Antonio Ponce Aguilar

El Coronel Esteban Cantú en el Distrito Norte de Baja California. 1911-1920
Capítulo XVI: 
La caída de Cantú

Después de que el Presidente de la República Venustiano Carranza fue asesinado el 21 de mayo de 1920 en Tlaxcalantongo, don Adolfo de la Huerta asumió provisionalmente el poder del 1º de junio al 30 de noviembre de 19201. El llamado grupo sonorense2 se afianzaba en el poder.

Tomando en cuenta que el movimiento que derrocó al gobierno de Carranza duró un mes y siete días, ya que el “Plan de Agua Prieta” tuvo por fecha el 23 de abril de 1920, se dice frecuentemente que la brevedad del proceso rebelde es una prueba de que había una aceptación prácticamente unánime de todo el pueblo hacia el nuevo presidente. Sin embargo, debe señalarse que hubo varios gobernadores fieles a Carranza que fueron aprehendidos, como el General Manuel M. Diéguez en Guadalajara; otros renunciaron, alrededor de 11 fueron substituidos, y algunos prefirieron huir ante el temor de caer en manos del gobierno, como el General Ramón F. Iturbe de Sinaloa que escapó a San Francisco. A pesar de las acciones desatadas en contra de aquellos que osaban manifestarse como fieles partidarios del presidente asesinado, Cantú tuvo el valor de reprobar públicamente el crimen y permanecer en su puesto.

Presidente de la República Adolfo de la Huerta

Sin darse cuenta que las tendencias políticas nacionales que habían causado la caída de Carranza eran irreversibles, el Coronel fue visto por muchos jefes carrancistas como una esperanza para restaurar su forma de gobierno y enarbolar la bandera de la legalidad3, por lo cual varias militares, sobre todo procedentes de Coahuila, lo visitaron con el objeto de unirse en contra del gobierno federal, para lo cual, aseguraban al Coronel, podrían reunir 700 000 hombres en armas. Algunos de los jefes que estuvieron personalmente o por medio de representantes en Baja California fueron Francisco Escudero, Lucio Blanco, Gustavo Espinoza Mireles, José María Maytorena, Juan Barragán y el hermano del gobernador José T. Cantú. El aparente peso político de aquellos caudillos impresionó a Cantú, pero con el tiempo comprobaría que era más la retórica que las situaciones concretas que pudieran conducir al derrocamiento del grupo sonorense.

Aun así, lo dicho antes deja claro tres cosas: que el Coronel Esteban Cantú no fue el único inconforme con la presidencia de Adolfo de la Huerta, además de que muchos países no reconocieron al nuevo gobernante; que a pesar del carácter aparentemente noble y generoso del mandatario provisional, su gobierno había actuado vengativa y violentamente contra muchos partidarios de Carranza; y finalmente, que había la posibilidad de un nuevo movimiento revolucionario con todas las implicaciones que esto conllevaría.

Don Adolfo estaba al tanto de la rebeldía y casi autonomía del gobierno del Distrito Norte, y en sus Memorias dice: …que [Cantú] tenía aquel Territorio como una ínsula desde la época de Carranza, pues la sumisión de aquél a éste siempre estuvo prendida con alfileres; era algo que no se podía considerar como muy firme. Bueno, pues le mandé varios emisarios. No aceptó. Su enojo era fundamentalmente contra Obregón, por lo menos ese era el pretexto. Entonces resolví atacarlo por varios lados a la vez, o mejor dicho, hacerle creer que lo haría…4. Los hombres de Sonora, sobre todo Álvaro Obregón, usaron de todos los medios posibles para desprestigiar a Cantú y lograr su destitución, incluyendo campañas de prensa5, pero aún así, era evidente que el presidente trataba en principio de evitar una confrontación militar con el gobernador rebelde, por lo cual trató de atraerlo y convencerlo de que depusiera su actitud.

De nada habían valido las invitaciones para que el Coronel visitara la Ciudad de México, por lo que el presidente interino decidió mandar comisiones con el propósito de convencer a Cantú para que se sometiera al gobierno federal. Con ese propósito fueron hasta Mexicali el General Manuel Treviño, después el señor Baldomero Almada, amigo de Obregón; también fueron al Distrito Roberto Pesqueira y el Coronel José María Carpio; y después, Juan R. Platt y el Lic. Manuel Piña y Cuevas. A pesar de las promesas y protestas de amistad entre los representantes del presidente y Cantú, ninguno de los enviados logró su propósito.

General Abelardo L. Rodríguez

La verdad es que los emisarios de buena voluntad o los aspirantes al gobierno del Distrito que venían de la Ciudad de México, al llegar a Mexicali sucumbían a cuatro cosas: los obsequios y adulaciones de que eran objeto, las manifestaciones populares que se hacían en su contra, la percepción de un aparato bélico considerable bajo las órdenes del Coronel, y la supuesta amistad de éste con los norteamericanos.

Se ha dicho que Baldomero Almada no fue el único enviado por los gobiernos del centro para sustituir a Cantú, pues lo habían intentado en más de una vez desde la época de Carranza, aunque sin éxito. Ésta vez, el enviado por el Presidente de la Huerta se trasladó a Mexicali no con un mensaje o petición, sino a asumir su cargo como el nuevo gobernador del Distrito Norte de la Baja California, y el 3 de junio de 1920 se presentó en la Escuela Cuauhtémoc ante un público partidario de Cantú en su totalidad.

Telegrama dirigido al Coronel Cantú, en el que se transcribe mensaje enviado a la Presidencia de la República solicitando su permanencia al frente del gobierno del Distrito.

Respuesta del Gobernador al Presidente Municipal de Tecate.

El recién nombrado gobernante hizo uso de la palabra diciendo a los presentes lo que suele expresarse en casos semejantes, prodigando promesas que a todos podrían satisfacer. Después tomaron la palabra algunos de los asistentes al acto, exaltaron la figura y gobierno de Esteban Cantú, y abiertamente, sin recato alguno, criticaron la designación hecha por el presidente Adolfo de la Huerta. Para terminar, hizo uso de la palabra el Coronel, quien tranquilamente y para sorpresa de muchos aceptó hacer una entrega pacífica del gobierno a la persona designada en su lugar.

Al siguiente día, sin embargo, los ayuntamientos de Mexicali, Tecate y Ensenada, mandaron telegramas al General Álvaro Obregón y al Presidente de la República, en el caso de éste, pidiéndole que Cantú permaneciera en el gobierno del Distrito Norte argumentando las bondades de su administración, pues aparte de garantizar dentro de la ley las vidas e intereses de sus habitantes, había logrado el desarrollo de la región de una manera asombrosa. Los mensajes dirigidos a Obregón le pedían su intervención ante Huerta para lograr la permanencia del coronel en el gobierno. Se transcribe enseguida el texto del mensaje enviado al Presidente Interino de la República por el Ayuntamiento de Mexicali el 4 de junio de 1920:

De Mexicali, el cuatro de junio de 1920.- C. Adolfo de la Huerta, Presidente Provisional de la República.- México, D.F.- El Ayuntamiento de esta Municipalidad, haciéndose eco de la voluntad del pueblo tiene el alto honor de dirigirse a usted para solicitar la permanencia del señor Coronel Esteban Cantú en el puesto que desempeña de Gobernador de este Distrito, ya que su gestión administrativa se ha manifestado con un asombroso desarrollo agrícola, industrial y económico de esta región, dando a todos los habitantes toda clase de garantías dentro de la Ley, ya que estas ideas forman parte del programa político del actual Gobierno Provisional6.

Un mensaje parecido fue enviado al General Álvaro Obregón pidiéndole su intervención para que Cantú permaneciera en el gobierno. Los ayuntamientos de Ensenada y Tecate mandaron también telegramas en términos casi iguales a los mencionados7, aunque el de Ensenada no lo firmaban todos los regidores porque algunos no apoyaban a Cantú y veían aquí la oportunidad de sacarlo del gobierno.

De derecha a izquierda, Baldomero A. Almada, Henry MacRae, Mayor Harvey W. Miller, Álvaro Obregón, Franklin Farnum, y el General M. Pérez Treviño, en una visita a Universal City de Los Ángeles el 22 de septiembre de 1916.

El 6 de junio se realizó una manifestación de 3 000 personas, seguramente organizada por el gobierno, pues para convertir el acto en una celebración popular, se sirvió una barbacoa acompañada de bebidas en el parque Héroes de Chapultepec. La marcha terminó en casa del Coronel Cantú, en donde también hubo discursos y vivas al gobernante.

Baldomero Almada presenció la manifestación , y ese mismo día envió un telegrama a Obregón diciéndole que Cantú había pospuesto la entrega del gobierno, y que era manipulado por personajes que sólo buscaban su beneficio personal. Finalmente, Almada sugirió el envío de una fuerza de 5 000 hombres para someter al gobernador rebelde.

A pesar del movimiento de adhesión aparentemente popular a favor de Cantú, la presencia aunque fuera breve de Baldomero Almada en el Distrito Norte sirvió para motivar a los oponentes del gobernador para que también mandaran mensajes a la Presidencia de la República, reiterando las conocidas críticas al Coronel, sobre todo en relación a la explotación del vicio. Dos de los personajes que aprovecharon la ocasión para pedir la destitución de Cantú fueron el Licenciado Juan B. Uribe y Rafael Conrado Silver, éste último banquero californiano enemigo del coronel; y aquel, un abogado que había promovido la transferencia del Rancho Santa Clara a la “Mexican Land and Development Company”8, lugar en el que se asentarían colonos afroamericanos para cultivar la tierra.

Coronel Esteban Cantú Jiménez, gobernante del Distrito Norte de Baja California de 1915 a 1920

El 8 de junio, Cantú advirtió telegráficamente a Huerta que si dejaba el gobierno en manos de Almada, podrían ocurrir manifestaciones violentas en el Distrito, y a consecuencia de ello, el día 14 el presidente confirmó en su puesto al Coronel. Las cosas parecían de momento no sólo controladas, sino inclinándose a favor de Cantú, sin embargo, una semana después Huerta llamó nuevamente al rebelde mandatario para que se presentara en la Ciudad de México, a lo que éste se negó.

La situación se agravó para el gobernador cuando se repitieron las protestas locales contra su gobierno, y de Ensenada surgió la petición de que se le reemplazara con un nativo del Distrito Norte. En dos ocasiones varios comisionados fueron a México y lograron que Obregón y el presidente aceptaran que fuera un nativo de la región el que sustituyera a Cantú. Por su parte, el aún gobernador del Distrito decidió ceder algo de terreno al permitir que se publicaran en el Periódico Oficial del Distrito las disposiciones emanadas del Gobierno Federal, pero estas medidas ya no reducirían y menos impedirían la voluntad del presidente para destituirlo.

En tales circunstancias, el Coronel actuó con titubeos e indecisión, y claramente mostró con su conducta que no estaba seguro de cuáles eran los pasos a seguir para resolver el conflicto. Hubo un momento en que, rebasando los límites de la prudencia, envió un mensaje al presidente que se transcribe más adelante, en el que prácticamente exigió al gobierno que se prorrogaran las elecciones para la Presidencia de la República, ya que en caso contrario “todo sería una farsa”. Como era de esperarse, Huerta contestó negativamente. Cabe mencionar que pensando resistir el ataque que seguramente se armaría en su contra, el Coronel hizo esfuerzos por ampliar el armamento y parque con que contaban sus fuerzas, pero esta vez no pudo conseguir, como lo dice en sus apuntes históricos, ni una carabina.

El 24 de julio de 1920, en una acción aunque valiente, políticamente suicida, el Coronel Cantú mandó el mensaje mencionado al Presidente de la República en el que, aun señalando verdades y hechos reales de la política del gobierno federal, que de manera antidemocrática tendían amañadamente a la manipulación de las próximas elecciones presidenciales a favor del General Álvaro Obregón, rompía con el estilo mexicano históricamente tradicional, por el cual la crítica abierta y descarnada al Presidente de la República era algo prohibitivo, a menos que el autor de la misma se rebelara por las armas en contra del régimen constituido. El texto del audaz mensaje se transcribe a continuación:

General Álvaro Obregón

Mexicali, B. Cfa., 24 de Julio de 1920.- Al C. Presidente de la República, Sr. Adolfo de la Huerta, México, D.F.- En los presentes momentos que son verdaderamente graves y decisivos para nuestro país, considero mi ineludible deber exponer a Ud. algunas consideraciones que me ha sugerido la observación de los acontecimientos políticos de la República, en la inteligencia de que los someto al ilustrado criterio de usted, animado de la mejor voluntad de servir a México, y seguro de que usted sabrá escucharme, penetrado como se encuentra de las altas responsabilidades que impone la Primera Magistratura de la Nación.

La posición hasta cierto punto imparcial y serena en que me he visto colocado durante la mayor parte del período revolucionario de los últimos diez años, me ha permitido seguir la política de abrir ampliamente las puertas de este pequeño jirón de nuestra Patria a todos los mexicanos, sin distinción de partidos políticos, con el lisonjero resultado de haber logrado mantener la concordia y la paz entre los grupos, que han podido dedicarse tranquilamente al trabajo y a la producción abandonando las intransigencias del partidarismo ciego y probando con la experiencia, que es posible establecer en México la anhelada paz orgánica dentro de la absoluta libertad del criterio político.

Esta situación particular de que hablo, me ha permitido igualmente estudiar las necesidades de todo orden, de nuestros compatriotas, las ingentes aspiraciones nacionales del momento actual, y llegar a la conclusión de que éstas no quedarían satisfechas si no abolimos para siempre la intolerancia política, y si no damos a los partidos amplia libertad dentro de la Ley para que éstos persigan sus ideales, por más encontrados que parezcan, y presenten al país a los hombres que consideren dignos y capaces de llevarlos a la práctica.

Con tal convicción y sin guiarme interés personal alguno, juzgo un acto de patriotismo, con lo que correspondo en parte el afecto que me muestran mis gobernados el levantar mi humilde voz en forma de advertencia amigable y consejo discreto, e invitar a Ud., señor Presidente, a que obre a tiempo, y con tino habitual, para impedir que se consume un nuevo atentado de imposición en los próximos comicios, lo que constituiría un verdadero desastre nacional.

Haciéndonos intérpretes del uniforme sentimiento público del país, hago a Ud. presente, con todo respeto, que es de urgente necesidad que se haga manifiesta la completa seriedad y la buena fe de nuestra administración, y que como el Gobierno ha ofrecido, haya una verdadera campaña política en las Elecciones de Presidente de la República y demás altos funcionarios federales. Para llenar tan vital necesidad, será preciso que se prorrogue por tres meses cuando menos el período electoral, y que se pusiesen a disposición de los candidatos debidamente inscritos y de los partidos que de conformidad con las leyes electorales se constituyan, todos los elementos que le sean indispensables, sin preferencias ni distinciones, de modo que todos ellos cuenten con iguales facilidades para llevar a cabo sus campañas.

El Gobierno deberá igualmente ponerlos a cubierto de denuestos, insultos y persecuciones, especialmente de aquellos que procedan de personas que ocupan puestos oficiales. Mi excitativa está muy lejos de significar que dude yo de la buena fe personal de Ud., pero es imperioso que en este grave período hagamos todos los mexicanos un esfuerzo colectivo, formal y vigoroso, a fin de dejar cimentada de una vez la paz orgánica de la Nación.

En tal virtud, cumple al alto honor de Ud. no descuidar ningún detalle, ni escatimar precauciones , ni dejar de prever dificultad alguna de la magnitud de nuestras próximas elecciones, en las que se juega el porvenir de México; y cumple el deber de todos los mexicanos, llamar la atención del Gobernante hacia todos los escollos y peligros de la ruta que vamos siguiendo, pues esta prueba tiene que decidir si la paz se inicia por fin en México, o si comienza un nuevo período de desorden.

De no prorrogarse el nuevo período electoral, para cuya conclusión no faltan más de cuarenta días, la Nación consideraría las próximas elecciones una mera farsa, en cuyo fondo se vería la imposición de un candidato único.

Habría en este caso la agravante de que, para consumar el atentado se habría recurrido a la violencia, al trastorno de la paz pública, al espectáculo vergonzoso de otro Presidente muerto en la lucha civil, y al engaño del pueblo, toda vez que para justificar esas calamidades, se le ofreció una evolución democrática, y ésta quedaría sin base si se realizara la temida imposición.

Señor Presidente, en nombre de los más altos intereses de la Patria, en nombre de toda la sangre derramada, me permito hacer a Ud. la súplica y esta exhortación: Que no se repitan más en México las imposiciones: Que el Gobierno Supremo de la República se coloque al nivel de su alta investidura, resistiendo a todas las presiones por fuertes que parezcan, y conceda a la opinión pública todas las facilidades y todo el tiempo que necesite para manifestarse libremente en los próximos comicios.

Respetuosamente

E. Cantú9

Todo el contenido del documento podría sintetizarse en un violento “Yo acuso”, que resumía la opinión de muchos mexicanos, pero que nadie se atrevía a señalar en la forma que lo hizo Cantú. Sin embargo, era ilusorio pensar que el presidente modificaría la organización de las elecciones sólo porque un gobernador rebelde como Cantú, osaba cuestionar y criticar al gobierno federal al calificarlo prácticamente de tramposo y antidemocrático.

Las siguientes consideraciones son aquí pertinentes antes de continuar el relato histórico. A pesar de su inteligencia y capacidad política, Cantú perdió en cierto grado la percepción clara de la realidad nacional, sobre todo en el papel que protagonizaba el General Álvaro Obregón. La popularidad de que gozaba el sonorense en casi todos los estados de la república era incuestionable, sobre todo por su genio militar, demostrado al infringir a Villa las derrotas que condujeron a su declive y desaparición del escenario nacional.

Es posible que Cantú considerara un agravio imperdonable de Obregón el hecho de que en 1914, Adolfo Labastida, hermano del ensenadense Manuel del mismo apellido, hubiera ido con el general a pedirle su intervención a fin de que, en lugar de Cantú, quedara como Jefe Político Enrique B. Cota. Obregón accedió y le dio el nombramiento correspondiente, pero la expedición militar que debía organizar el propio Cota para combatir a Cantú fracasó en sus intentos debido a que el dinero prometido por Obregón para el sostenimiento de la campaña nunca llegó.

Por otra parte, es cierto que la ambición de poder del manco de Celaya no podía ocultarse, pero, ¿Cuál de los grandes revolucionarios de ese tiempo no tenía aspiraciones semejantes? Tal vez Villa y Zapata eran de los pocos, pero porque su inteligencia natural les hacía ver que sus personalidades no estaban destinadas a tan elevados fines. ¿Y qué el mismo Cantú no aspiró siempre y luchó para llegar a las más altas posiciones en el mando militar y político? Debe concluirse entonces que el Coronel actuó en la forma descrita, más que guiado por la razón, conducido por el profundo rencor que sentía contra Obregón.

Además, hay que mencionar que desde fines de 1917, en parte injustamente, había empezado a generarse entre los militares de todo el país un franco anticarrancismo alentado por los partidarios de Obregón, lo que debe haber sido un hecho bien conocido por Cantú. En junio de 1919, en la cúspide de la popularidad el sonorense se autopostuló candidato a la presidencia, y aunque después del asesinato de Carranza ocurrido el 21 de mayo de 1920, ocupó provisionalmente la silla presidencial Adolfo de la Huerta, el 1º de diciembre de ese año Obregón, finalmente, sería el Presidente de la República.

En el aspecto militar, las tropas del Distrito bajo el mando de Cantú impresionaban por su disciplina y organización, pero ya extrapolando los hechos por venir, quedaban claras dos situaciones: Cantú nunca podría conseguir en los Estadios Unidos las armas y municiones que necesitaba para una confrontación armada con tropas regulares que lo atacaran, mientras que éstas sí tendrían esa posibilidad; y además, el número de hombres que podía poner en pie de guerra localmente no era ni la mitad de los que podía enviar de la Huerta para combatirlo.

Cantú no entendía, pues, ni argumentos ni razones, y el presidente de la Huerta, cansado de buscar pacíficamente la solución del problema, ordenó el 20 de julio de 1920 que una fuerza militar expedicionaria bajo el mando del General Abelardo L. Rodríguez, saliera por mar hacia el Distrito Norte de la Baja California. Parte de la fuerza desembarcaría en Ensenada y otra en la desembocadura del Colorado, pero desde que la tropa salió a su destino, tuvo serias dificultades como lo fue el naufragio de uno de los barcos en que venía. Sin embargo, el ejército de Rodríguez venció aquellos obstáculos y finalmente llegó a Sonora.

Cuando Cantú se enteró del envío de tropas en su contra, empezó a tomar las providencias militares que pudo para la defensa del Distrito, y se dirigió públicamente a Huerta en los términos que parcialmente se transcriben enseguida:

Hoy, 27 de julio, digo por esta vía, C. Presidente de la República: Acabo de tener conocimiento de que mañana salen de Manzanillo fuerzas para atacar el puerto de Ensenada, y que el mismo día embarcarán fuerzas en Guaymas, con objeto de atacar este Distrito por el Río Colorado. No encuentro razón que justifique el uso de la violencia en contra de una parte de la Patria donde reina orden y tranquilidad…Apelo al elevado criterio de Ud. a fin de que se digne ordenar que cesen tales procederes, y en caso de que mi súplica sea desatendida, hago constar que declino toda responsabilidad por las tremendas consecuencias que se ellas se deriven. E. Cantú. El Secretario General de Gobierno, José G. Aguilera.10

La expedición dirigida contra el Coronel Cantú se había organizado obedeciendo las disposiciones del Ministro de Guerra General Plutarco Elías Calles, de la siguiente forma:

JEFE DE LA EXPEDICIÓN: General Abelardo L. Rodríguez.

GRUESO DE LA FUERZA: 4º Batallón de Línea y 54º Batallón de Infantería. NUMERO DE HOMBRES: 6 000.

TRANSPORTE TERRESTRE: Dos trenes militares. Ruta: México-Manzanillo. TRANSPORTES MARÍTIMOS: Cañonero “General Vicente Guerrero”, el “Bonita” y el “Kórrigan”.

DURACIÓN MÁXIMA PROBABLE DE LA CAMPAÑA: 4 meses.

DESEMBARCOS Y ATAQUES SIMULTÁNEOS: La ruta inicial por mar sería: Manzanillo- Mazatlán. De allí, parte de la tropa saldría a Guaymas y San Luis, Río Colorado, Sonora, para atacar Los Algodones, después de atravesar el desierto; otra parte a Ensenada, B.C., previo desembarco en Punta Banda y El Sauzal, apoyados por el Bonita y el Kórrigan; y el resto, bajo el mando del General Abelardo L. Rodríguez y apoyados con el fuego del “Guerrero” desembarcaría cerca de la línea divisoria para tomar Tijuana, teniendo así una base de operaciones pegada a la frontera que permitiría el abastecimiento por los Estados Unidos en caso de que la campaña se extendiera por más tiempo del esperado.

El 29 de julio de 1920 se embarcaron las tropas en Manzanillo, con rumbo a Mazatlán, mientras que en el Cuartel General de la expedición en este puerto se recibieron por aquel tiempo comunicaciones sobre los acontecimientos que se daban en el Distrito Norte, y también rumores propalados por la prensa nacional y extranjera, como el supuesto hecho de que Cantú había puesto en pie de guerra a todos los chinos residentes en Baja California, que junto con sus tropas regulares sumaban veinte mil hombres. Por su parte, el Ministro de Guerra decía en un mensaje al General Rodríguez que el gobierno tenía la capacidad de mandar a la Baja California y poner bajo sus órdenes tantos soldados como habitantes suman los dos distritos en que se divide la Baja California.

Sabiendo que el ejército expedicionario se aproximaba, el Coronel Cantú llamó al pueblo del Distrito a que tomara las armas y se rebelara contra el Gobierno Federal. Parte del documento publicado en el Periódico Oficial en el cual hacía el llamado a la resistencia armada decía lo siguiente:

…A raíz de la llegada del Sr. Don Baldomero Almada a este Distrito, tuve una de las mayores satisfacciones de mi vida de Gobernante, al ser objeto por parte de ustedes de una imponente manifestación de simpatía…

…El Primer Magistrado me hizo saber, no solamente que se refrendaba mi nombramiento de Gobernador, sino que nunca había él conferido ese nombramiento a otra persona. En tal inteligencia, y libres de toda zozobra los habitantes de este Distrito han seguido consagrados a sus labores habituales…

…Hoy, conciudadanos, por desgracia tengo que anunciaros bien tristes noticias. El Gobierno del Presidente de la Huerta, simulando relaciones cordiales con el de este Distrito en donde siempre hemos procurado la concordia con el resto de México, preparaba sigilosamente una expedición militar contra esta región, en donde reina la paz y en donde no hacemos sino dedicarnos al trabajo fructífero…tengo fidedignas noticias de que ya se embarca en Manzanillo una columna militar que viene a traer la guerra y la devastación al único rincón de suelo mexicano en donde han imperado e imperan aún el orden y el respeto a la propiedad y a los hogares…

¿Y todo por qué, señores? Porque el Pueblo de este Distrito se permitió expresar opiniones que no estaban de acuerdo con los designios del Sr. General Obregón, que tenía la mira de repartir este territorio entre sus parientes y amigos…

…He apelado a todos los medios pacíficos para conjurar la crisis que se avecina. Ojalá que ella se resuelva de una manera pacífica y justificada. Pero si esto no fuere así...no nos queda otro recurso que el de repeler con las armas una agresión brutal que no tiene más fin que apoderarse de lo que con tanto trabajo hemos amasado…

Demostraremos que el hombre de paz y de orden, que el honrado trabajador, saben defenderse contra el bandido que no tiene más religión que la fuerza bruta…

…Nuestro ejemplo dará alientos y entusiasmo a nuestros hermanos del interior de México, y cuando se convenzan de que es una increíble y vergonzosa cobardía que quince millones de habitantes pacíficos se dobleguen ante la insolencia de doscientos mil fascinerosos [sic] armados, se erguirán en masa incontrastable y sonará para México la hora de la libertad..

…Os exhorto con mi patriotismo …a que toméis las armas en defensa de vuestros hogares, de vuestros bienes, del honor de vuestras esposas y de vuestras hijas…

…A cuanto mexicano sienta que es su deber defender este suelo contra el bandidaje y el saqueo, le ruego se presente a la más próxima autoridad política y militar de este Distrito, con sus armas, si las tuviere, o con sus brazos generosos si se hallare inerme.

Mexicali, Baja California, a 28 de julio de 1920. El Gobernador del Distrito, Esteban Cantú11

Es seguro que el Presidente de la República no hubiera querido un enfrentamiento militar que sería sangriento, además de que brindaría a los Estados Unidos el pretexto de intervenir con su ejército en Baja California para proteger las obras de riego de las compañías americanas. Prueba de lo anterior es que el presidente, a pesar de los acontecimientos, todavía mandó más mediadores, como Manuel G. Paredes, quien ni siquiera fue recibido por Cantú.

En una situación tan confusa, siguieron apareciendo en la prensa muchas especulaciones y rumores que acentuaron más la crisis. Las compañías extranjeras temían por sus bienes en caso de un movimiento armado que parecía inminente. Don David Zárate prefirió salir de Baja California temeroso de acciones en su contra ejercidas por los partidarios de Cantú; y en la capital de la república se seguía diciendo que el gobierno del Distrito pondría en armas a miles chinos para defender el territorio. Lo que si constituyó un hecho fue el posicionamiento de tropas americanas al norte de la línea internacional bajo el mando del Coronel Reinz Chausen, y el cierre de la frontera que provocó el consiguiente desabasto entre el pueblo, pues todos los alimentos, ropa e insumos agrícolas venían de los Estados Unidos.

Al temer por su seguridad ante el encuentro armado que parecía muy próximo, muchos empleados y población en general decidieron salir del Distrito, los chinos se negaron a trabajar por falta de seguridad, y en general, los voluntarios o el respaldo masivo que Cantú esperaba del pueblo nunca se dieron. Además, se ha dicho que muchos de los oficiales del ejército del Coronel no estaban dispuestos a defender su causa12, sobre todo en el área de Ensenada, lo que complicaba más la situación militar en lo que a la defensa del Distrito se refería.

Aparentemente, el prolongado golpeteo político que se había ejercido desde tiempo atrás por algunos sectores de la población contra el Coronel estaban dando los resultados apetecidos, a lo que habría que sumar cierto descontento popular por los fusilamientos de los rebeldes de Los Algodones, y el continuado ingreso de los trabajadores chinos a Baja California en detrimento de las oportunidades de trabajo para los nacionales locales.

Providencialmente, desde enero de 1920 se encontraba en la Ciudad de México Luis M. Salazar, atendiendo asuntos relacionados con la industria pesquera de su propiedad. Salazar eran un joven nativo de Guaymas, Sonora, que después de cursar su primaria y secundaria en Hermosillo, había realizado estudios comerciales en Los Ángeles, California, y tenía amistad tanto con Cantú como con Huerta, por lo que éste decidió, en un último intento por evitar el conflicto armado, que una comisión se trasladara a Mexicali para negociar el cambio de poder a favor de sonorense, quien ya había aceptado la propuesta del presidente. Entre los mediadores que para ese efecto mandó el gobierno federal a Baja California estaba el Ingeniero Vito Alessio Robles13, quien había sido jefe inmediato de Cantú en Chihuahua.

Salazar salió hacia el Distrito Norte y llegó a Mexicali el 13 de agosto de 1920. Sin embargo, antes de esto, obligado Cantú por las circunstancias que le eran adversas en todos sentidos, decidió finalmente no emprender una lucha armada que hubiera sido nefasta para la región y todo el país, y citó a todos los presidentes municipales y jefes de armas para hacerles saber su determinación. Cuando a la llegada de Salazar se entrevistó con él, le comunicó su decisión, así como las condiciones para hacer entrega pacífica del gobierno las cuales fueron las siguientes:

Primero: el Presidente Interino de la República debería extender las credenciales que acreditaran a Salazar como su representante personal para llevar a cabo la rendición del Gobierno del Distrito Norte.

Segundo: De la Huerta fijaría una fecha posterior a la establecida para las elecciones del Presidente de la República, con objeto de dar tiempo a que surgieran otros candidatos, aparte de Álvaro Obregón.

Tercera: El Gobierno Federal debería reconocer los compromisos y actos de su gobierno.

Luis M. Salazar, Gobernador del Distrito Norte de Baja Califronia del 18 de agosto de 1920 al 1º de octubre del mismo año. Tomado de Fundadores, Fasc. 11, 1999

Conocidas las condiciones exigidas por Cantú, el Gobierno Federal las aceptó en lo general excepto la prorrogación de las elecciones para la Presidencia de la República, por lo que resuelto el conflicto, se elaboró un Acta de Cambio de poderes que a la letra decía:

General Vito Alessio Robles

“Al margen superior izquierdo, un sello con el Escudo Nacional que dice: Gobierno del Distrito Norte de la Baja California. Abajo del sello, Sec. Núm. ; al centro: En la Ciudad de Mexicali, Baja California, a dieciocho de agosto de mil novecientos veinte. Presentes en la Oficina del Gobierno de este Distrito Norte, el señor Coronel Esteban Cantú, Gobernador del mismo Distrito Norte, el señor Ingeniero José Aguilera, Secretario General, y el señor Luis M. Salazar, nombrado por el señor Presidente de la República: GOBERNADOR, según telegrama que en copia se agrega a la presente Acta, el cual está fechado el día 14 de este mismo mes, para que substituya al señor Coronel Cantú en el Gobierno del citado Distrito Norte; después de haber celebrado varias conferencias con el objeto de procurar un arreglo patriótico entre el Gobierno de este Distrito Norte y el General de la República, sobre las diferencias que habían surgido , conferencias en las cuales el señor Gobernador Cantú propuso las siguientes condiciones para verificar la entrega del Gobierno al señor Luis M. Salazar. Primera. Sanción por el Gobierno General de los actos del señor Coronel Esteban Cantú, como Gobernador del Distrito Norte de la Baja California, en todos los ramos de la administración, quedando todos los empleados de ésta a salvo de todo género de responsabilidades. Segunda. Igualmente quedarán exentos de toda responsabilidad los empleados del ramo federal que por indicaciones de este Gobierno no entregaron sus oficinas a los nombrados por el centro. Tercera. Del actual Gobernador hará renuncia de su cargo, en forma decorosa y digna, la que el Gobierno General aceptará en términos igualmente decorosos y dignos para el funcionario cesante

Al reverso de la hoja continuaba:

“Cuarta. El señor Coronel Cantú recomienda que los empleados subalternos de la presente administración sean conservados en sus puestos para que no haya trastornos en el servicio, y que las remociones que estime necesarias el nuevo gobernante sean hechas gradualmente y en forma bien deliberada. Quinta. En consideración a los importantes servicios que en pro de la conservación del orden y la tranquilidad del Distrito Norte, han prestado las fuerzas de seguridad del mismo, el Gobierno General reconocerá los grados de todos sus Jefes y Oficiales, siendo facultativo para éstos, el permanecer en las fuerzas de seguridad de este Distrito o pasar al Ejército Federal con sus mismos grados. Sexta. Durante un año, a contar de la fecha de estos arreglos, serán conservadas en el Distrito Norte las actuales fuerzas de seguridad, sin ser substituidas ni aumentadas por tropas de la federación, a no ser en caso de inminente peligro de invasión extranjera o de movimientos revolucionarios en el Distrito. Séptima. El señor Luis M. Salazar será nombrado Gobernador de este Distrito Norte, para substituir al señor Coronel Cantú. Octava. El Gobierno General se obliga a que los habitantes de este Distrito sigan disfrutando de las garantías que han tenido hasta la fecha, poniéndolos a salvo de persecuciones políticas por actos relacionados o no con el actual conflicto, y cualesquiera que sean las opiniones políticas de los mencionados habitantes. Iguales garantías se extenderán a los que sin ser de este Distrito, hayan tomado participación directa o indirecta en este mismo conflicto político”.

En otra hoja seguía:

“Novena. El Gobierno General ampliará el plazo para las elecciones presidenciales, cuidará de que se den iguales garantías a todos los partidos, clubes y candidatos que figuren en los próximos comicios y no dará injustas preferencias o facilidades a ningún candidato, a fin de desvanecer la pública sospecha de que se trata de imponer oficialmente a determinada persona.

De estas nueve condiciones comunicadas por telégrafo al señor Presidente de la República, este alto funcionario aceptó expresamente: de la primera a la quinta, y las séptima y octava. Quedando en consecuencia, excluidas la sexta y la novena, según se hace constar por los telegramas que en copia certificada se agregan a la presente, de fechas 14, 16 y 17 de este propio mes, de lo cual los firmantes damos fe. En vista del arreglo que se menciona , y con la intervención del señor Ingeniero Vito Alessio Robles, se procedió a la entrega que verifica el señor Coronel Esteban Cantú, como Gobernador saliente, al señor Luis M. Salazar, como Gobernador Substituto, agregándose a la presente Acta un ejemplar del último corte de caja de la Tesorería General del Distrito Norte. Se cierra la presente que ratifican de conformidad y firman las personas que en ella intervinieron.- Firmas: L. M. Salazar.- E. Cantú.- José G. Aguilera, y V. Alessio Robles”.14

El documento transcrito muestra en su contenido el cuidado que tuvo Cantú para que los empleados, militares y pueblo en general, no sufrieran con el cambio de gobierno persecución alguna por motivos políticos y pudieran seguir teniendo las garantías de que disfrutaban hasta antes de la entrega. Justo es reconocer que, así como la negociación lograda enaltece al Coronel Cantú, también exalta de alguna manera la postura conciliadora del Presidente de la República, don Adolfo de la Huerta, que con una actitud prudente evitó cuando menos en este caso lo que pudo llegar a ser una nueva etapa de lucha armada.

Doce días después de la entrega del gobierno del Distrito por Cantú a Salazar, en su informe del 1º de septiembre de 1920 ante el Congreso de la Unión, Adolfo de la Huerta destacó como hecho importante de sus tres meses de gestión la rendición del gobernante rebelde, al expresar: …Cantú había asumido una actitud sospechosa respecto a la nueva administración, consistente en su falta de obediencia a las órdenes dictadas por el Gobierno General. Los medios empleados para hacer respetar el principio de autoridad, evidenciaron el propósito del mencionado Cantú de substraerse a la acción del Gobierno Federal….15 Resuelta la situación, de la Huerta se crecía un poco por su victoria política.

Algunos de los empleados que habían tenido puestos en la pasada administración se siguieron desempeñando en el gobierno de Luis M. Salazar, aunque otros renunciaron en solidaridad con el Coronel, como el presidente municipal de Mexicali Miguel S. Ramos.

El gobernador invitó a los soldados del 25º Batallón para que se unieran al ejército de la revolución, pero mostrándose fieles a Cantú hasta el final no aceptaron. Hay que agregar a esto que varios oficiales como Hipólito Barranco, tuvieron que huir a los Estados Unidos al ser acusados por el nuevo gobierno del delito de peculado. Otra acción ejercida en contra de varios ex colaboradores de Cantú fue la incautación de sus bienes el 20 de noviembre de 1921, acusados de diversas ilegalidades, pero sobre todo, haber participado en un movimiento rebelde en contra del gobierno del Distrito.

Los afectados por esa disposición fueron: Agustín Macías, Silverio J. Romero, Guillermo Dato, Manuel Vizcarra, María M. de Legrand, Rafael Legrand Sr., Rafael Legrand Jr., Manuel J. Aguilar, Narciso Trujillo, Luis Parma, Andrés Espinosa, José Conde, Dr. Hipólito Jáuregui, Hipólito Barranco, Crescencio Pérez Casarrubias, Carlos Vázquez, Salvador Mata, Benita Blas, Leonarda Vera de Macías, Delfina Legrand, Aurora Legrand y María J. de Vásquez16. Sin embargo, el 10 de abril de 1923 y después el 13 de junio del mismo año, el Gobernador José Inocente Lugo acordó que les fueran devueltos los bienes intervenidos a todos los acusados, por no haberse comprobado los delitos imputados que habían motivado la incautación.

Al dejar el gobierno del Distrito Norte de la Baja California, el 3 de septiembre de 1920 Cantú se dirigió al pueblo en un manifiesto cuya copia se anexa en el Apéndice 1 de esta obra, que decía en parte:

Tengo la satisfacción de anunciar a todos los habitantes del Distrito que se ha resuelto en forma pacífica y de acuerdo con los mejores intereses de la Patria, el serio conflicto que surgió entre el Gobierno General y el de esta Entidad Política, y que han sido ya firmados los arreglos relativos por los representantes debidamente acreditados del C. Presidente de la República y por mí. En ellos se ha tenido como mira principal garantizar la libertad y los intereses de cuantos habitan y trabajan en esta región del País. El texto completo de las bases aceptadas se dará a conocer por medio de la prensa.

Como una de las manifestaciones de este arreglo es la que se refiere a mi retro del Gobierno y la entrega del mismo al señor don Luis M. Salazar, deseo poner en conocimiento de mis compatriotas cuáles son los motivos que me han inducido a aceptar esta condición y deponer la actitud defensiva que asumí en estos últimos tiempos a fin de salvaguardar los intereses confiados a mi cargo, así como los más altos que afectan a todo el País, y que consisten en alcanzar la paz mediante la libertad electoral…

El Coronel Cantú, sin atender la última invitación que de la Huerta le hizo para que acudiera a la Ciudad de México, se exilió voluntariamente en los Estados Unidos y desde allá publicó una carta que tituló: Consideraciones que tuve en cuenta para hacer entrega del Gobierno del Distrito Norte de la Baja California y las cuales expongo aquí para conocimiento de mis amigos y partidarios. En el documento, el ex gobernante del Distrito Norte repitió las explicaciones que había dado en su manifiesto del que se habla en el párrafo anterior.

Parte del documento expresaba:

…A ese efecto, presté oídos a las indicaciones de personas que juzgo de buenos patriotas y hombres de luces, quienes me hablaron de la formación de un Partido Político que buscase…la realización de los ideales progresistas que han conmovido a México, …volviéndolo al carril constitucional…A cuidar los intereses del Territorio Norte de la Baja California, por un lado, y por el otro, a la consecución de la paz orgánica nacional, tendí, pues, cuando telegrafié al C. Presidente Provisional en solicitud del aplazamiento de las elecciones, y cuando convoqué al Pueblo Mexicano a las armas para la defensa de sus intereses.

Las cosas caminaron de prisa, y cuando, ya caldeadas las pasiones, no quedaba otra solución que la armada, tanto el Ciudadano Presidente Constitucional, como yo, entablamos una serie de pláticas informales por conducto de terceras personas, encaminadas a encontrar una solución pacífica que pusiera a salvo, así como los intereses nacionales de la región directamente bajo mi cargo, como los de la República en general.

Antes de pasar adelante, debo hacer notar que la situación en que se halla colocado el Territorio Norte de la Baja California, es muy peculiar. Por su excéntrica posición geográfica con respecto al resto del País, se encuentra prácticamente separado de éste; por su vecindad con los Estados Unidos, depende en mucho económicamente de esa nación, y por la enormidad de las obras de irrigación que en él se han llevado a cabo y lo formidable del capital extranjero invertido en el cultivo de las tierras regadas, se hace por extremo delicado todo movimiento armado que pudiera poner en peligro intereses tan vastos y que desgraciadamente están en su mayor parte, en manos extranjeras.

Los intereses afectados, francamente, hicieron conocer su propósito de recurrir a las armas americanas, en caso de que el orden se turbara, poniendo en peligro sus inversiones. Esta presión exterior se acentuaba a cada instante, hasta que llegó el momento en que se cerraron las fuentes de aprovisionamiento, no sólo de armas y municiones de guerra, sino de artículos esenciales, como la gasolina y otros. En cambio, había tolerancia para el adversario y aún se le alentaba con una actitud francamente parcial.

En breve llegó el momento en que me vi ante el dilema de llevar adelante el conflicto hasta sus fines más amargos, o de aceptar un arreglo pacífico. Como en este asunto , ya no mis intereses personales que nada significaban ni los de mi Gobierno, sino los sacratísimos de la Patria eran los que corrían grave riesgo, opté por aceptar el arreglo que me ofreció el Gobierno General, pues a los primeros disparos de la guerra civil, las fuerzas americanas habrían intentado franquear la frontera, so pretexto de asegurar las obras de irrigación, lo que, para salvaguardar la dignidad nacional, me habría obligado a hacerles resistencia y a aceptar todas las consecuencias de ese acto…

Para terminar, Cantú manifestó La actitud que aconsejo, de calmada espera y de actividades políticas que en lo futuro sucedan a las armadas, es la que en conciencia creo indicada y la única que puede llevarnos a un triunfo duradero y fructuoso de bienes para la sociedad en la que nos ha tocado en suerte nacer.

Creo no haberme equivocado ni equivocarme en lo que he hecho y ahora manifiesto, pero si así hubiese sucedido, lo que es posible, dada la imperfección humana, puedo asegurar que en mis actos y en mis manifestaciones he sido guiado por las más sanas y puras intenciones, y por mi ardiente deseo de buscar bienestar y grandeza para nuestro desventurado país17. En el apéndice de esta obra se reproducen completos el “Manifiesto a los habitantes de este Distrito y al pueblo en general”, y las “Consideraciones que tuve en cuenta para hacer entrega del Gobierno…” publicadas en Los Ángeles.

El 1º de septiembre de 1920, las tropas federales que había mandado el Presidente Adolfo de la Huerta para destituir a Cantú llegaron a Mexicali, y el General Abelardo L. Rodríguez, después de licenciar a los soldados del anterior gobierno tomó de inmediato el cargó como Jefe de Operaciones Militares del Distrito Norte, y poco después como Gobernador.

Quedaba cerrado uno de los capítulos más importantes en la historia de Baja California, aunque todavía por algún tiempo los restos del cantuismo se resistirían a desaparecer de la escena política.

Cuartel de las tropas del Coronel Esteban Cantú en Mexicali. Se ubicaba en lo que era esquina de Altamirano y Lerdo; se observa en su construcción el mismo estilo que caracterizó a los cuarteles que se habían levantado en Ensenada y Tijuana.


  1. La declinación del poder de Carranza se debió a que trató de imponer a un civil en la presidencia, el Ingeniero Ignacio Bonillas, sacando a los militares sonorenses de la competencia. ↩︎

  2. El grupo sonorense estaba integrado por Plutarco Elías Calles, Álvaro Obregón, Abelardo L. Rodríguez y Adolfo de la Huerta. ↩︎

  3. Cantú, op.cit., p. 42. ↩︎

  4. “Memorias de don Adolfo de la Huerta, según su propio dictado”, Guzmán Esparza, Roberto, pp. 158-159. ↩︎

  5. Velásquez Morales, op. Cit., p. 65. ↩︎

  6. Aguirre Bernal, op.cit., p. 193 ↩︎

  7. Ibíd.., pp. 193-194. ↩︎

  8. Esta compañía cambió después su nombre por el de “Lower California Company”, y pretendía colonizar parte del Distrito Norte de Baja California con afroamericanos procedentes principalmente de California, que se dedicarían al cultivo de la tierra. La colonia se establecería en el rancho Santa Clara, a unos 59 kilómetros al noreste de Ensenada. El Coronel Cantú tal vez veía en las acciones de la compañía extranjera la antítesis de uno de sus objetivos de gobierno: mexicanizar la agricultura y demás actividades productivas, y esta pudo ser una de varias razones por las que surgió su enemistad con el licenciado Uribe. Además, el General Álvaro Obregón, adversario político del Coronel, había manifestado su aprobación por la formación de aquella colonia y el 21 de junio de 1919 el Secretario de Fomento declaró que la colonización por extranjeros en México era bienvenida. A los pocos años, la compañía se fue a la quiebra por malos manejos del capital de los accionistas, quienes perdieron todo lo invertido y la colonia desapareció. Consultar African Americans in California, por Kevin Mulroy y Quintard Taylor, University of Washington Press, 2001, pp. 159-162. ↩︎

  9. Aguirre Bernal, op.cit., pp. 194-197 ↩︎

  10. Aguirre, Op.cit., p. 197. ↩︎

  11. Aguirre, p. 202. ↩︎

  12. Samaniego, op.cit., p. 90. ↩︎

  13. El General e Ingeniero Vito Alessio Robles nació en Saltillo, Coahuila, en dode recibió su educación elemental y media, para después graduarse como ingenero en el Colegio Militar. Teniendo el grado de Teniente Coronel combatió contr los maderistas en la batalla de Casas Grandes, Chihuahua, y antes estuvo al mado de tropas porfiristas que combatieron a los yaquis en Sonora. Fue Inspetor General de Policía con Madero, Agregado Militar en Roma, Subdirector de Obas Públicas, habiéndose desempeñado también como historiador y periodista. Como residente del Partido Antirreeleccionista se opuso abiertamente a Calles y Obregn. ↩︎

  14. El acta transcrita es una copia del documento original que se encuentra en el Archivo General de la Nación. Esta copia se localiza en el Archivo Histórico del Gobierno del Estado de Baja California. ↩︎

  15. “Los Presidentes de México Ante la Nación, 1821-1966”, T. III, p. 385. ↩︎

  16. Aguirre Bernal, op.cit., pp. 245-246. ↩︎

  17. Cantú, op.cit., pp- 42-46. ↩︎