Luis M. Salazar entregó el gobierno del Distrito al señor Manuel Balarezo, nativo de La Paz, Baja California Sur el primero de octubre de 1920, quien se enfrentó a la crisis económica que se había iniciado después de la salida de Cantú debida a la clausura de muchos negocios turísticos.
Al inicio de su gobierno, el substituto de Cantú había prometido suprimir los permisos otorgados para el ingreso de chinos al Distrito Norte, por haber sido éstos motivo de las campañas realizadas por prensa y gobierno federal en contra del Coronel, pero pronto se dio cuenta que de hacerlo así su gobierno no podría sostenerse, por lo que pidió al Presidente la autorización para seguir cobrando los impuestos correspondientes, lo que logró y se siguió haciendo en administraciones subsecuentes1. Terminada su gestión de gobierno, Salazar se dedicó a sus negocios sobre todo de la industria pesquera, residió con su familia muchos años en Ensenada, en donde ocupó un lugar prominente entre los empresarios, tuvo problemas económicos importantes y en los años sesenta murió.
Francisco Villa, quien como hombre fuerte de la Convención designó oficialmente a Cantú como gobernador del Distrito en 1915, finalmente se rindió al Presidente Interino Adolfo de la Huerta. Murió asesinado en una emboscada en Parral, Chihuahua, el 20 de julio de 1923, tal vez por partidarios de Calles y Obregón.
Venustiano Carranza, quien también ratificó el puesto de Gobernador del Distrito a Cantú, murió asesinado en Tlaxcalantongo, en la Sierra de Puebla, la noche del 20 de mayo de 1920, por partidarios de Obregón y Adolfo de la Huerta.
El General Álvaro Obregón, con quien Cantú vivió en una constante animadversión, murió asesinado por el fanático religioso José de León Toral el 17 de julio de 1928 en el restaurante “La Bombilla”.
Victoriano Huerta, el asesino intelectual de Francisco I. Madero, estuvo por algún tiempo exiliado en Europa; luego regresó a los Estados Unidos, en donde fue arrestado por actividades revolucionarias a favor de Alemania. Casi toda su vida fue un alcohólico, vicio que finalmente le causó la muerte estando en la prisión de Fort Bliss, el 13 de enero de 1916
Adolfo de la Huerta, quien como presidente interino en 1920 logró la entrega pacífica del Gobierno del Distrito Norte por parte de Esteban Cantú, murió de forma natural en la ciudad de México el 9 de julio de 1955.
El Coronel Esteban Cantú vivió algunos años exiliado en los Estados Unidos, en donde se dedicó por algún tiempo al trabajo agrícola en una propiedad que adquirió en Mira Loma, California2, acompañado por algunos de sus más fieles amigos.
De regreso a Baja California, en Mexicali, Cantú fue dueño o partícipe de varios negocios como la empresa “Sal de Ometepec”, y también ocupó algunos modestos empleos al servicio del gobierno durante diversas administraciones. Por ejemplo, en marzo de 1926 se le dio el puesto de Inspector de Máquinas Sorteadoras de Moneda en Mexicali; fue Inspector Fiscal del 28 de marzo de 1932 al 1º de enero de 1935, y el mismo puesto lo desempeñó del 1º de enero de 1936 al 16 de mayo de ese año. En 1938 se desempeñó como inspector de los trabajos que el Gobierno del Territorio Norte llevó a cabo en el camino de Mexicali a San Felipe, con sueldo de $ 300.00 pesos mensuales. En agosto de 1944 fue nombrado proveedor del Gobierno del Territorio con sueldo de $542.80, y en enero de 1946 Inspector del Gobierno, con sueldo igual al de la comisión anterior.
Podría suponerse que algunas de estas comisiones fueron realmente puestos nominales que se le otorgaron al Coronel para ayudarlo económicamente, aunque las exiguas cantidades que se le pagaban no corresponderían ni a una modesta pensión acorde con el puesto que desempeñó en el Distrito Norte.
En 1954 fue electo primer Senador de la República en representación del nuevo Estado de Baja California. Siguió viviendo en Mexicali, y allí murió el 15 de marzo de 1966 a causa de un problema cardíaco, sin un centavo en el banco, según lo expresado por el investigador Clemente González en un artículo publicado en 1996 en “El Sol de Tijuana”3. Sobre el mismo tema, y por haber conocido la trayectoria final del Coronel Esteban Cantú Jiménez, vale la pena transcribir lo expresado por el historiador Celso Aguirre Bernal, quien escribió lo siguiente:…Con un poder absoluto durante seis años y con una influencia decisiva durante diez años en Baja California, de 1911 a 1920, en que pudo haber amasado una inmensa fortuna, murió pobre, pero respetado y admirado, porque la penuria en que vivió sus últimos días, nos consta a todos, en una modestísima vecindad, es una quemante imprecación a los políticos deshonestos enriquecidos con los dineros del pueblo4.
Actualmente, en el curso de historia local que se imparte en la educación primaria del Estado de Baja California, poco se habla de él, y muchos maestros e intelectuales desconocen su obra.
Un crítico objetivo de Cantú es Joseph Richard Werne, profesor de Historia y Director de Estudios Latinoamericanos en la Southeast Missouri State University, quien en su ensayo “Esteban Cantú y la soberanía mexicana” expresó en parte:…Patriota o no, los esfuerzos y medidas que tomó el Coronel Esteban Cantú ayudaron a que la Baja California siguiera siendo mexicana. La dinastía sonorense condenó a Cantú en los terrenos moral y político, por fomentar descaradamente el vicio y por la actitud independiente que ostentó, y sin embargo, ambos pecados ayudaron a que México conservara la soberanía sobre su territorio…
Pero tan importante como su obra en las comunicaciones y en la educación, y la conservación de la soberanía en Baja California, el legado de Cantú fue la recuperación de la dignidad para los gobiernos del Distrito ante los terratenientes extranjeros y la posibilidad de que el pueblo conociera la democracia. La mayor parte de los gobernantes que sucedieron al coronel neoleonés en el Distrito Norte, siendo casi todos sus adversarios políticos y críticos severos, como es el caso del general Abelardo L. Rodríguez, siguieron los rumbos esenciales de su administración, como fue mantener el nivel de la educación elemental como uno de los mejores del el país, continuar superando la comunicación entre las principales ciudades, y buscar poco a poco un cambio gradual de la estructura productiva que permitiera el surgimiento de una economía independiente del vicio.
Es natural que como todo hombre público, el Coronel Esteban Cantú fue un personaje de luces y sombras; así lo fueron Benito Juárez, Porfirio Díaz, y tantos protagonistas de la historia de México, como los que se han mencionado en los párrafos anteriores. Pero al final, la aportación del Coronel al proceso modernizador de la Baja California y su patriotismo son indiscutibles, lo que obligaría al estudio y reflexión sobre sus acciones de gobierno como una referencia importante para quien desee percibir con más claridad la actual problemática sociopolítica de la entidad.

Velázquez Morales, op.cit., pp. 88-89. ↩︎
Recientemente se inauguró un tamo carretero llamado Cantú-Galleano Ranch Road con un costo de 47.4 millones de dólares, acto al que asistieron familiares descendientes de Esteban Cantú. La señora Bridget Cantú Wear, bisnieta del Coronel, es persona destacada en la sociedad de San Diego, California, por sus actividades a favor de las artes, la educación y la cultura en general. ↩︎
“Esteban Cantú rechazó una oferta norteamericana de 20 millones de dólares por la península”, Periódico “El Sol de Tijuana”, Javier Hernández, reportero; jueves 3 de octubre de 1996. ↩︎
“Breve historia del Estado de Baja California”, Celso Aguirre Bernal, p. 99. ↩︎