Antonio Ponce Aguilar

De Cueva Pintada a la Modernidad
Capítulo XVIII: 
Filibusterismo e inestabilidad

…Los filibusteros son la peor plaga del territorio. ¿Cómo se podrá acabar con ellos? Hay un californio de La Grulla que puede hacerlo, se llama Antonio Meléndrez…

La permanente lucha contra la soledad. Las colonias militares

Advirtiendo que la mejor forma de proteger la provincia californiana contra la penetración extranjera era colonizándola, José de Gálvez dictó desde el 12 de agosto de 1768, una ley o “instrucción” para que se entregaran tierras a colonos que quisieran poblar California, con el sólo requisito de que las trabajaran. Ésta fue la base en que se apoyó la colonización inicial de la península, a la cual se acogieron, sobre todo, ex soldados y marineros que habían servido en las misiones. Por la importancia de su contenido se transcriben en parte algunos de los apartados de la citada Instrucción.

2º. Cada suerte de tierra, así de riego donde lo hubiese, como de temporal o secano, ha de ser de doscientas varas de largo y ciento de ancho, por ser éste el ámbito de terreno que regularmente ocupa una fanega de maíz en sembradura; …

5º. Gozarán los nuevos pobladores y sus descendientes para mantener sus ganados, del aprovechamiento común de aguas y pastos que tengo señalados en el nuevo pueblo o misiones en donde se hallen establecidos, y además, disfrutará privativamente cada uno el pasto de sus tierras propias; pero a condición de que pudiendo tener y criar de toda clase de ganado mayor y menor, lo han de mantener precisamente en pastoría para que no se alce, y no han de exceder de 50 cabezas el que posean de cada especie, para que de este modo se distribuya entre todos la utilidad que producen los ganados y que no se estanque en pocos vecinos la verdadera riqueza de los pueblos.

6º. Por término de 3 años serán exentos y libres los nuevos pobladores de pagar diezmos, ni otro derecho alguno de los frutos que les produzcan las tierras de su dotación, con tal que el primer año contado desde el día en que se les señalen los solares y suertes, construyan en la forma posible sus casas y las habiten…

11º. Por recompensa de la mayor aplicación en el cultivo y labor de las tierras, se concederán al poblador que hiciere noria para regarlos, dos suertes más de secano o temporal que ahora se le concedieren y señalaren…

…Dada en el Real de Santa Ana, a 12 de agosto de 1768. Don Joseph de Gálvez.1

Esta ley, avanzada para su tiempo, fue referencia importante para quienes después elaboraron decretos y disposiciones diversas sobre la tenencia de la tierra, aunque su cabal aplicación con nativos indígenas rara vez se logró. Aun así, debe considerársele como el inicio de acciones legislativas que otros gobiernos llevaron a cabo, con la intención de favorecer al pueblo y proteger la península contra intrusos y aventureros.

El 3 de junio de 1848, ocupó la presidencia de la república el General José Joaquín de Herrera, y el 19 de julio decretó la fundación de 18 colonias militares para que se establecieran a lo largo de la nueva frontera, con objeto de preservar la soberanía del territorio nacional, dadas las frecuentes incursiones de aventureros norteamericanos e indígenas alzados, y al mismo tiempo, poblar los vastos territorios del norte, no sólo con civiles, sino también por los soldados que llevarían a sus familias. El 11 de julio arribó a la península el Coronel Rafael Espinosa designado Jefe Político y Comandante Militar del Territorio en substitución de Nicolás Lastra. Este militar fue un buen gestor ante el Gobierno de la República para que se entregaran tierras a los hombres que habían peleado en la guerra contra los Estados Unidos, así como para que se indemnizara a las personas que habían perdido sus propiedades en esa contienda, y cuando menos, a la primera petición el Ministerio de Relaciones contestó favorablemente.

La primera acción importante del gobierno de Espinosa fue la creación de la Colonia Militar de La Frontera, para la que nombró comandante al capitán Manuel de Jesús Castro, oficial mexicano, sobrino de Pío Pico que había salido de California cuando esta provincia fue invadida por los norteamericanos. El capitán salió a cumplir sus órdenes el 18 de agosto, para establecerse inicialmente en “El Rosario”, y dejó al teniente José Antonio Chávez en La Paz para reclutar más gente que quisiera incorporarse a la colonia y recabar equipo. Cuando Castro iba hacia el norte, a la altura de San Ignacio, recibió comunicación del Coronel Espinosa en la cual, entre otras cosas lo instruía para que, con objeto de ahorrar dinero, alquilase el servicio de los indios de la región en lugar de los vecinos y colonos militares. Estando en Mulegé, Castro recibió carta de Chávez del 25 de septiembre de 1849, informándole que el teniente coronel Francisco Javier del Castillo Negrete intentaba conseguir la comandancia de la Colonia Militar, o cuando menos el puesto de sub-inspector del establecimiento2. Se iniciaba una pugna que traería problemas graves.

Los colonos sufrieron grandes penalidades en su viaje, sobre todo enfermedades, escasez de alimentos y falta de bestias de carga; además, la falta de dinero les limitaba la adquisición de los bienes indispensables en los poblados por los que pasaban; la situación debe haber sido realmente crítica, pues en carta dirigida a Espinosa fechada el 30 de octubre de 1849, Castro se pregunta si será prudente seguir la marcha en tan lamentables condiciones, sobre todo por la enfermedad de varios de sus hombres. Pero el capitán siguió hacia el norte, poco después recibió fondos y equipo agrícola traído por Chávez; estuvieron en El Rosario en marzo, después en San Vicente, aunque la falta de agua y de tierras para la agricultura los obligaron a seguir; finalmente, y después de que Castro exploró hasta la línea divisoria en busca del mejor sitio para la colonia, en diciembre de 1850 se establecieron en Santo Tomás3, en donde se pudo aprovechar el agua del arroyo, el bosque de encinos, las tierras buenas para la siembra, y la cercanía a la bahía de Ensenada para recibir cualquier ayuda por vía marítima.

Por aquel tiempo, el presidente Mariano Arista nombró Subjefe Político del Partido Norte a Francisco Javier del Castillo Negrete4, quien ya había sido comandante militar, habiéndose recibido el nombramiento en La Paz en febrero de 1851. Después de recibir instrucciones de Espinoza, así como algunos fondos y equipo destinados para que Castro mejorara la situación de la colonia, Castillo Negrete partió hacia su destino. Cuando a principios de octubre el nuevo gobernante llegó a Santo Tomás5, el teniente Chávez, obedeciendo las órdenes de Castro, quien había salido a Monterrey, recibió el dinero y equipo destinado a ser recibido por Castillo, se rebeló en su contra apoyado por la tropa, y el recién nombrado gobernante tuvo que huir a Santo Domingo desde donde envió informe de lo sucedido a Espinoza. Hay la versión de que en estos hechos murió asesinado supuestamente por indios rebeldes del Colorado, un sobrino de Castillo Negrete que, después de desembarcar en San Felipe, llevaba equipo agrícola y provisiones a Santo Tomás para apoyar inicialmente al recién nombrado gobernante en su administración6.

A partir de entonces, noviembre de 1851, aparecieron varias proclamas impresas en San Diego, firmadas unas por Chávez, y otras por Castillo Negrete, descalificándose mutuamente y acusándose ambos de buscar el provecho personal. Pronto se pasó de las proclamas a los latrocinios y encuentros sangrientos. Cansado de los interminables desórdenes en La Frontera, Espinosa decidió pacificar la región enviando a Santo Tomás al capitán Juan de Dios Angulo al frente de cien soldados, vía San Felipe, a donde llegó con su tropa el 24 de junio de 1851. Momentáneamente se restableció el orden, pero ya la decadencia de la colonia militar era irreversible, y años después desaparecería por falta de fondos para su sostenimiento, y también como resultado de la renuncia a la presidencia de la República del general Mariano Arista el 5 de enero de 1853, quien era partidario de las colonias militares.

Volviendo al año de 1851, para entonces habitaban Santo Tomás unos 200 colonos, lo que habla de cierto progreso en la actividad agropecuaria que era la única de tipo productivo, y según censo elaborado por el sargento Anastasio Ramírez del 29 de junio, la colonia tenía 20 militares, el padre José María Suárez del Real, el sacristán Catarino Real, 13 familias mestizas, 73 indios; había dos soldados españoles; el alcalde Thomas Warner7, inglés; y un italiano y un francés dedicados al comercio. Sin embargo, hubo quejas de supuestos abusos cometidos por Castro y la soldadesca en contra de la población civil, y José Matías Moreno, en carta del 29 de noviembre de 1851 dirigida al jefe político del territorio se quejó de aquel estado de cosas, misiva que en parte decía: .…Hace un año y medio que arribó a La Frontera de la Baja California soldadesca al mando del Capitán Don Manuel Castro y Teniente don José Antonio Chávez, con el nombre de Colonia Militar. Desde este fatal ingreso, la frontera ha sido el teatro de innumerables males y de graves trascendencias, ya para los desgraciados habitantes de ese remoto país y ya para el Supremo Gobierno8. En la misma carta, respecto al desconocimiento de Castillo Negrete por parte de Chávez, dice: …Después de haberle dejado llegar a Santo Tomás todos los recursos que traía para la colonia, lo desconocieron de su autoridad, lanzándolo injuriosamente bajo el frívolo pretexto de que quería introducir tropas extranjeras a La Frontera. Ésta, pues, continúa gobernada por un simple alcalde, inglés de nación, ebrio consuetudinario llamado Tomás Bona y el teniente Chávez, que ambos asumen omnímodas facultades Aquí se refería Matías Moreno a que el alférez Pérez Vidal había sido despojado por los hombres de Chávez del dinero y documentos que llevaba para la instalación de Castillo Negrete en el gobierno. A pesar de la oposición del capitán Manuel de Jesús Castro y del teniente Antonio Chávez, Francisco Javier del Castillo Negrete regresó e hizo efectivo su nombramiento como subprefecto del Partido Norte de Baja California, además de comandante militar de la aún existente colonia militar de Santo Tomás, en donde le tocaría inicialmente hacer frente en el norte de la península a los filibusteros encabezados por William Walker a fines de 1853. El capitán Castro se había ido a California, en donde residió en el área de San Francisco y Monterrey hasta su fallecimiento en esta ciudad el 25 de abril de 1891, a los 69 años9. Es justo aclarar que los norteamericanos, en diversos artículos periodísticos de la época y en su obituario, consideraron al Capitán Castro un hombre de honor, siempre leal al gobierno de México, de lo que dio muestras suficientes en diversos encuentros armados con el ejército norteamericano cuando invadió California. Actualmente, el poblado de Castroville, del Condado de Monterey perpetúa el apellido del valeroso capitán.

Valle de La Grulla, hoy Ejido Uruapan, cuna de Antonio Meléndrez

En febrero de 1855 salieron de la península el último presidente de las misiones dominicas, padre Gabriel González, y fray Tomás Mancilla, el único misionero que quedaba en La Frontera, al llegar Juan Francisco Escalante en representación del obispo de Sonora, y tres sacerdotes del clero secular para recibir las misiones que quedaban. El abate francés Enrique Juan Antonio Alric, a solicitud que hizo el obispo de Baja California al arzobispo de San Francisco, fue destinado para que atendiera la población correspondiente a las ex misiones situadas en La Frontera abandonadas por muchos años, por lo que en 1856 el súbdito francés viajó de San Diego a Santo Tomás por la ruta de los ranchos: Ti-Juan o Tía Juana, Rosarito, El Descanso, San Miguel, Ensenada, y La Soledad de la Grulla antes de llegar a Santo Tomás. Se verá más adelante que a Alric le tocó ser testigo y frecuentemente actor en los hechos de la llamada revuelta de 1856 a 1860.

Después de la guerra con los Estados Unidos, se exaltaron el racismo y la soberbia de muchos norteamericanos, lo que produjo actos de violencia contra los mexicanos que quedaron al norte de la frontera; los despojos y linchamientos ejercidos en su contra eran frecuentes en todo el sur de la Unión Americana, y la Alta California no fue excepción. En ocasiones, aquellas vejaciones provocaron en algunos mexicanos la respuesta violenta y la venganza, que aun siendo censurable, en muchos casos tendría que entenderse como la consecuencia lógica de las atrocidades de que fueron víctimas, tal es el caso de Joaquín Murrieta, joven mexicano, o chileno, según algunas versiones, que de 1850 a 1853 robó y mató a muchos norteamericanos, y se granjeó la admiración del pueblo humilde porque encarnaba el espíritu de la venganza en contra de los poderosos. Por tres años el legendario bandido tuvo en jaque a los militares y policías del estado, hasta que en 1853 se dijo que había sido atrapado y decapitado, con lo que volvió algo de tranquilidad a la sociedad dominante de la recién conquistada provincia, aunque su muerte nunca fue totalmente comprobada.

Aquel ambiente hostil hacia los mexicanos fue uno de los factores que propició el filibusterismo y la penetración ilegal de norteamericanos al país, lo que vino a aumentar las penalidades de los pocos habitantes de La Frontera en Baja California, que con sacrificio se sostenían en los ranchos y pequeños poblados. En otras partes de la república, y aun en el sur de la península, varias de estas incursiones fueron rechazadas por la acción conjunta de tropas mexicanas y el pueblo organizado. Tal fue el caso de Gastón Raousset de Boulbón, fusilado en Sonora por el General Yáñez; y J. Napoleón Zerman, que en octubre de 1855, con sus barcos “Archibald Gracie” y “Rebecca Adams” quiso apoderarse de La Paz, pero el General José María Blancarte atrajo con engaños a los filibusteros hasta la playa, en donde capturó a los 20 oficiales y 111 hombres10 de la fuerza extranjera que estaban en las embarcaciones, y los mandó encadenados vía San Blas a la ciudad de México, sin que le valiera al flamante “almirante” ostentarse como representante del general Juan N. Álvarez a quien supuestamente ayudaría para el derrocamiento de Santa Anna.

Otro filibustero de la época fue Henry A. Crabb, quien llegó hasta Sonoyta en 1857, pero el Teniente Coronel José María Girón y el Capitán Lorenzo Gutiérrez, al mando de sendas columnas de la Guardia Nacional, capturaron a 59 extranjeros que fueron fusilados el 7 de abril de 1857. Poco después, Crabb intentó asaltar Hermosillo, pero fue derrotado gracias a los refuerzos que condujo Hilario Gabilondo, y fue fusilado con sus seguidores en el panteón del pueblo; y en el mismo mes de abril, otros 16 filibusteros fueron llevados al paredón en Caborca por el teniente José Roldán11. En los casos mencionados, como ya se señaló, para detener y castigar a los intrusos, fueron determinantes la presencia oportuna de tropas regulares mexicanas unidas al pueblo, y aunque en la Baja California no existían esas condiciones, surgieron algunos caudillos que, unidos a los pequeños destacamentos militares que se destinaban a este territorio, llegaron a rechazar a los intrusos provenientes del norte.

Historia y leyenda de Joaquín Murrieta

A continuación, se proporcionan algunos datos históricos así como la versión legendaria sobre la existencia de este personaje en la Alta California, quien según fuentes documentales nació en Álamos, Sonora, posiblemente en 1830, hijo de Joaquín y Rosalía Murrieta12, se casó siendo adolescente y emigró a California en 1848 con su esposa Carmen Féliz o Félix.

En 1854, un periodista de San Francisco que firmaba con el seudónimo de Yellow Bird, publicó un relato novelesco sobre la vida de Joaquín Murrieta, en el cual refería que la esposa del legendario bandido había sido violada por unos mineros, y que su hermano había muerto ejecutado por un crimen que no cometió; fue por eso que Murrieta juró vengarse y dedicó el resto

de su existencia a robar y matar yanquis. Buena parte de la narración de Yellow Bird no se ha documentado debidamente, por lo que puede considerarse como leyenda, aunque sea difícil establecer hasta qué grado.

Por otra parte, en “The Life and Adventures of Joaquin Murrieta”, de John Rollin Ridge, se dice que por el año de 1850, Murrieta se ocupaba con bastante éxito en obtener oro en los placeres de “Stanislaus”, en el centro de California, lo que le permitió adquirir una casa en la que vivió con tranquilidad por un tiempo, al lado de su esposa que lo había acompañado desde Sonora, su lugar de origen; sin embargo, a pesar de que tenía la simpatía de sus vecinos, en cierta ocasión una banda de norteamericanos entró a su casa, lo golpearon y amarraron de pies y manos, mientras que humillaban a su esposa, advirtiéndole que como mexicano no tenía derecho a vivir allí.

Lo cierto es que Joaquín Murrieta tuvo que irse, con la esperanza de iniciar una nueva vida en otra parte, pero esto nunca lo pudo lograr, porque siempre sufrió ataques y ofensas de parte de los mineros yanquis. Hubo una ocasión en que lo azotaron públicamente y sin misericordia por una

falta no cometida, además asesinaron a su cuñado sin causa justificada, y fue entonces que decidió vengarse de los “anglos”. Pronto se empezaron a encontrar norteamericanos muertos a balazos o por arma blanca en los caminos de California, al principio fueron los cuerpos de los hombres que lo habían azotado, pero después podía ser cualquier yanqui, casi siempre rico, pero nunca indios o mexicanos. El once de mayo de 1853, el gobernador de California John Bigler dispuso la organización de un cuerpo policíaco bajo el mando del capitán Harry Love, cuyo objetivo sería la captura o muerte de “los cinco Joaquines”: Joaquín Botellier, Joaquín Carrillo, Joaquín Ocomorenia, Joaquín Valenzuela y Joaquín Murrieta, a quienes se les achacaban robos y asesinatos cometidos durante los últimos tres años, contra norteamericanos radicados desde la región al norte de San Francisco, hasta la frontera con la Baja California13.

Joaquín Murrieta, “El ladrón de las montañas”, publicado por Thomas Armstrong en el “Union Steamer Edition” de Sacramento el 22 de abril de 1853

En julio de 1853, el grupo de rangers creado por Bigler, se topó con varios jinetes mexicanos en un lugar de la sierra llamado “Panoche Pass”, a unas cincuenta millas de Monterrey. En el enfrentamiento a balazos, dos mexicanos murieron, y como prueba de su hazaña, los agentes cortaron la mano de uno de los cadáveres y decapitaron el otro, siendo éste último, supuestamente, el de Joaquín Murrieta, aunque no se aportaron pruebas que lo demostraran. La cabeza fue depositada en un frasco con alcohol y se exhibió en diversos lugares del estado, aunque la hermana de Murrieta siempre negó que fuera la de Joaquín; aun así, el capitán Love recibió $1,000 dólares como recompensa, y poco después se aprobó un pago adicional de $5,000 dólares más.

Por otra parte, el editor del periódico “Los Angeles Star” publicó el 18 de agosto de 1853 lo siguiente: Hace unas semanas un grupo de californianos nativos y sonorenses fueron al Valle de Tulare con el propósito de (hacer) una corrida de potros garañones. Tres del grupo han regresado y reportan que fueron atacados por una partida de americanos y que… cuatro del grupo habían sido asesinados; que a Joaquín Valenzuela, uno de ellos, lo mataron al tratar de escapar, y que su cabeza se la habían cortado sus captores… 14 Esta información periodística, de ser verídica, significaría que la cabeza exhibida en el frasco de alcohol, no sería la de Murrieta sino la de Valenzuela, y que el capitán Love cobró la recompensa inmerecidamente.

Existe una fotografía en el “Old Timer's Museum” de Murphys, California, la cual, según se dice, fue obsequiada al oficial de policía Ben Marshall, quien en una ocasión ayudó a Murrieta cuando éste se encontraba en problemas al enfrentarse a un grupo de norteamericanos; pero se ha comprobado que la técnica empleada en su elaboración (ferrotipo) fue inventada después de 1860, por lo que se infiere que, si la fotografía es realmente la de Joaquín Murrieta, este no murió en el encuentro que tuvieron los rangers del capitán Love con los bandidos mexicanos años antes de que se empleara el procedimiento fotográfico mencionado. Otro hecho que para muchos hace dudosa la muerte de Murrieta en aquella ocasión, es que Love nunca llevó a exhibir la cabeza del bandolero a “Calaveras County”, en donde era muy conocido por vecinos del poblado.

¿Joaquín Murrieta?

Se ha dicho que años después de estos acontecimientos, a fines de los setentas, Murrieta se dedicaba a actividades del campo en Arizpe, Sonora, y Gary McCarthy, en su libro “Gringo Amigo”, expresa que los restos de Joaquín yacen en una tumba del cementerio de Cucurpe, en Sonora. Por su parte, Harry Love, que se había convertido en alcohólico, en 1868 se agarró a balazos con el amante de su esposa, Chris Everson, resultó mal herido en el encuentro, y murió en la mesa de operaciones cuando le amputaban un brazo.

La existencia de Joaquín Murrieta es un ejemplo de la leyenda entrelazada con la historia, pero lo real es que su imagen, verdadera o ficticia, trae a la mente el recuerdo de una época turbulenta, en la cual los norteamericanos de la Alta California cometieron abusos y crímenes en agravio de los mexicanos residentes en ese estado.

Antonio María Meléndrez

A mediados del siglo XIX, uno de los líderes populares en Baja California, nativo del rancho La Soledad de la Grulla, o simplemente “La Grulla”, fue Juan Antonio María Meléndrez15, hijo de

don José Guadalupe Meléndrez Orantes y doña Susana Ceseña Arrayos16, quien desde joven fue reconocido por su carácter decidido no sólo en La Frontera, sino también al sur de la Alta California; era popular, además, porque su padre, consumada la independencia, había recibido un pequeño valle al norte de Santo Tomás como compensación por servicios prestados a la nación; al lugar llegaban parvadas de grullas en el invierno, por lo que desde tiempo atrás había recibido el nombre de “La Grulla”.

Al igual que casi todos los jóvenes de la época, Antonio Meléndrez se había formado en el trabajo del campo, y conocía a la perfección todo el territorio comprendido entre Ensenada y San Vicente, así como a los indios de la sierra, con quienes siempre tuvo una relación fraternal.

William Walker

En más de una ocasión se enfrentó a intrusos norteamericanos para castigar sus fechorías, o a quienes lo buscaban con el propósito de matarlo, pero su fama se hizo legendaria por lo sucedido conforme a la historia que, transmitida oralmente de padres a hijos, aun se relata en el Ejido Uruapan. Se cuenta que un día en que Antonio se encontraba en Santo Tomás, en la pequeña fonda de su amigo don Antonio Sosa, llegó al lugar un norteamericano, quien tras breve charla con una de las hijas de don Antonio, se acercó a platicar con Meléndrez; el imprudente y locuaz forastero, sin saber con quién estaba hablando, expresó en su plática que venía en busca de Antonio Meléndrez para desafiarlo a muerte. Al poco tiempo, como si fueran amigos, salieron los dos al patio trasero de la casa para divertirse un rato tirando al blanco con la pistola del yanqui, y cuando tocó el turno a Antonio, éste tomó el arma y la arrojó contra una piedra con tal fuerza que se destrozó, al mismo tiempo que se identificaba ante el extranjero. Este, aunque sorprendido al ver que todo ese tiempo había estado junto al hombre que buscaba para asesinarlo, sacó un cuchillo de su bota y se lanzó contra el mexicano, lucharon cuerpo a cuerpo por unos minutos, hasta que se impuso la habilidad y condición física del de La Grulla, quien acabó quitando la vida al estadounidense. Además de que existe la versión de estos hechos de parte de Francisco Javier del Castillo Negrete, en donde Meléndrez no es el héroe sino el villano, y que los toques de la fantasía popular pudieran haberse agregado a los relatos sobre las acciones que realizó Meléndrez, es indiscutible que fue célebre por su valentía en ambos lados de la frontera, ya que en los periódicos de San Diego llegaron a publicar algunas de sus hazañas17.

La tarde del 30 de junio de 1853, el “Arrow” fondeó en el puerto de Guaymas llevando a bordo al médico y abogado norteamericano William Walker, quien, con el pretexto de defender al pueblo de Sonora de los ataques realizados por los indios y fundar una colonia minera, trató de penetrar a territorio nacional, aunque su objetivo real era establecer allá una república independiente de México, que después podría anexarse a los Estados Unidos, con una ley igual a la del estado de Luisiana, lo cual significaba implícitamente que se aceptaría la práctica de la esclavitud. El gobernador Manuel María Gándara supo de las pretensiones del extranjero, y envió orden para que se le impidiera seguir su viaje al interior del territorio sonorense, por lo que éste tuvo que regresar a San Francisco en septiembre de 1853. Éstas eran las condiciones cuando, el 30 de septiembre de 1853, el General Ethan Allen Hitchcock, comandante de la División del Pacífico en

San Francisco, cumpliendo con las leyes establecidas sobre la neutralidad, aseguró la embarcación “Arrow”, al descubrir que se había cargado equipo bélico como municiones y objetos de campaña que servirían para la invasión armada a Sonora, pero ante la protesta y demanda de Walker fue removido de su puesto y en su lugar, el Secretario de Guerra Jefferson Davis envió al General John Ellis Wool, cuyo franco disimulo facilitó a Walker el movimiento logístico que requería para su invasión a Sonora y la península18, esto último porque Walker se había percatado que penetrar primero por la fuerza a Sonora sería una empresa muy complicada, por lo que decidió invadir antes la península de Baja California, y establecer allí una república independiente que le serviría de base de operaciones para después, con los refuerzos recibidos de su base en San Francisco, tomar Sonora por la fuerza y fundar un nuevo país con dos estados: Sonora y Baja California. Para este efecto, se intensificaron los preparativos necesarios, desde el reclutamiento de voluntarios para la invasión a Baja California, hasta el acopio de fondos por donaciones diversas, así como la venta de bonos.

William Walker construyó en lo que hoy es la esquina de calle Tercera y Gastélum, en Ensenada, el Fuerte Mc Kibbin, desde donde sus hombres hicieron incursiones hacia los ranchos vecinos

Contando con la simpatía de pueblo y gobierno hacia su proyecto, en la madrugada del 16 de octubre de 1853, Walker zarpó de San Francisco en el “Carolina”19 rumbo a Baja California20, aunque la documentación tramitada establecía que se dirigía a Guaymas, al frente de una fuerza de 45 filibusteros, aparentemente apoyado por el millonario ferrocarrilero William Vanderbilt, dejando buena parte de las armas, municiones y provisiones en el “Arrow”, todo detenido por las autoridades federales en tanto se hacían las investigaciones necesarias. Debe reiterarse que la movilización de Walker, primero a Sonora y luego hacia Baja California, se realizó con la complacencia de las autoridades norteamericanas de San Francisco21 y posiblemente algunas de Washington, ya que el cambio de los generales Hitchcok y Wool no podría explicarse de otra manera.

El 28 de octubre de 1853 llegaron los filibusteros a Cabo San Lucas, y el 3 de noviembre a La Paz y aprehendieron sin dificultad22 al jefe político Coronel Rafael Espinosa, quien fue llevado prisionero a bordo del “Arrow”; dueños momentáneamente de la situación, los filibusteros arriaron en la casa de gobierno la bandera mexicana e izaron la de la nueva república, que consistía en tres barras horizontales, dos de ellas rojas y una central blanca, con dos estrellas rojas en el centro que simbolizaban los estados de Sonora y Baja California. Ese mismo día, Walker hizo la primer proclama oficial en idioma inglés que decía: “La República de Baja California es por el presente, declarada libre, soberana e independiente, y se renuncia para siempre a toda obligación de fidelidad a la República de México”23, y cuatro días después emitió otros “decretos”, en uno de los cuales se establecía que en todas las cortes que se organizaran en la nueva república se utilizaría el código civil del estado norteamericano de Luisiana, el cual, cabe mencionar, permitía la esclavitud.

Después de saquear la casa de gobierno, destruir archivos y apoderarse de todo lo que tuviera algún valor, el 5 de noviembre los invasores decidieron regresar a Cabo San Lucas, pero ese mismo día ancló en el puerto el “Neptuno”, trayendo a bordo al coronel Juan Climaco Rebolledo, quien por orden de López de Santa Anna venía a substituir al gobernador Rafael Espinosa; fácilmente los extranjeros apresaron a Rebolledo y lo llevaron a bordo del “Carolina” como lo habían hecho con Espinosa.

La idea de Walker de volver a Cabo San Lucas se debió principalmente a la falta de refuerzos que vanamente esperaba de San Francisco, la falta de provisiones, y también en parte por el hostigamiento que siete u ocho civiles mal armados bajo el mando del capitán de puerto Manuel Pineda hicieron contra los invasores, a quienes obligaron a retroceder hasta el mar, sin tener oportunidad de usar la lancha que habían dejado en la playa. Los filibusteros fueron salvados por el apoyo que les brindó el “Arrow”, que disparó algunos cañonazos contra el pequeño grupo de patriotas mexicanos, además de que se mandaron tres botes con filibusteros armados, lo que obligó a los mexicanos a retirarse hacia el monte24. Aunque los filibusteros informaron después a la prensa norteamericana sobre la “gran victoria de La Paz”, Walker supo desde entonces que la consecución de su proyecto no sería empresas fácil, además de que seguramente supo que fuerzas nacionales se preparaban en Todos Santos25 y Mazatlán para atacarlo.

El 8 de noviembre de 1853 llegó el “Carolina” a Cabo San Lucas, y uno o dos días después, dadas las malas condiciones del poblado en cuanto a posibilidades de establecerse allí y defenderse contra un posible asedio de las fuerzas mexicanas, Walker se devolvió ahora hasta Ensenada, unos kilómetros al sur de la línea internacional, a donde llegó el día 28. El noroeste de Baja California era la única región en la costa del Pacífico que reunía, aunque fuera parcialmente, las dos condiciones para que el filibustero estableciera su base de operaciones antes de lanzarse a la conquista de Sonora: una mayor población y la cercanía de la frontera, lo cual facilitaría la llegada de refuerzos y equipo.

Aquí estableció su cuartel en la única casa del poblado, perteneciente a Pedro Gastélum, en la calle tercera y Gastélum, la adaptó y fortificó lo mejor que pudo como cuartel, y tiempo después la bautizó como “Fort Mc. Kibbin”, en honor de uno de sus oficiales, quien se dice fue muerto durante el sitio que los patriotas mexicanos impusieron a los filibusteros en ese lugar, de lo cual se trata más adelante. Desde el mismo día de su arribo y en los subsecuentes, Walker dispuso que sus hombres salieran hacia los ranchos vecinos para recabar comida, ganado, caballada, monturas y todo lo que pudiera servirle en la campaña. Uno de los ranchos que sufrió el robo de los filibusteros fue “Guadalupe”, hacia el noreste de Ensenada, del que era posesionario don Juan Bandini. En la madrugada del 1º de diciembre, quince filibusteros armados llegaron a Guadalupe y se llevaron caballos y monturas, sin valer las protestas de José María Bandini, hijo del dueño del rancho. El día dos, otros filibusteros llegaron al rancho de La Grulla, en donde vivían los familiares de Antonio María Meléndrez; al saber del número de extranjeros que rodeaban la casa, Antonio María se escondió y logró evadirlos, pero no impedir que se llevaran las monturas que había en el rancho.

Ya idos los extranjeros, Meléndrez salió violentamente montando a pelo rumbo a Santo Tomás para reportar ese día al coronel Francisco del Castillo Negrete, subjefe político de La Frontera y comandante militar, el desembarco de los extranjeros y sus saqueos a los ranchos vecinos. Ambos lograron sumar algunos voluntarios a los pocos soldados de la guarnición para enfrentar a los hombres de Walker, y con ese fin se dirigieron a Ensenada al frente de 58 hombres, incluyendo el nativo de La Grulla. Cuando los norteamericanos iban a la altura de “El Ciprés”, Meléndrez y sus voluntarios los alcanzaron, mataron a dos y tomaron dos prisioneros que fueron trasladados a “La Grulla”.

Mientras tanto, el entusiasmo por las supuestas heroicas victorias de los filibusteros sobre los mexicanos en La Paz que se publicaron en San Francisco, provocaron gran entusiasmo en la ciudad, y un gran número de voluntarios se dieron de alta en la oficina de reclutamiento que Walker tenía en ese puerto, para irse a la conquista de la Baja California, en donde tendrían como recompensa tierra y ganado, según lo prometido por “el presidente” Walker. Sin ningún impedimento serio de las autoridades del puerto, ciento cincuenta hombres, se embarcaron en el bergantín “Anita”26, ya cargado con equipo y provisiones, para reforzar a los invasores en Ensenada. A pesar del mal tiempo que privó al zarpar la embarcación el día 13, ésta llegó a su destino el 17 ó 28 de diciembre de 1853, para alegría de los extranjeros que allí se encontraban27.

Finalmente, los mexicanos llegaron Ensenada y probablemente el 5 de enero de 185428 iniciaron el sitio al cuartel de Walker; según Meade, ese mismo día murió el teniente McKibbin, cuyo nombre le puso Walker al cuartel filibustero, tratando como siempre, con su inflamada retórica, de exaltar ante los norteamericanos la invasión a territorio nacional como una empresa heroica y digna de admiración. Poco después llegaron a Ensenada otros 70 refuerzos procedentes de San Diego para acabar de afianzar la posición de Walker, quien a principios de 1854 contaba con una fuerza que pudo haber sido de 400 a 600 hombres, y 2 cañones, mientras que los efectivos de Meléndrez llegaban a poco más de 50. Éstas eran las condiciones cuando el 18 de enero de 1854, el médico aventurero cambió en Ensenada la designación de “República de Baja California” por “República de Sonora”, e izó en su Fort McKibbin, una bandera con dos estrellas representando las dos provincias de la nueva nación

Cabe mencionar que una carta de un filibustero que subscribió con la letra “D” fechada el 25 de diciembre de 1853 en Fort McKibbin, publicada en el San Francisco Herald, relata el viaje del “Anita” así como el entusiasmo que la llegada de los refuerzos causó en la gente de Walker.

…Los tripulantes se enteraron con cierta pena de la muerte de McKibbin…29, escribe el informante “D”; los datos anteriores significarían, de ser verídicos, que el “Anita” llegó a Ensenada antes del 28 de diciembre, y que si ya Walker había puesto el nombre McKibbin a su cuartel en honor del fallecido miembro de sus fuerzas, éste habría muerto antes del 25 de diciembre, fecha de la misiva enviada por “D”; además, si las fuerzas mexicanas sitiaron el cuartel filibustero y durante esa acción murió el referido oficial, tal sitio debió de iniciarse antes del 5 de enero de 1854, fecha que se ha asignado al comienzo del sitio. Lo anterior es un ejemplo de las confusiones cronológicas que en ocasiones se observan en las distintas fuentes documentales que refieren los hechos, aunque lo substancial de lo acontecido no se cambia.

El asedio mexicano al cuartel filibustero duró diez días, con intercambio de fuego frecuente, hasta que los extranjeros lograron sorprender a la pequeña tropa de Meléndrez que fue repelida30, habiendo abandonado armas y monturas en el campo. Antes de esta victoria parcial de los aventureros, Castillo Negrete delegó el mando en Meléndrez y escapó a San Diego, con su familia, con el pretexto de que no se contaba con armas y municiones suficientes, por lo que convenía esperar la llegada de esos apoyos.

Poco antes de que los sitiadores mexicanos fueran rechazados por los yanquis, el “Carolina”, que se encontraba fondeado en la bahía con los dos oficiales mexicanos prisioneros, escapó hacia Guaymas y desembarcó a los dos ex gobernadores en San José del Cabo. Tal parece que, mientras el capitán de la embarcación se encontraba en tierra en Ensenada, su segundo al mando fue convencido por los mexicanos para que los liberara, tal vez al prometerle alguna recompensa, o al advertirle que la causa de Walker estaba condenada al fracaso. Lo importante de esta acción fue que el “Carolina” dejaba a los filibusteros en tierra sin las provisiones que llevaba en sus bodegas, lo que poco después los obligó a contentarse con una dieta de maíz y carne seca en el mejor de los casos.

Aunque los voluntarios nacionales habían sido rechazados por los norteamericanos en el sitio a Fort McKibbin, la estancia de éstos en Ensenada era precaria debido el constante hostigamiento de Meléndrez, por lo que, apegándose al plan para cruzar la sierra desde la costa rumbo a Sonora, Walker partió hacia San Vicente el 13 de febrero de 185431, llegó a Santo Tomás el 16, y el 17 siguió hasta el nuevo poblado en que establecería su nueva base; aquí convocó a una reunión de los vecinos de la región a la que asistieron el día 28 sesenta y dos personas, a quienes exigió a punta de bayoneta, según nota del periódico “Alta California” del 15 de marzo, que juraran fidelidad a la nueva bandera, así como la firma de un documento en el que aceptaban el nuevo estado y al abogado filibustero como su presidente, a cuya disposición ponían todos sus bienes. Tomás Bona, en representación de los vecinos, respondió negativamente, lo que enfureció al norteamericano al extremo de que estuvo a punto de ordenar su muerte, pero fue disuadido por sus oficiales cercanos. Debe señalarse que ya en esta etapa de su aventura, la deserciones masivas y el descontento por la crueldad del “presidente” con sus mismos soldados fueron una constante, que redujo seguramente la eficiencia y capacidad combativa de los invasores yanquis por el resto de su estancia en Baja California32.

Siguiendo la opinión de guías indios y conocedores del terreno, la ruta a seguir para llegar al Río Colorado y de allí cruzar a Sonora sería entonces hacia el este-noreste, por el cañón de “La Calentura, pasando por el Valle de La Trinidad entre las Sierras de Juárez y de San Pedro Mártir”, llevando 100 hombres y 100 cabezas de ganado que había robado en los ranchos de la región, y de allí hacia el gran río; mientras tanto su lugarteniente, el doctor Joseph Wallace Smith permanecería en San Vicente con algunos hombres para conservar el control de la zona costera.

Antonio Meléndrez tenía 24 años de edad, era casi analfabeta y carecía de instrucción militar; pero es indiscutible que tenía las cualidades de un buen soldado, sobre todo valor personal; esto y el conocimiento que tenía del terreno desde el mar hasta la sierra, le daban cierta ventaja sobre los invasores. Ya se han mencionado hechos que lo hicieron célebre por su temeridad, pero ahora estaba mostrando la paciencia indispensable para vencer a un enemigo muy superior en número de hombres y armamento. Al decidir invadir Sonora, Walker se metía a un terreno en el que, a pesar de su superioridad numérica y poder de fuego, no tenía la ventaja de Meléndrez y sus indios, por ser éstos expertos en el conocimiento de la sierra.

El 20 de marzo de 1854 Walker y sus hombres salieron hacia Sonora, a unos 320 Km. en línea recta de San Vicente, y tal vez por soberbia o simple torpeza nunca pensaron que la pequeña fuerza mexicana los seguiría, y mucho menos que cada movimiento que hacían era del conocimiento del guerrillero, informado siempre por sus espías indios. Camino al Colorado la fuerza invasora tuvo numerosas deserciones, y el robo de ganado por los cucapás y la falta de provisiones redujeron la moral de los hombres, quienes fatigados y hambrientos, a las dos semanas llegaron al río, en un punto distante unos 10 Km. de su desembocadura, y aunque casi todos lograron cruzarlo en balsas, no pudieron hacer lo mismo con el ganado, que en su mayor parte se ahogó o escapó; en tan difíciles condiciones no pudieron continuar la marcha porque sabían que podrían morir de hambre y sed, y decidieron regresar a San Vicente, aunque unos 50 hombres prefirieron desertarse para caminar al Fuerte Yuma, en donde fueron bien recibidos por el mayor Samuel Heintzelman.

Después de descansar tres días, los extranjeros iniciaron el regreso dirigiéndose al cañón de La Calentura. Tal parece que hasta este paraje llegó a Walker la noticia de que los 15 ó 20 norteamericanos dejados en San Vicente bajo el mando de Wallace habían sido capturados por Meléndrez33, quien además se apoderó de todas sus armas; También fue informado que el guerrillero de La Grulla igualmente había hecho prisioneros a 12 de los invasores que habían cabalgado rumbo a El Rosario en su búsqueda, bajo el mando del teniente R. J. Ridgell. En esa ocasión, según Wyllys34, cuando Meléndrez se encontró con los filibusteros John Patten y un teniente Caroll, el primero le disparó en dos ocasiones, hiriéndole una vez, después de lo cual el guerrillero mexicano mató a los dos.

Al llegar los filibusteros a La Calentura, se adueñaron del ganado de Tomás Bona sin ninguna dificultad, pues Meléndrez había advertido a sus ocupantes que se fueran antes de que llegara n los norteamericanos. Según una carta escrita por Juan Bandini35, posesionario del rancho Guadalupe, Meléndrez le pidió ayuda, expresándole que sus propiedades en Guadalupe corrían peligro por la proximidad de Walker. Bandini consiguió el apoyo de un hombre llamado Juan Mendoza, quien al frente de unos treinta rancheros de la región se dirigió al rancho en que acampaban los filibusteros, y en un movimiento sorpresivo lograron despojar a los invasores del ganado que traían, lo trasladaron a San Vicente y se unieron a la tropa de Meléndrez. En el encuentro mencionado resultaron tres bajas por bando, aunque los extranjeros perdieron todo su ganado. Cabe señalar que los reportes de éste y otros encuentros armados aparecieron en la prensa norteamericana como grandes y heroicas victorias de los filibusteros.

En adelante, los voluntarios mexicanos se concretaron a hostigar a los extranjeros, no los dejaron salir a robar ganado o conseguir alimentos, les impidieron en ocasiones el acceso al agua, y constantemente los rodeaban dejándoles sólo libre la ruta hacia la frontera; así, la reducida y fatigada fuerza invasora pudo llegar a Ensenada el 1º de mayo de 1854. Aquí, Meléndrez y sus hombres continuaron sin dar combate formal a la pequeña tropa de Walker, siguieron acosándolos en la forma descrita obligándolos a marchar hacia el norte, hasta que el 8 de mayo36 de 1854, los 33 filibusteros que quedaban aparte de su comandante cruzaron la frontera por Tía Juana, lo que fue sin oposición de Meléndrez, y se entregaron al mayor Justus McKinstry y al capitán Henry S. Burton37. Walker fue juzgado y absuelto por las autoridades, y tiempo después se dirigió a Nicaragua y Honduras con un grupo de filibusteros; tras varios éxitos y fracasos, fue capturado por un oficial de la armada inglesa, entregado a las autoridades hondureñas y ejecutado el 12 de septiembre de 1860.

Cuando Castillo Negrete supo que Walker había sido expulsado de la Baja California, el 11 de mayo de 1854 escribió al ministro del interior de López de Santa Anna una carta en la que trató de justificar con argumentos inválidos su salida hacia los Estados Unidos al comienzo de la invasión filibustera, e inició con esta misiva una serie de intrigas en contra de Meléndrez, acusándolo de no reconocer a las autoridades legítimas de La Frontera, que era un ranchero analfabeta, ladrón y asesino que debía varias muertes en las dos Californias; lo acusó de haber desconocido a las autoridades legítimas de La Frontera, posiblemente considerándose él entre esas autoridades, y el 22 de julio repitió sus dardos epistolares contra el de La Grulla. Aunque Castillo Negrete afirmó que en La Frontera sólo habitaban unas setenta personas “de razón”, y él, con unos cincuenta hombres podía meter al orden al caótico territorio, nunca lo intentó, y se concretó a quejarse desde California de la falta de recursos y de dinero para sostener a su familia.

El 10 de marzo de 1854, Rebolledo fue substituido por el general José María Blancarte, quien llegó al frente de un batallón de 600 hombres, enviado por López de Santa Anna a fin de proteger la península contra las incursiones extranjeras, aunque el referido militar nunca envió ayuda a Meléndrez para su lucha contra los norteamericanos. José Fidel Pujol, jefe de un destacamento que mantenía Blancarte al norte de La Paz, no solo para el control de la región, sino para saber cualquier novedad de lo que acontecía y que pusiera en peligro sus planes políticos y ambiciones personales. Fue en estas condiciones que Meléndrez envió una carta al subalterno de Blancarte pidiéndole que interviniera ante el general con objeto de que se enviaran tropas a La Frontera. La misiva en cuestión decía en parte los piratas ya se fueron del todo, merced a algunos esfuerzos de estos nobles frontereños que prefirieron la muerte a la servidumbre de un vil invasor. Pero como las noticias de que han de volver se multiplican, estoy desesperado aguardando el auxilio del Supremo Gobierno, pues el país está en una miseria espantosa, y no tenemos armas ni gente para resistir un fuerte golpe. Yo espero que Ud. hará valer sus influjos para con el Sr. Gral. Blancarte que se apurará a mandar tropas 38

Meléndrez se había convertido en el hombre más popular de La Frontera al gozar de la simpatía de la mayor parte del pueblo, así como por contar con algunos hombres armados bajo su mando, pero su estrella decayó por diversas causas, algunas de las cuales se enumeran enseguida.

Se llegó a decir que las exacciones hechas por Meléndrez sobre bienes de particulares con el fin de sostener la campaña contra Walker le creó enemigos entre la clase rica, formada sobre todo por comerciantes y ganaderos, lo cual puede tener algo de veracidad, considerando la miseria en que se debatían los habitantes de La Frontera por la pérdida total de ganado que había sido robado por los filibusteros. Seguramente Meléndrez obtuvo por la buena o por las malas algo de caballada y otros bienes para medio equipar a los voluntarios que defendieron la Baja California de la invasión extranjera, pero debe suponerse que las aportaciones que recibió en su mayor parte deben haber sido donaciones voluntarias de los ciudadanos, pues trataban de proteger sus propios intereses.

También hay la versión de que López de Santa Anna le tenía desconfianza a Meléndrez porque simpatizaba con la causa liberal, y fue ésta la razón principal por la que Blancarte dispuso su asesinato.

Matías Moreno, dueño de las tierras de la Misión de San Vicente Ferrer y de San Quintín, hizo viaje especial a la ciudad de México para intrigar contra Meléndrez; y el mismo Castillo Negrete, tratando de desviar la atención sobre su escape a San Diego cuando Walker desembarcó en Ensenada, siguió haciendo acusaciones en su contra. Aunque es justo decir que Moreno se comportó como un patriota durante la invasión norteamericana al sur de la Baja California, debe señalarse que después se convirtió en un oportunista, como lo describe el juez Benjamín Hayes cuando expresa sobre él: …Este hombre…ha estado en San Diego por algunos años en su favorita ocupación de no hacer nada, auspiciando problemas en Baja California y por lo tanto manteniendo esta región en constante turbulencia…39

El teniente José Antonio Chávez, el alcalde Tomás Warner40 y otros hombres que años atrás habían impedido a Castillo Negrete el acceso al gobierno41 cuando fue nombrado para substituir al capitán Manuel Castro en la Colonia Militar de Santo Tomàs, habían sido apresados por el pueblo, pero Meléndrez perdonó a Chávez y le permitió que se exiliara en San Diego, desde donde envió al General Blancarte cartas difamatorias contra el caudillo de La Grulla.

Algunos de los jueces de paz de La Frontera, autoridades civiles que compartían los poderes locales con los militares, se vieron envueltos en el caos de aquel tiempo al tener que definirse por alguno de los bandos que emergían entre el desorden imperante. El recién nombrado Juez de Paz José Luciano Espinoza fue desconocido por Meléndrez, quien era su yerno, aparentemente porque aquel mostró simpatía hacia el norteamericano Joseph Wallace Smith42 y le brindó su apoyo cuando el caudillo de La Grulla lo buscaba para aprehenderlo, por considerarlo uno de los hombres de Walker, lo cual era cierto, pues ya se ha dicho que fue quien quedó al mando de un destacamento de filibusteros en San Vicente cuando los demás se fueron hacia el Colorado. Tiempo después, cuando a Espinoza le tocó atestiguar en la investigación llevada a cabo posteriormente al asesinato de Meléndrez, su declaración fue favorable a éste, de lo cual se habla más adelante. El 17 de septiembre de 1854 tomó posesión como juez de paz suplente don Joaquín Martorell, en lugar de Espinoza, suspendido por Meléndrez dada su relación con Smith.

El 29 de junio Blancarte llamó a Meléndrez para que se presentara en La Paz a fin de que rindiera un informe sobre la situación en La Frontera, pero el caudillo argumentó diversas causas para no acudir al llamado del gobernante, sobre todo que no era conveniente dejar acéfala la región dada la confusión política reinante. Pareciera que el instinto del guerrillero le advertía de una traición.

Después de tantas intrigas y acusaciones diversas contra el patriota grullense que llegaban al general Blancarte, éste decidió actuar, y el 1º de mayo de 1855 mandó una comunicación a San Ignacio al teniente Pujol, ordenándole que se dirigiera a La Frontera para asumir interinamente el mando militar en lugar de Meléndrez, a quien debería substituir a como diera lugar y enviarlo a La Paz., mientras que el juez José Luciano Espinoza asumiría su cargo; en la misiva Blancarte advertía que la delicada comisión debería ser ejecutada con “moderación y tino”. Blancarte quería asegurar el cumplimiento de sus órdenes, y dispuso que por barco, saliera a Santo Tomás el teniente coronel José María de Oñate al frente de 100 soldados, para aplacar los disturbios que pudieran suscitarse, y que se hiciera cargo de la subjefatura política y comandancia militar del Partido Norte de la Baja California. Después de un fallido intento de navegar por el Pacífico hasta San Quintín, la embarcación se dirigió a San Felipe por el Golfo, de lo cual se informó a Pujol para que se pusiera en contacto con la fuerza expedicionaria.

La personalidad de José Fidel Pujol puede valorarse por el siguiente hecho: cuando todo el movimiento militar se inició para quitar el mando a Meléndrez, con ayuda de un empleado de la aduana marítima llamado Modesto Arreola redactó una carta dirigida a aquél supuestamente firmada por Blancarte, en la cual éste le agradecía todo lo hecho por salvar La Frontera de los filibusteros, lo ascendía a Comandante de Escuadrón y además le enviaba una gratificación de $500.0043 con el portador del comunicado. Pujol salió de San Ignacio hacia el norte al frente de sus hombres, habiendo antes notificado a Meléndrez que lo esperara en San Vicente para entregarle la carta de Blancarte, su ascenso y la gratificación. Lo que entonces pocos sabían es que por separado, Blancarte autorizaba a Pujol para que presidiera un juicio sumario contra el guerrillero de La Grulla, para después pasarlo por las armas. Pujol sería fiscal y juez.

Cuando Meléndrez recibió la carta de Pujol, el 27 de junio de 1855 se fue a San Vicente a esperarlo en la comandancia del poblado, acompañado por su amigo y consejero José María de Necochea, y al llegar el esbirro de Blancarte, después de saludar y abrazar al patriota, a una señal convenida varios soldados lo derribaron, ya en el suelo fue insultado soezmente por Pujol, acusándolo de traición a la patria44, y lo metieron a un cuarto que serviría de calabozo.

El teniente José Fidel Pujol montó enseguida un espectáculo de juicio en el que se dieron numerosos testimonios, aunque no se exhibieron pruebas definitivas de los cargos fincados contra el guerrillero californio. Fue acusado desde haber querido vender la península a los norteamericanos y conspirar contra el gobierno, hasta asesinato y abuso de autoridad. También se dijo que el acusado era un hombre cruel, prueba de lo cual estaba el hecho de que había puesto en prisión a su propio padre; curiosamente no se especificó que era su padre político a quien había detenido por breve tiempo, don José Luciano Espinoza, padre de su esposa María de los Ángeles, por haberse aliado con el lugarteniente de Walker Joseph W. Smith. Algunos de los testigos declarantes fueron prisioneros que se encontraban detenidos en los calabozos del cuartel, como Juan Beecful, antiguo filibustero que se había pasado al bando de Meléndrez, y quien acusó al de La Grulla de planear una rebelión de la tropa contra Pujol, así como de haber intentado sobornar a los guardias para que le facilitaran la libertad. A todas las acusaciones contestó Meléndrez con veracidad, aunque en algunos casos dijo que respondería a ellas ante el gobierno superior político.

El 28 de junio de 1855 a la una de la mañana terminó el proceso, cuando le fue leída su declaración al acusado, éste no firmó porque dijo no saber leer ni escribir, habiendo puesto en el documento la cruz acostumbrada en tales casos. Pujol sentenció que el prisionero era culpable de haber llamado a la sedición a la tropa, y de pedir ayuda a gente de la Alta California, firmando Pujol y el escribano sargento segundo Tomás Estrada. Por la mañana de ese día, Antonio María Meléndrez fue conducido hasta las afueras del poblado, se le puso de rodillas, se leyó la sentencia y un pelotón de fusilamiento lo ejecutó a las ocho de la mañana, en presencia de Pujol y el juez Espinoza, contra uno de los muros de la misión de San Vicente; existe la tradición de que Pujol remató a Meléndrez de dos balazos. Sus restos fueron entregados a sus familiares45 y yacen en una tumba en el panteón viejo de San Vicente, al lado de las ruinas de la misión.

Poco después del fusilamiento, se empezaron a oír protestas del pueblo de La Frontera y aun en la prensa de California por el nefasto crimen cometido contra el guerrillero; el periódico " San Diego Herald" publicó el 15 de julio de 1855 una nota que decía: Tuvimos la oportunidad de escuchar los sentimientos de los habitantes de la región; ningún hombre ha hecho más que Meléndrez para conservar la libertad de su país, nadie se merecía más que él; fue por esta inconformidad popular que incluía a parte de la Alta California y que finalmente repercutía en perjuicio de la administración de López de Santa Anna, que el 1º. de octubre de 1855, el general Blancarte, acatando órdenes del presidente, se vio obligado a ordenar al Capitán José de Oñate, a quien había nombrado subjefe político y comandante militar de La Frontera, que se reabriera el juicio de Meléndrez, proceso que se inició el 11 de diciembre en Santo Tomás; se llamaron nuevos testigos, y todos confirmaron el gran patriotismo de Meléndrez, lo que permitió que oficialmente su nombre fuera reivindicado como héroe de Baja California. Sin embargo, hoy una calle de la ciudad de Ensenada se llama José María Blancarte, mientras que el nombre de Antonio María Meléndrez es casi desconocido, sólo un modesto ejido en el municipio de Ensenada lleva su nombre.

El panteón viejo de la misión de San Vicente Ferrer se localizaba donde hoy se encuentra esta nopalera. Aquí pudiera estar la tumba de Antonio Meléndrez

Casi todos los nuevos testimonios prácticamente nulificaron las principales acusaciones que antes se habían hecho contra Meléndrez; por ejemplo, la de que el californio tenía armas escondidas para rebelarse contra Pujol y su tropa fue desmentida por Pedro Duarte, quien había fungido como juez primero de paz, y que expresó entre otras cosas y siempre ratificando el patriotismo del guerrillero de La Grulla, que éste era su vecino, y que cuando supo de la venida de Pujol le cedió el cuarto de su casa para que se alojara, yéndose a vivir provisionalmente a un pequeño dormitorio que el propio Duarte le proporcionó. Agregó el declarante respecto a las armas que supuestamente tenía Meléndrez guardadas para una rebelión, que cuando se hizo el cateo a su casa sólo se encontraron dos carabinas antiguas e inservibles, y que las armas que les quitaron a los filibusteros las repartió siempre entre sus voluntarios para poder continuar la guerra. Otra interesante declaración fue la del suegro del grullense, José Luciano Espinosa, quien a pesar de haber sido enemigo de Meléndrez, declaró a su favor en las acusaciones que le hacían, y al preguntársele qué daño le había hecho, expresó que lo metió en prisión al negarse a firmar la causa contra del filibustero Joseph Smith. Otro testigo llamado a declarar fue el comerciante Agustín Mancilla, quien informó que cuando acompañó al acusado en su lucha contra Walker, ya cerca de la línea divisoria, le platicó que le había llamado una persona para un negocio importante, pero que él no acudiría por saber que los norteamericanos sabían de su odio hacia ellos y podrían capturarlo. Juan Bermúdez fue otro testigo llamado a declarar, y dijo que una vez el acusado había ido a San Diego atendiendo el llamado que le había hecho Juan Bandini, y que al poco tiempo después de su regreso éste mandó al rancho Guadalupe 10 rifles y una carabina de dos tiros, para el cuidado de la casa, todo lo cual se encontraba en la tienda del rancho, en donde él trabajaba como mayordomo.

El acta levantada fue entregada en Santo Tomás al subjefe político José María de Oñate el 29 de diciembre de 1855. Blancarte murió asesinado por el guerrillero Andrés Rosales en una reyerta en su propia casa, en tanto que Walker fue fusilado el 12 de septiembre de 1860 en Honduras después de varios intentos de conquista realizados contra Nicaragua y aquel país.

La revuelta de 1856 a 186

Derrocado Santa Anna y jurado el Plan de Ayutla por las autoridades de la península el 3 de diciembre de 1855, se aplicó el recién decretado Estatuto Orgánico del Territorio de Baja California, que dividía la península en las siguientes municipalidades: La Paz, San Antonio, Todos Santos, Santiago, San José, Mulegé y Santo Tomás. Se establecía en el referido Estatuto que para los puestos de gobierno se harían elecciones populares, y fue electo como jefe político José María Gómez, quien el 30 de julio de 1856 devolvió a la iglesia por decreto las tierras que en el gobierno del Coronel Rafael Espinosa se habían quitado a las misiones para su colonización. Gómez nombró a Francisco de Paula Ferrer como subjefe político del Partido Norte, y en informe enviado a las autoridades sobre el estado en que se encontraban los poblados de su jurisdicción, expresó lo siguiente: …A distancia de 9 leguas de San Vicente está el pueblo de Santo Tomás, cabecera del Partido, habitado por 9 familias que componen 21 individuos incluyendo las criaturas de pecho. Desde este pueblo hasta la línea se encuentran 9 ranchos habitados por familias mexicanas, en el mismo estado poco más o menos que las referidas, pero los rancheros de Guadalupe y Valle de San Rafael, que son propiedad de norteamericanos residentes en la Alta California y el de Tía Juana, habitado por su propietario sufren menos escasez. Desde este pueblo (Santo Tomás) hasta la línea no hay habitante que sepa leer y escribir, pero ni firmar… Hoy no se encuentra en Santo Tomás nada absolutamente que vender, y unas familias con otras cambian lo que más les hace falta para alimentarse. 46

Descontando como hecho real el crónico abandono de la península por parte del gobierno, así como la pobreza que siempre afectaba a sus pobladores, el desolador panorama descrito por Ferrer parece ser algo exagerado, si se toma en cuenta que bastantes familias vivían en ranchos situados hacia el este del camino, dedicadas todas a la cría de ganado mayor y menor, lo que les permitía cuando menos contar con la alimentación necesaria; prueba de esto son los troncos familiares que desde mediados del siglo XIX, o antes, existían en lo que hoy es el estado de Baja California, los cuales se mencionan en el capítulo “Ensenada”, y que pueden corroborarse en la “Guía familiar de Baja California, 1700-1900”, de don Pablo L. Martínez. De lo que sí se carecía frecuentemente era de algunos productos como herramientas, ropa, y ciertos alimentos, lo cual se conseguía de los vendedores viajeros o fayuqueros, o haciendo lo que entonces era un prolongado viaje a los comercios de San Diego.

El lastre de la ignorancia

Lo dicho por Ferrer a propósito de la iletrada población, era consecuencia de que la educación en las Californias, desde el tiempo de los jesuitas hasta el inicio del México independiente, había sido relegada a un segundo plano por el gobierno; y cuando llegaron a establecerse algunas escuelas, se tuvieron muchas dificultades para conseguir profesores, para sostenerlas, y sobre todo para conservar el interés de los padres en enviar a sus hijos a estudiar. Antiguamente, casi todos los misioneros habían tenido la idea de que lo único que necesitaban aprender los niños era el catecismo, y le llamaban aprender a la repetición memorizada de su contenido, así como de cantos religiosos; fuera de esto, algunos jóvenes y adultos aprendían en forma asistemática, de maestros mestizos o españoles, algún oficio casi siempre rústico para servir mejor a la misión. Quizá el único funcionario de alta jerarquía del gobierno español que dispuso la fundación de escuelas modernas en los poblados del sur fue don José de Gálvez, pero su proyecto no se pudo llevar a la práctica de manera permanente y generalizada. Las únicas personas que sabían leer, escribir y realizar operaciones numéricas eran los misioneros, los capitanes y pilotos de barco, los gobernantes, algunos oficiales del ejército y de la armada, y muy pocos soldados. En 1785, por ejemplo, de los 30 soldados del presidio de San Francisco, sólo 7 sabían leer; y en 1797 únicamente 2 de los 28 destacados en el lugar.

En la Alta California, aunque en su tiempo los franciscanos no favorecieron una educación popular47, tal vez por la importancia creciente de la actividad comercial se fueron creando más y más escuelas, y cuando la provincia pasó a ser parte de los Estados Unidos, esa tendencia se reforzó, en 1851 se formó el Colegio de Santa Clara, que para 1885 se convirtió en universidad. Mientras tanto, en la península, debido a los pocos recursos del gobierno y a que los padres de familia preferían disponer de sus hijos para que los ayudasen en las labores del campo, sólo se fundaron escuelas elementales en muy pocas poblaciones, lo que trajo como consecuencia el estancamiento del pueblo en la ignorancia y en los fanatismos religiosos y políticos, lastre que pesó por muchos años retardando el progreso de la región.

Coronel José Castro, gobernador de Alta California de 1835 a 1836; y subprefecto y comandante militar de La Frontera en 1856

Desde el 22 de mayo de 1851, el norte de la península pasó a ser Subprefectura Política del Partido Norte de Baja California, pero este cambio no se acompañó de acciones concretas que contribuyeran a darle firmeza al gobierno en el lejano territorio, salvo la buena intención de establecer una colonia militar en La Frontera, la cual, como ya se ha dicho, para 1853 entró en decadencia por falta de recursos.

La reciente anexión de la Alta California a los Estados Unidos fue un factor que contribuyó para que muchos mexicanos y norteamericanos se apoderaran, por diversos medios, de extensas propiedades en La Frontera, nombre que aún se daba a lo que hoy es el municipio de Ensenada, y por extensión Tijuana y Tecate, y su objetivo final era lograr que la Baja California formara algún día parte de la Unión Americana, lo cual multiplicaría varias veces el valor de las tierras adquiridas. Esta fue una de las razones por la cual se desató la lucha entre varias facciones que podrían ubicarse en tres grupos: primero, el que se formaba con aquellos que deseaban obtener la mayor utilidad posible adquiriendo, conservando y enajenando tierras, muchas veces a favor de extranjeros, sin importar los métodos empleados, incluyendo el robo y el asesinato; segundo, el de los que trataban de conservar el orden y defender al pueblo de los abusos que se cometían en su contra, así como la soberanía territorial; y el tercero, quizá el más numeroso, formado por quienes saltaban de uno a otro bando, hoy fingiéndose patriotas californios, y luego difamando a sus opositores o cambiando de partido con tal de enriquecerse y conservar el poder.

Este período, considerado por algunos como la revuelta de 1856 a 1861 en Baja California, ofrece un panorama borroso debido a que los documentos y testimonios de la época muestran contradicciones y discrepancias. Por ejemplo, José Matías Moreno se consideró a sí mismo como un campeón defensor del pueblo, pero en 1856 fue acusado por el visitador de rentas José María

Esteva, de formar parte de una compañía extranjera que poseía terrenos nacionales con el propósito de anexar la Baja California a los Estados Unidos, y por otra parte el propio Esteva era terrateniente por concesiones gratuitas que tenía en Isla de San José y en Llano del Diablo48; Feliciano Ruiz Esparza, gobernante de quien se hablará más adelante fue considerado por muchos como un tirano cruel y asesino, pero la prensa norteamericana de ese tiempo encomiaba su conducta por conservar la ley y el orden, como se menciona en el obituario que le dedicó Rufus K. Porter a Matías Moreno y que se transcribe párrafos adelante.

El 1º. de agosto de 1856, el jefe político José María Gómez fue substituido por Antonio Navarro, que ocupó el puesto hasta el 3 de septiembre, fecha en que se hizo cargo del gobierno nuevamente el general José María Blancarte. Ese año49, el coronel José Castro, primo del capitán Manuel Castro, fue nombrado subprefecto y comandante militar del Partido Norte en lugar de Ferrer; pero al recibir el mando, su estilo de gobierno pronto quedó de manifiesto cuando ordenó que fueran fusiladas varias personas por el solo hecho de considerarlas peligrosas para su administración; y respecto a su honestidad administrativa, basta mencionar que, aprovechando su puesto, vendió al ruso Antonio Milatovich el lugar conocido hoy como “El Sauzal de Camacho” y Ensenada, aunque después la operación fue nulificada por el presidente Benito Juárez en 1863.

Los caóticos acontecimientos de esta época, una verdadera revuelta que marcó el período comprendido de 1856 a 1861, pueden resumirse en los siguientes hechos, aunque el lector podrá encontrar más información al respecto en el capítulo dedicado a Playas de Rosarito.

  1. El coronel José Castro, gobernador de la Alta California de 1835 a 1836, fue el último comandante militar mexicano de aquella provincia y escapó a Sonora en 1846, cuando ocurrió la invasión norteamericana; se llegó a decir que era corrupto y aficionado al alcohol50. En agosto de 1856 llegó a La Frontera como subprefecto y comandante militar en lugar del capitán Francisco de Paula Ferrer, quien no había podido evitar los abusos de sus soldados en contra de la población civil, esto debido en parte a la carencia de los bienes indispensables para la subsistencia de la tropa; de inmediato Castro nombró a Feliciano Ruiz Esparza, ex platero en San Diego y después vaquero en la misma región51, para que lo substituyera cuando se ausentara de La Frontera; pero Matías Moreno influyó para que Castro fuera removido y se nombrara a su amigo José Domingo Sáenz52 en su lugar. Cabe aclarar que el descontento de Moreno con Castro se debió a que éste había desconocido la propiedad de las tierras que aquel detentaba, por concesiones que indebidamente le había otorgado Pío Pico cuando era gobernador de la Alta California53. Pasó algún tiempo, y al no saber el jefe político en La Paz si Sáenz había aceptado el cargo, nombró a Juan Mendoza en su lugar. Ruiz Esparza tenía el poder en ausencia de Castro, quien se había ido a la Alta California, y al saber por el propio Mendoza que lo habían nombrado para substituirlo, decidió no entregarle el gobierno, apoyado por muchos norteamericanos y mexicanos del norte de la frontera.
  2. En este contexto se desató una lucha por el poder entre Mendoza, Sáenz y Ruiz Esparza. Éste fue arrestado por Sáenz, pero logró escapar varias veces de sus enemigos, hasta que recuperó el mando militar de La Frontera, puesto en el cual recibió ayuda en hombres y pertrechos procedentes de la Alta California. Los norteamericanos lo consideraban como el único capaz de mantener el orden en la región, o tal vez el único que defendería sus intereses54. Castro regresó de San Francisco en 1860, pero Ruiz Esparza sólo le entregó el poder civil y él conservó el militar. Ese mismo año Castro fue asesinado en la Misión Vieja al intercambiar balazos en una riña de borrachos el 14 de abril con un hombre del bando de Sáenz llamado Manuel Márquez, que era buscado por asesinato en Los Ángeles55. En un artículo publicado en 1870 en el San Diego Union, se dijo que en un pleito con Márquez durante un convivio en la Misión Vieja, éste salió a buscar un arma, seguido por el gobernador pistola en mano; de pronto se encararon, Castro disparó dos veces, y luego Márquez, hiriendo de muerte a su adversario. Resulta de interés que en esa publicación, el articulista se vierte en halagos para el fallecido, atribuyéndole grandes cualidades56. Ruiz Esparza volvió a El Sauzal de Camacho, convocó a elecciones, y fue electo gobernador provisional por sus soldados. Aquellos que no asistieron a la “elección” fueron localizados por la tropa y ejecutados, siendo casi todos personas que se habían opuesto a don Feliciano.
  3. Sáenz mandó a Juan Mendoza, que se encontraba exiliado en la Alta California, a que iniciara una revuelta en La Frontera; ayudado por un grupo de indios57, así como por delincuentes reclutados en Alta California, devastó ranchos y poblados, lo que no pudo evitar Ruiz Esparza. Uno de los encuentros armados de cierta importancia que tuvieron los de Ruiz Esparza contra los de Mendoza fue en el cuartel de aquel en El Descanso, en donde se habían refugiado mujeres y niños al saber que se aproximaba Mendoza al frente de 380 hombres, casi todos indios jacumeños, dispuestos al saqueo y asesinato. En estos hechos del bando de Ruiz Esparza sólo resultó muerto un indio, y algunos heridos, mientras que del lado de Mendoza parece que sólo hubo algunos lesionados. Según Hayes, al verse a punto de ser arrasado por sus enemigos, Ruiz Esparza salió al frente de un puñado de sus jóvenes reclutas, mientras que Mendoza permanecía a salvo en la retaguardia de su gente. Esto influyó para que su tropa huyera, unos rumbo al Colorado y otros hacia Los Ángeles58. Sáenz era un anciano rico, agiotista, ganadero, terrateniente y sin educación, pero sobrevivió a casi todos los actores de la revuelta, según el “Star” de Los Ángeles del 13 de octubre de 1860.
  4. Los saqueos y el desorden de la época hicieron que el mayor del ejército norteamericano Lewis Armistead amenazara con intervenir al frente de 20 soldados, Mendoza trató de que los indios yumas lo apoyaran pero no lo logró, por lo que tuvo que escapar a Sonora. Cabe aclarar que Armistead siempre se mostró amigo de Ruiz Esparza, y le dio su apoyo situándose en el lado americano de la frontera con sus fuerzas en la persecución de Mendoza. A principios de mayo de 1860, Ruiz Esparza capturó a 15 delincuentes del bando de Sáenz, casi todos provenientes de California, entre los que se encontraban muchos famosos ladrones y asesinos del área de Los Ángeles, como Salomón Pico59, todos fueron fusilados, acción que fue criticada en ambos lados de la frontera, aunque la mayor parte de los angloamericanos la aplaudieron, como se ha mencionado en renglones anteriores. Dadas las circunstancias, Mendoza tuvo que huir con los indios de su banda a la región del Colorado.
  5. Juan Mendoza fue asesinado en San Diego el 6 de febrero de 1865 por su ex patrón Cave Couts60, a quien había amenazado de muerte por viejas rencillas. El crimen lo cometió Couts en la plaza del pueblo, con una escopeta de dos cañones que llevaba cubierta con un rebozo; Mendoza estaba desarmado61. En el juicio que se siguió al asesino testificó Eugenio Murillo, y salió a relucir un asesinato cometido por Mendoza en la persona de Andrés Manríquez, perteneciente al bando del gobierno en Baja California, también se recalcó su carácter violento y la rebelión que llevó a cabo contra el gobernador Feliciano Ruiz Esparza.
  6. La suerte empezó a cambiar a favor de don José Matías Moreno, ya que gracias a sus quejas, algunas válidas y otras verdaderas intrigas, que por diversos medios hacía llegar ante el jefe político del territorio Teodoro Riveroll, éste pidió al presidente de la República don Benito Juárez la ayuda necesaria para restablecer el orden legal en el Partido Norte. La petición dio resultado y pronto un batallón comandado por el teniente coronel Eustaquio Cota, acompañado por Moreno, zarpó de Mazatlán rumbo a Ensenada en la goleta “La Reforma”, a donde arribó el 11 de marzo de 1861.
  7. Los únicos habitantes que encontraron al desembarcar eran unos suizos, quienes informaron a Moreno que el cuartel de Ruiz Esparza se encontraba en El Descanso, al norte de allí. Hacia allá se dirigió parte de la tropa con Cota al frente; al siguiente día llegaron y tras un breve combate, tomaron el cuartel sin que se registraran bajas en ninguno de los bandos. Ruiz Esparza había huido hacia el sur, sin que las fuerzas de Moreno lograran capturarlo. José Matías Moreno quedó entonces como subprefecto del Partido Norte, y con el fin de obtener los fondos necesarios para sostener su administración, tomó los objetos de plata de la iglesia que Ruiz Esparza había requisado, y los vendió en San Diego en $ 840. 00, con lo cual pudo efectuar algunos de los más urgentes pagos, como los que se debía a la tropa. Cabe mencionarse que Moreno informó de todo esto al jefe político Teodoro Riveroll.
  8. A pesar de sus constantes esfuerzos, Matías Moreno nunca pudo derrotar definitivamente a Ruiz Esparza, pero sí lo obligó a dejar San Quintín, a donde había huido, y escapar a bordo de un barco ballenero a Isla de Guadalupe, lugar que le había otorgado José Castro. Como subprefecto de La Frontera en 1861, Moreno pudo restablecer la tranquilidad en la región con el apoyo de los soldados de Eustaquio Cota. Poco después renunció y le siguió Juan de Dios Angulo, mientras en La Paz, Ramón Navarro asumió el gobierno en lugar de Riveroll. Hay que señalar que cuando menos al principio de su gestión, Moreno tuvo dificultades para ganarse la confianza de la escaza población que aún permanecía en La Frontera, pues muchos se habían refugiado en California, y no pocos consideraban a Ruiz Esparza como el legítimo gobernante, pero poco a poco, al restablecerse la tranquilidad, Moreno fue consiguiendo el apoyo de quienes durante mucho tiempo se habían sentido protegidos por Ruiz Esparza.
  9. Feliciano Ruiz Esparza huyó en marzo de 1861 de San Quintín a la isla Guadalupe, a bordo del “Esmeralda”, acompañado por otras 11 personas incluyendo su familia, su cuñado, y un amigo llamado José María Barrera, por lo cual pagó al capitán del barco con cuatro vacas. Ya se ha mencionado que la isla le había sido cedida por el gobernador Castro, y había construido en ella una casa de piedra. En un relato de estos hechos, José Matías Moreno da a entender que el fugitivo posiblemente fue llevado primero a Isla de Cedros y después a Guadalupe.

En este lugar, posiblemente el pequeño grupo sobrevivió de la pesca, cazando cabras y cultivando un pequeño espacio de tierra, pues habían llevado algunas armas, pólvora y una canoa. Años después, el capitán Charles Melville Scammon relató que un barco que pasó cerca de la isla había rescatado a un grupo de seis u ocho mexicanos, en condiciones miserables, vestidos con pieles de cabra, y los había transportado a la costa. Al parecer, algunos de los hijos de Ruiz Esparza iban en el grupo, y se establecieron en San Diego. Barrera llegó a decir que Ruiz Esparza murió y fue sepultado en la isla62.

Datos biográficos de José Matías Moreno

José Matías Moreno, hijo del ballenero inglés Mateo Slorreno y Dolores Carrillo, nació en San Antonio, Baja California Sur, fue educado por los misioneros del lugar, se casó con Prudenciana López, y llegó a ocupar el puesto de secretario del gobernador Pío Pico de la Alta California. Cuando los norteamericanos se apoderaron de la provincia, huyó hacia el sur de la península, pero a diferencia del ex gobernador, organizó en Comondú un grupo de 60 patriotas sureños que se autonombraron “Guerrillas Guadalupanas de Comondú, Defensores de la Independencia Nacional”, para luchar contra los norteamericanos que comandaba el coronel Burton.

José Matías Moreno

En febrero o marzo de 1861 fue nombrado subprefecto de La Frontera por el gobierno de Juárez, aunque su familia vivía en San Diego. Durante la turbulencia política y militar de 1856 a 60, fue enemigo de Feliciano Ruiz de Esparza, a quien combatió pero nunca pudo derrotar definitivamente. En abril de 1862, Matías Moreno se fue a su rancho en Guadalupe, donde murió el 1º. de diciembre de 1869, a los 50 ó 51 años de edad. Se transcribe a continuación la nota obituaria de Matías Moreno que escribió Rufus K. Porter63 para el “San Francisco Bulletin” el 22 de diciembre de 1869: La muerte ha estado ocupada entre los antiguos y notables ciudadanos de este condado y Baja California, Don Matias Moreno, por algún tiempo comandante o Gefe (sic) de la frontera de Baja California, murió repentinamente en su rancho de Guadalupe, propiedad que antes perteneció y fue mejorada por el fallecido Juan Bandini. Don Matías salió para la Ciudad de México hace algunos meses y llevó consigo muchos documentos de los ciudadanos de la frontera del sur para presentarlos al Gobierno Mexicano. También llevaba mucho dinero de todas las partes interesadas, ya que sin dinero muy poco se puede hacer en cualquier gobierno. En la ciudad sufrió un ataque de parálisis…pero teniendo la mejor atención, se recobró lo suficiente para regresar aquí con su esposa y niños, que fueron a la ciudad a cuidarlo. Habló confiado de su última recuperación, y fue muy prudente al comer y beber, como lo fue en lo general aun en buena salud. Se fue a Guadalupe, a unas 70 millas de aquí, y allí sufrió un ataque y fatalmente murió. En los últimos 30 años el fallecido tuvo más influencia con las autoridades de La Paz que cualquier otro hombre, y fue probablemente la causa de más derramamiento de sangre que cualquier otro individuo en California. Mientras que permanecía a salvo en San Diego, y aquí era generalmente respetado, sus cartas y emisarios estaban representando al mismo diablo entre los mexicanos al sur de la línea. Fue la causa del asesinato del General Castro sin lugar a duda, y sus representaciones a las autoridades de Mazatlán causaron la derrota y huída de Ruiz Esparza, cuyo mayor crimen fue no tolerar ladrones y asesinos en esa porción del Territorio bajo su mando. Su vida estuvo llena de eventos importantes, y su autobiografía sería una de las más interesantes de los tiempos modernos, y me inclino a la opinión de que tal documento existe entre sus papeles.64


  1. Lassépas, op. cit., p.322. ↩︎

  2. The Bancroft Library: Finding Aid to the Documentos originales para la historia de la Baja California y sobre todo de la Colonia Militar de la Frontera, 1848-1859. Collection number: BANC MSS M-M 20-21, item 97-98. ↩︎

  3. El viaje que realizaron soldados y colonos desde el sur de la península, reabriendo senderos y sufriendo los rigores del clima, puede considerarse una verdadera hazaña, y aunque su desempeño posterior como comandante de La Frontera tal vez merezca las críticas que se le han hecho, nadie puede negar la capacidad y liderazgo que demostró para conducir con éxito aquella expedición por tan difícil ruta y sin los recursos necesarios. ↩︎

  4. Espinosa nombró como primer subprefecto del norte de Baja California a Castillo Negrete el 22 de mayo de 1851. ↩︎

  5. Santo Tomás había sido nombrado cabecera del Partido Norte por Rafael Espinosa., el cargo de Alcalde Primero Constitucional tocó a Tomás Warner o Bona, y el mando militar siguió en Castro. No se sabe que haya habido elecciones. ↩︎

  6. Meade, “El Partido…”, Op. Cit., p. 52. ↩︎

  7. Castellanizando su nombre, los vecinos llamaban “Bona” a este personaje. ↩︎

  8. Panorama Hist. de B. C. UNAM-UABC; 1983, D. Piñera, “Establecimiento de colonias militares”, Ángela Moyano Pahissa, p. 179; y colección BANC MSS M-M 20-21 de la Bancroft Lib., Invent. de los Doc. para la Hist. de la B.C.. ↩︎

  9. “Salinas Weekly”, del 30 de abril de 1891. ↩︎

  10. Filibusterismo. Enciclopedia de México, 1993, t. 5; p. 2788. ↩︎

  11. Valenzuela, José Jesús, “Voces de mi Pueblo y su Gente”; 1995. La Batalla del 6 de abril de 1857; p. 16. ↩︎

  12. Wilson, Lori Lee; “The Joaquin Band. The History Behind the Legend”. University of Nebraska Press, 2011, p. 41. ↩︎

  13. Bell, Op. cit., pp. 107-108: Las actividades delictivas de Murrieta iniciadas en la primavera de 1853, eran ejecutadas por bandas organizadas desde San Diego hasta Stockton, muchas veces se burló de autoridades militares y civiles eludiendo su captura gracias a informaciones que recibía de lugares distantes, y en cualquier país que no fuera Estados Unidos, los actos de Murrieta se hubieran dignificado con el título de “revolución” y a él se le hubiera considerado jefe rebelde. ↩︎

  14. Cabe aclarar que el editor de “Los Angeles Star” era uno de quienes habían criticado las acciones y declaraciones del gobernador Bigler en el caso. ↩︎

  15. La abuela materna del autor de esta obra, doña Amada López Meléndrez, fue sobrina de Antonio Ma. Meléndrez. ↩︎

  16. Según la genealogía publicada por don Pablo L. Martínez, doña Susana era hija de María Antonia Ovalles, Arrayes, o Valles, y de don Juan Ignacio Ceseña. ↩︎

  17. En Reminiscences of a Ranger, Horace Bell llama a Meléndrez “pequeño Hércules”. Op. cit., Cap. XVI, pp. 208-209. ↩︎

  18. Datos de “California Filibusters: A History of their Expeditions into Hispanic America”, de Fanny Juda, en “The Grizly Bear Official Organ of the Native Sons and Native Daughters of the Golden West”, Vol. XXI, No. 4, Feb. 1919. ↩︎

  19. El Carolina era propiedad del cónsul norteamericano en Guaymas Juan A. Robinson. “The Republic of Lower California, 1853-1854”; Wyllys, Rufus Kay, p. 195. ↩︎

  20. Aparentemente Walker, al zarpar pensó inicialmente dirigirse a Sonora, pero al no llevar todo lo necesario para una campaña de tal magnitud, decidió finalmente apoderarse primero de Baja California. ↩︎

  21. A la una de la mañana del 16 de octubre, oficiales aduanales y militares aseguraron cajas de municiones que se introducían a bordo del Carolina, pero abandonaron la idea de detener la embarcación basados en lo que le había sucedido a Hitchcok cuando intentó hacerlo con el “Arrow”. ↩︎

  22. Walker mandó a dos hombres a tierra quienes engañaron a Espinosa diciéndole que iban a Guaymas, y que le traían un regalo por el cual regresarían a la embarcación. Su verdadera intención era saber si había defensa militar suficiente. ↩︎

  23. Scroggs, William O., “Filibusters and Financiers, the Story of William Walker and his Associates., p. 37. ↩︎

  24. Meade, Adalberto Walther; “Antonio María Meléndrez, caudillo y patriota de Baja California”, UABC, 1988, p. 34 ↩︎

  25. El general Manuel Márquez de León, en su rancho cercano a Todos Santos, se preparó para combatir al invasor filibustero. ↩︎

  26. Doscientos hombres, según Wyllys, Op.cit., p. 207. ↩︎

  27. Según Adalberto Walther Meade, el Anita llegó a Ensenada el domingo 17 de diciembre, ver Meade, Op. cit., p. 39; mientras que Wyllys afirma que la embarcación llegó al puerto el 28 de diciembre; ver Wyllys, Op.cit., p. 207. Esta fecha también es considerada por William O. Scroggs, en Filibusters and Financiers. The story of William Walker and his associates. The McMillan Company; 1916, p. 41. ↩︎

  28. Meade, Op. cit., p. 40. ↩︎

  29. Meade, Op. cit., p. 40. ↩︎

  30. Según Wyllys, los filibusteros rompieron el sitio el 14 de diciembre de 1853, lo que no cuadra con las fechas de otros autores. Op. Cit, p. 207. ↩︎

  31. Wyllys, Op.cit., p. 209, y Scroggs, Op.cit., p. 44. ↩︎

  32. Véase p. 43 de Meade, Op. Cit.. ↩︎

  33. Samuel Roland, agente de prensa de Walker, escribió una carta fechada el 10 de mayo de 1854 dirigida al editor de un periódico de San Diego en la que da su versión del regreso de los filibusteros del río Colorado a San Vicente, y en una posdata corrige parte del relato hecho diciendo: …sé de buena fuente que Smith entregó sus hombres a Meléndrez, y que éste…había matado a cinco de los hombres, después de que Smith le había entregado su adhesión. El nombre de Smith es Joseph Wallace Smith, y es de St. Louis, Missouri…En otras partes de la misiva, Roland descubre su carácter racista al insultar groseramente al editor de “Los Ángeles Star” por haber denunciado saqueos y latrocinios cometidos por los filibusteros, y le llama “grasoso de corazón”, lo que significaría “mexicano de corazón”. _Review, Vol. VI, No. 4. October 1935. William Walker´s Invasion of Sonora, 1854. Publicado por la Universidad de Arizona, p. 67. ↩︎

  34. Wyllys, Rufus Kay; William Walker´s Invasion of Sonora, 1854. Arizona Historical Review; Vol VI, No. 4; 1935. Publicado por la Universidad de Arizona; p. 65. ↩︎

  35. La carta de Bandini fechada el 25 de mayo de 1854 se encuentra en la Huntington Library de San Marino, California. ↩︎

  36. Meade da como fecha del cruce de la frontera el 6 de mayo de 1854; Meade, Op. cit., p. 61. ↩︎

  37. Scroggs, Op. cit., p. 48. ↩︎

  38. Guía Histórica de Baja California; 1992; Martín Barrón Escamilla; p. 133. ↩︎

  39. Hayes, Benjamin. Pioner notes from the diaries of judge Banjamin Hayes, 1849-1875- Part 6, p. 211. Edición reimpresa en 1976 por Arno Press Inc., de una copia en la “State Historical Society of Wisconsin”. ↩︎

  40. Warner era conocido como Bona al castellanizar su nombre los vecinos. ↩︎

  41. Alric, Henry J. A. “Apuntes de un viaje por los dos océanos…”, Op. cit. p. 19. ↩︎

  42. Smith fue un médico norteamericano que se dedicaba a la especulación de fundos mineros en Guanajuato, conoció a Juan Clímaco Rebolledo en Guadalajara, y lo acompañó en su viaje a Baja California aparentemente para explorar los recursos mineros de la península. Durante la invasión de Walker se incorporó a sus fuerzas, habiendo llegado a ser uno de sus hombres de más confianza. ↩︎

  43. Mead, Op. cit., p. 79. ↩︎

  44. Mitchell Clark, James. Antonio Meléndrez, Nemesis of William Walker in Baja California, California Historical Society Quarterly, II, 1933; PP. 318-322. ↩︎

  45. El sepulturero del panteón viejo de San Vicente dijo al autor que no se conoce la ubicación exacta de la tumba de Meléndrez. ↩︎

  46. Lassépas, op. cit. p. 318. ↩︎

  47. En 1834 un doctor apellidado Alva trajo de México varias cajas...de libros científicos, pero los misioneros los hicieron llevar a mitad de la plaza…y los consignaron a las flamas. “The Overland Monthly”, Oct. 1885, p. 838. ↩︎

  48. Lassépas, Op. Cit., p. 81. ↩︎

  49. Alric., Op. Cit., p. 74. ↩︎

  50. White, Michael C.. California, all the way back to 1828; Bancroft Library, 1877. ↩︎

  51. Hayes, Op. Cit., pp. 239-240. El juez Benjamin Hayes expresó que Esparza era un hombre lúcido y sencillo, en 1854 platero durante un tiempo en San Diego, y después vaquero al servicio de un señor llamado Bonifacio López. ↩︎

  52. Algunos autores escriben Sáez, Sains, Sainz y Saiz. Era éste un rico terrateniente, muy anciano y sin instrucción. ↩︎

  53. Antes de la Guerra con los Estados Unidos, el gobernador de la Alta California Pío Pico, violando la ley, había hecho concesiones de tierras en Baja California a sus amigos, entre otros don Matías Moreno, que era su secretario. ↩︎

  54. Hayes, *... “*Pioneer notes…” Op. cit., p. 210. …Gran excitación hay en la ciudad de San Diego...en relación con los eventos de Baja California y la seguridad de Esparza. Él tiene la simpatía de todos nuestros ciudadanos pacíficos y respetuosos de la ley, y sinceramente esperamos que librará al país de esa banda de “desperados” que hoy infestan a aquel desafortunado país...los ciudadanos le enviaron 125 libras de pólvora ...la razón por la que se sienta tanto interés a favor de Esparza es, porque la gente de San Diego ha sido protegida por él en sus personas y propiedades, en mayor extensión, dicen ellos, que la que el gobierno de los Estados Unidos les ha proporcionado↩︎

  55. Ibíd, p. 198. ↩︎

  56. Shipek, Florence C.. Lower California frontier: Articles from The San Diego Union, 1870. Dawson Book Shop, 1965. ↩︎

  57. Mendoza…tiene con él unas 400 personas, de las cuales como 40 son mexicanos, el resto indios. Se rumoró que había sido nombrado gobernador, pero era falso. Es el líder de una banda de asesinos, nada más. Hayes, Op. cit., p. 210. ↩︎

  58. Hayes, Op. Cit., pp. 238-239. ↩︎

  59. Salomón Pico, primo de Andrés del mismo apellido, fue un célebre delincuente que luchó contra los norteamericanos que invadieron la Alta California, pero que después se dedicó a robar y asesinar norteamericanos. ↩︎

  60. Couts fue un ex militar que desempeñó puestos importantes en California, casado con Ysidora, la hija de Juan Bandini. ↩︎

  61. “The Journal of San Diego History”, Vol 44, No. 4, 1998. “An Old Town Gunfight”, Clare V. McKanna, Jr.. ↩︎

  62. Shipek, Op. Cit., p. 66. ↩︎

  63. Porter debe haber conocido bien a Moreno, ya que le pagaba impuestos para tener derecho a extraer sal de las playas de San Quintín. El norteamericano también explotó salinas en Laguna Ojo de Liebre, y por varios años vivió en El Sauzal. ↩︎

  64. “San Diego Historical Society Quarterly”, “The Obituary Column”, enero de 1958, Vol. 4, No. 1; Rufus K. Porter. ↩︎