Antonio Ponce Aguilar

De Cueva Pintada a la Modernidad
Capítulo XXIII: 
Tijuana

…Fue ranchería del pueblo kumiay, hoy es una gran ciudad…

Los primeros tiempos. Concesión a Santiago Argüello

Se ha dicho en el primer capítulo que en el área cercana a lo que hoy es San Diego pudieron vivir unos 20 000 indígenas, la mitad de los cuales, los luiseños, radicaban al norte, y la otra mitad formada por los kumiay en las proximidades de la bahía y por todo el valle del río Tijuana. Este fue descrito por Fr. Junípero Serra de paso por el lugar en su viaje a San Diego, el 30 de junio de 1769; había pasado allí la noche junto con el contingente del gobernador Gaspar de Portolá, y sus impresiones las consignó en su diario, que en parte se transcribe a continuación:

…Comenzamos temprano, y lo primero fue cruzar el cañón y subir al lado opuesto de la colina. Después de algunas subidas y bajadas contemplamos un hermoso paisaje, un inmenso valle que se extendía ante nosotros sobre el cual tendrían que viajar nuestros pasos…Y por ese valle caminamos por cuatro horas y media, pero las cañadas que teníamos que cruzar eran, y son muy numerosas, sin posibilidad de evitarlas o flanquearlas, todas son parecidas, descendiendo de las montañas, y aunque continuaba rezando y resignado a la voluntad de Dios… recurrí a todo mi valor, porque no acabábamos de salir de una cañada cuando ya estábamos en la otra y cada una era peligrosa…de cualquier manera, como todas las cosas en este mundo, las barrancas llegaron a su fin, y después de poco más de tres horas de camino arribamos a una ranchería de gentiles, muy poblada. Estábamos muy cansados y con ganas de parar allí, pero el sargento nos dijo que era una tribu insolente…Por esta razón, y para llegar más descansados a San Diego al siguiente día, seguimos, con la intención de llegar a otra ranchería algunas leguas más adelante. Aquí había suficiente agua, aunque de menor calidad que la que dejamos con aquellas personas desagradables. Y ahora, estando fácil el camino y conociendo los guías la dirección al puerto por el rumbo en el que sopla el viento, hicimos un atajo, dejando a nuestra derecha el camino trillado hallamos que, sobre la tierra de bello pasto, corría hermoso arroyo de agua buena y allá paramos, sin llegar a la ranchería siguiente. Aquel paraje, que ni el sargento que pasaba el camino [por] tercera vez, ni otros contaban con ésta la quinta lo habían visto, nos cuadró mucho para poner una misión que llamamos San Pablo. Es grandísima llanura, y dista del mar como una legua poco más o menos. Allí los animales viajaron espléndidamente, y proseguimos sin ninguna …ansiedad…

Serra acampó al norte del actual Río Tijuana, y el 1º de Julio se pudieron encontrar todos los expedicionarios en el puerto de San Diego. Las cañadas que tanto fastidiaron al misionero debieron ser las que se encuentran en el área un poco al sur en la actual ciudad de Tijuana.

Tijuana, calle 1ª. y Revolución, 1906. A la izquierda, el ‘First and Last Chance Saloon’; a la derecha, el Hotel Nacional y varias tiendas de curiosidades.

Barrio antiguo de la ciudad de Tijuana. La mancha vegetal que se ve a la derecha es el parque ‘Teniente Miguel Guerrero’.

Dos Patriarcas de la Familia Argüello

A la derecha, Santiago Argüello, hijo de don José Darío Argüello1, nació en Monterrey, Alta California, en 1791, ocupó diversos cargos algunos de los cuales fueron pagador, teniente y después comandante de la guarnición de San Diego; alcalde del poblado en 1830 y recaudador de rentas. Ayudó a los norteamericanos en la guerra con México al facilitarles su casa como cuartel, y en 1847 llegó a ser miembro del consejo legislativo de la ciudad. Aparte de la concesión del rancho Ti-Juan o Tía Juana efectuada en 1829, recibió en 1841 “El Trabujo” y en 1846 tierras de la misión de San Diego, murió el 9 de noviembre de 1862 en su rancho Ti-Juan.

Santiago Argüello. Fotog. de The Journal of San Diego History.

Casado con doña Pilar Ortega, tuvo numerosos hijos uno de los cuales fue Santiago Emigdio, cuya imagen aparece abajo. Éste nació el 18 de agosto de 1813 y también ocupó diversos cargos en la administración pública de San Diego. Al igual que su padre y otros muchos californios de la época, se benefició con concesiones de tierras después de la secularización de las misiones; logró posesiones en San Juan Capistrano y tuvo a su cargo los ranchos de San Antonio Abad y Otay; además, se le concedió el rancho Melijó o Milijó, que colindaba y se confundía al oeste con el predio Ti-Juan de su padre. Se casó con Guadalupe Estudillo, hija de don José Antonio Estudillo, y su hijo Francisco fijó su residencia en Tijuana. Santiago Emigdio murió el 20 de octubre de 1857 en su rancho La Punta, cuya situación aproximada se señala en el mapa que aparece en páginas posteriores.

Debe recordarse que toda la descendencia Argüello se derivó del matrimonio formado por José Darío Argüello y doña Ygnacia Lugo, quienes en 1781 venían a California en el contingente que encabezaba el Capitán Fernando Javier de Rivera y Moncada procedente de Sonora; el matrimonio fue afortunado al ser parte del grupo de personas que fueron enviadas a California por el Capitán Rivera, y conducidas a salvo por el Sargento Robles hasta su destino en la misión de San Gabriel, ya que quienes permanecieron en el Colorado murieron en la llamada masacre de los yumas en julio de 1781, incluyendo al capitán Rivera y Moncada.

El 16 de julio de 1769 Serra fundó la misión de San Diego de Alcalá y el valle de Tijuana quedó 0bajo su jurisdicción, por lo que los registros de nacimientos, defunciones y matrimonios de personas radicadas en las rancherías indígenas preexistentes o de los colonos que posteriormente arribaron al lugar, se hicieron por mucho tiempo en la iglesia de la misión.

José Darío Argüello, nativo de Querétaro, y María Ignacia Lugo de Altar, Sonora, fueron de los colonos que llegaron a California cruzando el Colorado en la expedición organizada por Rivera y Moncada; su hijo Santiago nació en 1791 en Monterrey, y siguiendo la tradición de su padre entró a la milicia en donde, aun sin hacer un papel destacado, puede decirse que se desempeñó digna y honorablemente; fue alcalde y llegó a ocupar otros puestos de importancia administrativa; durante la invasión armada de los norteamericanos les abrió su casa para cuartel de las tropas2 y después llegó a tener el grado de capitán en el batallón de California. Aparte del Rancho Tijuana que se le otorgó en 1829, también obtuvo El Trabujo en 1841 y tierras de la misión en 1846. Casado con doña María del Pilar Ortega tuvo 15 o tal vez 22 hijos3, nacidos en San Diego y Santa Bárbara. Murió en su rancho el 9 de noviembre de 1862 y doña Pilar falleció en 1878.

La concesión provisional del rancho de Tijuana la obtuvo don Santiago el 24 de marzo de 1829 del gobernador teniente coronel José María Echeandía, la que amparaba dos y media leguas cuadradas equivalentes a 4 387.5 hectáreas, aunque el 4 de mayo de 1846, cuando el gobernador Pío Pico le confirmó sus derechos le amplió la extensión a seis sitios de ganado mayor equivalentes a 10 530 Has.; después revalidaron el título don Benito Juárez el 1º de junio de 1861 y don Porfirio Díaz el 6 de agosto de 1879, habiendo éste último empleado la designación*…rancho nombrado La Tía Juana….*; el documento lo recibió doña Pilar Ortega por haber muerto su esposo en la fecha ya indicada; debe señalarse que el rancho incluía los manantiales de Agua Caliente que siempre tendrían gran atractivo turístico. Por la importancia del documento en que se otorga la concesión original, se transcribe páginas adelante.

Mapa de Andrew B. Gray, 1848.

El mapa No. 61 de la siguiente página, es una reproducción del área fronteriza de Tijuana elaborada con elementos históricos y geográficos de varios planos, uno de los cuales es el de Gray (arriba). Las líneas rojas que se le han incorporado señalan límites aproximados del rancho Melijó o Milijó, empleando datos de ese predio que aparecen en las pp. 142 y 144 de “Inicios urbanos del norte de Baja California, 1821-1906”, del arquitecto Antonio Padilla Corona. El gobernador José Figueroa concedió ese terreno en 1833 a Santiago Emigdio Argüello, hijo de don Santiago, para que ayudara al sostén de la familia. El número 3 señala una casa situada en “La Punta”, muy cerca de la desembocadura del río Otay, que pertenecía a Santiago Emigdio4.

Mapa 61

  1. Bahía de San Diego.
  2. Arroyo Otay.
  3. Casa de Santiago Emigdio Argüello5.
  4. Caminos a Baja California6.
  5. Caminos a Baja California6.
  6. Río Tijuana7.
  7. Casa de Santiago Argüello en su rancho Ti-Juan. Se ubicaba en la actual línea fronteriza.
  8. Dirección aproximada de la línea fronteriza. La inexactitud en su trazo en el mapa de Gray hace que el punto 7 aparezca ligeramente al norte de la frontera.
  9. Arroyo del Alamar.
  10. Arroyo Las Palmas8.
  11. Casa de Santiago Argüello en su rancho Ti-Juan.

Casa de Santiago Argüello en 1879. Cort. Biblioteca de Chula Vista.

La concesión original de Echeandía a Argüello expresa: 1829 Mzo. 24 Sn Diego Jefe Político Echeandía – Sitio de la Tía Juana concediendo título provisional a dicho sitio a favor del Teniente de la Compañía presidial de San Diego Santiago Argüello sujeto a la aprobación del Gobierno Supremo, no debiendo el total del ámbito o superficie exceder de dos y media leguas cuadradas9.

En un agregado que se hizo al documento mencionado en fecha posterior, se establecía lo siguiente: la línea divisoria entre ambas Californias pasa por los terrenos de Tía Juan, se dice que en 1857 había una casa de adobe que atravesó la línea, quedando parte de la casa en terreno de Estados Unidos y parte en México. Febrero, 1877 (Punto 7 en mapa 63). El primer dibujo o croquis del terreno se encontró en los archivos de la misión de San Juan Capistrano10, cuya administración estuvo a cargo de don Santiago de 1838 a 1840, y en él se dice: Diseño de Ti-Juan con arreglo de la posesión y título, 1827, refiriéndose aparentemente al terreno concedido por Echeandía a Argüello en 1829; por los nombres que se asignan al lugar en estos antiguos papeles y planos de la época, podría pensarse que de Ti Juan se derivó después Tía Juana y Tijuana.

Diseño del rancho Milijó, que se encuentra en la Biblioteca Bancroft, tomado del libro del arquitecto e historiador A. Padilla Corona ‘Inicios urbanos del norte de Baja California’, p. 142. Nota: En este croquis, la orientación de los puntos cardinales no es la convencional.

El matrimonio de don Santiago con María del Pilar Ortega fue muy prolífico, por lo que el gobernador de las Californias José Figueroa concedió a su hijo Santiago Emigdio el terreno de nombre Milijó, para que con su trabajo ayudara a su padre al sostén de la familia, las colindancias del predio eran al norte con el Rancho Nacional, al sur con terrenos baldíos, al oeste ya cerca de la playa, con el camino que iba a Baja California, y al este con el camino “a la Tijuana”; esta colindancia al oriente también era con el rancho Ti-Juan11.

Después del Tratado de Guadalupe Hidalgo firmado el 2 de febrero de 1848, buena parte de los terrenos titulados quedaron al sur de la línea internacional, y a pesar de que Santiago Argüello había desempeñado diversos cargos en San Francisco, Santa Bárbara, Los Ángeles y San Diego, pasó sus últimos años en su rancho, en lo que hoy es Tijuana. Esta conducta de don Santiago en las postrimerías de su vida, resulta incoherente con la ayuda y amistad que otorgó a los norteamericanos cuando se apoderaron de la Alta California, según lo expresan historiadores estadounidenses como William Ellsworth Smythe, lo cual puede haberse exagerado un poco.

Es seguro que años antes de que Argüello adquiriera los terrenos mencionados, ya habían existido allí asentamientos humanos12, tal como aparece en el registro de un nacimiento en 1809 en la misión de San Diego de Alcalá, de lo cual se hablará más adelante. Por otra parte, algunos hechos cívicos y políticos que demuestran la existencia de una población en el lugar anterior a 1889, fecha que fue seleccionada para festejar la fundación de Tijuana, son los que se mencionan enseguida. El 2 de enero de 1864, el señor Cecilio Zérega, colombiano de origen que gobernaba La Frontera, en un escrito enviado al señor Pedro Duarte que se desempeñaba como juez del Partido Norte, nombró a los jueces auxiliares que actuarían localmente en los diversos poblados, habiendo designado a José Ma. Bandini para la localidad de Tía Juana, en este mismo año don Ignacio Argüello representó al poblado como síndico del ayuntamiento en La Frontera.

El 6 de agosto de 1874 se estableció una sección aduanal, lo cual permitió por un tiempo obtener ingresos importantes en la época del movimiento comercial que se dio de California a Real del Castillo por los hallazgos auríferos, aunque la corrupción de algunos empleados y la decadencia del mineral causaron su momentánea desaparición; cuando el jefe político Andrés L. Tapia la visitó en 1877 la encontró abandonada, pero en 1880, al reanudarse el movimiento minero ahora en El Álamo, el presidente de la república Manuel González ordenó su restablecimiento definitivo, lo que fue causa de que poco a poco se empezaran a levantar algunas casas en sus alrededores; en 1884 cambió su categoría de sección aduanal por el de aduana, habiendo sido su primer administrador don Feliciano Aldrete.

Desde 1879, funcionaron planteles educativos en San Vicente y Tijuana, gracias a la gestión del profesor Plácido Arveilsa, y en 1882, por disposición presidencial, se hizo una escuela para atender a los hijos de los empleados aduanales y demás habitantes de la región. Este mismo año, Tijuana se convirtió en comisaría municipal del municipio de Ensenada, junto con El Rosario, San Telmo, Santo Tomás y Real del Castillo; y para 1888 su categoría política ascendió a cabecera de sección municipal debido a su rápido crecimiento. Un año después, según Dean T. Conklin, en Tijuana funcionaban los baños “Hot Springs”, el Hotel Agua Caliente, un cementerio, la aduana, una escuela, una iglesia de adobe, la tienda de curiosidades de Alejandro Savín, y unas veinte modestas construcciones cerca del cauce del río. El primer antecedente de los baños de Agua Caliente como la famosa empresa turística que llegó a ser, se dio cuando descendientes de Santiago Argüello le rentaron al señor David Hoffman un predio que incluía los manantiales, este norteamericano creó la compañía “Agua Caliente Sulphur Springs”, en donde se proporcionaba el servicio a los visitantes en seis baños individuales que se llenaban con una bomba manual; además, se aplicaba una “terapia” con baños de lodo que supuestamente curaba las afecciones reumáticas y artríticas; poco después, los Argüello llegaron a administrar el lugar, así como el Hotel Agua Caliente.

Comunicaciones, turismo y progreso. Fecha oficial de la fundación de Tijuana

Cruce fronterizo en Tijuana, 1923 y 2002.

Frecuentemente, uno de los indicadores más claros del progreso de una región es el incremento de su población, lo cual se traduce en venta de terrenos, condiciones que se empezaron a notar cada vez más en San Diego a partir de la segunda mitad del siglo XIX. En 1840, su población era de 140 habitantes; sin embargo, debido en parte a la nueva ciudad planeada por Alonzo Erastus Horton, unos 5 Km. al sur del antiguo asentamiento, en 1870 había 2 300 habitantes; en 1871 se comenzó el ferrocarril Santa Fe, y en 1874 San Diego fue considerado puerto de entrada por su espaciosa bahía de más de 56 Km. cuadrados. La inmigración del este y los movimientos comercial y portuario favorecieron el crecimiento de la ciudad norteamericana, que para 1890 tenía 16 159 habitantes.

Durante las últimas dos décadas del siglo XIX, en el sur de California hubo un auge importante en la venta de terrenos, algunos de ellos muy cerca de la frontera con México. Casi todos los promotores de bienes raíces siguieron los mismos pasos en el negocio que hacían: primero la adquisición de las tierras; luego la división en lotes; enseguida se construía algún hotel u otra cosa que llamara la atención, acompañado esto de la correspondiente propaganda en la que se exageraban las bondades de los predios, dándole especial atención al clima y al paisaje; continuaba la venta de los lotes, y finalmente, venía el paso más difícil que era la construcción del poblado por quienes habían comprado terrenos, etapa en la cual la compañía vendedora casi nunca tenía responsabilidad alguna. Una de estas empresas elaboró el proyecto de una ciudad que se llamó Tía Juana Heights, que se promovió en 1887. Los terrenos abarcaban unas 80 hectáreas pegadas la frontera con México, coincidiendo casi con el actual poblado de San Ysidro13, en el paso del camino a los baños de Agua Caliente; al principio todo parecía propicio para el desarrollo de la nueva ciudad, pero las inundaciones periódicas causadas por el desbordamiento del río y el nacimiento de otras colonias más cercanas a San Diego fueron factores que afectaron el progreso del poblado.

Una línea de diligencias de San Diego a Yuma se estableció desde 1858, pasando por parte de territorio mexicano debido a razones topográficas, y una de sus postas situada en el rancho de Tía Juana era la tienda de José María Bandini, esposo de doña Teresa Argüello Ortega, en donde los pasajeros podían comprar alimentos y mercancías. Las diligencias tocaban la ranchería de Tecate, ascendían hacia la sierra todavía por el lado mexicano, y ya en la parte alta cruzaban la frontera a Jacumba, se descendía al Valle Imperial y de allí a Yuma. Esto fue causa de que el jefe político Bibiano Dávalos denunciara los hechos al Ministro de Gobernación según escrito fechado en 1873, que en parte se transcribe:…Por el mencionado camino no sólo se hace el tráfico de pasajeros y correspondencia al Fuerte (Yuma), Ciudad Arizona, El Tuczon y los demás intermedios de aquel territorio; sino también transitan tropas armadas con sus trenes de carros, en los que conducen los pertrechos de guerra que necesitan; así como constantemente otras empresas particulares de carros cargados con toda clase de mercancía, para el consumo en las poblaciones designadas y postas situadas en territorio mexicano14. Lo cierto es que la actividad comercial y de bienes raíces en el vecino estado, así como su apertura hacia el este por mejores vías de comunicación, repercutieron positivamente en el crecimiento de los poblados mexicanos fronterizos15, y más con el Camino Nacional hecho en 1915, que unía Mexicali con Tecate, Tijuana y Ensenada.

Santiago Argüello y su esposa María del Pilar Salvadora Ortega tuvieron 15 hijos, o 22 según otras versiones, el caso es que después de su muerte el 9 de noviembre de 1862, surgió un pleito entre sus numerosos descendientes por la posesión del rancho, litigio que se dirimió el 11 de julio de 1889, al establecerse un convenio por el cual el valle de Tijuana se repartió de conformidad entre los herederos, representados unos por Ignacio Argüello y otros por José Antonio, incluyéndose entre éstos al Lic. Agustín Olvera y su esposa Concepción Argüello. Resuelto el problema del intestado, los herederos, siguiendo el ejemplo de muchos norteamericanos de San Diego, decidieron fraccionar el rancho de Tía Juana en lotes que prácticamente formarían una ciudad, englobando el caserío cada vez más numeroso que se había plantado primero, cerca de la aduana y a la orilla del río, y después de las recientes inundaciones16, un poco más al suroeste, en lugar más alto y seguro.

Ya doña Pilar Ortega, al instalarse la aduana dentro del rancho, había solicitado a las autoridades el deslinde del predio con el fin de protegerse contra los colonos que seguían levantando casitas dentro de su propiedad, así como de los abusos que podrían cometer las compañías deslindadoras; ahora, pensaban sus descendientes, con el fraccionamiento del rancho en numerosos lotes para formar un moderno poblado se acabaría finalmente con esas amenazas. Fue por esto que solicitaron al Ing. Ricardo Orozco17, Visitador de Colonias que tenía a su cargo verificar el cumplimiento de los compromisos de las compañías deslindadoras, que hiciera el plano y avalúo del rancho, de tal manera que quedara fraccionado en lotes y manzanas de un pueblo. Orozco hizo el plano que se adjuntó al convenio final, y que en su encabezado decía: “PUEBLO DE ZARAGOZA, DISTRIBUCION URBICOLA, PROYECTADA PARA LOCALIZARSE EN TERRENOS DEL RANCHO DE TIJUANA, BAJA CALIFORNIA, MEXICO”. Con el servilismo acostumbrado para halagar al presidente Díaz y a sus amigos, algunas de las avenidas trazadas tenían nombres como Baranda, Romero Rubio y Porfirio, en tanto que otras se llamaban Argüello, Ocampo, Independencia y Cinco de Mayo, todas concurriendo a una plaza central con el nombre de Zaragoza. En octubre de 1976 se llevó a cabo un Simposio de Historia organizado por el VIII Ayuntamiento de Tijuana, y como resultado de los trabajos se determinó que la fundación de la ciudad fue el 11 de julio de 1889, tomando en cuenta que en esta fecha terminó el litigio mencionado y se elaboró el plano de un pueblo llamado Zaragoza; esto no deja de ser un convencionalismo, tomando en cuenta todos los importantes acontecimientos políticos y sociales que sucedieron antes de la citada fecha y que ya se han relatado, incluyendo la titulación de la tierra por dos presidentes, el nombramiento de jueces, el ascenso en la categoría política del poblado y el establecimiento de una aduana, aunque debe admitirse que la elaboración de ese plano constituye virtualmente el inicio urbanístico de la ciudad de Tijuana.

Años después, los herederos de Argüello empezaron una lucha legal contra los cada vez más numerosos pobladores de Tijuana, que presuntamente ocupaban sin ningún derecho las tierras del antiguo rancho, el pleito duró muchos años y llegó a ser una amenaza no sólo para la seguridad en la tenencia de la tierra, sino para cualquier forma de inversión que dependiera de ella. Los descendientes de Argüello fueron representados por la compañía Inmuebles Californianos S.A., y el pueblo tijuanense por los gobiernos estatales y varios presidentes de la república; se sucedieron costosas campañas publicitarias, demandas y amparos, hasta que el 15 de agosto de 1972, siendo gobernador del estado el Lic. Milton Castellanos y presidente de la república el Lic.Luis Echeverría, se resolvió el problema en forma definitiva al pagar los socios del Club Campestre de Tijuana a I. C. S. A. la cantidad de cuarenta y dos millones de pesos.

Los nombres de Tijuana

Para fines del siglo XIX, la región situada al norte del actual municipio de Tijuana en territorio norteamericano se conocía como Tía Juana, pero los documentos transcritos anteriormente demuestran que ese nombre llegó a emplearse también para designar el rancho de Argüello, que después quedaría en buena parte al sur de la línea fronteriza. En 1877 se le llamaba Tía Juan a toda la región, y dos años después, en el título expedido por Díaz el rancho tenía el nombre oficial de La Tía Juana18. Por aquel tiempo había cierta confusión en la frontera que separaba la Tia Juana norteamericana de la Ti-Juan, Tía Juana o Tijuana del lado mexicano, al grado que en 1888, el jefe político Luis Emeterio Torres solicitó autorización para hacer una calle de 30 m. de ancho paralela a la línea divisoria con el fin de poder ejercer más control en el tránsito entre ambos países. Para burlar a las autoridades en el tránsito transfronterizo, se llegó a construir una plaza de toros “internacional” cuya entrada estaba del lado americano, pero casi todo el redondel del lado mexicano; este desorden lo resolvió la naturaleza cuando en 1891 la creciente exagerada del río inundó toda la zona y la gente se vio obligada a buscar un lugar más al sur para asentar sus hogares.

Sobre el origen del nombre Tijuana existen algunas hipótesis que se resumen enseguida: en el libro del Dr. Héctor Benjamín Trujillo Rodríguez “Sobre el Origen del Nombre Tijuana”, se mencionan estudios de Dean T. Conklin y Jorge Martínez Zepeda que en parte dicen:…Durante 1806, el 2 de agosto, en la iglesia de la Misión de San Diego, el padre José Barona bautizó a Esteban, de 25 años, de la ranchería de La Punta, y a Ignacio Chischis, de 20 años, de la ranchería de llatijuan*…El 20 de febrero de 1809, en la partida 3602, el padre José Sánchez bautizó, en artículo mortis a Antonio Maltas, de edad como de 54 años de la ranchería de Tía Juana…19.* En otros registros, “llantijuan” se convierte en “llatijuan”, y de ésta y otras investigaciones, basándose en sus estudios de las lenguas hokanas, el Dr. Trujillo deduce que Tijuana se derivó de la palabra indígena “llatijuan”, que tal vez significa “En el lugar de los dientes de la gente divina del agua”20. Se ha mencionado que cuando Santiago Emigdio Argüello recibió el rancho Melijó, su colindancia por el este era con el rancho Ti-juan, lo que robustece la hipótesis de Trujillo por la semejanza de este término y la palabra indígena que él propone.

Puede decirse como conclusión que lo cierto e importante es que Ti Juan era el nombre de una antigua ranchería kumiay en parte de lo que hoy es Tijuana, situada apenas al norte del lugar en que se unen los arroyos Alamar y Las Palmas, según un croquis del rancho Melijó que páginas antes aparece con el número 62, lo que obliga a pensar que el nombre actual de la ciudad sea un derivado del que tenía la ranchería indígena.

Otra hipótesis, improbable por las diferencias lingüísticas, es la del nombre San Andrés Tiguana, que mencionó el jesuita Clemente Guillén en 1719 en el diario que escribió al viajar de Loreto a Bahía Magdalena, refiriéndose a un poblado del sur de la península, y que supuestamente pudiera ser el antecedente que se busca; el mismo nombre se encuentra en un documento localizado por Estela Moyrón en el Archivo Histórico de La Paz fechado en 1813 que en parte dice:

enajenación del sitio de ganado mayor llamado Tiguana, sito en la Municipalidad de San José de Comondú

También se ha dicho que en el antiguo rancho vivió una señora a quien llamaban la tía Juana, y existe el testimonio de la señora Estefanía Platero de Palacio, quien en el periódico “El Mexicano” del 5 de agosto de 1985 hizo la siguiente narración que escuchó de su abuelo: una señora llamada Juana compró a Argüello un lote cercano a la línea internacional y puso allí una fonda que llegó a ser muy popular; su actividad como comerciante de Ensenada lo obligaba a viajar a San Diego a comprar mercancías, y después de dos días de viaje en carreta tirada por bestias, llegaba a comer a la fonda de la Tía Juana, que así la llamaban unos sobrinos que la auxiliaban con el trabajo. Pasados los años, el lugar se empezó a llamar Tía Juana, y los norteamericanos deformaron la expresión cambiándola a Tijuana.

Tales son las hipótesis más conocidas que existen hasta la fecha, de las cuales la más aceptable es la que deriva la palabra Tijuana del nombre de la ranchería indígena Ti-Juan.

Los sindicatos y la actividad turística

Al igual que todo el noroeste de la península, el lugar al que ya se llamaba Tijuana, fue afectado y lo sigue siendo por épocas anómalas de lluvias que se suceden en períodos que van de cinco a ocho años, y en uno de estos inviernos, el 28 de febrero de 1891 las excesivas precipitaciones causaron el desbordamiento del río con las consecuencias desastrosas que ya se han mencionado para el incipiente caserío; fue tan grave el daño causado que los vecinos y comerciantes del lugar pidieron al jefe político ayuda para reconstruir sus hogares un poco más al suroeste, en el lugar donde actualmente está el primer cuadro de la ciudad. Algunos de los firmantes del documento fueron Alejandro Savín, Silvio Blanco, Pilar Aguilar, A. Carreón, Marcelina Ramos, Apolinar Muro, Lorenzo Camacho y Francisco M. Argüello.

Hacia el fin del régimen porfirista se introdujo el alumbrado de petróleo en las principales calles; además de la entrada fronteriza a México por la aduana, hacia el noroeste del pueblo había otra llamada La Puerta Blanca, nombre con que todavía se conoce ese barrio; se editaba el periódico El Fronterizo, y la población era de 733 habitantes, 568 hombres y 165 mujeres. En este tiempo, Ricardo Flores Magón encabezó un movimiento nacional en contra de la dictadura porfirista, que pronto se desconectó del que iniciaba don Francisco I. Madero. Se sucedieron entonces hechos que se tratan en un capítulo aparte, dada su importancia en la historia de Baja California.

Desde1897 los turistas norteamericanos cruzaban la frontera para visitar los baños sulfurosos de Agua Caliente y comprar algunas curiosidades; fue en esta época cuando un singular guía de raza negra llamado Reuben Williams, con atuendo mexicano y sombrero de charro, se hizo popular al traer a los visitantes de San Diego en una carreta tirada por bestias.

Para celebrar la apertura del Canal de Panamá se hizo la “San Diego California Panama Exposition 1915-1916”, y en Tijuana se creó la Feria Mexicana en donde hoy está el antiguo palacio municipal; en 1919, al término de la primera guerra mundial llegaron a entrar al poblado más de veinte mil personas en un fin de semana, el 4 de julio de 1920 Tijuana recibió 65 000 visitantes con 12 654 automóviles, y aunque los celadores norteamericanos abrían la frontera de las 8 a las 21 horas, esto favoreció a los hoteleros, ya que muchos turistas tenían que quedarse a dormir en el poblado.

A pesar de estas condiciones aparentemente propicias para el desarrollo de la economía, el progreso no llegaba al pueblo, los únicos empleados con sueldos decorosos eran los norteamericanos que ocupaban puestos directivos en los casinos y demás centros turísticos, además de que sus residencias casi siempre estaban en San Diego; el abastecimiento de agua potable era un serio problema, pues la bomba que abastecía al poblado se descomponía frecuentemente y la gestión para repararla tenía que hacerse en Ensenada. Parte del descontento popular se originaba en el hecho de que la aduana y el comercio de Tijuana aportaban la mayor cantidad de impuestos que recaudaba el gobierno, pero casi todo ese dinero iba a dar a Ensenada o a Mexicali, y aun a Tecate, lo que se consideraba injusto.

En respuesta a reiteradas solicitudes del pueblo, en 1917 el gobierno ordenó la creación de las municipalidades de Tijuana y Tecate, pero la disposición prácticamente no se cumplió; en 1925 se creó un concejo municipal, pero en 1927 el congreso suprimió los municipios y se crearon delegaciones y subdelegaciones. En su lucha política, los comerciantes tijuanenses habían creado la Junta Autónoma Municipal de Tijuana con objeto de gestionar la transformación del pueblo en municipio independiente, pero el grupo presidido por Silvio Blanco y Tomás Ojeda no logró su objetivo a pesar del apoyo que aparentemente recibió del gobernador Inocente Lugo.

El descontento popular fue en aumento, lo que favoreció el surgimiento de líderes entre los comerciantes y empleados, uno de los cuales fue Catarino Messina21, quien al frente del Partido Radical Rojo llevó a cabo las siguientes actividades: propuso el cierre de la frontera a los automóviles norteamericanos para favorecer a los choferes locales; apoyó a la empresa del hipódromo, aunque después la atacó en el conflicto de ésta con los trabajadores mexicanos, quienes eran desplazados por los estadounidenses; se opuso durante un tiempo a los juegos de azar, aliado en esto con los comerciantes de la avenida “A”, hoy “Revolución”, quienes se decían perjudicados por la competencia de los casinos extranjeros; finalmente, a principios de 1923 Messina ganó las elecciones como delegado de Tijuana. El movimiento de los comerciantes que protestaban contra las empresas de juego chocó frecuentemente con el gobierno de Inocente Lugo y llegaron a darse confrontaciones en las que hubo muertos y heridos. Poco después, en noviembre de 1923, el gobernador Abelardo L. Rodríguez permitió los juegos de azar y forzó la desaparición del Partido Cooperatista, nombre que se daba ahora al grupo opositor a los casinos.

El 16 de agosto de 1921, Manuel P. Barbachano recibió la concesión para introducir a la población la energía eléctrica que se compraba en los Estados Unidos; y en 1925, el Presidente Calles rebautizó a la ciudad con el nombre de “Zaragoza”, aunque 4 años después se restableció la denominación original al no aceptar el pueblo el cambio que se pretendía.

Los juegos de azar. La educación. Una nueva era

En 1907, el régimen porfirista, en su afán de promover las inversiones extranjeras en territorio nacional, había autorizado el establecimiento de los juegos de azar en Tijuana, lo que traería después una fuerte corriente turística de norteamericanos que buscaban diversión. El 18 de octubre de 1919, el congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley Seca, lo que vino a acrecentar la visita de extranjeros al poblado fronterizo, en donde podían adquirir bebidas embriagantes con toda libertad.

Escuela Miguel F. Martínez, reconstruida en 1924 con un costo de $90,000.00 pesos.

En 1926, Abelardo L. Rodríguez, gobernador del Distrito Norte de Baja California, compró a Alberto Argüello parte del rancho Tía Juana, incluyendo los manantiales de Agua Caliente, se asoció con Wirt G. Bowman y otros inversionistas, y el 4 de julio de 1927 formaron en Mexicali la “Compañía Mexicana de Agua Caliente”. Se construyó entonces el complejo turístico más importante del país, que inició sus funciones el 23 de junio de 1928; contaba con casino, restaurante, hotel, piscina, galgódromo, salón de espectáculos, y la Torre de Agua Caliente22; poco después, reorganizada la compañía con el nombre de “Jockey Club”, construyó un hipódromo que se inauguró el 28 de diciembre de 1929 (El 1º. de enero de 1916 se había inaugurado un hipódromo cerca de la línea internacional, pero pronto las inundaciones acabaron con la construcción); el director de las instalaciones a las que acudían artistas de renombre mundial era Bowman. A partir de entonces proliferó más el vicio, que no alcanzaba a ser enmascarado con el progreso económico de la ciudad, entre cuyos pobladores circulaba como moneda corriente el dólar norteamericano mucho más que la moneda nacional.

A pesar de todo, había una mayoría de ciudadanos en Tijuana que se dedicaban al trabajo honesto, sobre todo al comercio de curiosidades mexicanas que se vendían a los visitantes, a actividades agropecuarias, así como a la construcción; en marzo de 1928 ya se había comenzado a construir la Presa Abelardo L. Rodríguez, con agua de los arroyos Las Palmas y Matanuco23, con embalse de 137.5 millones de metros cúbicos, cuyas aguas se emplearon no sólo para satisfacer la demanda de la población urbana, sino también para el riego de una zona agrícola que se creó al este del poblado, a partir del lugar conocido como Rancho Alegre, hoy Colonia Veinte de Noviembre, hasta casi llegar a la presa.

Desde 1900 funcionaron las escuelas Nacional Número 3 de Varones y la Nacional Número 4 de Niñas, ambos planteles se albergaban en un edificio de madera que se había comprado en Estados Unidos, pasándolo por la Puerta Blanca; posteriormente, las dos escuelas se fusionaron en una sola que recibió el nombre de Miguel F. Martínez en memoria del preclaro maestro neoleonés, atendiendo la sugerencia, según se dice, del Coronel Esteban Cantú, y años después, el General Abelardo L. Rodríguez, en su carácter de gobernador, dispuso que se construyera el edificio de la escuela en el predio que hasta hoy ocupa. Rodríguez era un apasionado promotor de la educación, causa para la cual llegó a destinar el 47% del presupuesto de su gobierno. En 1929 se integró un Comité Pro Escuela Para Niñas de Tijuana, ya que el único plantel que existía era insuficiente para aquel poblado de 8 000 habitantes. Pronto se empezaron a recibir aportaciones del gobierno y donativos particulares, habiendo sido uno de los más importantes el de W. G. Bowman24, accionista de la Compañía de Agua Caliente. Una constructora de San Diego se encargó de levantar el edificio, réplica de un plantel de Yuma, Arizona, y al cabo de un año quedó terminada la majestuosa construcción en la colina Altamira.

Escuela ‘Álvaro Obregón’

La escuela se nombró “Álvaro Obregón”, y por años fue el plantel de primaria más completo en el país, ya que contaba con amplias aulas, cada una con lavabo, guardarropa, calentón, mesabancos individuales, teléfono para comunicarse con la dirección, escritorio y sillas de encino para el maestro, un gimnasio totalmente equipado, teatro, una biblioteca muy completa con colecciones de clásicos empastadas en piel, y un museo con animales disecados, conservados en vitrinas. En el edificio de la escuela no sólo se impartió la educación elemental, sino que en sus aulas llegaron a funcionar en épocas diversas las escuelas Secundaria Federal No. 19, la primaria Gregorio Torres Quintero, la Preparatoria de la Baja California, antecedente de la actual Escuela Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas y el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio.

Durante la segunda guerra mundial, por disposición del General Lázaro Cárdenas, la escuela fue centro de operaciones del Ejército Mexicano, los ventanales de la planta baja se protegieron con estibas de costales de arena, y albergó personal y equipo de transmisiones cuyo jefe de grupo fue el Capitán e Ingeniero José Luis Flores Silva; actualmente en el edificio se aloja la Casa de la Cultura de la ciudad.

Poco después se construyeron las escuelas Venustiano Carranza y José María Larroque para atender la demanda educativa de la población. Es de justicia expresar que gobernantes como Esteban Cantú Jiménez y Abelardo L. Rodríguez dieron una gran importancia a la educación elemental en el Territorio Norte de la Baja California, lo que influiría años después para que esta entidad tuviera el más bajo índice de analfabetismo en la república. Cuando el General Lázaro Cárdenas llegó a la presidencia, atendiendo la petición de la mayor parte del pueblo tijuanense determinó que las instalaciones del Casino de Agua Caliente fueran entregadas a la Secretaría de Educación Pública para establecer en su lugar una escuela técnica industrial dotada con los talleres necesarios; el acto se realizó el 18 de diciembre de 1937, y aunque hubo cierta inconformidad por los intereses económicos afectados y se paseó un ataúd por las calles simbolizando la muerte de Tijuana, el pueblo en general aplaudió la acción del presidente.

El asesinato de la niña Olga Camacho

La expropiación del Casino de Agua Caliente había causado la pérdida de numerosos empleos y una baja en la actividad económica de Tijuana, lo que se tradujo en protestas de las organizaciones obreras, sobre todo las del ramo turístico. Fue por esta época cuando, siendo gobernador del territorio Rodolfo Sánchez Taboada y Delegado Municipal de la ciudad el Sr. Manuel Quiroz Lavastida, un hecho insólito vino a perturbar aun más la estabilidad social de la población: el asesinato de la niña Olga Consuelo Camacho Martínez, a principios del mes de febrero de 1938. El cadáver de la niña fue encontrado en un pequeño almacén del ejército en el que se guardaban aperos y pastura, situado muy cerca de la esquina de la calle segunda y la actual avenida Cinco de Mayo. En aquel tiempo, quizá por la dependencia comercial casi total de Tijuana respecto a San Diego, existía una relación muy cordial entre las autoridades de las dos ciudades, al grado de que en cualquier situación de emergencia que afectara al poblado mexicano, como por ejemplo un incendio importante, o una inundación, se recibía la ayuda inmediata de los norteamericanos, de manera que en el caso de tan horrendo crimen se pidió la colaboración de la policía de San Diego. Los detectives norteamericanos, encabezados por un especialista en dactiloscopía que después se hizo célebre por una obra escrita sobre ese tema, arribaron al lugar de los hechos y después de su investigación, encontraron que conforme a las evidencias halladas, el asesino era el soldado Juan Castillo Morales. De inmediato el militar fue detenido y encerrado en el cuartel que se encontraba en la calle primera, una cuadra al norte de lo que hoy es la Catedral de Tijuana, y en un juicio que se prolongó hasta las cinco de la mañana, fue encontrado culpable del crimen, y condenado a muerte.

El padre de la niña era líder sindical de un grupo de empleados turísticos, y al conocerse los resultados de la investigación, los trabajadores del gremio se manifestaron violentamente contra las autoridades, exigiendo la entrega del culpable para lincharlo. Durante esos días el poblado vivió en estado de sitio, y aun así mucha gente se amotinó al grado de incendiar el cuartel y romper las ventanas del “palacio de gobierno”, que se ubicaba en el actual edificio de calle segunda y avenida Constitución, el ejército repelió la agresión de los manifestantes y hubo cuando menos un muerto como resultado de los enfrentamientos. Finalmente, el 17 de febrero de 1938

Juan Castillo Morales, después de que se le pidió que corriera hacia la ladera del cerro, fue fusilado por un pelotón de soldados en el antiguo panteón de la ciudad, por el rumbo de la Puerta Blanca25. Años después gente del pueblo, sobre todo personas llegadas del interior del país, crearon la leyenda de que Castillo había sido culpado injustamente, y que llevando alguna dádiva a su tumba se lograban a cambio beneficios personales; actualmente, en donde yacen sus restos hay una capilla con múltiples adornos y retratos que por cierto no son del hombre ajusticiado26, y todavía en la última década del siglo XX había un cilindro hueco rotatorio con una ranura para recibir monedas, y al girarlo con una manivela el dinero caía a una caja fuerte. Quizá sea éste el único caso en el que el asesino de una niña sea venerado por mucha gente como un santo27, y que haya alguien que se beneficie con las aportaciones que dan los incautos.

La actividad periodística tuvo un desarrollo importante de 1925 a 1928, cuando se editaban en la ciudad “La Voz de la Frontera”, el “Norte de la Baja California”, “El Nacional”, “La Labor”, “El Mexicano Herald” y “El Hispano Americano”; pocos años después aparecieron “El Heraldo”, el “Baja California”, el “Noticias”, y más recientemente “El Mexicano”, “El Sol de Tijuana”, el “Frontera” y otros más.

Para el año de 1940 la población de la ciudad ascendía a 16 400 habitantes, y a partir de 1941, al comenzar la segunda guerra mundial, la “leyenda negra de Tijuana” recobró fuerza debido a que, procedentes de la base naval de San Diego, cruzaban la frontera gran cantidad de marineros y soldados en busca de diversión. Fue entonces cuando operaba en la avenida Revolución la barra más grande del mundo, 150 metros, en la cantina La Ballena; era atendida las 24 horas del día por 38 empleados que se distribuían en 3 turnos para poder dar abasto a la numerosa clientela de uniformados extranjeros; y a unas cuadras al este de la colosal cantina funcionaba “El Molino Rojo”, centro de vicio de grandes dimensiones. La proliferación de cantinas, los juegos de asar y la prostitución eran las características con que se reconocía a la ciudad nacional e internacionalmente, a lo cual. contribuyeron algunos periodistas de medios informativos de la ciudad de México, que llegaban a Tijuana y se convertían en sus panegiristas o detractores, según el trato que recibían de las autoridades. Poco a poco, sin embargo, el trabajo honesto de la mayor parte de la gente empezó a gravitar con mayor fuerza en el desarrollo y progreso de la ciudad, su imagen ante los turistas extranjeros y nacionales se fue mejorando, y las inversiones federales permitieron realizar obras de urbanización, como la canalización del río Tijuana, iniciada en 197228, que cambiaron definitivamente su fisonomía, esto favoreció el ingreso de inversiones para crear fuentes de trabajo, y hoy es una de las ciudades con menor desempleo en la república.

Desde el 7 de febrero de 1931, la antigua designación política de “distritos” se había cambiado por la de “territorios”, y el 21 de noviembre de 1952 se creó el Estado de Baja California, conforme al decreto publicado el 16 de enero de 1952 en el Diario Oficial de la Federación, que había sido aprobado por el Congreso de la Unión el 31 de diciembre del año anterior. El Lic. Alfonso García González quedó interinamente como gobernador en tanto se llevaban a cabo las elecciones, las cuales se efectuaron el 25 de octubre de 1953, habiendo sido electo como primer gobernador constitucional del estado el Lic. Braulio Maldonado Sández, quien asumió su cargo el 1º de diciembre de 1953; el 29 del mismo mes y año fueron creados los municipios de Baja California, y el primer presidente municipal de Tijuana fue el Dr. Gustavo Aubanel Vallejo, quien desempeñó el puesto de 1954 a 1956.

El turismo fue factor importante en el desarrollo de Tijuana desde principios del S. XX. A la izquierda, visitantes en lo que hoy es la Avenida Revolución, obsérvese que en la tarjeta dice ‘Tijuan’ como nombre del poblado.

A la izquierda, fotografía del Puente México, que unía al poblado norteamericano de San Ysidro con Tijuana, y que se ve en época de inundación. A los pocos años fue llamado por el pueblo ‘La Marimba’, por los sonidos que producían los tablones y herrajes de la vetusta estructura al transitar por esa vía automóviles y peatones.

Arriba, antigua cárcel de Tijuana, en la esquina de la actual Calle Primera y Avenida Niños Héroes. El edificio fue dañado en 1938 por el pueblo amotinado con motivo del asesinato de la niña Olga Camacho. Abajo, la Iglesia de Guadalupe y la cárcel al fondo.

Años después, el 8 de octubre de 1974, el Territorio Sur de Baja California también llegó a su mayoría de edad política y se convirtió en estado libre y soberano; habiendo asumido el gobierno el Sr. Ángel César Mendoza Arámburo el 6 de abril de 1975.

Hoy, lo que fue la ranchería india de Ti Juan y después el humilde rancho de la Tía Juana, se ha convertido en una urbe cuyos pobladores tienen uno de los niveles de vida más altos del país; su crecimiento no tiene paralelo; se sigue considerando la ciudad más visitada del mundo; posee uno de los índices de desempleo más bajo de la República, es uno de los lugares al que concurren más capitales para la inversión en maquiladoras, aunque éstas no deben considerarse la solución definitiva al problema del desempleo, se tienen establecimientos dedicados exclusivamente a la atención de personas víctimas del fenómeno migratorio; y lo más importante, sigue recibiendo a mexicanos de todos los estados del país que llegan con la esperanza de lograr una vida mejor, y pareciera que el viejo adagio de los orgullosos tijuanenses sigue teniendo vigencia: “Quien llega a Tijuana y toma agua de La Presa… ya no se regresa”.

La Segunda Guerra Mundial (testimonio del autor)

El 7 de diciembre de 1941 se inició la guerra entre Estados Unidos y Japón, y 4 días después entraron al conflicto Italia y Alemania del lado de los japoneses. El gobierno mexicano, al igual que casi todos los países de América, apoyó a los Estados Unidos con materias primas que por tierra y mar fluían hacia sus puertos y ciudades industriales; fue por esto que aun sin haber un estado de guerra declarado entre México y los llamados países del eje Roma-Berlín-Tokio, los submarinos alemanes iniciaron el 13 de mayo de 1942 ataques contra embarcaciones mexicanas, y entre esa fecha y el 19 de octubre torpedearon y hundieron 6 barcos tanque y un carguero nacionales, entre los que estaban el “Potrero del Llano”, el “Faja de Oro” y el “Tuxpan”, lo que produjo la muerte de 63 hombres.

El 22 de mayo de 1942, siendo presidente de la república el General Manuel Ávila Camacho, México se declaró en estado de guerra con Alemania, Japón e Italia. Por aquel tiempo vivían muchos japoneses en las dos Californias dedicados a actividades pesqueras, comerciales y agrícolas. El autor recuerda que en Tijuana, un respetable japonés a quien se le conocía como So Yasuhara Endo, o algo parecido, tenía un popular equipo de beis-bol llamado México-Nipón que representaba a la ciudad en encuentros casi siempre internacionales, con equipos que venían de San Diego, los cuales se efectuaban en un parque deportivo que se localizaba al este de la población. Cuando comenzó la segunda guerra mundial, el gobierno norteamericano, conocedor de la audacia de los japoneses, temió que después del ataque a “Pearl Harbor”, la aviación y la flota imperial podrían hacer algo semejante no sólo en la costa de California, sino también en la península. Fue entonces que se ejercieron drásticas acciones contra los japoneses radicados en la Unión Americana, y el gobierno mexicano hizo lo mismo con los que vivían en Baja California, a quienes se les detuvo y se les condujo al centro del país para que fueran investigados por presuntas acciones de espionaje; el equipo de beis-bol México-Nipón se desintegró, y So Yasuhara no volvió a verse por aquel tiempo en Tijuana.

Al comenzar la guerra, se creó la Región Militar del Pacífico con su cuartel general en Mazatlán, Sinaloa, y una subjefatura en Ensenada, Baja California, con sede en el antiguo casino Hotel Riviera, y el campo militar se ubicó en “El Ciprés” con una base aérea anexa, todo bajo el mando del General Lázaro Cárdenas, quien ocupó el cargo de Secretario de la Defensa Nacional el 17 de septiembre de 1942. Ante la posibilidad de un ataque japonés, se entrenó a los niños para la rápida evacuación de sus escuelas, y a la población en general para conducirse adecuadamente en los apagones u oscurecimientos totales de la ciudad, organizados por la llamada Defensa Civil y los jefes de manzana. En esa época, se instaló en la Escuela Álvaro Obregón un centro de operaciones militares con un moderno equipo de transmisiones, cuyo jefe de grupo era el Capitán José Luis Flores Silva; los ventanales inferiores del edificio fueron protegidos con costales de arena y en el techo se instalaron ametralladoras antiaéreas.

A los norteamericanos les interesaba mucho que se reforzara militarmente la costa occidental de la península, por lo que al amparo de leyes que se crearon para ese efecto, el gobierno estadounidense proporcionó, no sólo a México sino a todos sus aliados, moderno equipo de comunicaciones de radio y radares, así como armamento. Esto fue motivo para que una división del ejército norteamericano bajo el mando del general Isaac D. White se dispusiera a cruzar la línea internacional por Tijuana con objeto de reforzar las posiciones mexicanas y hacer las instalaciones del nuevo equipo, principalmente desde la frontera hasta San Quintín. Al conocer las pretensiones de los estadounidenses, el General Lázaro Cárdenas dictó las disposiciones necesarias para que se impidiera, así fuera necesario con la fuerza de las armas, la penetración de los soldados extranjeros al territorio mexicano. Siendo comandante de la segunda zona militar en Tijuana el general Manuel V. Contreras, el General Miguel Orrico de los Llanos comandante del décimo cuarto batallón y el General Juan Casteló Encinas jefe de la guarnición de la plaza, se dispusieron tanto soldados como miembros de la Defensa Civil a defender el territorio contra cualquier intento de la tropa extranjera de penetrar al suelo nacional. Se vivieron horas de tensión al difundirse por la prensa la información de que se encontraban apostados los soldados norteamericanos en el lado americano de la línea fronteriza, y los soldados mexicanos dispuestos a impedir su paso. Afortunadamente, las pláticas que sostuvieron los generales Lázaro Cárdenas e Isaac D. White en el ex casino de Agua Caliente, teniendo como intérprete al general Modesto Rodríguez, dieron como resultado la solución del problema y sólo personal técnico vestido de civil pudo entrar a territorio nacional para ayudar a los mexicanos, principalmente en la instalación de radares y adiestrarlos en su uso. Poco después, oleadas de uniformados norteamericanos cruzaban la línea internacional en busca de diversión, lo que produjo un cierto auge económico en la región, pero también la proliferación de centros de vicio, sobre todo en Tijuana. Afortunadamente, años después se prohibió el paso de los miembros del ejército y la armada estadounidense portando uniforme, y la población fue encontrando poco a poco medios de subsistencia propios, lo cual produjo un cambio positivo en la fisonomía de la frontera. Todo lo narrado hasta aquí es una descripción somera de cómo la segunda guerra mundial afectó la vida del pueblo en la región fronteriza de Baja California, principalmente en Tijuana.

Mapa 63. Hidrología del Valle de Tijuana. Cort. de SDSU, Inst. for Regional Studies of the Californias.

Escudo de Tijuana. Fue creado por el arquitecto Homero Martínez de Hoyos y el periodista Salvador Zapata, al resultar ganadores en el concurso al que convocó el IV Ayuntamiento de Tijuana, período 1962-1965.


  1. José Darío Argüello Nació en Querétaro allá por 1753, sirvió en el Regimiento de Dragones de México, a los seis años fue sargento en la Compañía Presidial de Altar, Sonora, y a los dos años y medio se le promovió al grado de alférez en el grupo que iría a California conducido por el capitán Rivera y Moncada. Ya se ha dicho que Argüello escapó de la masacre de los yumas en 1781 en el paso del Colorado, porque se le ordenó adelantarse a San Gabriel. Después de servir en diversos cargos, llegó a ser gobernador de la Alta California. En 1815 se le nombró gobernador de Baja California, puesto que ocupó hasta 1822. Murió en Guadalajara en 1828 a los 75 años de edad. (Bancroft, The History of California, Vol. II, pp. 358-360). ↩︎

  2. “History of San Diego”, William Ellsworth Smythe, p. 163. ↩︎

  3. Smythe (op.cit.) afirma que doña Pilar tuvo 22 hijos mientras que Padilla Corona dice que fueron 15 (op.cit. p. 112). ↩︎

  4. Navegamos 9 millas… a la vista de las casas de La Punta, donde reside la familia de don Santiago E. Argüello..“Pioneer notes from the diaries of Judge Benjamin Hayes, 1849-1875”, cap. VI, p. 195. ↩︎

  5. Este punto aparece en “Sketch of the Port of San Diego, Surveyed by the U.S. Boundary Comisión in 1849 and 1850. Hon. John B. Seller U.S. Commissioner. A.B. Gray, U.S. Surveyor, CHs. J. Whiting, Principal Assistant” El rancho de La Punta se encuentra en éste mapa como S. Argüello’s Ranch, pero no se distingue en el que se titula “The Southernmost point. " que aparece antes, también elaborado por el ingeniero Gray. Es casi seguro que el predio mencionado existiera con esa denominación desde 1824, conforme a una acta de defunción que se registró ese año en la misión de San Diego, fecha en que Santiago Emigdio Argüello tendría unos 11 años, por lo que su padre bien pudo haber sido el posesionario de esos terrenos. ↩︎

  6. El antiguo camino a Baja California, (4), se encontraba en su parte más cercana a la costa a unos 4 Km. de la misma. ↩︎ ↩︎

  7. En su parte alta, después de unirse el Alamar con Las Palmas, se llamaba arroyo de Ti Juan. Antonio Padilla C., op. cit., dato del mapa en p. 142. En el mapa No 33 de Gray dice “Arroyo de Tia Juana”. ↩︎

  8. Donde se unen el Alamar con Las Palmas se nombraba Las Juntas. ↩︎

  9. Corona, Op. cit., p. 113. ↩︎

  10. Ibídem, p. 114. ↩︎

  11. David Piñera Ramírez; op. cit.; p. 267. ↩︎

  12. En un croquis de Milijó que se encuentra en la biblioteca Bancroft, elaborado posiblemente en 1833, aparecen bosquejadas unas chozas como representación del asiento de la ranchería kumiay de Ti-Juan, apenas al norte del punto en que se unen los arroyos de Las Palmas con el Alamar, población que fue anterior a cualquiera otra (Ver mapa 64). ↩︎

  13. En 1909 William Smythe fundó el poblado utópico “Little Landers” en lo que hoy es San Ysidro, en donde supuestamente los colonos vivirían una existencia feliz, apegada a la naturaleza, gozando de un clima ideal. Sin embargo, las inundaciones de 1916 acabaron con el poblado. Datos tomados de un trabajo del Lic. David Piñera Ramírez y Ella Paris, publicado con el título Marco Histórico de la Región Fronteriza Tijuana-San Diego por el “Institute for Regional Studies of the Californias”. ↩︎

  14. Guía Histórica de Baja California, Editorial El Sol de Baja, S. de R. L. de C.V., 1992; Martín Barrón Escamilla, p. 195. ↩︎

  15. La compañía “San Diego & Arizona Eastern Railway” inició en 1906 la construcción del ferrocarril de San Diego a Yuma, que en parte pasaba por territorio mexicano, lo que favoreció el desarrollo de Tijuana. ↩︎

  16. El registro de las inundaciones en San Diego, válido para Tijuana, da las siguientes fechas: 1862, 1884, 1890-91, 1895, 1916, 1927, 1937, 1941, 1978, 1980, 1991-92, según Sea Cliffs, Beaches, and Coastal Valleys of San Diego County , de Gerald G. Jun y Francis P. Shepard; y Dry Rivers, Dammed Rivers and Floods… in San Diego, por Joseph Hill, pub. En “The Journal of San Diego History”, Inv. 2002, Vol. 48, N. 1. ↩︎

  17. Antonio Padilla Corona, op. cit., p. 121. ↩︎

  18. Bancroft Library, Berkley, microfilm del I.I.H.U.A.B.C.. ↩︎

  19. Sobre el origen del nombre Tijuana y la fundación de dicha ciudad. Benjamín Trujillo Rodríguez. Universidad Pedagógica Nacional. Tijuana, B.C., 1990; p. 19. ↩︎

  20. Trujillo Rodríguez, Banjamín. Llatijuan, sobre el origen del nombre Tijuana y la fundación de dicha ciudad, UPN, 1990., p. 5. ↩︎

  21. Los gobiernos civiles en Baja California, 1920-1923, UABC, Marco Antonio Samaniego López, p. 225. ↩︎

  22. La Torre de Agua Caliente de Tijuana se construyó en 1928 en donde hoy está el monumento al libro de texto gratuito, un incendio la destruyó el 12 de Dic. de 1956. Su réplica se construyó en 1988 al comienzo del Boulevard Fundadores. ↩︎

  23. AGE-SINER; Roberto Ramírez Castro. La hidrografía de Tijuana se constituye por los arroyos de Las Palmas y Matanuco, provenientes del sureste, que alimentan a la presa Abelardo L. Rodríguez. El arroyo que sale de la presa hacia el noroeste se enriquece con el arroyo Alamar, proveniente de los Estados Unidos; en adelante, la corriente o cauce se denomina Río Tijuana, que se ha canalizado en su mayor parte, hasta penetrar al norte de la frontera. ↩︎

  24. “Escuela Álvaro Obregón”, Litográfica Juárez, junio de 1993., Tijuana. Profr. Julio Rodríguez Barajas. p. 2. ↩︎

  25. Algunos datos de este episodio histórico son recuerdos del autor, quien aun siendo un niño de casi 7 años de edad presenció parte de los hechos junto con muchos de los alumnos de la escuela Álvaro Obregón, y otros se obtuvieron del testimonio de la señora Guillermina Berumen Aguilar, así como de relatos periodísticos e informaciones proporcionadas por el doctor Alejandro Lugo Perales, investigador y miembro distinguido de la Sociedad de Historia de Tijuana, B.C.. ↩︎

  26. De acuerdo con las fotografías de Juan Castillo que se publicaron en los periódicos de la época, era un hombre de pelo rizado, crespo, abundante y cejas pobladas; sin embargo, las que alguien ha colocado en la tumba son las de una persona con cara de niño sonriente, con atuendo militar, en un burdo arreglo fotográfico. ↩︎

  27. Las principales pruebas de la culpabilidad de Juan Castillo Morales en el asesinato de la niña Olga Camacho fueron: 1. Sus huellas digitales se encontraron en un envoltorio con carne que la niña llevaba a su casa cuando fue atacada. 2. En el suelo húmedo del lugar del crimen había huellas del tacón de una de las botas que usaba el acusado. 3. La esposa del soldado presentó a las autoridades las ropas ensangrentadas de su marido. ↩︎

  28. Las obras de canalización del Río Tijuana se iniciaron en 1972, y su principal promotor fue el Lic. Milton Castellanos Everardo, gobernador del estado. Además de resolver en gran parte el problema de las inundaciones que afectaban a la ciudad, al urbanizarse la zona del canal se acabó con “Cartolandia”, barrio pegado a la línea internacional, cerca del antiguo puente “México”, formado por jacales de cartón y láminas, insalubre y maloliente; 633 familias del lugar fueron ubicadas en el llamado Centro Urbano 70-76, y otras 950 en el Reacomodo Sánchez Taboada. Actualmente la llamada Zona Río, muy cerca del canal, constituye una zona comercial moderna y de primer orden. ↩︎