Antonio Ponce Aguilar

De Cueva Pintada a la Modernidad
Capítulo XV: 
La extinción de los californios

…¿Qué sucedió? ¿En qué nos equivocamos los misioneros? ¿En dónde está el resultado de nuestros esfuerzos? Sacrificamos nuestras vidas para que la fe alumbrara la existencia de miles de gentiles, aprendieron el Evangelio, conocieron nuestra lengua y costumbres, y luego se extinguieron…

Las causas de la extinción de los antiguos californios. Etnias sobrevivientes

Las causas que provocaron la extinción de los indios californios, diversas y complejas en su naturaleza, son un capítulo obligado en la historia de la península, no sólo por tratarse del final de una raza que había habitado estas tierras por milenios, sino porque es la conclusión trágica de la obra misionera, sobre todo de los jesuitas, quienes después de invertir en ella grandes esfuerzos y su vida misma hasta un nivel de gesta heroica, paradójicamente fueron un eslabón importante en la cadena de hechos que precipitaron el final de aquellas tribus, cuando ya se incorporaban a la nueva cultura, y la conversión religiosa era una meta cuyo logro se veía cercano. El jesuita Francisco Xavier Clavijero, en su Historia de la Antigua California, hace las siguientes reflexiones: ...consta que después de la introducción del cristianismo se disminuyó mucho el número de habitantes, señaladamente en la parte austral, en la cual los pericúes que había cuando se les anunció el Evangelio, se redujeron después a la décima parte, a pesar que desde su conversión cesaron sus guerras, estuvieron mejor alimentados y su vida fue más arreglada... ¿Por qué no morían en mayor número cuando la enfermedades obraban juntamente con el hambre y la guerra?...1

Para dar cierto orden al comienzo de este tema, los hechos que pudieron influir con mayor fuerza en la desaparición de los californios se han dividido en dos grupos: 1º los que incidieron física y biológicamente sobre los nativos de manera directa, y 2º, aquellos que los afectaron culturalmente y las consecuencias se notaron al paso del tiempo.

En el primer grupo deben mencionarse las enfermedades que eran desconocidas en California antes de la llegada de los españoles, como la sífilis, la viruela y el tifo, que para fines del siglo XVIII los habían diezmado, aunque debe aclararse que el tifo también hizo estragos entre los mestizos y los mismos españoles. Basta recordar que en 1769, en ocasión del paso de Venus por el disco solar, una expedición científica arribó a San José del Cabo para hacer las observaciones astronómicas aprovechando la situación geográfica y climática del lugar, pero en ese tiempo se propagó una epidemia de tifo que causó la muerte de muchos aborígenes, mestizos y españoles; y el científico Jean Chappe D´ Auteroche, así como varios de sus compañeros, fallecieron también víctimas de la enfermedad2, sin embargo, los estragos siempre fueron más intensos entre los nativos.

Las epidemias que afectaron a la población indígena después de la llegada de los europeos fueron la viruela, influenza, sarampión, peste bubónica, difteria, tifo, cólera y sífilis, y hasta 1900 atacaron con mayor fuerza en intervalos aproximados de cuatro años dos meses y medio.3 En 1744 y 48, diversas epidemias causaron la muerte de más del 80% de los pericúes y uchitíes del sur; en 1786 el gobernador Pedro Fagés escribió un reporte que en parte decía: Las misiones de San José, Santiago, Todos Santos, San Javier, Loreto, Comondú, Cadegomó, Guadalupe y Mulegé van a grandes pasos a una total extinción. La razón es tan evidente que no hay lugar a duda. El Mal Gálico4 domina a los dos sexos, y a tal grado que ya la madre no concibe, y si concibe, el niño nace con poca esperanza de vida5, y aun en épocas tan recientes como 1843, la viruela causó mortandad en muchas partes de la península. Se ha atribuido la vulnerabilidad de los nativos a las enfermedades traídas por los europeos, y a que sus organismos carecían de las defensas biológicas para combatirlas, aunque otra causa pudo haber sido simplemente la crónica desnutrición en que vivieron después de la llegada de los españoles. Sobre este particular, cabe citar parte del informe que el vicario provincial fray Vicente Mora envió al virrey en 1777: ... El retirarse a los montes no es por aversión que tengan a vivir en pueblos, sino ya por la innata propensión a su territorio y ya por tantos ejemplares como tienen en los muchos compatriotas y parientes que murieron y en el detrimento de su salud propia que ellos mismos han sufrido. Lo cierto es que del monte vienen robustos y fuertes y que, perseverando algún tiempo en Todos Santos luego enferman…6. Una vez contagiada la población por alguna enfermedad, el incremento de la mortalidad era vertiginoso, se colapsaba el sistema de vida en las rancherías no sólo por el gran número de enfermos y fallecidos, sino porque no había quien trajera comida, agua o leña, los niños y ancianos no podían ser atendidos y un sentimiento de desesperación debe haberse apoderado de todos.

Entre los factores del segundo grupo estarían los siguientes. Antes de la llegada de los misioneros, los antiguos californios no realizaban trabajos verdaderamente pesados, pero después recayeron en sus brazos y espaldas las más duras labores, como el acarreo de los materiales para construir las misiones y el trabajo de la tierra. En otro tiempo, la búsqueda de alimentos era un reto constante que los obligaba a diarias caminatas por llanos y serranías, pero al abandonar su nomadismo original y sujetarse al paternalismo de los religiosos, disminuyó su capacidad de supervivencia, al romperse la correlación entre el hombre y la naturaleza, adaptación que les había permitido sobrevivir por milenios en el hostil medio de los páramos sudcalifornianos.

Pareciera que los castigos físicos frecuentes y el encierro obligado con que sancionaban los misioneros a los indios no son acciones que pudieran contribuir a la extinción de todo un pueblo, pero si se consideran las consecuencias que estos hechos tuvieron, como las rebeliones, las campañas de los soldados que se hacían por diversos motivos contra los nativos, y la huída de éstos a las sierras y desiertos con tal de escapar hacia su libertad a riesgo de padecer hambre y sed, sí pudieron ser factores para que aumentara su mortalidad, y finalmente desaparecieran; además, hoy se sabe que el estrés provocado por la práctica de sistemas sociales coercitivos tiene relación con una mayor susceptibilidad a las enfermedades por un sistema inmunológico debilitado7. Recuérdese también que en su afán de preservar la virginidad de las muchachas y las mujeres solteras, los misioneros las mantenían encerradas después de que cumplían con sus obligaciones de trabajo en la misión, y en algunos lugares igual medida se llegó a implementar para los hombres que después de escapar de la misión eran capturados por los soldados, por lo que la confinación de los indios en estos espacios limitados contribuyó al rápido contagio de las enfermedades.

También deben mencionarse entre los hechos del segundo grupo, la constante agresión que los españoles ejercieron contra la cultura de los californios, pues los religiosos pensaron que para lograr su objetivo esencial de evangelizar a los nativos, tenían que llevar a cabo los cambios que fueran necesarios con tal de salvar sus almas, transformarlos en buenos cristianos e incorporarlos a la cultura española. Fue así como los indígenas, repentinamente, fueron obligados a sujetar sus actividades a horarios rígidos; a soportar prohibiciones que impedían la reunión de hombres y mujeres durante todo el día, o viajar libremente de un lugar a otro; a repetir por horas salmos y rezos a los que no encontraban un claro significado, a abandonar y aun denunciar a sus guamas o doctores, a cambiar drásticamente sus hábitos alimenticios, y a otras innovaciones en su forma de vida que ya se han mencionado, como la monogamia obligada8.

De graves consecuencias fue el impacto desequilibrante sobre la relación de los indígenas con su hábitat natural, causado por los europeos al incorporar forzadamente a los californios a una forma de vida que les hizo olvidar la práctica de acciones con las cuales, por siglos, habían obtenido y aprovechado óptimamente los elementos de la naturaleza; la cacería, la recolección y la pesca se relegaron a actividades esporádicas o se cancelaron definitivamente, y la variada dieta de que se ha hablado antes se cambió por otra cuya base era el maíz. La endogamia, que llegó a practicarse en ciertos casos por los antiguos californios, ha sido considerada como factor que pudo traducirse en una degeneración racial o en una disminución de la natalidad, aunque es difícil aceptar que esto se haya dado coincidentemente con la llegada de los españoles, y no durante los muchos siglos anteriores en que estas relaciones endogámicas seguramente ya se acostumbraban, aunque debe subrayarse que en pocas etnias.

Otro hecho que afectó gravemente el bienestar de los pueblos indígenas fue su traslado masivo y forzoso de una región a otra de la península, lo cual llegó a hacerse en muchas ocasiones separando a las mujeres de sus esposos. Por ejemplo, los pericúes, debido a su temperamento belicoso y sus frecuentes choques con los guaycuras, fueron desarraigados de la Bahía de La Paz entre 1683 y 1720, para ubicarlos en el extremo sur y en las islas cercanas; y algo semejante ocurrió cincuenta años después, cuando familias y hombres jóvenes, los más capaces, fueron llevados de San Borja y Santa Gertrudis a trabajar a los campos de las misiones de la Alta California. Aunque estos movimientos no constituyeron verdaderos éxodos en aquellos grupos humanos tan íntimamente unidos a un sistema natural, al cual se habían adaptado en un proceso milenario, también se repitieron con otros en diversas épocas, cuando escaseaba el agua en alguna misión o su sostenimiento era incosteable, y se trasladaba la gente a otro poblado, muchas veces a cientos de kilómetros de distancia, en donde tendrían que iniciar la penosa adaptación a nuevos ambientes.

El investigador Robert H. Jackson, en su obra “Indian Population Decline, 1687-1840”, en general, sostiene la tesis de que las misiones se convirtieron en focos de las enfermedades epidémicas como la viruela, el sarampión y el cólera, que acabaron con buena parte de la población indígena de la Nueva España. Señala que la costumbre de reunir en comunidades artificiales a los indios dispersos en sus rancherías para bautizarlos, catequizarlos, enseñarles los principios de la agricultura y algunos oficios, fue una de las causas que aceleró su fin, y agrega que aunque los misioneros percibían el problema, década tras década seguían reclutando reemplazos para sustituir a los que habían fallecido.

Recién establecidas las misiones, la población indígena parece haber alcanzado su pico, pero para 1790, su disminución era vertiginosa. Las opiniones de Jackson, cuyas investigaciones le llevaron diez años, parecen ser drásticas y encaminadas a una crítica injusta al sistema misional, al atribuirle las principales causas de la extinción de los indios californios, e investigadores como Mathes han criticado severamente su metodología, pero aun así, algunos de sus argumentos son difícilmente rebatibles, especialmente los referentes al cambio forzoso de hábitos alimenticios y el confinamiento de los indígenas en espacios reducidos. Sobre las enfermedades venéreas, cuyo contagio propagaban los soldados en la población nativa como epidemia letal, los misioneros poco o nada podían hacer para impedirlo.

A continuación se muestran estadísticas demográficas de las misiones de San José de Comondú y de Santa Gertrudis9, que revelan un desplome en la población a partir de 1775 y 1780; datos análogos sobre Santo Tomás aparecen en el capítulo Los Dominicos.

San José de Comondú

AñoPoblación
1744513
1755387
1762350
1768330
1771216
1773284
1774269
178280
178673
179067
179440
179546
179640
179741
179840
179919
180021
180120
180226
180330
180420
180526
180628
180836

Santa Gertrudis

AñoPoblación
17551586
17621730
17681360
17701244
17711138
1773800
1774798
1775812
1776769
1782317
1786284
1787297
1790241
1794234
1795217
1796224
1797218
1798226
1799203
1800203
1801208
1802198
1804198
1806137
1808137
1791244

Finalmente, y relacionado con lo dicho en el párrafo anterior, debe mencionarse que los españoles, y aun los gobiernos posteriores a la Independencia, en su afán de colonizar con blancos y mestizos las lejanas provincias, sistemáticamente privaron de sus tierras a los legítimos propietarios, los indios, quienes fueron casi siempre confinados en los lugares más estériles e inhóspitos, lo que aceleró su decadencia.

Los pericúes fueron los primeros en acabarse, quizá porque nunca se resignaron al dominio español, y en 1734, como se ha referido anteriormente, se rebelaron combatiendo por 3 años en una especie de guerrilla, cortando los caminos, atacando a pequeños grupos de soldados, y aun asaltando y destruyendo las misiones, pero ya desde 1750 su extinción era inevitable, y fueron desapareciendo, sobre todo víctimas de las enfermedades ya citadas, y desde luego, como consecuencia de los cambios que se han venido relatando10.

No se pretende que lo expresado hasta ahora explique totalmente la declinación poblacional de los antiguos californios, y sería injusto achacarla sólo a la conquista. En Isla de Cedros, por ejemplo, había una considerable presencia indígena que se detectó desde las primeras exploraciones del Mar del Sur, y aunque la isla nunca fue colonizada por los europeos, sus aborígenes también desaparecieron, aunque esto podría explicarse parcialmente por la emigración que se hizo a tierra firme por muchos de sus habitantes; en pueblos prehispánicos muy distantes y diferentes a los peninsulares, como la isla de La Española de las Grandes Antillas, los indios taínos llegaban a cerca de un millón en 1494, pero 30 años después ya no existían. Lo cierto es que la población india de la Baja California empezó a descender notablemente a mediados del siglo XVIII; y los datos censales de la época, aun con sus inexactitudes, reflejan esa dramática caída también en las avanzadas tribus del norte. Se ha mencionado por Ken Hedges que en las regiones comprendidas en el actual valle del Río Tijuana, San Diego, Tecate y las serranías intermedias, la población aborigen pudo haber llegado a 20 000 habitantes, de los cuales sobreviven hoy sólo unos cuantos centenares, y en la región baja del Río Colorado, en 1600 tal vez habitaban unos 22 000 cucapás; sin embargo, para 1900 quedaban mil indios de esta tribu, y actualmente sobreviven acaso unas 200 personas, sobre todo cerca del Río Hardy, a pesar de que allí no hubo misiones estables11. A todo lo dicho hay que agregar el hecho importante de que en las relaciones censales, seguramente se ignoró el cambio de algunos indígenas al estatus de “gente de razón”, al emigrar a comunidades en las que se confundieron con los mestizos y blancos del lugar12.

Después de 1835, los pocos naturales que quedaban en las misiones septentrionales, tal vez por su espíritu indómito, y obedeciendo al instinto de supervivencia, las fueron abandonando para regresar a sus recónditas rancherías, a sus valles y montañas lejanos, tratando, quizá inconscientemente, de recuperar en sus antiguos hábitos de vida la vitalidad que estaban perdiendo, pero ya era tarde, y a mediados de este siglo quedaban grupos pequeños, aislados, que finalmente desaparecieron, con excepción de los poblados en el norte del estado de Baja California que ya se han citado, y de los cuales se hace a continuación una breve descripción.

Los Cucapás13. El Mayor Indígena

El nombre cucapá de la comunidad El Mayor Indígena es Ui’jmú, significa Sierra de los Molinos, y se refiere al lugar donde se asentaron en los últimos tiempos los integrantes de la tribu, quienes fueron antiguamente dueños de toda la delta del Río Colorado14; sin embargo, hoy, quienes aun sobreviven se concentran en el poblado mencionado, en la prolongación sur de la Sierra de Cucapá, al oeste del río Hardy15, aproximadamente a la altura del kilómetro 57 de la carretera Mexicali-San Felipe, aunque también se hallan algunos en varias colonias y ejidos del Valle de Mexicali, como el “Saltillo” y el “Cucapá Mestizos”. Estos indios del Colorado perdieron sus tierras por las concesiones que se le otorgaron a Guillermo Andrade durante el gobierno de Porfirio Díaz, y que después pasaron a la “Colorado River Land Company”. En 1973 recibieron 143 072 Has. de tierras desérticas y arenosas, incluyendo el lecho seco de la Laguna Salada y la Sierra de Cucapá, que no sirven para la agricultura, y aunque en esos lugares hay grafito, cal, yeso, azufre, cristal de roca y otros minerales, no se explotan por falta de recursos técnicos y económicos. En El Mayor hay servicios de energía eléctrica y de agua, aunque no con la suficiente calidad y cantidad, y la gente se mantiene de la pesca, artesanías, servicios a los turistas, trabajando en las comunidades vecinas y comercializando en modesta escala la piedra y arena de la región.

Onésimo González Saiz, Gobernador de la etnia cucapá

La fotografía en esta página corresponde a Onésimo González Saiz, quien por muchos años fue gobernador de los cucapás residentes en el Valle de Mexicali, y que siempre luchó, sin éxito, para que las autoridades agrarias le restituyeran a su pueblo las tierras que desde épocas remotas les pertenecen en la Delta del río Colorado, especialmente a orillas del río Hardy. Onésimo murió el 19 de octubre del 2007, y siguiendo la tradición de sus ancestros, su cadáver fue cremado antes del amanecer, en tierra sagrada para su raza.

Mujeres pai-pai de Santa Catarina

Pai-pai. Santa Catarina

La comunidad pai-pai de Santa Catarina en el ,lugar que los indígenas llaman “Jak´tbol”, o agua que cae con ruido, está formada por un conjunto de ranchos desparramados en unas 67 828 Has. en las cercanías del ejido “Héroes de la Independencia”; la mayor parte de sus pobladores se dedican desde tiempos muy antiguos a la cría de ganado, en tanto que las artesanías de cerámica y fabricación de canastos ayudan al ingreso de las familias. El territorio pai-pai de Jamau, hacia el este, está siendo absorbido por ranchos vecinos que han sido beneficiados por resoluciones agrarias presidenciales, lo cual no siempre resulta favorecedor a los pai-pai.

Pai-pai. San Isidoro

San Isidoro es una comunidad pai-pai a la que los indígenas llaman Japú Kinñiam, que significa represo lleno; y abarca unas 25 718 Has. al oeste del Valle de la Trinidad. Muchos de los nativos han vendido sus propiedades a mestizos y se han ido a buscar trabajo a Los Pocitos o al Valle de la Trinidad. Aunque existen comprobados recursos acuíferos, no se han explotado en gran escala por falta de asistencia económica y técnica, y actualmente algunos de sus pobladores tratan de explotar comercialmente artesanías a base de palmilla (Yucca schidigera), a la cual se le atribuyen múltiples propiedades curativas.

Pai-pai. Jamau

Los pai-pai de Ja’mao, que significa “no hay agua”, se encuentra al sur de la Sierra de Juárez, en el Valle de la Trinidad. Una antigua tradición narrada por Don Clemente González es la de La Piedra Larga, que se relata a continuación.

Todos pueden conocer una piedra, pero ésta que está aquí es muy diferente a todas las demás. A esta piedra le teníamos que temer porque es muy peligrosa. Todas las personas de este lugar de Jamau contaban que había una piedra a la que no se le podía arrimar, porque tenías que tener valor y algunos decían: “¿Quieres ser bueno pa robar? Ve a la piedra larga. ¿Quieres tener mucho dinero? Ve a la piedra larga.” Nosotros nunca nos acercamos a ese lugar porque a la piedra larga hay que tenerle miedo…16.

Quizá ningún otro grupo étnico de Baja California ha sufrido un despojo de tierras tan violento como los pai-pai de Jamau, y se han entregado derechos agrarios por parte de la Ley a dos familias provenientes del interior del país, en agravio de los legítimos propietarios, que son los nativos de esos lugares.

Kiliwa. Arroyo de León

Al este del Valle de la Trinidad y al pie de la Sierra de San Pedro Mártir en su región norte, está el Ejido Tribu Kiliwa, cuyos integrantes se autonombran ko’lew, que significa hombre cazador, gente como nosotros y los que se van. La expresión Arroyo de León en la lengua nativa es Chiwilo nimí tai, o arroyo del gato grande. El territorio ocupado por la etnia llega a unas 26 910 Has., aunque casi toda la población se concentra alrededor de Arroyo de León y ranchos vecinos, o en el Valle de la Trinidad, en donde hay más oportunidades de trabajo y los servicios de agua y energía eléctrica.

Este grupo étnico tendría mayor oportunidad para subsistir si se le apoyara para la explotación de recursos como la jojoba, las recolección de miel de abeja, la explotación de la palmilla y la cría de ganado; aunque ésta llegó a ser su principal ocupación, hoy trabajan como vaqueros y peones en los ranchos vecinos.

Kumiai. San José de la Zorra

Los kumiai o kumiay, indígenas de habla yumana, algunos de cuyos grupos son llamados cochimíes, habitan desde la región de San Diego hasta un poco al sur de Ensenada, y por el este hasta la sierra. Se dividen conforme a las variantes del dialecto hablado en ipai, ubicados al norte de San Diego; tipai localizados al sur y los kamia, forma dialectal del este.

San José de la Zorra es una comunidad de 14 440 Has. en el municipio de Playas de Rosarito, cerca de Valle de Guadalupe; San José está a medio camino entre La Misión y Valle de Guadalupe, y el pequeño valle de La Zorra está a unos cuantos kilómetros al noroeste de San José. La actividad agropecuaria es limitada, mientras que la elaboración y venta de cestos o canastos alivia parcialmente la economía de sus pobladores. Esta actividad artesanal característica de la comunidad es llevada a cabo por las mujeres, para lo que utilizan el sauce; los cestos con tapa se llaman shicuin, sawil, son los platos abiertos, y jilú los cestos cerrados.

Kumiai (cochimí para algunos autores, por la lengua empleada). Cañón de los Encinos o San Antonio Necua

San Antonio Necua o Cañón de los Encinos se encuentra al noreste del Valle de Guadalupe sobre una extensión de 6 262 Has., actualmente parte de sus tierras pueden ser regadas por bombeo, lo que permite a sus pobladores sembrar algo de maíz y frijol, aunque el manto freático cada vez es más profundo debido a la extracción de agua para el acueducto que lleva el líquido a la ciudad de Ensenada. La comunidad de San Antonio Necua, al pie de la sierra, y otros asentamientos antiguos como Jamatay, poco a poco han ido cediendo su población al Cañón de los Encinos, en donde hay más oportunidades de trabajo.

Kumiai. Juntas de Nejí

La comunidad de Juntas de Nejí se encuentra en el municipio de Tecate y su territorio abarca un total aproximado a las 11 590 Has.. Casi todos sus habitantes se han ido estableciendo poco a poco en Tecate, Valle de las Palmas, El Testerazo y El Hongo, y los pocos que quedan se dedican en un modesto nivel a las actividades agropecuarias o a trabajar en los ranchos vecinos. Las pocas tierras cultivables que les quedaban han sido parcialmente invadidas por “paracaidistas” o han pasado a los ejidos vecinos, todo esto a causa de la falta de seguridad en la tenencia de la tierra; pero el problema más grave que afecta a los habitantes de estas comunidades es la falta de agua.

Destino final

Un censo general ordenado por el virrey Revillagigedo asignaba en tiempo de la Colonia 12 666 habitantes a las dos Californias, y para 1810 había 4 450, de los cuales 2 300 eran indios. Los pericúes y guaycuras, como ya se ha dicho, prácticamente se acabaron, y actualmente, de los llamados cochimíes sólo quedan los remanentes de que se ha hablado en el norte de la península, pero tal parece que a éstos les espera el mismo destino que tuvieron sus hermanos de raza.

Paradójicamente, la educación y las mejores oportunidades de vida en las regiones circunvecinas a los poblados indígenas, y aun en estas mismas comunidades, son factores que favorecen la extinción de su cultura al ir perdiéndose cada día más la identidad propia de estas antiguas naciones. Tal parece, pues, que su destino es la desaparición como entidades culturales, ya que si sus integrantes permanecen aferrados a sus lugares de origen y costumbres tradicionales, perecerán víctimas de las enfermedades, de la falta de recursos para procurarse alimentos y por la agresividad de un entorno ambiental que ya no es tan propicio como hace siglos, el cual permitió la subsistencia en la misma región a miles de sus ancestros.

Por otra parte, al irse, sobre todo los jóvenesa, vivir a las poblaciones vecinas, sus costumbres y tradiciones acabarán por extinguirse; todo esto a menos que el gobierno federal haga las inversiones necesarias que permitan a estos grupos humanos, últimos vestigios de los primitivos californios, el aprovechamiento racional de los recursos naturales de su medio, y una educación bilingüe inicial que les sirva no sólo para perpetuar su lenguaje y costumbres, lo cual es muy estimable, sino para que puedan tener acceso a las oportunidades que en la sociedad actual generalmente llegan a quienes tienen la preparación necesaria.

Pero, ¿sobrevendrá un día la extinción total y absoluta de las viejas tribus? Samuel Eliot Morison, biógrafo de Cristóbal Colón, al referirse a las cartas que envió el almirante genovés a España, expresa que ...Colón se abstuvo de mencionar la diversión a que se entregaban los marineros y muchachas indias...cuyos hábitos eran completamente promiscuos...porque su narración iba destinada para los ojos de una reina modesta.… Este criterio muy propio de la filosofía ético religiosa de los siglos XIV, XV y XVI influyó después y durante mucho tiempo en los relatos sobre la forma de vida que tenían los soldados en California, y casi nunca se tocó el tema de sus relaciones con las mujeres nativas, pero es claro que éstas se dieron frecuentemente, de lo cual resultó un mestizaje quizá no tan importante como el del resto del país, pero que es evidente en sectores de la población ubicada al centro y sur de la península. Quizá exagerando un poco, Ulises Urbano Lassépas, en su “Historia de la Colonización de Baja California y decreto del 10 de marzo de 1857” dice Temerosos con justa aprensión los jesuitas , de que la mezcla

de las dos sangres produjera una generación bastarda, indócil, enconosa, encerraban a las jóvenes indias en habitaciones particulares, privándolas, contra su costumbre, de todo contacto libre con hombres de su casta hasta el día del matrimonio preparado y autorizado por los misioneros......Esta prudente conducta, la fealdad y ningún aseo de las indígenas, favorecieron poderosamente la composición de la actual población, que es generalmente blanca. Las epidemias cometieron tantos estragos en el “bello sexo” aborigen, que llegó a contarse una mujer por diez hombres. Amenazado el país de una completa despoblación se acordó, a tiempo, traer sabinas de los ríos de Sonora 17.

Miembros mestizos del tronco familiar más antiguo de San Francisco de la Sierra, al norte de San Ignacio, descendientes de Sebastián Constantino Arce

Sobre lo escrito por Lassépas, hay que señalar que, aun con sus groseras expresiones, refiere claramente el disgusto y hasta el temor con que los misioneros contemplaban las uniones entre españoles e indias. Pero a la naturaleza no se le puede intimidar con anatemas, y el mestizaje se dio, a pesar de los esfuerzos en contrario realizados por los religiosos, y es seguro que algunos rasgos de los antiguos guaycuras, pericúes y cochimíes, forman hoy parte del reservorio genético en una buena parte de la población peninsular18.


  1. Clavijero, Op. cit., p. 230. El historiador jesuita es incapaz de aceptar que antes, los indios quizá tenían una alimentación más nutritiva y sus enfermedades no eran devastadoras. ↩︎

  2. Cuando los integrantes de la expedición científica fueron advertidos que deberían abandonar la península por el peligro de contagio, D’Auteroche se opuso, ya que la oportunidad de realizar el estudio astronómico que los había traído a México era única; el tres de junio pudo hacer las observaciones y estudios sobre el paso de Venus por el disco solar, pero murió del contagio adquirido a los 47 años de edad. ↩︎

  3. “Disease and Infertility: A New Look at the Demographic Collapse of Native Populations in the Wake of Western Contact”, en “Biological Consequences of European Expansion, 1450-1800”, Great Britain: Galliard Ltd., 1997; Davie E. Stannard, p. 298. ↩︎

  4. Nombre que se daba a la sífilis. Es innegable que la relativa libertad de las costumbres sexuales entre los nativos, que tanto preocupó a los misioneros, pudo haber sido factor importante para que se propagara esta enfermedad en forma de epidemia. ↩︎

  5. Zephyrin Engelhardt, op. cit., pp. 571-572. ↩︎

  6. Nieser, op. cit., p. 321. ↩︎

  7. Stannard, op. cit., pp. 320-321. ↩︎

  8. No es descabellado pensar que la poligamia, practicada por algunas etnias y erradicada por los misioneros, pudo haber sido un mecanismo compensatorio natural que aumentaba la natalidad en aquellos grupos. ↩︎

  9. “Demographic Patterns in the Missions of Central Baja California”, “Journal of California and Great Basin Anthropology”, 6:1, 1984; pp. 91-112; e “Indian Population Decline: The Missions of Northwestern New Spain, 16871840”, Albuquerque, 1994; Robert H. Jackson; pp.169-170. ↩︎

  10. Un probable factor relacionado con la disminución de la población de los californios, casi nunca mencionado, es la frecuente lucha a muerte entre diversos grupos indígenas. Las guerras que sostenían los californios prehispánicos, según relatos de los misioneros, no deben haber llegado al nivel de destrucción total de las etnias. Sin embargo, con los sentimientos de rencor y odio surgidos entre los neófitos, indios convertidos al cristianismo, y los gentiles que no se sometían a la nueva religión, desde el tiempo de los jesuitas hasta los dominicos, se dieron ataques de gentiles capitaneados por audaces y belicosos guerreros contra rancherías de indios conversos y aun a las propias misiones, lo que trajo como consecuencia la muerte de muchos neófitos, tanto en las misiones del sur como en las del norte de la península, ya en tiempo de lo predicadores. En esta época, los asaltantes no se contentaron con quemar las misiones y rancherías, sino que persiguieron a muerte a sus enemigos, como lo ocurrido en Santa Catarina y otras misiones dominicas del norte. ↩︎

  11. En la región del Colorado no hubo misiones, excepto San Pedro y San Pablo Bicuñer que duró un poco más de un año. ↩︎

  12. El color de la piel, el grado de escolaridad, el nivel económico y el vestuario, son los elementos empleados en amplios sectores sociales de México para percibir a una persona como indígena o “blanco”.. ↩︎

  13. Archivo del Gobierno del Estado de Baja California (AGE). ↩︎

  14. The Indian Tribes of North America, Bureau of American Ethnology Bulletin 145; 1953; J. R. Swanton, pp. 349-370. Según reportes de Gifford en 1923, los asentamientos de los cucapá al oeste del Colorado al norte de la confluencia del Hardy eran 7; al oeste del Hardy no menos de 8; por su parte, Carl Lumholtz afirmó que en la primera década del siglo XX, existían 20 familias en el poblado Noche Buena, de 40 a 50 en Mexicali, 15 en Pescador y más de 100 en Pozo Vicente. Los nombres de los poblados al oeste del Colorado, cuando el río corría cerca de la Colonia Lerdo, al norte de la confluencia del Hardy, eran: A’u’ewawa, Kwinyakwa’a, Yishiyul, Heyawuah (opuesto a la Colonia Lerdo), Amanyochilibuh, Esinyamapawhai (Corresponde al poblado llamado Noche Buena por los mexicanos), y un pueblo llamado Hauwala. Los asentamientos al oeste del Hardy, de la confluencia al norte, eran: Karukhap, Awiahamoka, Nümischapsakal, Eweshespi, y Tamanikwawa (lugar de pescados) en una laguna 6 u 8 kilómetros al sureste de la sierra Cucapá, Wikucapa (Sierra Cucapá), Welsul, y Awisinyai, el poblado más al norte, unos 8 Km. al sur de Mexicali. ↩︎

  15. El nombre del Río Hardy es en honor del teniente de la marina británica William Harrison Hardy, quien a mediados de 1826 navegó por el río, supuestamente en representación de una compañía que deseaba conocer las posibilidades pesqueras en el Colorado. La pequeña embarcación en la cual navegó se llamaba “La Bruja”. ↩︎

  16. Testimonio de don Clemente González al Comité Pro-Etnias de Baja California. ↩︎

  17. Historia de la colonización de la Baja California y decreto del 10 de marzo de 1857; 1995; U. Urbano Lassépas; p. 108. ↩︎

  18. El doctor W. Michael Mathes se refiere al mito de la ausencia del mestizaje…en la península bajacaliforniana al señalar que don Pablo L. Martínez, en su obra “Guía Familiar de Baja California”, repitió los datos demográficos transmitidos por Sherburne F. Cook, quien sin seguir la metodología que requiere una investigación histórica, llegó a conclusiones demográficas por especulación. Revista Calafia, abril de 1998, No. 7; “Unas consideraciones nuevas sobre la población indígena de Baja California durante la época colonial”; W. Michael Mathes, p. 21. El autor norteamericano expresa en el mismo artículo, además, que el mestizaje y la aculturación que eliminó la identidad indígena al desaparecer muy frecuentemente los nombres indios en los registros de la época, fueron factores para que algunos historiadores hayan exagerado las cifras que señalan la extinción total de decenas de miles de aborígenes. Lo dicho por Mathes se robustece cuando se llegan a conocer, a lo largo de toda la península, descendientes de muchos troncos familiares cuya antigüedad se remonta al siglo XVIII, los cuales presentan rasgos claramente indígenas, característicos de determinadas zonas de Baja California. ↩︎