¿Quién inventó esta palabra de agradable ritmo, que quizá existe desde hace 1,200 años?
California es una palabra agradable al oído, casi musical y fácil de pronunciar, con características muy particulares si se le compara con los nombres de los estados mexicanos, pues además de ser junto con otras dos la palabra más larga en ese conjunto, es la que tiene el mayor número de letras distintas, se trata de uno de los vocablos más antiguos entre los nombres de las entidades nacionales; y su significado está rodeado de interesantes leyendas.

Portada del Amadís de Gaula hecha por Juan Cromberger en 1535
El origen de la palabra se pierde en el tiempo, cuando aparece en la Canción de Rolando o Hruodland, novela épica con escenario en la Bretaña francesa del siglo VIII, que se refiere a la derrota sufrida por la retaguardia del ejército de Carlomagno a manos de los vascos en los desfiladeros de los Montes Pirineos. En una parte del poema se menciona un lugar llamado “Califerne”1, aunque sin otorgarle mucha importancia, lo cierto es que el hallazgo de la palabra fue hecho por Edward Everett Hale en 1862 en la obra mencionada2. Una de las primeras copias se escribió a fines del siglo XII, y es probable que haya sido leída por Cristóbal Colón, quien anotó en el diario de su primer viaje: …Dijéronle los indios que por aquella tierra hallaría la isla de Matinino, que dizque era poblada de mujeres sin hombres… y que cierto tiempo del año venían los hombres a ellas de la dicha isla del Caribe, que dizque estaba a diez o doce leguas, y si parían niños enviábanlos a la isla de los hombres y si niñas dejábanlas consigo…

El tema de las guerreras amazonas era frecuente en los libros del siglo XVI. Esta ilustración de la Cosmografía Universal de André Thevet, es muestra de ello
En 1510 se publicó en España la novela de caballerías “Las Sergas de Esplandián”, cuyo probable autor, Garci Rodríguez de Montalvo, la integró como quinto libro a la obra “Amadís de Gaula”. En la primera parte del Amadís se menciona a Calafia3, reina de las amazonas, que vivía en la isla California, muy rica en oro. Esta novela de aventuras heroicas, con cinco ediciones de 1510 a 1561, alcanzó gran popularidad en la sociedad de la época, y en su texto eran comunes las acciones de monstruos, gigantes y héroes perfectos. En una parte de la novela dice:
… Sabed que a la diestra mano de las Indias muy cerca de aquella parte del Paraíso Terrenal hubo una isla llamada California…. la cual fue poblada de mujeres negras, sin que ningún hombre entre ellas hubiese, que casi como las amazonas era su manera de vivir… la ínsula en sí, la más fuerte de rocas y bravas peñas que en el mundo se hallaba, sus armas eran todas de oro que en toda la isla no había otro metal alguno…. y algunas veces que tenían paces con sus contrarios había ayuntamientos carnales, de donde se seguía quedar muchas dellas preñadas, si parían hembra, guardábanla, y si parían varón luego era muerto…

En este mapa hecho en 1656 por un cartógrafo francés, se muestra a California como una isla
Es innegable que la tierra o islas descritas en “La Canción de Rolando”, en el diario de Cristóbal Colón, y en “Las Sergas de Esplandián” tienen las mismas características, y por lo tanto se trata de la misma fantasía.
En 1523, Francisco Cortés de San Buenaventura, por órdenes de su tío Hernán Cortés, salió en busca de la Mar del Sur, nombre que se daba entonces al Océano Pacífico; a su regreso, después de haber estado en las costas de Colima, rindió el correspondiente informe al conquistador, quien, en la Cuarta Carta de Relación fechada el 15 de octubre de 1524 dijo al emperador Carlos V: …los señores de la provincia de Cihuatán se afirman mucho de haber una isla toda poblada de mujeres sin varón alguno, y que en ciertos tiempos van de la tierra firme hombres con los cuales han acceso, y las que quedan preñadas, si paren mujeres las guardan, y si hombres, los echan de su compañía; y que esta isla está a diez jornadas de esta provincia y que muchos de ellos han ido allá y la han visto. Dícenme que es muy rica de perlas y oro; yo trabajaré, en teniendo aparejo, de saber la verdad y hacer de ello larga relación a Vuestra Majestad…4
Es posible que Cortés y su primo hayan leído “Las Sergas de Esplandián”5 o “La Canción de Rolando”, dada la completa coincidencia en la descripción de la isla, pero además, pudieron haber escuchado de los indios de la costa, narraciones sobre una isla en la que había perlas y oro en abundancia; después de todo, ya los naturales del país habían apr endido que, la forma más rápida de deshacerse de los españoles, era decirles que más adelante había tierras con grandes riquezas; en este caso, casi es seguro que los indios de Colima recibieron, en alguna época, la visita accidental de algunos californios, o inversamente, como lo informa Cortés a Carlos V, y así fue cómo supieron de las perlas que usaban de adorno los aborígenes californios.
Agregado a lo anterior, los expedicionarios encabezados por Francisco Cortés quizá escucharon el mito religioso de los aztecas, en el que se habla de un lugar rumbo al poniente, hacia donde el Sol se esconde, habitado por las almas de mujeres transformadas en diosas por haber muerto en su primer parto6. Combinados la fantasía novelesca medieval, los mitos indígenas, la ambición y los deseos de impresionar favorablemente al emperador, forjaron en la mente de Cortés y demás aventureros que se adentraron por el Mar del Sur, la imagen de una isla rica en perlas y oro que deberían conquistar, la cual, con el paso del tiempo, sería llamada California. Sin embargo, Cortés nunca le dio ese nombre a la península, pues al desembarcar en La Paz el tres de mayo de 1535, bautizó el lugar como Bahía de la Santa Cruz.
Lo que sí es probable es que, al regreso de los viajes que se hicieron desde 1533 a la península, los marineros hayan empezado a emplear la palabra California para nombrar las cosas y tierras cuya exploración se iniciaba; quizá en forma de burla o ironía, pues la desnudez de sus montañas, la aridez general de la tierra casi siempre desértica, y la ausencia ya no se diga de ciudades sino de modestas aldeas, contrastaban con la supuesta abundancia de oro en la fabulosa isla, lo cierto es que para 1540, la palabra ya era de uso común. Según Clavijero, …El nombre de California fue puesto en el principio a un solo Puerto [Lo que hoy es La Paz]; pero después se fue haciendo extensivo a toda la península, y aun algunos geógrafos se han tomado la libertad de comprender bajo esta denominación el Nuevo México, el país de los apaches y otras regiones…La etimología de este nombre no se sabe, pero se cree que el conquistador Cortés, que se preciaba de latino, llamaría al puerto donde abordó “Callida fornax”, a causa del mucho calor que allí sintió, y que él mismo u otro de los que lo acompañaban, formaría con aquellas voces el nombre de California: si esta conjetura no es verdadera es al menos verosímil…7
La Califerne de La Canción de Rolando, es, pues, la primera expresión escrita del antiguo vocablo, aunque su origen se pierde en el pasado, ya que se ignora de dónde sacó la misteriosa palabra el autor anónimo del poema.
Cihuatlampa. Para la mentalidad todavía medieval de Cortés y otros exploradores de ese tiempo, no es difícil que hayan integrado una imagen en la cual coincidían los elementos de la California descrita en las novelas mencionadas: isla, ubicación al occidente, mujeres, pariciones y riquezas, representadas éstas por las perlas que llegaron a mencionar los indígenas de la costa occidental.
Abderramán I gobernaba en la Península Ibérica cuando Carlomagno invadió la región allá por el S. VIII, y al no recibir ayuda de Al-Arabí, señor de Zaragoza, quien antes le había prometido su apoyo, inició el regreso a Francia, pero la retaguardia de su ejército fue atacada y derrotada por los vascos en el desfiladero de Roncesvalles, en donde murió Rolando al cubrir la retirada del emperador. En la estrofa CCIX de la Canción de Rolando, Carlomagno dice, ante el cadáver de Rolando: -Rolando, mi amigo, joven y apuesto, -Cuando de nuevo en Aix me encuentre, en mi capilla, -Vendrán a mí los hombres, y me preguntarán por las novedades, -Entonces les diré, maravillosas y crueles-¡Muerto, muerto está mi sobrino!, que tanto conquistó para mí, -Y las naciones se levantarán contra mí, los de la tierra sajona, -Húngaros y Búlgaros [Hungar y Bulgar], y tantos enemigos, - y Romanos y Apulinos, y los de Palerne, -Y las tribus de África, y los de Califerne; -Y así, todos los días mis penas y sufrimientos arderán como fuego que se extiende… Tal parece, pues, que el anónimo autor de La Canción de Rolando situó Califerne cerca del norte de África, aunque no es muy explícito al respecto, y queda claro que no se sabe quién inventó la palabra California. Algunos estudiosos del tema relacionan la palabra con Khilifath, que significa “dominio del Califa”. ↩︎
Edward Everett Hale fue un clérigo y escritor norteamericano nativo de Boston, Mass., graduado en Harvard en 1839, y que se adquirió celebridad por uno de sus libros, El Hombre sin Patria. Muchos años después del descubrimiento de Hale, todavía aparecía en algunos libros de historia la hoy inaceptable proposición de Clavijero de que había sido Cortés quien bautizó a la Baja California, al sentir mucho calor cuando desembarcó en la península, lugar al que llamó Callida Fornax. Clavijero, op. cit., p. 10. ↩︎
En los primeros capítulos de la famosa novela se relata cómo Armato, rey de Persia, llamó a todos los príncipes paganos para que le ayudaran a tomar Constantinopla, que estaba en manos de los cristianos. Entre la multitud de guerreros que acudieron al llamado del rey persa, iba la tribu de las amazonas con su reina Calafia y sus grifos devoradores de hombres. Dice la novela que, en un momento dado de la guerra, Calafia, señora de la gran Isla de California, célebre por su gran abundancia de oro y joyas, decide enfrentarse a Amadís y Esplandián en combate personal, pero la reina sucumbe a la habilidad de Amadís y la gallardía de Esplandián, y cae cautiva de los dos héroes cristianos. Aunque enamorada en principio de Esplandián, éste le designa un esposo que acepta la ya cristianizada reina. Al perder a tan poderosas aliadas, el rey persa no puede apoderarse de Constantinopla, que es salvada así para los cristianos. Fueron muchos los escritores, sobre todo novelistas y exploradores, que mencionaron a Calafia y sus amazonas, pero nunca se ubicó de manera precisa su isla o país, Colón reportó que vivían en ciertas islas del Caribe, y Francisco de Orellana trató de convencer al mundo de la época que no sólo las había visto, sino que había librado combate contra ellas, de allí que aunque él fue el primer europeo en navegar el gran río sudamericano, a éste se le nombro Amazonas en lugar de Orellana. ↩︎
León-Portilla, op.cit., p. 23. ↩︎
Las Sergas de Esplandián fue editada por Cromberger en Sevilla, y fue de este puerto de donde salieron casi todos los conquistadores españoles que se dirigían a América, lo que hace pensar que seguramente la novela fue leída por muchos de aquellos hombres. ↩︎
Las almas de estas mujeres o cihualpipiltin se iban a morar en el Paraíso del Sol , cuya región occidental era llamada ↩︎
Clavijero, op.cit., pp. 9-10. ↩︎