja claro que en esta parte del viaje él iba en el “Trinidad” y Ulloa en el “Santa Águeda”, y que si bien el capitán se siguió de largo, la embarcación de Preciado sí ancló aunque por poco tiempo en aquel sitio, aparentemente aún en el canal marítimo de San Marcos o apenas saliendo de él. ↩︎
En la versión de Preciado dice que llegaron a Santa Cruz el domingo 18 de octubre de 1539, mientras que Ulloa señala el 19. Ibíd., p. 481-482. Tómese en cuenta que, si el episodio del balsero en el Estrecho de Belén ocurrió el domingo 12 de octubre, el 19 de ese mes sería también domingo y no 18, como lo indica Preciado. ↩︎
Ibíd., p. 482. ↩︎
Se han encontrado unos lanza-dardos en varias partes del sur de la península. Ver De Cueva Pintada a la modernidad, libro en línea de A. Ponce Aguilar, p. 55. ↩︎
Preciado afirma que fue a la media noche. ↩︎
Ulloa, Bibl. Esp. Edit.., pp. 199-200, op. cit.. ↩︎
Hakluyt´s Collection…, op. cit., p. 483. ↩︎
El nombre de la Isla conocida popularmente como Isla de Cerralbo o Cerralvo, ha sido bautizada 4 veces de la siguiente forma: Fortún Jiménez la llamó Isla de Santiago posiblemente en 1533; después, los buscadores de perlas la nombraron Isla de las Perlas; el explorador Francisco de Ortega, en 1632, la nombró Isla de Cerralbo, en agradecimiento al Virrey Don Rodrigo Pacheco Osorio, Marqués de Cerralbo, por haberlo autorizado a explorar la California sólo con el fin de averiguar sus potencialidades; y finalmente, en el año 2009 el gobierno mexicano dispuso que se cambiara el nombre de la isla por el de Jacques Cousteau, en honor al distinguido oceanólogo francés. Debe aclararse que Cortés se atribuye el descubrimiento y bautizo de la isla, además de las que llamó San Miguel, hoy Espíritu Santo, y San Cristóbal, hoy San José. ↩︎