Desde fines de 1903, Cantú tomó parte en la campaña del ejército federal contra los yaquis de Sonora alzados por más de 3 años. Es sabido que la guerra contra esa tribu la hizo Porfirio Díaz, acusándolos de rebeldía porque los nativos reclamaban, con toda razón, el derecho a administrar sus comunidades y las tierras de las que eran los legítimos dueños. Durante este tiempo, Cantú conoció en Sonora al General Manuel Gordillo Escudero, y en 1911 volvió a estar bajo sus órdenes en Chihuahua desde el 20 de noviembre de 1910, cuando salió de Cuencamé, Durango, hasta el 20 de junio de 1911 en que formó parte del contingente que iría a Baja California, ahora ya por órdenes del gobierno revolucionario. Fue en este año cuando recibió el ascenso a Mayor, siendo Presidente de la República Francisco León de la Barra1.
Como en la mayoría de los oficiales de caballería de aquel tiempo, el apego de Cantú al hipismo se denota en varias partes de sus “Apuntes históricos de Baja California Norte”2. En ellos expresa que en 1909, estando en Gómez Palacio, Durango, compró su caballo “El Travieso”, de dos años de edad, y lo educó estando en Cuencamé. El 20 de noviembre de 1910 Cantú salió para Chihuahua, y dice refiriéndose a su caballo: “Me prestó muy buenos servicios durante los 7 meses que duró la campaña y también en Baja California. Era un ejemplar de media sangre inglesa, hijo del famoso caballo de carrera “El ciclón”, de Lagos, Jalisco. Todavía los militares de su tiempo, cuando menos en México, eran “hombres de a caballo”, como se reconoció a Francisco Villa o “El Centauro del Norte”.
Cantú no era un oficial sólo de membrete, pues además de su participación en la campaña del yaqui, acompañó al general Manuel Gordillo Escudero en su marcha a Ojinaga, Chihuahua, y después en el regreso al frente de 90 hombres del 16º Regimiento de Caballería, desempeñando el servicio de exploración y seguridad en vanguardia, día y noche, siempre demostrando sus dotes de mando y valor personal. Algunas acciones relacionadas con el primer sitio de Ojinaga en 1911, se resumen enseguida.
Por el mes de abril de 1911, el gobierno federal mandó al General Gordillo Escudero con Cantú como uno de sus oficiales, a la plaza fronteriza al frente de unos 500 a 1000 soldados en apoyo del General Gonzalo Luque, que se encontraba sitiado en el poblado por los revolucionarios maderistas, a los cuales se habían unido algunos norteamericanos. Fuerzas rebeldes al mando de José de la Cruz Sánchez y Toribio Ortega trataron de detener a la columna de Gordillo Escudero en Cuchillo Parado el 29 de abril, pero aunque lo lograron por seis horas tuvieron que retirarse. Al siguiente día, las tropas federales derrotaron a los rebeldes en una sangrienta batalla en La Mula, y poco después, al amenazar González Luque con romper el sitio y flanquear a los revolucionarios, estos tuvieron que huir. El sitio de Ojinaga fue roto, y el General Gordillo tomó el control de la plaza. Todavía los jefes rebeldes Toribio Ortega y Antonio Villarreal, con el apoyo de sus 26 americanos, nuevamente trataron de apoderarse de la plaza, pero sin éxito. Sin embargo, la victoria de los federales fue inútil, ya que los revolucionarios maderistas tomaron Ciudad Juárez el 10 de mayo, por lo cual el gobierno porfirista tuvo que firmar los tratados del 17 de mayo, a lo que siguió la renuncia de Porfirio Díaz y el ascenso de Madero al poder. Por lo expresado, puede inferirse que Esteban Cantú sabía lo que eran las sangrientas batallas de la revolución, y esto contribuiría a normar su conducta política años después, cuando fuera gobernador del Distrito Norte de Baja California.
El 8 de mayo de 1911 el General Francisco Villa atacó Ciudad Juárez, ayudado entre otros por Pascual Orozco, José de la Luz Blanco, José Garibaldi y Benjamín Viljoen, y el 10 de mayo el General Juan Navarro, defensor de la plaza, se rindió. Ese mismo día don Francisco I. Madero hizo su entrada triunfal a la Ciudad de México.

Importantes personajes en la toma de Ciudad Juárez: General Pascual Orozco, el aviador Alberto Braniff, generales Francisco Villa y Guiseppe Garibaldi
En mayo de 1911, la ciudad de Chihuahua era un hervidero de revolucionarios que disfrutaban la embriaguez del triunfo inicial del maderismo sobre el ejército federal. Aunque Madero había dado orden de que las tropas federales iniciaran su incorporación al ejército de la revolución3, resentimientos y rencores mutuos hacían difícil la integración que debía realizarse. Sin embargo, la mayor parte de los oficiales de los dos bandos hacían lo posible por acatar la disposición de la mejor manera, aunque los elementos de tropa frecuentemente se enfrentaban en hechos que terminaban a veces con la muerte de algunos de sus protagonistas.
Datos biográficos de Esteban Cantú

Coronel Esteban Cantú Jiménez, Gobernador del Distrito Norte de la Baja California de 1915 a 1920
Esteban Cantú, hijo de don Juan Antonio Cantú y la señora Francisca Jiménez, nació el 26 de noviembre de 1881 en Linares, Nuevo León, y murió a las 14:30 horas del día 15 de marzo de 1966 en Mexicali, B.C4. Su educación básica la cursó en Linares, Nuevo León; después se trasladó a Morelia, Michoacán, en donde recibió clases privadas como preparación para su ingreso al Colegio Militar; y la carrera de las armas en esta institución de 1897 a 1900. Salió de allí como Teniente de Caballería, se distinguió como caballista, por lo cual recibió una medalla en equitación, además en esgrima y tiro, se especializó en artillería y recibió cursos de cartografía y reconocimiento terrestre. Recién egresado del Colegio Militar, fue incorporado al 12º Batallón de Caballería en Monterrey y obtuvo el grado de mayor siendo presidente de la república Francisco León de la Barra.
Años después, ya como comandante militar en el Distrito Norte, se casó en 1913 con la señorita Ana Carlit Dato Feliz, perteneciente a una familia de origen sonorense dedicada a la ganadería, que se asentó en California para dedicarse a ese negocio, habiendo procreado 5 hijos. Al exiliarse al final de su gobierno, compró un rancho en lo que hoy es Mira Loma, California. Algunos de sus antiguos soldados lo acompañaron, como fue el caso del Teniente Luis Parma y su familia, quien fue nombrado por Cantú caporal del rancho. Parma permaneció por muchos años en el área de Riverside, California, en donde llegó a tener cierta prominencia en los negocios y la política.
Por ese tiempo, Cantú se encontraba en Chihuahua a las órdenes inmediatas del Cuartel General de la 2ª. Zona Militar al mando del General de División Lauro del Villar, y el 18 de junio de 1911 recibió las órdenes para salir en la expedición militar que iría a la Baja California con el cargo de Preboste, bajo el mando del General de Brigada
Manuel Gordillo Escudero, siendo Jefe del Estado Mayor el Coronel Fidencio González. Los objetivos de la expedición, como ya se ha mencionado, eran pacificar completamente la región, acabar con cualquier grupo de rebeldes armados que aún se encontrara en el Distrito, y brindar las garantías necesarias a la población civil, sobre todo aprehendiendo a los que se consideraban exmagonistas convertidos ahora en delincuentes que actuaban impunemente por todo el territorio.
Cada soldado de la expedición iría dotado con 200 cartuchos en canana y cartuchera, comida en frío para cinco días, y baldes para alimentar a la caballada dentro de sus jaulas. Los detalles de la organización de la columna aparecen en el apéndice de este trabajo con el título de “Orden general de la columna de operaciones de la Baja California”.

Francisco I. Madero
Cantú se presentó en el campamento del 17º. Batallón de Infantería que mandaba Gordillo Escudero, y éste le ordenó organizar el embarque de tropa y ganado en dos convoyes de ferrocarril. El 22 de junio de 1911, mientras que la expedición se embarcaba en los trenes rumbo a Ciudad Juárez, Villa y Orozco entraron a la población y fueron recibidos en triunfo por una división al mando del General de División Rafael Eguía Lis. El convoy salió a las 6 de la tarde de ese día 22 y llegó a Ciudad Juárez a las 8 de la mañana del 23.
El Jefe Político y Comandante Militar de Ciudad Juárez era el Gral. José de la Luz Blanco5, quien no permitió que la tropa de los convoyes bajara dentro de la ciudad. Los convoyes se detuvieron en los patios de la estación del ferrocarril, mientras que Gordillo tuvo que ir a conferenciar con Blanco durante tres horas, para llegar a un acuerdo. La actitud del comandante de la plaza se debió tal vez a la efervescencia política y militar que se daba en la ciudad, la cual podía degenerar en acciones de violencia, tomando en cuenta sobre todo que la columna que recién llegaba estaba integrada por ex federales.
Por su parte, Cantú se dedicó a recorrer los carros del convoy tratando de conservar la disciplina entre los soldados. José de la Luz Blanco era un prestigiado jefe revolucionario que, dedicado al comercio en Chihuahua antes del movimiento armado, fue convencido por don Abraham González para que se uniera al maderismo. Se inició en la revolución el 20 de noviembre de 1910, al amotinarse en Santo Tomás, Chihuahua, con 20 hombres armados, en lo que constituiría una carrera exitosa dentro de la revolución. No era, pues, un improvisado en el mando revolucionario6.
La tropa embarcada en los carros del tren estaba inquieta después del largo viaje, y el alboroto se acentuaba porque parejas de jinetes revolucionarios se acercaban por fuera de los carros y ofrecían a los soldados un sombrero huichol de 18 centavos y una botella de “chicote”, nombre popular que se daba al aguardiente adulterado con alumbre, a cambio de alguna pistola, rifle o cartuchos que se intercambiaban por las ventanillas de los vagones. Cansado de que los vendedores siguieran provocando el desorden entre la tropa aún embarcada, Cantú ordenó que se emplazara una pieza de artillería a un costado de los convoyes, con lo que esperaba disuadir a los jinetes que insistían en hacer algún trueque con los soldados, pero en eso llegó el General Gordillo y ordenó que se quitara el cañón, al considerar con razón que era una medida extrema e innecesaria. De alguna forma, ese rígido apego de Cantú a la disciplina muestra algo de su carácter que, en muchas ocasiones le sirvió para organizar con éxito las difíciles tareas que poco después le esperarían como Comandante Militar y Gobernador del Distrito.

La fotografía muestra a cuatro soldados federales del 8º Batallón en Mexicali, durante la intervención magonista, unos dos meses antes de que Cantú llegara a esa plaza. Las tropas a su mando, inicialmente, deben haber mostrado un aspecto semejante, aunque después su presentación mejoró notablemente.
Las tropas bajaron por orden de Gordillo, y se formaron en dos filas para escuchar la arenga de su comandante, pero el general no pudo terminar su discurso ya que muchos hombres, entre gritos y desorden, empezaron a romper las filas, otros fingieron perseguir a los que se iban, y hasta se escucharon algunos disparos. Ante aquella situación el general mejor les ordenó: “Todos son libres, alójense donde puedan. Rompan filas”. Lo narrado en párrafos anteriores sobre la experiencia militar de Gordillo demuestra que era un hombre valiente y de carácter firme, por lo que haber cedido ante la indisciplina de los soldados quizá obedeció no a debilidad en el mando, sino al deseo de evitar actitudes rebeldes que pudieron haber terminado en un amotinamiento, en una plaza extraña para él, y situada en la frontera con los Estados Unidos.
Después de romper la formación los hombres se dirigieron a la ciudad, y a sugerencia de Cantú se alojaron casi todos en el Hipódromo. Al pasar lista faltaban un subteniente y como 80 soldados de tropa, lo que es una clara indicación de que en aquellos soldados campeaba en lo general una gran indisciplina. Era difícil esperar otra cosa de aquellos hombres, pues muchos de ellos provenían de la Prisión de San Juan de Ulúa y esto sería un problema constante para Cantú en los días por venir.
El 24 de junio de 1911 llegó la noticia al Cuartel General de que dos días antes el Coronel Celso Vega, Jefe Político y Comandante Militar del Distrito Norte, reforzado con soldados del 8º Batallón, había expulsado a los magonistas de Tijuana comandados por el norteamericano Jack Mosby, después de una contundente victoria que había producido numerosas bajas al enemigo. Era una buena noticia, pues ahora se tenía la seguridad de que las tropas no tendrían que enfrentarse con los magonistas en aquella población fronteriza, quienes previamente, a diferencia de los ocupantes de Mexicali, se habían rehusado a aceptar las propuestas de paz enviadas por Madero, de lo cual ya se ha hablado.
Aunque parte de la tropa se había alojado en el Hipódromo muchos soldados se dispersaron en la ciudad, por lo que Cantú recibió la orden de buscar a la gente que faltaba. Al pasar por el mercado vio a un soldado aparentemente enfermo y se le acercó, el populacho increpó a Cantú agresivamente gritándole entre otras cosas: “Déjalo, no te lo comas”, pero se disuadieron de sus malas intenciones al ver que Cantú le daba dos pesos para que se curara la “cruda” y le pedía que después se presentara en el Hipódromo. “El odio para los que fuimos federales era muy exaltado”, dice Cantú en sus “Apuntes Históricos”.
Otro ejemplo del rencor que sentían los revolucionarios en contra de los federales se dio cuando el mayor Cantú, sabiendo que iba a ser muy difícil cumplir la orden de Gordillo de llevar a los dispersos al Hipódromo, visitó al General José de la Luz Blanco, Jefe Político y Comandante Militar en Ciudad Juárez, para pedirle ayuda. El General Blanco accedió de muy buena gana y ordenó que los 300 hombres de la Gendarmería Montada que estaban bajo sus órdenes, repartidos en 150 parejas, colaboraran con el mayor para lograr su propósito llevando a los dispersos al Hipódromo. Sin embargo, estando en la oficina de Blanco se suscitó un pequeño incidente cuando un subteniente del 12º Batallón de Infantería, vestido con calzón blanco y sombrero de paja, al pensar que Cantú estaba solo en la sala, exclamó “¡Viva Madero, hijos de la...!; pero al percatarse de que el General Blanco estaba presente bajó la mirada y cambió de actitud. Aun así, el General ordenó que el subteniente fuera retirado de la sala.

En esta fotografía se encuentra el General José de la Luz Blanco en el extremo izquierdo, y Francisco I. Madero segundo de derecha a izquierda.
Los de la Gendarmería y Cantú se fueron a las garitas internacionales, en donde encontraron a muchos de los hombres que buscaban, tal vez algunos con la idea de cruzar la frontera hacia los Estados Unidos. Empleando toda su capacidad persuasiva, Cantú convenció a unos cincuenta soldados de que volvieran al Hipódromo, a las doce del día regresó y dio cuenta de todo a Gordillo, luego se dirigieron los dos a donde acampaban los del 17º batallón, los formaron en línea desplegada, y el General les explicó que en Baja California había mucho dinero y oportunidades de progreso, tratando de tocar la fibra sensible de aquellos rudos soldados. Para terminar su breve perorata, pidió que los soldados que voluntariamente quisieran ir dieran un paso al frente, aceptaron unos 90 hombres, todos procedentes del Cuerpo de Operarios de Quintana Roo y de la prisión de San Juan de Ulúa., y así se completaron unos 200 de tropa con gente de Oaxaca y Chiapas.
Cabe mencionar aquí que algunos autores como Lawrence Douglas Taylor, afirman que el número de soldados enviados era de 1 500, lo cual parece carecer de fundamento, pues varias fuentes, al referirse a la distribución de la fuerza ya en el Distrito Norte, señalan que fue de 100 hombres para Mexicali, y el resto para los demás poblados. Cantú, en sus Apuntes Históricos señala claramente que se organizaron dos destacamentos para la expedición, uno al mando del Coronel Fidencio González, con destino a la ciudad de Tijuana y otro a mis órdenes con destino a la ciudad de Mexicali…Cada destacamento se componía de un Capitán 1º, ocho oficiales más y cien de tropa…7 Sí es posible, sin embargo, que el número de soldados pronto se haya incrementado tal vez a unos 300 hombres con la formación de un grupo de voluntarios y el famoso Cuerpo de Caballería “Esteban Cantú”, aunque aparentemente no en la cantidad mencionada por Taylor. El mando estaba a cargo del Coronel Fidencio González, ya que el General Gordillo permanecería por unos días en Ciudad Juárez y después viajaría al Distrito Norte.
El 25 de junio de 1911, día siguiente de los hechos narrados, las tropas cruzaron a las 8 horas la línea fronteriza a la ciudad de El Paso, Texas, en los Estados Unidos. A las 9 se incorporó al tren un oficial y 5 soldados norteamericanos que irían acompañando como escolta a la fuerza mexicana hasta Caléxico, el poblado americano a la altura de Mexicali. En el viaje por el ferrocarril “Southern Pacific” no hubo problemas de disciplina, y a pesar de los orígenes de la tropa, ésta se condujo ordenadamente en todo el trayecto.
León de la Barra fue el Presidente Provisional de la República Mexicana al dejar el cargo el General Porfirio Díaz, en tanto se efectuaban las elecciones, pero don Francisco I. Madero era considerado por todos como el próximo gobernante de México. Las elecciones se efectuaron el 15 de octubre de 1911 y Madero tomó posesión el 6 de noviembre. ↩︎
El libro “Apuntes históricos de Baja California Norte” fue escrito por Esteban Cantú Jiménez en 1957, 37 años después de que dejara el gobierno del Distrito Norte. Como puede esperarse, en su obra el Coronel atribuye la motivación de sus acciones a sus patrióticos deseos de servir al pueblo del Distrito en todos los aspectos. Aun considerando el apasionamiento con que narra los acontecimientos, que podría alterar la realidad histórica, su trabajo es una valiosa referencia para conocer los hechos de aquella turbulenta época. ↩︎
Por los tratados de Ciudad Juárez del 21 de mayo de 1911, Madero, a nombre de la revolución triunfante, convino en el cese de hostilidades entre el ejército revolucionario y el ejército federal, y en el apartado único del documento se estableció lo siguiente: Desde hoy cesarán en todo el territorio de la República las hostilidades que han existido entre las fuerzas del Gobierno del general Díaz, y las de la Revolución; debiendo éstas (las revolucionarias) ser licenciadas a medida que en cada Estado se vayan dando los pasos necesarios para restablecer y garantizar la paz y el orden públicos Poco después, el 24 de junio de 1911, Madero proclamó un Manifiesto al Pueblo en el que, entre otras cosas expresó: ¿Cómo podían vencer los miembros del Ejército Federal, si iban a la lucha con repugnancia, convencidos de la justicia de la Insurrección El Ejército Mexicano (el federal) en la pasada contienda ha dado grandes pruebas de heroísmo y abnegación y se ha captado la admiración de sus compatriotas, aun de los mismos que contendimos con él en el campo de batalla. Con el nuevo régimen que se inaugura, un ejército como el nuestro, es una garantía para las instituciones republicanas. Lo expresado en los paréntesis rectangulares son aclaraciones del autor. “La Revolución Mexicana. Textos de su historia. Graziella Altamirano y Guadalupe Villa. Tomo III, pp. 112 y 117. ↩︎
Algunos autores dan como fecha de su nacimiento el 27 de noviembre de 1880. ↩︎
José de la Luz Blanco, que había estado como refugiado e n los Estados Unidos, se levantó con 20 hombres en Santo Tomás, Chihuahua, y en marzo de 1912 se unió a la rebelión orozquista. ↩︎
José C. Valdés, “Historia general de la Revolución Mexicana”, Edic. Gernika, 1985, p. 203. ↩︎
Cantú, op.cit., p. 11. ↩︎