… Sigan bailando en el lodo, hijos míos, que faltan muchos adobes para terminar el almacén1, y ustedes apuren el paso de los bueyes y arreglen el camino para poder bajar las carretas con la cantera; nosotros seguiremos atizando los hornos ladrilleros para poder empezar la bóveda …

Emblema de la Compañía de Jesús
Simbología: I. H S. es el nombre abreviado de Iesus, Jesús; la H es transcripción de la letra mayúscula (IHSOVS), sobre la H está la cruz; abajo se encuentran los 3 clavos que recuerdan la Pasión de Jesucristo; rayos flamígeros rodean los símbolos centrales.
El Padre Nuestro y el Ave María en la lengua Cochimí de San Francisco de Borja, Santa Gertrudis y Santa María
CAHAI APA, AMBEING MIA, MIMBANG-AJUA VAL VUIT-MAHA: AMET MIDIDUVAIJUA CUCUEM: JEMMUJUA, AMABANG VIHI MIENG, AME TENANG LUVIHIM. THE-VAP YICUE TIMIEI: DIGUA, IBAN-ANANG GNA CAHITTEVICHIP NUHIGUA AVIUVEHAM, VI CHIP IYEGUA GNACAVIUVEM: CASSETASUANG MAMENIT-GNAKUM, GOANG TEVISIÉE GNA CAVIGNAHA. Amén.2
SANTA MARÍA GOUYIBAHAM, DIOS LA KAEMBOGOOSSO IBAHA MUZUI, DIOSLA BENTGUO DEAYI, UAHIÑIJUA GUIDEMUG JUAE HI BUHUHMU MO KOEMIMBI MAMI IBAHA, GUIGI MUISSA JESUSJUA KAEAOMI IBAHA LUHU SANTA MARÍA DIOS CHI DIOS HMU PENNAYU NUI AMBINYINJUA PAGA U DUGU GAIM, ANNA HUAHMU, GUHI NUIHIA DEHUAE UDAAHI. Amén
Las misiones, restauración contra saqueo e intemperie.
Las construcciones que levantaron los jesuitas causan gran impresión en el visitante, ya sea por haberse hecho en los sitios más desolados, como Santa Gertrudis, San Francisco de Borja y San Luis Gonzaga, o por su solidez y belleza, como las de San Francisco Javier, San Ignacio y Nuestra Señora de Loreto. Muchas de las misiones jesuitas han sido afectadas severamente por la acción de la lluvia y el viento de siglos, otras, casi todas, han sido saqueadas por vándalos y “turistas”, y una de ellas, la de Comondú, fue derruida en 1930, según la tradición, por órdenes del gobernador general Juan Domínguez para aprovechar sus piedras en la construcción de una escuela, aunque las verdaderas motivaciones del militar, de ser cierta la tradición, debieron haber sido otras, ya que las piedras de todo tipo y tamaño forman, en kilómetros cuadrados, parte de las laderas que rodean el sitio en que estaba la misión.
Como ejemplo del saqueo del que fueron objeto las misiones peninsulares, se transcribe a continuación parte de la carta que, el 5 de agosto de 1940, envió el Teniente Bruce A. de Borbón Condé, de la Harding Military Academy en Glendora, California, al Coronel Rodolfo Sánchez Taboada, Gobernador del Territorio Norte de Baja California, denunciando uno de los múltiples robos que se hicieron a las misiones.
Excmo. Sr. Gobernador: Ignoro si el Gobierno al digno cargo de V.E. haya dado permiso a un grupo de ciudadanos mexicanos y americanos para llevarse de la ex misión de San Francisco de Borja en la Delegación de Ensenada la biblioteca antigua, objetos de culto, y hasta la campana misional. debo avisarle a V.E. que los dichos objetos, que yo considero propiedad del gobierno, han sido llevados a Ensenada con el objeto de trasladarse oportunamente a Estados Unidos y de venderse en este país, como se ha hecho ya con uno de los mencionados libros raros, el cual se vendió en remate en Nueva York en más de quinientos pesos oro….afortunadamente supe el nombre del comerciante en Ensenada que encabezó la expedición 3
Actualmente el INAH, algunas instituciones particulares4 y la iglesia católica, se han echado a cuestas la tarea de conservar y restaurar lo que queda de ese magnífico legado que los discípulos de Loyola dejaron a la posteridad, incluyendo algunas misiones que los dominicos terminaron de edificar con cantera en Santa Gertrudis y San Francisco de Borja, las cuales inicialmente fueron hechas de adobe, así como San Ignacio, concluida por fray Crisóstomo Gómez. Estas acciones, no por ser generosas y entusiastas pueden considerarse suficientes, pues el gran número de sitios misionales que se encuentran en la península y su lejana ubicación impide, ya no se diga su restauración adecuada, que requiere la participación de expertos nacionales y extranjeros, sino simplemente su vigilancia y elemental cuidado. La relación del mapa que sigue se refiere a las misiones que fundaron los jesuitas en Baja California, incluyendo algunas que funcionaron por muy poco tiempo, otras que nunca se terminaron, así como varias que se abandonaron por diversas causas antes de que procediera la secularización dictada por el gobierno muchos años después. Los datos que se dan, ocasionalmente se repiten y amplían en el capítulo siguiente.

Misiones establecidas en la Península de Baja California por los jesuitas, franciscanos y dominicos.
Las primeras órdenes religiosas en la Nueva España
Aunque con Hernán Cortés vinieron algunos sacerdotes para atender las necesidades religiosas de la tropa, y en 1522 Carlos V mandó a la Nueva España a tres franciscanos, entre los que se encontraba fray Pedro de Mura, conocido después como fray Pedro de Gante, fue hasta el 13 de mayo de 1524 cuando llegó a Veracruz un grupo de 13 franciscanos procedentes de Sanlúcar de Barrameda, los cuales se dirigieron a la ciudad de México para iniciar, al igual que las demás órdenes religiosas que arribaron después, una labor evangelizadora, educativa, y en defensa de los indios contra las crueldades de los encomenderos. En 1526 llegaron, por la misma ruta que los anteriores, 11 dominicos que se alojaron provisionalmente en la casa que ya tenían los franciscanos, y dos años después arribaron otros 24 predicadores225, lo que favoreció el desarrollo de esta orden. En 1533 llegaron a la Nueva España 7 religiosos agustinos, quienes se hospedaron inicialmente en el convento de Santo Domingo, y poco después, en una casa prestada en la calle de Tacuba; para 1536 arribaron 17 más, y al poco tiempo se extendieron por todo Michoacán. El 9 de septiembre de 1572 desembarcaron en Veracruz los 12 primeros jesuitas, designados por el general de la orden que entonces era Francisco de Borja y de Aragón, quien en 1671 sería proclamado santo. Tiempo después, los discípulos de Loyola realizaron durante 70 años una extraordinaria labor en la lejana provincia de California, la cual fue interrumpida por la expulsión decretada en su contra por Carlos III, que se hizo efectiva el 3 de febrero de 1768.
1. San Bruno (1683-1685)
Dotada por Alonso Fernández de la Torre, fue fundada en 1683 por los padres Eusebio Francisco Kino, Matías Goñi y Juan Bautista Copart, a unos 20 Km. al norte de Loreto, cuando acompañaron al almirante Isidro Atondo y Antillón en su expedición a California; no es considerada por los historiadores como una misión propiamente dicha, pero su importancia como tal debe considerarse, pues fue aquí donde el padre Copart tuvo las experiencias necesarias para escribir el catecismo en cochimí, lo que después fue de un gran valor para el padre Salvatierra cuando llegó a estas tierras; se permaneció en el lugar por más de 2 años, y los misioneros llegaron a tener 400 catecúmenos; además, Kino logró establecer la primera ruta hacia el Océano Pacífico atravesando la Sierra de la Giganta, todo lo cual es mérito suficiente para que su nombre se registre como el primer establecimiento misional, aunque su duración haya sido breve, al ser abandonado el 8 de mayo de 1685.
2. Nuestra Señora de Loreto (1697-1822)
Dotada por Juan Caballero y Ocio, se fundó el 25 de octubre de 1697 por el padre Juan María de Salvatierra, en la Bahía de San Dionisio, frente a la parte norte de Isla del Carmen, en un lugar que los nativos llamaban Conchó o Conunchó5, teniendo al oeste a la Sierra de la Giganta, al mismo tiempo que se levantaba la fortificación del presidio6, casi en la playa, a dos tiros de arcabuz de donde se empezaba a erigir la misión; el poblado tuvo que relocalizarse en 1699 a un sitio más cercano, que tenía más agua y mejores tierras. La construcción inicial de la iglesia fue de adobe y se terminó en 1703, y la de piedra se concluyó en 1742 siendo su misionero el padre Jaime Bravo; en 1828 el edificio fue dañado por una tormenta, y en 1877 la torre se derrumbó a causa de un terremoto. El padre Modesto Sánchez Mayón tuvo a su cargo la iglesia de 1947 a 1977, y a él se debe en mayor parte la reconstrucción del deteriorado edificio misional, que se inició en 1948 y duró todo su período. Cabe aclarar que el primer presidente de la república que visitó Loreto fue el Lic. Miguel Alemán, y al siguiente año comenzaron los trabajos mencionados.
Ya cuando los franciscanos se hicieron cargo de ésta y las demás misiones jesuitas, al hacerse efectivo en la península el decreto de expulsión de la Compañía de Jesús en 1768, se notaba una disminución en la población de este lugar, de acuerdo con lo que expresó fray Francisco Palou en carta dirigida al superior de su orden, fray Rafael Verger, y que se transcribe parcialmente:…En la visita que hizo el señor visitador hallando la misión tan despoblada de indios, que sólo se contaron diez y nueve familias de casados, mandó se aumentase el número hasta completar cien familias, trayendo veinte y cinco de San Xavier, y las demás de las otras misiones al norte. Puse en ejecución (en parte) dicho decreto, trayendo luego las veinte y cinco de San Xavier, y suspendí el traer las demás, porque no hay con qué mantenerlas..7.

Dibujo antiguo de la misión de Loreto

Iglesia de la Misión de Loreto, que vino a substituir la capilla original que había en Aguadulce.
Al principio no tenía torre sino un domo que servía de campanario. Dañada en 1828 por un huracán y en 1877 por un temblor, fue reconstruida en 1957.
La decadencia, pues, se iniciaba en la propia capital de las Californias, en donde, además de las epidemias y sequías, se daba un desequilibrio de género en la población indígena, faltando por lo general mujeres, todo lo cual fue bajando inexorablemente el número de pobladores nativos, a pesar de algunas acciones emprendidas por los misioneros, como mandar hombres de California a la costa sonorense a conseguir una novia, lo cual fue un remedio parcial a la situación229. Pero no todo fue penurias y enfermedades, y hubo también tiempos de bienestar que el padre Miguel del Barco describe como sigue: En Loreto, salen los domingos alrededor del pueblo cantando la doctrina en procesión hasta volver a la iglesia, donde se les predica a todos, indios y españoles…Celébranse con cuanta solemnidad es posible las fiestas del santo titular, la de Natividad, la del Corpus, las dos Pascuas, y algunas de las de la Santísima Virgen. En estos días manda el padre matar algunos toros para repartir su carne a los indios. Y también se les reparte en tales días con más abundancia que en otros, algunas frutas como higos, o frescos o pasados…, sandías, melones, granadas, etc., según tiene la misión. También suelen ejercitarse en tales días en tirar al blanco con sus flechas, en carreras y otras diversiones decentes, dando el padre algún premio de ropa o de tabaco que mucho aprecian, o de comida a los vencedores…8.
El poblado de Loreto a treinta años de su fundación, lo describe el padre José de Echeverría, visitador de las misiones, en carta dirigida al marqués de Villapuente fechada el 28 de octubre de 1729, y en parte dice:
…Señor, desde Guadalajara acá, no hay villa ni pueblo que pueda compararse con esta misión. El Rosario, Culiacán y Sinaloa, serán arrabales, y nuestras alabadas misiones de la otra banda brutas conchas de esta perla. La iglesia, aunque pequeña y no capaz para tanta gente como acude, muy primorosa y bien adornada. La casa de nuestra vivienda decente, el Real con casas en cuadro, y su plaza en medio…Los indios vienen a la misa con sus calzones y cotoncillos de sayal, las indias tren sus naguas de bayeta y camisas de manta…9.
Loreto fue capital de las Californias hasta 1777, cuando la sede pasó a Monterrey o Monterey, en la Alta California, en los inicios de la colonización de la provincia por los misioneros franciscanos. En 1804, al separarse las dos Californias por motivos administrativos, Loreto volvió a ser capital de Baja California; en 1824, después de la independencia, se decretó una sola capital para las dos Californias otra vez en Monterrey, aunque Loreto siguió siendo la cabecera de la Antigua o Baja California; en 1828 dejó de ser capital o prefectura en aquel tiempo, la cual pasó primero a San Antonio y luego a La Paz, situación que subsiste hasta hoy. En 1972 Loreto pasó a formar parte del municipio de Comondú; y en 1992 se creó el municipio de Loreto, con su cabecera de igual nombre. Para 1829 la misión y presidio estaban habitados por unas cuantas familias pobres, pero la misión como tal ya no funcionaba y estaba semiderruida10.
3. San Juan Bautista, San Juan de Londó o Londó de San Juan Bautista (1699-1745)

Ruinas de San Juan Bautista Londó. Su construcción la inició el padre Kino en 1683 y Salvatierra la fundó en 1699, aunque nunca se terminó.
Fue fundada por el padre Salvatierra en la primavera de 1699, unos 27 kilómetros al norte de Loreto, casi quince años después de que el lugar fuera visitado por el padre Kino, quien realizó los trabajos iniciales para levantar la capilla. La misión nunca fue terminada , en la práctica siempre fue una visita de Loreto, y se abandonó en 1745.
4. San Francisco Javier o San Javier Viggé Biaundó (1699-1817)
Dotada por Juan Caballero y Ocio con $10 000 pesos, fue fundada a principios de octubre de 1699 a unos 23 kilómetros al suroeste de Loreto, por los padres Francisco María Píccolo y Juan María de Salvatierra entre palmeras, a orillas del arroyo Viggé Biaundó, aunque en 1706 se cambió unos 7 Km. al sur por haberse encontrado más y mejor agua. Desde el 10 de marzo de 1699 había ido Píccolo al arroyo mencionado a cristianizar gentiles, en octubre se construyó la capilla y el 1º de noviembre la dedicó el padre Salvatierra. La misión fue momentáneamente abandonada por los ataques de los indios, pero el padre Juan de Ugarte la restableció en 1701 e inició una construcción de piedra pegada con mortero de cal y arena.

Arriba a la izquierda, puerta lateral de la misión de San Francisco Javier Viggé Biaundó y vista posterior del campanario. Abajo, vista general de la misión teniendo como fondo la serranía.
Como ya se mencionó, la misión se relocalizó en 1706 y dejó de funcionar en 1817.. La soberbia construcción que hoy se conoce como San Javier, se terminó en 1758 o 1757 por el padre Miguel del Barco, quien la diseñó, aunque es probable que junto con los canteros que trajo de la Nueva España, también haya venido un arquitecto para intervenir en la construcción. Los árboles frutales como higueras, viñas y olivares, así como el frijol, el trigo y el maíz fueron introducidos a la región por Ugarte.
En 1762 el padre Miguel envió un informe al visitador de las misiones sobre el estado de San Francisco Javier, y al dar la estadística de su población mencionó cuatro pueblos incluyendo la cabecera, con los siguientes datos: San Javier (cabecera), 45 familias y 170 almas; Santa Rosalía, 26 y 108; Nuestra Señora de los Dolores 23 y 101; y San Javier Antiguo 12 y 69. Menciona Barco en su informe que San Javier era la única misión en California cuya población se había incrementado de 1738 a 1762 en 150 personas, cosa extraña en aquellos territorios en donde la constante era una disminución paulatina de la población, aunque investigadores como Dunne establecen que el aumento pudo deberse a la llegada a los pueblos de San Javier de indígenas de otras misiones11.
Al relevo de los jesuitas por los franciscanos la misión pasó al cargo de fray Francisco Palou, en cuya época casi todo su ganado se encontraba alzado, y en la misión sólo habían seis vacas con sus crías, dieciséis cargadas, ocho toros y seis pares de bueyes para el arado; lo más probable es que la reducción del número de cabezas de ganado se debió a la plaga de langosta que acababa de afectar los campos, devorando prácticamente todos los pastizales. También había 26 yeguas de vientre con 7 crías incluyendo 4 potrillos y 3 mulas, 13 burras con 2 crías, 2 burros manaderos12, 24 mulas, de las cuales las mejores se destinaban al acarreo de maíz desde Loreto, 22 caballos para los vaqueros, 733 ovejas y 270 cabras. Palou recibió además 20 tinajas de vino de 50 cuartillos cada una, lo que equivaldría a unos 500 litros por tinaja.

A la izquierda, muro de piedra semiderruido; a la derecha, arcos de la bóveda en el interior del edificio. Viggé significa en cochimí “tierra elevada que domina el valle”; el significado de “biaundó” es desconocido.
Aunque el franciscano reiteró en su informe que la langosta, la sequía y la falta de pastos reducían notablemente la producción agropecuaria, se infiere que Barco llevó a cabo muy buena labor en el aspecto de conservar y ampliar los ganados de que se disponía en la misión, que originalmente fueron traídos por el padre Juan de Ugarte. Respecto al ganado alzado, resulta normal que la mayor parte del hato se haya ido al monte para mantenerse de lo que pudiera, pues sin vaquero que lo cuidara, sin que se ordeñaran las vacas paridas y con poco pasto en los campos cercanos tenía que desparramarse por la sierra. Actualmente, el edificio de piedra sí se encuentra en buen estado y al servicio de la comunidad, aunque son evidentes el descuido y abandono en el lugar. La fiesta que se hace al santo patrono se lleva a cabo desde el 3 de diciembre. Hoy el poblado forma parte del municipio de Loreto.
5. San Juan Bautista Malibat o de Liguig, Lihui. o Ligüi13 (1705-1721).
Dotada por el Fondo Piadoso de las Californias, fue fundada por el padre Pedro de Ugarte en noviembre de 1705 a unos 32 Km. al sur de Loreto, en la costa de Lihui o Malibat, de lo cual se habló en el capítulo VIII, y fue suprimida en 1721. Actualmente sólo quedan algunas piedras donde estuvieron los cimientos de la misión.

Relación geográfica de Liguig con otras misiones.
- Liguig.
- Loreto.
- San Bruno.
- Bahía Concepción.
- Mulegé.
- Bahía San Juanico.
- La Purísima.
- La Purísima en su segunda ubicación.
- Comondú Viejo.
- San Miguel y San José de Comondú.
- San Javier

Doctores o hechiceros succionando con una caña el mal que aqueja a un enfermo
Pedro de Ugarte entregó la misión de Ligüig al Padre Francisco Peralta en 1709, por haberse enfermado durante una epidemia que afectó a la población de casi todas las misiones. Al recobrar la salud, Ugarte fue enviado a las misiones de Sonora, desde donde siguió ayudando a los establecimientos de California con el envío de provisiones cada vez que pudo. En 1714 Peralta dejó San Juan Bautista Malibat y su lugar fue ocupado por el padre Clemente Guillén, luego fue destinado a las misiones de Sonora, en donde sirvió en Pótam y Ráhum, y al igual que el padre Pedro, colaboró con los jesuitas de California. De Sonora el padre Peralta se fue a Zacatecas, en donde falleció.

Ruinas de la misión de Ligüí
El padre Clemente Guillén, quien había sido enviado a California en 1713, aunque llegó a Loreto hasta enero de 1714, después de una travesía del golfo en la que hubo naufragios y otros gravísimos peligros, estuvo en Ligüig por temporadas desde 1714 a 1721, cuando prácticamente suprimió la misión al llevarse a casi todos sus moradores indígenas a un lugar en la costa llamado por los nativos Apaté, en donde plantó la misión de Nuestra Señora de los Dolores. Esto fue resultado de la petición que había hecho el padre Francisco María Píccolo a sus superiores para que se estableciera una misión entre Ligüig y La Paz, en el paraje costero de Apaté, lo que finalmente hizo Guillén. Ligüi no tuvo gran relevancia como misión, pero durante el tiempo que el padre Clemente estuvo a su cargo sirvió al misionero como base de operaciones para realizar algunas de las exploraciones más importantes hacia el sur, al vedado territorio dominado por los guaycuras y los pericúes, de lo que se hablará en oros capítulos.
6. Santa Rosalía de Mulegé (1705-1828)

Misión de Santa Rosalía de Mulegé, vista posteriormente. Obsérvese el paisaje desértico circundante.
Fue dotada por don Nicolás de Arteaga y doña Josefa Vallejo, se fundó en noviembre de 1705 por el padre Juan Manuel Basaldúa atendiendo lo dispuesto por el padre Salvatierra antes de salir a México, en lo alto de una loma, cerca de un palmar, aproximadamente a 50 Km. al sur de Santa Rosalía; años después tocó al padre Francisco Escalante iniciar la construcción de piedra, que se terminó alrededor de 1766. Basaldúa duró cuatro años en la misión, le sucedió el padre Píccolo y después el padre Sebastián Sistiaga. Mulegé fue la base que permitió el establecimiento de otras misiones como la de San Ignacio Kadakaamán y La Purísima. El actual edificio de piedra se terminó en 1770, después de que una inundación arrasó con casi todas las casas del poblado; dejó de funcionar en 1828, y aunque se restauró en 1970 el descuido es evidente. La arquitectura inicial persiste como una de las más originales de su tiempo.

Algunos de los padres jesuitas que tuvieron a su cargo la misión de Santa Rosalía de Mulegé fueron Sebastián de Sistiaga de octubre de 1718 a octubre de 1726; Juan Bautista Luyando, quien tuvo que atender a los indios de la misión en repetidas ocasiones hasta 1732 debido a la ausencia del padre Sistiaga, que se había ido a Loreto como superior de las misiones; y Everardo Helen, quien estuvo en la misión a fines de 1732 en substitución de Luyando, y también en 1733.
El misionero franciscano Francisco Palou, en representación de su orden, recibió las misiones de los jesuitas cuando éstos fueron expulsados de España y todas sus colonias en 1767 por orden de Carlos III14; y al informar a sus superiores sobre los establecimientos que habían evacuado los sotanas negras, al referirse a Mulegé dio a conocer los siguientes datos: no había pueblos de visita, vivían en la misión 46 familias de casados y 180 almas; las casitas se encontraban dispersas en la ladera del cerro atrás de la iglesia; las lluvias se habían llevado las tierras de cultivo y solo quedaban arenales; había muy poco ganado mayor, aunque se contaba con 447 borregos y 664 cabras; y del poco ganado caballar que se tenía, sólo unas cuantas bestias se encontraban en buenas condiciones. Tocó al franciscano Fr. Juan Gastón recibir el empobrecido establecimiento y poco o nada debe haber hecho por mejorar la situación debido al poco tiempo que permanecieron los franciscanos en las misiones jesuitas.
Cuando tocó a los misioneros dominicos relevar a los franciscanos, que prefirieron irse a colonizar la Alta California antes que seguir en las misiones de Baja California, algunos de los padres que estuvieron en Mulegé fueron Antonio Luesma, quien recibió la misión; y Miguel Hidalgo y Joaquín Valero en 1773; en 1783 se encontraba en la misión el padre Fray José Naranjo, quien en un informe sobre su establecimiento repitió lo dicho por casi todos los que le habían precedido: que era extrema la pobreza y el futuro muy incierto por la incapacidad de la misión para ser autosuficiente. Otro padre dominico que estuvo en Santa Rosalía de Mulegé de octubre de 1796 a mediados de 1797 fue Rafael Arviña, quien llegó a ser presidente de las misiones. A pesar de que reiteradamente los franciscanos y dominicos que pasaron por Santa Rosalía de Mulegé se quejaron de la miseria que afectaba a la población de la misión, y aceptando que la región sí fue afectada por años en que las lluvias torrenciales se llevaban el suelo arable y sólo quedaban arenales y piedras, también deben haberse sucedido algunas buenas temporadas, sobre todo con pasto aceptable para el mantenimiento de los rebaños de la misión, especialmente de cabras y ovejas, según los números que cita el franciscano Palou en su informe ya mencionado.
En 1786, en respuesta a la solicitud del rey que posiblemente hizo por conducto del visitador José de Gálvez, el padre dominico Miguel Hidalgo informó con amplitud sobre el estado de las misiones en Baja California, y en una parte sugirió que los indios de Guadalupe, por la miseria en que vivían, fueran transferidos a Mulegé, lo que hace pensar que entre las misiones menos pobres estaba ésta. El monarca también deseaba que los nativos fueran convertidos en rancheros o artesanos jefes de familia, con capacidad productiva, a lo cual Hidalgo contestó que los indios eran incapaces de esa conversión y que siempre deberían ser mantenidos15.
Lo expresado por el misionero dominico, permite inferir que consideraba a los indios incapaces de aprender oficios, como si padecieran una especie de incapacidad mental propia de su raza, lo que va en contra de las experiencias que se tuvieron en esta misión por parte de los jesuitas que la tuvieron a su cargo. Prueba de lo dicho está lo señalado por el padre Miguel del Barco, quien en su obra dice respecto a la construcción inicial de la misión de Santa Gertrudis despachó éste último16 algunos indios hechos ya al trabajo, para que en el sitio ya insinuado fabricasen capilla que sirviese de iglesia…un aposento para vivienda,…otro para despensa del padre Por director y maestro de estas fábricas fue enviado el célebre ciego Andrés Comanají, quien, habiendo sido de mucho alivio a los padres, primero en Santa Rosalía Mulegé, de donde era natural, y después en San Ignacio, principalmente en enseñar a los catecúmenos las oraciones y doctrina cristian 17. Ya se ha mencionado que el padre Miguel del Barco fue un testigo privilegiado de
los hechos de aquella lejana época por haber vivido como misionero residente de San Javier, y que el rigor histórico que caracteriza su obra es indiscutible, por lo que su testimonio genera dudas sobre la veracidad de lo afirmado por fray Miguel Hidalgo.
Por otra parte, el número de cabezas de ganado que el franciscano Palou encontró en Mulegé, después de que la misión estuvo prácticamente abandonada por tanto tiempo a la salida de los jesuitas, indica que, tal vez una mejor administración de aquellos hatos hubieran redituado beneficios para la misión, pues en cualquier circunstancia, los animales requieren el cuidado y vigilancia permanente de un vaquero o pastor, y en el caso de las misiones todo estuvo abandonado y hasta en algunos casos saqueado, por lo que, si los franciscanos encontraron algunos rebaños en los campos de las misiones jesuitas, hay que pensar que de haberlos tenido bien atendidos el número hubiera sido mucho mayor.
Sin embargo, sí debe admitirse una decadencia general en la población de indígenas y bienes inmuebles en todas las misiones de la Baja California después de la guerra de independencia, por razones que se analizarán en otro capítulo.
7. San Jose de Comondú (Comondú significa carrizal en cañada, o arroyo de piedras en cochimí) (1708-1827)
Para facilitar la comprensión de la ubicación y relaciones entre Comondú Viejo, San José de Comondú y San Miguel de Comondú, el lector debe revisar el mapa 32 y otros anteriores, en el que aparecen los tres poblados y su relación con puntos cercanos.
El padre Julián de Mayorga, nativo de Villarejo, España, llegó a Loreto en 1707 gravemente enfermo, al grado de que se le administraron los últimos sacramentos, sin embargo se recuperó y permaneció en California casi 30 años. En el verano de 1708, ya repuesto de su salud, Mayorga acompañó a los padres Salvatierra y Juan de Ugarte a un lugar llamado por los nativos Comondú, y que hoy se le conoce como Comondú Viejo18, situado en las márgenes de un arroyo que es afluente en la parte más alta del que hoy lleva por nombre La Purísima, a unos 35 Km. al norte del actual poblado de San José de Comondú, y a unos 33 Km. de La Purísima, arroyo arriba (Ver mapa 27). Las condiciones del medio eran adecuadas para plantar una misión, por lo que con la dotación proporcionada por el Marqués de Villapuente, don José de la Peña Castrejón y Salzines, se iniciaron los trabajos necesarios para ese efecto, habiéndose bautizado la misión como San José de Comondú, la cual quedó a cargo del padre Julián de Mayorga, quien permaneció en ella hasta su muerte acaecida en 1736.
La iglesita que primero se improvisó con palos y ramas del monte, fue al poco tiempo substituida por una construcción de adobes, habiéndose levantado además una escuelita para los niños y otra para las niñas, así como un hospital. Luego se abrió la tierra para sembrar algunos granos y plantar viñedos, y los poblados de la misión fueron San Ignacio, que había formado Salvatierra; San Juan Bautista Londó, y San Miguel, que había fundado Ugarte y que originalmente perteneció a San Javier; de todos ellos el que tenía más agua era San Ignacio. Para 1714 las condiciones de la misión mejoraron, y el padre Mayorga pudo , con la ayuda de sus indios y algunos soldados, construir otra iglesia también de adobe, de cuyos cimientos aun se encuentran algunas ruinas. Cabe aclarar que no se levantaron edificaciones de piedra, por no contarse con cal para hacer el mortero necesario.
La iglesia era de pared doble de adobe, con su sacristía y otras dos piezas para habitación del padre; había además, según un informe enviado al padre provincial de la Compañía,…ganado mayor y menor lo bastante para surtir así este pueblo como los otros dos de este partido. Y cada día irá creciendo, si no viene otra mortandad, como la he tenido este año, en que se me ha muerto una buena porción de ganado menor..19. Sigue informando el padre Mayorga que en Comondú, no había posibilidad de sembrar ni una mata de calabaza, ya que a pesar de haber trabajado por el parecer de quien más lo entendía20 en una obra para sacar agua e irrigar la tierra, no se había obtenido la suficiente para conducirla al terreno de siembra. Aquí, al igual que en otras partes de su informe, trascienden muestras de cansancio y pesimismo sobre todo en su quehacer temporal. En este aspecto, refiriéndose al pueblo de San Juan, Mayorga mencionó que lo construido se reducía a una pequeña pieza para el padre, una iglesita empezada y un pequeño pozo con muy poca agua para sembrar; en San Ignacio, el otro pueblo de la misión, sólo había una casita que se estaba cayendo y era inhabitable, por lo que más valía derribarla. Se contaba con algunas cabras, aunque muy pocas, y aquí sí admitía el padre que había suficiente agua para regar un espacio de tierra en donde cabrían 10 a 12 almudes de maíz. Sin embargo, las tierras que de por sí no eran muy buenas, se las llevaba el arroyo cuando llovía fuerte.
En lo espiritual, Mayorga fue un poco más optimista y señaló que tenía a casi todos los indígenas bautizados y había muchas parejas casadas, aunque explicó que en lo general los avances eran muy lentos. Cerca del final de su manuscrito, el misionero precisó que en relación con lo que se había hecho o no se había hecho en la California, en nada había intervenido él con sus opiniones, por la razón sencilla de que jamás se le había pedido su parecer, y si en nada he intervenido hasta aquí, lo mismo sepa V. R. será en adelante…21. Se transcribe enseguida parte del documento: …Acerca de otras cosas, aunque en sí, a mi parecer muy sustanciales, y aunque de algunas de ellas dependiere, y no poco, mi opinión, así en lo temporal como mucho más en lo espiritual, no hablo palabra. Porque ninguna de ellas depende de mí, y por otra parte, si hablara algo, aunque no me apartara en un punto de la verdad, fuera yo un hombre sin juicio, imprudente, temerario, y sin amor alguno a la California. El tiempo vendrá (aunque tarda mucho), que [se] descubra con cuánta verdad se ha informado, por escrito y de palabra, a los Padres Provinciales acerca de las cosas de por acá. Sólo quiero ahora para mi consuelo, que tenga entendido V. R., que en cuanto se ha determinado, se ha hecho y no se ha hecho, de años a esta parte en la California, en nada ha intervenido jamás el parecer del Padre Mayorga con un sí, ni un no, porque jamás en todo este tiempo, se me ha pedido mi parecer ni yo lo he dado. No digo esto porque lo sienta, y puede V. R. creerme, que antes tengo muchas razones para alegrarme de ello. Dígolo sólamente para que se entienda que alguna o algunas cosas, y de suyo de monta, en que yo ni he dado mi parecer, ni aun he sabido lo que intentaban, se han pedido a los Padres Provinciales en nombre de todos los Padres de Californias. Esto sí he sentido vivísimamente. No quiero que se me atribuya por algún lado, sea bueno sea malo, lo que por ninguno me toca. Y si en nada he intervenido hasta aquí, lo mismo sepa V. Ra. Será en adelante…22
Mayorga terminó su informe con las cortesías acostumbradas, pero es innegable que el documento es la muestra de un misionero disgustado con la situación prevaleciente respecto a sus superiores y la forma como se administraban las misiones, y aunque su redacción es propia, carece de los eufemismos e hipérboles acostumbrados por casi todos los demás jesuitas de su tiempo, todo esto a pesar de que llegó a ser representante de la Inquisición en California. El padre Mayorga tuvo problemas de salud, al grado de que en una ocasión tuvo que irse a Sinaloa buscando una mejoría con el cambio de clima, y tan pronto como mejoró volvió a su misión. En la opinión de autores como Clavijero, en aquel tiempo fue reconocida su labor en favor de los indios de San José de Comondú, en donde trabajó arduamente durante 28 años. El mismo misionero admitió en una carta dirigida al padre provincial que padecía fuertes dolores en el pecho y el estómago, y que le afectaba una grave depresión al grado de que había días en que no sentía deseos de moverse23. Sin embargo, Mayorga debe haber dominado todos los problemas físicos y mentales que por un tiempo lo agobiaron, pues poco a poco su misión de San José de Comondú prosperó no sólo por el número de indígenas bautizados, sino en la producción de alimentos, lo que difícilmente hubiera ocurrido con un misionero enfermo física y mentalmente.
Julián de Mayorga murió el 10 de noviembre de 1736 a la edad de 67 años, después de 28 años de servir como misionero en California, y le sucedió el padre Francisco Javier Wagner. Deben reconocerse las virtudes de aquel hombre educado en los refinamientos de la corte española, que vivió casi tres décadas ejerciendo sus tareas de evangelizador y civilizador de los primitivos californios, en una de las misiones que llegó a tener la distinción de ser la base original de dos de los poblados más importantes de la península, como lo son San Miguel y San José de Comondú. Después de la muerte del padre Mayorga, para julio de 1737 ya estaba el padre Wagner trabajando en la misión24, la cual pronto fue cambiada al poblado de San Ignacio hacia el sur, el lugar que había visitado Salvatierra, por tener agua abundante y ofrecer mayores posibilidades agrícolas, de manera que el Comondú Viejo quedó como visita, y a San Ignacio se le conoció desde 1738 como San José de Comondú, en memoria del paraje en el que primero se fundara la misión. En 1737, el poblado de San Miguel, fundado por el padre Juan de Ugarte y que antes era visita de la misión de San Francisco Javier, quedó ahora muy cerca de la nueva cabecera de San José de Comondú, a la cual se agregó, de manera que por algunos años los pueblos de la misión fueron 4: San José de Comondú, San Miguel de Comondú, Comondú y San Juan, aunque con el tiempo, por la disminución de la población indígena, lo que quedaba de ella se reunió toda en San José y los demás pueblos prácticamente desaparecieron.
La edificación de piedra que se levantó después fue iniciada en 1750 por el misionero austriaco Francisco Inama, y era considerada una joya arquitectónica, la única iglesia en la península con tres naves, se terminó alrededor de 1760 pero décadas después fue destruida, según la tradición, por el gobernador Juan Domínguez para aprovechar sus materiales en la construcción de una escuela rural, lo cual es negado por algunos autores. De esta nueva construcción queda aún lo que fue la sacristía, y hasta hace poco en su interior se podía admirar una fotografía de las ruinas de la iglesia como estaban poco antes de 1930.

Arriba, a la izquierda, sacristía de la misión de San José de Comondú (nueva ubicación); abajo, paisaje cercano al nuevo San José de Comondú; a la derecha, arriba, fotografía de las ruinas de la misión en el interior de la sacristía, tomada antes de 1930, así como dos de varios óleos antiguos que representan a la Virgen de Loreto y a San Luis Gonzaga. Estas pinturas de gran valor se encuentran en peligro de desintegrarse debido a que no están protegidas. Trozos de piedra labrada de la antigua misión se hallan tiradas en el suelo frente a la sacristía, al acceso de cualquier persona. Fotog. A.P.A.
Cuando los franciscanos substituyeron a los jesuitas en las misiones de Baja California, el padre Francisco Palou escribió un informe a fray Rafael Verger sobre todo lo recibido conforme a inventario, y al referirse a la misión de San José de Comondú expresó lo que en parte se transcribe enseguida:
...Tiene sus parrales o viñas, olivos, higueras, granados...y algo de caña dulce que suelen moler y hacer panocha... No padece de ordinario esta misión necesidades, por las cosechas que suele lograr de trigo y maíz; cogen bastante algodón con que hacen sus mantas para ayuda del vestuario, y fresadas de lana del ganado menor. Desde su fundación hasta el mes de enero de 1768 corrió a cargo de los padres jesuitas, y desde el 8 de abril de dicho año entró a cargo de este colegio, siendo su primer ministro el padre Antonio Martínez...No tiene pueblo de visita, pues todos viven en la misión, y se hallan existentes ochenta y dos familias de casados con doscientas diez y seis almas..25. Sigue Palou refiriendo el número de cabezas de ganado de la misión, y expresa que el ganado mayor es mucho pero casi todo se encuentra alzado; sin embargo, afirma que hay 2285 ovejas y un buen número de cabras. Respecto a alimentos y granos señala que se tienen 233 fanegas de trigo, 250 de maíz, 18 arrobas de panocha, 48 arrobas de higos pasas, 5 arrobas de uvas pasas, y 66 tinajas de vino de 60 cuartillos cada una.
Todo lo dicho muestra una misión, cuando menos en esas temporada, autosuficiente y hasta cierto punto próspera, sobre todo tomando en cuenta que Palou nunca fue optimista o halagüeño sobre las misiones jesuitas que recibió. En 1793, los dominicos relataron que la iglesia estaba decorada con tres altares, 25 pinturas y 6 estatuas. Tres campanas que se conservan en el interior de la sacristía tienen grabadas las fechas 1697, 1708 y 1741. Comondú dejó de funcionar como misión en 182726; a mediados del siglo XX mucha gente joven de los dos poblados emigraron a otros lugares menos incomunicados, y sólo hasta época reciente, al lograrse la construcción de un camino que entronca con la carretera Ciudad Insurgentes-La Purísima y facilitarse así la comunicación con las poblaciones vecinas, lo que Jordán llamó “el último paraíso” hoy parece revitalizarse e iniciar el paso hacia la modernidad.

De izquierda a derecha: interior de la sacristía, hoy capilla del poblado; campana original; y fotografía antigua de la entrada de la misión, que se encuentra en el interior de la sacristía. Fotog. A. P. A.
8. La Purísima Concepción de la Santísima Virgen, o La Purísima de Cadegomó (1717 Ó 1718-1822 ó 1830)
En 1712, el padre Francisco María Píccolo visitó un paraje al noroeste de Loreto por la vertiente occidental de las montañas, cerca de un lugar llamado Cadegomó o “Arroyo de Carrizales”. Píccolo fue bien recibido por los indios y llegó a bautizar un buen número de niños. En 1717, acatando los deseos del padre Ugarte, el padre Nicolás Tamaral se fue a ese lugar encontrado por Píccolo, con el fin de establecer la misión de La Purísima Concepción de Cadegomó. El padre Tamaral no sólo poseía virtudes espirituales, sino que también reunía en su persona talentos en diversas artes u oficios, pues actuaba como médico con sus indios y los soldados, músico, albañil experto en pegar ladrillos, y otros oficios más27, cualidades que deben haberle facilitado la realización de los trabajos iniciales en la misión de La Purísima.
Finalmente y con el apoyo económico del marqués de Villapuente, en 1718 ésta quedó establecida en las márgenes de un arroyo que hoy lleva el nombre de Purísima Vieja en su parte alta y San Gregorio en la baja, a unos 46 kilómetros al noroeste de San José de Comondú, aproximadamente a los 26° 18’ 42.50¨ N y 112º 09´48.62¨ W. Sobre la fecha exacta de la fundación de la misión, entendiendo ésta como el inicio de acciones evangelizadoras de un misionero con los indígenas, puede considerarse que fue desde 1717, aunque autores antiguos como el franciscano Francisco Palou señalan el año de 1718. Si se considera que la misión comenzó a funcionar cuando Tamaral se quedó a residir en Cadegomó, sería el 1º de enero de 1720, ya que fue en esa fecha cuando el misionero construyó, con la ayuda de los naturales, una cabaña de ramas, empezó a decir misa todas las mañanas e inició el bautizo de los niños. Por otra parte, si se piensa que la dedicación formal de la iglesia de la misión en un acto solemne señala su fecha inaugural, esta se hizo a principios de septiembre de 1722. Esto sucedió así porque durante sus dos primeros años en Cadegomó, Tamaral regresaba por temporadas a San Miguel con el fin de supervisar las actividades agrícolas y ganaderas que había iniciado en el poblado, sin embargo, cuando fue oportuno y llevando una buena cantidad de animales domésticos, el misionero volvió a su arroyo del norte y se estableció definitivamente en la fecha ya indicada de septiembre de 1722 e hizo la inauguración formal.
En 1730, el padre Tamaral dejó la misión de La Purísima para fundar y hacerse cargo de la misión de San José del Cabo, cerca de Cabo San Lucas, a donde se dirigió vía La Paz acompañado del procurador José de Echeverría, y su lugar fue ocupado por el padre Jacobo Druet.

A la izquierda, paraje de La Purísima, con el Cerro del Pilón al fondo
En 1734 el padre Druet, cambió la cabecera de la misión al actual arroyo de La Purísima28 o Cadegomó, llamado por el padre Kino Santo Tomás, a unos 18 Km. al sureste del lugar original, y a unos 25 Km. del Océano Pacífico. El cambio obedeció sobre todo a que en La Purìsima Vieja la tierra arable era arrastrada por los torrentes, y la presa construida quedaba en ruinas. Esto último llegó a ocurrir también en el nuevo sitio, aunque en menor medida, y gracias al mejor aprovechamiento de las aguas del arroyo se cultivaron con éxito, maíz, trigo, higueras, vid y granados.
El padre Druet fue muy estimado por los nativos de la región, y cuando ocurrió la rebelión de los pericúes en el sur de la península, el misionero se fue a Loreto acompañado de 150 indios, para ayudar a las fuerzas leales en la lucha contra los pericúes, lo que representó un gesto de fidelidad a su misionero.. El padre Druet murió en su misión de La Purísima en 1753.
El padre Juan Javier Bischoff estuvo en La Purísima algunos años, y durante su encargo recibió la orden de buscar en la costa del Mar del Sur un lugar adecuado para puerto que sirviera de escala al Galeón de Manila. En 1759 salió a cumplir lo dispuesto por sus superiores, descendió por el arroyo hasta su desembocadura en lo que Kino llamó Puerto de Año Nuevo, pero no encontró agua potable ni leña suficiente.

Viaje del padre Bischoff a la costa del Pacífico
La flecha continua indica la ruta aproximada seguida por el padre Bischoff en su expedición en búsqueda de un puerto en la costa del Pacífico, y la punteada la ruta que habría seguido conforme a la latitud que menciona Barco. Adaptación en mapa de Google Earth.
- Misión de La Purísima sobre el arroyo del mismo nombre.
- Boca San Gregorio del arroyo La Purísima.
- Bahía de San Juanico.
- Poblado actual San Juanico.
- Estero El Dátil.
- Bahía Concepción.
Viajó entonces por la costa hacia el norte. y aproximadamente a unos 30 kilómetros halló un lugar mejor, con agua suficiente en una colina cercana, aunque la leña tenía que traerse de otra parte.
Entusiasmado por el hallazgo, bautizó el sitio como puerto de San Juan Nepomuceno, situado según el padre Miguel del Barco aproximadamente a los 26° 30’ de latitud norte que correspondería aproximadamente al Estero del Dátil. Esta latitud difiere unos 15 minutos con el punto que queda a las ocho leguas que viajó Bischoff y sus acompañantes hacia el noroeste a partir del puerto de Año Nuevo, equivalentes a unos 30 ó 35 Km., y que estaría muy cerca de lo que hoy es la Bahía de San Juanico29, lugar que parece tener las características descritas por el misionero. Por todo lo dicho, es probable que el sitio encontrado por Bischoff sea el actual San Juanico, en la bahía de ese nombre, también llamada Escorpión.

La Purísima Concepción de Cadegomó en 1906. Fotografía de Arthur North.
Unos años antes de la expulsión de los ignacianos en 1768, el padre Bischoff en La Purísima escribió un reporte en el que se quejaba de que con grandísimos trabajos se había logrado que los neófitos más civilizados construyeran casas, criaran ovejas y tuvieran alguna forma de trueque entre ellos, pero que muchos todavía preferían la vida a la intemperie o en cuevas, y constantemente robaban lo que podían, sobre todo ganado y provisiones de la misión, y se mantenían dispersos y errantes30.
Cuando los jesuitas salieron de la península y los franciscanos se hicieron cargo de sus misiones, el padre fray Juan Crespí tuvo a su cargo la misión por breve tiempo, y el padre Francisco Palou refiere que la iglesia era de piedra y lodo y en parte de adobes, techada de tules, lo mismo que la vivienda31, y respecto a la producción agrícola señala abundancia de viñas, higueras, granados y algodón. Palou encontró unas 60 tinajas de vino de 60 cuartillos cada una. Ganado mayor había poco, pero aparte de una buena cantidad de bestias caballares, se contaba con 2074 ovejas. Aparentemente es contradictorio el informe del franciscano con lo expresado por Bischoff.
Al dejar los franciscanos las viejas misiones a los padres dominicos, La Purísima Concepción tuvo como misioneros de esa orden, entre otros, a los padres Francisco Galisteo y Juan Antonio Formoso, en 1773. En 1783 el dominico fray Martín Zabaleta hizo un informe sobre la misión en la que refirió la gran pobreza y desnudez en que vivían los nativos; la decadencia general de la población indígena en las misiones de la Baja California incluyó a La Purísima, en 1822 ya no funcionaba como misión, y para 1830 se convirtió en pueblo con el mismo nombre32. publicado en Bando del Jefe Político José Mariano Monterde el 28 de septiembre de 1830 en Mineral de San Antonio.
9. San Ignacio Kadakaaman (Arroyo de carrizos) (1728-1830)
Establecida con parte del patrimonio del jesuita mexicano Juan Bautista Luyando, fue fundada provisionalmente por el padre Francisco Ma. Píccolo el 13 de noviembre de 1716, a unos 109 Km. al noroeste de Mulegé, y se estableció definitivamente hasta enero de 1728 por el mismo padre Luyando. El lugar es todavía un hermoso oasis con numerosas palmeras y un arroyo que corre de noreste a suroeste, que se pierde en los arenales a los 2 Km.33 Al padre Luyando le siguieron los padres Sebastián Sistiaga y Fernando Consag; éste último inició la construcción que hoy se conoce, la cual fue concluida por el padre dominico Juan Crisóstomo Gómez por el año de 1786; las piedras de la fachada llegan a medir más de un metro de espesor, lo que explica el buen estado en que se encuentra el edificio a pesar de los más de dos siglos que tiene de existencia, y en su interior, el altar de madera labrada con chapa de oro y los siete óleos que cuelgan de sus muros son muestra del arte religioso de la época en Baja California De aquí llegaron a depender 8 misiones de visita, y al ir a ellas, algunos misioneros de San Ignacio, como José Mariano Rothea, al escuchar relatos de los cochimíes, supieron de las pinturas rupestres que hay en la Sierra de San Francisco, y tal vez visitaron los resguardos rocosos en que están algunos de los murales prehistóricos mencionados. En los huertos de San Ignacio todavía abundan las higueras, vid, cítricos y mangos, pero el producto característico de la región y que le ha dado fama desde los tiempos antiguos es el dátil, introducido por los jesuitas.

Izquierda, Iglesia de la misión de San Ignacio Kadakaamán. Derecha, altar principal de madera labrada y chapa de oro. Fotog. A. P. A.
Ferdinand Konscak, cuyo nombre castellanizado es Fernando Consag, nació en Varacdin, Croacia, el 3 de diciembre de 1703; e ingresó en 1719 como novicio jesuita en Treutchin, Eslovakia, rechazando la propuesta de su padre de que se incorporara al ejército imperial; se ordenó en Graz, y fue maestro en el colegio jesuita de Zagreb, en Buda, Hungría, de 1726 a 1728. El historiador Manuel Servín lo describe como un celoso perfeccionista... modelo de seminarista, que se distinguió por su piedad y en sus estudios, especialmente las matemáticas .
Consag solicitó incorporarse a los compañeros de su orden en México, a donde llegó en 1730, y tres años después fue destinado a la misión de San Ignacio Kadakaaman, y aunque durante cinco años estuvo en varias misiones del norte, la mayor parte de los siguientes 22 años de su vida vivió en San Ignacio. El religioso croata desempeñó con entusiasmo y eficiencia las tareas propias de cualquier misionero: catequizar, bautizar, enseñar los fundamentos de la agricultura, la albañilería, etc., pero la historia lo recuerda como uno de los más grandes exploradores de Baja California.
En aquel tiempo concurrieron dos circunstancias que permitieron el desarrollo de su vocación por viajar hacia tierras desconocidas: Felipe V ordenó que la cadena misional en la California se prolongara hacia el norte hasta conectarse con las misiones de Sonora; y por otra parte, en relación con la disposición mencionada, se consideró como un imperativo establecer de una vez por todas si California era isla o península. Por estas razones, el visitador Antonio Baltasar seleccionó a Consag para que hiciera las exploraciones correspondientes de las cuales se habla en otra parte de este libro, y como consecuencia de ellas, se determinó que la lejana provincia sí era una península. Después de esto, y aun habiendo sido nombrado superior de las misiones de

Izquierda, puerta de la oficina en la misión de San Ignacio. Derecha, estatua de San Pablo en lo alto de un muro
California, no dejó de buscar lugares con agua y pasto para mantener ganado y plantar misiones. Fernando Consag, el lingüista, el matemático, el misionero, el cartógrafo, el constructor y gran explorador murió el 10 de septiembre de 1759 a la edad de 56 años. Su nombre es casi desconocido por los pueblos de las dos Californias.
Es necesario señalar que antes que Luyando, el padre Sebastián de Sistiaga, residente en la misión de Santa Rosalía de Mulegé, trabajó arduamente en el paraje de Kadakaamán o “Arroyo de los Carrizos”, región en donde después se plantaría la misión de San Ignacio, y a las orillas del arroyo estuvo viviendo 8 meses en una enramada realizando todas las acciones de cualquier misionero, lo cual sirvió mucho al padre Juan Bautista Luyando que llegó meses después a hacer la fundación definitiva.
Sobre lo anterior dice el padre Juan Bautista en un informe al padre Miguel Venegas: ...en tiempo de las viruelas antes que yo fuera [a San Ignacio] [los indios] habían mamado de Su Reverencia [Sistiaga] la primera leche y los más del paraje de San Ignacio que como de casa eran en esto los que más se señalaban, los había bautizado el dicho padre…y así los miraba como hijos de Su Reverencia…34. Fue el 20 de enero de 1728 cuando el padre Sistiaga y nueve soldados acompañaron al nuevo misionero Juan Bautista Luyando a San Ignacio, antes nombrado San Vicente, en donde fueron muy bien recibidos. A esto se debe que con justicia se diga que la misión de San Ignacio fue fundada por los padres Juan Bautista Luyando35 y Sebastián de Sistiaga, además de que fue dotada por aquel misionero con diez mil pesos de la herencia que sus padres le dejaron. Cuando el padre Juan Bautista tuvo que retirarse por su delicada salud, Sistiaga quedó en su lugar, y su sitio en Mulegé fue ocupado por el padre Everardo Helen.
Dicho lo anterior se entiende que Sistiaga conociera muy bien la región y a sus indios, con quienes había hecho algunas siembras de maíz y trigo, todo lo que en parte facilitó su gran labor evangelizadora al lograr la conversión de multitud de gentiles. Años después en esta misión de San Ignacio, tuvo como compañero por mucho tiempo al padre Fernando Consag.
En 1751 el padre Jorge Retz llegó a California, y pronto se encontró en San Ignacio, acompañando al padre Consag y aprendiendo la lengua cochimí de la región, en preparación para fundar la misión de Santa Gertrudis que se ubicaría apenas al norte del paralelo 28.
Cuando el padre Sistiaga salió de California como visitador de las misiones, dejó como misionero en propiedad en San Ignacio a Consag, quien poco después ocupó el mismo cargo por el trienio acostumbrado, e inició un segundo período en 1757, aunque murió en 1759 poco antes de concluir su mandato. Un pesado trabajo realizado por el padre Consag y sus indios en San Ignacio fue traer tierra de distantes lugares para formar una capa de suelo arable para siembra, pues el terreno era impropio para la agricultura. Años después, para prevenir que durante las lluvias el agua se llevara la tierra, Consag y sus neófitos iniciaron la construcción de un dique, casi de una legua de largo, de ocho varas de ancho y de cinco a seis varas de altura36. La obra fue concluida por el padre José Mariano Rothea, sucesor en San Ignacio del misionero húngaro croata, y complementó el trabajo con canales y represos que depositaban el líquido en un tanque de cal y canto, lo cual contribuyó a dominar las aguas del impetuoso arroyo y facilitar el riego de la siembra. Entre 1760 y 1761 el misionero construyó dos escuelitas, una para niñas y la otra para varones, en las que se enseñaba español, historia y canto, además de costura a las niñas.
Cuando salieron los jesuitas en 1768, la misión fue recibida en abril por el padre franciscano fray Miguel de la Campa Cos. Para entonces, la disminución de la población indígena fue uno de los factores que contribuyó a que desaparecieran los pueblos de visita y que prácticamente todos los nativos de la misión estuvieran concentrados en la cabecera, en número de 136 familias con 558 almas37. Estando el padre Palou presente en la misión, el día 14 de agosto de 1768 cayó tan gran cantidad de langosta sobre los huertos y sembrados de la misión, que el visitador José de Gálvez tuvo que dar permiso a los indios para que se fueran al monte a buscar alimentos en su forma tradicional, pues no quedó nada por la terrible plaga.
A pesar de las calamidades, la misión tenía viñas, olivos, granados, higueras y un algodonal, del cuyo producto fabricaban sus telas para vestir. En relación con el edificio de la iglesia, Palou señaló que si se terminaba, sería la mejor obra de California38.
Respecto a ganado manso, había en los agostaderos de la misión 32 vacas chichiguas o vientres, 6 toros, 2 novillos, becerrada 26 entre machos y hembras, 21 bueyes y mucho ganado alzado, se contaba con 74 yeguas de vientre 27 con sus crías, burros manaderos 3, garañones 3, 7 burras de vientre con 5 crías, 20 mulas mansas, 8 caballos de silla, 722 ovejas y 243 cabras.
Los dominicos que recibieron de los franciscanos la misión de San Ignacio fueron fray Crisóstomo Gómez y fray José Villatoro. Una obra digna de mención del padre Gómez, fue la aplicación de una especie de vacuna contra la viruela a los indígenas de San Ignacio, según Bancroft, por lo que en tiempos de una epidemia sólo murieron unos tres o cuatro indios de la misión39. De 1799 a 1801 estuvo en San Ignacio el padre dominico Rafael Arviña40, quien en abril de 1802 ocupó el cargo de presidente de las misiones con sede en Loreto. Otro padre de los predicadores que radicó en San Ignacio fue Antonio Caballero, quien murió aparentemente envenenado
Desde 1792 la disminución de la población indígena causada por epidemias y otros factores, de lo que se hablará en capítulo especial, era reconocida por todos, al grado de que en 1809 fray Domingo Barreda, maestro prior provincial de los dominicos, prácticamente solicitó al rey la cancelación de varias misiones, incluida la de San Ignacio41. El proceso de la decadencia misional en Baja California se avizoraba, las epidemias, las sequías y plagas, pero sobre todo el drástico y forzoso cambio de la cultura de los indios a formas de vida acordes con la civilización de los españoles, acabarían con los nativos. En 1830 el teniente coronel Miguel Martínez, jefe político del Territorio de Baja California decretó la secularización de esta y otras misiones.
10. Nuestra Señora del Pilar de la Paz, O La Paz Airapí (1720-1749)
Dotada por el marqués de Villapuente, la establecieron el 3 de noviembre de 1720 los padres Jaime Bravo, Ugarte y Clemente Guillén. En 1745 comenzó su decadencia y poco después se tuvo que cambiar a Todos Santos por falta de agua. La misión original era de palos parados enjarrados con lodo, y el techo de hojas de palma, fue incendiada durante la rebelión de los pericúes y se abandonó en 1748.
Jaime Bravo, de origen aragonés, sin ser sacerdote se desempeñó en la Compañía de Jesús no sólo como eficiente procurador al servicio de las misiones de California, sino también trabajando arduamente para ayudar a la obra misionera de los sotanas negras, como es el caso de la construcción de la embarcación “Lauretana”42. Cuando en 1705 el padre Juan María de Salvatierra llegó a Loreto para visitar las misiones, no sólo traía provisiones sino que venía acompañado por el hermano Jaime Bravo, quien se quedó en California para ayudar en lo que fuera necesario a los misioneros, sobre todo al padre Juan de Ugarte en el trabajo que se requería en las misiones de Loreto, San Francisco Javier y Londó.
En 1719 el hermano Bravo viajó a la Nueva España continental para ayudar en la remesa de los equipos y materiales que necesitaba el padre Juan de Ugarte para la construcción de su barco “El Triunfo de la Cruz”. De paso en Sinaloa recibió una orden inesperada del padre provincial, quien a su vez obedecía disposiciones del general de los jesuitas en Roma padre Miguel Tamburini. Éste había tomado en cuenta, además de las virtudes de Bravo, su experiencia y preparación que incluía el conocimiento del latín, y le ordenaba que se dirigiera a Guadalajara para ordenarse como sacerdote; el hermano acató y cumplió con lo que se le solicitaba, lo que le permitió en adelante servir como misionero en California, en donde hacían falta religiosos para cristianizar a la numerosa gentilidad.
El padre Juan de Ugarte, como superior de las misiones de California y gracias a un donativo del marqués de Villapuente decidió fundar una misión en el sur que llevaría el nombre de Nuestra Señora del Pilar de La Paz en Airapi. Conforme al cuidadoso plan de Ugarte, el padre Clemente Guillén, misionero de San Juan Bautista Malibat al sur de Loreto, debería de trasladarse por tierra y establecer la mejor ruta a La Paz, mientras que él iría por mar con el padre Jaime Bravo. Todo se hizo conforme a lo planeado, aunque el padre Guillén tuvo que sortear grandes dificultades y correr serios peligros antes de arribar a La Paz.
El 1º de noviembre de 172043 a las nueve de la mañana Ugarte y Bravo se embarcaron en la balandra “El Triunfo de la Cruz”, según aquél lo refiere en carta al virrey marqués de Valero cuando expresa: …desde primero de noviembre salí para La Paz en embarcación llevando conmigo al padre Jaime Bravo, caso de encontrar los indios de esa gran bahía…44. Iban unas 20 personas contando a los dos misioneros, los marineros y algunos indígenas incluyendo intérpretes y varias mujeres para labores de cocina y lavado de ropa; además se llevaban provisiones y regalos para los indios, así como caballos, cabras y ovejas.
El 2 de noviembre tocaron el extremo sur de la isla San José, en donde el padre Bravo había estado tres meses antes, e hicieron contacto con algunos indios que fueron llevados al barco, en donde recibieron los acostumbrados regalos como muestra de amistad. Al siguiente día llegaron a La Paz, en donde pasaron la noche, y el día 4 de noviembre iniciaron los trabajos para levantar cabañas, corral, y el despeje del espacio en donde se levantaría la iglesia de la misión, en un lugar alto que dominaba la playa.
La dedicación de la misión se hizo el 3 de diciembre de 1720, se había levantado una palizada de mezquite alrededor del poblado, una cruz hecha de troncos de palmeras de más de once varas de altura se contemplaba de todas partes, se había construido la cocina y las habitaciones eran cómodas. En la tarde del 6 de diciembre, Bravo y su gente escucharon varias descargas y pronto se dieron cuenta que se trataba de los hombres del padre Clemente Guillén, que hasta ahora llegaba en su viaje por tierra procedente de San Juan Bautista Malibat, después de una extraordinaria odisea. A pesar de tantas dificultades, no había signos ominosos reales que presagiaran lo que ocurriría apenas 14 años después.
Lograr la confianza de los indios fue difícil, pues los agravios de que habían sido objeto los guaycuras y pericúes por parte de los españoles desde tiempos del almirante Atondo, y después por los armadores y buzos que venían de las costas de Sinaloa y Sonora en busca de perlas, no se olvidaban. A la desconfianza de los naturales hacia los europeos, debe agregarse que guaycuras y pericúes eran enemigos irreconciliables, por lo que el padre Ugarte tuvo que desplegar toda su capacidad de convencimiento y gran paciencia, no sólo para ganarse la amistad de los nativos sino para lograr que las dos etnias dejaran de hacerse la guerra. Ugarte duró 3 meses en La Paz y luego regresó a Loreto, mientras que el padre Guillén lo hizo a Ligüig, en tanto que el padre Jaime Bravo se quedó en su misión, trabajando en la evangelización y en las tareas civilizadoras con los indígenas. En 1728, Bravo se fue a Loreto para ayudar al padre Francisco María Píccolo, de avanzada edad.
Es seguro que siendo el misionero de Nuestra Señora del Pilar de la Paz, el padre Jaime se percató que las poquísimas tierras cultivables y la nula capacidad de riego con que se contaba se tornarían en un serio problema para la subsistencia de la misión, por lo que se dio a la tarea de localizar algún paraje con mejores tierras para el cultivo y agua suficiente. Fue así como en 1723, encontró a unas 20 leguas de La Paz, en un lugar situado a los 23º 27´ N., muy cerca de la costa del Pacífico, el paraje con las características mencionadas. y allí formó el pueblo de Todos Santos que fue el tercero de la misión; los otros dos eran la cabecera Nuestra Señora del Pilar de la Paz y Ángel de la Guarda, siendo desconocida la ubicación de éste. Cabe aclarar que la misión de Todos Santos se fundó hasta 1733 en el pueblo del mismo nombre ya mencionado, y su primer misionero fue el padre Segismundo Taraval.
Años después los productos obtenidos gracias a la fertilidad de su tierra aliviaron notablemente las necesidades alimentarias de la cabecera en La Paz.
La decadencia de la misión se acentuó después de la rebelión de los pericúes en 1734, y aunque la misión se reconstruyó en 1736, la población disminuyó drásticamente por razones diversas que ya se han mencionado, y la autosuficiencia con cosechas de la propia misión se hizo imposible por la falta de agua para riego.
El paraje de Todos Santos fue habitado originalmente por indios guaycuras, quienes fueron extinguiéndose víctimas de diversas epidemias y guerras, al grado de quedar casi solo. El lugar con tanta agua no podía ser ignorado por mucho tiempo, y poco a poco se pobló nuevamente pero ahora con algunos indígenas de rancherías pericúes, ubicadas en lugares más que distantes, difíciles a su acceso desde las misiones de San José y Santiago. Por aquel tiempo, las autoridades civiles y religiosas trataban de distribuir el escaso número de misioneros en las misiones más pobladas, para que el esfuerzo realizado fuera más redituable en función de las almas salvadas, según sus principios esenciales, y fue frecuente la movilización masiva de poblados indígenas de una misión a otra para lograr el fin mencionado. En el caso de la misión en La Paz, en 1749 se determinó que dejara de funcionar como tal y que sus pocos habitantes se trasladaran a Todos Santos, aunque desde hacía años dependían en buena parte de la producción agrícola y ganadera de ese poblado. Fue por estas razones que los indígenas guaycuras de La Paz fueron cambiados a Todos Santos, y los pocos pericúes que allí se asentaban, junto con los de San José, se fueron a la misión de Santiago.
El padre Segismundo Taraval, nativo de Italia e hijo de un oficial de alto rango del ejército real de España, llegó a Loreto en mayo de 1730, y aunque fue encargado para que plantara la misión de Santa Rosa, en el puerto de Las Palmas, en el Golfo de California, no lo pudo hacer de inmediato por haber todavía algunos problemas sin resolver para que se estableciera. Para la proyectada misión que se llamaría Santa Rosa de las Palmas, se contaba con una dotación de diez mil pesos aportados por doña Rosa de la Peña, cuñada del marqués de Villapuente, benefactor de los jesuitas. En 1733, atendiendo la orden del padre Clemente Guillén de Castro, el padre Taraval se fue a cumplir lo dispuesto, pero no en el Golfo de California, como se había pensado inicialmente, sino en el poblado de Todos Santos, en la costa del Pacífico, a los 28º 27´, lo cual se seguirá tratando más adelante. El único misionero escocés en Baja California fue el jesuita William Gordon, quien en 1734 atendía la misión de La Paz, y escapó de ser asesinado por los pericúes rebeldes porque el día del ataque a la misión había ido a Loreto en busca de provisiones. Santa Rosa de Todos Santos siguió siendo por muchos años una de las pocas misiones productivas de la península, y La Paz subsistió con su carácter de visita y puerto importante, y llegó a ser capital de Baja California.
11. Nuestra Señora de Guadalupe o Guadalupe Guasinapi O HUASINAPI (1720-1795)
Guadalupe Guasinapí es la región en la sierra de la que el padre Juan de Ugarte sacó los troncos de guaribo para hacer su balandra, y desde entonces, los cochimíes de la región iban a pedirle al misionero que regresara, como resultado de la buena relación que habían establecido con él.
Fue por eso que cuando se contó con la dotación hecha por el marqués de Villapuente, el jesuita alemán Everardo Helen fundó allí la misión de Guadalupe Guasinapí a instancias del padre Ugarte, el 12 de diciembre de 1720, en el mencionado paraje llamado Guasinapi, aproximadamente a 167 Km. al noroeste de Loreto, casi equidistante del Golfo y del Pacífico, a los 27º 12´ 30.23¨ N y 112º 26´ 21.20 W.
Helen ya conocía lo suficiente de la lengua cochimí, pero mejoró al grado de que escribió una gramática de ella. La docilidad de los nativos y su colaboración espontánea en la construcción de la iglesia y demás edificaciones, permitió que el capitán y varios soldados que habían acompañado al misionero volvieran a Loreto, dejando a 4 que se ocuparían de la seguridad del padre Everardo.

Paisaje de la Sierra de Guadalupe, prolongación septentrional de La Giganta. Fotografía de Eduardo S. Ponce Trujillo.
La buena labor del misionero acabó por convencer a los nativos para que muchos de ellos le llevaran las capas de cabellos, “tablitas” y pezuñas de venado que eran elementos importantes en el atuendo y ceremonial de sus guamas o “doctores”, todo lo cual fue quemado en presencia de los indígenas. Además, el padre Helen tuvo la opinión de que en los indios de su misión de Guadalupe no se veía lo que los padres llamaban desenfreno o liviandad presente en otras regiones de la península, aludiendo a las libres relaciones sexuales y la poligamia que otros misioneros del sur referían de sus naturales45.
La misión pudo existir gracias a un pequeño arroyo con el que se irrigaba tierra para una siembra no superior a una fanega. También se aprovechaba el agua de unos veneros que había a un lado de la sierra, enseguida de la misión, se juntaba el agua en un depósito de piedra pegada con cal, y podía regarse así una pequeña huerta de higueras, granados y viña; el pasto era abundante, lo que permitía la cría de ganado, aunque siempre había el riesgo de que fuera víctima de los leones de montaña; en el censo levantado con motivo de la entrega de las misiones jesuitas a los franciscanos, se establece que en el rancho de la misión llamado El Valle había 52 caballos para “vaquerear”, 2 mulas mansas, seis de silla, 11 burros machos y 15 hembras, 212 cabezas de ganado46, muchas de ordeña con cuya leche se hacía una buena cantidad de queso, 947 ovejas, y 383 cabras. Además de El Valle, dependían de la misión la visita de San Miguel, con capilla y casa para el padre; y San José de Gracia, con abundante agua en un represo.
El padre Helen estuvo allí 15 años, los nativos eran amistosos, y para 1726 había bautizado a más de 1700 personas de 32 tribus convertidas al cristianismo, pero en 1735 las enfermedades lo obligaron a dejar California y murió en Tepotzotlán en 1757.
En noviembre de 1744 era misionero de la misión y sucesor del padre Helen el jesuita nativo de Austria José Gasteiger, y ocurrió en la misión la desgracia que enseguida se narra. Un domingo, cuando casi todos los nativos de la cabecera estaban oyendo misa, se derrumbó una pared de la iglesia junto con el techo de terrado, a consecuencia de lo cual murieron allí 80 personas, y después más de 15 que habían quedado mal heridas. El padre veneciano Pedro María Nascímben, radicado entonces en Santa Rosalía de Mulegé, había viajado a Guadalupe junto con el padre Fernando Consag, para auxiliar los dos al anciano misionero alemán en el momento de su muerte y en las tareas propias de la misión. Aquel fatídico domingo Nascimben, quien oficiaba la misa, logró saltar hacia la puerta de la sacristía en el momento del derrumbe y así salvar su vida, Consag tampoco salió herido al encontrarse en el presbiterio, pero de los fieles asistentes sólo 4 ó 5 mujeres fueron encontradas vivas entre los muros y techo derruidos. Gasteiger no se dio cuenta de la desgracia hasta días después, recuperó parcialmente su salud y levantó otro edificio corrigiendo las fallas de la vieja estructura, que en el muro derruido no tenía cimientos por ser el suelo de roca, pero el agua que bajaba por la ladera de los cerros reblandeció la parte baja de la pared, lo que ocasionó el derrumbe.
Aparte de los logros religiosos entre los gentiles cochimíes de la sierra, la misión de Guadalupe debe ser recordada como una fuente vital de abastecimiento, sobre todo en la forma de carne y queso, para las misiones vecinas que llegaron a recibir esa ayuda, entre otras la de San Borja. Sobre el particular, vale la pena transcribir lo que el padre Miguel del Barco señala en su obra, para tener idea de las dificultades que se tenían que vencer para ayudar una misión a otra:...La carne que se gastaba (en San Borja) era seca, traída de la misión de Guadalupe, cuyo misionero hubo de proveer a la de San Borja de este género por espacio de año y medio, parte de limosna, y parte vendida a los precios ordinarios.…haciéndola transportar gratis con la recua de su misión, o todo o en gran parte del camino. El cual, siendo de casi ochenta leguas, en tierra áspera, era necesario que una recua cargada tardara en él, sólo de ida, más de doce días, y que volviera a Guadalupe tan fatigada y maltratada que apenas en un mes pudiera repararse. Las misiones intermedias de San Ignacio y Santa Gertrudis, no estaban en estado de poder enviar carne a San Borja; mas, pasando por ellas, la que venía de Guadalupe con recua ya cansada, era necesario que con las suyas ayudasen a esta conducción...47
El misionero dominico Luis de Sales describió esta misión de la siguiente forma
Aunque este paraje tiene muchas y muy buenas tierras; con todo tiene muy poca agua, la que apenas sirve para una huerta pequeña: las siembras de la misión se hacen fuera de ella: la Iglesia, Sacristía ornamentos y alhajas son muy buenas Los ganados de este territorio son muy apreciables por la abundancia de yerbas que hay en los montes: procrea mucho, pero en algunos años, por falta de aguas casi todo perece…Esta es la misión que abundó siempre de muchos indios; pero las repetidas epìdemias que han padecido los han acabado casi todos 48
Todas las misiones de Baja California fueron decayendo por las enfermedades como la sífilis y la viruela, por falta de recursos, sequías prolongadas, plagas de langosta, y tal vez una administración inadecuada cuando menos en algunas de ellas. La misión fue extinguida en 1795 por orden del gobernador Diego de Borica, quien fuera gobernador de las Californias de 1794 a 1800, y hoy sólo quedan ruinas de la cimentación. Borica ratificó un contrato por el cual el entonces capitán del Presidio de Loreto rentaba a perpetuidad al señor Luis Romero, los terrenos de la ex misión consistentes en cuatrocientas leguas cuadradas, por cincuenta pesos anuales49. En tiempos de los dominicos, los ornamentos de la misión pasaron a la de San Pedro Mátir. Los primeros dominicos que residieron en Guasinapí fueron José Santolaria y Nicolás Muñoz, habiendo estado posteriormente, entre otros, fray Luis de Sales de 1773 1 1778, y Rafael Arviña de 1792 a 1794.
12. Nuestra Señora de los Dolores del Sur o Chillá (1721-1768)
En noviembre de 1720 el padre Clemente Guillén, nativo de Zacatrecas, había viajado desde su misión en San Juan Bautista Ligüig hasta La Paz, con el fin de establecer la mejor ruta que uniera a las dos misiones, y en el viaje tocó un lugar en la costa del golfo llamado Apaté por los indios, o Nuestra Señora de los Dolores por los españoles, que en esa ocasión tenía muy poca agua y de mala calidad.
El padre Francisco María Píccolo había pedido a Guillén que sembrara maíz en el lugar y amistara con los indios, como preparativos para establecer allí más adelante la misión de Nuestra Señora de los Dolores, y el 17 de julio de 1721 pidió formalmente a sus superiores que se plantara la nueva misión entre Ligüig y La Paz, en el citado paraje de Apaté, que describió exageradamente casi como un paraíso, sobre todo por el agua supuestamente abundante que proporcionaban nueve manantiales, según había afirmado en su informe de 1702.
En ese documento titulado Informe del estado de la nueva christiandad de California…50, fechado en 1702 y destinado a la Real Audiencia de Guadalajara, el padre Píccolo le adjudicaba características de misión desde ese tiempo a un lugar cercano al paraje de Yodivineggé, señalando que había sido dotada por la “Hermandad de la Congregación de San Pedro y San Pablo”, la cual en México recibía el nombre de “Los Dolores de la Santa Virgen”. En su relación, Píccolo mencionó como pueblos de visita de la misión las siguientes rancherías: Unubbé en el norte, además de Niumqui y Yodivineggé muy cerca una de la otra. Es casi seguro entonces que el establecimiento ya se había plantado casi 20 años antes de que Guillén pasara por allí.

Ruinas de Nuestra Señora de los Dolores en Chiyá. Fotografías de Eduardo S. Ponce Trujillo.
Desde que Píccolo redactó el documento es muy probable que se dieran ocasionalmente servicios religiosos en el lugar, y con todo derecho, en su afán de dar relevancia al trabajo que se realizaba le llamó misión, pero fue Guillén quien plantó en aquel sitio una misión permanente, que años después dio abrigo y protección a los misioneros y neófitos amenazados por la rebelión de los pericúes en 1734.
En el referido informe, el misionero italiano señaló también la existencia de las misiones de Conchó o Nuestra Señora de Loreto, la de Biaundó o de San Francisco Xavier, y otra todavía no bien establecida que era la de San Juan de Londó, con cinco o seis rancherías siendo las principales Tcupnon o San Bruno, a tres leguas de la costa, Anchu a igual distancia del mar pero hacia el norte, Tamouqui y Diutro.
Nuestra Señora de los Dolores fue entonces fundada en agosto de 1721 por el padre Clemente Guillén, entre Loreto y La Paz, en tierra de los uchitíes51, en la playa de Apaté del Golfo de California, gracias a un donativo de $10 000.00 pesos que hizo el marqués de Villapuente. habiéndose llevado prácticamente a los pocos indios que quedaban en su misión de San Juan Bautista Malibat a la nueva reducción. Estos indígenas eran pocos, y constantemente sufrían ataques de indios gentiles e isleños y del sur.
Píccolo tenía razón al querer una misión cerca de la playa, intermedia entre Malibat y La Paz, que sirviera como punto de apoyo y escala en los viajes a la misión del sur, en lo que el mismo Guillén había hecho 26 días de ida y 14 de regreso. La prueba de lo estratégico que resultaba la misión en Apaté se daría 13 años después, cuando desempeñó un papel vital como santuario salvador para los fugitivos provenientes del sur que trataban de escapar de la rebelión de los pericúes, tal como se narra en otros capítulos. Píccolo siempre había deseado que el padre Guillén se fuera a Loreto para que se hiciera cargo cuando él muriera, y el jesuita Cristóbal Laris fuera enviado a California para hacerse cargo de la proyectada misión en la playa de Apaté, pero no fue así, Laris no fue destinado a California, y finalmente tocó al misionero zacatecano ser él quien fundara Los Dolores en agosto de 1721, como ya se ha dicho, gracias al donativo del marqués de Villapuente
La casi nula producción agrícola en el nuevo establecimiento hizo que casi continuadamente se le enviaran provisiones de Loreto para que pudiera subsistir, y en lo espiritual los logros eran reducidos porque la mayor parte de las rancherías indígenas se encontraban hacia las montañas, allá con una abundante población y más agua. Por estas razones el 7 de septiembre de 1741 se cambió al lugar que los españoles llamaban La Pasión, a más de 30 Km. al oeste de la costa, paraje que los nativos llamaban Chiyá o Tañuetía52, a los 24º 48´ N. y 111º 7´ W.
Aquí es pertinente aclarar que hay cierta confusión respecto a la fecha del cambio de la misión a la sierra, porque Barco afirma que la cabecera estuvo en Apaté sólo dos años antes de cambiarse a las montañas53; sin embargo, cuando estalló la rebelión de los pericúes en 1734, el padre Guillén envió cartas desde Apaté a los misioneros del sur para que se fueran a refugiar en la misión, que aparentemente se conservaba como cabecera en aquella desértica playa. Por lo anterior puede pensarse que probablemente el cambio se hizo paulatinamente a partir de 1723 como dice Barco, pero durante años, lo que explicaría la confusión citada. Debe aclararse que Guillén se ausentó de Los Dolores en 1723, año en el que estuvo como misionero en San José de la Laguna, muy cerca de lo que hoy es Guaymas, Sonora, y resulta difícil aceptar que la misión se hubiera cambiado sin la presencia del padre Guillén
Para 1741, ya en Tagnuetía, los pueblos en que Guillén logró reunir a los guaycuras del territorio de La Pasión fueron: Los Dolores o La Pasión como cabecera, Inmaculada Concepción, Encarnación, Trinidad, Redención y Resurrección, cuya ubicación se desconoce, además de San Luis Gonzaga Chiriyaqui, que también llegó a ser visita de Los Dolores. Guillén llevó a cabo las acostumbradas labores evangelizadoras con los gentiles, y cuando su avanzada edad le limitó esas acciones, arribó en su ayuda por el año de 1737 el padre alemán Lamberto Hostel que convivió con el anciano misionero y visitó frecuentemente el paraje de Chiriyaqui, en donde ya el padre Guillén había llevado a cabo muchas conversiones de gentiles y levantado algunas construcciones.
La fiereza de los guaycuras la expresó Guillén al virrey en un informe sobre varios encuentros armados que se dieron entre los soldados españoles e indios de esa etnia, que habían cometido numerosos crímenes en las cercanías de La Paz. En uno de esos encuentros en el que los soldados trataban de aprehender y castigar a los culpables, el capitán Rodríguez Lorenzo resultó seriamente herido por una flecha que atravesó su casaca con seis capas de baqueta. En 1750, siendo el padre Hostell misionero de La Pasión, se tenían que traer los víveres necesarios para su subsistencia, en una canoa grande, desde Loreto y las demás misiones que mandaban ayuda, ya que la mínima producción de la tierra así lo ameritaba. El patrón o arráez de la canoa era un indio de Sinaloa fiel y capaz llamado Vicente, respetado por todos, incluyendo a los 10 ó 12 remeros guaycuras que servían bajo sus órdenes. En una ocasión en que regresaban a Los Dolores, quizá por el mal tiempo o para descansar tocaron tierra, por alguna causa dos de los remeros se empezaron a pelear. Vicente intervino para separarlos, pero uno de los contendientes lo asesinó al golpearlo con una piedra en la cabeza. Todos los remeros guaycuras estuvieron de acuerdo en ocultar el crimen, arreglaron todo para que pareciera que la canoa había naufragado, y con esta historia llegaron a Los Dolores, en donde narraron al padre lo del supuesto naufragio. Sin embargo, el capitán del presidio de Loreto don Javier de Rivera Moncada investigó los hechos, por no serle creíbles, y logró esclarecerlos hasta con la confesión de los remeros. El asesino material de Vicente fue ejecutado, y desde entonces el padre Hostell, apesadumbrado, nunca volvió a usar canoa para el transporte de víveres, para lo cual se sirvió en adelante de una recua de mulas54. Según el padre Baegert, este crimen se cometió en 1760.

Relación geográfica de algunas misiones con Nuestra Señora de los Dolores
Adapt. en mapa de Google Earth A.P.A.
- Loreto.
- San Juan Bautista Malibat o Ligüi.
- Los Dolores Apaté.
- Los Dolores o La Pasión en el arroyo de Chiyá o Chillá.
- San Luis Gonzaga Chiriyaqui.
Después de Hostell estuvieron en Los Dolores por breve tiempo los jesuitas Bernhard Zumpziel en 1737, Gaspar Trujillo en 1747, y posteriormente el franciscano fray Francisco Gómez. En 1768, tras la expulsión de los sotanas negras por el decreto de Carlos III, Los Dolores dejó de funcionar como misión y se convirtió en visita de San Luis Gonzaga Chiriyaqui; poco después, por orden del visitador José de Gálvez, los pocos indios que quedaban se trasladaron a la misión de Santa Rosa de Todos Santos y sus ornamentos, como los de otras misiones jesuitas, a la Alta California de los franciscanos.
Cabe aclarar que estas movilizaciones masivas de las poblaciones indígenas, casi siempre fueron un fracaso en lo temporal y en lo espiritual, pues en lugar de incorporarse activamente al trabajo productivo en su nueva misión, la mayoría se escapaba al monte o a las islas cercanas y retornaban a sus antiguas costumbres55. El arduo trabajo civilizador llevado a cabo por los jesuitas y el logro de su objetivo primordial según la religión, salvar almas, resulta innegable, pero la vuelta de los nativos a sus antiguas costumbres fue un hecho que ellos mismos reconocieron en muchas de las misiones, sobre todo en el sur de la península.
13. Santiago Apóstol o Santiago Aiñini (1721-1795)
Dotada por el marqués de Villapuente, la misión de Santiago fue establecida por el padre Ignacio María Nápoli inicialmente casi en el extremo sur de la península, por el lado del golfo, en la bahía de Las Palmas, aunque después cambió de lugar en dos ocasiones. El misionero italiano recién llegado a California56, acatando órdenes del padre Juan de Ugarte que salía rumbo al Colorado, llegó al puerto de Las Palmas el 24 de agosto de 1721, y aunque pronto se inició la construcción de la misión, tuvo algunas dificultades para que los pericúes le tomaran confianza, ya que al principio recelaban de los neófitos guaycuras que acompañaban al misionero y temían a las bestias de los soldados y a los perros.
En 1723, se cambió un poco más lejos de la costa pero fue destruida por un ciclón, a causa de lo cual resultaron varios muertos y heridos que habían buscado refugio bajo su techo, lo que provocó la desconfianza de los nativos durante algún tiempo; en septiembre de 1724 nuevamente se mudó a un lugar más seguro hacia el suroeste, se le dio el nombre de Santiago Apóstol, y allí quedó en definitiva. El viaje de Nápoli a La Paz, y de allí a la bahía de Las Palmas fue narrado por el misionero en un reporte que envió el provincial de la Compañía de Jesús Alejandro Romano, fechado en La Paz el 20 de septiembre de 1721. Por contener importantes informaciones de carácter etnológico y ser un ejemplo de las acciones que se tenían que realizar al plantar una nueva misión, se refiere enseguida lo más importantes del manuscrito, transcribiendo en ocasiones lo registrado textualmente por el misionero.
Después de haber tomado lo necesario del barco que traía provisiones a California y del almacén, el 20 de julio de 1721 se embarcó Nápoli en Loreto, acompañado del capitán del presidio y cuatro soldados, ya que el misionero de La Paz Jaime Bravo, quien brindaría importante apoyo a la expedición, debió irse antes con el fin de prepararse para ayudar en la empresa que se iniciaba. Navegaron por 14 días debido a vientos contrarios y una tormenta que los puso en grave peligro, pero pudieron finalmente llegar con felicidad a La Paz el 2 de agosto de ese año. Cuenta el misionero que le conmovió grandemente ver a los indios guaycuras arrodillados en la playa, quienes lo acompañaron a la iglesia en la puerta de la cual lo esperaba el padre Bravo. El padre Ugarte le había mandado por tierra algunas bestias para facilitar sus movimientos en la nueva misión, y al contemplar los indios a los jinetes en los parajes por donde pasaban se asombraron mucho por aquellos animales nunca antes vistos

Viaje del padre Nápoli de Loreto a Santiago de las Palmas
La flecha anaranjada indica la llegada a La Paz procedentes de Loreto; la negra la Ruta aproximada a Bahía de Las Palmas por tierra, y la blanca la ruta de las canoas. Adaptación hecha en mapa de Google Earth por A.P.A.
- La Paz.
- Santiago de las Palmas.
- Santiago Apóstol Aiñini en su tercera y última ubicación.
- San José del Cabo.
- Todos Santos.
- Santiago después del primer cambio, cuando fue destruida por el temporal (segunda ubicación)
Cuando Nápoli llegó a La Paz estaba anclado en la bahía un enorme barco dedicado a la extracción de perlas, el “General Andrés de Rezebal”, y con el fin de transportar por mar a la bahía de Las Palmas las más pesadas provisiones y equipo, los misioneros pudieron conseguir prestadas varias lanchas del capitán de la embarcación, ya que el barco en el que supuestamente iban a hacer el viaje se encontraba ocupado en navegar a las costas de Sinaloa para traer maíz a Loreto. Mientras Nápoli estuvo en La Paz, se presentó una epidemia y varios indios murieron, habiendo observado el jesuita que los deudos y amigos del difunto quemaban su cadáver, su casita de ramas, su arco y flechas y sus trastos, comentando el misionero, ...así hacen cuando muere uno, para que no se mezcle en los otros el mal...57 Agrega el jesuita italiano que se les ordenó que no quemaran a sus muertos y que se les sepultase, a lo que se negaron al principio diciendo que el enterrar a un difunto era privilegio sólo de quienes morían flechados en batalla.
El 17 de agosto de 1721 salió la expedición de La Paz hacia Bahía de Las Palmas, parte por mar en las canoas prestadas, y parte por tierra. Nápoli junto con Bravo, los soldados y varios indios locales viajaron por tierra hacia el sur, por terrenos difíciles de transitar en aquella época de grandes calores y lluvias, pasando por parajes espectaculares. Dadas las discrepancias que existen sobre la fecha en que la expedición salió de La Paz, se transcribe textual parte de lo escrito por el misionero en su “Breve relación de la nueva entrada al sur...”:...y así, dividiéndonos parte por tierra que venían con nosotros, y parte por mar con el bastimento, salimos de esta misión de La Paz a 17 de agosto, y en tiempo de grandes calores y aguas que aquí son muchas, y como fuimos andando por estos caminos nuevos y nunca más andados y muy montosos, nos costó mucho trabajo obligándonos a dar varias vueltas ...58. El decir que viajaron hacia el sur podría significar que la ruta inicial quizá fue aproximadamente paralela y al este de la actual Carretera Transpeninsular que sale de La Paz hasta antes de llegar a San Pedro, por las estribaciones de la sierra El Novillo o Las Calabazas, para de allí hacer rumbo al sureste,
Los viajeros llegaron a la Ensenada de Las Palmas59 quizá a los 8 días de camino60, lo cual pudo haber sido el 24 de agosto de 1721; el lugar está ubicado a los 23° 40´ N. en el litoral oriental de la península, cerca de su extremo sur, y les causó muy grata impresión por sus palmares y lagunas.
Cuando llegaron a la playa, señala Nápoli que sólo encontraron muchas ramadas y rastros frescos de los nativos, que seguramente habían huido por la presencia de los caballos y mulas que nunca habían visto y les causaban pánico. Decidieron entonces poner su campamento en la playa al norte de la bahía, con la idea de ver tan pronto como aparecieran las canoas que habían salido de La Paz con las provisiones y aún no llegaban. Habían transcurrido más de cuatro días y todos estaba ya preocupados, pensando en el posible regreso tomando en cuenta que en las canoas venían las provisiones que ocuparían en el regreso.
Cavilando en esos problemas, cuenta Nápoli que caminaba un día solo, por la playa, cuando se dio el encuentro que enseguida se transcribe textualmente:
…me encontré con indios desnudos, que venían corriendo para mí, uno de ellos era muy alto y gordo, que es el hechicero principal entre ellos, pintado todo de negro que me pareció un demonio; tenía en la cabeza algunas [¿collas?] de pellejo de venado y varios plumajes, daba gritos tan horrorosos hacia el cielo, echando coplas y haciendo gestos insólitos, éste tenía unos bigotes muy grandes; yo no sabiendo qué hacer me encomendé al Señor. Les mostré mucho cariño diciéndoles algunas pocas razones en su lengua que tenía cogidas de los de San José, que son los mismos; les regalé dos cuchillos que tenía, y llevándolos conmigo vinieron a la tienda, donde les di de comer maíz cocido, los tapé con sayal, les di sombreros y frazadas, y entonces se acabaron los gritos de antes. Durmieron allí con nosotros, y oyendo que los demás decían que éramos buenos, y que querían enviar a llamar a su gente, que estaba abajo, pero que escondiéramos antes las bestias de las cuales mucho se espantaban, y especialmente de un perro del cual temblaban… 61

Pintura de la misión de Santiago hecha por el padre Ignacio Tirsch
Por la mañana acudieron al llamado de aquellos indios muchos más, en grupos de 30 en 30, y lo más sorprendente para Nápoli era que venían sin arcos ni flechas, pero sí con regalos para él en sus manos. A esto correspondió el jesuita con los usuales obsequios de cuchillos, sombreros, listones que les colgaba del cuello, frazadas, etc.. Pronto se juntaron unos 500 hombres, puros adultos varones, por lo que Nápoli calculó conservadoramente que si se contaran sus familiares, deberían ser unas 1 000 personas. Como se ve hasta aquí, los registros que hizo el misionero sobre aspectos culturales de aquellos indios son importantes, a pesar de que tenía problemas para entenderles, requiriendo siempre que podía la presencia de un intérprete; por su parte, empezó a tomar notas y a elaborar un vocabulario del lenguaje, señalando que hasta ese momento llevaba unas mil palabras traducidas.
La hospitalidad de los indígenas siguió mostrándose, y no sólo le trajeron al misionero cueros de venado, plumajes, cordelillos bien tejidos y bateas hechas de palmas bien labradas con otros colores, sino que también, a la usanza de aquellos pueblos le trajeron a ofrecer sus mujeres, y cuando Nápoli les aclaró en su propia lengua que los padres no tienen ni quieren mujeres, se quedaron muy admirados y espantados62
Al quinto día de su llegada a la bahía, los expedicionarios se encontraban desesperados por la tardanza de las canoas en que venían las provisiones, cuando supieron por las señas de unos indios que las embarcaciones estaban más al sur en una laguna desde hacía cuatro días, lo que causó la alegría de todos. De inmediato mandó Nápoli a un indio con un mensaje escrito para los de las canoas, pero no fue necesario, pues cuando se aprestaba a salir, llegaron hasta muy cerca de donde estaba el campamento en la playa. El misionero menciona que por ese tiempo llegó al lugar una india vestida con cueros de venado pintados de colores, al frente de una comitiva de otras mujeres que la trataban como reina, a la que se supeditaba hasta el hechicero de los bigotes grandes que ya se ha mencionado. Supo después el misionero, según lo afirma, que la dama era la gobernadora de aquellos pueblos. La mujer lanzaba gritos y recitaba discursos. La reina, como le llama Nápoli en su relación, les llevó tantos regalos que no tenían en donde ponerlos, especialmente comida, bateas y cueros de venado.
Dice el misionero que se dedicaron después a explorar sitios cercanos a la bahía, habiendo encontrado lugares con tierras muy fértiles, lagunas y arroyos, todo lo que era necesario para a fundar misiones. Cuando se disponían a desmontar el lugar donde se levantarían las primeras construcciones de la misión de Santiago de las Palmas, se dio la deserción de muchos indios que temían ser atacados por sus enemigos los guaycuras y aripes, pero el padre logró que regresaran algunos y procedió al bautizo de unos 29 niños que traían sus madres. Nápoli tendría que ir a La Paz por provisiones, pero antes regaló a las madres sayales y rosarios, y les pidió que convencieran a los demás para que vinieran al campamento.
El 8 de octubre de 1721 los expedicionarios regresaron a La Paz, después de prometer a los nativos que pronto volverían para quedarse permanentemente en la misión. cambiar de ubicación la misión de Santiago de las Palmas

Fotografía de 1919 de la misión de Santiago Apóstol, reconstruida por el padre Ignacio Tirsch
Nápoli regresó pronto a la bahía de Las Palmas y trabajó con ahínco en el establecimiento de la nueva misión, en tanto que el padre Bravo continuaba con su labor en la misión de La Paz. En 1723, decidió el misionero a un sitio algo distante del mar, cercano al que después sería Real de Santa Ana63, al norte de la Sierra de la Laguna, pensando que se tendría más comodidad para los indios que acudían a ella, aunque hay quienes opinan que fue por temor de los gentiles isleños. Ya se estaba construyendo el techo del nuevo edificio, y estando Nápoli ausente al haber salido a visitar a un enfermo, una fuerte tormenta azotó la región, los indios se refugiaron en la iglesia en construcción creyendo que allí estarían seguros, pero el viento y lluvia derribaron los muros y vigas del techo, lo que causó la muerte de varios nativos. Aunque a su regreso Nápoli acudió luego a auxiliar a los heridos, no faltaron quienes culparon al jesuita de aquella desgracia, y le costó mucho esfuerzo y paciencia convencerlos de que él no tenía nada qué ver con la tormenta causante del derrumbe.
Tiempo después, Nápoli volvió a cambiar la misión a otro lugar mejor al sureste de la sierra, en donde construyó otros edificios y una nueva iglesia que ahora se llamó de Santiago Apóstol, se hizo el desmonte para cultivar la tierra, y el tenaz misionero prosiguió con su obra entre aquellos indígenas, entre los cuales duró 5 años, tiempo en el cual bautizó a unos 400 niños y 90 adultos, lo que no es un número significativo tomando en cuenta la gran población indígena que había en esas latitudes.
El amor a los indios y la paciencia fueron dos prendas que exaltan la personalidad del misionero italiano, lo cual explica que haya podido establecer finalmente la misión de Santiago Apóstol entre los pericúes, uno de los más belicosos grupos étnicos de California. Nápoli nunca sufrió atentados contra su vida entre aquellos naturales, y por los informes y relaciones de la época pareciera que era estimado y respetado por todos, pero en lo espiritual, su relativo fracaso con los indios adultos pudo deberse a que éstos no daban indicios de perseverar en la fe y en las buenas costumbres64, o más aún, a la influencia de los hechiceros y “doctores” que nunca pudo ser neutralizada por el misionero, lo que sucedió también en otras misiones.
En 1726, tal parece que por tener dificultades con algunos de sus hermanos misioneros65, tras cinco años de permanecer en Santiago, el padre Nápoli fue mandado a Sonora en donde duró unos 10 años, aunque fue expulsado de la Compañía de Jesús en 1727 y se le readmitió en 1730. El superior de las misiones de California Sebastián de Sistiaga ordenó al jesuita poblano Lorenzo Carranco que se trasladara a Santiago para cubrir la vacante dejada por el religioso italiano, sin que nadie imaginara entonces que ocho años después moriría asesinado por los pericúes el 1º. de octubre de 1734, en su misión, de lo cual se habla con detalle en capítulo aparte.
En 1734, el capitán del presidio de Loreto y el padre Clemente Guillén, superior de las misiones de California, pedían al virrey desesperadamente ayuda para combatir la rebelión que se había iniciado y que se extendía por las misiones del sur, pero nunca recibieron el apoyo que tanto necesitaban. Sin embargo, siendo conocida la experiencia de Nápoli con los pericúes de Santiago, fue enviado a California en 1734 desde las misiones de Sonora en donde residía, y tiempo después acompañó al gobernador de Sinaloa comandante de las fuerzas leales Manuel Bernal de Huidobro, a pacificar bahía de Las Palmas, sin tener verdadero éxito a pesar de que fue reconocido con afecto por algunos indígenas. Sofocada la rebelión, Nápoli permaneció en Santiago y se dio a la tarea, primero de reconstruir la misión, y segundo, de localizar los restos de los padres Lorenzo Carranco y Nicolás Tamaral, asesinados durante la revuelta, de Carranco supuestamente encontró un zapato, y de Tamaral algunos huesos, los cuales fueron considerados como reliquias milagrosas.
En 1736, el provincial de la Compañía de Jesús Antonio Peralta mandó a California al jesuita recién llegado a la Nueva España Antonio Tempis, y terminado el alzamiento, fue destinado a hacerse cargo de lo que quedaba de la misión de Santiago, en donde se encontraba el padre Ignacio María, anciano y enfermo, aunque con muy poca población indígena que atender, de manera que en julio o agosto de 1736 el nuevo misionero nativo de Olmutz, al este de la actual República Checa, relevó a Nápoli y empezó su labor, en uno de los medios más difíciles por aquel tiempo en California, no sólo por la rebelión, sino también por las recientes epidemias que se habían originado en San José, pero que se habían extendido hasta Santiago, Todos Santos y aún San Ignacio, y allí permaneció hasta su muerte acaecida el 6 de julio de 1746.
Tempis tuvo que trabajar mucho para reconstruir algo de lo que se había perdido durante la rebelión, comenzando con la iglesia de la misión, que fue parcialmente restaurada por el misionero. Aunque la mayor parte de los indios permanecieron en paz gracias a la mansedumbre y dedicación del padre Tempis, en 1740 se rebelaron dos rancherías de la misión y otras de San José del Cabo, pero los alzados fueron sometidos por el capitán del presidio, y después de su rendición recibidos amorosamente por el misionero. La buena voluntad del padre Antonio acabó conquistando a los nativos, sobre todo a los jóvenes, a un buen número de los cuales enseñó a leer y a trabajar en algo proporcional a sus fuerzas. En este sentido, es quizá el único misionero que le dio importancia a este aspecto de la educación indígena, pues no enseñó a uno o dos, sino a todos los jóvenes que permanecían físicamente cerca de la cabecera de la misión. Como resultado de su labor educativa, está el indio pericú llamado Xavier, educado por Tempis, quien llegó a ser gobernador de la misión, estimado por su buen porte y sus prendas, por los padres y soldados, y respetado de sus indios66.
En 1747, apenas un año después de la muerte de Tempis, un criado filipino apellidado Carrera que había servido fielmente al padre Antonio, fue asesinado por varios remeros pericúes a cuchilladas durante un viaje en canoa a Loreto, y éste no fue un hecho aislado, pues en 1750 hubo otro asesinato muy parecido ejecutado esta vez por indios remeros guaycuras sobre el arráez de una canoa de la misión de Los Dolores, lo que se ha mencionado en el capítulo anterior. Aunque los dos asesinatos podrían considerarse hechos estadísticamente normales en la historia criminal de los californios sureños, debe admitirse que, por haber sido las dos víctimas hombres allegados a los misioneros, sí muestran de alguna forma el abismo de rencores entre pericúes y españoles, que sólo los misioneros más pacientes y piadosos, como el padre Tempis pudieron franquear aunque fuese parcialmente
San José del Cabo, llamado también Aguada67 Segura por los marineros que habían navegado a través del Océano Pacífico y llegaban al lugar para proveerse de agua, dejó de funcionar como misión, pero la tradición de auxiliar al Galeón de Filipinas que tocaba ese lugar cada año se mantuvo, con la participación ahora del misionero en turno de Santiago. Cuando se aproximaba la gran embarcación a San José, en el extremo sur de la península, se despachaba un mensajero a Santiago, cuyo misionero se trasladaba de inmediato a San José y disponía lo necesario para atender a los pasajeros del galeón con lo mejor que tenía, como carnes, frutas y verduras, todo lo cual generalmente estaba disponible porque se sabía la fecha aproximada en que arribaría la embarcación para hacer aguada, antes de continuar su navegación con destino a Acapulco. Además, se disponían grandes recipientes en la playa en donde se cocía carne, para que los filipinos que debían hacer el pesado trabajo de cargar el agua en recipientes para subirlos al navío, pudieran comer y recuperar fuerzas. Además, si el capitán del barco lo solicitaba, se le daban animales en pie como reses, chivos y borregos, todo gratuitamente, aunque frecuentemente el capitán mandaba al misionero algún obsequio como telas o piezas de China para mostrar su agradecimiento68.
El jesuita español Francisco Escalante fue misionero en Santa Rosalía de Mulegé a partir de 1758, y también se desempeño como misionero en Santiago, en donde mostró su habitual caridad en ocasión del naufragio de un bergantín que se había fabricado en Realejo69. La embarcación había costado diecinueve mil pesos y estaba destinada al servicio de las misiones de California, pero en el viaje final procedente de Matanchel en octubre de 1759, antes de llegar a Loreto se estrelló contra las rocas de la costa a causa de una tormenta en la región de Purum, al sur de la península, habiéndose salvado todos los tripulantes. Cuando el padre Escalante supo de la desgracia, de inmediato mandó alimentos y las bestias suficientes para que los náufragos pudiesen trasladarse a la misión, a más de 30 kilómetros de distancia. Toda esa gente estuvo en la misión de Santiago durante dos meses, hasta que pudieron reembarcarse para Acapulco en el Galeón de Manila, cuando hizo escala en San José del Cabo, procedente de las Islas Filipinas.
A partir de 1760, se empezó a hacer notorio en Santiago un problema que desde años atrás se venía generando: la falta de mujeres en las misiones y rancherías del sur, que producía descontento entre los varones jóvenes que no encontraban novia, pero más grave aún, disminución en la natalidad de los nativos. Los misioneros llegaron a hacer gestiones para que mujeres indígenas de Sinaloa y Sonora fueran a California, y aún a mandar indios californios a aquellas provincias con un vestido de novia preparado como obsequio para la mujer que quisiera casarse, y aunque hubo algunos casos que se resolvieron exitosamente, la falta de mujeres siguió siendo un serio problema que nunca se resolvió totalmente, y esto pudo haber sido uno de los factores que condujeron a la extinción de los antiguos californios.
El disgusto de los pericúes por no encontrar esposas en la misión, y algunas ideas de libertad que les habían inculcado pobladores civiles de los minerales cercanos, generaron acciones de protesta por su situación, pidiendo que se les permitiera el libre tránsito de una misión a otra, y aun al resto de la Nueva España, así como el reparto de tierras de la misión para sembrarlas ellos y poder vender sus productos a los mineros y pescadores, pero no se les concedió nada70. Los indios descontentos llegaron a robarse en dos ocasiones una canoa, atravesaron el golfo y algunos llegaron hasta Guadalajara, y aunque ciertos enemigos de la Compañía pretendieron apoyarlos, lo cierto es que nunca obtuvieron algo de lo solicitado, algunos de los fugitivos sobrevivieron en otras ciudades como Tepic y Durango, otros murieron y los más regresaron a Santiago, en donde fueron bien recibidos. Quizá la inconformidad de aquel puñado de pericúes rebeldes pueda considerarse como uno de los antecedentes indirectos de las inquietudes populares que ya se gestaban en el siglo XVIII en la Nueva España, y que culminaron en 1810 con el inicio de la guerra de independencia y un avance hacia la modernidad.
La disminución de la población indígena en las misiones de California obligó a los padres superiores a reacomodar en ocasiones no sólo a los misioneros, sino también a todas las familias de nativos de una misión enviándolos a otra, con objeto de suprimir la que conviniera. Uno de esos movimientos se inició desde 1731 de la siguiente forma: En Todos Santos habitaban indios del pueblo guaycura, pero se acabaron por las epidemias y matanzas entre ellos, y siendo misionero de San José del Cabo el padre Nicolás Tamaral, agregó a Todos Santos a los indígenas pericúes cuyas rancherías quedaban al sur y sureste y más cerca de Todos Santos, poblado que era entonces visita de la misión de La Paz. Para 1733, este pueblo se hizo cabecera de la misión de Santa Rosa de Todos Santos. Años después, los neófitos de Todos Santos pasaron a la misión de Santiago más los que quedaban en San José del Cabo cuando ésta fue suprimida.
Un misionero jesuita cuya obra trascendió hasta nuestros días fue el padre Ignacio Tirsch, nativo de lo que hoy es la República Checa, llegó a Loreto en 1762 y tiempo después fue enviado a Santiago, en donde debió ocuparse en la construcción de una nueva iglesia. En 1768, para hacer efectivo en Baja California el decreto de expulsión de los jesuitas, el recién nombrado gobernador de California capitán Gaspar de Portolá, llegó a San José del Cabo el 30 de noviembre de 1767, y al saber del arribo del gobernador, el padre Tirsch se trasladó de inmediato de Santiago a San José, conversó con Portolá y regresó a su misión, reunió cabalgaduras y monturas para el ilustre visitante y su comitiva de 30 hombres, y las llevó a San José, para que de allí todos pudieran viajar a Santiago, y posteriormente a Loreto. Pero la obra más importante del misionero por la cual se le recuerda es artística, pues el misionero se dio tiempo para pintar escenas de la vida cotidiana en California, que resultan de enorme valor para conocer un poco más sobre la vida en las misiones del sur de Baja California en el siglo XVIII.
Después de la expulsión de los ignacianos, el padre que tuvo a su cargo la misión de Santiago Apóstol en abril de 1768 fue Fr. José Murguía, de la orden de los dominicos,. Un visitador estuvo en la región y encontró pocos indios, la mayoría de los cuales estaban enfermos de sífilis; por esta razón dispuso que todas las familias de Todos Santos que estuvieran contagiados con la enfermedad pasaran a Santiago, con el fin de facilitar cualquier ayuda médica que se les pudiera brindar. El padre Murguía estuvo a cargo de la misión hasta abril de 1769, cuando se convirtió en Curato, después estuvo atendiendo el servicio religioso el cura del Real de Minas Santa Ana, éste fue substituido por el padre franciscano Fr. Francisco Villuendas, pero ya para entonces el cuidado temporal de la pequeña comunidad era responsabilidad de un mayordomo nombrado por el gobierno de la península.
Los padres predicadores o dominicos llegaron a hacerse cargo formal de las misiones de Baja California en mayo de 1773, habiéndose asignado la misión de Santiago inicialmente a los padres Antonio Salas y José Estévez. En 1778 había ochenta y un habitantes, 475 vides, ocho sitios de ganado mayor71, 75 surcos de caña, 159 árboles frutales, 80 bestias caballares, 140 reses, 18 ovejas, 50 cabras, 19 mulas, y 20 yuntas de bueyes.
Más adelante se verá que, salvo algunas excepciones, poco pudieron hacer los dominicos para sacar de la miseria a las antiguas misiones jesuitas; sobre todo al sur de la península, no sólo por las sequías continuas sino también por las epidemias, pero los predicadores empezaron a mirar hacia el norte, en donde realizarían en los siguientes años una gran labor. La misión fue suprimida en 1795 por orden del gobernador de las Californias Diego de Borica, y actualmente no queda nada de ella.
14. Nuestro Señor San José o San José del Cabo Añuiti (1730-1840)
En 1730 el padre visitador José de Echeverría se embarcó con el misionero Nicolás Tamaral, quien se encontraba a cargo de La Purísima, y navegaron rumbo al sur llevando todo lo necesario para plantar la nueva misión de San José del Cabo en el extremo sur de la península, aprovechando la dotación hecha por el Marqués de Villapuente. A los nueve días de iniciado el viaje llegaron a La Paz, en donde no se encontraba su misionero el padre Guillermo Gordon, quien había viajado a Todos Santos. Los dos jesuitas permanecieron en La Paz cinco días, hasta el regreso del padre William Gordon, quien los avió de caballos y mulas para viajar a Santiago, a donde llegaron en cuatro jornadas. Allí estuvieron seis días en compañía de su misionero Lorenzo Carranco, conocieron a los indios locales y de rancherías cercanas, y así los describió Echeverría: …gente de bella disposición, todos los indios de más que mediana estatura, robustos y de apacible semblante, risueños y alegres. Las indias vestidas a la manera que las pintan e n los mapas, el pelo largo, caído a la espalda, y unas naguas de pita…que cubren decentemente desde la cintura hasta más abajo de la rodilla. Ya estos usan sus casitas de enramada, como los pastores en sus ranchos, y es gente más aseada…72

Arriba, fotografías antiguas de la misión de San Jose del Cabo. La de la derecha muestra cómo quedó el edificio después del ciclón de 1918. Abajo, pintura del padre Tirsch de la misión, en donde estuvo como misionero por breve tiempo
Después de pasar por dos arroyos que se unían para formar el de San José, levantaron unas enramadas a su orilla, y vieron que había varias lagunas litorales que formaba el río represado con la creciente del mar, rodeadas de palmas secas, esto último contrastante con el hermoso paisaje73. Cerca del lugar encontraron el sitio adecuado para construir la capilla, la cual se hizo con la ayudade los pacíficos nativos, empleando los troncos de las palmas secas y carrizos para el techo, probablemente el 8 de abril de 1730, dos días antes del Sábado de Gloria, según carta del padre Echeverría al Marqués de Villapuente.
La curiosidad y los regalos que los visitantes les daban, atrajeron a muchos indios de las rancherías cercanas, de suerte que a los cuatro días había en el improvisado poblado unos trescientos, entre hombres y mujeres; esto fue aprovechado por el padre Tamaral para iniciar su labor espiritual, usando una doctrina escrita en la lengua pericú, pero ayudado por un niño que le servía de intérprete. Además de los bautismos que se hicieron, el catecismo se daba dos veces al día antes de repartir pozole, lo cual debe haber ayudado a que los nativos asistieran con agrado.
Afirma Echeverría que desde ese lugar en que se plantó inicialmente la misión de San José del Cabo a Cabo San Lucas había cinco leguas; tiempo después se cambió a un lugar más sano, a unos ocho kilómetros de la costa y que hoy se conoce como San José Viejo.
El padre Tamaral fue asesinado por los pericúes en esta misión el 3 de octubre de 1734, unos días después de que los mismos indios mataran al padre Lorenzo Carranco, y fue a causa de esta rebelión que en 1737 se estableció el Presidio de San José74, con la orden de funcionar separado del de Loreto e independiente del mandato de los misioneros; después sin embargo, por la dificultades surgidas con motivo de esa disposición, la orden tuvo que revocarse y el control general volvió a Loreto.
Al recibir los franciscanos las misiones jesuitas, a fines de abril de 1768 tocó al padre fray Juan Morán75 hacerse cargo de San José, le correspondió atender a muchos de los nativos contagiados por las epidemias de ese tiempo, por lo que adquirió la enfermedad y murió a mediados de 1769 después de una labor de 14 meses, según lo informó Francisco Palou al padre guardián Rafael Verger. Tirsch, quien residía en Santiago, acostumbraba ir a la misión de vez en cuando.

En la moderna iglesia de San José del Cabo, hay un conjunto artístico de azulejos que representa al padre Nicolás Tamaral, arrastrado por los pericúes
Cuando José de Gálvez visitó la misión, ordenó que con objeto de aumentar la población activa y aprovechar mejor la tierra de cultivo disponible, se cambiaran a ese lugar doce familias de San Javier; así se hizo comprendiendo un total de cuarenta y cuatro indígenas, pero después de la epidemia de 1769 sólo quedaron de ellas con vida tres personas, reduciéndose la población total en ese año a sólo cincuenta entre adultos y niños.
Antes de salir de la península el visitador José de Gálvez erigió a Santiago en curato, y San José quedó como su visita, cambiando la adscripción de ambos establecimientos a Guadalajara. En 1793 la iglesia quedó destruido por una inundación pero se reconstruyó en 1799; el 17 de febrero de 1822, el ataque del barco chileno Independencia causó serios destrozos en la misión, de lo cual se habla en otro capítulo; fue abandonada en 1840, en 1918 fue derruida parcialmente por un ciclón y actualmente no queda nada de la construcción original. La iglesia que hoy existe en San José fue construida en 1940, y se ubica en Plaza Mijares, casi en el lugar que ocupaba la misión original.
En San José el Viejo viven familias que afirman conocer el lugar donde se asentaba la antigua misión, y dónde se encuentran enterrados restos del padre Tamaral, lo cual no se ha investigado por las instituciones correspondientes
15. Todos Santos, Santa Rosa de Todos Santos, o Santa Rosa de la Ensenada de Las Palmas (1733-1840)
La misión de Todos Santos o Santa Rosa de Todos Santos se fundó en 1733 por el padre Segismundo Taraval76 no como se había pensado inicialmente en el puerto de Las Palmas, que daba al golfo, sino en Todos Santos, a 2 Km. del Océano Pacífico, a los 23º 27´ N., aprovechando la dotación de diez mil pesos que hizo el marqués de Villapuente en honor de su cuñada doña Rosa de la Peña, quien aportó el dinero. La estimación que se ganó el padre Taraval de parte de los pericúes, fue razón para que después salvara la vida en la rebelión de 1734, ya que algunos de sus neófitos le avisaron que vendrían a Todos Santos para matarlo, por lo que escapó apenas a tiempo de salvar su vida, primero a La Paz, luego a la Isla del Espíritu Santo, y después de recibir ayuda de Loreto, a la misión de Los Dolores.
Aunque al principio de su labor, el padre Taraval tuvo que vencer la oposición que siempre se encontraba en algunos de los naturales para recibir las enseñanzas del cristianismo, en menos de un año convenció a la mayoría, aunque por seguridad retuvo a su lado a los tres soldados, que siempre lo acompañaban en sus salidas a las rancherías. Para el año de 1734, casi todos los gentiles de la misión habían sido bautizados.
Desde 1731 y a instancias del padre Nicolás Tamaral, misionero de San José, Todos Santos había sido poblado por indios de rancherías pericúes que residían al sur y al este del lugar, las cuales quedaban lejos y a un difícil acceso desde San José.
Para el año de 1767, las epidemias y los ataques de los soldados del presidio de San José a los belicosos indios de la región, habían reducido su número dramáticamente, e igual sucedía con las demás misiones meridionales, por lo que tuvo que hacerse un reacomodo, de manera que los pocos pericúes que quedaban en Santa Rosa y San José, fueron trasladados a la misión de Santiago con todo y misionero, mientras que el de ésta misión fue nombrado superior de la residencia del Parral77, y los guaycuras de La Paz, que ya no podían permanecer en esa misión por falta de agua, fueron enviados a la de Santa Rosa, ya desocupada; fue entonces que se le empezó a llamar misión de Todos Santos por ser éste el nombre del poblado. San José quedó como visita de Santiago y siguió atendiendo con eficacia al Galeón de Manila cuando llegaba a hacer aguada a la bahía de San Bernabé procedente de las Islas Filipinas en su viaje a Acapulco.
Cuando arribaron los predicadores o dominicos a substituir a los franciscanos, fueron asignados a Todos Santos los padres José Fernández Salcedo y José Armesto. En 1809, según informe del dominico prior provincial fray Domingo Barreda, había en la misión 82 habitantes, y al igual que en las demás misiones del sur, la disminución en la población era notoria a causa de las epidemias y otros factores que se mencionarán más adelante. En 1822, Todos Santos y San José del Cabo sufrieron el ataque de corsarios chilenos, quienes tomaron San José pero en Todos Santos fueron rechazados por sus pobladores, lo cual se narra con más detalle en otro capítulo.
Todos Santos se cerró como centro religioso en 1840.
16. San Luis Gonzaga o San Luis Gonzaga Chiriyaqui (1740-1768 ó 69)

La misión de San Luis Gonzaga Chiriyaqui se conserva actualmente en buen estado
La fecha de la fundación de San Luis Gonzaga Chiriyaqui difiere en las opiniones de varios autores, asignándosele el año de 1737, 1740 ó 1747; lo cierto es que el padre Lamberto Hostell realizó una destacada labor en los inicios de la misión, la cual se creó en el centro de los Llanos de Hiray, cerca de la sierra La Giganta, con donativos de don Luis de Velasco, conde de Santiago; mientras que el padre Juan Jacobo Baegert no sólo tuvo el mérito de haber comenzado en 1750 la construcción del edificio principal, sino el haber convivido con los guaycuras de la región por 17 años, al grado de que se llegó a decir que casi olvidó su lengua materna, lo que es dudoso, tomando en cuenta que gracias a las observaciones, experiencias y registros que el misionero hizo durante ese tiempo pudo escribir su célebre obra conocida en español como Noticias de la Península Americana de California, además de que se visitaba con su compañero y vecino el padre Hostell.
Este misionero alemán, como muchos de los jesuitas que venían de Europa a la Nueva España, terminó sus estudios en el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo de la ciudad de México a principios del verano de 1737, y ese año fue enviado a California78, en donde llevó a cabo sus primeras acciones como evangelizador en lo que después sería la misión de San Luis Gonzaga, la cual fundó. En los documentos del trámite para su salida de España fue descrito como de tez blanca, ojos azules, rubio y barbado79.
Debido a que el padre Clemente Guillén , siendo misionero de Los Dolores se había dado tiempo para convivir con los indios de las rancherías cercanas hacia el poniente, convirtiendo al cristianismo a una buena cantidad de gentiles, es seguro que levantó algunas construcciones para facilitar su trabajo al visitar frecuentemente aquellos lugares hacia la sierra, incluyendo una improvisada capilla. Sin embargo, la avanzada edad del misionero, la falta del hombre adecuado que se encargara de plantar allí una nueva misión, y la rebelión de los pericúes, habían sido factores para ir posponiendo su establecimiento definitivo. Por estas razones, cuando Hostell llegó a Loreto y se le envió a Los Dolores, no sólo ayudó a Guillén en su trabajo, sino que aprendió la lengua guaycura y continuó los trabajos iniciados por éste en el paraje cercano donde se establecería San Luis Gonzaga.
Por razones administrativas, Hostell tuvo que irse a San José del Cabo en donde permaneció de agosto de 1738 a noviembre de 1740, lo que le impidió dedicarse al establecimiento de la misión de San Luis Gonzaga, pero a fines de ese año ya de regreso, se puso a trabajar ahora sí de lleno en su nueva misión80. Puede decirse entonces que en 1740, Hostell pudo fundar en definitiva la misión de San Luis Gonzaga nombrada así en honor de su benefactor, y adquirir los adornos de la iglesia, así como ropa para él y los indios.
En los primeros meses de su estancia en San Luis Gonzaga, Hostell se mostró un tanto desilusionado por el salvajismo de los nativos, pero al poco tiempo se impuso su vocación de misionero, y en 1740 en una carta dirigida a su padre le narró con orgullo que ya había logrado reunir a más de 700 nativos en tres poblados: San Luis Gonzaga, la cabecera de la misión, así como las visitas de San Juan Nepomuceno y Santa María Magdalena, aprestándose a establecer otro poblado que llevaría el nombre de Santísima Trinidad.
Es necesario reiterar que el jesuita germano estaba por largas temporadas en Los Dolores, lo que contribuye a la confusión sobre la fecha en que se fundó la misión, tal como se desprende del informe del padre visitador general Antonio Baltazar, fechado el 9 de diciembre de 1743, en el que se menciona entre otras cosas, que la misión de San Luis Gonzaga se inició formalmente en ese año81. En el mismo informe, Baltazar se refirió a la exploración que hizo Hostell hasta Bahía Magdalena en la costa del Pacífico82, y el serio intento de fundar allá una misión que llamaría Santa Trinidad, lo que nunca logró por falta de agua suficiente en aquellos desérticos parajes y el nulo apoyo del virrey.
En 1746 Hostell substituyó en Los Dolores al padre Clemente Guillén, de más de 70 años de edad, quien se retiró a Loreto, y por ese tiempo83, la vacante dejada en San Luis Gonzaga fue llenada por el padre Juan Javier Bischoff, de Bohemia, recién llegado a California. Bischoff consideró que era tiempo de separar el nuevo establecimiento de Los Dolores, por lo que hizo el cambio hacia un lugar 21 Km. al noroeste de La Pasión, a los 24º 54´ N. y 111º 17´ W., en el paraje de Chiriyaqui, en donde levantó con la ayuda de los nativos casa e iglesia de adobes, El agua disponible en la misión era poca, lo que limitó la producción agrícola, pero en lo espiritual los logros del nuevo misionero fueron buenos, tomando en cuenta que bautizó a 1748 indígenas e introdujo el canto coral entre los indios, hombres y mujeres, y conservó los pueblos de visita que se mencionaron antes. En 1750 Bischoff fue destinado a otras misiones84 y su lugar fue ocupado por el alemán Juan Jacobo Baegert, aunque todo hace suponer que pasaron algunos meses entre la salida de uno y la llegada del otro si se toma en cuenta el gran deterioro que encontró el nuevo misionero en las pocas construcciones que había.
En ese tiempo el culto jesuita alemán, maestro de gramática, sintaxis y poesía, estaba lejos de imaginar lo que sería el ambiente que le esperaba en aquellas lejanas y desérticas tierras. Para que el lector conozca en parte las primeras impresiones del viaje del padre Juan Jacobo, se transcribe a continuación lo que escribió en relación con el viaje a San Luis Gonzaga: …Excepto Guadalajara y uno o dos pueblos más, el resto de la arquitectura consistía en construcciones de adobe de una planta. Los caminos, en lo general, están todavía como en el año Uno después de la creación del mundo. De Guadalajara a Yaqui uno ve menos aldeas, casas o gente que en el campo abierto en Alsacia, en medio día de viaje en el coche del correo85. Baegert señaló que en el camino, la comida de los misioneros consistió en carne secada al sol, frijoles y pequeños panecillos de harina de maíz, pero finalmente admitió que se les trataba bien y hospitalariamente por los clérigos durante su estancia en algunos lugares donde debían descansar, además de que no se les cobraba nada. Los “panecillos de maíz” de que habla el misionero deben haber sido algo parecido a tortillas gruesas de maíz.
Conocer a Baegert es conocer no sólo a la misión de San Luis Gonzaga, sino la complejidad de la obra jesuítica en California, como percepción real descrita sin eufemismos ni formas retóricas que llegaron a usar muchos discípulos de Loyola para halagar a sus bienhechores. Por esta razón, se relata enseguida lo más importante de la obra e inquietudes del misionero germano en la lejana frontera.
Llegado a Yaqui, mientras esperaba el transporte a California, Baegert tuvo tiempo para visitar algunas misiones de Sonora. La embarcación en que viajó a la península era un árbol ahuecado de unos 10.26 m. de largo por 1.71 m. de ancho, y otro tanto de altura. El 7 de mayo de 1751 zarpó la tosca embarcación, y después de dos días y medio de navegación, a veces remando y en ocasiones usando una vela, el jesuita alemán llegó a California y saltó a tierra en Loreto, en donde se le recibió con una salva disparada por los soldados del presidio. El 26 de mayo acompañado por un soldado y varios indios, partió a su destino en la misión de San Luis Gonzaga, a donde llegaron el 28 de mayo de 1751 después de una prolongada cabalgata.
Cuenta Baegert que encontró la pequeña iglesia casi en ruinas por haberse derruido la construcción a causa de las fuertes tormentas que habían golpeado la región, y dos cabañas que le servirían de casa. Sobre el número de indígenas que atendería habría, según lo que escribió, no más de 360 almas, entre niños y adultos de ambos sexos, lo que el misionero consideró con razón una pequeña cantidad. Aunque la misión estaba casi sobre el lecho de un arroyo seco, no había pozas o ciénegas de las que pudiera sacarse el agua, y el nuevo misionero sólo encontró un aguaje que formaba un depósito de unos diez metros de diámetro, pero del cual no salía ninguna corriente. Aún así, se las ingenió para sacar agua por un canal que abrió hasta los terrenos más bajos que el nivel del aguaje, y en esta forma el jesuita alsaciano pudo regar un pequeño jardín y huerto en el que cultivó melones, sandías, algo de maíz y hasta caña de azúcar. La comida frecuente del padre era la carne de cabra, y lo que disfrutaba como postre era la pitahaya puesta en un plato y bañada con vino.
Al principio de su estancia en San Luis Gonzaga, el padre Baegert debe haber considerado su hato de ganado mayor y menor, como uno de los bienes de la misión digno de conservarse y acrecentarse por la importancia que tendría para alimentar a los naturales, estaba formado por setecientas cabezas de ganado vacuno y cuatrocientas cabras y ovejas, y aunque pasaba grandes trabajos para mantenerlo, como lo era rotar el ganado por diversos agostaderos varias veces al año porque se agotaba el pasto, y a pesar de que hubo épocas en las que docenas de animales perecieron de hambre, se conservó por algún tiempo el número suficiente para poder alimentar con carne sobre todo a quienes más lo necesitaban, como los enfermos. Sin embargo, después de ocho años de una lucha constante para el sostenimiento del hato, Baegert tuvo que abandonar su proyecto ganadero no sólo por la falta de pastos, sino por los constantes robos de ganado que hacían los indios aprovechando que las reses o cabras pasteaban alejadas de la misión. Aunque el misionero no habla de la caballada, es seguro que tenía algunas bestias de silla, lo que era indispensable para campear los animales.
Dadas las condiciones de las habitaciones y la iglesia que encontró, en marzo de 1753 Baegert se dio a la tarea de iniciar nuevas construcciones, incluyendo una casa de piedra para el misionero, con cimientos cortados en la roca viva, con piso de piedras como losetas que encontró al construir un camino a tres horas de la misión, además de supervisar la edificación de la nueva iglesia también de piedra. Para julio de 1754 se terminó la casa, y el templo se demoró porque no encontraba un albañil y cantero que hiciera el trabajo, que finalmente concluyó en 1758. Parte del problema se debió al carácter de Baegert, pues el hombre que había pegado la piedra de la casa fue despedido terminando su trabajo, ya que el misionero no aceptaba que alguien durmiera en sus aposentos.
Al igual que en las demás misiones, aquí Baegert aceptaba a los grupos de indios que duraban en San Luis Gonzaga, por turnos de una a cuatro semanas, según la distancia a que estaba su ranchería, pues los que vivían muy lejos se quedaban más tiempo. Baegert decía la misa al salir el sol, los indios rezaban el rosario, luego les daba doctrina cristiana en su propia lengua, enseguida se les dejaba ir al campo a buscar alimentos; al ponerse el sol regresaban para rezar el rosario y una letanía y repasar la doctrina. Cuando trabajaban se les daba atole, y cada movimiento era anunciado por toques de campana. Al ir a la iglesia, los nativos debían ir vestidos con lo que el misionero les daba: a los hombres: 6 por 2 palmos de tela azul con lo que hacían un taparrabo, y a veces una especie de falda corta de lana también azul; en ocasiones se les proporcionaban pantalones largos y hasta un saco; a las mujeres se les daba una tela blanca de lana tosca con la que se podían cubrir desde la cabeza hasta los pies, así como faldas y camisas. En el verano, apenas se iban de la iglesia y se quitaban toda la ropa, la que era un estorbo para sus constantes caminatas entre ramas espinosas y demás monte.
El padre visitador de las misiones José de Utrera llegó el 17 de febrero de 1755 a San Luis Gonzaga, y después de revisar lo que había, hizo relación de las siguientes posesiones: 352 cabezas de ganado, 200 borregos y cabras, 60 bestias de silla, plantados 14 almudes de trigo y 6 de maíz, así como una poca de caña de azúcar. La misión tenía las 4 rancherías que ya se han mencionado: San Luis como cabecera, San Juan Nepomuceno, La Magdalena y La Santísima Trinidad, en las que habitaban 80 familias que sumaban 352 indígenas guaycuras. Es seguro que el número de habitantes era mayor, tal vez el doble de lo dicho por Utrera, tomando en cuenta algunos datos expresados por Baegert, y el territorio de la misión que se extendía a más de 20 horas de camino, llegando hasta Bahía Magdalena, en donde había rancherías cuyos habitantes se ocupaban en la pesca.
En su informe Utrera mencionó: …Hay una casa de piedra y cal hecha por el padre Baegert, y está construyendo una iglesia del mismo material….tiene buenas vestiduras de todos colores. Hay 3 pares de vinajeras de plata. Parece haber sido fundada en julio de 1738…El padre Baegert está escribiendo una gramática y vocabulario de este lenguaje que es hablado aquí y en La Pasión, y en Todos Santos…86 A lo dicho por Utrera, hay que agregar que la misión de San Luis Gonzaga tenía 10 pinturas en marcos dorados y una bella estatua de la Santísima Virgen en el Tabernáculo
Baegert padeció una soledad que él mismo se impuso por su carácter, criticaba a los jesuitas españoles nativos de la Nueva España porque, decía, su latín estaba lleno de barbarismos; dada su personalidad no compartía con los nativos ningún interés común y sólo se comunicaba con ellos obligado por la práctica de su ministerio, y entre los pocos misioneros vecinos con quienes llegó a relacionarse estuvo Lamberto Hostell, a quien estimaba sinceramente. Con los soldados tenía sólo la relación indispensable, tal vez por considerarlos como gente inculta y del vulgo, y sobre ellos escribió:
…Estos hombres no son soldados regulares. No saben nada de ejercicios militares; piden y reciben su baja cuando lo desean Son en todos los aspectos muchachos inexpertos, ignorantes y torpes, nacidos en América de padres españoles. Sirven a caballo o mula y deben mantener 5 bestias que deben de comprar, así como sus armas: espada, mosquete, escudo y armadura hecha de 4 capas de cuero blanco curtido de venado, que cubre todo el cuerpo. De otra forma usan lo que quieren, no tienen uniformes. Sirven a caballo o en mula, y por las veredas tan escabrosas, cada uno está obligado a mantener 5 bestias. Los soldados tienen que comprar estos animales así como sus armas, sus ropas, sus municiones y su comida...Sus obligaciones son servir al misionero como guardia personal, acompañarlo en todos sus viajes, hacer guardia en la noche, vigilar a los indios, y si se comete un delito aplicar un castigo. Finalmente, los soldados tienen que obedecer al misionero en todo lo que concierna a la buena disciplina y a los asuntos de la misión…87
Como en otros misioneros, un escolasticismo cada vez más fuera de uso se observa en Baegert cuando hace observaciones sobre el color de la piel de los indios al expresar: …Se cubren con un pedazo de trapo que les dio el misionero, o que recibieron de un soldado español a cambio de pieles curtidas de venado. Nunca se lavan excepto cuando se les obliga, y yacen prácticamente enterrados en el polvo y las cenizas la mayor parte del tiempo. Y puesto que perspiran libremente uno puede imaginarse fácilmente como se verán después… A menudo no sé quiénes son ni siquiera a aquellos que conozco bien…Sólo menciono el color de su piel, el cual prometo investigar, porque se me hace desconcertante y no he podido descubrir qué lo produce. Por supuesto, si uno quisiera decir “Así es como Dios los creó”, la respuesta habría sido encontrada inmediatamente. Pero me parece que son pobres filósofos que se van derecho al Señor con su sabiduría sin primero tratar de examinar el Divino motivo. Ciertamente no podría ser castigo de Dios, como algunos lo han asegurado porque es lo mismo si mi piel es clara u oscura. También, si fuera un castigo para el paganismo, ¿por qué no se vuelve clara tan pronto como se vuelven cristianos? Ni puede ser sólo un fenómeno natural común, ya que entonces, ¿porqué los españoles y otros permanecen blancos como antes, aun después de haber vivido aquí doscientos años? 88
En la carta ya mencionada, el padre Juan Jacobo se mostró agradecido con el padre Lamberto Hostell, fundador de la misión, quien ahora tenía a su cargo la de Nuestra Señora de Los Dolores y que visitaba cada vez que podía a su vecino en San Luis Gonzaga, otras veces le mandaba fruta fresca y le brindaba importantes consejos. Fue precisamente en Los Dolores, con el padre Hostell presente, que Baegert profesó el 15 de agosto de 1754. Al igual que todos sus compañeros, en 1756 trató de encontrar mejores fuentes de agua y con este propósito viajó hacia la costa occidental, y aunque se esforzó en la excavación de pozos, no encontró suficiente líquido para establecer algún poblado. Si el misionero viajó por los numerosos cauces secos que se descienden hacia el oeste, lo más probable es que haya pasado por los inhóspitos llanos de Hiray antes de llegar a bahía Magdalena o a bahía de Las Almejas.
En la misión de San Luis Gonzaga había varios libros, pero además el padre Juan Jacobo trajo algunos consigo, habiendo reunido según lo escribió a su hermano, 78 volúmenes y panfletos, 46 en francés y casi todos sobre temas no religiosos, lo que contrasta con el Baegert de rostro medieval descrito anteriormente. Entre los temas que más le interesaban, de los cuales pidió a su hermano que le enviara lo que fuera posible, estaban las obras de Huet, algunos nuevos historiadores franceses, Bossuet, y sobre todo algo de poesía, dramas y cosas por el estilo..89, y es que las inclinaciones intelectuales del misionero no eran sólo sobre la historia, sino también hacia la poesía. Además, pedía literatura sobre las novedades en religión y la iglesia, y solicitaba una historia del jansenismo.
Pero el padre Juan Jacobo era un observador cuidadoso de la naturaleza, a pesar de que por sus propias afirmaciones pudiera parecer que fuera un erudito de biblioteca, y un ejemplo de lo dicho es que, adelantándose a los conocimientos científicos de su tiempo, y basándose en los hallazgos de vistosas conchas que encontró tierra adentro así como en sus observaciones de barrancas y serranías, propuso la teoría de que donde ahora había tierra había estado el mar, y que California había emergido por la fuerza de un fuego subterráneo. En el campo antropológico o prehistórico, para explicar el origen de los primeros californios, el jesuita expresó su idea de que seguramente habían venido del norte, pero no por su voluntad, sino en búsqueda de refugio empujados hacia el sur por otras tribus, lo que coincide con algunas hipótesis modernas.
Después de la expulsión de los jesuitas y ya en el exilio, Baegert ocupó los últimos cuatro años de su vida en escribir una historia sobre California, tal como él la conoció, titulada Nachrichten von der Amerikanischen Halbinsel Californien, o “Noticias de la península americana de California”, publicada anónimamente por primera vez en Mannheim, Alemania en 1771; y un año después una segunda edición ya con algunas correcciones y un mapa de la península hecho por el padre Fernando Consag. El libro es testimonio de un informante culto, con vocación científica, que vivió muchas experiencias como misionero al sur de la península, y a pesar del estilo con la exageración de sarcasmos e ironías que a veces emplea, constituye una de las más importantes fuentes de información con que cuentan los historiadores de hoy, para conocer algo más sobre los primitivos californios, incluyendo el lenguaje de los guaycuras, del cual hace un estudio importante en el que se encuentran las traducciones de los rezos y los doce artículos del Credo. En cierto modo, el “Nachrichten…” puede considerarse como una corrección a la obra del padre Venegas, quien favorece exageradamente en sus descripciones a la península y sus habitantes, y al expresar con toda crudeza las realidades de la geografía peninsular, el atraso cultural de los indios y la vida de las misiones, permite al lector hacer una interpretación más objetiva de los relatos de muchos misioneros que, casi siempre, exageraron las bondades del clima y los logros espirituales. La percepción de la Baja California que tuvo Baegert fue negativa en lo general, de lo cual es muestra lo que escribió en su “Nachrichten…” al inicio de la introducción:
Todo lo concerniente a California es de tan poca importancia, que difícilmente vale la pena el trabajo de tomar una pluma y escribir acerca de ella. De pobres matorrales, inútiles ramajos espinosos y rocas desnudas, de montones de piedras y arena sin agua o leña, de un puñado de gente que, aparte de su cuerpo físico y habilidad para pensar, no tienen nada que los distinga de los animales. ¿Qué podría reportar?…90 Y más adelante dice, burlándose de quienes acusaron a los jesuitas de comerciar con Inglaterra: …Hace algunos años que se acusó a las misiones de California, de cierto comercio con Inglaterra. Pero California no posee más que piedras rodadas y rocas inútiles, ni produce otra cosa que espinas. Si los ingleses quisieran aceptarlas y exportar, por vía de trueque, otras mercancías a California, sobre todo maderas y sombra, lluvia y ríos, no cabe duda que podría establecerse un comercio extraordinariamente provechoso con la Gran Bretaña…91
En su trabajo como misionero Baegert debió pasar por lo que hoy se llama una crisis existencial, a la cual no pudo dar adecuada respuesta o solución, si se toma en cuenta que tenía serios problemas ya no se diga para conversar con los indios o los soldados, lo cual no intentaba nunca, sino para cumplir su obligación de confesarlos, o curar a los niños que padecían alguna enfermedad. Muchas veces pasaba largo tiempo exponiendo a los catecúmenos los valores morales del cristianismo, y apenas salían del templo, los nativos se entregaban a sus costumbres tradicionales muy opuestas a lo que el misionero les acababa de predicar.
Aunque el padre Baegert cumplía con sus deberes de misionero en forma completa y sin queja alguna, estaba convencido de que toda la labor de los jesuitas en California a costa de enormes sacrificios y elevado costo, tenía un valor relativo, pues decía: **…***Estoy firmemente convencido que si los trece misioneros desparramados en las doce mmisiones en California, dejaran el país, en ese momento el cristianismo desaparecería y ni un solo niño sería bautizado en el futuro, tal es mi abismal juicio…*Y sin embargo agregaba en otra parte:…Más aún, no hay nadie, ni dentro de California ni fuera, que afecte su ánimo o lo acose, o que arroje una demanda legal alrededor de su cuello; ni tormenta de granizo o ejército que devaste su tierra, ni incendio ni rayo que incendie su granero o su granja. No hay envidia, ni celos, ni difamación ni deshonra que lo lesione. Él no teme perder su propiedad, ni [tiene] *ambición para incrementarla. No hay prestamista que le cobre deudas, ni oficial que le demande tributo y otros cientos de clases de impuestos. No hay esposa a la que haya que adornar el cuerpo con más de lo que el ingreso permite, ni esposo que gaste en el juego o en el vino el dinero con el que debería alimentar y vestir a su familia. No hay preocupación por la educación de los niños, ni hija a la que haya que casar, ni hijo depravado que traiga el deshonor y la ruina sobre su casa. En una palabra, en California no hay “mío y vuestro”, dos palabras que, como dice San Gregorio, llenan los pocos días de nuestras vidas con amargura y maldad. Por lo tanto, no es milagro que difícilmente uno entre ellos tenga canas, y ya muy entrado en años; que ellos siempre estén de buen humor y que bromeen y rían continuamente...Aquellos que viven en Europa pueden envidiar la felicidad de los californios, pero nunca la lograrán excepto con una completa indiferencia hacia las posesiones mundanas, grandes o pequeñas, y a través de una completa aceptación de la voluntad de Dios en todos los azares de la vida._ 92
El párrafo anterior sirve no sólo para comprender parte de la filosofía que animaba al misionero, su juicio severo sobre algunas sociedades europeas, y su elegancia en el discurso, sino también para admitir que a pesar de su aparente misantropía, el jesuita debe haber sido apreciado por sus indios, en quienes encontraba algo vagamente parecido a los valores ideales del cristianismo, y nunca escatimó esfuerzo para servirles e incorporarlos a la nueva fe. Prueba de lo anterior es lo que escribió en su Nachrichten… refiriéndose a lo acaecido después de la misa a la que asistieron varios misioneros antes de partir al destierro: …se produjo tal universal brote de sollozos entre los californios presentes, que entonces no sólo fui llevado a las lágrimas sin poder evitar el sollozar, sino que aún hoy, al escribir las lágrimas llenan mis ojos… 93
El padre Baegert estuvo como misionero en Baja California de 1751 a 1768, año en que ocurrió la expulsión de los jesuitas de todas las colonias de España al acatarse el real decreto de junio de 1767. A su regreso a Europa en abril de 1769, después de pasar algún tiempo en su nativa Sehlettstadt, pasó al Colegio de Neustadt, en el Palatinato Renano, en donde sirvió como consejero espiritual y padre confesor. Baegert murió en el colegio jesuita de Neustadt, Alemania, el 29 de septiembre de 1772.
Baegert llegó a atender a 500 nativos de 11 diferentes rancherías, lo que hace pensar que en aquel tiempo la zona era quizá menos desértica que hoy, dada la gran población que había. La misión fue suprimida en 1769 por decreto del visitador general José de Gálvez, sus 310 neófitos94 se trasladaron a la de Todos Santos, y todos sus ornamentos se llevaron a la Alta California. Actualmente se tiene acceso a la misión saliendo del km. 195 hacia el este pasando Ciudad Constitución, y después de 50 Km. de desierto, se llega al poblado y oasis; cerca de una laguna se yergue el edificio de cantera rosa que se encuentra en buen estado.
17. Nuestra Señora de los Dolores del Norte, ¿Misión o Capilla de visita?
Nuestra Señora de los Dolores del Norte es descrita por algunos historiadores como lo que finalmente fue la misión de Santa Gertrudis, a la cual por diversas circunstancias se le iba a dar aquel nombre, pero otros, incluyendo investigadores del INAH, afirman que se trata de una capilla importante, aparentemente visita de San Ignacio, cuyas ruinas se encuentran en el cañón de San Pablo de la sierra de San Francisco, que aparece en el mapa 2 del primer capítulo y el 36 de esta página. A continuación se mencionan los argumentos principales de las dos posiciones.
El historiador de más importancia que sostiene la hipótesis de que Los Dolores del Norte es el nombre que inicialmente se le daría a Santa Gertrudis es el padre Miguel del Barco, quien fue misionero en la península a la que arribó en 1738, y a más tardar en 1739 se hizo cargo de la misión de San Francisco Javier95, a unos 300 Km. al sur de lo que sería Santa Gertrudis, la cual fue fundada por el padre Jorge Retz casi a la mitad de la península, aunque los primeros trabajos en lo temporal y espiritual los había realizado el padre Fernando Consag.

Adaptación en mapa de Google Earth A.P.A.
- Santa Gertrudis.
- Límite entre Baja California y B.California Sur.
- Arroyo San Pablo.
- Capilla Los Dolores del Norte ( 27º 42’ N y 113º 08´W ).
- Pinturas rupestres.
- San Francisco de la Sierra.
- San Ignacio
El padre Miguel del Barco afirma que antes de que se realizaran las expediciones que el padre Consag llevó a cabo hacia el norte, los jesuitas de California habían planeado el establecimiento de una misión que se llamaría Nuestra Señora de los Dolores del Norte, dotada en principio por la
Congregación de Nuestra Señora de los Dolores, de la Ciudad de México, lo que explica el nombre que se daba al futuro establecimiento, aunque se tenía el problema de no encontrar el sitio más adecuado, sobre todo por la falta de agua. Cabe aclarar que el padre Píccolo mencionó en su Informe...96 de 1702 una congregación del mismo nombre que fundó y dotó la misión de Los Dolores cerca de Yodivineggé, al sur, que viene siendo la misión refundada después por el padre Clemente Guillén entre Loreto y La Paz, lo que propicia confusión respecto a lo dicho por Barco, ya que si se acepta su aserto, significa que se esperaba de la citada congregación la dotación ahora para otra misión con el mismo nombre, más de 30 años después, pero que fue suspendida como se explica más adelante.
Un día llegó la mala noticia a Loreto de que por ciertas razones, ya no se dispondría de la dotación para el sostenimiento de la nueva misión de Los Dolores del Norte, lo que produjo un gran desconsuelo. Sin embargo, por ese tiempo se trasladó la reducida población indígena de la misión de San José del Cabo a la de Santiago, la dotación que servía para mantenerla quedó libre, y esto permitió que los fondos vacantes se pudieran destinar a la esperada misión de Los Dolores del Norte, pero ahora con el nombre de Santa Gertrudis la Magna, en obediencia a las instrucciones que dejó en la escritura de su fundación el piadoso benefactor de la orden, don José de la Puente Peña y Castrejón, marqués de Villapuente, casado con su prima doña Gertrudis de la Peña97, Marquesa viuda del marqués de las Torres de Rada, para honrar el nombre de su esposa.
Por otra parte, en un informe de 1774 del padre Sebastián de Sistiaga, misionero residente en San Ignacio, se menciona que Dolores del Norte pertenecía a San Ignacio, y el padre Juan Antonio Balthasar, en un informe como visitador general de las misiones de Baja California, expresó que como pequeña propiedad incorporada a la misión de San Ignacio, sería separada en cuanto esta misión se hubiera establecido por completo. Los trabajos previos de Consag para el
establecimiento de Los Dolores del Norte incluían no sólo bautizos de numerosos indígenas, sino el entrenamiento de jóvenes en San Ignacio para que después ayudaran en la catequización en la misión del norte.

Ruinas de la capilla de Los Dolores del Norte. Fotografía de Kevin Clough
Por su parte, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, en un estudio arquitectónico publicado en 1991 considera que Dolores del Norte es el nombre de una visita importante que pertenecía a la misión de San Ignacio y se ubicaba en el cañón de San Pablo, en la Sierra de San Francisco; sus ruinas se localizan a unos 16 kilómetros al noroeste de San Francisco de la Sierra, por el cañón mencionado, al norte de San Ignacio. Para hacer tal afirmación, el INAH se apoyó no sólo en las dimensiones y detalles arquitectónicos de las ruinas, sino también en la tradición oral que persiste entre los pobladores de San Francisco de la Sierra y demás poblados, quienes sostienen la idea transmitida por sus ancestros, de que las citadas ruinas corresponden a una misión jesuita llamada Los Dolores.
Los restos de adobe de lo que fue una capilla están a los 27º 42.13´ N. y 113º 08.70´ O., a 10 ó 12 kilómetros del rancho Santa Teresa, al lado oeste del arroyo, al que se tiene que descender desde el poblado de San Francisco de la Sierra cuando se visitan las pinturas rupestres de ese paraje, como Cueva Pintada y Cueva de las Flechas. Las ruinas consisten en muros de adobe sobre cimientos de piedra que miden unos 39.6 m. de largo por 6.4 m. de ancho, en los que se incluyen 3 aposentos de parecidas dimensiones98; un gran corral de piedra al sur de la iglesia, restos de un camino abierto de esta capilla hasta la actual Santa Gertrudis; restos de una huerta protegida con una especie de dique de piedra contra la avenidas del arroyo, y se adivina lo que fueron canales de riego.
De todo lo dicho puede inferirse lo siguiente, aunque no con absoluta certeza: que el centro religioso jesuita que se menciona fue importante en la región al norte de San Ignacio, en el cañón de San Pablo; que según lo expresado por los padres Sistiaga y Balthasar, se trataba de una dependencia de San Ignacio, la cual adquiriría autonomía cuando reuniera los recursos suficientes; que los ignacianos planeaban levantar una misión al norte de San Ignacio que se llamaría Dolores del Norte, pero cuando ésta se plantó a mitad de la península en 1751 no se le pudo asignar ese nombre por las razones ya expresadas en párrafo anterior; y finalmente, que cuando se dieron las condiciones para establecer independientemente de San Ignacio la nueva misión, quedaron en San Pablo las estructuras que se habían nombrado Dolores del Norte, aunque deben haberse trasladado población indígena y equipo al nuevo sitio, que se nombró Santa Gertrudis en honor de la esposa de su benefactor.
18. Santa Gertrudis La Magna (1752-1822 ó 1830)

Paisaje cercano a Santa Gertrudis, en plena zona desértica del centro de la península
Está situada casi sobre el paralelo 28, a orillas del arroyo La Piedad, a unos 38 Km. de El Arco. El padre Fernando Consag localizó el lugar en 1751 y la fundó el padre Jorge Retz el 15 de julio de 1752. El marqués de Villapuente y su esposa, doña Gertrudis de la Peña, marquesa de las Torres de Rada, habían donado el dinero para que se fundara la misión de San José del Cabo, previendo que en el caso de su cancelación, se aprovechara su dotación para otra misión dedicada a Santa Gertrudis; cuando se suprimió la de San José y se tuvo disponible lo necesario, Consag envió al lugar a un grupo de neófitos bajo la dirección de un indio ciego llamado Andrés Comanají, para que procedieran a la construcción de las casas y la capilla, todo lo cual se levantó con adobe y techos de tule, en el caso de la capilla sostenido sobre maderos con tierra apisonada encima, de lo cual todavía se ven las ruinas.

Santa Gertrudis, cuyo edificio de cantera fue levantado por los dominicos y restaurado recientemente
En realidad, el padre Fernando Consag sabía del lugar al norte de su misión de San Ignacio, que aun teniendo poca agua estaba bastante poblado, por lo que viajó al paraje en numerosas ocasiones para ejercer su labor de evangelizador, llegando a bautizar a cientos de indios cochimíes, de manera que esta labor previa facilitó los trabajos iniciales en el establecimiento formal de Santa Gertrudis99.
El padre Jorge Retz nació en Düseldorf100, Alemania en 1717, ingresó a la Compañía de Jesús a los 16 años, y ya siendo jesuita se desempeñó como maestro de humanidades en Austria y Alemania. En 1750 llegó a la Nueva España, y un año después ya estaba laborando en California, en donde residió por un tiempo en San Ignacio, ayudando al padre Consag y aprendiendo la lengua cochimí. El 15 de julio de 1752 se trasladó con todo lo necesario al lugar en donde se habían erigido las primeras construcciones, y estableció definitivamente su misión de Santa Gertrudis101, con añadida alegría por tratarse de una santa de su nacionalidad. Retz llegó a tener 1400 almas a su cargo como misionero.

Esta tinaja de piedra para guardar el vino es de San Borja, pero iguales se hacían en Santa Gertrudis
A los dos meses los indios del padre Jorge encontraron a tres días de camino un sitio cercano con tierra labrantía y algo de agua para su riego, lo que le permitió sembrar sobre todo maíz y trigo. Mientras se obtenían las primeras cosechas, el padre Consag proveyó de estos granos a la nueva misión, facilitó la recua de San Ignacio para el traslado de los bastimentos, en tanto que de otras misiones vecinas se recibieron algunas cabezas de ganado mayor y menor, y caballada suficiente para iniciar la cría de hatos propios. Esta hermandad con las misiones jesuitas que comenzaban era regla general en California. Años después, cuando se plantó al norte la misión de San Francisco de Borja, aunque Santa Gertrudis no tenía alimentos para mandarle, sí cooperaba ayudando con bestias de refresco a la recua que venía con carne seca desde Guadalupe.
Como en otras partes de la Baja California, aquí el padre Retz y sus cochimíes tuvieron prácticamente que traer el suelo de otros lugares, pues siendo el terreno tan duro y rocoso, acarreaban la tierra de donde la encontraban, generalmente de abajo de los matorrales grandes y arbustos, e iban cubriendo los espacios de roca o los cauces secos del arroyo en donde las avenidas del agua habían arrastrado el suelo arable. Por otro lado, el agua con que regaban era llevada al pequeño terreno labrantío, para lo cual se abrió a fuerza de barras la zanja en piedra viva102. Este espacio que se trabajó con tantas dificultades para la siembra, se fue ampliando y mejorando al grado de que casi siempre, el padre Retz tenía suficiente maíz y trigo para alimentar a los indios de la misión. Retz debe haber sido un hombre innovador, perseverante, y muy trabajador, pues llegó a sembrar alternadamente en un año: el trigo en octubre, para cosecharse en mayo; luego se quemaba el rastrojo, se abonaba la tierra con estiércol, se araba, se regaba, y luego se sembraba el maíz que se cosechaba a fines de septiembre. Además de granos, se plantaron viñedos con cuyos frutos se fabricaba bastante vino, el cual se almacenaba en unas especies de tinajas pétreas rectangulares, las que se cubrían con tablones que se sellaban con cuero de res y látex de pitahaya. La dedicación de los jesuitas produjo sus frutos, muchos cochimíes aprendieron no sólo los rezos y cantos religiosos, sino también a fabricar jabón, velas, guarniciones para las cabalgaduras, así como queso y piloncillo.
Siendo misionero de Santa Gertrudis, el padre Retz envió a Miguel del Barco, de San Javier, parte de una quijada para colaborar con la investigación que este padre hizo sobre la leyenda de la existencia de gigantes en Baja California, lo que denota su curiosidad por la antropología y su afición al estudio. Lo anterior se corrobora con la existencia de 100 volúmenes que llegó a tener la biblioteca de la misión, número que hoy podría parecer pequeño, pero dadas las circunstancias de tiempo y lugar debe percibirse como un esfuerzo importante que hicieron los sotanas negras por mantener sus hábitos culturales y combatir con la lectura un tedio que a veces podía ser enajenante.
El padre Jorge Retz salió de la península expulsado con los demás jesuitas al darse cumplimiento al decreto de Carlos III, el día 3 de febrero de 1768 por la mañana el padre Jorge Retz tuvo a su cargo una de las dos misas que al final se dijeron, y sus compañeros recibieron la Sagrada Eucaristía. Poco después Santa Gertrudis quedó a cargo del franciscano fray Dionisio Basterra, quien a su vez fue relevado por el padre Gregorio Amurrio. En 1769 el padre fray Junípero Serra, encargado de los misioneros franciscanos, pasó la semana santa en Santa Gertrudis, y tal vez por esa razón aún se venera en la capilla la imagen del beato que llegaría a fundar numerosas misiones en la Alta California.
Al recibir los franciscanos la misión de los jesuitas que salían expulsos, fray Francisco Palou informó que había granados, higueras y olivos entre otros frutales; respecto a sus habitantes, señaló que sólo cuarenta familias vivían en la misión, haciendo un total de ciento setenta y cuatro almas. El resto de la numerosa población se encontraba distribuida en siete rancherías, quienes vivían de la caza y la recolección, siendo la más importante la llamada Purificación, o Kagin en lenguaje cochimí, que era habitada por ciento sesenta y tres indígenas.
Los dominicos designados originalmente para residir en la misión fueron en 1773 los padres Manuel Rodríguez y José Díez Bustamante103. Poco después, fray José Espín inició la construcción de cantera del edificio que aún perdura. empleando la piedra que hay en las serranías cercanas, el cual fue terminado en 1796; tenía una espadaña separada 18 metros del edificio, es única en Baja California y aun se conserva en regular estado; en sus campanas, que fueron fundidas en 1763 en México, se encuentran grabados los nombres Santa María Magdalena en la izquierda y Señor San Ynasio (sic) en la derecha. Los padres predicadores iniciaron su labor con entusiasmo, desmontaron los alrededores de la misión y los hicieron más habitables a fuerza de barra y pólvora, como lo afirma en su diario fray Vicente Mora, presidente de aquellos misioneros, además, hicieron una noria para irrigar su plantación de algodón con el cual se llegaron a fabricar telas en beneficio de los indios.
En Santa Gertrudis el ganado mayor nunca pasó de algunos centenares de cabezas, aunque sí se llegó a tener un gran número de cabras, y más de 2000 borregos, con cuya lana seguramente se hacían telas burdas para que se cubrieran los indios.
Al irse al norte, a la última frontera de la Nueva España, los franciscanos se llevaron ornamentos, vestuario y ganado de las empobrecidas misiones de Baja California, pero aparte de bienes materiales, también indios de algunas misiones para ayudarse en los trabajos iniciales en aquellas lejanas tierras. Hay que señalar que los dominicos, principalmente fray Vicente Mora, se resistieron a tales entregas hasta donde les fue posible.

Altar principal en Santa Gertrudis
A pesar del trabajo de los misioneros tanto en lo temporal como en lo espiritual, en 1777 indios rebeldes hicieron intentos por saquear la misión, junto con la de San Borja, y asesinar a los padres, lo cual finalmente no lograron. Seguía corroborándose con estos hechos que aun los cochimíes, que eran considerados por los jesuitas como los más dóciles entre los indígenas peninsulares, no internalizaban las enseñanzas de sus maestros religiosos. Por su parte, Bancroft afirma que los indios estaban cansados de recibir azotes como castigo a cambio de un excesivo trabajo que debían realizar en las misiones, y eso los condujo a intentar rebelarse104.
Al igual que en las demás misiones, la decadencia de Santa Gertrudis se hizo notoria a fines del siglo XVIII, esencialmente a causa de la exagerada mortalidad entre los nativos, mínima productividad agrícola, falta de alimentos y vestido, ninguna ayuda del gobierno, y los abusos cometidos contra la población nativa.
El 7 de abril de 1783, el dominico fray Juan Antonio Formoso envió un informe a fray Miguel Hidalgo, presidente de las misiones dominicas en Baja California, que en parte decía, refiriéndose a los indios de la misión: …el vestido más común de los pobres indios es una suma desnudez. La mayor abundancia de sus alimentos es el hambre, reparada en la mayor parte de los individuos con comidas silvestres en los montes y cerros…La cama y colchón de los indios es el puro suelo…105; y en junio del mismo año, fray Manuel Rodríguez se dirigió al padre presidente en términos parecidos a lo referido por Formoso, aunque agregó que los misioneros ponían su trabajo corporal y aún parte del pago de sus sínodos para aliviar las misérrimas condiciones de los nativos.

Arriba, en esta fotografía interior del techo de la nave mayor se aprecian las palabras “HOC OPUS CONFECI MENSE MAII ANNO DOMINI 1796”, que significa: Terminé esta obra en mayo del año del Señor de 1796
En este tema, una pregunta sin respuesta clara respecto a la innegable situación de pobreza extrema en que se encontraban los indios de la misión es la siguiente:
¿Cómo se explica que los dominicos destinaron recursos y esfuerzos importantes para la construcción de la capilla de cantera, siendo que urgían para satisfacer necesidades más terrenas pero no menos urgentes que el levantamiento del edificio?
Después de iniciada la guerra de independencia en 1810 prácticamente no hubo religiosos que atendieran la misión, y en 1822 los dominicos la abandonaron. En 1823 habitaban la región 44 personas y para 1857 sólo 4. En 1825, por cambios político administrativos de los que se habla en otro capítulo, Santa Gertrudis fue cabecera de uno de los cuatro distritos en que se dividió la Baja California, y el nuevo gobernador Teniente Coronel José María de Echeandía, de paso en su viaje a la Alta California, dictó medidas que advertían la próxima secularización de las misiones, que se empezó a aplicar desde 1830. Estos hechos apresuraron el deterioro del edificio, que fue sucesivamente ocupado por particulares, los buscadores de tesoros hicieron túneles y agujeros en el piso, se tapiaron ventanas y se abrieron puertas en algunos muros, y hasta una cantina llegó funcionar en el interior de lo que fuera la misión, de manera que para mediados del siglo XX, algunas paredes estaban a punto de derrumbarse. Desde 1912 se habían realizado acciones tendientes a la conservación y restauración de la misión, las cuales se tradujeron con frecuencia en la substitución de elementos arquitectónicos originales de gran valor, por materiales toscos e inadecuados, como en el caso de una gárgola que fue reemplazada por un tubo de asbesto. A partir de 1988, el gobierno de Baja California y el INAH comenzaron sus intervenciones para restaurar la misión; por otra parte, los cambios constitucionales de 1992 permitieron que la Diócesis de Tijuana recibiera oficialmente a Santa Gertrudis, no sólo para la práctica del culto religioso, sino también, como lo establece la Ley, para su cuidado y restauración; en 1996 los gobiernos federal y estatal, la iglesia y particulares, especialmente la Asociación Civil Mejibó, sumaron sus esfuerzos que han culminado con la restauración casi completa de la misión, quizá el más bello edificio que los dominicos dejaron en Baja California.

Ventana hacia el patio posterior de Santa Gertrudis
Por otra parte, además de la impresión estética que el viajero recibe al llegar a este lugar, el paisaje por el que se ha ido adentrando, seco, típico del semidesierto bajacaliforniano, con los imponentes cardones flanqueando el solitario camino, genera evocaciones de los hombres que desde épocas remotas hasta tiempos más recientes, tuvieron la capacidad para vivir en este ambiente, por lo que es deseable que las autoridades dispongan no sólo la conservación del hermoso edificio misional, sino también del imponente entorno natural en el que se encuentra.
19. San Francisco de Borja (1762-1818, u oficialmente en 1830)
La misión de San Francisco de Borja fue levantada en las estribaciones de la Sierra de San Lino, a unos 47 Km. de Punta Prieta, en la ranchería de Adac. Jorge Retz había localizado el lugar en 1759, cerca de un arroyo y de un manantial de agua tibia, pero tocó fundarla a Wenceslao Link el 1º. de septiembre de 1762, después de haber permanecido varios meses en Santa Gertrudis aprendiendo el cochimí. El dinero para su construcción fue donado por la duquesa de Béjar y Gandía, doña Mariana de Borja, descendiente de San Francisco de Borja. La piadosa española dejó en 1747 parte de su fortuna para que se repartiese entre su familia y servidumbre, y el resto para la misión jesuita de California, con el encargo de que se fundase un establecimiento dedicado a su ascendiente San Francisco de Borja. La razón para que la duquesa dejara ese legado a los jesuitas de California fue la siguiente: un soldado que había servido en la Nueva España poco después de iniciada la conquista, regresó a España y por azares del destino se acomodó con algún empleo en la familia de la señora, narró a ésta la pobreza de los indios y los grandes trabajos que los misioneros realizaban para cumplir con su obligación de civilizar y salvar almas, lo que movió a la piadosa dama para dejar el donativo que se menciona106.
La construcción original era de adobe y piedra, pero los jesuitas no la pudieron terminar por completo al tener que salir de California, sus ruinas aun existen como muros derruidos. A su paso por la península, los franciscanos agregaron un pórtico de piedra, en donde se observa su emblema, y en 1776, los dominicos iniciaron la construcción de cantera que se terminó en 1801.
En 1821 la misión dejó de funcionar, aunque hay quienes afirman que desde 1818 ya había sido abandonada.

Arriba a la izquierda, ruinas de adobe de la misión de San Borja levantada por los jesuitas; a la derecha, arco de cantera aún en pie; abajo, edificio de cantera levantado por los dominicos y franciscanos , éstos, responsables del pórtico y estatuilla de San Francisco de Borja conservada en la misión. Fotog. A.Ponce A.
Adac, llamaron los antiguos californios a un manantial de agua caliente y su región circundante, en las serranías del centro peninsular, a unos 28 grados 44 minutos de latitud norte, casi equidistante del Golfo de Cortés y el Océano Pacífico. Como la mayor parte de los cochimíes, los indios de ese lugar vivían en chozas circulares, con el piso excavado que quedaba abajo del suelo exterior, y en su interior acostumbraban encender dos o más fuegos, según descripción que hizo el dominico Vicente Mora al estar de paso por ese lugar. Desde 1753, Fernando Consag había pasado cerca del manantial sin verlo, y años después, cuando era superior de los jesuitas en California, pensó que la ambicionada expansión de las misiones hacia el norte podía seguirse por ese rumbo. En 1758 el padre Jorge Retz, en su misión de Santa Gertrudis, se enteró por pláticas de los indios, de las bondades que ofrecía Adac para fundar una misión unos 80 Km. al norte, entre cirios, cardones y pitahayas, por lo que abrió un camino que le permitía llegar a ese lugar en tres jornadas, y en frecuentes visitas, se dedicó a convertir al cristianismo a los numerosos gentiles de la región, inició la construcción de una iglesia, algunas casas, un almacén, un hospital y llevó a cabo varias siembras.
Según vsrios misioneros, los indios de Adac y de Santa Gertrudis tenían una forma peculiar de comer la carne y el pescado duros, que se narra enseguida: tomaban un trozo del tamaño de un bocado, le ensartaban un cordelito con una espina y lo amarraban bien del extremo, metían la comida en la boca y después de una o dos dentelladas, se lo tragaban, llegando al estómago y quedando parte del cordelito saliendo por la boca, enseguida jalaban el cordel poco a poco hasta tener el pedazo de carne nuevamente en la boca, le daban otros mordiscos y lo volvían a tragar, repitiendo la acción varias veces, hasta que el trozo de comida se quedaba dentro del estómago ya deshecho, y sacaban el cordel solo. Lo anterior no es aceptado por algunos autores por razones médicas y fisiológicas.
Sobre el vestuario, hay que mencionar que sólo cuando hacía frío los hombres se cubrían la espalda con una piel de ciervo o berrendo que cogían con sus manos a la altura del pecho, y en lugar de los llamados cacles, usaban una especie de sandalias hechas con pita de mezcal. Las mujeres andaban semidesnudas sólo cubiertas con una especie de braguero de 4 dedos de ancho que sólo cubre los desagües de la naturaleza107. En invierno sí se cubrían usando un capotillo de pieles de conejo o de nutria de los hombros hasta las rodillas, sostenido a la altura de los hombros con una cuerda que atravesaba por delante.
El padre Salvatierra consideraba a San Francisco de Borja co-patrón en la conquista espiritual de aquellos gentiles, y estaba decidido a fundar algún día una misión en su honor. En 1762 había llegado a California el padre Wenceslao Link, nativo de Bohemia, quien como se ha mencionado, después de permanecer algunos meses en Santa Gertrudis aprendiendo el cochimí, por orden del visitador general Ignacio Lizassoain, se trasladó a Adac, y gracias al trabajo que previamente había realizado el padre Retz al introducir al cristianismo a casi trescientos nativos, el 1º de septiembre de 1762 dedicó la misión a San Francisco de Borja, cumpliéndose así los deseos de los padres Salvatierra y Consag, y de doña Mariana de Borja.
Como sucedió en otras fundaciones, San Francisco de Borja se sostuvo al principio con la ayuda de las demás misiones, especialmente de Loreto, desde donde se enviaban las provisiones necesarias por mar hasta el puerto de Los Ángeles108 en la costa del Golfo de California, de donde se llevaban por tierra a Adac. El viaje por mar era muy difícil, sobre todo porque se tenían que remontar las peligrosas corrientes marinas en el canal de Salsipuedes, lo que hizo necesario contratar por un tiempo al indio sinaloense Buenaventura Ahome, hábil marinero que se hizo cargo de los primeros viajes, hasta que algunos californios aprendieron el oficio y se pudo entonces prescindir de sus servicios.
Aplicando la experiencia tenida en Santa Gertrudis, se empezaron a sembrar en el pequeño espacio irrigable de que se disponía, trigo y maíz sucesivamente en la misma temporada, lo que permitió que por algunos años se lograra la autosuficiencia en alimentos; habitaban en el terreno misional cerca de 30 familias de neófitos, cada semana se turnaban los indios de las rancherías cercanas para acudir a trabajar y recibir las enseñanzas religiosas, después de lo cual regresaban a su comunidad y eran substituidos por otros. Con los algodonales de la misión y la lana de las ovejas se hacían mantas y frazadas para los indios. La actividad que más tiempo llevaba en la enseñanza religiosa era la repetición de la doctrina cristiana, que el catequista repetía con los asistentes muchas veces, mañana y tarde, hasta que podían decirla de memoria. Los viejos tenían más dificultad para memorizar, por lo que se desesperaban y escapaban a sus rancherías, aunque casi siempre regresaban al poco tiempo. En esa etapa el padre les daba de comer el acostumbrado atole de maíz.
El capitán Fernando Javier de Rivera y Moncada, a cargo del presidio de Loreto, se fue unos días a San Borja para instruir a los soldados que quedarían como escolta de la misión, y notando la necesidad de contar con un rancho ganadero, decidió salir junto con otros dos hombres en busca de tierras útiles para ese efecto. No muy lejos encontraron una mesa alta, con bastante pasto y agua, en la que según sus cálculos podrían mantenerse unas ochocientas cabezas de ganado. Contento por el hallazgo, regresó a San Borja en donde narró todo al padre Linck, se enviaron indios que supieran y quisieran trabajar como vaqueros en el paraje con el sueldo correspondiente, y a los pocos meses el misionero pudo aceptar los donativos de animales que ya le habían ofrecido varias misiones pero que no había aceptado por faltar el rancho en donde ponerlo. Cabe mencionar que estando cerca el puerto de Los Ángeles, en la bahía de ese nombre, en la misión se podía comer pescado fresco con frecuencia, el cual era llevado por los indios costeños.
Linck tuvo en los shamanes, hechiceros o “doctores”, como les llaman algunos autores a estos personajes, el obstáculo a vencer para poder iniciar la evangelización de los nativos, pero con su paciencia y dedicación, logró que aquellos hombres trajeran días antes de ser bautizados, todos los objetos que usaban en sus ceremonias o al curar a los enfermos. Al respecto, Linck hace aquí una aportación interesante al describir, además de las acostumbradas capas de cabellos de los shamanes, unas pinturas bastante “decentes”109, ídolos y estatuas cuidadosamente esculpidas, una de las cuales tenía un tridente en la mano derecha, y en la otra una serpiente enroscada.
A un poco más de cien kilómetros de San Borja, un grupo de rancherías habitadas por aguerridos indios gentiles, inconformes con la influencia que ejercía la acción misionera del padre Linck sobre las comunidades cercanas a la misión, atacaron a varias de ellas y asesinaron a muchos nativos convertidos al cristianismo. Temeroso el padre de que continuaran aquellos ataques y se aproximaran más a San Borja, mandó pedir consejo a su vecino el padre Retz de Santa Gertrudis. Éste, convencido de que no podía permitirse que los gentiles rebeldes crecieran en fuerza, preparó un numeroso grupo de flecheros cochimíes fieles de Santa Gertrudis, que reforzados con algunos de San Borja y varios soldados de la escolta, se dirigieron en busca del enemigo. Al poco tiempo, antes del amanecer, encontraron en su ranchería a los gentiles, dormidos y despreocupados, y fue tal la sorpresa en el ataque que todos fueron capturados sin que se resintiera ninguna baja de parte de los indios fieles. Trasladados a San Borja, fueron castigados por los soldados durante varios días sucesivos con azotes, aunque el padre Linck intervenía prontamente intercediendo a favor de los rebeldes.

Poco debe haber cambiado el aguaje de Adac desde la época de las misiones, que se observa en esta fotografía tomada en 1999, y que aún servía para irrigar un pequeño huerto, con olivos centenarios y otros frutales
Finalmente, casi todos aquellos bárbaros mostraron arrepentimiento y hasta aceptaron recibir la enseñanza cristiana. Después de estas acciones, Linck recolectó algunas de las armas que usaban en sus guerras los indios rebeldes y ahora vencidos, todas ellas de palo como mazos de diversas formas, pero no por ello menos peligrosas que los acostumbrados arcos y flechas. Posteriormente, el misionero mandó a sus compañeros vecinos, como novedad digna de conocerse, ejemplares de aquellas armas poco o nunca vistas antes entre los primitivos californios.
Uno de los capitanes gentiles considerado uavai o “señor” entre los cochimíes debido a su prestigio en la guerra, fue atraído al cristianismo y su influencia contribuyó no sólo al éxito en la evangelización de los nativos vecinos de Adac, sino después en la misión de Santa María, que se estableció hacia el norte poco después. Juan Nepomuceno era el nombre del afamado guerrero, y pudo haber sido uno de los gentiles rebeldes que escapó cuando los indios fieles de San Borja y
Santa Gertrudis aplacaron las acciones de aquellos110, hechos que se narran en los párrafos anteriores. Lo cierto es que el afamado capitán indígena llegó a San Borja, se convirtió al cristianismo, se casó por la religión con una de sus dos mujeres, y desde entonces, junto con su gente, fue valioso auxiliar de los padres en todos sus trabajos.
En 1764 Linck recibió en San Borja al jesuita Victoriano Arnés, quien venía no sólo a acompañar y ayudar al misionero, sino a aprender el idioma cochimí en preparación para fundar después lo que sería el establecimiento jesuita más septentrional en California. Gracias a esto, Linck tuvo tiempo para llevar a cabo exploraciones más alejadas de Adac.
En aquel tiempo, supo el misionero por boca de sus indios que por la noche, en la isla Ángel de la Guarda se veían algunas lumbradas desde la playa cercana a la isla; decidido a investigar el origen de aquellos fuegos, en la primavera de 1765 el misionero, junto con el teniente del presidio don Blas Fernández de Somera y algunos indios, zarparon del puerto de Los Ángeles hacia la isla en la lancha de la misión111.
Los exploradores llegaron sin problemas a su destino, y después de buscar gente o rancherías hasta donde les era posible por la limitación del agua, no encontraron huella alguna de personas o animales, y ningún arroyo o aguaje112. Linck y sus acompañantes abordaron Mlaaplaan3c7ha y zarparon de regreso hacia tierra firme, pero al aproximarse a la playa, intensos vientos contrarios los obligaron a devolverse a la isla. Intentaron nuevamente el retorno, pero la violencia del viento les arrancó la vela inferior, por lo que la lancha estuvo a punto de zozobrar, lo cual se evitó por la pericia del piloto Buenaventura. Realizaron otros intentos igualmente fallidos por regresar a la bahía de Los Ángeles, por lo que tratando de salir de la grave situación en que se encontraban, decidieron no navegar directo al puerto del que habían zarpado, sino unos 25 kilómetros hacia el sur113, y esto les dio buen resultado, pues pudieron desembarcar sin dificultad aunque en una zona despoblada y sin agua. El padre Linck mandó entonces algunos indios a buscar ayuda, y al poco tiempo volvieron acompañados de varios nativos cristianos, con suficiente agua para calmar momentáneamente la sed de todos. Después del arduo trabajo para llenar algunos de los contenedores de la lancha, los expedicionarios zarparon nuevamente hacia Los Ángeles, a donde ahora sí pudieron llegar sin mayores dificultades, y de allí a San Borja114.
Se ha mencionado que el padre Victoriano Arnés había llegado a San Borja para auxiliar al padre Linck, aprender el idioma de los indios, y prepararse para ir hacia el norte a fundar una nueva misión entre los gentiles. En 1765 arribó a San Borja con los mismos propósitos el padre Juan José Díez, quien originalmente estaba destinado a las primeras cátedras de la provincia, pero que había renunciado a esa cómoda y aplaudida actividad para irse a los piáramos del septentrión peninsular en compañía del padre Arnés, de tal manera que entonces se encontraron en San Borja los tres misioneros indicados; los sotanas negras contemplaban un mejor futuro hacia el norte.
Teniendo el auxilio directo de sus dos compañeros en el trbajo misional, Linck pudo destinar más tiempo a las exploraciones que tanto había pospuesto, de las cuales se hablará en otro capítulo.
Después de algún tiempo el padre Link construyó otra iglesia más grande; y cuando los franciscanos relevaron a los jesuitas que salían expulsados de California, el padre Fermín Francisco de Lassuen, substituto de Linck, dirigió una nueva ampliación que concluyó en 1771, añadiendo al edificio un pórtico de piedra labrada con el emblema franciscano en la parte superior; el afán constructor del padre Lasuen se extendió hasta la visita de San Regis y otra cuyo nombre se desconoce, habiendo hecho edificaciones de adobe y corrales para el manejo del ganado.
Al hacerse cargo de la misión, los fernandinos recibieron alrededor de 500 cabezas de ganado, 1700 ovejas y 930 cabras, la caballada se contaba por cientos. Cabe aclarar que en tanto llegaban los franciscanos para hacerse cargo de las misiones peninsulares, el capitán Fernando

Viaje de Linck a la Is. Ángel de la Guarda.
Adaptación en mapa de Google Earth.
- San Borja.
- Puerto de Los Ángeles en la bahía de ese nombre.
- Isla Ángel de la Guarda.
- Canal marítimo Ballenas.
- Bahía las Ánimas.
Javier de Rivera y Moncada y buen número de soldados fueron enviados a San Borja, como base de la frontera más lejana, pues aunque al norte ya se había establecido otra misión, forzadamente abandonada por los padres jesuitas, seguramente sería abandonada también por sus neófitos, al no contar con el estímulo del alimento que se les proporcionaba.
En 1776, los dominicos recibieron la misión al irse los franciscanos a la Alta California, iniciaron la construcción del edificio de cantera que se concluyó en 1801, y en 1777 revistieron con piedra las paredes de dos manantiales, lo que permitió el mejor aprovechamiento del agua en el riego de los sembradíos Fue durante la administración de los dominicos fray Juan María Salgado y fray Antonio Lázaro cuando se levantó la construcción que perdura hasta hoy.
El 20 de febrero de 1777, fray Vicente Mora escribió en un informe:… Fuera de todas estas misiones son una pura miseria ciertamente las demás, exceptuando la misión de San Francisco de Borja, que tiene adelantado en nuestro tiempo nueve fanegas de sembradura…; fue quizá en esta época de modesto bienestar que los nativos se rehusaron a ser trasladados a San José del Cabo en uno de los reacomodos que se ordenaron en ese tiempo.
A pesar de este relativo progreso, poco después los indios …confesaron su intención de saquear y quemar las misiones, declarando atrevidamente que estaban cansados de recibir golpes y prisiones por parte de los padres…, según lo afirma Bancroft en North Mexican States.
Por otra parte, al paso del tiempo la baja producción de maíz y trigo debida a lo escaso del agua, el aumento de la población indígena y quizá el mal trato a los indios, fueron factores que contribuyeron a la deserción de muchos neófitos.
El 3 de agosto de 1783, el dominico fray Andrés Souto, en un informe a sus superiores expresó: … Tiene esta misión 666 individuos, de los cuales no puede mantener más que a 100, dándoles un poco de harina cocida o grano cocido con agua, por ser escasas las cosechas, las aguas, y débiles las tierras…la ropa que produce la misión alcanzará a tapar a los 100, dándoles un triste cotón, frazada y taparrabo, algo escasos. De los ganados que tiene la misión, apenas le toca a cada individuo cuatro cabezas, por cuyo motivo andan por los montes buscando la vida…115.

Pila de agua bendita en la iglesia de San Borja
Desde 1769, algunos indios de San Borja y de otros lugares fueron llevados a la Alta California para auxiliar a los franciscanos en los trabajos agrícolas de las nuevas misiones que allá se establecerían, y además, con la debida autorización, también se llevaron ganado, ornamentos y ropas empleadas en la práctica del culto por los misioneros dominicos, a lo cual éstos se opusieron aunque casi siempre sin lograr impedir tales acciones.
En 1818 o 1821, la misión se cerró por la falta de indios, las pinturas al óleo que adornaban la iglesia, incluyendo un Velásquez, fueron robadas; las campanas originales desaparecieron en 1962, y una de las pocas piezas artísticas originales que se conserva es la estatua de San Francisco de Borja, que fue restaurada por los lugareños en 1994. Actualmente se hacen obras de restauración general y el lugar es centro religioso de los pocos vecinos que celebran allí la fiesta del santo el 10 de octubre.
20. Calamajué o Calagnujuet (1766-1767)
Con la presencia en San Borja de dos misioneros más, el padre Linck tuvo oportunidad de hacer exploraciones muy importantes desde su misión hacia el norte de la península, de lo cual se habla
en capítulo posterior, y en uno de sus viajes conoció el arroyo de Guiricatá, después llamado Vellicatá, y consideró que el paraje era propio para fundar una misión; sin embargo, quedaba casi a 270 Km. de San Borja, por lo que se pensó en buscar algún sitio intermedio que sirviera no sólo de escala entre las dos misiones, sino también de apoyo militar en caso de un ataque de los indios, que de otro modo podrían cortar fácilmente la comunicación con San Borja y Guiricatá.

Relaciones geográficas de Calamajué.
Adaptación por A. P. A. en mapa de Google Earth
- Misión de Calamajué.
- Arroyo de Calamajué o Calagnujuet.
- Bahía de San Luis Gonzaga.
- Arroyo de Cabuja-kaamang.
- Misión de Santa María.
- San Luis actual.
- San Fernando Vellicatá.
- Arroyo San Fernando, antes Guiricatá.
- Bahía del Rosario.
- San Juan de Dios.
El único lugar para la misión intermedia había sido descubierto desde 1753 por el padre Fernando Consag, en la parte alta del arroyo de Calagnujuet o Calañujuet, y se encontraba a los 29º 25´ N., aproximadamente a 120 Km. de San Borja y a unos 25 Km.de la costa del golfo, en una de las zonas más áridas de la península. Quizá los jesuitas se apresuraron en el juicio sobre el lugar seleccionado, pero no quisieron esperar más tiempo y finalmente, obedeciendo órdenes del padre visitador Lamberto Hostell la misión fue fundada el 14 de octubre de 1766116 por los padres Victoriano Arnés y Juan José Díez cerca de la sierra o mesas Jubay, habiendo bautizado a dos niños en su primer día de estancia en el paraje; además, el capitán indio Juan Nepomuceno, que ya se ha mencionado antes, llevó de San Borja a 50 nativos que aunque ya habían sido catequizados, por ser del área de Calagnujuet se cambiaron a ésta nueva misión. Las construcciones que se levantaron fueron una capilla, un almacén para víveres y una casa, todo de adobe y techo de tule, de lo anterior, sólo el almacén tenía puerta, lo que da idea de la escasez de la madera en aquel lugar. Los dos valerosos misioneros se mudaron a su nuevo puesto acompañados esta vez por 10 soldados y los 50 neófitos de esa región que ya se habían bautizado en San Borja.
La mansedumbre de los indios cochimíes que se presentaron con los misioneros facilitaron los trabajos iniciales, aunque luego surgirían varias dificultades, sobre todo debido a que el agua era de muy mala calidad por el exceso de compuestos de azufre con cobre y hierro que llevaba la corriente, y aunque los nativos la consumían sin sufrir daño aparente, los misioneros y soldados tenían que traer el líquido a lomo de bestia de unos aguajes distantes 2 Km. de la misión, El padre Díez tuvo que dejar su cargo al enfermarse, habiéndose destinado después a La Purísima.
A pesar de la docilidad de los cochimíes que mencionancasi muchos historiadores, aquí, como después sucedió en regiones más septentrionales, hubo serias muestras de descontento entre algunos indígenas, no sólo porque con la presencia de los misioneros los shamanes o “doctores” veían amenazado el papel protagónico que tenían en las rancherías, lo cual sucedía siempre, sino porque a los varones no les parecía que las mujeres jóvenes se convirtieran al cristianismo y dejaran sus antiguas costumbres. Fue por eso que en la primavera de 1767, algunos indios de la ranchería de Calañujuet planearon asesinar al misionero y los soldados y solicitaron ayuda a los de la ranchería norteña de Guiricatá para dar el golpe; sin embargo, estos rechazaron la propuesta por conocer al padre Wenceslao Linck, quien al año anterior los había visitado en una exploración hacia el norte.
Por aquel tiempo el padre Arnés, acompañado entre otros por Juan Nepomuceno, había viajado al arroyo de Cataviñá, hoy Cataviña, a unos sesenta kilómetros al noroeste de Calamajué, en la permanente búsqueda de lugares con agua y tierras cultivables, y sí encontró agua suficiente en aquella corriente que se dirigía al Océano Pacífico, pero no había tierras disponibles para el cultivo. y en estos quehaceres se ocupaba el misionero cuando recibió mensaje de que un neófito recién bautizado había estado a punto de ser asesinado por indios de la ranchería de Calañujuet, pero que providencialmente había escapado al ser defendido por un pariente, esto aparte de otras tropelías que habían cometido contra los cristianos. Cavilando el padre en las pocas opciones que tenía para aplacar a los insurrectos, se le presentó Juan Nepomuceno y le informó que él, habiendo sabido antes de aquellos ataques, había mandado a hombres armados de arco y flecha, y que ya habían sometido a los facinerosos.
El 26 de mayo de 1767 Arnés y sus exploradores volvieron sus pasos hacia el paraje que los indios llamaban Cabuja-kaamang o Cabuja-Camang, que significa Arroyo de Peñascos, que era el único lugar en donde se podía cambiar la misión, y hasta allá se trasladó poco después con el nombre de Santa María de los Ángeles, o simplemente Santa María, por contener el arroyo agua de mejor calidad que la de Calagnujuet. Al día siguiente arribaron los prisioneros y sus captores, y todos se regresaron a la misión de Calamajué; los delincuentes fueron castigados con ocho latigazos, tras lo cual se les perdonó el delito gracias a la intervención del misionero en favor de los prisioneros117; éstos fueron conquistados por el trato generoso del padre, acabaron por aceptar la enseñanza de la doctrina, y con el tiempo se bautizaron junto con sus parientes. En menos de un año que la misión estuvo en Calamajué, Arnés bautizó a 200 personas entre niños y adultos118, pero la mala calidad del agua que ni para riego servía119, obligó al cambio mencionado en 1767. Calamajué siguió siendo por un tiempo una especie de escala forzosa para los viajeros que se dirigían a la Alta California procedentes de Loreto. Del establecimiento original de Calamajué a orillas del arroyo del mismo nombre hoy sólo quedan montículos de tierra como restos de los muros de adobe.
21. Santa María de Los Ángeles (1767-1768) y visita de San Luis Gonzaga
La historia de Calamajué y Santa María de los Ángeles, en ciertos aspectos, es como un símbolo de la etapa jesuítica en California que refleja, en mayor o menor grado, lo acaecido en gran parte de las misiones de los ignacianos que podría resumirse en lo siguiente: un enorme esfuerzo y sacrificio que llegó a conducir a algunos misioneros hasta la muerte; el logro del objetivo fundamental de su estancia en aquella frontera que era salvar almas, quizá no todas, pero una que fuera valía la pena; la incomprensión de los gobiernos de la Colonia que sólo en raras ocasiones se mostraron generosos con la Compañía; y salvo algunas excepciones, el grave problema de la falta de agua y tierra cultivable, que ha trascendido hasta la fecha y se resiente en todas la comunidades peninsulares.
Santa María fue la última misión que establecieron los jesuitas en la península, cuando el padre Victoriano Arnés dejó la misión de

Fotografía tomada aproximadamente en 1905 por Arthur North. Estas ruinas corresponden a la edificación levantada por el padre franciscano Juan de Medinabeitia. Incluía la iglesia con techo de tule, dos cuartos y una troje, todo de adobes.
Calamajué y se trasladó al lugar cercano al arroyo Cabuja-kaamang, a unos 140 Km. al noroeste de San Borja, entre Cataviña y Bahía de San Luis Gonzaga, a unos 16 Km. al este del actual Rancho Santa Inés, en donde con la aportación de la Duquesa de Béjar y Gandía, en el mes de mayo de 1767 fundó la misión de Santa María de los Ángeles, construida primero de madera y techos de hojas de palma120, aunque después los franciscanos harían la construcción de adobe.
Cuando los jesuitas fueron expulsados, la misión contaba con 300 neófitos y 30 catecúmenos, la producción agrícola llegó a incluir algodón y trigo, lo cual se logró gracias a un acueducto cuyos restos aun existen, de la misión sólo quedan ruinas de sus muros, y aun se aprecia lo que fue un corral de piedra; frecuentes hallazgos de piedras para moler semillas y algunos petroglifos, son prueba de que la región estuvo bastante poblada desde tiempos muy remotos. Quizá de todas las misiones de la península, ésta presenta actualmente al viajero el reto más difícil para su acceso, por lo escabroso del camino.

Padre Francisco Palou
La misión estuvo en manos de los jesuitas hasta diciembre de 1767, y la recibió por los franciscanos Fr. Juan de Medinabeitia en mayo de 1768, poco después sus escasos bienes pasaron a San Fernando Vellicatá, fundada por fray Junípero Serra, distante unos 77 Km., y se convirtió en visita de San Borja121; pero el lugar siguió teniendo importancia, ya que desde Loreto continuaron enviándose por mar a la misión de visita cercana a la playa de San Luis Gonzaga, los víveres y objetos necesarios para el establecimiento de las misiones en la Alta California, ya en tierra se cargaban en bestias para transportarlos a la ex misión de Santa María de los Ángeles, de donde se llevaban a Vellicatá, y de aquí a San Diego. Se reproduce a continuación parte del escrito del padre franciscano Francisco Palou, en el cual refiere la recepción que se hizo por su Orden de la misión de Santa María después de la salida de los jesuitas:
…Corrió esta misión a cargo de los padres jesuitas hasta últimos de diciembre de 1767, y a mediados de mayo la recibió a cuenta de este colegio el padre Fr. Juan de Medinabeitia, quien halló la misión tan a los principios que estaba sin iglesia, a la que dio mano luego y la hizo de adobes con techo de tule, y al lado de ella una vivienda con dos cuartos también de adobes y tule, y una trojecita para guardar los utensilios de la misión. Está a la altura de 30 grados 20 minutos… de la playa del Golfo de California como a diez leguas, que es la bahía de San Luis, a donde van a dar las lanchas que llevan el bastimento para la frontera, Está en una angostura, entre cerros altos de piedra blanca muy pelados, que no tienen más que algunas palmas en un arroyito. Es el sitio tristísimo y muy funesto. Tiene un planecito de tierra, pero toda salitrosa… pero la agua en tiempo de seca se escasea para regar dicha tierra. Está falta de pastos, se han sembrado algunos árboles y se han secado, se han registrado todos los contornos y no se ha hallado sitio alguno, ni para siembra ni para ganados, y el poco que tiene está pasteando en el rancho de San Borja, que son doce reses, tres caballos mansos y cuatro yeguas. Ganado menor no tiene, mulas mansas tiene veinte y seis, que sirven para el acarreo de los bastimentos de la playa a ésta y a Vellicatá. Por lo dicho, me informa el padre misionero que no es dicho sitio a propósito para misión, y esto mismo informan los que fueron con el primer trozo de la expedición de Monterrey, el señor capitán don Fernando de Rivera y los que le acompañaban. Y en vista de esto, determinó el ilustrísimo señor visitador general que dicha misión de Santa María mudase al paraje nombrado Vellicatá…
Cuando los franciscanos pasaron las misiones a los dominicos, fueron designados para atender Santa María y San Fernando Vellicatá los padres predicadores Pedro Gandiaga y Miguel Hidalgo. El 21 de mayo de 1773, el padre dominico fray Vicente Mora informó al virrey que los indios de Santa María ya se habían trasladado a San Fernando Vellicatá en donde se tenía agua abundante.
La historia de Santa María de los Ángeles, en ciertos aspectos, podría considerarse un símbolo de la etapa jesuítica en California que refleja lo acaecido en gran parte de las misiones de los ignacianos: un enorme esfuerzo y sacrificio que llevó a algunos misioneros hasta la muerte, el logro del objetivo fundamental de su estancia en aquella frontera que era salvar almas, quizá no todas, pero en su percepción religiosa del mundo una que fuera valía la pena; la incomprensión de los gobiernos de la Colonia que sólo en raras ocasiones se mostraron generosos con la Compañía, y salvo algunas excepciones, el grave problema de la falta de agua y tierra cultivable, que ha trascendido hasta la fecha.
El hermoso nombre de la misión y las evocaciones que produce no concuerdan con lo que su entorno físico fue en la realidad, uno de los territorios más inaccesibles y difíciles para vivir, y que aún en la época actual, por su difícil acceso es un desafío para el aventurero que pretenda visitarlo. Victoriano Arnés, el fundador de la última y más septentrional misión de los jesuitas en California duró 4 años como misionero, y después de la expulsión del 3 de febrero de 1768, residió en Italia hasta su fallecimiento ocurrido en Roma el 8 de julio de 1788.
Misión de San Luis, ¿Visita de San Borja?
El 20 de noviembre de 1765 Linck escribió un reporte al padre Juan Armesto sobre una exploración hacia el norte, en el que decía en parte El 1º. de agosto salí de esta misión de San Luis en compañía del Capitán, dos soldados españoles y dos alemanes…122. Ese mismo año había escrito una carta al padre Jorge Retz, y entre otras cosas expresaba: ….Muchos indios se habían asentado en la misión de San Luis, que está en la frontera con la región de las tribus de gentiles del norte 123
Esta y otras referencias de Linck a la “misión de San Luis”, que obviamente no se trata del centro religioso San Luis Gonzaga que se encontraba en el sur, obligan a pensar que debe haber existido una visita misional llamada San Luis en o al suroeste de la Bahía de San Luis Gonzaga, y tal vez otras más, como lo asegura el investigador norteamericano Michael W. Mathes124, entre el trayecto de 24 Km. que hay desde la playa sur de la bahía hasta el sitio que ocuparía Santa María de los Ángeles125. Es importante hacer notar lo anterior porque en la historia de las misiones jesuitas de Baja California nunca se menciona la existencia de esta misión de San Luis situada al norte, excepto el padre Wenceslao Linck, lo cual se trata enseguida.
La misión de San Luis al norte de San Borja, fue mencionada por el padre Wenceslao Linck en varias ocasiones al relatar su viaje a las bocas del río Colorado, y aparece en el registro del 10 de abril de 1766 lo siguiente El 10 llegamos a San Luis, en donde hallamos a nuestros “enfermos” sanos y salvos. Los indios gentiles me siguieron a la misión, y ya todos han sido bautizados. Sin embargo, en su anotación del día 18 del mismo mes, escribió: …El 18 de abril llegamos a la misión más septentrional, la de San Francisco de Borja 126, lo que negaría la existencia de una misión como tal en San Luis.
Hace algunos años, don Gorgonio Fernández, un pescador residente pionero en la Bahía de San Luis Gonzaga, descubrió cerca de la playa las ruinas de piedra de una edificación, y cerca de allí, un pozo cuidadosamente ademado con algo de agua salobre, cuyas piedras, según estudios hechos en California, fueron pegadas con una argamasa hecha con arena, huesos y conchas molidas con cal, semejante al mortero que acostumbraban los misioneros127. Es casi seguro que estas ruinas correspondan, si no a la citada misión, sí a alguna construcción relacionada con la misma.
Linck reportó a sus superiores la gran cantidad de indios que poblaban la región, y señaló que un misionero residente en San Luis o sus alrededores podría congregar un gran número de gentiles para su evangelización128. Todo lo dicho hace pensar que la llamada por Linck misión de San Luis pudo haber sido visita de San Borja, o simplemente una región densamente poblada de costa a costa a la altura de la bahía de San Luis Gonzaga, y que el misionero aspiraba a que en un futuro cercano se convirtiera en misión independiente.
Santa Isabel, una leyenda
Además de las misiones mencionadas en este capítulo, existe en el terreno de la leyenda una llamada Santa Isabel, la que fue supuestamente descubierta por un prófugo de la justicia en la vertiente oriental de la serranía, entre Calamajué y San Borja, y según lo que expresa Fernando Jordán en El Otro México, hasta hace unos 50 años, un indio llamado Manuel daba testimonio sobre la existencia de la mítica misión, aunque su edad le impedía llevar a viajeros y aventureros hasta el sitio en que se encontraba.
Nunca se han descubierto su edificación o sus ruinas, y lo más probable es que se trate de una fantasía elaborada por gambusinos y rancheros que se internaron en la península por el sur de la Sierra de Santa Isabel.

Xavier Clavijero, Op. cit., p. 125. En la misión de Ligüi, el misionero Pedro de Ugarte trataba de atraer la ayuda de los indios, sobre todo de los niños, con premios y competencias, y para hacer adobes, saltaba y bailaba con ellos en el lodo. ↩︎
F. X. Clavijero, op. cit., p. 241. En el dialecto de la lengua cochimí que se hablaba en la región cercana a San Ignacio, el Padre Nuestro se decía: UA-BAPPA AMMA-BANG MIAMU, MA-MANG-A-JUA HUIT MAJA TEGEM: AMAT-MATHADABAJUA UCUEM: KEM-MU-JUA AMMA-BANG VAHI-MANG AMAT-A-NANG LA-UAHIM. TEGUAP IBANG GUAL GUIENG-A-VIT- A-JUA IBAN-A-NANG PAC-KAGIT: MUHT-PAGIJUA ABADAKEGEM, MACHI UAYECG-JUA PAO-KABAYA-GUEM: KAZET-A JUANGAMUEGNIT-PACUM: GUANG MA-YI-ACG PACKABANAJAM. AMEN. Las diferencias en los diversos dialectos de la misma lengua cochimí dan idea de las dificultades que tuvieron que vencer los misioneros para comunicarse con los nativos. ↩︎
Archivo General del Estado; revista Siner (AGE-SINER); Dr. Salvador Vizcarra Schumm. ↩︎
Una de las más importantes agrupaciones que ayuda al gobierno federal en el rescate y restauración de las misiones de Baja California es la Asociación Civil “Mejibó”, cuyo domicilio es Mejibó, A.C., Apartado Postal No. 135-23940, Guerrero Negro, Baja California Sur. ↩︎
Significa mangle colorado en la lengua indígena del lugar. ↩︎
El estado de la Fortificación, es razonable: está cituada en la Encenada de S. Dyonisio á orillas del mar, en vn puesto llamado de los Naturales Conchó, y oy Loreto Conchó. Dicha Fortificacion consta de vna Trinchera, que está en quadro y es bastante para vna buena Plaza de Armas, y quarteles de los Soldados: á distancia de dos tiros de arcabuz está la Capilla de nuestra Señora de Loreto, y junto á ella la vivienda del P. Misionero, con oficinas, y vna buena huerta, con pozo dispuesto para Noria. La materia de la Capilla, casa del P. Misionero, y quarteles de los Soldados, es de adobe bueno, y sus techos de tixera. Respecto al personal del presidio, …Dexé también en Compañía del P. Rector Juan María diez y ocho Soldados con los Cabos, de estos son dos casados, y tienen allá á sus Mugeres, y hijos: dexé más, ocho personas, que son Chinos, y Negros de servicio y en las dos Lanchas llamadas S. Xavier, y el Rosario doze Marineros; fuera de estos, que dexé alla, ay otros doze Marineros que traxe con migo en el Navio S. Joseph … Píccolo, Informe y relación… Op.cit., pp. 8-9. ↩︎
Datos de las “Cartas de la Península de California, 1768-1773”, Editorial Porrúa, México, 1994; por Francisco Palou. ↩︎
Barco, Op.cit., pp. 398, 399, en sus correcciones a Venegas. ↩︎
Carta del padre José de Echeverría al marqués de Villapuente con informes de su visita a las misiones de California, Loreto, 28 de octubre de 1729. Colecciones Mexicanas, Biblioteca Nacional de México, Colección Archivo Franciscano (4/55.1, f. 1.-v), ficha 289. ↩︎
Lassepas, Op.cit., p. 179. ↩︎
Dunne, op.cit., p.398. ↩︎
Burro manadero es el que se deja entero para cargar a las hembras. ↩︎
Liguig, o Lihuig o Ligüig está a los 25º 44´ de latitud norte, en la costa del Golfo de California. El paraje era llamado Liguig por los monqui y Malibat por los cochimíes. ↩︎
La orden se hizo efectiva en California hasta 1768. ↩︎
Nieser, Albert Bertrand, O.P., Las fundaciones misionales dominicas en Baja California, 1766-1822; pp. 176, 177. ↩︎
Se refería al padre Fernando Consag. ↩︎
Barco, Op.cit., pp. 276, 277. ↩︎
Comondú Viejo está a 26° 16´26.94" N y 111°43´12.49" W. ↩︎
Informe del padre Julián de Mayorga al provincial de la Compañía de Jesús, Alejandro Romano, sobre los bienes temporales y adelantos espirituales de la misión de San José de Comondú. Colecciones Mexicanas, ficha 285. Biblioteca Nacional de México, México, 2003, hoja 1. ↩︎
Ibid., hoja 1 ↩︎
Ibíd.. ↩︎
Ibid. h. 6. ↩︎
Dunne, op.cit., p. 126,127. ↩︎
El cambio de Comondú Viejo a San Ignacio, que se empezó a llamar San José de Comondú, pudo haberse iniciado desde 1736, antes de que muriera el padre Mayorga. ↩︎
Palou, Noticias de la Antigua y Nueva California, parte I. ↩︎
El 20 de septiembre de 1830, el Jefe Político de Baja California José Mariano Monterde comunicó a los misioneros la decisión del gobierno de secularizar entre otras, la misión de San José de Comondú. ↩︎
Masten Dunn, “Black Robes…”, op.cit., p. 171. ↩︎
Barco, op.cit., p. 391. ↩︎
San Juanico se encuentra a los 26° 15’ de latitud norte en la costa occidental de la península. ↩︎
Dunne, op.cit., p. 390, ↩︎
Palou, Noticias. , Op.cit.. ↩︎
Ulises Urbano Lassépas, Historia de la colonización de la Baja California p. 341, Decreto del Ministerio de Relaciones ↩︎
El agua del arroyo se almacenaba en presas de tierra, y era conducida a la misión por medio de zanjas, en donde se recogía en un tanque de cal y canto. ↩︎
Venegas, Luyando, “Interrogatorio sobre la misión de San Ignacio que envía el padre Miguel Venegas al padre Juan Bautista Luyando …”, Archivo Franciscano, ficha 295, p. 2, Biblioteca Nacional de México, (4/60.1, f. 1-4v.). ↩︎
El padre Luyando llegó el 20 de enero de 1728 al paraje de Kadakaamán llamado San Vicente por los españoles, lugar que el propio Luyando bautizó luego como San Ignacio. ↩︎
Zevallos, Francisco, “The apostolic…”, op.cit., p. 58. ↩︎
Palou, Noticias. , Op.cit.. ↩︎
Ibid.. ↩︎
Bancroft, Hubert H., North Mexican States, p. 721. ↩︎
Arviña fue acusado por varios misioneros dominicos del norte de conducta indebida. Nieser, Op.cit., p. 223. ↩︎
Ibíd., pp. 449-451. ↩︎
La costumbre establecida en aquel tiempo era que las misiones de California contaran con dos embarcaciones a su servicio, una costeada por el rey y la otra por los misioneros jesuitas. Para cumplir éstos con su obligación, la balandra “Nuestra Señora de Loreto” o “Lauretana”, fue construida en Loreto por el padre procurador Jaime Bravo en 1740 y sirvió por muchos años a las misiones. ↩︎
Algunos autores, siguiendo a Venegas, dicen que el viaje se inició en 1721, pero es un error que prolijamente corrige Barco en su obra, en la p. 405. Además, cualquier duda se disipa al leer la carta del padre Ugarte al virrey Marqués de Valero, en la que le informa del viaje. Ugarte, “Carta del padre Ugarte...”, ficha 281, Op.cit., h. 1. ↩︎
Ibíd., h. 1. ↩︎
Barco, op.cit., p. 191. ↩︎
En el informe a fray Rafael Verger, Francisco Palou le dice que las crías del año pasado y veinte del anterior fueron devoradas por los leones. ↩︎
Barco, Op.cit., p. 303. ↩︎
Sales, fray Luis de. Noticias de la Provincia de Californias, 1794, por fray Luis Sales de la Orden de Predicadores, p. 84. José Porrúa Turanzas, editor, Madrid, 1940. ↩︎
Lasseépas, Op.cit., p. 185 . ↩︎
Informe del estado de la nueva cristiandad de California, que se imprimió en México por el padre Francisco María Píccolo con la real cédula inserta de 17 de julio de 1701. Edic. José Porrúa Turanzas, 1962. ↩︎
Nativos que habitaban la región comprendida entre La Paz y Todos Santos, rama de los guaycuras. ↩︎
“Lugar de Patos” en guaycura. ↩︎
Barco, Op.cit., p. 253, 254. ↩︎
Barco, Op.cit., p. 318. ↩︎
Niesser, Op.cit., p. 320, 321. ↩︎
El padre Nápoli llegó a Loreto en marzo de 1721. ↩︎
Nápoli, Ignacio María. “Breve relación de la nueva entrada al sur, en la copiosa gentilidad de la nación coras para la nueva fundación de la misión de Santiago de las Palmas, que fundó el Señor Marqués Don Joseph de la puente…”, Colecciones Mexicanas, Biblioteca Nacional de México, Colección Archivo Franciscano, (3/52.1, f. 1-9v.), ficha 286, México, D.F., hoja 3. ↩︎
Ibíd., hoja 3. ↩︎
Hay autores que señalan el 10 de agosto de 1721 como fecha de la fundación de la misión, pero en su manuscrito, el padre Nápoli afirma que salieron de La Paz a la bahía de Las Palmas el 17 de agosto y que tardaron 8 días en llegar, por lo no parece aceptable la fecha del 10 de agosto para la fundación. ↩︎
Nápoli dice textualmente refiriéndose a la llegada, *…no menos de ocho días gastamos por tierra…*Nápoli, “Breve…”, op.cit., ↩︎
Nápoli,. “Breve relación de…”, op.cit., hoja 7. ↩︎
Nápoli,. “Breve relación de…”, op.cit., hoja 9. ↩︎
Se infiere que la nueva ubicación de la misión quedaba cerca de lo que fue el Real de Santa Ana por lo que expresa Barco, op.cit., p. 153: …estableciéndose [el minero don Manuel de Ocio, yerno del capitán Esteban Rodríguez Lorenzo] en el paraje llamado Santa Ana, que está a la falda de la sierra, donde ella remata por la parte que mira al norte; donde muchos años antes tuvo la desgracia el padre Nápoli de caerse de la iglesia que acababa de fabricar, y se mudó de allí a fundar la misión en Santiago... ↩︎
Clavijero, op.cit., p. 158. ↩︎
Decorme, Gerard. La obra de los jesuitas mexicanos durante la época colonial, 1572-1767; II, 512 n. ↩︎
Barco, op.cit., p. 328. ↩︎
Hacer aguada significaba realizar las acciones y maniobras necesarias para cargar agua en una embarcación. ↩︎
Barco, Op.cit., p. 246, 247. ↩︎
Poblado a la orilla del río de ese nombre en lo que hoy es Nicaragua. ↩︎
Barco, Op.cit., pp. 324, 325, 327. ↩︎
Un sitio de ganado mayor equivalía en México al área de un cuadrado de 4190 m. por lado, igual a 1755 Has.. ↩︎
Carta del padre José de Echeverría al marqués de Villapuente sobre su visita a las misiones de San José y Santiago..., 12 de julio 1730. Colec. Archivo Franciscano. (4/55.2, f. 1v, -2v.), ficha 290, Biblioteca Nacional de México. ↩︎
Expresa Echeverría que las palmeras se secan cuando se les cortan los palmitos para comérselos, lo que los indios aprendieron de los soldados españoles que llegaron años antes. ↩︎
Quizá fue hasta 1740 cuando se estableció la “escuadra del sur” como destacamento militar permanente en San José del Cabo, aunque consistía sólo en unos diez o doce hombres. ↩︎
Al recibir los franciscanos las misiones jesuitas no había misionero de planta en San José del Cabo, pero el padre Ignacio ↩︎
Desde 1723 el padre Jaime Bravo estableció en Todos Santos una visita de La Paz. ↩︎
Barco, Op.cit., p. 245. ↩︎
Barco, Op.cit., p. 263. ↩︎
Harry W. Crosby, “Antigua California”, p. 407. ↩︎
La misión de San Luis Gonzaga se estableció en 1737, según Dunne, op.cit., p. 165. ↩︎
Burrus, “Jesuit… “, Op. cit., pp. 206, 207. ↩︎
Viajó más de 300 kilómetros desde el arroyo de Santa Rosalía, lugar situado más allá de la misión de San Javier, hasta el arroyo de La Pasión, que desemboca en la bahía Santa Marina, al sur de Bahía Magdalena (24º 23´N, 111º 33´ W) y que actualmente parece coincidir con el arroyo de Santa Rita. Después de llevar el evangelio a los gentiles que vivían en aquellos páramos, subió de regreso a Los Dolores por el mismo cauce, a principios de noviembre de 1743, y en mayo del siguiente año repitió el viaje, habiendo bautizado a muchos niños. ↩︎
También se ha mencionado por algunos autores que Hostell estuvo en San Luis hasta 1751. Ver Barco, Op.cit., n. 52 p. 263. ↩︎
Las misiones en las que sirvió el padre Bischoff además de San Luis Gonzaga fueron Santiago, Loreto, La Purísima y Todos Santos. ↩︎
Desde aquí ya se nota la permanente tendencia del misionero de estar comparando el mundo al que llegaba con Europa. Brief eines Elsässers an seinen Bruder in Schlettstadt," Patriotischer Elsässer (Strassburg and Colmar, 1777). Esta carta fue dirigida a su hermano el padre Stanislaus Baegert, fechada en San Luis, Septiembre 11, 1752. ↩︎
Utrera, José de. “Nuevo Estado”, p. 108. ↩︎
Baegert, Johann Jakob Observations in Lower California, traducido por M. M. Brandenburg y Carl L. Baumann; Berkeley: University of California Press, 1952. (Es traducción del Nachrichten von der amerikanishen Halbinsel Californien…). pp. 146- 147. ↩︎
Ibíd., pp. XVI, XVII. ↩︎
Ibíd., pp. XVI, XVII. Huet fue un célebre escritor y filósofo que se mostró partidario del escepticismo y los puntos de vista liberales y empíricos. ↩︎
Baegert, Op.cit., p. 5. ↩︎
Ibid., p. 21. ↩︎
Baegert, *Obseervations...*Op.cit., pp. 49, 50. ↩︎
Ibíd., Cap. X, p. 171. ↩︎
Lassépas, Op.cit., p. 107. ↩︎
Barco ya estaba en la misión de San Francisco Javier en 1739, pues en su obra señala al hacer una descripción pormenorizada de la pitahaya, que …en el invierno de 1739 a 1740, llovió varias veces en aquella tierra, y en una ocasión llovió tanto que, aun siendo lluvia suave, llegaron a crecer mucho los arroyos, cosa que, en 30 años sólo en ese invierno lo conocí. Barco, Op.cit., p. 80. ↩︎
INFORME Y RELACION SUCCINTA QVE DE LA NUEVA CONVERSIÓN , Estado, y Progressos de la CALIFORNIA Hizo, y Presentó A LA REAL AUDIENCIA DE GUADALAXARA, por su Orden, EL P. FRANCISCO MARIA PICOLO de la Compañía de JESUS. M. P. S., que se encuentra en el libro INFORME ON THE NEW PROVINCE OF CALIFORNIA, 1702. FRANCISCO MARIA PICCOLO, S.J.. Traducido y editado por George P. Hammond; Dawson Book Shop, Los Angeles, 1967. En el libro que se menciona, se encuentra fotocopiado el trabajo original de Píccolo. ↩︎
Gertrudis de la Peña nació en Valle de Muriedas, Santander, España, en 1660; murió en México en 1739. ↩︎
Crosby, Harry W., “The Cave Paintings of Baja California”, Sunbelt Publications, San Diego, 1997, p. 81. ↩︎
En el libro de bautismos de San Ignacio con los datos de 1743 a 1749, aparecen registros hechos por Consag de centenares de indígenas pertenecientes a rancherías del paraje que después sería la misión de Santa Gertrudis. ↩︎
Dunne afirma que nació en Conflanz. Dunne, op.cit., p. 377. ↩︎
Barco, Op.cit., p.278. ↩︎
Barco, op.cit., p. 203. ↩︎
Nieser, Op.cit., p. 91. ↩︎
Bancroft, Hubert H.; North Mexican States, p. 718. ↩︎
Nieser, Op.cit., p. 407. ↩︎
Barco, Op.cit., p. 288. ↩︎
Barco, Op.cit., p. 297. ↩︎
San Borja tiene a su oriente a Bahía de los Ángeles, a medio día de camino. Barco, Op.cit., p. 296. ↩︎
La palabra “decente”, además de su significado común, quería decir en aquel tiempo “aceptable” o “no tan mal”. ↩︎
Barco, Op.cit., p. 347. ↩︎
Wenceslaus Linck´s Reports and Letters, 1762-1778, Dawson Book Shop. Los Angeles, 1967, pp. 26-29. ↩︎
La isla carece de aguajes o arroyos, las lluvias son muy raras y reducidas, pero aun así en algunos lugares hay cactus y zacates propios del desierto sonorense, ratones, murciélagos, y reptiles como lagartijas y víboras. ↩︎
El lugar en donde sí pudieron desembarcar debe haber sido bahía de Las Ánimas. ↩︎
Barco, Op.cit., p. 312. ↩︎
Archivo General de la Nación, México, Provincias Internas, v.1, exped. 11, f. 352. ↩︎
Barco, op.cit., p. 347. ↩︎
Era práctica común en los jesuitas de California que el misionero se pusiera de acuerdo con el cabo de la escolta para interceder públicamente a favor de delincuentes que recibían castigo por algún delito cometido, lo que generalmente les granjeaba agradecimiento y simpatía de parte de los nativos. ↩︎
Barco, Op.cit., p. 347. ↩︎
Ibíd.., p. 348. ...se cubría la tierra de una tez blanca ... y se secaba la siembre. ↩︎
Las palmeras rojas que hay en esta región son propias para edificar, diferentes de las del sur que no tienen tal aplicación. ↩︎
Cuando en 1818 San Borja se termina como misión, Santa María deja de recibir cualquier asistencia religiosa. ↩︎
Burrus, Ernest J.. “Wenceslaus Linck´s Reports & letters, 1762-1778”, p. 32. ↩︎
Ibíd., p 29. ↩︎
Aun aceptando la veracidad de lo dicho por Mathes, el San Luis de esta parte del diario de Linck debe haber estado casi equidistante de los dos litorales, o al menos su zona de influencia, pues el misionero menciona el arroyo San José como una potencial fuente de agua para pastorear ganado, y este arroyo nace casi por donde pasa la Carretera Transpeninsular y desemboca en el Océano Pacífico. Además, el Dr. Ives, investigador frecuentemente citado por Burrus, consideró que el San Luis de Linck estaba en o muy cerca de Jaraguay, aproximadamente a los 29° 37’ de latitud norte; el arroyo de ese nombre se dirige al Océano Pacífico. Es muy probable, entonces, que el citado lugar coincida con el San Luis actual que está en la Carretera Transpeninsular ↩︎
Tapia Landeros; Revista Calafia, op.cit., pp. 54-57. ↩︎
Linck, Wenceslao, en edición hecha por Ernest J. Burrus, S.J. con el título de Wenceslaus Linck Diary of his 1766 Expedition to Northern Baja California, Translated into English. Dawson Book Shop. Los Angeles, 1966. Trad. A. Ponce Aguilar. ↩︎
Ibíd.; pp. 54-55. ↩︎
Linck bautizó a muchos gentiles al pasar por San Luis de ida al Colorado, y también lo hizo al regreso, sobre lo que expresó que los indios “lo siguieron” a la misión para ese efecto. Puede pensarse entonces que los nativos y el misionero salieron de San Luis algún lugar cercano en donde se ubicaba la misión. ↩︎