¿…Qué hicimos para ofender al soberano, a tal extremo que nos expulsa de sus dominios custodiados, como si fuéramos criminales…?
Los antecedentes
La Compañía de Jesús, orden religiosa aprobada en 1540, alcanzó su mayor fuerza y expansión en el siglo XVII, aunque siguió creciendo a menor ritmo después de esta época. Los jesuitas siempre fueron considerados, por unos, como una sociedad que debía temerse y condenarse, y por otros, como la comunidad religiosa más estimable de la iglesia. No puede mencionarse una causa concreta por la cual la orden empezó a ser objeto de ataques y calumnias, sobre todo en los países en que por más de 200 años había sido la más fuerte y reconocida: España1, Francia y Portugal, pero podría resumirse expresando que la Compañía había acumulado un gran poder en lo económico y político, lo cual chocaba con el centralismo cada vez más acentuado que los Borbones implementaban. Cierto que en varias ocasiones los mismos jesuitas se procuraron las dificultades, como en el caso de Tirso González, quien estando en el generalato de la orden en el período de 1682 a 1686, se manifestó abiertamente en contra del rey de Francia, Luis XIV, lo que obligó al monarca en 1688 a disponer el retiro de Roma de todos los jesuitas franceses; pero en su mayor parte, los ataques a estos religiosos obedecían a calumnias, envidias e intrigas de sus enemigos que se encontraban por toda Europa2

Carlos Francisco de Croix, virrey de la Nueva España cuando los jesuitas fueron expulsados por decreto de Carlos III, en 1767
A mediados del siglo XVII, un decreto papal hizo condena pública de las prácticas rituales de chinos y malabares conversos que eran permitidas por sus misioneros jesuitas3, lo cual fue un golpe más a la Compañía; los ministros de varios gobiernos europeos, anticlericales y enemigos de Roma, con sus intrigas y acusaciones dolosas atacaron a los jesuitas cada vez que pudieron por identificarlos con el papado; con frecuencia les hicieron cargos de laxismo ético, sobre todo los jansenistas franceses e italianos, quienes predicaban una moral extremadamente rigurosa, y para colmo, tal vez por la justificación que el padre Mariana había hecho del tiranicidio, lo que implicaba el derecho del pueblo a ajusticiar al rey si fuera necesario, se les acusó de participar en atentados contra algunos monarcas y de organizar conspiraciones. Localmente, se enviaron las siguientes acusaciones a Madrid: 1. Que el capitán de Loreto y sus soldados eran como esclavos de los jesuitas; 2. Que los misioneros vendían comida y otras cosas a los soldados a precios más elevados que lo acordado; 3. Que a cambio de un duro trabajo, los indios recibían de los jesuitas sólo maíz hervido; 4. Que poseían minas de plata; 5. Que al no venderles a los mineros de San Antonio suficiente maíz, su rendimiento era muy bajo; 6. Que los jesuitas nunca dejarían que se establecieran colonias españolas en California; 7. Que sostenían tratos comerciales con los ingleses; y 8. Que los jesuitas nunca mencionaban a los nativos la existencia del rey, con el fin de ser ellos considerados los reyes de California.

Gaspar de Portolá, Gobernador de California después de la expulsión de los jesuitas
Ante este alud de ataques y acusaciones, de nada le valieron a la orden sus riquezas, ni su constelación de intelectuales, ni su formidable obra evangelizadora en Asia y América, y el asalto final en su contra se inició en 1758 y 1759 en Portugal con el siguiente pretexto: el 3 de septiembre de 1758 el Rey José I sufrió un atentado contra su vida al regresar de una visita a una mujer, y aunque sólo recibió una herida de bala, varios personajes fueron ejecutados al encontrárseles culpables del hecho, los jesuitas también fueron acusados y todas sus propiedades confiscadas; tres meses después, fueron expulsados del imperio portugués y embarcados con destino a los estados papales; en tanto que en Francia y sus posesiones la orden fue suprimida en noviembre de de 1764.
En marzo de 1766 hubo en España una violenta protesta del pueblo de Madrid contra el gobierno, a causa de la carestía de la comida y porque la gente no aceptaba un decreto real que pretendía imponer ciertas modas en el vestir4, el gobierno y los enemigos de la orden se encargaron de interpretar estas manifestaciones como un ataque de los jesuitas contra la corona, y el 27 de febrero de 1767 Carlos III decretó su expulsión de todo el reino y sus colonias. En la capital española, a la media noche del 31 de marzo, tropas del rey llevaron la orden al Colegio Imperial de la Compañía y leyeron el decreto de exilio a los jesuitas, quienes tendrían que salir inmediatamente*,* con las ropas que llevaran, sus breviarios, un libro de oraciones, chocolates y algún pequeño cambio*.*
Uno de los documentos que sirvió a los oficiales que ejecutarían la orden del rey, decía en su apartado XV…Se les entregará para el uso de sus personas toda su ropa y mudas usuales que acostumbran sin disminución; sus cajas, pañuelos, tabaco, chocolate y utensilios de esta naturaleza; los breviarios, diurnos y libros portátiles de oraciones para sus actos devotos… Tal parece que el monarca pretendía conducirse con magnanimidad.
La salida de California
El virrey de la Nueva España, Carlos Francisco de Croix, recibió la orden real del conde de Aranda, y la hizo efectiva del 23 al 25 de junio de 1767 en las provincias de la colonia, excepto California, a donde el virrey mandó al capitán Gaspar de Portolá como nuevo gobernador y con la comisión de ejecutar el decreto de expulsión. El 30 de noviembre de 1767, después de una difícil navegación llegaron Portolá y 50 soldados a San Bernabé; en el poblado se encontraba el capitán del presidio de Loreto Fernando Javier de Rivera y Moncada, con quien se puso en contacto de inmediato, y luego recibió al padre Tirsch, que llegó a presentarse procedente de su misión de Santiago. Después de las pláticas que tuvo con ellos y contrario a lo que esperaba, Portolá quedó convencido de que los padres jesuitas eran sumisos y no le causarían ningún problema para hacer efectivo el real decreto. Enterado de la situación, Tirsch regresó a su misión para preparar las bestias de carga y de silla que necesitarían Portolá y su comitiva de 30 hombres, para viajar con todo y bagaje. Caballada y equipo fueron mandados a San José del Cabo, y así el nuevo gobernador y sus acompañantes pudieron viajar a la misión donde los esperaba Tirsch, aunque algunos deben haber montado a pelo o sobre sudaderos improvisados5 por no haber tantas monturas disponibles. De aquí salieron a Loreto, mientras que el padre Tirsch permaneció en su misión haciendo sus labores cotidianas, en espera de que le llegase la orden de acudir a aquel poblado para embarcarse al exilio.
En Loreto, el gobernador fue recibido por el padre Benito Ducrue, superior de las misiones por aquel tiempo, a quien comunicó la penosa noticia; el padre escuchó con toda serenidad la disposición y escribió cartas a todos los misioneros informando lo relativo al decreto real, con la orden de que tan pronto como inventariaran los bienes a su cargo se concentraran en Loreto con sólo sus más indispensables pertenencias. Portolá había sido instruido para que, mientras no se embarcaran para Europa, los jesuitas permanecerían encerrados en sus cuartos sin derecho a celebrar misa; por medio siglo, sus enemigos habían denunciado fabulosas riquezas en las misiones de la Compañía, pero cuando el gobernador conoció los inventarios que presentaban los discípulos de Loyola en Baja California, se sorprendió por la pobreza de las misiones, algunas de las cuales apenas alcanzaban la autosuficiencia, y quizá ésta fue una de las razones por la cual Portolá no aplicó la disposición que se menciona, para no agravar la pena de los religiosos.
Sobre el trato que los jesuitas recibieron de Portolá, Baegert escribió lo siguiente:…Gratitud y respeto por su buen nombre me obligan a declarar aquí que el Gobernador Don Gaspar de Portolá …trató a los jesuitas, considerando las circunstancias, con respeto, honor, cortesía y amistad. Nunca causó la más mínima molestia, asegurándonos sinceramente lo penoso que era para él tener que ejecutar tal comisión. En varias ocasiones las lágrimas asomaron en sus ojos, y se mostró sorprendido por encontrar europeos que desearan ir a vivir y morir en tal país…6
Volviendo un poco a los bienes que los jesuitas tenían en California, cabe mencionar que cuando el padre Francisco Palou, de los franciscanos, recibió todas las posesiones inventariadas que pasaban a la responsabilidad de su orden, informó a Fr. Rafael Verger sobre lo recibido en escrito fechado el 12 de febrero de 1772. En el informe refirió en parte lo siguiente: en dinero había 92,400.00 pesos; en géneros encontrados en el almacén de Loreto y evaluados por comerciantes de España y México 27,255.00 con 6 reales; efectos que se hallaron el el mismo almacén según precios a que los cargaban y vendían valuados en 79,377.00 pesos 3 reales, TOTAL DE EXISTENCIAS 199,033 pesos 1 real. Préstamos hechos por la Procuraduría General de Californias, de los caudales de las Misiones y consta de sus respectivas escrituras: al Colegio de San Ignacio de Puebla, con réditos de 4% 5.000 pesos, al de San Ildefonso de Puebla a un 31/2 por ciento 22,000 pesos, al de San Pedro y San Pablo de México, sin expresión de réditos 29.100 pesos. Lo expresado por Palou muestra lo que pudo haber sido una situación administrativa sana en la misión jesuítica de California, y concuerda en el tiempo con las expediciones realizadas y el proyecto de expansión hacia el norte, en lo que se gastaban enormes cantidades de dinero, lo que explicaría el dosificado y cauteloso gasto que se hacía en beneficio directo de los indios.
Enterados de la situación, los misioneros dieron cumplimiento a las órdenes recibidas, se reunieron en Loreto el 2 de febrero de 17687, al siguiente día se celebró una misa solemne ante la Virgen de la misión, adornada de negro como si fuera Viernes Santo, y ese mismo día, con toda la población reunida para despedirlos, incluyendo indios y españoles, zarparon en el “Concepción” hacia San Blas, llevando a 16 jesuitas incluyendo el hermano lego encargado del almacén; poco después partieron hacia Veracruz, en donde finalmente se embarcaron para Europa. Como dato curioso cabe señalar que en todo el período jesuítico quedaron sepultados en la península también 16 jesuitas incluyendo un hermano, dos de ellos tras haber muerto como mártires.
Después de poco más de 70 años de labor misionera en California, el legado de la orden consistió en 14 misiones, numerosos poblados y caminos, y miles de indios convertidos al cristianismo; aunque esta población autóctona, desde entonces, mostraba ya los signos de su irremediable extinción, sobre todo en la región meridional. Sería hasta 1813 cuando volvería la Compañía de Jesús a hacer su labor en México. Las misiones quedaron resguardadas por soldados para impedir la deserción de neófitos y proteger los bienes que hubiera, en tanto llegaban los substitutos de los jesuitas, aunque los latrocinios no pudieron evitarse, cometidos muchas veces por los propios militares.
A continuación se hace relación de los padres misioneros8 que salieron de California el 3 de febrero de 1768, especificando sus años de servicio:
| NOMBRE | AÑOS DE SERVICIO |
|---|---|
| Padre visitador Benno Ducure | 14 |
| Padre Lamberto Hostell | 31 |
| Padre Miguel del Barco | 30 |
| Padre Juan Xavier Bischoff | 23 |
| Padre Jorge Retz | 17 |
| Padre Jcobo Baegert | 17 |
| Padre Francisco Inama | 17 |
| Padre Francisco Escalante | 11 |
| Padre Lucas Ventura | 11 |
| Padre Joseph Rothea | 9 |
| Padre Ignacio Tirsch | 6 |
| Padre Wenceslao Linck | 6 |
| Padre Victoriano Arnés | 4 |
| Padre Francisco Xavier Franco | 4 |
| Padre Juan Joseph Díez | 3 |
| Hermano Juan Antonio Villa-Vieja | 3 |
Misioneros jesuitas fallecidos en California y que allí fueron sepultados:
| NOMBRE |
|---|
| Francisco María Píccolo. |
| Juan de Ugarte. |
| Lorenzo Carranco, asesinado por los pericúes. |
| Nicolás Tamaral, asesinado por los pericúes. |
| Julián de Mayorga. |
| Jaime Bravo. |
| Francisco Xavier Wagner. |
| N. Jugo9. |
| Antonio Tempis. |
| Clemente Guillén. |
| Jacobo Druet. |
| Pedro María Nascimben. |
| José Gasteiger. |
| Fernando Consag. |
| Carlos Neumayer. |
| Hermano Juan Bautista Mugazábal. |
Los franciscanos al relevo
En julio de 1765 llegó a la Nueva España don José de Gálvez en calidad de visitador general, con amplias facultades otorgadas por el rey para reordenar los asuntos de la colonia e investigar un fraude contra el erario real cometido presuntamente por el entonces virrey don Joaquín de Monserrat, marqués de Cruillas. Gálvez demostró en diversas acciones un carácter enérgico y diligente, y muy pronto, el marqués de Cruillas fue substituido por don Carlos Francisco de Croix. Al salir los jesuitas, el virrey y el visitador general acordaron que los franciscanos del Colegio de San Fernando de México fueran los nuevos encargados de las misiones de California, para lo cual solicitaron 12 religiosos, ya que se pretendía ubicar sacerdotes seculares en 4 de las misiones más adelantadas. El padre guardián del Colegio logró sin dificultad que se aprestaran voluntariamente los futuros misioneros, llamó a fray Junípero Serra para que saliera al frente del grupo hacia California, y el 14 de julio de 1767 emprendieron el viaje a Tepic, a donde llegaron después de un fatigoso y prolongado viaje.
José de Gálvez ha sido considerado por algunos historiadores como el personaje más importante que llegó a la Nueva España en el siglo XVIII10, pues aunque su grandiosa visión de lo que haría de la frontera noroeste de la colonia finalmente resultó utópica, sí promovió las acciones que culminaron con la conquista y colonización de la Alta California, en sí una extraordinaria hazaña cuyos méritos no pueden regatearle ni sus más severos críticos.
Nativo de la aldea de Macharaviaya, en el sur de España, Gálvez vio la luz primera el dos de enero de 1720, estudió en la Universidad de Salamanca, y su dominio del francés le facilitó hacer carrera en el Ministerio de Estado de España. En la estrategia general que el visitador fue integrando para lograr el afianzamiento de la frontera mencionada se comprenderían dos objetivos: proteger el potencial minero de Sonora, sobre todo contra ataques de los indios, con la vecina California firme y en desarrollo; y asegurar la hegemonía de España en la costa noroeste de la Colonia fundando misiones y poblados, ya que la presencia del imperio ruso se empezaba a sentir, y los piratas ingleses eran una verdadera amenaza en aquella lejana y desconocida región11. Se pretendía que los indígenas se convirtieran en súbditos leales, civilizados al modo español, y participantes en una economía productiva. Para el logro de los objetivos mencionados, el visitador general intentó llevar a cabo una verdadera reforma en la tenencia de la tierra, en la forma de gobierno, y en el comercio, aprovechando el hecho de que la Compañía de Jesús, antítesis de sus aspiraciones modernizadoras, acababa de salir de la península. De hecho, Gálvez llegó a considerar a los jesuitas culpables de traición a los intereses del imperio español por su supuesta ambición de poder y riquezas, y su incapacidad de lograr el progreso de la California12, lo cual pensaba que se lograría aplicando una nueva y total organización, muy diferente al régimen de excepción empleado por los sotanas negras en California, sin embargo, la cruda realidad acabaría años después con algunos de los sueños del visitador real.

José de Gálvez, Visitador General en la Nueva España
Volviendo a los franciscanos, conforme a lo planeado inicialmente para su labor en California, se les unirían a su paso por Guadalajara los cuatro clérigos seculares que necesitaban, pero el obispo de la ciudad no contaba con religiosos disponibles, por lo que el padre guardián tuvo que mandar a Tepic a los 4 faltantes completándose así el número de 16. En este poblado tuvieron que permanecer varios meses por no estar disponible la embarcación en que saldrían y fue hasta el 12 de marzo de 1768 cuando, en el mismo “Concepción” que había traído a los jesuitas expulsados, zarparon los franciscanos rumbo a Loreto, a donde llegaron el 1º. de abril; para el día 6 todos se encaminaron a sus respectivas misiones con la orden de conservar el estado de las cosas como se encontrara, hasta en tanto llegara el visitador general, quien como se verá después, arribaría hasta el 5 de julio a la Ensenada de Cerralvo13.
Relación de los misioneros jesuitas que radicaron en la península de Baja California entre los años de 1683 a 1769. No incluye a los hermanos Juan Bautista Mugazábal y Juan Antonio Villavieja.
| Nombre | Nacionalidad | Llegada | Muerte | Partida |
|---|---|---|---|---|
| Armesto, Juan | Español | 1748 | 1795 | 1752 |
| Arnés, Victoriano | Español | 1764 | 1788 | 1768 |
| Baegert, Juan Jcobo | Alemán | 1751 | 1772 | 1768 |
| Barco, Miguel del14 | Español | 1738 | 1790 | 1768 |
| Basaldúa, Juan Manuel | Mexicano | 1702 | 1746 | 1709 |
| Bischoff, Juan | Checo (bohemio) | 1746 | — | 1768 |
| Bravo, Jaime | Español | 1705 | 1744 | — |
| Carranco, Lorenzo | Mexicano | 1726 | 1734 | — |
| Consag, Fernando | Croata | 1733 | 1759 | — |
| Copart, Juan Bautista | Belga | 1683 | 1711 | 1685 |
| Díez, Juan José | Mexicano | 1765 | 1806 | 1768 |
| Druet, Jacobo | Italiano | 1732 | 1753 | — |
| Ducrue, Franz Benno | Franco alemán | 1750 | 1779 | 1768 |
| Escalante, Francisco | Español | 1758 | 1806 | 1768 |
| Franco, Francisco Javier | Español | 1764 | 1807 | 1768 |
| García, Andrés | Español | 1737 | 1764 | — |
| Gasteiger, José15 | Alemán | 1745 | — | 1755 |
| Gilg, Ádamo16 | Checo | ¿1705? | 1722 | — |
| Goñi, Matías | Español | 1683 | 1712 | 1685 |
| Gordon, William | Escocés | 1730 | — | 1734 |
| Guillén, Clemente | Mexicano | 1714 | 1748 | — |
| Helen, Everardo | Alemán | 1719 | 1757 | 1736 |
| Hostell, Lamberto | Alemán | 1737 | ¿1773? | 1768 |
| Inama, Francisco | Austriaco | 1751 | 1782 | 1768 |
| Kino, Eusebio Francisco | Italiano | 1683 | 1711 | 1685 |
| Linck, Wenceslao | Bohemio, (Act. Rep. Checa) | 1762 | ¿1772? | 1768 |
| Luyando, Juan Bautista | Mexicano | 1727 | 1757 | 1734 |
| Mazariegos, Fco. Matías | Mexicano | 1740 | — | — |
| Mayorga, Julián | Español | 1707 | 1736 | — |
| Minutuli, Gerónimo | Italiano | 1702 | — | 1703 |
| Nápoli, Ignacio María | Italiano | 1721 | 1745 | 1736 |
| Nascimben, Pedro María | Veneciano | 1735 | 1754 | — |
| Neumayer, Carlos | Alemán | 1745 | 1764 | — |
| Osorio, Francisco | Mexicano | 1725 | — | 1727 |
| Peralta, Francisco | Español | 1709 | 1728 | — |
| Píccolo, Francisco María | Siciliano | 1697 | 1729 | — |
| Retz, Jorge | Alemán | 1751 | 1773 | 1768 |
| Rondero, José | Mexicano | 1745 | — | 1751 |
| Rothea, José Mariano | Mexicano | 1759 | 1799 | 1768 |
| Salvatierra, Juan María | Italo español | 1697 | 1717 | — |
| Sistiaga, Sebastián | Mexicano | 1718 | 1756 | 1747 |
| Tamaral, Nicolás | Español | 1717 | 1734 | — |
| Taraval, Segismundo | Italiano | 1730 | 1763 | 1751 |
| Tempis, Antonio | Alemán | 1736 | 1746 | — |
| Tirsch, Ignacio | Checo | 1762 | — | 1768 |
| Trujillo, Gaspar | Mexicano | — | 1744 | 1748 |
| Ugarte, Juan | Hondureño | 1700 | 1730 | — |
| Ugarte, Pedro | Hondureño | 1704 | 1745 | 1710 |
| Ventura, Lucas | Español | 1758 | 1793 | 1768 |
| Wagner, Francisco | Alemán | 1737 | 1744 | — |
| Zumziel, Bernardo | Alemán | 1739 | 1772 | 1748 |
Notas respecto a la relación anterior
Las principales fuentes consultadas para la elaboración de esta relación fueron las obras de Miguel del Barco, Francisco Xavier Clavijero, Juan Jacobo Baegert, Francisco Javier Alegre, Peter Masten Dunne, y las cartas y relaciones de los jesuitas que aparecen en la bibliografía. La nacionalidad atribuida a algunos misioneros discrepa entre varios autores sobre todo cuando son nativos de Europa central, debido principalmente a los cambios geográficos y políticos que esa región ha tenido.
En las relaciones más conocidas no se incluyen misioneros anteriores al padre Juan María Salvatierra, quien llegó a California en 1697. En el caso presente, sin embargo, se han tomado en cuenta a los misioneros jesuitas Eusebio Francisco Kino, Juan Bautista Copart y Matías Goñi, porque ejercieron su tarea de evangelizadores de 1683 a 1685, participaron en exploraciones muy importantes y fundaron cerca de lo que hoy es Loreto la misión de San Bruno, primer establecimiento jesuita en la península, aunque sólo haya durado dos años.
No se han incluido los nombres de algunos visitadores que permanecieron algún tiempo en California, aunque sus acciones hayan trascendido de manera importante en la misión jesuita de esa frontera. Tampoco aparecen datos de religiosos que murieron en California, pero que su destino era otra provincia y nunca fungieron como misioneros en la península, ni los nombres de los hermanos jesuitas que no se desempeñaron como misioneros.
Los padres del Rey Felipe II estimaban a Francisco de Borja, quien renunció a ostentar el título de Duque de Gandía para hacerse jesuita, y ya como Superior General de la Compañía de Jesús, le concedió especial atención al trabajo misionero en América. ↩︎
Se ha considerado la expulsión de los jesuitas de Francia, España, Portugal y otros reinos europeos, como parte de un lento proceso general, por el cual los gobiernos pasarían poco a poco a manos del pueblo, y se llevaría a cabo la independencia de los monarcas respecto a la autoridad papal. ↩︎
Los jesuitas decidieron aceptar o adaptar algunos de los ritos paganos de los nativos, tanto en China como en varios lugares de América, con tal de utilizarlos en el adoctrinamiento cristiano, lo cual en cierta forma facilitó su trabajo. ↩︎
El decreto prohibía el uso de la capa y sombrero acostumbrados por los españoles y favorecía el sombrero de tres picos y la peluca francesa. ↩︎
Barco, op.cit., p. 363. ↩︎
M. M. Brandenburg y Carl L. Baumann; op.cit. Observations in… p. 169; Cap. X, tercera parte. ↩︎
La tardanza en la llegada de todos los misioneros a Loreto no sólo se debió a las grandes distancias que algunos tenían que recorrer, sino a una epidemia que golpeó a la población indígena en varias misiones del norte. ↩︎
Tomado de Barco, Op.cit., p. 365. ↩︎
Aunque Jugo no fue misionero en California, murió en ella. Su cargo era Procurador en las cortes de Madrid y Roma, venía en el Galeón procedente de Filipinas, enfermo, tuvo que quedarse en San José para reponerse, pero falleció. ↩︎
“A History of California; The Spanish Period”; New York, The Macmillan Company, 1926; Charles E. Chapman, pp.207- 209. ↩︎
La bula del Papa Alejandro VI que dividía las tierras por conquistar en dos partes, una para España y la otra para Portugal, no impresionó mucho a potencias europeas como Inglaterra, Francia y Rusia. Desde 1646, el almirantazgo británico envió dos barcos a la Bahía de Hudson en búsqueda de un pasaje para el Mar del Sur, uno de los cuales, quizá no casualmente, se llamaba California. Por su parte, desde 1579 Drake había desembarcado al norte de San Francisco y reclamado aquella tierra para la reina Isabel I, bautizándola como Nova Albion, en latín, o Nueva Inglaterra, y doscientos años después, el capitán George Vancouver exploró la costa hasta lo que hoy es Ensenada, lugar que consideró el punto más meridional de Nueva Albión, o Nueva California, como frecuentemente la llaman los españoles, diría el navegante. Vancouver reportó que con una pequeña fuerza se podrían quitar a España aquellas posesiones. Así es que la prioridad para España era, más que evangelizar a los gentiles, hacer lo posible para preservar su hegemonía en aquellas tierras. ↩︎
Decreto de José de Gálvez del 23 de noviembre de 1768 expedido en el Puerto de La Paz. Instituto Nacional de Antropología e Historia, Archivo Franciscano 65, 232-234. ↩︎
El día 6 según Francisco Palou. ↩︎
Baegert lo considera italiano de nacimiento. Brandenburg y Baumann, op.cit. pp.201-202. ↩︎
Baegert lo considera alemán. Ibídem, pp. 201-202. ↩︎
Baegert lo considera de Moravia. Ibídem, pp. 201-202. ↩︎