Desde el siglo XVI en la Nueva España, los conquistadores, exploradores y misioneros iniciaron los viajes por mar intentando llegar a lo que después llamarían la California, lejano y misterioso territorio que era considerado por todos como una isla. En los doscientos años que siguieron, se hicieron varios viajes de exploración por el Golfo de California, y por tierra desde Sonora hasta la desembocadura del río Colorado, y poco a poco el mito insular fue desapareciendo.
Algunos de esos navegantes y exploradores fueron Francisco de Ulloa, que circunnavegó la península hasta la Isla de Cedros en 15401, el misionero jesuita Eusebio Francisco Kino, quien viajó hasta el Colorado y elaboró en 1701 un mapa bastante apegado a la realidad, y el padre Juan de Ugarte, también jesuita, que viajó a las bocas del Colorado en 1721 a bordo de “El Triunfo de la Cruz”2. Sin embargo, todavía en 1746 había muchos escépticos que dudaban de las pruebas aportadas por tan prestigiados exploradores como los mencionados, por lo que una expedición encabezada por el padre jesuita Fernando Consag3 navegó por el Golfo en 1746 hasta la desembocadura, y en 1766 el padre Wenceslao Linck viajó por tierra llegando hasta muy cerca del remate del Golfo, todo lo cual acabó finalmente con el persistente error geográfico que por tantos años afectó de alguna forma el desarrollo histórico del noroeste novohispano.

Mapa hecho en 1656 por un cartógrafo francés, en el que se muestra California como una isla
A pesar de que desde el S. XVIII se tuvo la certeza de que la California era un prolongado brazo terrestre que se extendía desde la desembocadura del río Colorado hacia el sureste, los desiertos y montañas del norte impedían la comunicación por tierra con la Nueva España continental, por lo que para efectos prácticos la provincia siguió siendo como una isla, a la que se podía llegar sólo por mar4. Esta condición perduró por muchos años, hasta que se construyó el ferrocarril Sonora Baja-California pasando por uno de los desiertos más inhóspitos del país, obra que se inició el 20 de mayo de 1937 y se concluyó el 5 de mayo de 1940. Fue hasta entonces que las condiciones se dieron para que la Baja California se uniera en todos los sentidos al resto de México, lo cual ha ido ocurriendo paulatinamente.
Esta separación, este aislamiento de la Baja California tuvo consecuencias en la región desde tiempo de la colonia, cuando los jesuitas que hacían su labor evangelizadora con los nativos de la península, al padecer escasez de comida, tuvieron muchas veces que depender de los puertos sonorenses cerca de los cuales tenían misiones de su orden, para que desde ellas les enviaran alimentos y provisiones. Casi cien años después, durante la guerra con los Estados Unidos, se tuvo que pedir el apoyo militar de oficiales y soldados de Sonora para defender el territorio nacional, lo que confirma la escasez de recursos humanos y materiales que siempre se padeció.
Antes de 1888 el norte de Baja California era una Subprefectura de la Prefectura Política radicada en La Paz; y aunque después de ese año la Baja California se dividió en Distrito Sur y Distrito Norte5, éste tenía que ser sostenido económicamente por el gobierno del centro. La Baja California parecía destinada a ser la entidad política más lejana, separada, incomunicada y despoblada de la República.
Después de la independencia de México, la miseria que siempre se padeció en las arcas nacionales impidió que se promoviera el desarrollo regional y sólo la minería tuvo breves destellos en algunas partes cercanas a Ensenada como El Álamo y Real del Castillo. Para resolver el problema nacional de la pobreza, desde tiempos de la administración juarista, se pensó que para mejorar la economía del país era necesario hacer concesiones a compañías extranjeras que se encargaran de deslindar y colonizar los extensos y casi despoblados territorios nacionales, trayendo colonos y con ellos, actividades productivas que elevarían la economía en esos lugares. Después de todo, se pensaba, en los Estados Unidos se había alcanzado extraordinario progreso gracias a las grandes emigraciones y a la colonización de las tierras antes desiertas6.
Sin embargo, las compañías deslindadoras y de colonización en México nunca cumplieron cabalmente con todo lo estipulado en los contratos que firmaban con el gobierno, aunque sí explotaron al máximo todos los recursos mineros, agrícolas y boscosos de las áreas concesionadas. Guillermo Andrade y poco después la “Colorado River Land Company” en el área de la delta del Colorado, y la Compañía Inglesa en la región de Ensenada, fueron algunos de los consorcios extranjeros que se adueñaron prácticamente de todo lo que hoy es el territorio de la Baja California, sin que el progreso y la colonización prometidos llegaran, pues aunque se hicieron algunas obras materiales importantes éstas no se tradujeron en beneficio de la escasa población, y las ciudades proyectadas, la emigración masiva de colonos y la mejoría económica que se derivaría de todo eso nunca ocurrieron.
A pesar de los abusos que cometieron las compañías extranjeras en agravio del pueblo mexicano, aquellas nunca fueron molestadas por las autoridades locales, porque sus dueños se ponían de acuerdo con ellas y con funcionarios de alto nivel en la ciudad de México, con quienes frecuentemente se asociaban para impedir cualquier acción oficial que pusiera en riesgo sus negocios, aunque constantemente violaran la ley. Basta citar sólo como uno de los muchos casos de tal contubernio lo siguiente: el capitalista Thomas Henry Blythe se asoció con Guillermo Andrade, y fueron favorecidos por la administración de Porfirio Díaz con concesiones de tierra que prácticamente los hicieron dueños de toda la región de la delta del Colorado7. Pero para asegurar la protección del gobierno mexicano a sus negocios, los dos inversionistas formaron una compañía subsidiaria en la que participó don Manuel Romero Rubio, suegro del presidente Díaz, y en parte gracias a esto pronto obtuvieron los derechos para llevar a cabo explotaciones de todo tipo en Isla de Tiburón, San Esteban y Ángel de la Guarda; así como para explotar la pesca en el norte del Golfo de California. El tráfico de influencias y el soborno disfrazado eran práctica común en el establecimiento de compañías deslindadoras y de colonización en territorio nacional, que llegaron a tener un gran poder.
Con ligeras variantes, las condiciones mencionadas persistieron en el Distrito Norte de la Baja California hasta principios del S. XX, habiéndose llegado a extremos como el siguiente: en 1890 la Compañía Inglesa, cuyo nombre oficial era “Mexican Land and Colonization Company, Ltd.” o “Compañía mexicana de terrenos y colonización”, que había adquirido los bienes de la Compañía Internacional de México, conspiró para derrocar al gobierno local encabezado por el General Luis Emeterio Torres y apoderarse de la Baja California. Sin embargo, el complot fue descubierto y publicado por la prensa de San Diego el 21 de mayo de 1890, lo que fue determinante para que fuera decayendo el prestigio y poder de la compañía; la que finalmente, como consecuencia del proceso revolucionario y la promulgación de la Constitución Mexicana de 1917, años después abandonó el territorio nacional.
Por su parte, la “Colorado River Land Company” y sus subsidiarias eran dueñas de la Delta del Colorado así como de los sistemas de riego que habían construido en esa región. Los poderosos dueños de la Colorado se daban el lujo de no pagar impuestos al gobierno, tener un paso particular en la frontera por el cual trasladaban a territorio nacional los insumos que necesitaban para sus negocios sin dar cuenta a las autoridades aduanales del Distrito; y considerar a los jefes políticos locales prácticamente como empleados de la compañía.
Así se había llegado a los inicios del siglo XX, cuando el régimen del General Porfirio Díaz empezó a tambalearse por la inconformidad popular con su gobierno. Esta inconformidad y los brotes rebeldes que se sucedían uno tras otro en todo el territorio nacional, eran atizados en el pueblo por algunos periodistas que, con sus audaces publicaciones fustigaban la dictadura no siempre de manera impune. En forma vertiginosa se empezaron a suceder entonces en el Distrito Norte de la Baja California, acontecimientos que formaron un escenario sui géneris al que pronto se incorporaría el personaje central de algunos hechos trascendentales en la historia de la región, el Mayor Esteban Cantú Jiménez.

Ricardo Flores Magón y su hermano Enrique
Pero, ¿Cuál era el contexto político social en 1911 en el Distrito Norte cuando Cantú arribó a este territorio? Para tener una percepción general de la situación en esa época, es indispensable hacer referencia a la intervención magonista en el norte de Baja California, ocurrida poco antes de la llegada de Cantú. Sin duda alguna, Ricardo Flores Magón es justamente considerado como uno de los grandes precursores de la Revolución Mexicana, por su tenaz oposición al gobierno dictatorial del General Porfirio Díaz. Esa rebeldía se manifestó desde 1892 principalmente a través de sus artículos periodísticos publicados en diversos medios, aunque el más reconocido era el periódico “Regeneración” que fundó en 1900. Su actitud le granjeó a Ricardo la persecución constante de la policía y el ejército porfiristas, al grado de que después de haber sufrido arrestos y encarcelamientos, tuvo que huir a los Estados Unidos.
En 1911 Ricardo se encontraba exiliado en Los Ángeles, California, trabajando en un plan para apoderarse de la Baja California y desde allí lanzar ataques contra el ejército federal, con el objetivo final de derrocar al gobierno de Díaz. Pensaba el líder liberal que sería fácil despertar el descontento entre la población del Distrito Norte contra la dictadura porfirista, y que en los Estados Unidos, muchos mexicanos de California seguirían su causa. Aunque nunca pudo lograr el apoyo masivo que esperaba de los nacionales emigrados, sí consiguió la ayuda de los I. W. W. o “Industrial Workers of the World”, fuerte grupo anarco-sindicalista norteamericano que operaba en los Estados Unidos con bastante libertad, y cuya lucha era en contra del capitalismo.
Iniciando su campaña con un puñado de insurrectos, los magonistas cruzaron la frontera y se fueron apoderando de las poblaciones fronterizas con relativa facilidad. Mexicali cayó el 29 de enero de 1911 prácticamente sin librarse combate formal alguno, Los Algodones el 21 de febrero, Tecate el 12 de marzo8, y Tijuana el 9 de mayo de aquel año9. Sólo Ensenada, capital del Distrito, quedó en manos del gobierno mexicano siendo el Comandante Militar y Jefe Político el Coronel Celso Vega. Aquí hay que señalar que cuando los rebeldes tomaron Mexicali, uno de los pocos hombres que se unió a su movimiento fue Rodolfo Gallego10. Sin embargo, una gran cantidad de norteamericanos y otros extranjeros, sobre todo soldados de fortuna, aventureros y desertores del ejército engrosaron rápidamente las filas inicialmente liberales11.
Al contrario de lo esperado por los magonistas, la mayor parte de la escasa población del norte peninsular no se unió a su causa y de plano rechazó la propuesta anarquista que le ofrecían; al grado de pensar que aquella intervención en la que predominaban los norteamericanos era un movimiento filibustero que pretendía separar a la Baja California del resto del país para después anexarla a los Estados Unidos. Esto se sabe gracias a testimonios sobre los hechos que viejos residentes de Mexicali proporcionaron a diversas personas, como es el señor Enrique Estrada Barrera, quien en su libro “Pioneros de Mexicali” registró lo dicho por Alfredo Monreal Romero y Cleofás Chacón, entre varios. Es probable que el cambio de Ricardo Flores Magón del liberalismo al anarquismo como tendencia de fondo en su movimiento rebelde y el gran número de extranjeros en sus filas hayan sido factores para su rechazo por la gran mayoría del pueblo del Distrito Norte de Baja California12.

En este mapa del Estado de Baja California se muestran los puntos más importantes que se mencionan en este libro. Hay que señalar que todo el municipio de Mexicali y hacia el sur del mismo, prácticamente se tiene una extensión del gran Desierto de Sonora
- Mexicali.
- Caléxico.
- Tecate.
- Tijuana.
- San Diego.
- Municipio de Mexicali.
- Municipio de Playas de Rosarito.
- Ensenada.
- Municipio de Ensenada.
- Calmallí.
- El Arco.
- Estados Unidos.
- La Islita.
- Jacumba.
Con la anuencia de Ricardo Flores Magón que siempre permaneció en Los Ángeles, y respaldados por una mayoría de norteamericanos, los oficiales extranjeros se apoderaron del mando real de las tropas magonistas, y sus abusos crearon un ambiente de desconfianza entre los pocos mexicanos que quedaban en ellas. Las confrontaciones entre los magonistas de origen mexicano y los extranjeros se hicieron cada vez más graves, al grado de que un norteamericano asesinó impunemente a un mexicano indígena, y constantemente hubo deserciones no sólo de tropa sino de jefes mexicanos que chocaban con los extranjeros y preferían irse al interior del país a unirse con Madero.
En aquellas condiciones, Ricardo Flores Magón no disimuló su respaldo a la relativa independencia de los oficiales yanquis para que no se sujetaran al mando de los comandantes mexicanos dentro de las filas liberales. Fue así como Stanley Williams, por ejemplo, desobedeciendo las órdenes del comandante mexicano José María Leyva, al frente de un grupo exclusivo de norteamericanos, atacó y tomó Los Algodones el 21 de febrero de 1911.

Telegrama del Coronel Celso Vega avisando a sus superiores sobre la caída de Mexicali en poder de los magonistas
Aquí cabe mencionar que distinguidos historiadores y políticos mexicanos, han criticado la actitud del pueblo del Distrito Norte en aquella época, sobre todo a la gente de Tijuana y Mexicali, porque rechazó la oferta magonista y luchó contra su intervención en Baja California. Sin embargo, debe recordarse que el repudio del pueblo al magonismo no fue consecuencia de lo que pudo haber sido aquel movimiento y sus fines ideales originales, sino lo que fue y en lo que se transformó en la realidad, y cómo se percibieron sus acciones concretas en un momento dado de su historia.
Así ocurre seguramente porque la Patria, antes que ideales y esperanzas era para el pueblo y lo es todavía un amplio conjunto de realidades cotidianas, por lo que resulta inaceptable catalogarlo como iluso y engañado por el nefasto porfirismo, sólo por el hecho de que defendió contra un grupo armado mayoritariamente extranjero, esas realidades como sus casas, sus familias, sus modestos trabajos y su tierra.
Debe recordarse que en el anarquismo de la época, como el del ideólogo Kropotkin que influyó en Ricardo Flores Magón, todo sería de todos, no habría policía, ni ejército, ni religión, ni propiedad privada, ni estado. Se ha dicho que aquel proyecto social “no fue comprendido por el pueblo del Distrito”, por no admitir que fue rechazado por utópico, dicho sin eufemismos. Y es que como ya se ha mencionado, los protagonistas de la historia no son valorados por los planes o proyectos que elaboran, sino por los logros concretos que trascienden a una sociedad determinada al aplicar esos planes y obtener los resultados esperados.
Estando Porfirio Díaz aún en la Presidencia de la República supo de la intervención magonista, y de inmediato mandó al Octavo Batallón de Infantería al mando del Coronel Miguel Mayol, con las órdenes de proteger las obras de riego del Río Colorado, las cuales, en caso de resultar dañadas por el movimiento de los magonistas, serían un buen pretexto para una intervención más del ejército norteamericano en territorio nacional con el fin de proteger los intereses de los terratenientes extranjeros de la zona.
No hay que olvidar que capitalistas americanos como el general Harrison Gray Otis y su yerno Harry Chandler, eran los dueños de grandes extensiones de tierra irrigada por medio de un costoso sistema de canales, aprovechando las aguas del río Colorado. Además, todo el sistema de irrigación que alimentaba el enorme Valle Imperial en los Estados Unidos, dependía del río Álamo, pero esta arteria que daba vida al emporio extranjero estaba en territorio nacional, acondicionado como canal que llevaba las aguas del río hasta la zona agrícola norteamericana. No era cosa pequeña, pues, la inversión de los capitalistas extranjeros en México.

Coronel Celso Vega, quien derrotó a los magonistas el 22 de junio de 1911 en Tijuana
Desde el 8 de marzo de 1911, cuando desembarcaron en Ensenada las tropas del 8º Batallón con el coronel Mayol a su mando, el panorama que inicialmente parecía favorable a los magonistas fue cambiando poco a poco. Algunos oficiales anarquistas como Simón Berthold y Stanlley Williams murieron en combate al enfrentarse a soldados de Mayol; el “general” Pryce, quien había tomado la plaza de Tijuana el 9 de mayo tras una heroica defensa encabezada por el subprefecto José María Larroque, había dejado el movimiento y escapado con una buena cantidad de dólares en los bolsillos pertenecientes al Partido Liberal; Flores Magón, desde los Ángeles, daba órdenes y exhortaciones que nadie atendía; escaseaban las municiones y las armas, y las deserciones amenazaban con dejar solos a los americanos y demás extranjeros como únicos integrantes del ejército antes liberal y ahora anarquista. Por otra parte, el gobierno de los Estados Unidos, que al principio de la intervención magonista adoptó una actitud de disimulo, poco a poco endureció su posición aunque nunca en forma total, aplicando en parte las leyes de neutralidad en contra de los anarquistas, e impidiendo que se les vendieran armas y municiones.
Aprovechando el momento que parecía preludio de un inminente desastre militar para los rebeldes, Madero envió comisiones de paz a Los Ángeles y a los poblados del Distrito para pedir su rendición. Aunque Ricardo en la ciudad norteamericana rechazó airadamente a los comisionados, los magonistas que ocupaban Mexicali sí aceptaron la propuesta del gobierno para una rendición honorable. En el poblado estaban el “general” Francisco Quijada al frente de un buen número de anarquistas, y Rodolfo Gallego, antes liberal y que ahora mandaba un grupo de hombres casi todos ex magonistas, momentáneamente dueños de la situación militar, esperando la mejor oportunidad para seguir detentando poder y mando en el partido que más conviniera.

Arreglo fotográfico de Tijuana en 1911

En esta fotografía se observan algunos magonistas después de que tomaron Tijuana. Tal vez entonces no imaginaban que apenas unas semanas después serían derrotados y expulsados de la plaza
Sólo en Tijuana no se pudo llegar a un arreglo con la comisión mediadora, pues el comandante americano Jack Mosby, dueño de la plaza, exigió a la comisión de paz enviada por el gobierno el pago de $100.00 dólares y la entrega de 64 hectáreas de tierra para cada uno de sus hombres, así como la autorización para retener su equipo13, lo cual fue inaceptable para los enviados de Madero.
Tal parece que estas exigencias fueron un acuerdo general entre los magonistas, sobre todo los extranjeros, pues según la colección de registros de la “Office of Naval Records and Library”, el Comandante Naval Chauncey Thomas reportó que un agente magonista, le propuso a un sargento Lott una cantidad de dinero y 55 hectáreas de tierra si se unía al magonismo y éste salía triunfante. En otras palabras, como buenos mercenarios, muchos extranjeros buscaban un beneficio personal en dinero y tierras al final de la contienda, cualquiera que fuera el resultado.
Pero independientemente de lo dicho, ya el Coronel Celso Vega se aprestaba a tomar desquite de los magonistas que tenían tomada Tijuana; e iniciaba la marcha desde Ensenada hacia el norte, al frente de 551 hombres de tropa y 27 oficiales. El 22 de junio de 1911, al enfrentarse las dos fuerzas, los magonistas que ocupaban el poblado fronterizo fueron derrotados por las tropas de Vega, habiendo podido escapar hacia los Estados Unidos el comandante Jack Mosby, llorando como un niño14, al frente de los sobrevivientes del combate.
Fue en este contexto que poco antes de que el Coronel Vega recuperara Tijuana, el gobierno mexicano representado por Francisco León de la Barra y Francisco I. Madero consiguieron, el 6 de junio de 1911, la autorización de Washington para que una fuerza militar nacional viajara por tren desde El Paso, Texas, hasta Caléxico, California, atravesando por el territorio norteamericano con la orden general de pacificar el Distrito y acabar con cualquier resistencia que pudiera quedar de parte de los magonistas, muchos de los cuales, al parecer, se habían convertido en bandoleros.

En esta imagen, lo que queda de las tropas magonistas que ocupaban Tijuana cruza la frontera hacia los Estados Unidos para entregarse al Capitán Wilcox, del ejército norteamericano
Después de la rendición en Mexicali y la derrota sufrida en Tijuana, los magonistas extranjeros se refugiaron en los Estados Unidos, salvo un grupo considerable que se quedó en la capital del Distrito ahora bajo las órdenes de Rodolfo Gallego. Algunos de los mexicanos anarquistas derrotados se dispersaron por la sierra y hacia el rumbo de Ensenada, dedicándose varios de ellos a cometer asaltos y ataques en los ranchos apartados.
Las tropas enviadas por Madero en las cuales venía el Mayor Esteban Cantú Jiménez, poco después tuvieron importantes acciones que desarrollar para poder pacificar en definitiva el lejano territorio, aunque el magonismo no desaparecería de la noche a la mañana cuando los remanentes de sus fuerzas fueron expulsados del Distrito Norte. Poco antes de estos hechos, Ricardo Flores Magón había sido aprehendido por autoridades norteamericanas el 14 de junio de 1911 por violar las leyes de neutralidad de los Estados Unidos; posteriormente fue liberado y encarcelado varias veces, y el 20 de noviembre de 1922 murió en la Prisión de Leavenworth, Kansas, por causas naturales, según la policía, o asesinado por estrangulamiento, según su hermano Enrique15.
En Cantú existía el firme propósito de cumplir con las órdenes militares que traía de barrer cualquier remanente anarquista o filibustero que quedara en el Distrito Norte tras la derrota de los magonistas en Tijuana, y esta actitud se fue fortaleciendo no sólo porque como soldado estaba obligado a hacerlo cumpliendo las órdenes superiores que había recibido en Chihuahua, sino porque desde un principio, al convivir con los escasos pobladores mexicanos de la región, percibió un ambiente en el que poderosas fuerzas políticas y económicas parecían confabularse en ocasionales alianzas, con antiguos magonistas y filibusteros para socavar y eventualmente derrocar el gobierno del Distrito, de todo lo cual se hablará en el siguiente capítulo.

William Stanley, de abrigo claro, y otros magonistas en Mexicali"
Stanley tomó Los Algodones al frente de unos 30 norteamericanos, defendido por unos cuantos civiles, incendió el poblado y en la refriega fue asesinado el policía Cecilio Garza. El 8 de abril, Stanley se enfrentó a las fuerzas del Coronel Miguel Mayol cerca de Mexicali y murió a consecuencia de un balazo en la cabeza.
“The Voyage of Francisco de Ulloa, 1539”, el viaje del diario se encuentra con el título mencionado en “Spanish Voyages to the North West Coast of America in the Sixteenth Century”, San Francisco, California Historical Society, 1929, pp. 11-50. ↩︎
El padre Juan de Ugarte, con la ayuda de un técnico naval y varios oficiales traídos de la Nueva España, empleando la madera de guaribos que encontró en una cañada a más de 200 Km. al noroeste de Loreto, logró que se construyera la embarcación que se botó al mar en la desembocadura del arroyo San José de Magdalena, el 14 de septiembre de 1720. ↩︎
El padre Fernando Consag no llegó hasta la desembocadura del gran río, pero sí lo hizo parte de la expedición, a la que el misionero esperó en San Felipe de Jesús. ↩︎
En realidad, Juan Bautista de Anza abrió una ruta terrestre de Sonora a San Gabriel, California, en 1774, sin embargo, los indígenas yumas atacaron y destruyeron desde el 17 de julio de 1781 los poblados de San Pedro y San Pablo Vicuñer y La Purísima Concepción de María Santísima, el primero muy cerca de lo que hoy es el poblado de Los Algodones, y el segundo ubicado en lo que sería el Fuerte Yuma. Casi todos los españoles fueron asesinados, y al destruirse lo que era el paso natural de la ruta hacia California no se volvió a viajar por ella durante muchos años. ↩︎
“El Partido Norte de Baja California”, Adalberto Walther Meade, p. 169. ↩︎
El Presidente Interino Constitucional don Benito Juárez promulgó un decreto el 13 de marzo de 1861 relativo a las franquicias otorgadas a extranjeros y sus compañías que compraran terrenos destinados a la agricultura o establecimiento de colonias, en el cual se les exceptuaba por cinco años de toda clase de contribuciones, prerrogativa que podía llegar a los diez años en el caso de que el terreno fuera destinado también a colonia. “Economía y Política en la Historia de México”, Manuel López Gallo, décima edición, p. 129. ↩︎
“Guillermo Andrade y el desarrollo del delta mexicano del Río Colorado. 1874-1905”. William O. Hendrix, pp. 88-89. ↩︎
Tecate no duró mucho tiempo en poder de los magonistas, y cambió de manos varias veces. ↩︎
La batalla se inició desde el día 8, aunque la tenaz defensa del Subprefecto José María Larroque al frente de unos 77 hombres prolongó la resistencia hasta el día siguiente. ↩︎
“La revolución del desierto. Baja California, 1911”, Lowell L. Blaisdell, p. 93. ↩︎
La ideología liberal fue inicialmente la que prevaleció en la lucha magonista, pero pronto cambiaron y adoptaron una franca postura anarquista y de rompimiento total con el maderismo. ↩︎
El 13 de junio de 1908 Ricardo escribió a su hermano Enrique y a Praxedis Guerrero una carta que en parte decía: *…Todo se reduce a mera cuestión de táctica. Si desde un principio nos hubiéramos llamado anarquistas , nadie…nos habría escuchado. Sin llamarnos anarquistas hemos ido prendiendo en los cerebros ideas de odio contra la clase gubernamental…y eso se ha conseguido sin decir que somos anarquistas…Todo es, pues, cuestión de táctica…*Ricardo Flores Magón, “Epistolario y textos”, pp. 202-209, Fondo de Cultura Económica, CREA, 1984. ↩︎
Blaisdell, op.cit.,p. 251. ↩︎
Ibid., p. 252. ↩︎
Enrique Flores Magón aseguró que su hermano había sido asesinado por estrangulamiento por el jefe de guardias de la prisión apodado “El Toro”. ↩︎