Antonio Ponce Aguilar

El Coronel Esteban Cantú en el Distrito Norte de Baja California. 1911-1920
Capítulo V: 
Las contrariedades de Cantú con el General Francisco Vázquez y el Coronel Juan Lojero

Al General Gordillo le siguieron por breve tiempo en la jefatura política Jacinto Barrera, Carlos R. Ptacnik, José Dolores Espinoza y Ayala, y al subir al poder Victoriano Huerta después del asesinato de Madero, el Coronel Miguel V. Gómez. Éste era un déspota que pronto tuvo serias dificultades con los regidores del cabildo de Ensenada, a quienes amenazó con mandarlos presos a la Ciudad de México en caso de que no obedecieran sus órdenes. En octubre de 1913, los vaivenes políticos en el centro del país hicieron que el General Francisco Vázquez fuera nombrado por Huerta para que ocupara el lugar de Gómez. La calidad humana del nuevo jefe político no era mejor que la del anterior, lo cual pronto comprobarían los habitantes del Distrito, çsobre todo los de Ensenada.1

En 1914, el General Francisco Vázquez abrió una cuenta personal en un banco de San Diego, con dinero que le pagaban para poder seguir funcionando las cantinas, casinos y prostíbulos que ya proliferaban; además, los ediles de Ensenada habían resentido directamente los abusos del jefe político, quien pretendía pagar a su tropa con dinero que correspondía legalmente al ayuntamiento. Era tanto el cinismo y ambición de Vázquez que estableció cantinas y tiendas en las barracas de los soldados, a quienes les prohibió terminantemente que hicieran compras afuera. Sus arbitrariedades fueron granjeándole entre la tropa y el pueblo en general un resentimiento que al final, condujo a su salida del gobierno.

General Victoriano Huerta, asesino intelectual de Francisco I. Madero

Las relaciones de Cantú con el General Huerta han sido motivo de severas críticas, debido a que aquel fue condecorado por el tirano, como premio al haber derrotado a fuerzas enemigas del gobierno. Sobre el particular se relatan los siguientes hechos, no sin antes recordar que Esteban Cantú y muchos oficiales del ejército en de aquel tiempo, deben haberse enfrentado en ocasiones a disyuntivas en las que era difícil tomar una decisión, sobre todo cuando se reñían los principios del honor y la justicia con la disciplina castrense en la que se habían formado como soldados. En los meses de septiembre y noviembre de 1913, Cantú derrotó cerca del Colorado a grupos revolucionarios que luchaban contra Victoriano Huerta y trataban de extender sus acciones hasta el Distrito Norte de Baja California, lo que ameritó que el presidente usurpador le otorgara la medalla “Al Honor y la abnegación”, y que fuera ascendido a coronel. Al frente del primer grupo de que se habla venía el coronel carrancista Luis Hernández, mientras que el segundo era comandado por Rodolfo Gallego, antiguo conocido de Cantú ahora con el grado de General. El enfrentamiento con éste se dio el 14 de noviembre de 1913 en “La Islita”, lugar del desierto situado en territorio sonorense apenas cruzando al este del río Colorado, entre “La Grullita” y “Lagunitas”, y como se ha dicho en ambos casos el triunfo fue para las tropas de Cantú. Pareciera que el Mayor había escogido esa vez ser fiel a un gobernante asesino como Huerta, en lugar de apoyar la revolución que se hacía en su contra, aunque tal vez su proceder se debió simplemente a que las incursiones revolucionaria en los límites del Distrito constituían una franca amenaza a sus planes de conseguir en el futuro la gubernatura, sobre todo si se toma en cuenta la agria relación que había tenido con Gallego; o simplemente a que como soldado, desobedecer las órdenes superiores que se le habían dado de combatir a aquellos grupos revolucionarios era un acto de rebelión contra el gobierno al que servía. Sin embargo, se despertó el rencor de Huerta contra Cantú cuando éste no le manifestó su agradecimiento por el ascenso recibido, como era la casi obligación protocolaria de la época. Poco después, el ahora coronel no ocultaría su simpatía por la revolución, sobre todo cuando las fuerzas de Villa, Carranza y Obregón avanzaron hacia la capital del país, y la mecha revolucionaria se encendió por todas partes en contra del usurpador.

Más adelante se verá que poco después de la caída de Huerta, Carranza reconoció al gobierno de Cantú, a pesar de que sabía de los hechos militares señalados anteriormente. Además de la influencia que sobre Carranza debe haber tenido José Cantú, hermano del coronel, interviniendo para que don Venustiano hiciera oficial el reconocimiento de su administración, la lejanía del Distrito y el desconocimiento que en el centro del país se tenía del poder real político y militar del Coronel Cantú, también fueron factores que favorecieron esa decisión. Por otra parte, nada hubiera impedido que si se consideraba necesario, se revocara el reconocimiento señalado.

El General Francisco Vázquez era el jefe político del Distrito Norte con residencia en Ensenada desde octubre de 1913, y el comandante de la guarnición en Mexicali era el Coronel de Infantería Juan Lojero. Ambos habían participado brillantemente en la toma de Tijuana el 22 de junio de 1911, y poco después éste ocupo la comandancia militar en Mexicali. Los dos oficiales fueron mencionados por el Coronel Celso Vega en su informe al General Secretario de Guerra y Marina fechado el 26 de junio de 1911, sobre la batalla librada en Tijuana cuando recapturaron la plaza y expulsaron a los anarquistas que la ocupaban. Al final del parte que se menciona Vega dice textualmente*: … Para concluir, me permitirá usted, señor, que me tome la libertad de manifestarle, que todos los jefes, oficiales y tropa de mi mando, cumplieron bizarramente con sus deberes distinguiéndose principalmente el señor Teniente Coronel Juan _N. Vázquez, del Octavo Batallón, quien combatió con enérgica actividad y celo al grupo mayor del enemigo, y también se distinguió por su valor el Subteniente del mismo Batallón Alfonso Velasco, que resultó herido en el combate. A dicho jefe y al oficial de re ferencia me permito recomendarlos especialmente a la consideración del Superior Gobierno; así como a los Capitanes Primeros Juan Lojero, de la Compañía Fija, y Justino Mendieta, del Octavo Batallón, quienes se esforzaron por alcanzar el triunfo de las armas nacionales ….*_

Lojero y Vásquez eran decididos huertistas, y pronto surgió un fuerte recelo entre ellos y Cantú, no sólo por el repudio general hacia Huerta, sino porque el oficial neoleonés veía como un obstáculo para sus aspiraciones políticas la presencia de los héroes de la batalla del 22 de junio. Aparte de la ambición de Cantú por llegar a tener el poder militar y gobierno del Distrito, y que en aquel tiempo estaban en manos de los huertistas Vásquez y Lojero, aquél como Jefe Político y éste como Comandante Militar, hay que admitir que las serias discrepancias políticas entre Cantú y ellos enaltecen al Coronel, pues su franca animadversión contra el tirano Huerta lo colocó en una posición de constante peligro, y de hecho, como consecuencia de tal relación, algunos de sus soldados fueron arteramente asesinados por gente de Lojero. Victoriano Huerta, experto del espionaje político y del asesinato, no era enemigo pequeño por distante que se encontrara del coronel Cantú.

Cuando Juan Lojero era comandante militar en Mexicali, el teniente José Cantú2, hermano del coronel, arribó a Caléxico y trajo a su hermano la novedad de que la revolución había triunfado y que el presidente interino Francisco Carvajal había tenido que salir de México, la tiranía de Huerta había terminado. Cantú relató estos informes a Lojero, y éste percibió en aquella conversación una especie de amenaza velada, su protector había huido del país, temió por su vida y aparentemente acordó con Vásquez la ejecución del coronel.

Posiblemente en agosto de 19143, como a las seis de la tarde, Cantú se presentó a rendir su parte de novedades al coronel Lojero, Jefe de la Guarnición de Mexicali con sede en una pequeña casa del poblado. Esta vez, contrario a su costumbre, se había fajado al cinto su pistola 38 reglamentaria, quizá fue un acto instintivo, pero seguramente provocado por las acciones sucedidas recientemente en contra de sus hombres, dos de los cuales, como se ha dicho, habían sido asesinados por gente de Lojero.

El coronel entró a la habitación, y después de rendir al jefe de la guarnición el parte de “sin novedad”, se sentó entre otras 12 personas, algunas de las cuales procedían de Ensenada4. Según el relato de Cantú, desde el interior de la habitación se podía ver hacia fuera sin dificultad, y gracias a esto se dio cuenta que un pequeño grupo de soldados salía del cuartel y marchaba hacia el lugar de la reunión. Repentinamente y sin motivo los asistentes se despidieron y dejaron solos a Cantú y a Lojero, ya cuando los soldados estaban a punto de llegar y entrar al recinto. Eran cinco hombres de tropa bajo el mando de un teniente coronel, entraron a la oficina y el oficial, saludando a Lojero le dijo: Ordene usted, mi coronel; a lo que el comandante de la guarnición respondió: Cumpla con las órdenes que tiene.

Era sumamente extraño que cinco soldados rasos acudieran al mando de un teniente coronel, lo que provocó de inmediato la desconfianza de Cantú. Al mismo tiempo que los dos oficiales intercambiaban las palabras mencionadas, uno de los soldados de la escolta hizo una disimulada seña a Cantú, dándole a entender que lo iban a aprehender, por lo que éste puso la mano sobre su pistola sin desenfundar. Lojero observó la mano de Cantú prácticamente empuñando su arma, y comprendió que si confirmaba la orden de aprehender o asesinar al mayor, pues eso se intentaba con la presencia de aquellos soldados, era muy probable que él también muriera; tuvo serias dudas, cambió radicalmente de actitud, y rápidamente le ordenó al jefe de la escolta: Mire, más vale que se retire con su escolta.

Al quedar solos, se suscitó el diálogo siguiente:

-¿Qué pasa con esa escolta, Lojero?

-Nada, Cantú, no se asuste.

-Mire, Lojero, usted ha estado matando gente inocente; ya me asesinaron al Capitán Primero Rueda Frayre, a un sargento segundo, y ahora pretenden hacer lo mismo conmigo. Con esto que acabo de ver me basta para comprobar lo asesino que son ustedes. En estos momentos voy a cruzar la frontera para telegráficamente solicitar la disolución del Cuerpo Auxiliar de Caballería que es a mis órdenes, y enseguida voy a solicitar mi baja, pues con gente como ustedes no se puede servir a la nación5.

Desconcertado, Lojero insistió a Cantú para que se quedara, pero éste cruzó la línea a Caléxico para librarse momentáneamente de la orden de aprehensión y fusilamiento que había en su contra6, según lo había averiguado, y de inmediato envió un mensaje telegráfico al Jefe Político General Francisco Vázquez, dejando a su responsabilidad disolver el Cuerpo de Caballería Esteban Cantú, y solicitando su baja por la falta de garantías. Desde luego que la orden de ejecutar a Cantú había sido dada por Vázquez, y Lojero había tratado de implementarla. Cantú nunca recibió respuesta a su telegrama, y al poco tiempo, como se relata enseguida, el jefe político fue destituido y encarcelado en Ensenada, por sus abusos y gobierno corrupto. Poco tiempo después, pasado el peligro Cantú regresaría a Mexicali.

Cuando Victoriano Huerta, el protector de Vázquez, tuvo que huir de México el 15 de julio de 1914, se hizo patente con mayor fuerza la inconformidad con su gobierno entre la oficialidad del ejército y el pueblo porteño, lo que propició que el comandante militar Fortunato Tenorio, junto con Arnulfo Cervantes y Esteban Cantú que ya estaba de regreso en Mexicali, desconocieran a Vázquez como Jefe Político, quien fue encarcelado en agosto de 19147. Fue entonces que David Zárate ascendió provisionalmente a la jefatura política del Distrito Norte, y aunque su gobierno sólo duró hasta el 27 de septiembre, fue una muestra de que el pueblo de Ensenada se distinguía en el Distrito por una actividad siempre valerosa tendiente al logro de mayor autonomía, atreviéndose siempre a inconformarse y exigir el cumplimiento de sus derechos. Podría decirse que con esos actos se iniciaba en Baja California la Revolución Constitucionalista.

Lojero intentó sostenerse en el poder en el área de Mexicali, lo que logró por breve tiempo, pues en agosto de 1914, no pudiendo resistir los odios y rencores que se había granjeado entre la población civil y los militares, entre éstos sobre todo por la falta de pago, abandonó su puesto como Comandante de la Guarnición de Mexicali y Subjefe Político, autoexiliándose en los Estados Unidos.


  1. El General Francisco Vázquez fue nombrado por Victoriano Huerta como Jefe Político del Distrito Norte de la Baja California en octubre de 1913 y el 20 de marzo de 1914 fue depuesto por el Ayuntamiento de Ensenada; sin embargo, Cantú expresa en sus Apuntes Históricos que al ir a rendir el parte a Lojero el 10 de mayo de 1914, señala que en ese tiempo Vázquez todavía era jefe político. Del carácter sanguinario de Vázquez se podrían citar muchos ejemplos, pero basta recordar que fue durante su gobierno en el Distrito Norte cuando se apresó, torturó y asesinó a la señora Margarita Ortega Valdez, por haber sido liberal, y por haber luchado contra Huerta. Fue capturada el 20 de noviembre de 1913, torturada por 4 días, y fusilada el 24 del mismo mes. Sus restos fueron tirados en el desierto. Cabe mencionar que Rodolfo Gallego fue quien arrestó a Margarita en Sonora, y la mandó a Mexicali para que las tropas huertistas dispusieran de ella en la forma mencionada. ↩︎

  2. José T. Cantú, hermano de Esteban, nació en Linares, Nuevo León, perteneció al ejército constitucionalista y fue amigo personal de don Venustiano Carranza. Junto con Lucio Blanco, estuvo en el reparto agrario de la hacienda de Borregos, en Tamaulipas. Su cercanía con Carranza fue factor para la buena relación que se llegó a dar entre Esteban Cantú y don Venustiano. Murió a causa de un accidente automovilístico en Baja California. ↩︎

  3. Cantú dice que fue como el 10 de mayo de 1914 cundo rindió su parte de novedades al coronel Juan Lojero, pero en esa fecha todavía no dejaba la presidencia interina el Lic. Carvajal, lo cual sucedió el 13 de agosto de 1914 y una semana después Venustiano Carranza asumió la presidencia, por lo que debe pensarse que la referida reunión fue posterior a la fecha que se señala, y que se puede tomar como el fin del régimen huertista, protector de Lojero ↩︎

  4. La presencia en Mexicali de la gente de Ensenada robustece en alguna forma la hipótesis de que se trataba de un complot fraguado en la todavía capital del Distrito, y que los hombres que acompañaban a Lojero estaban en Mexicali para apoyarlo en su confrontación con Cantú. ↩︎

  5. Cantú, “Apuntes históricos…..”, op.cit., p. 37. ↩︎

  6. Era muy común en aquella época que los perseguidos políticos que temían por su seguridad en territorio mexicano, con toda facilidad cruzaran la frontera a los Estados Unidos en donde no corrían peligro. ↩︎

  7. Los Gobiernos Civiles en Baja California, 1920-1923, Marco Antonio Samaniego López, UABC, p. 28. ↩︎