Antonio Ponce Aguilar

De Cueva Pintada a la Modernidad
Capítulo I: 
Prehistoria

…Mañana partiremos, todos nos iremos por entre la sierra y el mar siguiendo a los caribúes y mamuts, a los caballos, bisontes y camellos, que se han alejado tal vez porque otros cazadores como nosotros, o el león de la montaña, también los matan, o porque el frío ha secado el pasto de que se alimentaban, pero tras ellos iremos, aprovechando los espacios sin hielo cercanos a la costa, los alcanzaremos para matarlos, y comer su carne y la médula de sus huesos…1

Los primeros americanos. Origen y rutas seguidas

Hay en la Baja California millares de sitios arqueológicos incluyendo cientos de pinturas rupestres, esperando el proceso investigador que descorra un poco más el velo tras el cual han permanecido, desde hace miles de años, como manifestaciones culturales de los grupos humanos que formaron el tronco ancestral de los antiguos californios. De esa niebla que oculta tan remoto pasado, han ido surgiendo imágenes menos borrosas, no sólo de su presencia en estas tierras, sino también de su origen, al irse confirmando las rutas por las que los primeros pobladores llegaron al umbral de la península procedentes de Siberia, según las opiniones más aceptadas.

Se han encontrado en Asia muchos hallazgos que demuestran la presencia de seres humanos que se dedicaban a la cacería de los grandes mamíferos de la época glacial, en un frente que se extendía desde el Río Obi y los montes Altai, hasta la costa del Pacífico en China y Siberia, con antigüedades calculadas entre los veinte mil y cien mil años antes del presente (A.P.)2, de los que basta citar las cuevas de Strashnaya, Bogd, Choybalsan, cueva Denisavaya, Bobkovo, etc. Es probable, entonces, de acuerdo con evidencias arqueológicas, genéticas y lingüísticas, que algunos descendientes de estas bandas de cazadores emigrasen a América pasando por Beringia, nombre dado por los arqueólogos y geólogos a un puente terrestre de mil seiscientos Km. de ancho, que quedó al descubierto hace unos veinte o treinta mil años, al culminar la última fase de la edad glacial, y descender el nivel del mar significativamente.

Se sabe que las glaciaciones han sido enfriamientos del planeta en los que se producen capas de hielo de varios kilómetros de espesor, las cuales han cubierto los continentes de costa a costa, desde los cuarenta grados de latitud hacia los polos, aunque la extensión de estas zonas heladas ha sido menor en el hemisferio sur. En el último millón de años, los hielos han llegado a su máximo aproximadamente cada cien mil años, con ciclos de aumento y disminución de veintitrés mil y cuarenta y un mil años. La última glaciación tuvo su pico entre los catorce mil y diecinueve mil quinientos años A.P. Este sube y baja de los glaciares implica la repetición de las variables climáticas y geológicas que pudieron propiciar, con lapsos de miles de años, la formación del puente entre Asia y América.

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Probables rutas de los primeros inmigrantes a América, sitios arqueológicos y su posible antigüedad en años antes del presente

  1. Mesa de Alaska, 11,700, A. P.
  2. Old Crow; 27,000, A. P.
  3. Driftwood Creek; Alaska; 11 a 18,000, A.P.
  4. Nenana; Alaska; 11 a 12,000, A. P.
  5. Estrecho Hecate, cercano a la isla Charlotte, Columbia Británica; de aquí se sacó un artefacto de 10,000 a 12,000 años de antigüedad que se encontraba sumergido a 52 m. abajo del mar.
  6. Isla Santa Rosa, California; 10 a 13,000 (la mujer de Arlington).
  7. Clovis, Nuevo México, y sitios cercanos; 12 a 13,000, A. P.
  8. Meadowcroft (resguardo rocoso), Estados Unidos; restos de una canasta; 12,900, A. P.
  9. Montañas Calico, Estados Unidos; restos de hoguera y artefactos líticos; 18 a 50,000; no hay consenso respecto a la antigüedad
  10. Tlapacoya, Tequisquiac y Valsequillo, México; 12 000, A. P..
  11. Pedra Furada,; esqueleto; 10 a 11 000 , A. P..
  12. Monte Verde, Chile; campamento, restos de una tienda hecha con pieles de animales, artefactos, huella de un pie humano, 12 500 a 14 700 A. P.. La gente de este lugar debió haber iniciado su viaje desde Norteamérica hacia el sur no antes de 15 700 años A.P., pues las capas de hielo anteriores a esta fecha cubrieron Alaska y Canadá. impidiendo el paso a seres humanos y animales.
  1. Beringia; puente terrestre que se formó varias veces en los últimos años al bajar drásticamente el nivel del mar por la formación de glaciares, lo que pudo permitir el cruce de Asia a América en diversas épocas separadas por milenios.
  2. Ruta de ingreso por Beringia.
  3. Zonas cubiertas por hielos y glaciares.
  4. Posible ruta marítima costera.
  5. Ruta más reciente hasta la isla Ellesmere.
  6. Ruta transatlántica de los vikingos. Visitaron América cuando ya el continente estaba poblado y fundaron colonias que no fueron permanentes.
  7. Ruta del Océano Pacífico Sur3
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Objetos líticos encontrados en Calico, en California, a unos 300 Km. al noroeste de Mexicali. Cort. de San Bernardino County Museum

La hipótesis de la ruta del Atlántico se debe, entre otros, a Walter Neves, de la Universidad de Sao Paulo, quien determinó que el esqueleto más antiguo encontrado en América al sureste de Brasil tiene una antigüedad de 13 500 años y se parece a los de aborígenes australianos y africanos4. Otra teoría de una ruta por el Atlántico afirma que la gran similitud entre los artefactos de Clovis y los encontrados en la Península Ibérica, en ésta con una antigüedad de 16 a 24 000 años, abre la posibilidad de que gente de Europa haya podido cruzar el mar en botes bordeando los glaciares que entonces cubrían el Mar del Norte.

Siempre se ha reconocido la similitud antropomórfica entre los aborígenes americanos y los asiáticos, parentesco que se hace más evidente al comprobar la semejanza entre los incisivos de hombres asiáticos del norte e indios americanos, ya que, a diferencia de los europeos, tienen forma de pala con excavamiento interior. Sin embargo, es casi seguro que las oleadas de las diversas tribus que pasaron por Beringia procedían de distintos lugares, y eran étnica, cultural y lingüísticamente diferentes entre sí. También se acepta que varios grupos raciales, entre ellos el negroide, se mezclaron en Siberia antes de que se dieran los primeros movimientos hacia América, y antes también de que pueblos de tipo mongoloide5, de cabeza redonda y nariz roma llegaran al noreste de Asia. Por eso es que estas características no se encuentran en los restos humanos más antiguos de América, incluida la península californiana. Otras oleadas de mongoloides llegaron después, poseedores de una cultura más desarrollada, o quizá trayendo con ellos la tecnología que les permitió crear sociedades más avanzadas que las de los antiguos pueblos de cráneo dolicocéfalo, primeros colonizadores del Nuevo Mundo.

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Cort Scientific American, Feb 1989

Investigadores como Luigi Luca Cavalli-Sforza6 han comprobado que el árbol genealógico de las poblaciones humanas elaborado sobre la base de la similitud de sus genes, se corresponde con otro que relaciona sus lenguajes, y estas huellas genético lingüísticas forman claras rutas que provienen de Asia, entran a América, y en lo general se dirigen al sur, excepto por una penetración relativamente reciente (4,500 A.P.) que atraviesa el norte de Canadá hasta llegar a la isla Ellesmere, al noroeste de Groenlandia7.

El 16 de febrero de 1998, Johanna Nichols, experta en lenguas aborígenes de la Universidad de Berkeley, California, aportó su opinión en la Convención de la Asociación Americana Para el Avance de la Ciencia, en el sentido de que la población lingüística del Nuevo Mundo tiene cuarenta mil años de antigüedad, lo que no significa que esa sea la antigüedad de los más antiguos pobladores de América, y que fueron cuatro ingresos separados de colonizadores asiáticos los que se efectuaron, tres anteriores a la última glaciación, que llegó a su máximo hace diecinueve mil años, y una cuarta oleada formada por la población esquimo - aleutiana hace unos cinco mil años. Resulta interesante que Harumi Fujita encontró conchas manipuladas en la isla “Espíritu Santo” de Baja California Sur también con antigüedad de 40,000 años.

Algunos de los restos arqueológicos de más antigüedad describen una trayectoria que se orienta por el oeste de Norteamérica, y uno de sus extremos terminales se encuentra al norte de Baja California, aunque también parece existir una ruta central, la cual podría deberse, de acuerdo con el Dr. Nathaniel W. Rietter y otros investigadores, a que las capas de hielo que en cada glaciación bloqueaban casi totalmente el paso hacia el sur, siempre dejaron un corredor libre de glaciares de unos ciento sesenta Km. de ancho al este de las montañas Rocallosas, por el que pasaban grandes rebaños de animales, y tras ellos, grupos humanos de cazadores. El no haberse encontrado suficientes pruebas de sitios ocupados por seres humanos en este corredor, ha hecho que algunos arqueólogos se inclinen más por una ruta costera, y aun marítima8, y varios geólogos en Canadá han llegado a la conclusión que el “corredor sin hielo” no existió en aquella época, y que el paso libre de glaciares entre Beringia y el sur de la zona helada se estableció hasta 13 020 A. P9. Por otra parte, hace unos 16 800 años comenzó la deglaciación de la costa noroeste de Norteamérica, lo que pudo permitir a seres humanos colonizar regiones costeras 15 350 años A. P..

Aunque la mayor parte de las evidencias lingüísticas y biológicas indican que los primeros americanos provenían del noreste de Asia, hay investigadores como Dennis Stanford y Bruce Bradley que han documentado conexiones tecnológicas entre las culturas de Clovis y pueblos primitivos del sur de Europa, y proponen la hipótesis de que cazadores y pescadores del viejo mundo pudieron haber navegado por la orilla del helado Océano Atlántico para llegar a las costas nororientales de América, y otra tentadora hipótesis transcontinental dice que pudo haber contactos prehistóricos con pueblos de Australia y Polinesia, o aun de África, los que quizá visitaron y colonizaron tierras americanas10, además de ser un hecho aceptado que navegantes procedentes de la Península Escandinava llegaron al noreste de América hace más de 1 000 años, aunque ya entonces el continente estaba poblado y las colonias que establecieron no fueron permanentes. De todo lo dicho, la procedencia asiática constituye la hipótesis más aceptada, aunque no excluye a otras.

El avance de estos primeros pobladores hacia el sur debe haber s ido muy lento. David Meltzer, arqueólogo de la Universidad Metodista del Sur de Dallas, dice lo siguiente: Estaban explorando un medio cada vez menos familiar, tenían que encontrar agua, reconocer las plantas comestibles, las que podrían serles útiles y las peligrosas, tenían que cruzar formidables barreras y padecer nuevas enfermedades, todo esto mientras criaban a sus hijos… esto llevaba tiempo, el necesario para producir nuevos patrones de adaptación11. Además, tomando en cuenta la antigüedad del asentamiento prehistórico de Monte Verde descubierto en 1976 al sur de Chile, habitado hace unos doce mil quinientos años (quizá más antiguo que Clovis, en Nuevo México); y el tiempo que tuvieron que emplear sucesivas generaciones descendientes de los primeros seres humanos que atravesaron Beringia, para moverse por más de quince mil Km. hasta arribar al extremo sur del continente, se puede inferir que las primeras avanzadas asiáticas llegaron a América hace unos veinte mil años cuando menos, antes de que se formaran las capas heladas que impidieran el avance hacia el sur, y que miles de años después pudieron ocurrir nuevas penetraciones.

Los hallazgos de huesos y piedras que fueron cortados o modificados por manos humanas, se han encontrado desde el valle del Yukón en Alaska (Old Crow) hasta sitios en la Patagonia, con antigüedades que van de los nueve mil a los veinte mil años y aun más. Algunos de los más antiguos sitios arqueológicos están al suroeste de los Estados Unidos, muy próximos al estado de Baja California. En la isla de Santa Rosa, que se encuentra a unos cuarenta y ocho Km. de la costa californiana, el arqueólogo Phil C. Orr, del Museo de Historia Natural de Santa Bárbara, encontró en el Cañón de Arlington, a unos once metros de profundidad, dos fémures humanos que tienen una antigüedad superior a los diez mil años12. En Laguna Beach, Calif., Howard Wilson encontró en 1968, en un baldío, un cráneo al que se le ha calculado una antigüedad de diecisiete mil ciento cincuenta años (más menos 1470); en Del Mar, Calif., James L. Bischoff y Robert J. Rosenbawer, según un reporte de “Science”, en 1981 encontraron restos de esqueletos de seres humanos que vivieron ocho mil años A.P.; y en un barranco de dieciocho metros de profundidad, cerca de la frontera con Baja California, Morlin Childers y Herbert Munsell, del Museo del Valle Imperial, Calif., descubrieron herramientas de piedras trabajadas por seres humanos en un terreno geológico datado entre los cincuenta mil y cien mil años A.P., y aunque esta antigüedad se refiere al terreno, tiene que pensarse que los hallazgos del lugar deben pertenecer a un pasado muy remoto.

Al este del poblado norteamericano de Barstow, cerca de la frontera con Baja California, se encuentra un sitio arqueológico llamado Calico, en el desierto de Mohave, que ha sido investigado por científicos de renombre como Louis Leakey y la arqueóloga del Museo de San Bernardino Ruth de Ette Simpson; aquí se han encontrado miles de piezas de piedra que han generado un debate sobre si son objetos naturales o creados por la mano del hombre, y son muchos los arqueólogos que se inclinan por esto último. Los objetos encontrados son variados, abundan las puntas de flechas o lanzas, y en todos se observan muestras de percusión que dejaron las características huellas cóncavo convexas por ambas caras, y que sólo pueden ser resultado del golpeteo cuidadoso con otras piedras de igual o mayor dureza. Los depósitos aluviales en que se han encontrado estos objetos tienen una antigüedad de 135,000 años, y han estado cubiertos por una capa sedimentaria que data de 100,000 años atrás, lo que permite asignar a los artefactos si no esta última antigüedad, sí, cuando menos, 50,000 años, según las estimaciones del Dr. Leakey; además, a una profundidad de 71 m. se encontraron cenizas de una hoguera circundada por piedras13, y a 46 metros bajo el suelo se hallaron fragmentos óseos de mamut que por el método del carbono 14 dieron una existencia anterior a los 50 000 años. Por diversas causas, los trabajos en Calico no han seguido un ritmo constante, pero de confirmarse la mínima antigüedad de 50,000 años A.P. para la presencia humana en la región14 se modificarían radicalmente las diversas teorías sobre el origen del hombre americano. Otro hallazgo antiquísimo es el efectuado por la arqueóloga japonesa Harumi Fujita, del INAH, en la isla Espíritu Santo de la Bahía de La Paz, quien encontró en una covacha conchas de moluscos bivalvos, algunos de hábitats diferentes, que indudablemente sirvieron de alimento a quienes habitaron el lugar, y artefactos líticos que incluyen puntas de proyectiles y piedras de molienda; las conchas abiertas investigadas en los laboratorios del INAH y “Beta Analytic”15 dieron una antigüedad de 40,000 años A.P. utilizando el método del C 14, lo cual deberá confirmarse con más investigaciones para que los científicos extranjeros acepten esos resultados.

Estos y otros sitios arqueológicos importantes que se han encontrado en la ruta prehistórica más antigua hacia Baja California hacen pensar que los primeros californios llegaron a la península miles de años antes de que arribaran los españoles, quizá desde doce a cuarenta mil años A.P, o aun antes. No se sabe qué impulsó a los primeros inmigrantes a penetrar a la península, pero pueden considerarse algunas de las siguientes razones:

  1. El clima obligó a hombres y animales a moverse hacia el sur en busca de temperaturas más benignas, cuando descendieron los glaciares hasta latitudes cercanas a los 32 grados.
  2. Pueblos más avanzados y con mejores armas los obligaron a huir hacia el sur.
  3. Emigraron en busca de mejores oportunidades para la caza, la pesca y la recolección.

Esta última hipótesis resulta poco probable si se considera aisladamente, ya que el agua, la flora y la fauna siempre han sido más abundantes de los 31 ó 32 grados hacia el norte, por lo que no tenían que abandonar un lugar de abundancia para adentrarse en los inhóspitos parajes peninsulares. La segunda hipótesis podría tener relación con una tradición de los cochimíes, la cual menciona una nación de gigantes que llegó del norte, además de que los pueblos de cráneo hiperdolicocéfalo, identificados con los menos avanzados culturalmente, vivieron en el extremo sur de la península, hasta donde pudieron haber sido empujados por etnias más desarrolladas.

La primera proposición tampoco puede descartarse, ya que se han encontrado en la península varios restos de animales como el mamut16, propios de la época glacial, aunque faltaría establecer con más precisión la antigüedad de estos hallazgos. Los más antiguos pobladores de que se tenga noticia dejaron pinturas y petroglifos en cuevas y resguardos rocosos en las sierras de la península, sobre todo y más brillantemente, en las de San Borja, San Juan, San Francisco y Guadalupe, casi siempre en lugares cercanos a arroyos, como el de San Gregorio y San Pablo. Al norte del Estado de Baja California son notables las pinturas rupestres de Vallecitos, en el municipio de Tecate, y las de Valle de Guadalupe, al noreste de Ensenada., aunque son representaciones simbólicas de menor contenido estético que las del centro de la península.

Cueva Pintada

Se presenta enseguida un breve estudio sobre Cueva Pintada, una de las pinturas rupestres más notables del país por sus dimensiones y valor artístico, situado en la Sierra de San Francisco, casi a la mitad de la península, lugar que desde diciembre de 1993 fue nombrado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, considerando sus extraordinarios murales prehistóricos y el paisaje de incomparable belleza que les sirve de digno escenario. En una pared rocosa que se encuentra en el costado noreste de la barranca del Arroyo San Pablo, regionalmente conocido como Santa Teresa y que hace años se llamaba Salsipuedes, a unos 35 m. del fondo, hay una oquedad de 150 m. de largo, una profundidad máxima de 12, y un techo bajo en su mayor parte, aunque en algunos lugares está a más de 10 m. sobre el piso; los lugareños, desde el siglo diecinueve, bautizaron el lugar como Cueva Pintada.

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Descendiendo al arroyo de San Pablo

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Acceso a Cueva Pintada

  1. Sierra de San Juan
  2. Sierra de San Francisco
  3. Estado de Baja California
  4. Estado de Baja California Sur
  5. Desierto de Vizcaíno
  1. Guerrero Negro.
  2. El Arco.
  3. Santa Gertrudis.
  4. Carretera Transpeninsular.
  5. Camino a Santa Gertrudis.
  6. Arroyo de San Pablo.
  7. Cueva Pintada.
  8. San Francisco de la Sierra.
  9. Volcán de Las Tres Vírgenes.
  10. Camino a San Francisco de la Sierra.
  11. Golfo de California.
  12. Laguna Ojo de Liebre.
  13. San Ignacio.

La antigüedad que el INAH17 consigna para las pinturas en una placa que está frente a la cueva es de 10,000 años18, aunque no cita la técnica empleada en la investigación, pero estudios científicos en el fragmento de una pieza textil encontrada en las cercanías del lugar, dan una antigüedad de 3,000 años A.P.; además personal del mismo proyecto encontró huesos humanos en un lugar llamado Cueva de León, los cuales fueron pintados de rojo y negro, lo que podría implicar un simbolismo místico religioso de esos colores en aquel pueblo de pintores. Investigadores de la Universidad de Barcelona, por el método del carbono radioactivo, encontraron para los pigmentos del león negro de Cueva del Ratón, muy cerca de San Francisco de la Sierra, una antigüedad de 4,845 más menos 60 años, A.P., y por su parte, el doctor Clement Meighan atribuye a las pinturas de la cercana región de Comondú una antigüedad de 1,432 más menos 80 años.

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Perspectiva de Cueva Pintada

En su extremo izquierdo, en el centro y lado derecho de la fotografía. De lo alto se ven pequeños bosques de palmeras nativas. En el fondo del barranco, las palmeras que se apreciaban pequeñas desde lo alto alcanzan alturas de más de 15 m.. Es probable que los artistas las usaron para fabricar andamios que les permitieron pintar las partes altas del mural

La única referencia testimonial sobre la gran antigüedad de las pinturas la dieron los cochimíes a los jesuitas; el padre José Mariano Rothea, de la misión de San Ignacio, hizo un relato escrito que incluyó Miguel del Barco en su obra Historia Natural y Crónica de la Antigua California19, en la que narra la tradición cochimí sobre la procedencia de los pintores: los indios de la misión afirmaban que un pueblo de gigantes que venía del norte había llegado hasta la península; algunos se establecieron en la costa del Mar del Sur20 y otros en la sierra, e hicieron las pinturas rupestres; sin embargo, los miembros de aquella nación se mataron entre ellos, además de que los propios ancestros de los cochimíes contribuyeron a su aniquilamiento.

Es inaceptable como verídica en su totalidad la tradición cochimí, pero no es descabellado pensar que una rama ancestral de los yumas, cuya elevada estatura sorprendió a los españoles21, haya llegado a las serranías californianas en donde realizaron su obra artística, y con el paso de los siglos o milenios, después de su desaparición, algunas de las antiguas etnias cochimíes hayan forjado la leyenda de los gigantes, admirados por su gran corpulencia. Los misioneros jesuitas llegaron a conocer varias pinturas rupestres que encontraron en su peregrinar por las rancherías y misiones de visita22, pero nunca vieron Cueva Pintada por lo remoto de su ubicación y difícil acceso, ya que siempre viajaban por rutas sobre las altas mesas que se forman entre las cañadas; y sí es difícil el camino. Cortadas casi verticalmente entre estas mesas de la sierra, hay un laberinto de barrancas en cuyos profundos cauces corren a veces pequeñas corrientes o se forman pozas de agua cristalina, aunque las esporádicas tormentas las pueden convertir en torrentes impetuosos; frecuentemente se encuentran bosques de palmeras que se elevan a más de 15 m. de altura, pero que se empequeñecen al contrastarse con las paredes de los precipicios que, en algunos casos, llegan a medir más de 300 m. de la mesa al fondo del arroyo; y a los lados, los cardones, el palo Adán, el torote, nopaleras, pitahayas, mezcales y ocotillos se armonizan en un conjunto de singular belleza.

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Pinturas rupestres

A diferencia de las pinturas rupestres europeas, en las que predominan los animales, en las de la sierra peninsular abundan las figuras humanas, como se observa en esta fotografía de Cueva Pintada.

En el lado derecho de la cueva están las pinturas más bien conservadas, algunas mitad negro y mitad rojo, y otras de un solo color. Es notoria la disciplina a la que se sujetaron los artistas siguiendo siempre las normas establecidas, sobre todo en la proporción anatómica y postura de las figuras

El dinamismo de los animales contrasta con la rigidez de las figuras humanas. El venado, con la cabeza levantada y la boca entreabierta parece jadear al tratar de escapar de los cazadores en un último esfuerzo por salvar la vida.

De la Carretera Transpeninsular, poco antes de llegar a San Ignacio procediendo del norte, sale un ramal de terracería hacia el este, que conduce al poblado de San Francisco de la Sierra. Descender desde aquí hasta el arroyo de Santa Teresa es una aventura que puede tornarse peligrosa en muchas partes de la estrecha vereda, que por lo pedregoso y pronunciado de la pendiente permite solo el paso de bestias mulares y burros; bordeando descendentemente los precipicios se llega al fondo de la barranca, casi a la altura del rancho Santa Teresa. De aquí se sigue el pedregoso cauce del arroyo un poco hacia el noroeste por unos cuatro kilómetros, el viajero debe entonces apearse de las bestias y ascender a pie por una vereda que conduce hasta el lado izquierdo de la cueva, entonces el visitante empieza a contemplar las pinturas hechas en el respaldo rocoso y en el techo de aquella alargada oquedad de roca; una gran cantidad de figuras antropomórficas y de animales, a veces pintadas unas sobre otras, van apareciendo ante sus ojos todo lo cual se aprecia con comodidad gracias a un andador construido paralelamente al mural, con lo que, además, se impide a los visitantes el acceso físico directo a las pinturas. Al igual que en los numerosos murales rupestres de la región, los pigmentos que emplearon los artistas fueron el ocre rojo, el negro y un poco el amarillo, y para los trazos blancos usaron cal, que tal vez obtuvieron por la calcinación de piedras carbonatadas o conchas marinas, que al hidratarse produjeron la cal apagada; las investigaciones hechas demuestran que los pigmentos de color requirieron de algún aglutinante orgánico para poderse emplear, pero no el blanco. En el piso de la cueva se encuentran grupos de cinco o seis excavaciones, de unos 10 cm., en donde los artistas pusieron sus pigmentos pulverizados, y para pintar las partes altas es casi seguro que construyeron andamios con los troncos de palmeras que abundan en el cauce del arroyo, los cuales pudieron amarrar con cordeles de fibras vegetales.

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Pinturas rupestres. Descritas de izquierda a derecha

El venado y el borrego cimarrón son dos de los animales frecuentes en el gran mural. Los hombres y los animales, su vida y su muerte, fueron imágenes constantes en la mente de los primeros californios cuyos artistas se apegaban a normas específicas para plasmar tales vivencias en sus formidables pinturas.

Los pintores conocieron las ballenas.

A unos cientos de metros al suroeste de Cueva Pintada, está la Cueva de las Flechas, en donde la figura central es un hombre atravesado por siete flechas. ¿Qué mensaje o qué drama representaron los pintores en esta imagen?

Tres coyotes parecen trotar a lo largo de la roca en Cueva Pintada.

Casi todas las figuras se delinearon exteriormente con blanco o negro, y luego se rellenaron frecuentemente una mitad de rojo y la otra de negro, aunque a veces aparecen de un solo color; en algunos casos usaron estrías rojas o negras para llenar la figura, y en otros, como si tuvieran prisa, simplemente hicieron el contorno sin pintar su interior. El amarillo lo utilizaron un par de veces para dibujar una enigmática cuadrícula de dos por cinco cuadros, cuyo significado no se conoce. Los artistas de Cueva Pintada y de las demás pinturas rupestres del centro peninsular, salvo variantes poco significativas en el estilo que se aprecian de región en región, pertenecen a una misma escuela, cuyas normas se siguieron fielmente en lugares distantes y por generaciones, lo que habla de un pueblo que supo sujetarse a una disciplina rigurosa, y que fue capaz de una organización social que hizo posible la total dedicación al arte de una casta tal vez privilegiada.

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Pinturas rupestres. Descritas de izquierda a derecha

Borregos cimarrones, venados y figuras humanas se mezclan en un conjunto en el que contrasta el dinamismo de los animales y una especie de hieratismo antropomórfico.

Lo que pudiera representar la cría de un venado, aparece con un símbolo abstracto superpuesto formado por círculos concéntricos, y lo que tal vez son cuatro astros o manos. ¿Fue pintado todo por el mismo artista? Es probable, tomando en cuenta que cerca hay suficiente espacio de respaldo rocoso sin usarse.

Algunas de las características comunes en todas estas pinturas son las siguientes: al igual que en las pinturas antropomórficas del arte prehistórico europeo, las de la península no muestran detalles faciales o del cuerpo, además son casi siempre mayores que el tamaño natural, frecuentemente, como ya se ha dicho, una mitad del cuerpo se pintó roja y la otra negra, aunque también las hay de un solo color; todas muestran un ser humano de frente, con los pies separados y sus puntas hacia fuera, los brazos extendidos horizontales del hombro al codo y verticales del codo a la mano, formando un ángulo casi recto, no tienen cuello y algunas muestran un adorno en la cabeza consistente en dos o tres prolongaciones como si fueran plumas o pequeños cuernos, o quizá era un arreglo del cabello; las mujeres se diferencian por sus pechos que se proyectan hacia los lados desde un poco abajo de las axilas.

A la derecha, figuras de animales en Cueva Pintada que podrían ser conejos o liebres. Sus patas se diferencian de las que se pintaron en los venados, como es el caso de la imagen superior derecha de la siguiente página.

El intemperismo, y un respaldo rocoso cuya superficie tiende a la desintegración, han afectado más a las pinturas del lado izquierdo, en tanto que las del centro y extremo derecho de la cueva permanecen en muy buen estado.

En esta imagen humana, el pintor no siguió la reglas que caracterizan a casi todas las figuras de Cueva Pintada. A la izquierda se observa una cuadrícula amarillenta que tiende a lo abstracto, cuyo significado es desconocido. Foto: Antonio Ponce Aguilar.

A la izquierda, parte del conjunto rupestre cercano a Santa Gertrudis, en la que se muestra la misma escuela de los pintores de la Sierra de San Francisco. Los vándalos, el descuido y el viento se asocian para apresurar su destrucción. Arriba, imagen en Cueva Pintada de lo que parece ser una cría de venado bura, atravesado por una flecha. Foto: Antonio Ponce Aguilar.

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Pinturas rupestres a 55 Km. al norte de Cueva Pintada, en la serranía cercana a la misión de Santa Gertrudis

Lo que parece ser una fila de coyotes y otras figuras, se encuentran muy deterioradas por el vandalismo y la intemperie

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En este esquema de la fotografía que aparece en la página 24, de las ocho figuras humanas cinco son del sexo femenino, lo que es indicio que las mujeres no fueron miembros relegados a la indiferencia en la sociedad de los pintores. Aquí se observan las características comunes en todas las pinturas que se encuentran en las sierras a la mitad de la península: fuerza y corpulencia y los pies con las puntas hacia fuera. El adorno de tres puntas en la cabeza parece reservado a algunos hombres, mientras que en las mujeres, sólo excepcionalmente muestran un adorno de una sola punta hacia un lado, el cual también suele aparecer en algunos varones. En las pinturas rupestres de las sierras centrales de Baja California, se observan aspectos comunes correspondientes a la misma escuela, pero con algunas diferencias de región a región. En Cueva Pintada, por ejemplo, los artistas no pintaron los órganos sexuales, pero en las de Sierra de Guadalupe sí es frecuente esa distinción; por otra parte, en las pinturas de las serranías del sur se nota una frecuente tendencia a lo abstracto, lo que también sucede de Cataviña hacia el norte.

Muchas de las imágenes de la cueva se sobrepintaron encima de otras más antiguas, lo cual también se observa en Lascaux, Cabrerets y otros sitios en Europa, sin que el artista se preocupara por borrar las anteriores. Esto, para algunos investigadores, significa que al pintor le era tanto o más importante la acción misma de pintar que el resultado de su obra, cuyo valor estético se da por añadidura; sin embargo, quien contempla estas obras y percibe su belleza, el casi jadeo de los animales perseguidos y la impasibilidad de los humanos sin rostro, difícilmente aceptará esa hipótesis, el pintar pudo haber sido un acto ceremonial, pero también afectivo y de gran inspiración, además de que, como se mencionó antes, se tuvo mucho cuidado en seguir rigurosamente las reglas establecidas.

Las pinturas antiguas se ven borrosas, y las encimadas después más vivas en el color, lo que contribuye a producir, frecuentemente, un efecto fantasmagórico o de semitransparencia. A diferencia del arte prehistórico animalista de Europa, en los murales de Baja California son tanto o más numerosas las figuras humanoides; en la fotografía de la página 24 que muestra una sucesión de 14 siluetas, se incluye una mujer aparentemente embarazada, cuyo abultado vientre se pintó sobre una saliente semiesférica del respaldo rocoso, lo que produce un efecto estereoscópico en quien la contempla; unas borrosas estrías blancas sobre su pecho podrían indicar un adorno o prenda de ropa, y entre estas figuras destacan lo que parecen ser las imágenes de dos niños.

La fauna abarca venados y sus crías, borregos cimarrones, conejos, liebres, coyotes, aves, tortugas, y un monstruo marino con cuerpo de ballena que en lugar de cola tiene las extremidades posteriores de una foca. A diferencia de las figuras de personas congeladas en una postura rígida e inmóvil, la apariencia de movimiento se aprecia en todos los animales, que en algunos casos parecen trepar a saltos por la empinada pendiente que forma hacia afuera el techo de la cueva; casi siempre con la cabeza levantada, el hocico entreabierto, de perfil, y con las manos frecuentemente flexionadas, como en actitud de saltar, produciendo una impresión dinámica y de fuerte realismo.

Quienes primero tuvieron conocimiento de Cueva Pintada fueron los rancheros que inicialmente colonizaron esa región. Buenaventura Arce, quizá descendiente de un soldado español destacado en la península en tiempos de la colonia, solicitó del gobierno mexicano la concesión de terrenos en varias localidades para dedicarse al trabajo del campo; la respuesta fue favorable y se le concedieron títulos para los ranchos de Santa María en 1835, y San Francisco, San Zacarías y Santa Marta en 184023, otorgados por el jefe político Lic. Luis del Castillo Negrete.

Estando Santa Marta y San Francisco muy cerca del Arroyo de San Pablo y Cueva Pintada, Buenaventura pudo haber sido el primero en visitar el lugar, aunque no existen datos que confirmen el hecho , pero uno de sus nietos, Cesáreo Arce, fue quien, según la tradición familiar, estuvo por primera vez ante el gran mural, y de allí en adelante, otros rancheros de la sierra empezaron a visitarlo de vez en cuando; por su parte, don Pedro Altamirano contaba hasta hace poco que su padre, Francisco Altamirano, ya conocía las pinturas cuando él nació en 1890, lo cual lo sitúa, junto con Cesáreo, como uno de los posibles descubridores de Cueva Pintada24.

León Diguet, químico industrial que en 1889 empezó a trabajar para la compañía minera francesa que explotaba los yacimientos de cobre en Santa Rosalía, llevó a cabo, entre 1891 y 1894, las primeras investigaciones científicas de las pinturas rupestres y petroglifos de la península en más de 15 lugares, aunque su relación, publicada en 1895, adolece de inexactitudes e incurre en repeticiones, quizá porque algunas cosas las escribió basado en reportes que le hicieron los lugareños. Al término de sus exploraciones, donó al Museo del Hombre y al Museo de Historia Natural de París una colección de objetos encontrados en diversas localidades de la sierra, y su trabajo fue ampliamente reconocido, aunque nunca estuvo en Cueva Pintada.

Casi 50 años después, don Fernando Arce Sandoval estableció en el fondo del Arroyo de San Pablo el Rancho Santa Teresa, a unos 6 Km. de San Nicolás, de donde era su esposa, por lo que la vereda a lo largo del arroyo que unía las dos casas fue más transitada, y quienes la usaban tuvieron que ver la cueva cada vez que pasaban por allí, la cual fue conocida al poco tiempo por muchos habitantes de la sierra. Ya en los años sesenta del siglo XX, el norteamericano Erle Stanley Gardner, quien viajó a la sierra en helicóptero, abrió las puertas de La Pintada para que la pudiera contemplarla el mundo, al publicarse sus fotografías de las pinturas en la revista “Life”; pero quizá se debe a Harry W. Crosby el estudio más completo de los murales rupestres localizados en las serranías del centro peninsular; ya que visitó más de 200 cuevas con pinturas; además, en su libro: “The Cave paintings of Baja California” ha hecho una vigorosa exhortación al Gobierno de México y a los visitantes que acuden a las cuevas para que procuren la conservación e integridad de las pinturas, para que se conserven los nombres originales de los lugares en que se encuentran, y para que se traten con el respeto que merecen los pobladores de la sierra, cuya gentileza y hospitalidad son reconocidas por viajeros y exploradores.

Antes de finalizar este tema, es justo mencionar algunas de las instituciones y personas que iniciaron todo un movimiento para el rescate y estudio de las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco. El Instituto Getty Para la Conservación25, el INAH, el Gobierno de Baja California Sur y la asociación no lucrativa Amisud, cuyos objetivos son la conservación de la herencia cultural de Baja California, elaboraron un proyecto con el fin de documentar y conocer las pinturas de la sierra, así como planear el manejo y administración de toda esa zona arqueológica. Como una innovación, en lugar de que las acciones a seguir fueran ordenadas desde alguna oficina del gobierno en la Ciudad de México, además de los grupos mencionados participaron en la planeación los rancheros de la sierra, cuyos intereses y opiniones fueron tomados en cuenta, el trabajo no fue fácil, unas cincuenta personas, incluyendo arqueólogos extranjeros de renombre internacional, en 1995 hicieron sus aportaciones y participaron en las discusiones correspondientes durante cuatro días, hasta que se llegó a un acuerdo que quedó plasmado en un documento aceptado por todos.

Años antes, desde 1992, la arqueóloga María de la Luz Gutiérrez, del INAH, y Justin Hyland, del Departamento de Antropología de la Universidad de California, Berkeley, llevaron a cabo trabajos de investigación, así como para salvaguardar las monumentales pinturas y facilitar el acceso de los visitantes; Gutiérrez realizó una verdadera hazaña no sólo por su trabajo técnico sino en el aspecto logístico, al organizar con todo éxito el transporte de materiales y alimentos por las difíciles veredas de la sierra hasta el lugar de las pinturas dentro del plazo que se había establecido. Como resultado de los trabajos de campo que se han llevado a cabo en cuatro zonas, en los que se incluyen no sólo investigaciones de superficie sino también excavaciones, se han registrado 700 manifestaciones arqueológicas desde hallazgos líticos hasta rancherías grandes con estructuras circulares de piedra.

En Cueva de la Soledad y Cuesta Blanca se encontraron textiles bien conservados y artefactos líticos con restos de pigmentos aun adheridos; y en Valle del Azufre, cerca del volcán de Las Tres Vírgenes, se descubrieron muchas excavaciones para la extracción de obsidiana, siendo éstas, de acuerdo con las investigaciones realizadas, la fuente de obsidiana más utilizada fuera de Mesoamérica; el trabajo técnico en este campo lo llevó a cabo el experto en obsidiana M. Steven Shackley, del “Phoebe Apperson Hearst Museum of Anthropology”. Las muestras datadas por el método del carbono 14 dan antigüedades que van de 1 500 a 500 años A.P., aunque hay evidencias de presencia humana en la región desde los 9 000 años A.P.26

Hasta el año de 1999, quien deseara ir a Cueva Pintada debía acudir al Museo de San Ignacio, en donde personal del INAH otorgaba la autorización correspondiente y coordinaba por radio los detalles de la visita con los guías de San Francisco de la Sierra.

Si la promoción turística que se realiza para que se visiten las pinturas rupestres de Baja California se acompaña de una acción educativa sistemática dirigida a los servidores turísticos y a la población escolar del estado, tendiente a formar conciencia del valor histórico y artístico de los murales, podrá lograrse que el llamado Patrimonio de la Humanidad sea primeramente conocido y disfrutado por el pueblo de México. Los antiquísimos artistas quisieron trascender en el tiempo, y lo lograron magníficamente, toca a las actuales generaciones preservar sus obras para el bien del arte rupestre y el beneficio de todos.

Vallecitos

Existe en el poblado de La Rumorosa una zona arqueológica llamada Vallecitos o El Vallecito, en terreno kumiai, hacia el norte de la carretera federal No. 2 a la altura del kilómetro 73, en la que se encuentran pinturas rupestres que se hicieron en resguardos rocosos de esa parte de la serranía; hay figuras antropomórficas y de animales, que se pintaron con colores rojo, negro o blanco, utilizando ocres pulverizados y mezclados con algún aglutinante orgánico; las figuras están muy esquematizadas y con tendencia a lo abstracto, si se comparan con las pinturas que hay en el centro de la península. Actualmente hay quienes les encuentran relación con elementos astronómicos 27 como los solsticios y equinoccios, debido a la forma como en estas fechas incide la luz solar sobre ciertas partes de las pinturas, especialmente la llamada El Diablito. Estas manifestaciones culturales prehistóricas son muy semejantes a otras muchas que hay en diversas partes del suroeste de los Estados Unidos. Actualmente, aunque falta mucho por investigarse, el INAH y el municipio de Tecate han hecho una buena labor para conservar en buen estado estos sitios arqueológicos.

La Hierba Buena, ejemplo de un hallazgo arqueológico

En una especie de cueva que se encuentra en una cañada del arroyo “La Hierba Buena”28, a 20 Km. al sureste de Ensenada, B.C., se han encontrado restos de actividad humana que datan de tiempos remotos. Los hallazgos muestran que el lugar fue habitado aparentemente en diversas épocas, ya que los objetos encontrados se localizaron en distintas profundidades, siendo los más importantes los siguientes:

  1. Un hueso fosilizado de unos dieciséis centímetros de largo, que evidentemente fue “rebanado” a lo largo cuando aún estaba tierno, y cuyos extremos fueron biselados quizá para descarnar pieles o para incidir sobre la carne de animales cocida al fuego, ya que muestra restos de carbón adheridos en su superficie.
  2. Un hueso de ocho centímetros de largo con una perforación a tres centímetros de la punta y otra en el extremo mismo.
  3. Muchos huesos de mamíferos grandes, posiblemente venados, y otros animales más pequeños.
  4. Conchas de abulón, ostión y muchas del bivalvo “circularis” que existe en la costa occidental de la península, a más de dieciocho kilómetros del lugar.
  5. Fragmentos de ollas de barro que debieron medir unos veinte centímetros de diámetro.
  6. Dos fragmentos de piedra plana sobre los que se trituraron hierbas y semillas, y una circular que parece haberse empleado para moler.
  7. Restos de fogatas, mucha ceniza y carbón.
  8. Un trozo de corteza, quizá de aliso, trabajado por su cara convexa como si se le hubieran sacado bocados con un instrumento cortante.La importancia del hallazgo en la Hierba Buena es innegable, pero sin una investigación profesional, este lugar, y las numerosas pinturas rupestres y otros muchos sitios arqueológicos descubiertos por casualidad, seguirán siendo piezas inconexas de la prehistoria peninsular.
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Corteza de árbol, tal vez de aliso, en la que se observan cortes cóncavos hechos con algún instrumento cortante

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Entre los objetos encontrados en La Hierba Buena, se encuentran huesos, conchas diversas incluyendo algunas de abulón, fragmentos de ollas de barro cocido, y una piedra para moler

Las etnias prehispánicas

A la llegada de los españoles a la península, las etnias que la habitaban estaban distribuidas de la siguiente manera: los pericúes en el extremo sur, al norte de ellos los guaycuras, hasta el paralelo 25 o 26, y de aquí hasta las montañas y desiertos septentrionales los cochimíes, aunque debe mencionarse que cada uno de estos pueblos se dividía en varios grupos, algunos de los cuales se mencionarán en el siguiente capítulo. Los guaycuras y pericúes ya se extinguieron, víctimas del tifo, la sífilis y otras enfermedades traídas por los europeos, así como del cambio violento que en sus vidas representó la conquista, y de los cochimíes sólo quedan algunos descendientes al norte del actual estado de Baja California, junto con otras tribus, todas pertenecientes a pueblos de filiación lingüística yumana. En la comunidad de La Huerta están los cochimíes, en San José de la Zorra los kumiay o k’miai, en Arroyo de León los kiliwas o cahuillas, en Santa Catarina los pai-pai y en El Mayor Indígena los cucapás.

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El hueso petrificado de arriba muestra un corte a lo largo, evidentemente hecho por seres humanos, tal vez cuando estaba “tierno”. El del centro tiene un orificio por el que pudo extraerse la médula; y el de abajo, como el primero, se encuentra biselado en sus extremos

Estudios realizados por antropólogos norteamericanos sobre las culturas prehistóricas del sur de California, que se traslapan con las del norte peninsular que ya se han mencionado, presentan el siguiente panorama.

En la región de San Diego, las excavaciones muestran evidencias de presencia humana desde 15000 años A.P., lo cual es aplicable a la región noroeste de Baja California. Estos antiquísimos habitantes crearon las Culturas Sandieguito I, II y III, provenían de los desiertos del suroeste norteamericano; eran recolectores cazadores, y usaban cuchillos de piedra y raspadores. Tres mil años después, unos doce mil años A. P., llegaron al lugar los joyanos, pueblo más sedentario que estableció campos semipermanentes para llevar a cabo la pesca, la cacería y el procesamiento de frutos y semillas para alimentarse. Los joyanos a su vez cedieron el espacio hace unos dos mil años a los kumiay, que fabricaban ollas de arcilla, canastos muy elaborados, practicaban muchos rituales y conocieron una agricultura elemental. Fueron estos los grupos humanos que exhibieron la cultura más avanzada a la llegada de los españoles. Según Ken Hedges, del Museo del Hombre de San Diego, tomando en cuenta los estudios sobre el clima, flora, y fauna de la época, pudieron haber vivido en la región unos veinte mil nativos, diez mil luiseños hacia el norte de San Diego y otros diez mil kumiay hacia el sur, abarcando parte de lo que hoy es Tijuana y Ensenada.

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Clasificación de cráneos por su índice cefálico. (Los términos se explican en el Vocabulario)

  1. DOLICOCÉFALO: índice de75 o menos.
  2. MESOCÉFALO: índice entre 75 y 80.
  3. BRAQUICÉFALO: más de 80.

Tomado de Encyclopaedia Britannica, 1961, T. VI.

Los pericúes, guaycuras y cochimíes del sur lograron un desarrollo menor en comparación con estas etnias del norte, pero debe tomarse en cuenta que el impacto del ambiente moldea más que otros elementos el proceso cultural de cualquier pueblo. Estos indios meridionales penetraron en la península en épocas remotas, quizá antes de que se iniciara la implacable desertización que transformaría bosques y praderas en zonas áridas.

Siglos después, las posibilidades de supervivencia descendieron, y los ríos se convirtieron en efímeras corrientes durante una época de escasa lluvia. Aquellas tribus, después de siglos de peregrinar habían llegado a donde la tierra se acaba, el extremo sur de la península.

El flujo y reflujo de los primeros inmigrantes que llegaron a las demás regiones de América, su búsqueda hacia el sur y luego su regreso al norte, procurando lugares más propicios para la cacería, es un hecho comprobado para varios grupos de paleoindios norteamericanos, que también pudieron buscar hacia el este y luego al oeste los mejores lugares para establecerse y entonces desarrollar una cultura en proporción a las bondades del medio. Quizá lo mismo hubieran hecho los primitivos californios, de no haberse internado en una de las penínsulas más largas y estrechas del mundo, en donde el mar les impediría explorar en cualquier sentido que no fuera hacia el sur en la búsqueda de mejores tierras.

Tal vez algunos intentaron regresar por donde sus ancestros habían venido, pero seguramente sucumbieron en los desiertos o en las áridas serranías, y la única posibilidad de sobrevivir fue la paulatina adaptación al medio: aprendieron a aprovechar los abundantes moluscos y peces que les ofrecía una costa aparentemente infinita, y el agua la fueron encontrando en escondidos aguajes de la montaña y aún del desierto, así como en arroyos que corrían durante la corta época de lluvias; a través de sucesivas generaciones, fueron reconociendo las plantas y raíces comestibles, las medicinales y las venenosas, y siguieron cazando animales de todo tipo, desde el venado, el berrendo y el borrego cimarrón, hasta conejos, coyotes ardillas y serpientes.

Hay que admitir que los españoles que arribaron a la península, jamás habrían logrado su permanencia sin el abastecimiento frecuente que recibían de las provincias más cercanas de la Nueva España, y aun así, años después, muchas misiones y rancherías tuvieron que abandonarse o cambiar de lugar al no poder subsistir autónomamente o al agotarse el agua.

Todavía hoy, quienes viajan por la Carretera Transpeninsular saben del riesgo que constituye internarse por veredas o senderos desconocidos, y son muchos los que han pagado esa osadía con su vida. Es por esto que puede considerarse una verdadera hazaña la colonización de la península por los primitivos californios, quienes, por lo que se ha expuesto, debieron haber tenido un fuerte instinto de supervivencia y capacidad para ir modificando formas de conducta cuando así lo exigía la naturaleza, además de que tuvieron la tenacidad suficiente para lograr el aprovechamiento de la exigua aportación que el medio les hacía, con el cual llegaron a armonizar su existencia.

Los pericúes, que se extinguieron hace unos doscientos cincuenta años, se ubicaban en el extremo sur de la península desde Cabo San Lucas, por el golfo, hasta el noroeste de la bahía de La Paz, ocupaban además las islas de Cerralvo, Espíritu Santo, San José, Monserrat, Santa Catalina y Danzante. Quienes han estudiado sus restos óseos los consideran racialmente distintos a sus vecinos del norte por su cráneo hiperdolicocéfalo, y algunos investigadores como Paul Rivet piensan que esto es razón suficiente para atribuirles un origen distinto al de los demás californios.

Sin embargo, para explicar esa diferencia, debe tomarse en cuenta una clara distinción entre los cráneos de los paleoindios americanos según su antigüedad: los más primitivos y que corresponden a las primeras oleadas de cazadores que llegaron al Continente Americano son hiperdolicocéfalos, de cabeza muy alargada; los que les siguen en antigüedad son dolicocéfalos, de cráneo alargado aunque no tanto como los anteriores; y finalmente los que datan de la época en que se desarrolla la agricultura o un poco antes, corresponden a las últimas penetraciones asiáticas y son braquicéfalos o de cabeza ancha.

De lo anterior y por su ubicación en la región más austral de la península, se puede inferir que los pericúes fueron, quizá, descendientes directos de los más antiguos cazadores asiáticos que, en las primeras oleadas de emigrantes, cruzaron Beringia y penetraron por primera vez en lo que hoy es Baja California, hipótesis que parece tener más sustento que la que les atribuye procedencia de Oceanía.


  1. Discurso hipotético que pudo haber ocurrido hace más de30,000 años, expresado por el líder de una banda de cazadores asiáticos. ↩︎

  2. Antes del Presente, abreviado A.P., indica la antigüedad de un hallazgo arqueológico tomando como base el 1 de enero de 1950 y no el advenimiento de la era cristiana, como en antes de Cristo, que se abrevia A.C.. ↩︎

  3. Con diversas modalidades, algunos investigadores sostienen una hipótesis sobre la llegada del hombre a América procedente de Polinesia, Australia o del sur de Asia cruzando el Océano Pacífico. E. James Dixon, del Museo de Historia Natural de Denver, lo considera como una posibilidad ↩︎

  4. Scientific American, Sept. 2000, “Who Were the First Americans?”, Sasha Nemecek. ↩︎

  5. Con este término el autor se refiere a grupos humanos con las características físicas generales de los pueblos que actualmente viven en Asia oriental. ↩︎

  6. Cavalli-Sforza fue maestro de genética desde 1971 en la Universidad de Stanford. “Genes, Peoples and Languages”, Scientific American, Nov. 1991. ↩︎

  7. “Linguistic Origins of Native Americans”, Joseph H. Greenberg y Merrit Ruhlen, Scientific American, Nov. 1991. ↩︎

  8. Algunos investigadores, basados en la hipótesis de que el corredor libre de hielo no existió en Norteamérica hasta después de 11, 000 ó 12,000 años A.P., y en la gran antigüedad de los hombres prehistóricos de América del Sur como los que vivieron en Monteverde, estiman que debe haber habido una ruta marítima costera que permitió a los primeros inmigrntes asiáticos ir colonizando el continente sin tener que pasar por el citado corredor entre los glaciares del norte. ↩︎

  9. “Bones, Boats & Visón”, “Archeology and the First Colonization of Western North America”, E. James Dexon, curador de Arqueología del Museo de Historia Natural de Denver, Univ. de Nuevo México (sin publicarse). ↩︎

  10. Ibíd ↩︎

  11. “The Most Ancient Americans”, Rick Gore; National Geographic; Oct. 1997, p. 94. ↩︎

  12. En “Scientific American” de septiembre del 2,000, al esqueleto de Santa Rosa se le da una antigüedad de 13,000 años. ↩︎

  13. Estudios realizados en las piedras que rodeaban las cenizas, mostraron que, hacia el centro o del lado de lo que pudo ser una fogata, las piedras fueron sometidas a temperaturas más elevadas que en su parte que daba al exterior. ↩︎

  14. El Sitio Arqueológico de las Montañas Calico, Calafia, revista de la UABC, agosto de 1973; Ruth de Ette Simpson, p. 6.; y Colección de Calico Mountains Archaeological site, San Bernardino County Museum↩︎

  15. Beta Analytic es hoy el laboratorio más importante para datar materiales orgánicos por el método del carbono-14. ↩︎

  16. Se han encontrado huesos de mamut en el rancho San Pablo, del Sr. Pedro McLish, cerca de Punta Prieta, Ensenada. ↩︎

  17. Instituto Nacional de Antropología e Historia ↩︎

  18. El autor vio la placa en el año de 1999. ↩︎

  19. Historia Natural y Crónica de la Antigua California. Miguel del Barco. Edit. por Miguel León-Portilla, UNAM, 1973. ↩︎

  20. El Mar del Sur es el nombre antiguo del Océano Pacífico. ↩︎

  21. En el capítulo X de la primera parte de la crónica del viaje de Vázquez de Coronado hacia el norte, escrita por Pedro de Castañeda, se dice que Melchor Díaz salió del Valle de Los Corazones en busca de los barcos que llevarían provisiones a los expedicionarios, y después de 150 leguas de viaje, llegaron a una provincia de hombres muy altos y fuertes, como gigantes, refiriéndose seguramente a los yumas y cucapás. Además, en el reporte de Vázquez de Coronado al Rey fechado el 20 de octubre de 1541, refiriéndose a los habitantes de la lejana Quivira, al noreste del Colorado, expresó: Aquí la gente es grande, hice que fueran medidos varios indios, y vi que medían diez palmos (2.00m. de altura) ↩︎

  22. Las “visitas” eran establecimientos religiosos dependientes de una misión que no tenían misionero de planta. ↩︎

  23. Historia de la colonización de la Baja California y decreto del 10 de marzo de 1857. U. U. Lassépas; 1995; pp. 231-232. ↩︎

  24. “The Cave Paintings of Baja California”, Harry W. Crosby, Sunbelt publications, San Diego California, p. 19. ↩︎

  25. The Getty Conservation Institute. ↩︎

  26. The Getty Conservation Institute Newsletter; Vol 11, Number 2, Summer 1996; p. 1. ↩︎

  27. La representación esquematizada de un astro por medio de un círculo del que se desprenden radialmente líneas rectas, se repite en los sitios arqueológicos de muchas partes del mundo, y las pinturas rupestres de Baja California no son la excepción. Es probable que dicha figura sea sencillamente una representación primitiva del Sol, astro que ocupó universalmente el sitio más importante en el “panteón” de las culturas primitivas, aunque prestigiados investigadores como Carl Sagan y Harry W. Crosby, entre otros, creen que el símbolo referido pudiera representar a la supernova cuya luz llegó a la Tierra en el año 1054 de nuestra era, registrada por los astrónomos chinos, y cuyos restos actualmente se perciben como la Nebulosa del Cangrejo. Supuestamente, el brillante fenómeno estelar debe haber sido percibido por los hombres del paleolítico, quienes pudieron registrarlo por medio de las pinturas mencionadas. ↩︎

  28. El sitio de la Hierba Buena no tiene gran importancia arqueológica, pero es ejemplo de miles aun no investigados. ↩︎