Antonio Ponce Aguilar

De Cueva Pintada a la Modernidad
Capítulo V: 
Las grandes exploraciones. Su inicio

…Quien encabeza un motín tiene pena de muerte, y por eso hoy estoy pagando mi culpa a manos de estos gentiles…1

Las expediciones organizadas por Cortés

El 28 de septiembre de 1513, Vasco Núñez de Balboa, desde lo alto de una cumbre en Panamá, contempló por primera vez el Océano Pacífico y poco después tomó posesión de lo que llamó el Mar del Sur. Como en casi todas las acciones de exploración y descubrimiento que realizaron los hombres de este tiempo, a Vasco Núñez lo animaba la ambición de riquezas, como dice fray Bartolomé de las Casas al comentar el discurso que el conquistador dijo a sus acompañantes: …Todos se holgaban de oírlo y todos creían y esperaban lo mismo, porque todos estaban con aquel pío de ser ricos, y no era de todos más que un fin, que era su grande codicia…2

En 1522, Hernán Cortés, en su carácter de Adelantado del Mar del Sur y con el afán de explorar en busca de una comunicación entre los dos océanos, o tal vez pensando en la Isla de las Amazonas, o simplemente por las riquezas que pudieran encontrarse, preparó una expedición marítima y ordenó la construcción de navíos en los puertos de Zacatula y Tehuantepec, para lo cual se trajeron parte del equipo y materiales necesarios desde Veracruz, pero un incendio destruyó los barcos y se frustraron sus planes. Un año después, como se mencionó en el capítulo III, mandó a su sobrino Francisco Cortés de San Buenaventura que saliera en busca del Mar del Sur, lo cual se hizo sin resultados importantes.

En 1532, el conquistador despachó el “San Marcos” y el “San Miguel” bajo el mando de su primo Diego Hurtado de Mendoza para que llevara a cabo las anheladas exploraciones; el navegante zarpó de Acapulco en junio, y poco después descubrió las islas que llamaron Las Magdalenas, hoy Islas Marías; el capitán no había podido hacer aguada por impedírselo la gente de Nuño de Guzmán, por lo que tuvo que racionarse la poca agua que traían en sus barriles, siguió costeando hacia el norte, penetró por el Golfo de California hasta alcanzar el paralelo 27, y ya en esta latitud la falta de provisiones y el mal tiempo amenazaron la navegación, algunos hombres se amotinaron y exigieron el regreso, a lo que Hurtado de Mendoza tuvo que acceder, entregó a los marinos rebeldes uno de los barcos en el que se devolvieron a las costas de Jalisco y el capitán siguió el viaje en el otro navío, pero, o naufragó y pereció ahogado, o desembarcó en algún lugar de la costa y fue muerto con sus hombres por los indios3.

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Expedición de Diego Hurtado de Mendoza, 1532

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Hernán Cortés

En tanto, la nave que venía de regreso con los amotinados desembarcó a algunos hombres tal vez en busca de agua, pero fueron atacados por los nativos y sólo dos lograron escapar, aunque fueron aprehendidos por soldados de Nuño de Guzmán. Existen varias versiones sobre el destino final de los expedicionarios, pues se ha dicho que el barco que había continuado rumbo al sur se hundió cerca del puerto de Matanchel, en las costas de lo que hoy es Jalisco; y que en este lugar, los pocos náufragos sobrevivientes se encontraron con el enemigo de Cortés, quien lejos de brindarles ayuda, recogió de la playa todas sus pertenencias y se negó a devolvérselas. Otros historiadores mencionan que Hurtado de Mendoza y varios de sus hombres murieron asesinados por los indios, aunque algunos de los marineros lograron escapar, se hicieron a la vela, y al desembarcar en Bahía de Banderas, casi todos los tripulantes perecieron a manos de los nativos.

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Expediciones de Diego Becerra, Hernando de Grijalva y Fortún Jiménez, 1533

Cortés, mientras tanto, al no recibir noticias de los expedicionarios, dispuso que su pariente Diego Becerra como capitán del “Concepción”, y Hernando de Grijalva en el “San Lázaro”, zarparan del puerto de Santiago de la Buena Esperanza, hoy Manzanillo, en búsqueda de Hurtado de Mendoza y sus hombres, lo cual se hizo el 29 de octubre de 1533.

Era costumbre de la época despachar flotillas de dos o tres barcos en las exploraciones que se hacían por aquellos mares desconocidos, con objeto de ayudarse y en el caso de que un navío naufragara el otro pudiera continuar e informar de lo sucedido. La nave capitana era la “Concepción” y su piloto Fortún, Ortún u Ordoño Jiménez Bertandoña, mientras en el “San Lázaro” Martín de Acosta era el segundo al mando.

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Mapa del sur de “California”

elaborado a raíz de la expedición de Hernán Cortés a la península en 1535, del que se sirvió el conquistador para validar la posesión de esas tierras.

A pesar de las previsiones tomadas, en la primera noche de navegación los barcos se separaron para nunca volverse a encontrar. Grijalva probablemente tomó un derrotero casi en línea recta hacia el poniente, hasta que llegó a una isla a la que nombró Santo Tomás, hoy conocida como Isla Socorro; y unas islas pequeñas que llamó de Los Inocentes, hoy San Benedicto, pertenecientes al archipiélago de las Revillagigedo; después viró hacia el norte y luego regresó costeando hasta Acapulco. Mientras tanto, Diego Becerra se dirigió al noroeste, pero a consecuencia de su violento temperamento4 tuvo dificultades con la tripulación; el 10 de diciembre de 1533 Fortún Jiménez encabezó un motín, asesinaron al capitán cuando dormía y a algunos marinos que se opusieron al movimiento, luego desembarcaron los heridos que resultaron de la rebelión y a tres religiosos franciscanos en las costas de Colima, y pusieron proa hacia el noroeste para llegar finalmente a lo que hoy es la bahía de La Paz, donde desembarcaron posiblemente en marzo de 1534 y, según Clavijero, bautizaron el lugar como El Seno de la Cruz. Al poco tiempo, Jiménez consiguió algunas perlas y debe haber contemplado un futuro de grandes riquezas y poder, pero los indios, agraviados por el mal trato que les daban los españoles, los atacaron y mataron a 23, incluido Fortún Jiménez, quien, según algunos investigadores fue asesinado en la Isla del Espíritu Santo. Dieciocho sobrevivientes de la masacre se hicieron a la vela en el “Concepción” y pudieron llegar a las costas de Sinaloa, en donde las fuerzas de Nuño de Guzmán los apresaron y se apoderaron del barco con todas sus pertenencias. Fortún Jiménez puede considerarse como el primer español que tocó tierra peninsular; quienes escaparon con vida de la expedición propagaron informaciones sensacionales sobre aquella tierra que consideraron isla, especialmente de las perlas en las aguas de la bahía.

La ambición ha sido característica de los conquistadores de todos los tiempos y Hernán Cortés no es la excepción, pero no se le pueden escatimar algunas cualidades, como son el valor personal, la audacia y la tozudez con que se enfrentó a las adversidades cuando se trataba de llevar a cabo un proyecto de exploración y conquista. Muy a su estilo, cuando supo del fracaso parcial en la expedición de Becerra y Grijalva, decidió organizar de una vez por todas una armada que encabezaría personalmente, después de todo, ahora sí algunos de sus hombres habían puesto pie en una isla del Mar del Sur en la cual los naturales usaban perlas como adorno. Ordenó entonces que el San Lázaro, el Santo Tomás y el Santa Águeda, que se habían construido en Tehuantepec, zarpar rumbo a Chametla o Chiametla, que antes se llamaba Espíritu Santo, en Sinaloa, a donde él se encaminaría por tierra.

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Juan Rodríguez Cabrillo

Tratando de evitar conflictos, la Audiencia había ordenado a Guzmán la devolución del navío incautado a la gente de Cortés, y a éste que no encabezara ninguna expedición a la “isla” recién descubierta, pero ninguno de los dos acató estas disposiciones. Estando en Toluca, Cortés salió al frente de un numeroso contingente para Chametla, en donde ya habían anclado sus tres barcos, rescató el que había incautado Nuño de Guzmán a sus tropas, y zarpó a mediados de abril de 1535 llevando como piloto a Hernando de Grijalva, quien tenía experiencia y fama por el descubrimiento de las Islas Revillagigedo, la expedición la formaban 113 peones y 40 jinetes, y entre la marinería iban algunos sobrevivientes del viaje de Fortún Jiménez. La navegación se realizó sin contratiempos graves, el primero de mayo llegaron a la isla de Santiago, hoy llamada Cerralvo, y el día tres desembarcaron en la Bahía de La Paz, que, según opinión generalizada, Cortés bautizó como Santa Cruz por ser el 3 de mayo cuando saltó a tierra; se llevó a cabo la toma de posesión de los nuevos dominios con la ceremonia acostumbrada, cuya acta fue firmada por el escribano mayor del rey Miguel de Castro, con la presencia de Juan de Jasso y Francisco de Ulloa. Cortés realizó algunas exploraciones, una de las cuales posiblemente llegó hasta la costa accidental de la península aproximadamente a los 25 grados de latitud.

Cortés supo que los indios extraían perlas de las ostras que sacaban del fondo marino con aparente facilidad, y decidido a fundar un poblado estable en el lugar, mandó a los barcos por 300 soldados y 30 mujeres que se habían quedado esperando en Sinaloa y las provisiones que pudieran traerse.

Antes de la llegada de las embarcaciones, casi toda la gente que aguardaba en Chametla se desesperó por la tardanza y se fue hasta el Río San Miguel, por lo que los navíos retornaron con las pocas personas que habían permanecido en el lugar, y algo de maíz que con dificultades se consiguió en los alrededores. Sin embargo, antes de llegar a su destino dos de las embarcaciones naufragaron a causa de una borrasca, aunque todos sus tripulantes pudieron arribar a tierra y regresar a México, mientras que la otra prosiguió su navegación a Santa Cruz, lo que permitió el establecimiento de la primera colonia española en California, aunque su duración sería corta. Una limitación que tuvieron los españoles para la colonización fue su incapacidad para adquirir los alimentos del medio circundante, del cual sí se mantenían miles de nativos; por ejemplo, nunca llevaron a cabo la pesca o la cacería en forma sistemática, y siempre repudiaron los alimentos que acostumbraban los indios, de manera que el abastecimiento procedente de Sonora y Sinaloa tenía que ser frecuente. Al faltar la comida en Santa Cruz, Cortés se vio obligado a regresar a la Nueva España en busca de los víveres que tanto se necesitaban; en el trayecto, encontró a uno de sus barcos varado en la costa sinaloense, al cual pudo liberar después de mucho esfuerzo. Luego encontró su otro navío en la desembocadura del río Sinaloa en donde por cierto, el conquistador estuvo en peligro de muerte, al encallar su embarcación en los arrecifes costeros a causa de una tormenta y tener que tomar el timón al morir su piloto; finalmente, con algunas provisiones que compró en los poblados cercanos regresó a Santa Cruz, lo que permitió sostener por algún tiempo a la población, aunque murieron de hambre 23 colonos.

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  1. México.
  2. Acapulco.
  3. Navidad.
  4. Compostela.
  5. Culiacán.
  6. La Paz.
  7. Ancón de San Andrés.
  8. Ures.
  9. Cíbola.
  10. Quivira.

A principios de 1536, se tuvo noticia en el pequeño poblado de que la situación política en México exigía la presencia de Cortés, quien tuvo que embarcarse nuevamente dejando en el mando de la colonia a Francisco de Ulloa; el conquistador no lo supo entonces, pero jamás volvería a California. Uno de los asuntos que empezó a atender cuando llegó a Cuernavaca, fue el envío a Perú de dos barcos con hombres y pertrechos de guerra, en atención a la solicitud de Francisco Pizarro, pero además, tendría que verse con don Antonio de Mendoza, el primer virrey que había llegado a la Nueva España desde el 15 de octubre de 1535.

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Mapa 17

Aun asediados por tantas carencias, los colonos de Santa Cruz tuvieron ánimo para construir una pequeña iglesia, y Juan de Jasso, hombre de confianza de Cortés, condujo exploraciones hacia el sur, y a él se deben algunas de las primeras descripciones de los indios de esa región. Apenas llegado a México, Cortés envió a Andrés de Tapia para que continuara el reconocimiento del Mar del Sur y las tierras descubiertas, el navegante ascendió hasta más allá del paralelo 28, y registró datos sobre las islas y accidentes costeros que después serían de utilidad a otros exploradores. Entre tanto, la población de Santa Cruz seguía padeciendo sed y hambre, por lo que cuando llegaron unos barcos que el virrey había enviado en su ayuda, Ulloa y su gente comprendieron que era la última oportunidad para escapar con vida de aquellas tierras, se embarcaron tan pronto como pudieron y regresaron a la Nueva España dejando todo abandonado. Precisamente algunos de estos soldados y marineros, al reclamar recompensa por los servicios prestados, empezaron a usar la palabra California, al referirse a la región descubierta que durante muchos años fue considerada isla, aunque Clavijero afirma que Cortés, en una exploración que había hecho al sur, descubrió un puerto cerca de Cabo San Lucas al que llamó Cállida fornax, por el gran calor que sintió, nombre que supuestamente se haría después extensivo a toda la península como California; esta versión es falsa en la opinión de los historiadores modernos, y la aceptada es la expuesta en el capítulo III.

Odisea de Álvar Núñez Cabeza de Vaca y expediciones que motivó. Ulloa

Ocho años antes de estos acontecimientos, Pánfilo de Narváez había zarpado de la isla de Cuba rumbo a la península de Florida, al frente de más de 600 hombres en viaje de exploración y conquista, y nadie hubiera imaginado entonces que hechos tan distantes en el espacio y en el tiempo, en alguna forma, reforzarían después las motivaciones que tuvo Cortés para ordenar la última expedición hacia aguas californianas. El viaje de Pánfilo de Narváez fue un desastre, además de perder sus barcos tuvo que permanecer 6 meses en aquellas tierras sufriendo gravísimas penalidades, pero al fin, en septiembre de 1528 construyó, con los pocos hombres que quedaban, cinco pequeñas embarcaciones en las cuales se hicieron a la mar, pero al poco tiempo naufragaron cerca de la costa de Tejas, Narváez perdió la vida y sólo pudieron salvarse cuatro hombres, entre los que estaba Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Durante los siguientes ocho años, Núñez Cabeza de Vaca estuvo muchas veces prisionero de los indios, aunque con algunos logró hacer amistad; parte de ese tiempo anduvo errando por las llanuras de Norteamérica en busca de un poblado civilizado; finalmente pudo llegar a México, y el 23 de julio de 1536 informó al virrey todo lo sucedido en su prolongada travesía. Viva impresión causó en el gobierno de la Nueva España el relato que hizo el viajero, no sólo por la hazaña que en sí constituía el fantástico viaje desde el Atlántico hasta las costas del Mar del Sur, sino por las riquezas que algunas de las tierras exploradas podrían ofrecer a la corona, y el oro que abundaba, según narración que habían hecho los indios, en las ciudades de Quivira y Cíbola.

El mito de estas fantásticas ciudades se originó en 1150, cuando los moros capturaron Mérida, en España, y según la leyenda, siete obispos huyeron de la ciudad no sólo para salvar sus vidas, sino también para impedir que los infieles se apoderaran de reliquias muy estimadas por la iglesia; años después, aquellos religiosos supuestamente se establecieron más allá de la frontera del mundo conocido entonces, y fundaron las ciudades de Quivira y Cíbola, que llegaron a tener muy grandes riquezas sobre todo en oro; esta fantasía fue razón para que muchos exploradores y gobernantes españoles, durante siglos, intentaran encontrar las míticas urbes, cuyo número con el tiempo ascendió a siete.. En 1538, fray Pedro Nadal y fray Juan de la Asunción, por encargo del virrey Antonio de Mendoza, trataron de iniciar un reconocimiento de la vasta región que Núñez Cabeza de Vaca había descrito; pero no pudieron pasar más allá del bajo Río Colorado y tuvieron que regresar a la Nueva España. Fue entonces que el virrey tomó la decisión de que fray Marcos de Niza reiniciara la exploración de aquellas tierras, se hicieron los preparativos necesarios, y el 7 de marzo de 1539 salió de Culiacán el fraile italiano hacia las desérticas planicies septentrionales, llevando como guía y traductor al moro Esteban, o Estebanico, quien era uno de los cuatro sobrevivientes en la odisea de Núñez Cabeza de Vaca, así como algunos indios amigos.

El viaje fue otro fracaso; el negro Estebanico fue asesinado por los indios zuñis y fray Marcos de Niza nunca encontró las legendarias ciudades, aunque sí escuchó de los naturales referencias de los fabulosos lugares. Nunca se sabrá si fue la imaginación del religioso la que lo hizo interpretar exageradamente las narraciones de los nativos, o si fue simple protagonismo y afán de notoriedad lo que lo llevó a confirmar, a su regreso, la existencia de las citadas metrópolis, una de las cuales, según su descripción, era más grande que la ciudad de México, lo cierto es que todo esto lo informó al virrey el 2 de septiembre de 1539, y éste preparó en 1540 una gran expedición que estaría al mando de Francisco Vázquez de Coronado, gobernador de Nueva Galicia, de lo cual se hablará más adelante.

Cortés había querido participar en los viajes hacia las famosas aunque imaginarias ciudades, pero al no permitirlo el virrey, dispuso por su cuenta que saliera en exploración rumbo al Golfo de California una flotilla de tres navíos de regular tonelaje5 bajo el mando de Francisco de Ulloa. Fue así como el Santa Águeda, el Santo Tomás y el Trinidad, zarparon de Acapulco el 8 de julio de 1539; pero el día 16 una tormenta dañó los barcos, especialmente al Santo Tomás, por lo que a fin de hacer las reparaciones más urgentes, la flotilla se dirigió a Santiago de la Buena Esperanza, en la Bahía de Manzanillo a donde arribaron el domingo 27 de julio, estuvieron allí 26 días arreglando los navíos y en espera de provisiones. La expedición pudo zarpar nuevamente a las diez de la noche del sábado 23 de agosto de 1539, aunque debieron regresar a puerto obligados por vientos contrarios. Finalmente, en la madrugada del día 24 pudieron reiniciar su viaje; aunque poco después otra tormenta afectó la navegación, especialmente al Santo Tomás, a lo cual se refiere Ulloa en los siguientes términos: …Golpeado por el viento y las olas, [el Santo Tomás], comenzó a hacer agua, tanto así que los de a bordo no podían mantenerla baja…gritándome que se estaban hundiendo…Les contesté, alentándolos lo mejor que pude…que no tuvieran miedo y que trabajaran esa noche lo mejor que pudieran, que yo los seguiría y repararía el barco cuando la tormenta terminara, puesto que en ese momento nuestra fortuna no permitía más. Y si la tormenta nos separaba esa noche, les pedía que nos encontráramos en el Puerto y Bahía de Santa Cruz…Cuando les hube dicho esto, se separaron del curso que yo había trazado y yo me quedé esperando al Santa Águeda, que venía al último. 6. El Santo Tomás quizá se hundió en el mar, fue semidestruido por la tormenta frente a la costa de Sinaloa en el lugar llamado El Guayaval, y hasta pudo haber llegado maltrecho a Huatulco, aunque Ulloa lo dio por desaparecido tiempo después.

Tras vencer tantos contratiempos, el Santa Águeda y el Trinidad siguieron navegando rumbo a la Bahía de Santa Cruz, a donde arribaron el 3 de septiembre7, allí permanecieron hasta el día diez, cuando reanudaron su viaje hacia el norte. Sobra decir que sólo había ruinas del antiguo poblado.

De La Paz, Ulloa cruzó el golfo hacia costas sinaloenses, y desembarcó en la boca del río San Pedro y San Pablo, en donde el notario Pedro Palencia dio fe que a partir de ese punto, Ulloa iniciaba hacia el norte un viaje de exploración para el muy ilustre señor Marqués del Valle de Oaxaca, quizá porque el capitán pensó que hasta allí llegaban los dominios de Nuño de Guzmán, el acto se celebró el 10 de septiembre de 1539.

En su navegación hacia el norte, Ulloa tocó algunos puntos de la costa en Sinaloa y Sonora, de los cuales tomó posesión para la corona española en nombre de Cortés, el lunes 28 de septiembre llegó a la desembocadura del Colorado, desembarcó en una barra de arena, y en la forma acostumbrada8 tomó posesión del lugar al que llamaron Ancón de San Andrés por el día en que saltaron a tierra, lo que refiere Ulloa como sigue: … Al siguiente día, lunes, 28 de septiembre, queríamos continuar, pero al amanecer, estando baja la marea, vimos todo el mar por el que debíamos de pasar, entre una tierra y la otra, cerrada con bancos de arena y además de esto vimos, entre una tierra y la otra, muchas cimas de montañas, las bases de las cuales no podíamos ver por la curvatura de la Tierra. Puesto que por estas razones no podíamos seguir, desembarqué en una barra de arena que estaba cerca, y tomé posesión para su Señoría. Hecho esto, salimos de ese canal con la marea, y nos alejamos al suroeste, para rodear la tierra que vimos para poder continuar nuestro viaje por el otro lado de ella. Esta pequeña ensenada y el mar rojizo están a los 34 grados. Los nombramos el Ancón de San Andrés y Mar Bermejo, porque es de ese color y llegamos allí el día de San Andrés. Está a 104 leguas del Puerto de los Puertos (Guaymas)….El resto del país hasta el Ancón de San Andrés y Mar Bermejo, es tierra muy plana, pura arena, y el mar poco profundo a una o dos leguas de la costa. En estas 104 leguas no vimos una persona….No creo que una tierra así pueda ser habitada…9.

Mucha sorpresa causó a los exploradores la gran altura que alcanzaban las mareas, así como la gigantesca ola que remontaba aguas arriba la corriente del río. Algo que llamó la atención de Ulloa al acercarse a la costa y tocar tierra en varias partes fue la falta de vegetación, las rocas desnudas de las montañas y el no haber visto seres humanos.

Al ver cómo las dos costas del golfo se juntaban en el Ancón de San Andrés, Ulloa reconoció por primera vez que California no era isla sino península e inició el viaje de regreso; con su piloto Francisco Preciado hizo los primeros registros importantes de islas y costas en el Mar Bermejo, nombre con el que el navegante designó al Golfo de California por la coloración que presentaban las aguas debido a las descargas del Río Colorado. Costeando hacia el sur, Ulloa y sus acompañantes llegaron el 2 ó 3 de octubre a Puerto de Lobos, así nombrado por la gran cantidad de lobos marinos que había en la costa, hoy Bahía de San Luis Gonzaga.

Cerca de este lugar, Ulloa y sus hombres desembarcaron y se encontraron con un grupo de indios integrado por un anciano, un joven y tres muchachos; todos desnudos y con el pelo corto, capturaron al anciano y los demás nativos huyeron, intentaron dialogar con el viejo por medio de un indígena de Santa Cruz que les servía de intérprete, pero no se pudieron comunicar, ya que el dialecto de los cochimíes de esta región era muy diferente al que hablaban los guaycuras del sur. Ulloa describió la choza en la que los indígenas habían estado viviendo como una especie de enramada hecha de zacates entrelazados y sin techo, tal parece que el pequeño grupo se había acampado allí mientras pescaban; encontraron en el lugar anzuelos fabricados de huesos de tortuga que se habían doblado al calentarlos en el fuego10, otros estaban hechos de espinas de vegetales amarradas a pequeñas varas, también había cordeles bien retorcidos para la pesca; no se encontró cerámica, pero sí estómagos de foca que servían para contener agua, pescados, así como una balsa hecha de tres manojos de una especie de cañas, el de en medio más largo que los laterales, cada uno amarrado separadamente y unidos en los extremos, también hallaron dos remos pequeños; los españoles devolvieron al anciano sus pertenencias, le hicieron algunos regalos y lo dejaron libre11.

El día 6 de octubre llegaron a la altura de la Isla Ángel de la Guarda y anclaron en una bahía muy grande, quizá Bahía de los Ángeles, a la que llamaron San Marcos por ser su día el 7 de octubre; aquí observaron dos fogatas en la playa, por lo que bajaron un bote y remaron hacia el lugar en que habían visto una de las lumbradas. Allí vieron a dos indios altos, desnudos, armados con arcos y flechas; quienes al ver a los españoles aparentemente se prepararon para pelear, lo que hizo que los marinos se detuvieran momentáneamente. Esto fue aprovechado por algunas mujeres y niños que se acampaban en una lomita cercana a la playa para escapar. Viendo a salvo a su gente, los dos indios se retiraron, los hombres de Ulloa desembarcaron y al hacer un reconocimiento del lugar no encontraron comida ni nada de interés, salvo una pequeña olla semejante a las que usaban los indios de Santa Cruz. Este episodio narrado en el diario de Ulloa muestra a dos cochimíes que estuvieron dispuestos a pelear y aun a sacrificarse para que sus familias pudieran escapar de lo que seguramente consideraban una grave amenaza.

El 8 de octubre zarparon de nuevo hacia el sur y el domingo 12 anclaron entre la Isla de San Marcos y tierra firme. Al amanecer vieron que se acercaba un hombre en una balsa de cañas, observó a los marineros desde una distancia prudente, les gritó a unos compañeros que estaban en la playa y volvió a tierra. Luego regresó bogando al frente de otros cuatro indios cada uno en su balsa, llegaron hasta una distancia más cercana y hablaron entre ellos observando los barcos españoles. Éstos intentaron atraer a los visitantes mostrándoles diversos objetos y ofreciéndoselos como obsequios, a lo cual los indios no hicieron el menor caso, mientras se gritaban algo entre ellos, lo cual no pudo entender el intérprete que los españoles llevaban desde Santa Cruz. Después de permanecer un largo rato, los nativos cochimíes empezaron a devolverse hacia la playa.

Ulloa deseaba hablar con alguno de aquellos indios, hacerle algunos regalos y luego dejarlo en libertad, por lo que el propio capitán y varios marineros bajaron un bote y remaron hacia las balsas de los cochimíes con la intención de capturar al que parecía ser el más importante. Cuando lo tuvieron cerca y parecía que sería fácil atraparlo, el balsero cochimí se arrojó al agua y nadó alrededor del bote, o bajo el agua, cada vez que los marineros se aproximaban el indio se sumergía por el lado de la proa, y después de algún tiempo reaparecía por la popa, y hasta se recreaba flotando y descansando sobre las tranquilas aguas, mientras que los frustrados marineros españoles estaban cada vez más cansados, y se daban cuenta que les sería imposible atrapar al indígena.

Este “juego” duró alrededor de media hora, hasta que los agotados remeros y Ulloa tuvieron que regresar al barco; mientras los indígenas de las otras balsas remaron hacia su compañero y tranquilamente se lo llevaron a la playa. Ulloa escribió en sus registros que aquel californio, antes de regresar, gritó repetidas veces a sus amigos de la playa la palabra “Belén, Belén”, por lo que bautizó aquel canal como Pasaje de Belén12. Tal vez el cochimí se dirigía a los españoles y su grito era una despedida, o un insulto, pero el significado de sus palabras nunca se supo.

El 13 de octubre zarparon los dos barcos hacia el sur, y el 18 tocaron de nuevo Santa Cruz para reabastecerse de provisiones; el 29 doblaron Cabo San Lucas, llegaron a una laguna que llamaron Santa Catalina, al sur de bahía Magdalena, aunque no entraron a ella, y enseguida a bahía de Ballenas; para entonces, estando muchos marineros enfermos y cansados, se aproximaron a isla de Cedros (“Cerros”), en cuyas aguas los nativos se dedicaban a pescar en balsas de troncos. Al ver a los extranjeros los atacaron, tratando de impedir su llegada, al extremo de que los españoles tuvieron que defenderse con sus armas para poder desembarcar; poco después, el 20 de enero de 1540 se hizo la acostumbrada ceremonia de toma de posesión de aquella isla.

Había entonces, según contaron los marineros, bosques de pinos en las partes altas de la isla, cuyos piñones servían de alimento a los naturales, agua dulce de buena calidad y abundancia de peces. Ulloa debió comprender la trascendencia de sus descubrimientos, especialmente que California no era isla sino una larga península, por lo que envió de regreso con toda la información al capitán Francisco Preciado en el “Santa Águeda”, que era el barco más grande, intentando así que tan importantes datos llegaran a Hernán Cortés con riesgo de su propia seguridad. En la carta enviada al conquistador desde Isla de Cedros, el 5 de abril de 1540 Ulloa escribió: He decidido seguir tan lejos como pueda en el Trinidad con estas pocas provisiones y hombres, si Dios me otorga buen tiempo, y el viento lo permita, y enviar este barco [el “Santa Águeda”] y estos hombres a la Nueva España con este informe…Estuvimos ocupados poniendo el barco en reparación…hasta hoy, lunes 5 de abril, en que todos salimos de esta Isla de Cedros, cada quien prosiguiendo su respectivo viaje… Dios quiera que el desenlace sea el que su señoría quiere…Beso la ilustre mano de su señoría. Francisco de Ulloa13.

Preciado arribó a Acapulco a salvo, mientras que Ulloa siguió en el Trinidad rumbo al norte, para perderse en el mar sin que se supiera más de él, según la opinión más generalizada. Sin embargo, aunque el cronista Antonio de Herrera afirma que el navegante jamás regresó, Bernal Díaz del Castillo expresó en sus memorias que Ulloa sí había vuelto a la Nueva España y había sido asesinado en la costa de Nueva Galicia por uno de sus marineros; aunque no se han encontrado pruebas de su dicho; por otra parte, hay un documento escrito en 1543, en la página 22 de “Cartas y Otros Documentos de Hernán Cortés”, que se refiere a la hija de un hombre apellidado Cordero, ex piloto de Cortés en sus viajes a La Paz, la cual se había ido con Ulloa; en una investigación que hicieron las autoridades españolas, el conquistador aclaró que si querían saber algo de la joven, que le preguntaran a Ulloa, lo que permite suponer que Cortés creía que el navegante, en esa fecha, aún estaba vivo. También algunos historiadores han tomado en cuenta que hay mapas anteriores al tiempo de Juan Rodríguez Cabrillo que se basan en exploraciones hechas 150 Km. más allá de Isla de Cedros, lo que hace suponer que esta información fue dada a los cartógrafos por Ulloa después de que pudiera haber regresado a la Nueva España. Hasta ahora, la hipótesis del naufragio del Trinidad es la más conocida y aceptada, quizá porque se considera que los marineros se encontraban exhaustos, con pocas provisiones y en la embarcación más pequeña, surcando aguas difíciles de navegar por la poderosa Corriente de California y sus derivaciones, y en el caso de que hubieran quedado sobrevivientes en la costa, habrían sucumbido víctimas de la sed y el hambre en una de las más áridas regiones de la península.

Lo cierto es que a Ulloa le tocó cerrar el ciclo de las exploraciones que Hernán Cortés había promovido desde 1522, y es justo mencionar que el conquistador, hasta su regreso a España, tuvo en su pensamiento como preciada meta la conquista de la California, pero jamás tendría el poder político y el tiempo suficiente para intentar otra vez convertir en realidad uno de sus más ambiciosos proyectos. De Francisco de Ulloa, tan sólo por haber hecho la primera exploración completa del Mar de Cortés, precisar la geografía de América al echar por tierra el mito insular de California, así como por descubrir la desembocadura del Río Colorado, merece que se le ubique entre los grandes marinos exploradores de su tiempo, aunque su nombre poco se mencione en la actualidad.

Más adelante se verá que el capitán Hernando de Alarcón confirmó que California era una península, pero un mapa mal elaborado por el fraile carmelita Antonio de la Ascensión en 1602, después de un viaje realizado con Sebastián Vizcaíno, revivió el error geográfico que perduró hasta principios del siglo XVIII., cuando el padre Eusebio Francisco Kino hizo el viaje por tierra que permitió redefinir el carácter peninsular de California, habiendo hecho un mapa de la península en 1701. Todavía en septiembre de 1717, el padre Jaime Bravo hizo un informe al virrey marqués de Valero, en el cual, ignorando o dudando del descubrimiento de Kino y Salvatierra de una ruta terrestre de Sonora a California, escribió en el punto sexto datos sobre un brazo de mar del Golfo de California que llegaba hasta el Mar del Sur.

Ya se mencionó que don Antonio de Mendoza, obsesionado por la localización de las ciudades de Cíbola y Quivira, preparó una expedición en la que no se escatimaron esfuerzos, la cual estuvo a cargo del yerno del tesorero de la Colonia y gobernador de Nueva Galicia, Francisco Vázquez de Coronado; fue así como dispuso la organización de un contingente como no se había visto hasta entonces, y se dirigió a Compostela para estar personalmente en el momento de su salida. Iban unos 225 jinetes, 60 soldados de a pie, aproximadamente 800 indios, así como gran cantidad de ganado mayor, borregos, cabras y bestias de carga. El 23 de febrero de 1540, con fray Marcos de Niza como guía y Vázquez de Coronado al mando, salieron todos en busca de la riqueza y la gloria. En apoyo a la expedición terrestre, el virrey dispuso que salieran barcos por el Mar de Cortés hacia la desembocadura del Río Colorado, en donde los tripulantes desembarcarían para tratar de hacer contacto con los exploradores de Vázquez de Coronado.

Después de las ceremonias acostumbradas, el 9 de mayo de 1540 zarparon de Acapulco el “San Pedro” y el “Santa Catalina”, y de Culiacán el “San Gabriel”, yendo al mando de la flota el Capitán Hernando de Alarcón. Mientras tanto, Vázquez de Coronado llegó a Culiacán, en donde dejó a casi todos sus hombres para dirigirse rumbo a lo que hoy es Arizona, acompañado de unos 100 soldados e indios amigos; después de pasar grandes penalidades llegaron el 7 de julio a Cíbola, que resultó ser un villorrio o conjunto de siete rancherías de los indios zuñi, en lo que hoy es Hawi Kuk, en Nuevo México; en este lugar los nativos pintaron en el suelo rayas con harina de maíz, conminando a los intrusos con gritos para que se devolvieran; Vázquez de Coronado y sus hombres los atacaron y los indios tuvieron que huir, aunque en la refriega, el comandante español resultó herido en una pierna.

Ya posesionados del lugar, los expedicionarios pudieron reponerse parcialmente al comer alimentos que los zuñis tenían, principalmente frijoles, maíz y aves, pero es seguro que las dudas empezaron a surgir sobre la posibilidad de encontrar las ansiadas riquezas. Aún así, Vázquez de Coronado buscó por dos años las metrópolis doradas, pero las desilusiones se sucedieron una tras otra, la gran Quiviria resultó ser una aldea o aldeas en lo que hoy es el estado de Kansas; quizá un tanto inesperado fue el encuentro de un caserío de adobe, en el que las construcciones eran de varios pisos y con escaleras exteriores, pero el poblado estaba muy lejos de ser la fabulosa ciudad que se buscaba, y en lugar de poblaciones opulentas, tropezó con tribus nómadas que erraban por las áridas planicies en busca de alimentos14.

En algunos lugares, los españoles encontraron abundancia de un mineral que muchos confundieron con oro, pero se trataba de pirita, u “oro de los tontos”, y todavía en el suroeste de los Estados Unidos le llaman “Coronado’s Gold “, o el oro de Coronado. Para entonces, ya varios caciques de la región le habían confirmado al comandante español la triste realidad, en el sentido de que no existían las ciudades en cuya localización tanto tiempo y esfuerzo se habían invertido, por lo que, desilusionado, inició el regreso a la Nueva España aunque envió a fray Marcos de Niza con un escrito en que se daban las malas noticias al virrey don Antonio de Mendoza, quizá con la idea de que al religioso le correspondía soportar, más que a nadie, el golpe del fracaso y el ridículo; algún tiempo después, el fraile Juan de Padilla volvió a la región sólo con el propósito de evangelizar a los gentiles, pero éstos lo mataron a flechazos.

Cuando Vázquez de Coronado inició su aventurado viaje al norte, se detuvo en Valle de los Corazones15, lugar ubicado posiblemente cerca de lo que hoy es Ures o Sahuaripa, en el estado de Sonora, y ordenó a Melchor Díaz, jefe de la guarnición y hombre de toda su confianza, que saliera hacia el Río Colorado en busca de las provisiones que Alarcón le llevaría. Éste, como ya se ha mencionado, había zarpado de Acapulco el 9 de mayo de 1540, y luego de Culiacán con tres embarcaciones a su mando, las que, después de casi cuatro meses de navegación llegaron al extremo norte del Golfo de California el 26 de agosto; el Capitán Alarcón y sus hombres saltaron a tierra pero no encontraron señal alguna de Vázquez de Coronado, abordaron botes de poco calado y remontaron el río hasta rebasar la confluencia del Gila; todavía no perdían la esperanza de encontrar a Vázquez de Coronado, pensó el capitán que iba por buen camino y bautizó a la gran corriente con el nombre de río de Nuestra Señora de la Buena Guía, ya que antes sólo se le llamaba el río por el que se llega a las ciudades de Cíbola y Quiviria. Hernando de Alarcón estuvo en contacto con los yumas de la región, quienes no sólo le dieron un buen recibimiento, sino que le atribuyeron carácter divino por su barba rubia, lo que según los nativos lo emparentaba con el sol, llevó a cabo la toma de posesión de esas tierras con la ceremonia acostumbrada y se regresó a sus barcos; antes seguramente exploró los alrededores, pero nunca se sabrá con certeza si Alarcón cruzó el río y fue el primer hombre blanco que asentó su pie en la actual California, en los Estados Unidos, lo cual se establece como un hecho en una placa conmemorativa de la Marca Histórica No. 568, cerca de “Pilot Knob”16.

El 14 de septiembre, sin escuchar las protestas de sus marineros, remontó otra vez las aguas del río hasta una distancia que no concuerda con la descripción que hace del paisaje, y se enteró por los nativos que otros españoles estaban a algunas jornadas tierra adentro, se dio cuenta que sería imposible establecer contacto con ellos, por lo cual decidió dejar unas cartas explicando lo sucedido, escondidas al pie de un árbol en el que grabó las palabras Alarcón llegó hasta aquí, cartas al pie de este árbol, aunque otra versión menciona que las dichas cartas las dejó bajo una cruz con el recado correspondiente. En octubre de 1540 regresó a la Nueva España e informó al virrey de lo acontecido, quien, lejos de abandonar la empresa, dispuso un segundo viaje de Alarcón, el cual nunca se llevó a cabo por haberse conocido en la capital que Vázquez de Coronado estaba incursionando hacia el noreste, por lo que le sería imposible reunirse con cualquier expedición marítima que tratara de apoyarlo. Del viaje del Capitán Alarcón quedó una carta geográfica que levantó el piloto Domingo del Castillo, se confirmó que California era una península, y se estableció una relación aparentemente amistosa con los yumas, a quienes se conoció mejor.

Melchor Díaz, el primer europeo en el actual Valle de Mexicali

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Expedición de Melchor Díaz al Valle de Mexicali. 1540-1541

Melchor Díaz, tal como se mencionó anteriormente, había salido en septiembre de 1540 del Valle de los Corazones hacia el noroeste en busca del apoyo que tanto se necesitaba y que llevaba en sus naves Hernando de Alarcón. Habiendo sido soldado raso en su primera juventud y al no pertenecer a la nobleza, Díaz había llegado a ser por méritos propios alcalde mayor de Culiacán, era hombre avezado a las peligrosas exploraciones por el desierto de Sonora y lo que hoy es Nuevo México, por lo que Vázquez de Coronado no dudó en elegirlo para el desempeño de tan importante cometido.

Después de entregar el mando a Diego de Alcaraz, partió al frente de 25 soldados y algunos indios ópatas, llevando además un buen número de ovejas; el contingente caminó por la margen del río Magdalena hasta Caborca, de allí hacia el noroeste hasta lo que hoy es Sonoyta, y de aquí, siguiendo la “Ruta del Diablo”, prosiguió hacia la actual Yuma en el estado de Arizona.

Los expedicionarios llegaron al Río Colorado más o menos a la altura de la población mencionada y fueron recibidos en paz por los indios yumas; algunos de éstos, según el relato de los españoles, llevaban por la noche una antorcha con cuyo calor supuestamente se mitigaban el frío, por lo que rebautizaron la corriente con el nombre de río del Tizón. Aquí, los nativos informaron a Melchor Díaz que Alarcón y sus hombres habían llegado hasta un lugar situado tres jornadas hacia el sur, quizá cerca de la actual ciudad de San Luis, Río Colorado, el explorador se dirigió a ese rumbo y con la ayuda de los indios, pudo localizar las cartas enterradas de que ya se ha hablado, por las cuales se enteró que el Capitán Alarcón, al no poder seguir esperando a Vázquez de Coronado se había regresado a la Nueva España, confirmando que …La isla del Marqués, a la que llaman California…no era isla, sino una península.

Estando aquí, Díaz inició preparativos para cruzar el río un poco más al norte en balsas hechas por los yumas, con el propósito de explorar la región noreste de la península, y encontrándose en estas acciones, se enteró casualmente de una conspiración tramada por los indios, para volcar las balsas cuando fueran cruzando la corriente y aprovechar el momento para matar a todos los españoles. Éstos prepararon sus armas, se condujeron con naturalidad, tratando de que nadie supiera que el plan había sido descubierto, y para conocer los detalles de la conspiración y neutralizarla, apresaron y torturaron a un nativo que tuvo que delatar a sus compañeros17, después de matarlo fue arrojado al río, y cuando al día siguiente los yumas atacaron, fueron rechazados a lanzazos y disparos de arcabuz, por lo que Díaz y su gente pudieron cruzar el río esa misma tarde ayudados por indios amigos.

Ya en la margen occidental de la corriente, después de cruzar la caballada a nado, se encaminaron al suroeste y llegaron a lo que hoy se llama Laguna de los Volcanes, al sureste del volcán Cerro Prieto; el fenómeno geológico que actualmente se observa en ese lugar debe haber sido igual o muy semejante en aquel tiempo: el lodo parece que hierve, se desprenden gases fétidos por los compuestos de azufre y se forman costras blancas de salitre, lo cual hizo que los españoles lo describieran como semejante a lo infernal.

El 29 de diciembre de 1540, encontrándose los expedicionarios en un lugar que posiblemente se ubica entre la Estación Pascualitos y la Sierra de los Cucapá, al norte de Cerro Prieto18, vio Melchor Díaz cómo un perro hostigaba a las ovejas, por lo que, con intento de espantarlo, galopó hacia el animal y le tiró un lanzazo, pero el arma se encajó en el suelo y Díaz embistió el asta que se le enterró en el vientre; esto hizo que los expedicionarios suspendieran las exploraciones y anticiparan su retorno, llevando al capitán mal herido en una parihuela, se apresuraron tratando de llegar al Valle de los Corazones con objeto de que un sacerdote auxiliara al moribundo, pero todo fue inútil, Melchor Díaz murió el 18 de enero de 1541, casi tres semanas después del fatal accidente, habiendo sido sepultado por sus fieles soldados en el desierto de Sonora y su tumba cubierta con un montículo de piedras.

Vázquez de Coronado se encontraba en Cíbola, la aldea zuñi de Hawikuh, hasta donde Hernando de Orduña y Pedro de Castro, del contingente expedicionario, le llevaron la triste noticia, de allí regresó a la Nueva España y dispuso en justicia que se le concedieran a la hija única de Melchor Díaz las rentas de un pueblo para su manutención. El fiel soldado de Vázquez de Coronado quedó en la historia como el primer español que viajó por tierra de la Nueva España a Baja California, y llegó a la región de Cerro Prieto y sus alrededores, además de que conoció mejor a los yumas y cucapás, de quienes Pedro Castañeda de Nájera, cronista de todos estos acontecimientos, expresó que el aspecto de los indígenas era sano, tenían buena estatura y gran resistencia. Señaló también que conocían la agricultura, cocían grandes panes de maíz sobre las brasas, dormían en casas semienterradas cubiertas de ramajos, eran sociables y tenían una organización familiar.

Exploraciones de Juan Rodríguez Cabrillo

El marino de origen portugués o español19 Juan Rodríguez Cabrillo llegó a la Nueva España en 1520 con Pánfilo de Narváez; cuando éste fue capturado por Cortés se unió a sus fuerzas y en 1523 participó en la expedición a Guatemala con Pedro de Alvarado. Este capitán, por disposición del virrey, saldría a explorar las costas del Mar del Sur, pero debido a su muerte del 4 de julio de 1541, tocó a Juan Rodríguez Cabrillo realizar la expedición, llevando como piloto a Bartolomé Ferrelo o Ferrer, nativo de Levante; el 27 de junio de 1542 zarparon del puerto de Navidad, unos 32 Km. al norte del actual Manzanillo, en los barcos “San Salvador” y “Victoria”, con la orden de navegar lo más al norte que se pudiera, buscar las bahías que ofrecieran mejor abrigo y un río o paso que comunicara al Mar del Sur con el Océano Atlántico, llamado por algunos Estrecho de Anián20.

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Indios cucapás en una fotografía antigua

Su estatura promedio es elevada, lo que se percibe al compararlos con los dos norteamericanos que se encuentran con ellos. Hombres parecidos a éstos debe haber encontrado Melchor Díaz en su exploración por el Valle de Mexicali. “The Book of the Fair, 1904”.

Las naves eran pequeñas, al grado que una carecía de puente, pero así llegaron sin dificultades mayores a San José del Cabo el 6 de julio de 1542, en donde se proveyeron de agua; doblaron Cabo San Lucas el 10 de julio y continuaron hacia el norte, navegaban unos 25 ó 30 Km. en el día y anclaban en la noche, habiendo tocado los siguientes puntos: Bahía Magdalena, que bautizaron con el nombre que hasta hoy perdura; Isla de Cedros, a donde llegaron el 5 de agosto y permanecieron hasta el 10; Punta del Engaño, hoy llamada Punta Baja; el 20, siguieron costeando hacia el norte y tocaron San Quintín; en donde se llevó a cabo la ceremonia de la toma de posesión. Poco después, los aborígenes, a señas, comunicaron a los españoles que a una distancia de cinco jornadas al noreste, tiempo atrás habían llegado hombres como ellos, refiriéndose probablemente a Melchor Díaz y su gente; siguieron luego a Cabo San Martín, hoy Punta Colonet; después Punta de la Cruz o Santo Tomás; y el 17 de septiembre desembarcaron en la bahía que bautizaron como San Mateo, que después se llamaría Ensenada de Todos Santos. Aquí permanecieron por seis días, Rodríguez Cabrillo conoció a los nativos y los alrededores que le causaron agradable impresión, ya que le recordaban a España por el zacate del campo.

En este lugar llenaron sus barriles con agua de una poza de agua llovediza que encontraron cerca de la playa, y vieron grandes manadas, hasta de 100 animales, de lo que deben haber sido berrendos por la descripción que hace de sus cuernos21; se tomó posesión del lugar y el sábado 23 de septiembre continuaron el viaje. Poco después, al pasar por las islas Coronado casi frente a la actual Tijuana, las nombró Islas Desiertas, sobre lo cual quedó el siguiente registro:…El siguiente martes y miércoles navegaron a lo largo de la costa por unas ocho leguas pasando por tres islas completamente denudadas de tierra. Una de ellas es más grande que las otras. Es como de dos leguas de circunferencia y ofrece abrigo de los vientos del oeste. Están a tres leguas de tierra firme y se encuentran a los 34 grados. Les llamaron Islas Desiertas. Este día se vieron grandes humaredas22 en tierra. El país parece ser bueno y tiene grandes valles, y en el interior hay elevadas montañas…23.

El 28 de septiembre de 1542, entraron los navíos en una bahía “cerrada y muy buena…” a la que Rodríguez Cabrillo llamó San Miguel, y que hoy es el puerto de San Diego, California. Al desembarcar los españoles, los naturales del lugar huyeron, excepto tres, quienes se atrevieron a encarar a aquellos extraños visitantes a los que llamaban “guacamal “; Rodríguez Cabrillo se mostró amistoso, les hizo algunos regalos y los nativos se marcharon tranquilos; sin embargo, más tarde, varios españoles que pescaban en aguas de la bahía, fueron atacados y tres resultaron heridos a flechazos.

Al siguiente día, tres indios muy grandes, como los describió el capitán español, se aproximaron a los expedicionarios y apuntándoles a la barba y a la ropa, imitando el galope de caballos y la acción de arrojar lanzas, dieron a entender que al oriente, cerca del gran río, hombres como ellos atacaban y mataban a la gente. Quienes nuevamente daban esta noticia, nunca habían visto a los hombres de Melchor Díaz, a quienes tal vez se referían los indios, o quizá los de Coronado, pero conocían de estos hechos por sucesivas comunicaciones que se habían transmitido desde muchas jornadas tierra adentro hasta la costa, lo que indica cómo estos antiguos californios eran capaces de comunicarse entre lugares muy distantes sin tener que viajar entre ellos, pasando el mensaje de ranchería a ranchería o de región a región. Estos indios que encontró Rodríguez Cabrillo al norte de Baja California y en la Bahía de San Diego, deben haber sido de la tribu kumiay, quizá de los aborígenes con la cultura más avanzada en California, pues conocían el arte de la cerámica, el tejido de canastas, y estaban organizados en una sociedad con una estructura bien definida, sus rituales y festejos eran numerosos, y se ubicaban quizá en más de 200 comunidades que no serían descubiertas hasta el siglo siguiente.

De la Bahía de San Diego, al mejorar el tiempo, el 3 de octubre de 1542 zarpó Rodríguez Cabrillo hacia el noroeste, y el día 7 llegó a las islas San Clemente y Santa Catalina, que nombró San Salvador y Victoria, en honor de sus navíos, en donde fueron recibidos amistosamente por los nativos. Cumpliendo las órdenes recibidas, siguió costeando hacia el norte, y el día 8 de octubre arribó a una bahía, se veían en tierra muchas casitas circulares, de cada una de las cuales salía humo, por lo que el capitán llamó al lugar Bahía de Los Fumos o Humos, y aunque no hay certeza sobre su ubicación, se cree que pudo ser la bahía hoy llamada de San Pedro. Siguieron su navegación y el 12 de octubre de 1542, cincuenta años después de que Colón descubriera América, estuvieron en un poblado que llamaron Canoas, actualmente conocido como Laguna Mugu, (Punta Dume), por el gran número de pequeñas embarcaciones en que los indios fueron al encuentro de los navíos; en este lugar, Rodríguez Cabrillo nombró Sierra Nevada a la actual Sierra de Santa Lucía; y aquí también fueron avisados de la presencia española al oriente de las montañas.

El 17 de octubre estuvieron frente a Punta Concepción, que fue bautizada como cabo Galera, y el día 18 llegaron a las islas que nombraron de la Posesión y San Carlos; actualmente Santa Rosa y San Miguel, frente a las costas de Santa Bárbara. Los indios chumash de la región se mostraron amigables, y repitieron la actuación sobre los “tacuimine” u hombres blancos, para comunicar las incursiones que éstos llevaban a cabo tierra adentro hacia el este.

Por esta época se sucedieron varias tormentas muy fuertes provenientes del Pacífico, y en una de ellas, al caer el capitán en la playa rocosa, o tal vez a bordo, por un movimiento violento de la embarcación, se fracturó un brazo, aunque existe también la versión de que fue una pierna la que se lesionó cuando iba a la playa a ayudar a sus hombres a repeler un ataque de los indios; lo cierto es que aun muy lastimado, al calmarse el temporal zarpó nuevamente hacia aguas más septentrionales. Para entonces, ya había registrado los nombres indios de 30 o más rancherías, refiriendo siempre la gran cantidad de canoas y la actividad pesquera en que se ocupaban muchos nativos.

Navegando por aguas cada vez más difíciles, llegaron el 16 de noviembre de 1542 a la Bahía de Pinos, hoy Monterrey; la niebla espesa impedía a los marinos ver la costa, lo que explica que no hayan percibido la bahía de San Francisco cuando pasaron frente a ella, y al recrudecerse los dolores que padecía en su brazo fracturado Rodríguez Cabrillo ordenó el regreso; el tiempo tormentoso lo obligó a tomar refugio en una bahía poco abrigada, quizá la de Drake, en donde no pudo desembarcar por el mal tiempo; por fin, al mejorar el clima regresó el 23 de noviembre a las islas La Posesión, a la actual San Miguel, en donde permanecieron más de un mes. En las islas había numerosas aldeas, pero sus habitantes andaban desnudos, dormían en el suelo y eran muy pobres, comiendo únicamente pescado y bellotas.

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Lugares tocados por Juan Rodríguez Cabrillo y su piloto Bartolomé Ferrelo en 1542. cuando aparecen dos nombres, el que está entre paréntesis es el actual

  1. Puerto de Navidad
  2. San José del Cabo
  3. Cabo San Lucas
  4. Bahía Magdalena
  5. Puerto San Juanico
  6. Bahía Asunción
  7. I. Natividad
  8. I. Cerros (Cedros)
  9. Punta del Engaño (Punta Baja)
  10. San Quintín
  11. Cabo San Martín (Punta Colonet)
  12. Punta de la Cruz (Santo Tomás)
  13. San Mateo (Ensenada)
  14. San Miguel (San Diego)
  15. I s. San Salvador y Victoria ( San Clemente y Santa Catalina)
  16. Bahía de los Humos (San Pedro o Santa Mónica)
  17. Puerto Canoas (Laguna Mugú en Punta Dume)
  18. I. de la Posesión (San Miguel y Santa Rosa)
  19. Cabo Galera ( Punta Concepción)
  20. Monterrey
  21. Cabo Mendocino

Para entonces a Cabrillo se le había infectado el brazo con gangrena, se agravó su estado y murió el 3 de enero de 1543, no sin antes pedir a su piloto Bartolomé Ferrelo que tomara el mando y prosiguiera el viaje. Fue sepultado en la isla sin que hasta ahora se conozca el sitio de su tumba. Aunque los marineros bautizaron la isla como Juan Rodríguez, hoy se conoce como San Miguel.

Parte de la desolada isla ha sido cubierta por varios metros de la arena acarreada por el viento, lo que posiblemente mantendrá en secreto la ubicación de la tumba del gran navegante.

Después de numerosos intentos, Ferrelo reanudó la navegación hasta los 42 grados de latitud o un poco más al norte, cerca de la boca del río Rogue, en Oregon, según George Davidson, pero de aquí tuvo que regresar a principios de marzo por el frío, el mal tiempo, la falta de víveres y el cansancio, llegando los exhaustos expedicionarios a Navidad el 14 de abril de 1553, casi diez meses después de haber zarpado de ese puerto.


  1. Un pensamiento como éste pudo haber pasado por la mente de Fortún Jiménez cuando los nativos lo iban a matar en 1534, cerca de La Paz, pues él había dirigido el motín en contra del capitán Diego Becerra, que fue asesinado en alta mar. ↩︎

  2. Historia de las Indias. Clásicos Jackson, t. 27, 1963; Fray Bartolomé de las Casas, pp. 76-77. ↩︎

  3. “The Discovery and Earliest Explorations of the Gulf of California”. James R. Moriarty; “The Journal of San Diego History”, enero de 1965, Vol. 11, No. 4. ↩︎

  4. Castillo describió a Diego de Becerra como un hombre de carácter arrogante y arbitrario. ↩︎

  5. El tonelaje de los barcos se registraba en aquella época con la antigua medida italiana de “botellas”, siendo una botella igual a media tonelada. El Santa Águeda desplazaba 240 botellas, el Trinidad 75 y el Santo Tomás 60 botellas, lo que significa que el desplazamiento de los navíos sería respectivamente de 120, 37 y 30 toneladas. ↩︎

  6. The Voyage of Francisco de Ulloa, 1539. American Journeys Collection, Wisconsin Historical Society, pp. 16, 17. ↩︎

  7. Ulloa envió exploradores a tierra, quienes sólo encontraron restos del antiguo campamento español que había sido quenado por los nativos ↩︎

  8. .El Magnífico Francisco de Ulloa...tomó posesión para el Marqués en el nombre del Emperador, nuestro Señor, Rey de Castilla, poniendo su mano sobre su espada y diciendo que si cualquier persona la disputara, él estaba listo a defender tal posesión, cortando árboles con su espada, moviendo piedras de un lugar a otro y cogiendo agua del mar y aventándola en la tierra.. Pourade, San Diego Historical Society, op. cit., Cap. II, p. 3. ↩︎

  9. The Voyage..., op.cit., p. 20. ↩︎

  10. Los españoles vieron la noche anterior desde su barco una fogata en el lugar donde los indios estuvieron acampados. ↩︎

  11. The Voyage…, op.cit., p. 22. ↩︎

  12. “The Voyage…” (Diario de Ulloa), op.cit., p. 25. ↩︎

  13. Ibíd., pp. 45, 46. ↩︎

  14. Vásquez de Coronado nunca encontró las ciudades de oro, y ni siquiera mínimas porciones del dorado metal. Años después fue acusado de atrocidades contra los indios, tuvo que dejar su cargo de gobernador, se le dio un modesto puesto en el gobierno, y murió en 1554. Sus exploraciones fueron importantes para el conocimiento de los naturales de aquellas regiones, y sus relatos despertaron el interés del virrey para que se organizaran más viajes hacia el norte ↩︎

  15. Álvar Núñez Cabeza de Vaca narró que al regresar él y sus compañeros de su odisea, en un lugar cercano al actual Río Sonora, [en o muy cerca de Ures] los nativos les obsequiaron unos 100 corazones de venado abiertos, los cuales guardaban en gran cantidad para alimentarse, por lo que nombraron al lugar “Pueblo de los corazones” . Esto sucedió tal vez a fines de 1535. En 1541, Tristán de Arellano, de la expedición de Vázquez de Coronado, fundó en esa región el pueblo que llamó San Jerónimo de los Corazones. ↩︎

  16. “Melchor Díaz and the Discovery of Alta California”, Jack D. Forbes, “Pacific Historical Review”, XXVII, Nov. 1958, pp. 351-358. ↩︎

  17. Cap. X de “Informe de la expedición a Cíbola hecha en el año de 1540...”., por Pedro Castañeda de Nájera. ↩︎

  18. El lugar corresponde aproximadamente a los 32 grados de Latitud Norte, y 115 al Oeste. ↩︎

  19. The Discoverer of Alta California: Joao Rodríguez Cabrilho or Juan Rodríguez Cabrillo?. W. Michael Mathes, “The Journal of San Diego History”, verano de 1973, Vol. 19, No. 3. ↩︎

  20. El Estrecho de Anián supuestamente comunicaba el Océano Pacífico con el Atlántico, según unos; o era un brazo de mar que unía el norte del Golfo de Cortés con el Mar del Sur, según otros. P. L .Martínez, op.cit. p. 164. El hecho es que casi todos pensaban que el referido estrecho constituía una ruta más corta y segura para llegar a Cathay, lo que daría fama y fortuna a sus descubridores y al país que los patrocinara. ↩︎

  21. La descripción que hizo Rodríguez Cabrillo no concuerda totalmente con el berrendo, pues afirma que por su larga lana parecían borregos de Perú, pero en las narraciones de otros viajeros, como el padre Serrra, refieren con más precisión las características del Antilocapra americana que abundaba en los alrededores de lo que hoy es Ensenada. ↩︎

  22. Las humaredas que vio Rodríguez Cabrillo fueron observadas por varios navegantes de la época en regiones cercanas a la costa del noroeste de la península y en la Alta California, y se ha pensado que pudieron ser resultado de incendios del monte provocados intencionalmente por los nativos con fines agrícolas, o para que germinaran más libremente las gramíneas de las cuales se alimentaban. Actualmente, muchos rancheros del noroeste de Baja California llevan a cabo la misma práctica precisamente en otoño, sabiendo que cuando lleguen las lluvias de invierno el pasto crecerá mejor en los quemados. ↩︎

  23. Cabrillo, Diario de Juan Rodríguez Cabrillo, tomado de “Relation of the Voyage of Juan Rodríguez Cabrillo, 1542-1543”, Wisconsin Historical Society, 2003. ↩︎