Antonio Ponce Aguilar

De Cueva Pintada a la Modernidad
 
Apéndice

I. Evolución política y gobernantes de Las Californias

Antecedentes

Al llegar los jesuitas a la península en 1697 establecieron la capital de la nueva provincia en Loreto, donde residían el presidente de las misiones y un militar con el título de Capitán Gobernador, que se encargaba de los asuntos civiles y militares incluyendo el resguardo de las misiones; asignar este cargo fue prerrogativa de los misioneros hasta 1744, año en que el virrey empezó a otorgar el nombramiento pero basándose en las personas que sugerían los religiosos. Después de 1770, la administración ahora de las dos Californias siguió haciéndose desde Loreto, pero fue necesario nombrar un comandante militar que residiera en Monterrey para que resguardara la distante región. Este sistema continuó hasta 1777, cuando el virrey Bucareli se percató de la creciente importancia que tenían las misiones franciscanas que se iban estableciendo de San Diego hacia el norte, por lo que ordenó al gobernador en Loreto, Felipe de Neve, que cambiara la capital a Monterrey; desde entonces, el mandatario de Loreto era un vicegobernador, aunque en la práctica su única obligación con el gobierno de Monterrey era mantenerlo informado de sus acciones, pero su dependencia directa era del virrey; además, los gobernadores residentes en la Alta California no tenían jurisdicción real sobre la península, aunque de manera ilegal llegaron algunas veces a enajenar tierras de Baja California.

Salvo por breves temporadas, Monterrey siguió siendo la capital de California hasta 1849, cuando ya bajo el gobierno de los Estados Unidos se cambió a San José, Vallejo, Sacramento, Benicia, y en 1854 nuevamente a Sacramento, donde actualmente residen los poderes de aquel estado norteamericano.

En Baja California, en los primeros años después de la independencia, la existencia de facciones políticas en pugna y la escasez de hombres preparados para la administración pública fueron factores que propiciaron la sucesión de un gran número de gobernantes, muchos de los cuales se repitieron en el puesto; era frecuente que la única persona capacitada para ir como diputado al Congreso de la Unión fuera el gobernador, quien dejaba en su lugar un interino hasta que terminaba su representación en la ciudad de México y volvía para reasumir el gobierno; por otra parte, los nombramientos del gobernante se hacían en México en determinada fecha, el designado se embarcaba hacia Loreto, y semanas o meses después llegaba a su destino; si éste era Monterrey, no era raro que el nuevo funcionario permaneciera en Loreto por algún tiempo, mientras se nombraba un gobernador local, después de lo cual continuaba el viaje a su residencia oficial. Todo esto ha sido causa para que los historiadores de las Californias, difieran frecuentemente en las relaciones cronológicas de los gobernantes, sobre todo de la entidad peninsular. En las listas que siguen, el autor ha considerado básicas las siguientes fuentes y autores: Instituto de Investigaciones Históricas de la U. A. B. C., “The Gobernantes of Spanish Upper California: a Profile”, publicado en “California Historical Quarterly 60 (3): 253-280, 1972”; la Historia de la Colonización de la Baja California de Ulises Urbano Lassépas, y la relación publicada en el Diccionario geográfico histórico y lingüístico del Estado de Baja California Sur, en la edición No. 45 de “Expresión Magisterial”, Dic. 2001, de donde se tomaron casi todos los nombres de los gobernantes de esa entidad. Se debe entender, por lo expresado, que en algunas partes las listas presentadas aquí no tienen una coincidencia rigurosa con otras, especialmente en lo cronológico.

Gobernantes de California y Las Californias como parte de la Nueva España hasta 1822; y sólo de Baja California a partir de 1825

Gobernantes que ejercieron su mandato en lo que hoy es el Estado de Baja California desde la segunda mitad del siglo XIX

Gobernantes de Baja California Sur

De 1697 a 1777, cuando se separaron los gobiernos de la Nueva o Alta California de la Baja California, deben considerarse los mismos gobernantes para ambas entidades.

Gobernantes de la Alta California

Hechos importantes en la evolución política de Las Californias

Pintura de El Caballero de Croix, primer Comandante General de las Provincias Internas por nombramiento de Carlos III. Nativo de Francia, después de servir 30 años en el ejército español, llegó a la Nueva España en 1776 como capitán de la guardia de su tío el virrey. Fue nombrado caballero de la Orden Teutónica. Abajo, facsímil de Teodoro de Croix. 1776, 22 de agosto.

Fue a propuesta de don José de Gálvez Gallardo, que se establecieron las Provincias Internas de Occidente: Nueva Vizcaya, Nuevo México, Nuevo Reino de León, Coahuila, California, Nayarit, Culiacán, Sonora, Tejas y Nuevo Santander; en 1793, dejaron de pertenecer a las Provincias Internas Nuevo Santander, Nuevo Reino de León y Las Californias, las que quedaron bajo el gobierno de militares que dependían del virrey. En 1804 se dividieron en Provincias Internas de Oriente, con capital en Chihuahua, y de Occidente, con capital en Arispe, Sonora, la disposición se hizo efectiva hasta 1812. Durante los años que duró esta organización administrativa y militar hubo cambios frecuentes en su jurisdicción y gobierno.

Aduana de Tijuana, fundada en 1874.

II. Algunas fuentes documentales y relatos derivados

Se incluyen a continuación fragmentos de algunas fuentes documentales poco localizables y por lo tanto poco frecuentadas, sobre varios temas de la historia de Baja California así como informaciones complementarias de los mismos, lo cual permitirá al lector conocer mejor y desde su particular perspectiva varios de los más importantes hechos históricos que se tratan en los capítulos de este libro. Fuentes accesibles como las obras de los clásicos Clavijero y Miguel del Barco no se incluyen; del Archivo Franciscano se transcribe sólo un informe del padre Juan de Ugarte.

Macedonio González8, su campaña contra Martín, Cartucho y Pedro Pablo (La Batalla de Jacumé)

Fuentes que se transcriben parcialmente:

Apuntes históricos de la Baja California, con algunos relativos á la Alta California. Suministrados por Manuel C. Rojo á la Bancroft Library. 1879. Centro de Investigaciones Históricas UNAM-UABC.

The life and adventures in California of Don Agustín Janssens, 1834-1856. Traducido al inglés por Francis Price. El documento original fue proporcionado a la Biblioteca Bancroft por su autor.

En ésta y las demás transcripciones que se hacen de las fuentes originales, los puntos suspensivos indican el inicio o final de un párrafo, o la supresión de palabras o breves expresiones que no cambian el sentido del texto.

INTRODUCCIÓN. De las rebeliones indígenas que se dieron en Baja California en los siglos XVIII y XIX, se mencionan más frecuentemente las acaecidas en el sur de la península contra los misioneros jesuitas, sobre todo, la rebelión de los pericúes de 1734, pero pocas veces se habla de los levantamientos que afectaron a las misiones dominicas y franciscanas del sur de la Alta California, y a los ranchos de “La Frontera”, como se llamaba a la zona comprendida de El Rosario hasta la línea fronteriza. Estas revueltas fueron encabezadas por líderes o capitanes indios, que acaudillaron a muchos nativos de las rancherías que se encontraban, desde las proximidades al valle de Tijuana, hasta la sierra de Juárez y región del Colorado. De aquellos movimientos, sólo se conocen las versiones de quienes los reprimieron, excepto el testimonio del jefe Jatñil, que ya se mencionó en otro capítulo, pero es evidente que los despojos de tierras, el mal trato y demás abusos cometidos por la “gente de razón”, provocaron actos crueles de los indios en agravio de los blancos y mestizos, y la represión sangrienta de éstos en su contra.

Fragmentos de los Apuntes históricos de M. C. Rojo. (con ortografía actualizada)

…16. Alzamiento de los indios Martin, Cartucho y Pedro Pablo capitaneando a las tribus de Jacume y Colorado, asesinatos en Jamul, robo de las Sritas Leiva, Macedonio fusila a cocineros de San Diego, sale en persecución de los indios.

A fines del año de mil ochocientos treinta y seis, se levantaron los indios llamados Martin, Cartucho y Pedro Pablo, seduciendo a las tribus de Jacume y Yumas del Rio Colorado, á cuya cabeza se presentaron en el rancho de Jamul como a doce leguas al Sur Este del puerto de San Diego, en cuyo rancho encontraron y asesinaron á los Señores Don José Antonio Leiva, Don Diego Camacho, Don N Escolla y otros más; y se robaron á las jóvenes señoritas Tomasa y Ramona Leiva, hijas de Don José Antonio que acababan de asesinar.

Según las relaciones de Don José Luciano Espinosa, Don Lino López y Don Juan Machado, personas muy bien informadas y conocedoras por sí mismas de los hechos de aquel tiempo… …Esta muchedumbre de salvajes, trataba de asaltar al Presidio de San Diego, adonde había una corta guarnición de soldados bajo las ordenes del alférez Don Juan Salazar… …Mientras tanto, las autoridades del mismo habían mandado un extraordinario hasta San Vicente Ferrer adonde se hallaba la Escolta de la Compañía Presidial de Loreto que mandaba el alférez Macedonio González…

En Nejí se informó por el capitán indígena Jatiñil, que lo había acompañado en todas sus campañas contra los indios de Santa Catarina; que los dichos Pedro Pablo, Martin y Cartucho, habían tratado de levantar á toda la indiada de aquella sierra, pero que él Jatiñil, lo había impedido: le aseguró porque lo sabia de cierto, que Juan Antonio, el cocinero del Alcalde Don José Antonio Estudillo, Miguel, el cocinero de Don Juan Bandini, Carranza y otros tres indios mas; estaban en San Diego de acuerdo y como espías de los indios alzados, dándoles noticias de todo lo que pasaba en el pueblo y en el Presidio; de la propia manera se hallaban Pedro Zacarías y su padre, en el rancho de Jesús María; Salvador en el de la Tía Juana; el “Capitancillo” en Santo Domingo; y el “Cachora”, en los Cueros de Venado… …En el acto despachó en comisión al sargento Narciso Franco ordenándole que pasase por las armas al “Capitancillo” y al “Cachora”, que se encontraban en aquellos puntos, y hechas estas ejecuciones, se fuese á encontrarlo en la Tía Juana, en cuyo lugar debía esperarse uno u otro para entrar juntos a San Diego.

Franco desempeñó su comisión al pie de la letra, y Macedonio González, fusiló á Pedro Zacarías y su padre, al pasar por Jesús María, y á Salvador, en el momento en que llegó a la Tía Juana. Aquí se reunió con el sargento Ignacio Franco, y sin perder un momento de tiempo, continuaron hasta San Diego, adonde llegaron á mediados del mes de Noviembre de aquel año, cosa de las diez de la mañana, y acamparon en una cañadita al Sur Este de la plaza… …Allí se quedó Macedonio González con veinte hombres y el Sargento Franco con cinco soldados y fue sacando de las casas adonde se hallaban a los cocineros de Don José Antonio Estudillo, Bandini, arriba mencionados, y se los llevó a Macedonio, el cual conforme los iba recibiendo los mandaba ejecutar pasándoles por las armas, enseguida los enterraron sobre la mesa Sur de la misma cañadita…

…(Los indios) Apenas supieron que se hallaba en San Diego, levantaron su campo y emprendieron la marcha para favorecerse en las montañas de Jacume, adonde no pudiese maniobrar la caballería tan temida de la Compañía Presidial de Loreto, mandada por su alférez Macedonio González…Éste se lanzó en el acto en persecución del enemigo sin esperar la llegada de cien soldados mas que aguardaban por momentos en San Diego… …Al llegar á Tecate se encontró con ellos… …y después de una matanza horrible; huyeron los indios despavoridos para refugiarse en la sierra de Jacume pero una gran parte de los fugitivos, lograron penetrar hasta lo mas sinuoso de aquella inmensa y escarpada sierra y aquí les había deparado la fortuna el auxilio de todas la tribus del Rio Colorado que venían al robo y al pillaje de San Diego creyendo seguro en el triunfo de Martin, Pedro Pablo y Cartucho: este inesperado encuentro reanimó a los indios fugitivos, que hicieron alto con sus nuevos camaradas, en las alturas de un semicírculo muy inaccesible y pedregoso, …á cuyo punto debían llegar Macedonio González y su escolta, después de seguir por más de dos leguas, un cañón estrechísimo y muy pedregoso, que apenas permitía pasar á los soldados en hilera y con mucha dificultad. Tal vez no hay en el mundo un lugar mas á propósito que éste para que los que se apoderen de él primero, puedan ofender sin ser ofendidos… …esas alturas solo pueden coronarse viniendo del Rio Colorado en dirección opuesta a la que llevaba la Escolta de Macedonio González: los indios se habían apoderado de ellas, y desde los enormes peñascos tras de los que se ocultaban dejaban caer sobre la vereda del cañón las piedras que arrancaban y que una vez desprendidas de sus lugares, iban rodando y saltando por aquéllas pendientes, y arrastrando con la misma fuerza que llevaban otra multitud de piedras , que caían sobre el plan de aquél cañón haciendo un ruido espantoso, que mezclados con los gritos desaforados de los indios, ensordecían los oídos. Don Francisco Castro, uno de los soldados de aquella Escolta, y que entró al lado de Macedonio González en aquel estrecho, dice: “luego que Macedonio conoció lo mal parados que estábamos y que allí no valía ni la pujanza de los caballos ni los filos de nuestras espadas y ni las armas de fuego que llevábamos; mandó contramarchar ordenando la retirada por el mismo orden que traíamos; en esto resbaló uno de los caballos que iban adelante, y cayó atravesado en medio del único pasito que había, de manera que ni se podía levantar, ni permitía pasar a nadie a caballo. Seguramente hubiéramos perecido todos en aquél lance, si no hubiera sido por la llegada tan oportuna del capitán Jatiñil, que se nos presentó con toda su gente en auxilio nuestro. Macedonio González fue el último de nosotros que salió de aquel apretado infierno, y todavía cuando miró a Jatiñil…..quería que volviéramos para atrás para ver si salvábamos los caballos, y solo cedió cuando recapacitó que los indios se habrían apresurado a matarlos para comérselos. Así llegamos a pie hasta la Misión de Guadalupe, adonde nos dieron caballos para todos y algunas monturas y fustecitos pelados con los que volvimos á San Vicente; poquito después se llevaron preso a Macedonio González para la Alta California, diciendo que así lo disponía el Gobernador, pero yo no se la causa”…

“The life and adventures…” Agustín Janssens, pp. 65-68

INTRODUCCIÓN. Janssens, nativo de Bruselas, de padre francés y madre belga, era ciudadano mexicano leal al gobierno, en 1836 se opuso a la revuelta de Juan Bautista Alvarado que intentaba independizar la Alta California del gobierno de México. Hubo un tiempo en que, huyendo de las fuerzas de Alvarado junto con otros californios, Janssens llegó al norte de Baja California. Fue en esta época cuando ocurrieron los hechos relacionados con la campaña de Macedonio González en los que Janssens participó, que narra en su obra y que se transcriben parcialmente.

{p. 64} …Con toda la cautela posible, nos fuimos a San Diego; Don Juan Bandini, Don José Antonio Estudillo y otros que estaban allí. Seguimos a Tía Juana, el rancho del capitán Santiago Argüello. Allí encontramos un gran número de personas que no querían reconocer al gobernador Alvarado, entre ellas el capitán de caballería don Nicanor Estrada, los Osunas y Santiago E. Argüello. Se acordó que todos iríamos a El Descanso en la misión de San Miguel, Baja California. Allí todos fuimos bien recibidos.

{p. 65} El capitán Estrada era un herrero experto y nos sugirió que pasáramos el tiempo fabricando lanzas, ya que había mucho acero y hierro en la misión. Algunos le ayudaron en la fragua, otros cortaron palos para las astas y los pulieron y los curaron. Los comandantes de La Frontera vinieron a vernos, los sargentos Armenta y Macedonio González. Éste era un hombre de gran valor. Entre los dos, podían contar con una compañía de veinticinco o treinta hombres, todos rancheros, hombres de campo y capaces. Llevamos a cabo ejercicios militares para pasar el tiempo. Algunos pensaron en irse a México y otros en apoyar la autoridad del gobierno mexicano. Estábamos ocupados en estas actividades cuando llegaron noticias por el camino procedente de Mesa Redonda que al oscurecer, los indios habían atacado el rancho de don Pío Pico. Habían quemado la casa con cuatro hombres que estaban adentro, entre quienes estaba el mayordomo Leyva. También llegaron las noticias de que en la misma noche, los indios de Tía Juana se levantarían, y uniéndose con otros, atacarían de la misma forma el rancho en donde estaban las familias de Argüello, Juan Bautista Alvarado (de San Diego), Estudillo y otros. Se hizo saber esto a los comandantes de La Frontera, y llegaron con veinticinco hombres. Nosotros éramos otros tantos y salimos de inmediato en buenos caballos y con guías. Poco después de la media noche contemplamos de lo alto el valle de Tía Juana en el momento en que los indios estaban a punto de apoderarse de la ranchería. De inmediato gritamos “Viva México”, y disparamos una descarga, que sirvió para impedir que irrumpieran en la casa del capitán Argüello y la quemaran. Los indios se vinieron por el río y se fueron hacia las lomas. Cuando llegamos (p. 66) a la casa, las mujeres estaban esperando el ataque de los indios, pero éstos no tuvieron tiempo mas que de incendiar sus propias rancherías. Inmediatamente se mandó la noticia a San Diego, de donde habían venido algunos de los ciudadanos. Con la fuerza que creímos necesaria, nos fuimos al rancho Tecate de don Juan Bandini, que también había sido sitiado por los indios. Sólo porque esta casa estaba en una altura y sólo había hombres en su interior, habían podido repeler el ataque.

Pronto se supo que los indios se habían ido a las montañas de Jacume y estaban en un paso muy estrecho que conducía al río Colorado. En su campamento estaban tres jefes indios rebeldes, Cartucho, Martín y Pedro Pablo. Se habían llevado con ellos como cautivas a las dos muchachas Leyva, Tomasa y Ramona, y a otra mujer que había estado con ellas por algún tiempo. Ella era esposa del licenciado Cosme Peña, y se había escapado de Monterrey con un músico, un arpista apellidado Arias. Esta mujer fue agarrada primero por los indios del Colorado, y después Cartucho y Martín se la quitaron.

Cuando penetramos a las montañas por un desfiladero, podían verse las jóvenes Leyva. Los indios las habían puesto allí para hacernos avanzar por su centro, mientras que ellos flanqueaban nuestra posición.. Algunos retrocedieron, otros se escondieron entre las rocas. Era una emboscada de la cual no podíamos retroceder. En la cresta de la cordillera había más indios. El sargento Macedonio González y sus soldados, bien armados y con sus escudos de cuero, nos animaron y nos dijeron que no nos preocupáramos. Entre nosotros había algunos que sabían cómo manejar los escudos de cuero, pero para aquellos que no sabían, eran una gran molestia. Los soldados nos aconsejaron que vendáramos las partes más expuestas de nuestros cuerpos con tiras de cuero. Jesús Moreno, yo y otros así lo hicimos. Aquellos que tenían a las mujeres ahora nos daban la cara. De inmediato tratamos de sostener un fuego constante, pero en este momento, desde los flancos y grietas de las rocas, volaron flechas de todos rumbos. Pronto tuvimos algunos heridos, entre (p. 67) ellos a Macedonio González, contra quien eran dirigidas la mayor parte de las flechas. Una flecha le pegó en los labios y le impidió el habla. Muchos caballos fueron heridos y tumbaron a sus jinetes, forzándolos a montarse en ancas de otros o seguir a pie hasta que pudiéramos salir de la dificultad. Mientras que estábamos en esta desesperada lucha, pareció que los indios estaban juntando rocas arriba de nosotros para cerrar la salida, lo que podrían haber hecho con la mayor facilidad. Atacaron las fuerzas de nuestra retaguardia, que huyeron, y estos indios capturaron todas nuestras provisiones.

Repetidamente se escuchó el grito entre nosotros para que cada quien se salvara antes de que fuéramos cortados para la retirada. Seguramente nunca hubiéramos salido, si no hubiera sido que el jefe indio, Jatiñil de La Frontera, estaba en el potrero de Guadalupe y había sabido de nuestra situación por sus espías. Viajó toda la noche por el Valle de Las Palmas, cruzando las montañas, y tomó y mantuvo una altura con más de doscientos indios de aquellos que siempre ayudaban a Macedonio González. Con el grito de “¡Jatiñil!” y la resistencia de sus hombres, se nos dio la oportunidad de salir de la emboscada. De no haber sido por esto, más de la mitad de nosotros, y quizá más, hubiéramos caído víctimas. Jatiñil el pagano, después de Dios, fue nuestra salvación. (Cuando el padre Félix Caballero tuvo grandes plantaciones en la misión de Guadalupe, invitó a Jatiñil a hacer todo el trabajo de siembra, levantar paredes, etc.. Cuando se necesitaron guerreros, Macedonio González siempre pudo contar con este jefe, que era un hombre de buen corazón, como fue comprobado cuando estábamos perdidos).

Tuvimos como veinte heridos por flechas, y todos los demás fueron más o menos heridos por piedras, etc..El enemigo permaneció posesionado de las montañas de Jacumé. Después pelearon algunas batallas con otros indios del Colorado, con el jefe Charagüe (del otro lado de los pequeños lagos), con Chanate y con Regaña-la-Madre [sic.]. Estas batallas los debilitaron, y sus {p. 68} enemigos se apoderaron de sus mujeres y se las llevaron al Colorado. Gracias a esto, San Diego no pereció. Nosotros nos mantuvimos en los ranchos de La Frontera hasta que nos pudimos juntar, primero en Tía Juana y después en San Diego. Decidimos entonces declarar en favor del gobierno de México y en contra de los rebeldes de Monterrey. Formulamos nuestra resolución, y con la ayuda de la guardia de la frontera (siendo los líderes de la declaración don Juan Bandini, Santiago E. Argüello, José María Alvarado, y yo), invitamos al capitán Agustín V. Zamorano, Pablo de la Portilla y Nicanor Estrada a que se nos unieran. Aceptaron sin demora…

COMENTARIO FINAL

Los estilos literarios de Manuel Clemente Rojo y Agustín Janssens son muy diferentes, pero en lo fundamental, hay una clara coincidencia de los hechos narrados por ambos sobre Macedonio González y su campaña en Jacumé contra los indios bajo el mando de Cartucho, Martín y Pedro Pablo, que tuvieron en jaque a San Diego y los ranchos de la región fronteriza, así como sobre la importancia de la intervención del jefe Jatiñil en apoyo de las tropas de González.

Testimonio sobre La Masacre de los Yumas en el Colorado. 1781

Fuente que se transcribe parcialmente: carta de María Ana Montielo al padre Francisco Antonio Barbastro, en Desert Documentary; Kieran McCarty, cap. 9; Arizona Historical Society, 1976.

INTRODUCCIÓN. Francisco Garcés y Tomás Eixarch, durante la segunda expedición de Anza a California en 1775-76, se habían quedado en el Colorado con algunos ayudantes indios y con la protección del jefe Salvador Palma. Al explorar los alrededores, los dos misioneros ubicaron como sitios deseables para futuras misiones el Puerto o Portezuelo de “La Concepción”, muy cerca de lo que fue después Fuerte Yuma, y el Puerto o “Ranchería de San Pablo”, unas ocho millas río abajo, probablemente en la actual Baja California. Los investigadores discrepan sobre si la ubicación de la ranchería de San Pablo, cerca de la cual se plantó años después la misión de San Pedro y San Pablo de Bicuñer fue río arriba del Puerto de la Concepción, hacia el norte, o río abajo, hacia el sur del referido poblado9, siendo esta última ubicación la que aquí se considera má.

En 1780, el primer Comandante General de las Provincias Internas Teodoro de Croix, en atención no sólo a los deseos de los misioneros franciscanos, sino del mismo jefe yuma Salvador Palma, y para reforzar las acciones planeadas para el establecimiento de una ruta terrestre de Sonora a California, dispuso la fundación de dos misiones franciscanas cerca de la confluencia de los ríos Colorado y Gila, y para ello se enviaron colonos y soldados a la región bajo el mando del alférez Santiago Yslas o Islas; y al término del prolongado viaje, el 27 de noviembre de 1780, Islas y los franciscanos Francisco Hermenegildo Garcés y Juan Antonio Barreneche fundaron el pueblo y la misión de “La Purísma Concepción de María Santísima”, muy cerca de la actual ciudad de Yuma, Arizona, en la margen occidental del río Colorado, cerca de su confluencia con el Gila. El segundo pueblo y misión llamado “San Pedro y San Pablo de Bicuñer” fue establecido el 7 de enero de 1781 también por Islas y los misioneros Juan Antonio Díaz y José Matías Moreno, unos kilómetros río abajo, también del lado de la Alta California.

Para el establecimiento de las misiones mencionadas, Croix no tomó en cuenta las enseñanzas que la historia de las primeras fundaciones misionales habían dejado. Era sabido que nunca se habían ubicado asentamientos de colonos civiles adjuntos a una misión, y menos en una frontera a muchos días de distancia de las fuentes de abastecimiento indispensables para el sostenimiento de la colonia; que una comunidad que pretendiera ser colonia, misión y presidio al mismo tiempo estaba destinada al fracaso a menos que se contara con grandes recursos sobre todo en alimentos, y una guarnición numerosa y bien abastecida; además, debió recordar que daba buen resultado ganar la voluntad de los nativos con los obsequios acostumbrados. Croix no aprovechó estas experiencias cuando dispuso la fundación de las dos misiones, y sobre todo, no tomó en consideración la opinión del Capitán Juan Bautista de Anza, quien había advertido que, sin un presidio fuerte que protegiera los asentamientos adjuntos a las misiones, estarían en grave peligro si eran atacados por los indios. A pesar de que en aquel experimento se jugaba la vida de mucha gente, se procedió, como dijo Palou con cierta ironía, a un nuevo modo de conquistar.

Los yumas estaban muy contrariados porque no veían que llegaran los obsequios que el virrey le había prometido al jefe Palma, cuando éste fue llevado a la ciudad de México por el capitán Juan Bautista de Anza presentándolo como gran aliado de los españoles. Los extraños forasteros les habían quitado las mejores tierras, y sus bestias y ganado devoraban las milpas y las vainas de los mezquites. Esta situación se agudizó cuando el Capitán Rivera y Moncada llegó procedente de Sonora en junio de 1781, al frente de los colonos que se asentarían en California, y se quedó acampado con buena parte de los colonos, mientras que el resto era conducido a California por el Capitán Argüello. El Alférez Islas había nombrado gobernador de los yumas al hermano del jefe Salvador Palma, Ignacio, pero poco después lo castigó mandándolo al cepo por motivos baladíes. Fue por todo esto que los indios, cansados de tantos abusos, fraguaron el plan para destruir los pueblos y misiones, matar o capturar a todos los colonos y soldados, y destruir las misiones, acciones que iniciaron desde el 17 de julio de 178110 en un ataque que tomó completamente desprevenidos a todos los colonos, soldados y misioneros. Los yumas destruyeron las misiones, hicieron numerosos prisioneros y mataron a los soldados y al mismo Capitán Rivera y Moncada. Aunque en posteriores campañas se logró rescatar a casi todos los cautivos previo pago por el rescate, y matar a buen número de yumas, la ruta que pretendía iniciarse quedó cancelada definitivamente.

Transcripción de una carta que la señora María Ana Montielo11, sobreviviente de la masacre de los yumas, dirigió al padre Francisco Antonio Barbastro, superior de las misiones franciscanas en Sonora en 1786

Altar, 21 de diciembre de 1786.

AL PADRE FRANCISCO ANTONIO BARBASTRO.

En su muy apreciada carta, su Reverencia me pide que comente sobre “…los eventos alrededor de la muerte de los misioneros en el Río Colorado”.

El padre Juan Barreneche celebraba la primera misa aquella mañana [17 de julio de 1781], a la que yo misma fui. El padre Francisco Garcés tenía la segunda misa. Su acólito era Santiago Islas, mi difunto esposo. Cuando mi esposo estaba moviendo el misal de un lado a otro del altar para el evangelio de la misa, comenzaron los alaridos de guerra de los indios.

El cabo Pascual Baylón fue el primero en caer en sus manos. Cuando lo estaban matando con sus mazos, el padre Juan Barreneche salió de prisa apenas a tiempo para abrirse camino entre los indios que gritaban y ser testigo en el último acto de la vida del cabo al apretar la mano del buen padre. Aunque golpeado por los mazos de guerra , el padre Barreneche pudo alcanzar el santuario de la iglesia. Mi esposo había observado algunos indios armados que llegaban al poblado antes de irse al servicio. Como comandante de los asentamientos del Colorado, tomó la precaución de poner a Baylón de guardia temporal, sin soñar que una rebelión completa de la nación yuma estaba a punto de comenzar. Aunque la misa ya había comenzado, el padre Garcés la hizo más corta cuando comenzó la batalla.

Dándome cuenta que toda la nación yuma se había levantado contra nosotros, reuní a las mujeres y corrimos por nuestras vidas a la iglesia. Allí encontramos más españoles refugiados discutiendo con el padre Garcés sobre quién debía ser culpado por el alzamiento. “Olvidemos de quién es la culpa”, replicó el padre Garcés, y simplemente consideren que es castigo de Dios por nuestros pecados". Su voz mostraba piedad, aunque su cara era de un gris ceniza.

Esa noche los yumas comenzaron a quemar nuestras casas y pertenencias y mataron a tantos como pudieron de nuestra gente. Esa fue la noche en que se me partió el corazón, cuando mi amado esposo fue golpeado hasta la muerte ante mis propios ojos.

Al amanecer del dieciocho de julio, el padre Barreneche nos alentó a los que aun estábamos vivos con las palabras: “El diablo está del lado del enemigo, pero Dios está en el nuestro. Cantemos un himno a María santísima, para que nos favorezca con su ayuda, y alabemos a Dios por mandarnos estas pruebas”. Con gran fervor de espíritu entonó el himno “Levántense, Levántense”. Durante toda la noche, él y el padre Garcés recorrieron secretamente la aldea, administrando los sacramentos a los heridos y moribundos, consolándolos en la hora de su muerte.

Cuando terminó el himno, el padre Barreneche nos ofreció misa a todos, mientras esperábamos la muerte en cualquier momento. Después de la misa, se ocupó en sacar las flechas y lanzas de las paredes de la iglesia y las casas y en subir a los techos para revisar los movimientos del enemigo.

Como a las tres de la tarde, cuando los indios habían terminado de matar al capitán Rivera y sus hombres en el otro lado del río, llegó el padre Barreneche de administrar consuelo al último de los moribundos, y nos dijo que cada uno de nosotros deberíamos tratar de escapar lo mejor que pudiéramos. Tomó su breviario y su crucifijo y, junto con el padre Garcés, las mujeres y el resto de la gente, se fue saliendo del asentamiento, dejando atrás para siempre la nueva misión de La Purísima Concepción y su propiedad y posesiones. Le preguntó al padre Garcés si quizá deberían tratar de llegar a nuestra otra colonia. El padre Garcés le aseguró que estaba completamente destruida y sus habitantes asesinados.

El padre Barreneche fue siguiendo la huella de sangre de un hombre herido llamado Pedro Burgues, que había mandado por él para que viniera y oyera su confesión. La huella iba a través de una laguna aparentemente baja. El sacerdote se metió, armado de crucifijo y breviario. Antes de pensarlo, estuvo metido hasta la cabeza. Aunque no sabía nadar, se abrió paso hasta que pudo agarrar un tronco y algunas raíces. Jalándose de las raíces, pudo alcanzar la otra orilla. Aunque milagrosamente se escapó de ahogarse, [aunque] perdió su breviario y su crucifijo.

De aquí, los dos padres siguieron solos. Las mujeres nos quedamos a la orilla de la laguna. El padre Garcés nos advirtió: “Permanezcan juntas, no resistan la captura y los yumas no les harán daño”. Dicho esto, se aventó a la laguna para unirse al padre Barreneche al otro lado. Esto fue lo último que vimos de los dos padres, mientras nos acurrucábamos esperando la muerte en cualquier momento.

A través de otra mujer española cautiva que no estaba en mi grupo, supe después que los padres Garcés y Barreneche no fueron asesinados hasta tres días después [21 de julio de 1781]. Después de salir de la laguna, los padres fueron descubiertos por un yuma amigo cuya esposa era una ferviente cristiana. Llevó apresuradamente a los padres a su ranchería, a donde esperaba su esposa.

El enemigo cayó sobre ellos mientras estaban sentados dentro de la cabaña yuma, tomando chocolate. El líder rebelde gritó: “Dejen de beber eso y salgan. Vamos a matarlos”. “Nos gustaría terminar primero nuestro chocolate”, contestó el padre Garcés. “Déjenlo”, gritó el líder. Obedientemente, los dos padres se pararon y lo siguieron.

Los indios cuentan la historia de que al primer ataque de los verdugos, el padre Garcés desapareció de su vista, y quedaron golpeando el aire. Se había corrido la noticia entre la nación yuma que él era más poderoso que sus propios doctores-brujos. Una y otra vez escuché que muchos de los yumas no querían ver asesinados a los padres. Sin embargo, su sangre fue derramada , y la mujer que me contó esto se encontraba lo suficientemente cerca para oír los lastimeros quejidos cuando estaban tirados [en el suelo] muriéndose. El esposo de la piadosa mujer recobró sus cuerpos sin vida y los enterró.

La mujer que me contó esto fue Gertrudis Cantud, esposa del moribundo que el padre Barreneche iba siguiendo para oír su confesión cuando los padres cruzaron la laguna.

Esto es todo lo que puedo recordar para contarlo a su Reverencia respecto al malhadado asentamiento del Río Colorado, la misión de La Purísima Concepción, y el resto del territorio por el que viajamos hasta que los padres nos dejaron a orilla de la laguna.

María Ana Montielo

Los primitivos Californios, según Jacobo Baegert

Fuentes que se transcriben parcialmente:

Observations in Lower California, traducción del informe de Baegert del alemán original por M. M. Brandenburg y Carl L. Bauman, y An Account of the Aboriginal Inhabitants of the Californian Peninsula, as given by Jacob Baegert, a german jesuit missionary , who lived there seventeen years during the second half of the last century. Traducido del alemán al inglés y arreglado para el Instituto Smithsoniano por Charles Rau. Washington, 1864. El título en alemán de la obra de Baegert parcialmente traducida por Rau es: Nachrichten von der Amerikanischen Halbinsel Californien: mit einem zweyfachen Anhang Falscher Nachrichten . Geschrieben von einem Priester der Gesellschaft Jesu, welcher lang darinn diese letztere Jahr gelebet hat. Mit Erlaubnuss der Oberen. Mannheim, 1773. La primera impresión fue en 1772.

…Los californios pasan toda su vida, día y noche, al aire libre, el cielo sobre ellos forma su techo, y el suelo duro la cama en la que duermen. Durante el invierno, únicamente, cuando el viento sopla cortante, construyen en su derredor, pero sólo opuesta a la dirección del viento, una media luna de matorrales y palos, de unos cuantos palmos de altura, como protección contra la inclemencia del clima, mostrando que, a pesar de su simplicidad, comprenden muy bien “cómo orientar las velas hacia el viento12”. No puede ser de otro modo con ellos, porque si tuvieran casas, se verían forzados a llevar sus habitaciones siempre con ellos, como los caracoles y las tortugas, ya que la necesidad de recolectar alimento los urge a errar constantemente…

…Cuando se dan a la tarea de construir un refugio para proteger a sus enfermos del calor o del frío, la entrada es usualmente tan baja que una persona tiene que arrastrarse sobre pies y manos para poder entrar, y toda la estructura es de tan pequeñas dimensiones que hace imposible estar de pie dentro de ella, o hallar lugar para sentarse en el suelo con el propósito de confesar o confortar al paciente…Aun los viejos y débiles son completamente indiferentes a estar bajo techo o no, y sucedía frecuentemente que me encontraba viejos enfermos yaciendo al aire libre, para cuyo acomodo había dispuesto que se construyeran cabañas el día anterior. Tanto pueden los hábitos.

Así como el cielo azul forma la única habitación de los indios californios, no usan otra cubierta que la piel café con la cual la naturaleza los ha vestido. Esto se aplica al sexo masculino en el sentido completo de la palabra…las mujeres saben cómo preparar de las fibras de la planta de maguey una fibra blanca, que les sirve para hacer cuerdas. Con éstas ensartan cientos de pequeñas secciones de carrizos, como las cuentas de un rosario, y un buen número de estos hilos, unidos por sus puntas a un cinto, y situados muy cerca y apretados unos a otros, forman dos mandiles, uno de los cuales cuelga para abajo del abdomen, mientras que el otro cubre la parte trasera. Estos mandiles son como de una cuarta de ancho y de diferente longitud. En algunas naciones llegan a las rodillas…y aun hasta los pies. Ambos lados de los muslos permanecen desnudos. Para evitarse trabajo, algunas mujeres usan, en lugar de mandiles traseros, un pedazo de piel de venado sin curtir… …De la misma piel sin curtir hacen, si pueden conseguirla, sus zapatos o sandalias, pedazos planos simples, que se atan a los pies con toscos hilos del maguey mencionado, pasándolos entre los dedos gordo y pequeño y alrededor de los tobillos…

No se espera que un pueblo en tan bajo estado de desarrollo como los californios haría uso de muchos implementos o utensilios. Todo su mobiliario, si es que puede aplicarse la expresión, consiste en un arco y flechas, un trozo de pedernal en lugar de cuchillo, un hueso o pedazo de palo puntiagudo para sacar raíces, un caparazón de tortuga que sirve de canasta y de cuna, una vejiga grande para guardar el agua y transportarla durante sus excursiones, y una bolsa hecha como red de pescar de las fibras de maguey, o de la piel de gato montés, en la que guardan y cargan sus provisiones, sandalias y quizá otras cosas insignificantes que posean…

…Los niños hacen lo que les place, sin temer reprimendas o castigos, sin importar lo desordenada o malvada que sea su conducta. Sería bueno que los padres no se enojaran cuando sus hijos son castigados ligeramente por orden del misionero debido a faltas serias; pero en lugar de soportar con paciencia tales correcciones de sus pequeños hijos e hijas, lo toman a gran ofensa y se enfurecen, especialmente las madres, que gritarán como furias, se jalarán el cabello y se golpearán los pechos desnudos con una piedra, y lacerarán sus cabezas con un palo o hueso hasta que fluya la sangre…

En esta parte del relato de Baegert, el traductor Rau refiere la observación que hace un Dr. Waltz, sobre lo que considera contradicciones o incongruencias en las que incurre Baegert, cuando constantemente degrada al mínimo la cultura de los californios, para después contradecirse en casos como éste, pues el misionero alemán habló mucho sobre el desamor, indiferencia y descuido con que las madres nativas trataban a sus hijos, para luego referirse a la furia que les producían los castigos a sus pequeños ordenados por lo misioneros.

El estilo peyorativo empleado por Baegert al hacer cualquier descripción de la vida de los californios a lo largo de casi todo su relato, situándolos frecuentemente al nivel de las bestias, contrasta con las pocas expresiones halagüeñas que hace sobre sus costumbres. A continuación se transcriben algunas .

…Los dientes, aunque nunca se los limpian, son de la blancura del marfil…Son gente bien formada y bien proporcionada. Todos caminan, con pocas excepciones, perfectamente derechos hasta la más avanzada edad… …Sus niños se paran y caminan antes de tener un año de edad Algunos son altos y de apariencia de mando, otros bajos de estatura, como dondequiera, pero no se ven individuos corpulentos entre ellos, lo que puede deberse a su forma de vivir, ya que, viéndose obligados a correr mucho, no tienen oportunidad de hacerse gordos. A pesar de lo estéril del país, un californio difícilmente muere de hambre, excepto, quizá, cuando de vez en cuando un individuo cae enfermo en la soledad lejos de la misión… … La comida de los californios, como se verá, es ciertamente de muy mala calidad, sin embargo los mantiene en condición saludable, y crecen fuertes y se hacen viejos a pesar de su dieta pobre A pesar de su incapacidad y lenta comprensión, son astutos, y en muchos casos muestran ingenio. Venderán sus pollos al misionero al principio de una enfermedad, y después exhibirán la disposición a no comer mas que carne de pollo, hasta que ninguna de las aves quede en el gallinero. Un prisionero fingirá una peligrosa enfermedad y pedirá los últimos sacramentos para que se le quiten los grilletes, y encontrar, subsecuentemente, la oportunidad para escaparse Los californios son audaces. Trepan hasta lo alto de un tronco tambaleante y débil, a veces de treinta y seis pies de alto, llamados cardones por los españoles, en búsqueda de alguna presa; o montan un caballo bronco, sin riendas ni silla, y cabalgan, durante la noche, por caminos por los que yo tendría miedo de caminar durante el día. …Cuando se levantan nuevas construcciones, caminan por los andamios malhechos con la agilidad de gatos, o se aventuran varias leguas en mar abierto sobre un manojo de palos, o el delgado tronco de una palmera, sin pensar en el peligro…

Con todo y su pobre dieta y penalidades, los californios rara vez están enfermos. En lo general son fuertes, duros, y mucho más saludables que los muchos miles que viven diariamente en la abundancia y la más selecta comida que el talento de cocineros parisinos pueda preparar…

Al empezar el capítulo VIII y referirse a las cualidades y costumbres de los californios, Baegert dice:

De lo que ya he dicho de los Californios, podría inferirse que son los más infelices y dignos de piedad de todos los hijos de Adán. Sin embargo, tal suposición estaría completamente equivocada, y puedo asegurar al lector que, en lo que se refiere a su condición temporal, incuestionablemente viven mucho más felices que los habitantes de Europa, no exceptuando a aquellos que parecen disfrutar de toda la felicidad que la vida puede proporcionar.

A continuación, con bello lenguaje, Baegert compara a los californios con los europeos acomodados y cultos, y concluye que, sin tener nada, sin desear nada que no sea la satisfacción de sus naturales necesidades, lo cual logran con facilidad, no conocen la envidia, los celos, ni las frustraciones por causas económicas, lo cual hace que sean felices y que continuamente rían, platiquen y hagan bromas de todo. Para terminar el tema, lo rubrica de la siguiente manera:

En una palabra, los californios no conocen el significado de “meum” y “tuum”, esas dos ideas que, de acuerdo con San Gregorio, llenan los pocos días de nuestra existencia con amargura e incontables males. Aunque parezca que los californios no posean nada, tienen, sin embargo, todo lo que quieren, ya que no ambicionan nada que esté más allá de las producciones de su poco favorecido país, y éstas están siempre a su alcance. No es de sorprender, entonces, que siempre exhiban un temperamento gozoso, y que constantemente se gratifiquen en la diversión y la risa, mostrando así su satisfacción, que, después de todo, es la verdadera fuente de la felicidad…

…Los californios tienen una gran predilección por cantar y bailar, lo cual hacen al mismo tiempo, lo primero es llamado “ambéra dití” y lo último “agénari”. Sus cantos no son más que un murmullo inarticulado y sin sentido, o gritos, que cada quien entona según sus propias inclinaciones, para expresar su gozo. Sus danzas consisten en una tonta e irregular gesticulación y brincos, o avanzando, retrocediendo y caminando en círculo. Tienen tal delicia en estas diversiones que se pasan noches enteras en su práctica… …mencionaré que son corredores extremadamente buenos. Con gusto les hubiera cedido mis tres caballos para que se los comieran si fuera tan ligero como ellos, porque, siempre que viajaba, me cansaba más pronto de cabalgar que ellos de caminar. Pueden correr hoy veinte leguas, y regresar mañana al lugar de donde comenzaron sin mostrar mucha fatiga. Un día en que estaba a punto de iniciar una jornada, un niño expresó su deseo de acompañarme, y cuando le di a entender que la distancia era larga, el negocio importante, y mi caballo muy brioso, replicó con prontitud: “Vuestro caballo se cansará, pero yo no”. Otra vez mandé a un muchacho de catorce años con una carta a la misión vecina, situada a seis leguas de mi residencia. Salió a las siete de la mañana, y como a una legua y media de distancia de su destino, se encontró al misionero a quien la carta iba dirigida, montado en una buena mula, y en camino a visitarme. El muchacho se devolvió y acompañó al misionero, con quien llegó a eso del medio día a mi misión, habiendo caminado en cinco horas una distancia de más de nueve leguas…

El trabajo siempre comenzaba tarde, y terminaba antes de que el sol se escondiera. Al medio día descansaban dos horas. y todo su trabajo era para ellos o para beneficio de sus hermanos de raza, ya que el misionero no derivaba más que problemas de esto…

Por lo demás, el misionero era el único refugio del pequeño y del crecido, del enfermo y del sano, y tenía que llevar la carga de todos los problemas de la misión. A él pedían los nativos comida y medicinas, ropa y zapatos…tenía que arreglar sus pleitos, encargarse de los infantes que habían perdido sus padres, proveer por los enfermos, y nombrar quiénes vigilaran a los moribundos…

Baegert tituló el capítulo IV de la tercera parte de su libro “De las iglesias en California, sus muebles y ornamentos”, del cual se transcriben algunos párrafos que se refieren a la casa del misionero, tomados de la traducción hecha directamente del alemán al inglés por M. M. Brandenburg y Carl L. Baumann.

…La cocina del misionero tenía una sartén de cobre, un pequeño recipiente de cobre para preparar el chocolate, los dos estañados por primera y última vez cuando fueron compradas en México, dos o tres ollas hechas de arcilla y estiércol de cabra, sin vidriar y sólo medio cocidas en carbón al aire libre; un pequeño asador, que frecuentemente permanecía sin usarse por medio año, y algunas vejigas de res llenas con manteca. En el resto de la casa se encontraba un crucifijo, algunas pinturas en papel sobre la pared, una biblioteca adecuada, dos o tres sillas duras, una cama igualmente dura sin cortinas, o en su lugar, una piel de ganado en el suelo desnudo. Estas cosas comprendían el mobiliario completo de cocina y casa. En las iglesias, sin embargo, era muy diferente

Como regla, las iglesias fueron construidas antes de que se hubiera dado ningún pensamiento a alojar confortablemente a sus servidores. Las iglesias eran construidas tan bien y bellamente como era posible. La cal era traída de una distancia de muchas millas, y no habiendo otro material. Las piedras de roca dura eran cortadas para bases de las esquinas y marcos de puertas y ventanas. La iglesia de Loreto es muy grande, sin embargo sólo consiste de cuatro paredes lisas y un techo plano hecho de vigas bien unidas de madera de cedro. Sin embargo, ninguna otra iglesia podría competir con sus pinturas o en lo costoso de sus atuendos clericales. Las bóvedas de otras tres iglesias fueron hechas de ladrillo o piedra calcárea. Una cuarta, que en tamaño y belleza artística iba a sobrepasar a las demás, estaba a punto de recibir una bóveda cuando el arquitecto, un misionero y constructor nativo de México, fue expulsado y forzado a partir para Europa La iglesia de Todos Santos está abovedada, pero con madera que fue traída a la misión con la ayuda de muchas yuntas de bueyes, a través de muchas millas, de una cordillera de montañas muy alta y escarpada. Es grande y ricamente decorada. La iglesia de la misión de San Xavier fue construida como una cruz, con tres imponentes puertas, y tres altares de oro bruñido, una alta torre, una graciosa cúpula, y grandes ventanales , que fueron las primeras y únicas ventanas de vidrio en ser vistas en California durante esos últimos años…

Finalmente, cabe mencionar que a pesar del tono constantemente despectivo que usó Baegert al referirse a los indios, nadie debe equivocarse: amaba profundamente a sus californios, y les entregó parte de su vida durante los diecisiete años en que les sirvió. Después, en Europa, sollozaría al recordarlos.

Fuente: Diario del Viage que se hizo en la Provincia de California al Norte de esta Peninsula en el Febrero de este año de 1766, tomado del libro Wenceslaus Linck´s Diary of his 1766 Expedition to Northern Baja California. Translated into English, Edited and Annotated by Ernest

J. Burrus, S.J., Dawson Book Shop, Los Angeles, 1966.

INTRODUCCIÓN: Dos de los varios distintivos impactantes que hacen de Baja California la entidad diferente, única, por sus especiales características geográficas, son la Sierra de San Pedro Mártir y el desierto de San Felipe. Correspondió a Wenceslao Linck, o Linc, como firmó en su diario13, haberse lanzado a la titánica empresa de viajar por tierra hasta la región septentrional de la península, muy al norte de la última misión frontera, como designó él a San Francisco de Borja.

No pudo culminar su objetivo de llegar hasta la desembocadura del río Colorado, pero en su viaje conoció nuevos grupos humanos y paisajes nunca vistos antes por europeo alguno, y varios de sus hombres y nativos que lo acompañaban, sí lograron descender de la sierra hasta la costa del Golfo de California, a la altura de San Felipe. Al final se da una relación de los principales lugares tocados durante la expedición, con la fecha correspondiente.

Salí de la Misión frontera de San Francisco de Borja la tarde del 20 de febrero de este año de 66 [1766], escoltado por 13 soldados, cuyo Gefe de la expedición fue el Teniente del Real Presidio Don Blas Fernández y Somera y de competente numero de Yndios armados de arcos y flechas.

El Capitan Don Fernando Javier de Rivera y Moncada, cuyo ardiente zelo por los intereses de Dios y del Rey años ha es notorio apronto la escolta y dio quantas providencias heran necesarias para una expedición que creía ser mui importante, y huviera emprendido el penoso viaje si no se juzgara mas necesaria su asistencia en el Real Presidio de Loreto…

[En lo sucesivo, la ortografía del diario se encuentra actualizada para mayor facilidad de su lectura y comprensión]

El 21 de febrero llegamos a Vimbet, en donde había agua para beber, pero debíamos estar muy sedientos. para poder tragarla. En toda aquella región, sin embargo, no había otra fuente de agua, y por lo tanto no tuvimos alternativa. Hoy viajamos tres horas y media. El poco pasto de su estéril suelo nos hubiera echado esta tarde de Vimbet, de no haber caído tan abundante lluvia que tuvimos que pasar aquí la noche lo mejor que pudimos.

Un jefe nativo y su ranchería completa de Nuestra Señora de Guadalupe, nos había preparado miles de mezcales, un alimento que es su pan diario de cada día y el de más gusto del país El 23, después de viajar otra vez 6 horas, llegamos a Kanin, en donde un devoto jefe nativo del poblado de San Ignacio, con toda su gente, nos tenía lista la misma comida que se nos había dado en Vimbet y Guadalupe [se refiere a gran cantidad de mezcales cocidos bajo tierra y que son de agradable sabor].

…El 24 seguimos por una hora y media para poder llegar a Keda, un arroyo bien conocido por sus abundantes praderas y varios aguajes. [En este punto hay una nota bibliográfica que dice: “Aquí la expedición cruzó la división entre donde nace Arroyo de León al siguiente arroyo hacia el norte. …Este campamento estaba cerca de “Las Codornices”, según varios mapas…]. Aquí permanecimos 24 horas para que nuestras mulas se reforzaran, y más aun los pocos caballos que teníamos que usar y que se comenzaban a debilitar y enflacar.

Este punto marca el último límite de la exploración del padre Fernando Consag, de p.m. [“piae memoriae”]. Fue de este punto de donde se regresó y viajó hacia el sur por la costa del Pacífico 14

…La tarde del 26 llegamos a un “lago” que se extiende por varias leguas. Está completamente rodeado de colinas, uno puede ver como baja el agua por sus verdes laderas. El extenso llano que rodean estas colinas es de arcilla tan dura que las pezuñas de los animales no dejan huella. En el lecho del lago se detectan las fisuras o grietas por las que escapa el agua. Por ahora no queda una gota. Algunos de nuestros soldados de Nueva Galicia decidieron llamar a esta zona Chapala…

…Nuestra jornada del 28 nos llevó 4 horas. Legamos a San Luis, nombre que hasta los indios gentiles del interior dan al lugar. La extensa región del Golfo de California al Océano Pacífico es llamada San Luis. Está situada a los 31 grados, un grado al norte de la misión frontera. [Siguiendo los cálculos de Consag, Link se equivocaba con más de un grado al norte].

…El número de gentiles en San Luis es incomparablemente mayor que el de los cristianos. En esta ocasión, cristianos y gentiles compitieron unos con otros en obsequiarnos. Los dos grupos nos dieron liebres y conejos, además de los acostumbrados mescales. Abrieron una vereda por el fondo del arroyo y excavaron dos zanjas en las cuales pudieran beber nuestros animales. Sin que se les pidiera, hicieron un corral El jefe cristiano y los otros dos líderes nativos siempre eran los primeros en ayudarnos… …Los habitantes de estas rancherías me trajeron tres bultos de cabelleras y otros objetos que usan en los bárbaros excesos y supersticiones primitivas de sus fiestas [A las capas de cabellos humanos les llamaban “guanakae”].

…Salimos de San Luis la tarde del 1º. de marzo. Después de viajar tres horas entramos por un arroyo con mucho pasto y agua. Pero como la corriente fluye entre rocas altas, sería imposible usarla para regar siembras de grano.

De este punto en adelante seguiremos sin otro conocimiento de la región que el que podamos obtener de los indios gentiles. Por lo tanto, tendremos que llevarnos algunos nativos de las rancherías como intérpretes… [Este dato de Linck permite suponer que Consag, en sus exploraciones terrestres, nunca rebasó los 30º de latitud norte].

El 3 de marzo, aún a dos días de Vellicatá, ya en tierras nunca exploradas antes, cerca de un lugar llamado Keita por los nativos, los expedicionarios se encontraron con un grupo de indios quienes huyeron al verlos, varios soldados los alcanzaron y después de convencerlos que no les harían daño, se regresaron a su ranchería y dieciséis de ellos fueron a recibir a Link. Entre ellos había algunos de luto, el cual guardaban en memoria de dos mujeres que habían sido asesinadas días antes por una tribu de la costa del golfo, lo que indicaban por la pintura negra con que se pintaban gran parte de su cuerpo. Aquí pudieron beber agua de un pozo hondo que era de donde tomaban agua los nativos. Ya cerca de “Güiricatá”, como llamaban los nativos al lugar que los españoles bautizaron como Vellicatá, encontraron una ranchería habitada por más de doscientas personas, en donde fueron bien recibidos y se les dieron mezcales. De aquí, Linck incorporó a la expedición a dos muchachos que gustosamente lo acompañaron.

…El 5 de marzo nos tomó cinco horas para llegar a Vellicatá. En el arroyo hay una corriente de agua suficiente para irrigar las tiras de tierra que están a los lados Permanecimos todo el día en Vellicatá para que los animales descansaran y nosotros pudiéramos explorar el arroyo más cuidadosamente…

…Así es que, si no surge otra dificultad seria, este será el sitio para establecer la nueva misión. que tantos hermanos nuestros están pidiendo. 15

…El 8 de marzo salimos rumbo al próximo aguaje que se nos había mencionado. Apenas llevábamos unas dos horas sobre terreno plano abundante en pasto pero sin agua, cuando nos dimos cuenta que habíamos seguido una ruta muy alta…el aguaje estaba en el nivel más bajo, muy debajo de nosotros y prácticamente inaccesible. Pudimos con gran esfuerzo conducir los animales por una vereda hacia abajo para llegar a un arroyo con agua corriendo que da vida a numerosos sauces y carrizos…Toda el área es adecuada para pastorear ganado…El sitio fue llamado San Juan de Dios16

…El cortés y gallardo indio gentil que había acordado esperarnos en el aguaje de su ranchería nos siguió a este lugar. Al darse cuenta que nos habíamos quedado, salió con su mujer y su familia para encontrarnos. El 13 de marzo comenzamos el ascenso a una de las cimas de la sierra que se extiende de costa a costa… [más adelante, en un arroyo con álamos blancos] nuestro amigo gentil nos regaló con diez cargas de mezcal…

…El diecisiete de marzo continuamos el ascenso de la sierra. pasamos por la mayor parte del camino a pie, ya que ir montados a caballo nos hubiera expuesto al peligro de rodar por los desfiladeros….

…El dieciocho de marzo seguimos por la misma ruta. En nuestra marcha de cuatro horas pasamos por varios arroyos pequeños, con muchas palmas y álamos…Acampamos en un valle atravesado por muchas cañadas con agua Los soldados, otra vez acompañados por los nativos, salieron a reconocer. Pronto tuvieron que regresar al ser bloqueados por un paso difícil. Desde aquí pudimos distinguir el Golfo de California y entre éste y la sierra un valle muy extenso. Se encontraban a la altura de San Felipe, aproximadamente a los 31 grados de latitud. Al pardear del día dieciocho el contingente había cruzado el espinazo de la sierra de San Pedro Mártir y estaba en la vertiente oriental; el “valle muy extenso” era el de San Felipe. El día 19 Linck subió hasta donde los soldados habían llegado el día anterior, a la altura de la ensenada de San Buenaventura, para ver el Golfo de California. El 21 de marzo, Link mandó a algunos neófitos que bajaran al golfo, así lo hicieron y regresaron al anochecer del 22, aunque hubo varios que no pudieron llegar hasta la playa. En la costa encontraron cerca de un aguaje una ranchería de la que todos huyeron al verlos, excepto dos, a los que trajeron a la media noche. Enseguida Link dice Otra ranchería que con la que los soldados se encontraron no actuó tan cobardemente. Tan pronto como los vieron los indios, tendieron sus arcos y hubieran disparado sus flechas de no haber sido porque nuestros nativos les hicieron señas de paz. Al preguntarles dónde se encontraba el aguaje, lo señalaron. [Este aguaje debió corresponder al que fue situado en el mapa de Consag muy cerca de San Felipe].

A estas alturas, los expedicionarios se dieron cuenta que los nativos de la sierra pocas veces o nunca descendían a la costa, por lo difícil y peligroso del terreno; había gran número de veredas, pero todas a lo largo de la sierra y ninguna hacia la costa del golfo. Los guías que podían conseguir de vez en cuando y que pronto escapaban hacia sus recónditas rancherías los conducían cada vez más hacia el noroeste, alejándolos del rumbo que los hubiera llevado hacia la desembocadura del Colorado. Pero esto no obedecía a ningún plan malévolo y secreto, sino a que, como el mismo Link lo admitía, era la única ruta por las laderas de la serranía donde se podía encontrar agua.

…No debemos temer que los nativos [día 27] nos estén escondiendo el agua. ¿Les preocuparía que forasteros penetren al interior de su país, cuando ellos mismos nos han informado que por las laderas de la sierra nunca nos faltaría el agua, y cuando ellos mismos nos han señalado diez o más aguajes? Además, nos han informado que cuando van a la costa del Golfo, a más de una jornada de nuestra actual posición, solo viajan de noche para poder hacerlo sin agua, y que durante el día se entierran en la arena… [Textualmente dice Link: para poder pasar sin agua, caminan de noche; y de día, se entierran en la arena.” Según el Dr. Ives, se ha demostrado experimentalmente que, en lugares desérticos, cuando la temperatura es de 120° F. a la sombra, y se registra una temperatura en la superficie del suelo de 160° a 180° F., seis pulgadas debajo de la superficie de la tierra, la temperatura será de sólo 85°.]

[Quizá el día 26] No tenemos duda que la desembocadura del Colorado está cerca. Esto alentó a Don Blas Fernández a seguir adelante en busca del río. Sólo cuatro soldados lo acompañaron, ya que la mayor parte de los animales están inutilizados debido a que sus pezuñas están muy gastadas. Yo quería tomar parte en esta parte de la expedición para acompañar al comandante que tan fielmente me ha servido en este viaje, pero don Blas pensó que era mejor que me quedara con los enfermos, quienes me necesitaban más Más aun, casi estábamos en la base de la Sierra de Los Reyes, que corre al noreste del punto donde el río Colorado desemboca en el Golfo de California [Esta sierra actualmente se llama Sierra Pinta o Las Pintas, y está al este del extremo sur de Sierra de Juárez. A la mitad de la Sierra la latitud es de unos 31º 37´ N. Linck creía equivocadamente haber llegado a los 33 grados, excediéndose por error más de un grado, como sucedió con todos los exploradores de la época].

…Los animales ya no tenían herraduras, estábamos lejos de la misión frontera, y necesitábamos de nuestras bestias para el viaje de regreso….por lo que decidimos iniciar nuestro viaje de regreso de este punto, y así lo hicimos el 27 de marzo….Interrogados [gentiles a los que se encontraron en esa región] acerca del Colorado, dieron muestra de conocer el río bastante bien, pero son totalmente ignorantes de la desembocadura de la corriente…

Todos estos nativos aseguran unánimemente que siguiendo por la ladera occidental de la Sierra de los Reyes llegaríamos a la orilla del río, de donde nos aseguran que obtienen sus ollas fabricadas de fina arcilla y decoradas muy artísticamente. Yo siempre había pensado que era un producto de California, pero aquí pudimos corregir nuestra falsa opinión. También hemos visto varias piezas de lana tejida, excelentes cobijas, también una especie de tela burda, y un retaso que parece de tela fina17. Todas estas cosas las obtienen de las tribus del río. Los nativos nos aseguran que no hay gente blanca en todo el país que han visto al norte y a las márgenes del río. Todos sus habitantes, insistieron, son indios; pero, como explicaron luego, usan ropa

…Nos dicen que estos indios del río agarran a sus enemigos por el cabello, y con una especie de espada de madera, les cortan la cabeza por el cuello. También usan lanzas de palo. Sus arcos son más altos que sus guerreros. Llevan sus flechas en una aljaba colgada de la cintura. Nada de esto se ha visto en California.

Nada más de vernos los indios se sorprendían, y al ver nuestros caballos se asustaban, porque nunca habían visto alguno aquí o en todo el país del Colorado por el que han viajado.

El 27 de marzo comenzamos nuestro viaje de regreso….

….El 5 de abril dejamos atrás la sierra, y tuvimos la satisfacción de ver que los nativos de una de las rancherías nos trajeron mescales. Nos habían estado esperando, y después nos acompañaron hasta el sitio en donde habíamos estado el 9 de marzo….

…El 8 de abril escampó el tiempo un poco. Salimos de nuevo y llegamos a Cataviña. El 10 llegamos a San Luis Gonzaga…

…El 18 de abril llegamos a la misión más septentrional, la de San Francisco de Borja, y dimos gracias a Dios por su clemencia al cuidarnos durante la expedición….

Lugares tocados durante la Expedición, según Burrus.

Febrero de 1766

FECHAHORAS VIAJADASSITIO
Jueves 204 horasSin nombre (S.N.)
Viernes 213 ½ horasVimbet
Sábado 226 horasYubay
Domingo 236 horasKanin
Lunes 241 ½ horasKeda
Martes 256 horasAguaje S. N.
Miércoles 265 horasLaguna Chapala
Jueves 273 ½ horasNo especificado
Viernes 284 horasSan Luis

Marzo de 1766

FECHAHORAS VIAJADASSITIO
Sábado 1º3Arroyo S. N.
Domingo 24Arroyo S. N.
Lunes 31 ½keita
Martes 46 ½Llano S. N.
Miércoles 55Vellicatá
Jueves 6Descansaron en Vellicatá
Viernes 7Descansaron en Vellicatá
Sábado 82San Juan de Dios
Domingo 9Exploraron los alrededores
Lunes 105Arroyo S N.
Martes 115 ½Arroyo S. N.
Miércoles 122Arroyo S. N.
Jueves 133 ½Arroyo S. N.
Viernes 146Tierras bajas S. N.
Sábado 15Se detuvieron
Domingo 16Reconocieron el lugar
Lunes 173Arroyo S. N.
Martes 184Arroyo S. N.
Miércoles 192Opuesto San Buenaventura
Jueves 20No especificadasMás allá de la sierra
Viernes 214Arroyo S. N.
Sábado 22Se detuvieron, exploraron playa
Domingo 234Arroyo S. N.
Lunes 242Arroyo S. N.
Martes 25Se detuvieron a buscar los caballos
Miércoles 265 ó 6Aguaje S. N., 31º 47´ Lat. real18 más probable. (S. Las Pintas)

Viaje de regreso (Marzo)

FECHAHORAS VIAJADASSITIO
Jueves 27 a domingo 30————–Lugar donde se había dejado a los enfermos
Lunes 31————–No especificado

Abril

FECHAHORAS VIAJADASSITIO
Martes 1º.————–Subida a la sierra
Miércoles 2————–Valle pedregoso
Jueves 3————–En la sierra
Viernes 4————–Arroyo S. N.
Sábado 5————–Cruzan la sierra
Domingo 6————–En camino a Keita
Lunes 7————–Keita
Martes 8————–Cataviña
Miércoles 9 a Jueves 10————–San Luis
Viernes 11————–Descansaron en San Luis
Sábado 12————–Calanujuet o Calagnujuet
Domingo 13————–Descansaron en Calanujuet
Lunes 14 a viernes 18————–San Francisco de Borja

La ortografía de los nombres de los diversos lugares es la que aparece en la obra

El informe de Píccolo19 a la Real Audiencia de Guadalajara

Fuente: INFORME Y RELACION SUCCINTA QVE DE LA NUEVA CONVERSIÓN , Estado, y Progressos de la CALIFORNIA Hizo, y Presentó A LA REAL AUDIENCIA DE GUADALAXARA, por su Orden, EL P. FRANCISCO MARIA PICOLO de la Compañía de JESUS. M. P. S., que se encuentra en el libro INFORME ON THE NEW PROVINCE OF CALIFORNIA, 1702.

FRANCISCO MARIA PICCOLO, S.J.. Traducido y editado por George P. Hammond; Dawson Book Shop, Los Angeles, 1967. El ensayo original fue publicado en 1702.

INTRODUCCIÓN. En el libro que se menciona, se encuentra fotocopiado el trabajo original de Píccolo, del cual se transcriben a continuación algunas partes. Cabe aclarar que Píccolo redactó su informe en un momento crucial para la subsistencia de las misiones, cuando Felipe V, a diferencia de su antecesor Carlos II, parecía estar dispuesto a apoyar su desarrollo, pero pidió toda la información para conocer el estado de aquellos establecimientos que recibirían la ayuda del real erario. Ese año de 1702 se hicieron dos impresiones del documento en la ciudad de México, con pequeñas diferencias una de la otra, pero después la fama del escrito llegó hasta Europa, donde se hicieron traducciones al inglés, alemán y francés, entre otros idiomas. La ubicación de los párrafos en el siguiente texto no necesariamente siguen el orden que tienen en el original.

… 3. El estado de las Poblazones, que al presente ay, son tres Missiones fundadas. La primera es la de Nuestra Señora de Loreto Conchó. La segunda es la de S. Francisco Xavier Biaundo. La tercera es de Nuestra Señora de los Dolores, llamada de los Naturales, Yodiveggé. Cada vna de estas Missiones tiene á su cargo varias Rancherias… A la Mission de Nuestra Señora de los Dolores, pertenecen los de Yodivineggé; los de Niumqui, que oy se llama S. Joseph, y todos están juntos, y son muchos en numero. Por el Norte, los de Unubbé: a esta Mission visita, y asiste el P. Rector Juan Maria Salvatierra…

…A la de N. Señora de los Dolores, fundaron, y dotaron los Cavalleros de la Illustre Congregacion de los Dolores de la Virgen, fundada en el Collegio de S. Pedro, y S. Pablo de la Compañía de JESUS de México, por el zelo de su Prefecto el P. Joseph Vidal de Nra. Compañía: tiene la dotación Ocho mil pessos de principal, y quatrocientos de reddito en cada vn ano . Fuera de estas tres Missiones fundadas…20. El mencionar Píccolo en este párrafo a la misión de Los Dolores, y considerando que su informe está fechado el 10 de febrero de 1702, obliga a pensar que de alguna manera la misión funcionó desde antes de 1721 ó 1725, fechas que los historiadores señalan para su fundación…

Su exercicio, assi de los hombres, como de las mugeres, es hilar hilo, y pita, delgado, y gruesso: del delgado texen faxas muy tupidas, y las redecillas curiosas: del gruesso, texen redes, de que hacen vnas talegas , ó bolsas, para recoger el sustento, y redes para pescar. Los hombres hacen vnas Xicaras ó bateas, de hyerbas muy tupidas, de desiguales tamaños: las pequeñas sirven de jarros para beber agua, de platos para comer, y sombreros a las mugeres: las grandes sirven de recoger frutillas, y otros mantenimientos, y de tostar en ellas las frutillas, con el afan de tenerlas en vn continuo movimiento, porque no se quemen. Su genio es muy vivo, y despierto, y lo muestran, entre otras cosas, en mofar mucho cualquiera barbarismo en su lengua, como al principio lo hicieron con nosotros al predicarles; despues de estar domesticados, se llegan a corregirnos… …Se llegan ä corregirnos, despues de predicar, cualquiera desliz en su lengua acabado el Sermon se llegan á el Padre, le reconvienen de lo que dixo, y le arguyen, y discurren a favor de su error…y á la fuerza de la razon , le sosiegan con toda docilidad. Con estas luces del entendimiento, muestran que no se deben contar entre los brutos, que ay en aquel Reyno [^1116]

Aquí, Piccolo, contrastando con las expresiones que tuvo Baegert sobre el carácter de los californios, asegura que “su genio es muy vivo y despierto”, al referir cómo ayudaron a los misioneros a aprender su lenguaje, aunque al principio se burlaban de sus errores. Tratando de impresionar favorablemente a la Audiencia de Guadalajara, al virrey y al mimo monarca, a fin de

que proporcionaran la ayuda a las misiones que tanto se necesitaba, Píccolo exageró las bondades de la California en lo que a potencialidades productivas se refiere, al decir: Ay muy grandes, y espaciosas llanadas, hermosas Vegas, Valles muy Amenos, muchas Fuetes, Arroyos, Rios muy poblados en las orillas de muy crecidos sauces, entretexidos de mucho, y espeso Carrizo, y muchas Parras silvestres. Tierra tan fértil avia de llevar frutos… …Los Cerros estan llenos de Mescales todo el año…llenos de hermosas, grandes y varias Pitahayas, y Tunas coloradas. tambien ay muchos Frixoles colorados, que cogen los Naturales, y de que hacen gran provisión, para comer: tienen para este fin mas de catorze generos de semillas, como es el Cañamon, el Aspistle…

…De lo mismo les sirve las raíces; ay grande abundancia de Yuca, que es su pan cotiano: ay Camotes muy buenos, y dulces; y apenas ay rayz de plantas, y arboles de que no saquen mantenimiento21… Sin negar lo hiperbólico del lenguaje de Píccolo al referirse a los atributos naturales de California, no se deben “exagerar sus exageraciones”, pues quien conoce las regiones de Comondú, San Francisco Javier, La Purísima, Todos Santos, San Ignacio, y otros muchos lugares del sur de la península, debe admitir lo paradisíaco del clima y variada producción frutícola, que se genera sin demasiado esfuerzo de los habitantes, aunque las áreas productivas son pequeñas.

…Los hombres andan desnudos en lo general no tienen sobre su cuerpo, mas que vna faxa bien texida, y á falta de esta, vna redecilla curiosa con que ciñen la frente, y algunas figuras de nacar bien labradas, que penden del cuello, que á vezes guarnecen con algunas frutillas redondas, como cuentas; el mismo adorno ponen en las manos: andan siempre con las armas en las manos, que son Arco, y Flecha, y Dardo, ya para el exercicio de la caza, ya para defenderse de sus enemigos. Las mugeres. su aliño en la cabeza, es de vna redecilla de hilo, que sacan de algunas hyerbas, ó de pita, que sacan de los Mezcales, y son tan curiosas estas redecillas, q´nuestros soldados se amarra el pelo con ellas. Sus gargantillas, que cuelgan hasta ceca de la cintura son de figuras de nacar, entreveradas frutillas, cañutillos de carrizo, y caracolitos; las pulseras de la misma materia22

Algunas descripciones del Sur de Baja California por el año de 1866

Fuente: Explorations in Lower California; por J. Ross Browne, publicado en “Harper´s New Monthly Magazine”, en octubre, noviembre y diciembre de 1868; y A sketch of the settlement and explorations of Lower California; J. Ross Browne, New York; D. Appleton and Company; 90, 92 & 94 Grand Street; 1869.

INTRODUCCIÓN: Una comisión investigadora de norteamericanos viajó por el sur de la península en 1867, para informar a la “Company of Colonization of Lower California” sobre las potencialidades que podría explotar la compañía, en la concesión que a su favor había hecho el gobierno de don Benito Juárez en Saltillo, Coahuila. La compañía estaba representada por Jacob P. Leese. El informe que elaboró la comisión, encabezada por J. Ross Browne, presentó un panorama objetivo en lo general, aunque en algunos casos exageró las posibilidades agrícolas de algunos lugares, esto, posiblemente, con el propósito de generar una opinión favorable en los capitalistas norteamericanos, respecto a la anexión de Baja California a los Estados Unidos. Aun así, el informe de Ross es un documento que refleja la visión que en aquella época tuvieron los norteamericanos sobre la Baja California, además de que describe vívidamente poblados, gente, y algunas de sus costumbres. Lo que se transcribe enseguida es en relación con muchos colonos norteamericanos que fueron engañados por compañías sin escrúpulos y llevados al sur de la península, en donde se les prometió que encontrarían un verdadero paraíso por el clima, paisaje, agua, etc…

…Después de un viaje de 27 días, los mareados colonos fueron desembarcados en este “paraíso”, sus bosques, arroyos y tierras de cultivo, sus huertos de naranjos, sus plantaciones de tabaco y caña de azúcar, habían desaparecido completamente. Un árido desierto, con manchones de cactus y matorrales espinosos, fue todo lo que pudieron ver en un radio de 25 millas, con un límite de montañas estériles y escabrosas. La Ciudad Colonial que se estaba construyendo, no existía más que en el mapa. No había casas, ni arroyos, ni siquiera una gota de agua. Era un desierto triste y de lo peor, sin la capacidad para mantener a un buitre o aun coyote en buenas condiciones…

El resultado se dice pronto. Excavaron en la arena por agua, se laceraron al buscar medios para sobrevivir, se desparramaron por San Antonio y El Triunfo [Empresas mineras de norteamericanos] para buscar trabajo en las minas hasta que finalmente pudieron llegar a La Paz, sin nada y en la desgracia, en donde limosnearon su pasaje de regreso a San Francisco 23

Aunque Ross criticó a las compañías de bienes raíces que cometían grandes fraudes en perjuicio de norteamericanos incautos, él hizo algo parecido al hacer público su informe sobre las posibilidades productivas de Baja California y en parte expresaba Hay miles y miles de acres de tierras como esas24 [que supuestamente producían enormes cantidades de trigo de temporal]. Se describe a continuación el poblado de Todos Santos y la actitud del señor Villarino, ciudadano importante del lugar, cuando llegó allí la comisión presidida por Ross.

…Acampamos en un agradable vallecito cerca de un lugar llamado Rosario, en donde hallamos agua abundante y buena comida para nuestros animales. Al siguiente día, después de una jornada de veinticuatro millas, por una región de paisaje más variado que lo usual, por las colinas, mesas desérticas y profundos arroyos, llegamos al pueblo misión de Todos Santos. Una vieja iglesia, una plaza rodeada por blanqueadas casas de adobe, un conjunto de desparramadas cabañas techadas con palma, situadas en una elevación del terreno desde donde se contempla el valle, constituye todo lo visible de Todos Santos. La población es de unos doscientos, la mayoría mestizos de clase muy pobre. La Bahía de Todos Santos, así la llaman, es una entrada de mar, sin un lugar seguro para que anclen los barcos.

Presenté mis cartas al señor Don Villarino, el ciudadano principal del lugar, dueño de los cañaverales, propietario de los trenes de mulas, etc..El gobernador Pedrín y el señor Viosca nos habían recomendado a su amable atención, y lo visitamos esperando una bienvenida cordial. El señor Villarino es hijo de un sacerdote, según se dice, vive con buen estilo, está familiarizado con las costumbres americanas, habiendo pasado varios años en Alta California, tiene más influencia que cualquier otro hombre en el territorio; sin embargo, con estas ventajas, no pareció muy contento con nuestra llegada. Nuestro recibimiento, de hecho, no fue cordial. Fue cortés, por supuesto, como lo son todos los californios nativos, pero fue esa clase de cortesía que hace a la gente sentir que su presencia no es grata. La verdad es que, al señor Villarino no le agrada la tendencia de las cosas que apuntan a una cesión del territorio a los Estados Unidos. 25

Con la típica soberbia de quienes apoyaban la política del “Destino Manifiesto”, para el señor Ross y acompañantes era criticable que un mexicano como Villarino, y ya antes lo había dicho de Pedrín, se opusiera a las tendencias que buscaban la anexión de Baja California a los Estados Unidos. Y en otra parte de su informe señalaba No desprecio las ventajas de este espíritu de mando [que supuestamente caracterizaba a los norteamericanos]. Ya ha resultado en la apertura al comercio y civilización de las regiones de la costa del Pacífico, no puede fallar en tener como resultado la redención del norte de México de su presente condición de barbarie26

Feliciano Ruiz Esparza y José Matías Moreno, vistos por el Juez Benjamín Hayes

Fuente: Pioneer notes from the diaries of Judge Benjamin Hayes, 1849-1875. Cap. 6. Edit. y publicado por Marjorie Tisdale Wolcott. Los Ángeles, 1929.

INTRODUCCIÓN. El juez Bejamín Hayes (1815-1877), nativo de Maryland, viajó de Missouri a California en 1849, y después de vivir en varios poblados, ejerció su profesión en San Diego, en donde tuvo una relación generalmente amistosa con la comunidad de origen mexicano. En el capítulo VI de sus “Pioneer Notes…” , menciona brevemente hechos y personas de La Frontera que tuvieron relación con la agitada historia de esa región después de 1855, a quienes conoció personalmente o por plática de amigos.

En el siguiente párrafo, Hayes denuncia abusos de José Castro, y se suma a los muchos norteamericanos que ansiaban la anexión de Baja California a los Estados Unidos:

(p. 197). Un arribo de Baja California me trae información que el General José Castro, a su llegada a Santo Tomás, al asumir el mando, multó a don José Saiz [Sáenz] con $10,000.00 dólares, y a George Ryerson con $2,000.00, por el papel que desempeñaron en la reciente “revolución”. Esto es considerado aquí como un acto muy arbitrario y opresivo.

Todos estamos ansiosos de recibir el mensaje del presidente, y saber si hemos adquirido Baja California y parte de Sonora…Un cañón dispara; ¿Es el barco? No, nos desilusionamos. Aquí, como lo hizo el explorador Ross, ya citado, y decenas de escritores, políticos y militares norteamericanos, Hayes esperaba la pronta anexión de la península a los Estados Unidos.

(p. 198)… Don Juan condena fuertemente la acción de Esparza, de Baja California, al matar recientemente en forma sumaria a 15 bandoleros que de vez en cuando habían huido de este estado a aquella región. Dice que si el notorio Chino Varela ha sido asesinado por Esparza, la población nativa del condado de Los Ángeles enviaría allá un fuerza para expulsarlo de su autoridad y vengar el hecho. Don Juan se hace el razonamiento de que los hombres muertos no habían hecho nada en Baja California, cualquiera que haya sido su culpa en este estado previamente. En este párrafo, Hayes hace notar la delincuencia generalizada que afectaba los dos lados de la línea fronteriza, y cómo Esparza, en su intento de acabar con tales hechos, había ordenado posiblemente el 1º. de mayo de 1860, la muerte de doce delincuentes provenientes en su mayoría de la Alta California. Tiempo después, como lo advirtió Juan Ávila, un numeroso grupo de matones, muchos de ellos parientes o amigos de los ejecutados por Esparza, penetró a territorio mexicano buscando la venganza en contra del gobernante, estos forajidos iban encabezados por Juan Mendoza.

(p. 203). [Esparza] ha hecho un acto atrevido, y monstruoso, si es que se equivocó [al ordenar la muerte de los facinerosos] Estando aquí [había estado en San Diego como testigo en un pleito entre José Saiz o Sáenz y R. K. Porter] se hizo una colecta para un (p. 204) gran baile que fue propuesto en honor de su conducta. Hay pocas damas americanas, comparativamente, y el baile se vino abajo, habiendo declinado asistir las damas californianas. Se atribuyó a una o más de ellas la expresión: “No bailaremos en sangre”.

Sin embargo, todos los norteamericanos aplauden calurosamente a Esparza. Entre otros de sus procedimientos, ordenó…matar a William W. Jenkins, un refugiado de Los Ángeles, en dondequiera que se le encontrara. Fue perseguido hasta el rancho de Santa Isabel, ya bien adentro del lado norteamericano de la línea, pero no lo alcanzaron. Aquí Jenkins había sido acusado de robo y escapó…. Lo dicho por Hayes hace patente la relativa libertad con que los hombres de Esparza penetraban a territorio norteamericano persiguiendo a sus enemigos, o buscando delincuentes.

(p. 210)…Gran excitación hay en la ciudad de San Diego, y de hecho, por toda esa sección del país, respecto a los asuntos de Baja California y la seguridad de Esparza. Tiene la simpatía de todos nuestros ciudadanos pacíficos y obedientes de la ley, y esperamos muy sinceramente que librará al país de esa pandilla de forajidos que infestan hoy aquel desdichado país.

Llegó información a San Diego al principio de la semana de que Esparza estaba acampado en [San] Ysidro con 150 hombres, pero sólo 9 libras de pólvora. Los ciudadanos se reunieron inmediatamente y juntaron fondos para procurar municiones. El coronel Cave J. Couts actuó noblemente en esa ocasión, de inmediato estuvo de acuerdo en encabezar una compañía que pudiera ser levantada para ir en ayuda de Esparza. Esto fue, después de todo, considerado innecesario, cuando se supo que el gobernador no sólo estaba bien fortificado, sino que se le habían unido muchos americanos, entre ellos, una compañía de cazadores de nutrias, tiradores que no fallan._

El día 31, los ciudadanos aportaron 125 libras de pólvora, con plomo, tapones, etc., todo lo que podía obtenerse. Esto fue enviado por mar, a bordo de un ballenero. La razón por la que haya tanto interés a favor de Esparza, es porque la gente de San Diego ha sido protegida por él en sus personas y propiedad, en mayor extensión, dicen, que la que el gobierno de los Estados Unidos les ha proporcionado.

Mendoza, el enemigo de Esparza, tiene con él unas 400 personas, de las cuales, 40 son mexicanos, el resto indios. Se rumoró que había sido nombrado gobernador, pero era falso. Es el líder de una banda de asesinos, nada más. Sin embargo, hasta él tiene sus simpatizantes, ya que una mujer, (cuyo nombre nos reservamos), fue encargada de comprar municiones para enviarlas a su pandilla de asesinos; así fueron obtenidas 70 libras de pólvora, antes de que la condición de Esparza fuera conocida.

Gran indignación se ha sentido en San Diego contra George Ryerson por su actitud a favor de Mendoza. Cateó en búsqueda de armas (p. 211) la casa del señor Porter, se llevó todo lo que pudo, con cinco o seis caballos de silla. El señor Porter estaba en las minas de sal de San Quintín, cargando un barco [Aparece después la lista de bandoleros a quienes Esparza trataba de expulsar de Baja California, publicada en el “Los Angeles Star” del 3 de noviembre de 1860]. La lista de arriba es de la mayoría de la banda de ladrones , tal como me fue proporcionada por la mejor autoridad de Baja California. Probablemente todos están ahora en los condados de Los Ángeles y San Diego, para disgusto de todos los rancheros.

Esparza se ha localizado en El Descanso, a unas 14 leguas de San Diego, con una fuerza suficiente para protección contra tales bandidos, que ahora pueden estarse preparando por Los Ángeles para hacer otro intento para quitarle la vida y hacer un hogar para ladrones. Mientras tanto, ¿Qué están haciendo nuestras gloriosas autoridades federales, …? Bien pueden decir los ciudadanos de este condado que Esparza nos ha dado más protección que nuestro gran gobierno democrático.

José Matías Moreno, residente de San Diego, es visto como el principal instigador en todo lo que ha estado sucediendo abajo [en B.C.], y ahora, por miedo de que Esparza pueda venir a San Diego tras él, se ha marchado rápidamente tierra arriba [al norte del estado]. Este hombre, que ha sido descalificado de la corte en casos de terrenos, ha pasado en San Diego muchos años en el empleo favorito de “no hacer nada”, en incubar problemas en Baja California, y por ello manteniendo a este país en constante desorden [o caos]. Sinceramente esperamos ver a Esparza aquí en el pueblo, y que pague una visita a este dicho don Moreno, lo cual estamos seguros que hará.

[Sigue una nota del editor] José Matías Moreno, residente de San Diego, fue secretario del estado de California bajo Pío Pico, y frecuentemente testificó en casos de tierras. Aseguraba haber sido comisionado gobernador de Baja California por el gobierno mexicano a principios de 1861, comisión que Esparza también aseguraba tener. En ausencia de Esparza, Moreno atacó El Descanso, pero después se retiró a las montañas. Tenía 200 hombres. En San Diego, su fuerza fue llevada [o incorporada] al grupo de Mendoza Moreno era sospechoso ante la clase alta en San Diego. Las familias Bandini y Argüello, que eran amistosas a Esparza, cambiaron sus cosas personales y bienes a San Diego a principios de 1861, habiendo venido gran número de personas de La Frontera.

Se supone que Mendoza está escondido en la vecindad de San Diego, aunque se ha reportado que se ha ido al Colorado…

(p.228) …Cuando bajaba [iba paseando por la Colina Stockton de San Diego desde la cual se ve el “pueblo viejo”] me encontré a la señorita Refugia Argüello cerca de la mansión de don Juan Bandini, a donde han llegado su familia y su abuelo. Ha estado aquí tres meses desde el comienzo del movimiento de Mendoza al sur de la frontera, por temor a un ataque a “La Punta”, aunque este rancho está esta del lado americano de la línea.

Don Santiago Argüello, su abuelo, vive en Guadalupe, en Baja California; trajo aquí a su familia por seguridad, durante estos problemas…

(p. 235)…La Frontera, esa parte de Baja California entre nuestra frontera y —, está ahora bajo el gobierno de Feliciano R. de Esparza. Don Juan Ávila habla de él irónicamente como el gobernador de todo México. Él, a su vez, sospecha de don Juan como enemigo, y con razón, aunque don Juan le devolvería a él el título de asesino. En San Diego ciertamente tiene amigos, y les profesa su gratitud, por mandarle pólvora y balas cuando no hace mucho estaba a punto de ser sitiado por Mendoza. “Pero de no haber sido por esta oportuna ayuda”, me dijo la otra noche, “y el milagro de Dios, yo hubiera sido destruido”.

Su objetivo presente es obtener cobijas y provisiones para sus hombres, en un movimiento contra los indios de Jacumé y otras vecindades (incluyendo algunos de Santa Ysabel). Las cosas requeridas fueron enviadas hoy por el “sheriff” con fe en la promesa de Esparza de pagar por ellas con mulas y ganado que él tiene “del gobierno”. Encuentro que los americanos de aquí están en su favor. Aunque dicen poco o nada del asunto, los californios están en su contra. (p. 236), tanto aquí como en Los Ángeles; y de esto él de plano acusa a Don Andrés Pico, don José Sepúlveda y otros, y hace el cargo a don José Matías Moreno de ser el principal promotor de la anterior expedición de Mendoza. Don José Matías está ausente en San Francisco. Su hermana, doña Piedad, parece tener un secreto placer en decirme que, de acuerdo a la última inteligencia del cónsul mexicano, doscientos hombres procedentes de Mazatlán, vendrían pronto para desplazar a Esparza. ¿Es éste el trabajo de don Matías? Se ha hecho célebre por la intriga y el manipuleo, y, a menos que yo esté equivocado, siempre tuvo una considerable influencia en México, aunque por mucho tiempo residente de San Diego. En su tiempo, el pobre de don Juan Bandini sintió a menudo esta pestilente influencia, a elevado costo, mental y pecuniariamente…

…Aparte de este levantamiento indio, el último reporte sitúa a Mendoza, con 25 hombres, en Los Pinos, desde donde fácilmente podría cruzar la línea…

…Mientras tanto, el mayor Armistead, comandante en el Pueblo Nuevo [en San Diego], con dos vagones [carretas cubiertas] y veinte de los soldados más viejos, se fue para la frontera, dando mucha confianza a los esparzanianos, aunque oí una expresión jocosa que “estos americanos nunca pueden comenzar sin su taza de café en la mañana”…

(p. 237)…Se entiende que, cuidando nuestro lado de la línea, el mayor Armistead cooperará con Esparza, que se moverá en el otro lado desde Tía Juana, y de allí pasarán por Tecate hacia el río Colorado...Esparza tenía sólo doce hombres en Tía Juana, pidió otros de El Descanso, en donde esperaba juntar unos cincuenta. Este número comprende todo lo que puede levantarse en La Frontera, y algunos de ellos son meros muchachos, otros están muy viejos. De hecho, ha habido una estampida general de esa región desde la invasión de Mendoza, algunos a los asentamientos del sur, otros a nuestro estado…

A continuación, Hayes critica a algunos de los hombres que huyeron de La Frontera por temor a Mendoza, como Luis, Ramón, José Antonio e Ignacio Argüello, quienes en lugar de “empuñar una lanza” y ayudar a Esparza en la defensa de las propiedades que tenían allá, lo llamaban despectivamente “cholo”…

La noche de mi arribo a San Diego, llegó del Pueblo Nuevo y se registró en el hotel ya tarde en compañía de un amigo mutuo, don José María Bandini. Fui presentado a él. Una intervención de alguien que estaba por allí lo llevó a una narración, la cual escuché hasta el final, , poniendo más interés en el (p. 238) hombre mismo que en el detalle de eventos pequeños. Uno no podría descubrir nada de pretencioso en él…

[El encuentro entre las fuerzas de Juan Mendoza y Feliciano Ruiz Esparza que se menciona enseguida debe haber ocurrido en El Descanso]…Describió los pequeños fuertes que lo protegieron, toda la gente, mujeres y niños reunidos en una casa, la aproximación de Mendoza con 380 hombres…el fuego de dos piezas de cañón sobre las casas, matando a un indio que estaba adentro e hiriendo a otros dos; el terror de las mujeres, gritos de los niños; su desesperada resolución final, teniendo únicamente veinte en su fuerza, de irrumpir contra el enemigo. No creyó que escaparía…pero pensó que valía la pena el intento de audacia por el bien de las familias. Mandó a diez de sus mejores hombres a que dieran vuelta a la montaña e hicieran un ataque por el flanco, mientras que él marcharía al frente, su bando era casi de muchachos, quienes procedieron sin miedo porque “no conocían el peligro”…

Sigue relatando el juez Hayes que, según lo narrado por Esparza, a pesar de que la fuerza que iba a flanquear al enemigo no pudo hacer gran cosa porque no se interpretaron bien sus órdenes, y seguían disparándose unos contra otros, él logró matar de un balazo a uno de los “mendocianos”, los indios huyeron, y al ver [Ruiz Esparza] que sus municiones se estaban agotando, y que aun en condiciones favorables las fuerzas de Mendoza no bajaban de los cerros a destruirlo en el terreno abierto en el que se encontraba, difícilmente se expondrían a asaltar el fuerte, condujo a sus hombres ordenadamente hasta dentro de sus defensas.

(p. 239)…Los asaltantes se desbandaron de prisa, algunos hacia el río Colorado, otros hacia Los Ángeles. Después se dijo que los mendocinos, viendo a Esparza al frente de su “ejército”, insistieron en que Mendoza los encabezara y ellos lo seguirían. Pero él les dijo que debería permanecer en la retaguardia “para disponer”. Al no haber nadie con deseos de encabezar un ataque, algunos se fueron disgustados, el resto por miedo, y creo que Esparza hasta pudo recoger algunas armas de este campo de batalla. Creo que nadie fue muerto, excepto el pobre indio mencionado antes que estaba en la casa….

…De acuerdo con él [con Ruiz Esparza] no hay veinticinco familias en La Frontera. Por el tiempo en que ordenó que mataran a los doce hombres, en donde quiera que se les encontrara, el número de bandidos congregados allí, refugiados principalmente de nuestro estado, era muy grande; otros treinta se fueron, temerosos de encontrar el mismo destino, pero los doce muertos eran los líderes y lo peor de aquella banda organizada, que amenazaba las vidas y propiedades de los pacíficos habitantes, que ya se estaban yendo en todas direcciones, y todavía no se sienten seguros en regresar. Él dio la orden fatal no por su propia vida, sino par su seguridad [de ellos, de la gente]. Esto fue después del asesinato de don José Castro por Manuel Márquez, conocido como uno de los bandidos.

Otra noche, ya tarde, estaba sentado cerca de la estufa [calentón] (p. 240) del hotel. Alguien entró y calladamente se sentó distante a unos pies. Lo tomé por algún joven californio de la ciudad, pero casi inmediatamente reconocí a Esparza. Me llevé una silla a su lado e inicié una conversación. Fue muy lúcido en sus declaraciones, y perfectamente franco y sencillo, sin ninguna reserva. Don José Castro, considera él, era el legítimo gobernador de todo Baja California; habiendo sido rechazada su autoridad en La Paz, se dio origen a las dificultades que han ocurrido allá durante el año pasado. Esparza no reconoce al actual gobierno en La Paz. A su muerte, don José era el legítimo gobernador de todo el territorio; bajo él, Esparza era comandante de las armas. Siendo necesario tener funcionarios civiles, hubo una elección y él fue electo por el pueblo Jefe Político de La Frontera. Debido a que los caminos han sido cortados, no ha tenido comunicación con la administración de Juárez, pero se considera subordinado a ella.…

El juez Hayes señaló después que don Santiago Argüello concordaba con Ruiz Esparza en todo lo dicho sobre el estado de cosas en el territorio, e implicaba entre los del bando de Mendoza, los “asesinos”, como les llamaba, a Andrés Pico, lo cual pudo haber sido cierto, tomando en cuenta que entre los que el gobernante mandó ejecutar, estaba Salomón Pico, sobrino de don Andrés.

Sobre la historia de Esparza, anterior a estos incidentes, sólo sé que en 1854 era platero en San Diego. Debe haber sido desafortunado en sus negocios aquí, porque hace dos años, estaba al servicio de don Bonifacio López como vaquero. Vino a La Frontera procedente del condado de San Luis Obispo en este estado. Hablaba de uno de los principales líderes políticos de La Paz como que había estado con él en el mismo colegio, de lo cual infiero que ha recibido una educación, de la cual, un grado moderado es suficiente, a menudo, para dar a un mexicano el liderato entre estas gentes sencillas…

(p. 241) Antonio Chávez está aquí. En Los Ángeles me dijo que había venido únicamente para llevarse a su familia de San Diego a San Luis Obispo. Esparza dice que Chávez está ligado con Mendoza. Chávez ha estado antes en La Frontera, e intentó volver a entrar con una partida de americanos. Fueron arrestados bajo una orden girada por mí, en la interpretación que entonces otorgué al Acta del Congreso, así es que su expedición fue rota [desmembrada].

(p. 247)…[Nota del “Los Angeles Star”, del 15 de agosto de 1861] El reporte recientemente difundido de que el gobernador Moreno, de Baja California, ha favorecido y servido de instrumento en el pillaje y robo a los rancheros , es totalmente sin fundamento. Él es (p.248) muy popular con las masas aquí, y en su propio territorio; y siempre ha ayudado hasta donde ha podido, a personas de este lado de la línea para recobrar sus propiedades, o animales, que hayan sido robados o se hayan perdido en aquel país.

…Castro hizo innumerables concesiones de tierra en Baja California a amigos y gente que lo apoyaba. Además de ranchos definidos y localizables, como la ex misión de Santa Gertrudis, otorgada al ruso A, Milatovich, y la ex misión de Santo Domingo a Esparza, hubo vagas concesiones en “tierras vacantes de La Frontera” y en “tierras del río Colorado”. La ex misión de San Borja se la concedió a él mismo y a José M. Rodríguez. A Esparza, además de la ex misión de Santo Domingo ya citada, la isla de Guadalupe. Algunas de sus concesiones fueron puramente imaginarias y se trató evidentemente de halagos sin valor, y algunas se pensaron como bromas entre él y sus amigos, como la Sierra Nunca Vista, a Juan Machado.

El siguiente es una parte del reporte de Moreno.

CONCESIONES DE TIERRA EN BAJA CALIFORNIA

Declaración de concesiones de tierra registradas por el coronel José Castro, como Jefe Político Superior en La Frontera, de Baja California, la mayor parte de las cuales están en manos de extranjeros.

Once Leguas a Salomón Pico, en tierras vacantes de La Frontera; 11 leguas a Esteban Castro en lo mismo; 11 leguas a Juan B. Castro en lo mismo; 11 leguas a Juan B. Alvarado en lo mismo; 11 leguas a Máximo Barragom [posiblemente sea Barragán] en tierras del río Colorado; 11 leguas a Antonio Chávez en tierras vacantes de La Frontera; 11 leguas a Eugenio Montenegro en el río Colorado; 2 leguas a Ramón Beuter en Santa Clara [¿Beriter? Ed.]; 8 leguas a Tristán Rodríguez en Puerto de Santa María; 4 leguas a Rafael Rodrigo en tierras vacantes de La Frontera; 11 leguas a Juan Julio Morner en ex misión de San Fernando; 11 leguas a A. Milatovitch en ex misión de Santa Gertrudis; 4 leguas a el mismo en Sauzal de Camacho [hoy Sauzal de Rodríguez] y Ensenada de Todos Santos; (p. 249) 2 leguas a Frederico Dufar en San Carlos; 2 leguas a Juan Buet en La agua Escondida; 2 leguas a Juan M. Certame en Carricito; 2 leguas a Mariano Hughes en Santa Rosa; 2 leguas al Dr. Sacramento Lucero en Los Alisos; ½ legua a Santa María Álvarez en Ex misión o pueblo de Santo Tomás; 2 leguas al mismo en Tanamá; 4 leguas a Francisco Chapelle en Aguaje de Los Bueyes; 1 legua a Juan María Silva en San Ysidro; 2 leguas a Andrés P. Vidal en La Pila; 4 leguas a José Ángel Carranza en ex misión de San Pedro Mártir; 2 leguas a Francisco Castro en tierras vacantes de La Frontera; 4 leguas a Loreto Acevedo en lo mismo; 4 leguas a Juan Mendoza en El Tigre; 1 ½ leguas a Sacramento Valenzuela en El Carmen y El Sauzal de Camacho; 11 leguas a José R. Argüello en tierras vacantes de La Frontera; 5 ½ leguas a doña Guadalupe E. de Argüello en Valle de Las Palmas; 4 leguas a Andrés Pérez Vidal en Valle de San Faustino; 4 leguas a Carlos Espinosa en sur de la ex misión de El Rosario; 2 leguas a Mariano Valdivia en Playa de Santo Tomás; 4 leguas a Jerónimo Laurel y José María Rodríguez en San Jacinto; 11 leguas a Juan Machado en Sierra Nunca Vista; 2 leguas al reverendo padre Henrique Alric (francés) en El Chocolate; 2 leguas al mismo en Rancho Viejo; 2 leguas a Vicente Romero en tierras vacantes de La Frontera; 2 leguas a José María de Nicochea en Maneadero; 2 leguas a Tomás Warner en San Felipe de Jesús; 7 leguas al Barón Juan J. Morner en Las Juntas; 2 leguas a José María Castro en el Aguaje de Estéfana; 2 leguas a Manuel Valencia en Los Piotos; 1 legua a Feliciano R. de Esparza en ex misión de Santo Domingo; 11 leguas al mismo en Isla de Guadalupe; 2 leguas a José Hernández en San José; 2 leguas a Santiago García en La Zorra; 8 leguas a Reyes Rodrigo en Valle de San Rafael; 4 leguas a José María Castro y José María Rodríguez en ex misión de San Borja Además, innumerables suertes de tierras otorgadas por él.

Las siguientes son concesiones por Feliciano Ruiz de Esparza: 2 leguas a Martínez y Espinosa en el río Colorado; 4 leguas al padre Henry Alric en el mismo; 2 leguas a Francisco Rivera en el mismo; 2 leguas a José María Castro en el mismo; 4 leguas a Jerónimo Laurel y José M. Rodríguez en El Arrastradero; 1 legua a Juan Manuel Silva en San Vicente; 1 legua a Manuel Valencia en San Vicente.

También [se repartieron] suertes, cuyo número es desconocido.

Queda claro que la tierra en Baja California era un botín que, se pensaba entonces, tenía un gran futuro, y se otorgaban enormes extensiones para compensar favores recibidos.

Datos sobre personajes de la Historia de Baja California publicados en el San Diego Union en 1870

Fuente: Articles from the San Diego Union, 1870, Edited by Florence C. Shipek; Dawson´s Book Shop, Los Angeles, 1965.

INTRODUCCIÓN. En el siguiente artículo, se describe la nobleza o debilidad de carácter que a veces exhibía el polifacético personaje, a quien muchos lo describieron como un borracho, otros como un patriota, otros más como un valiente, o como un gobernante corrupto.

En relación con la muerte de José Castro [Publicado el 7 de julio de 1870]

En una desventurada hora de fiesta en la Misión Vieja [San Miguel, en lo que hoy es “La Misión”, adyacente a la carretera Tijuana Ensenada], cayó en un pleito con Manuel Márquez. Éste se retiró a conseguir armas, seguido por el gobernador, pistola en mano. Fue cosa de pocos segundos. Se encararon uno a otro. Castro disparó dos veces; luego disparó Márquez. La pérdida del gobernador Castro es justamente lamentada, como una calamidad para La Frontera….Sin duda, le había dado vuelta en su mente el proyecto de deshacerse , en un golpe sumario, de los delincuentes que se amontonaban en su derredor, pero [éste] debe haberse originado con Esparza. Porque realmente Castro, para tal cosa, usando una sola palabra, era muy buena gente…En el mes de enero de 1860, se detuvo por unos días en San Diego, de regreso a Santo Tomás, después de una larga ausencia; se fue de aquí con un solo sirviente para aquel lugar, aunque los rumores lo describieron muy perturbado. Su propósito había sido organizar una guardia militar, para lo cual tenía con él veinte uniformes; éstos los dejó aquí, ya que el exceso de equipaje podría despertar la sospecha de sus designios, y sin embargo sí reveló aquí el plan que fue meditado por Esparza y él mismo. Esparza siempre estaba listo y apurado; el gobernador dudoso y dilatorio; Esparza atribuye a esto su caída. La verdad debe ser que, el secreto corazón de Castro se revelaba [se oponía, rechazaba] contra el sangriento acto, y así fue pospuesto día tras día. Es entendido entre los amigos cercanos del gobernador, que pensaba bien de Márquez, y que lo estimaba, quien a su vez, era un fuerte partidario de Castro: y esta relación entre ellos, aunada a las circunstancias actuales de su dificultad, tiende a relevar a aquel desafortunado del cargo de asesinato.

Relato que hizo el capitán Richard J. Cleveland, uno de los dueños del Lelia Byrd, en relación con algunos misioneros dominicos que conoció en la costa de Baja California

Fuente: Voyages and Comercial Enterprises of the Sons of New England., publicado por Leavitt & Allen, No. 27 Dey St. 1855. Boston.

INTRODUCCIÓN. El capitán Cleveland ancló en abril de 1803 en el puerto de San Quintín, procedente de San Diego, en donde había tenido una escaramuza con las tropas del fuerte. Necesitaba reparar el barco de un boquete en el casco que había abierto un cañonazo disparado desde el fuerte español y llenar sus barriles de agua. Sobre su estancia en el lugar dejó el siguiente relato del “buen tiempo” que pasó con los padres de las misiones de San Vicente, Santo

Domingo, El Rosario y San Fernando, mientras realizaban un intercambio comercial27.

“Llegaron a caballo, con un cortejo de sirvientes indios que hacían un formidable tren. El comandante de San Vicente… acompañó al padre de esa misión, y formaban juntos un alegre grupo de personas. Su objeto parecía ser principalmente la diversión, aunque trajeron unas pocas pieles de nutria, que intercambiaron con nosotros por manufacturas europeas. Plantaron sus tiendas en la playa frente a la embarcación… Nunca hubo un número igual de hombres más dispuesto a promover la armonía y el buen entendimiento, y comimos juntos, alternadamente en la playa o a bordo, durante la semana que permanecieron con nosotros.[Los misioneros insistieron para que los extranjeros se quedaran otra semana, y aunque los marineros del Lelia Byrd ya habían hecho las reparaciones necesarias al barco, accedieron a su petición]… Estos buenos padres, aunque muy amigables, eran muy ignorantes en todas las materias, exceptuando la de su profesión, y tan intolerantes y fanáticos…que hombres tan humanos e inteligentes estuvieran ciegos a la verdad y belleza del catolicismo. Sin embargo, al remarcar la aparente amistad de esta gente, debo exceptuar al padre de San Vicente…[quien] presumía que le había rendido servicio a Dios matando a muchos de los indios que obstinadamente se rehusaban a ser convertidos…[En esta época, el misionero de San Vicente debe haber sido el padre Ramón López]

el 3 de mayo, con amistosos saludos y un intercambio cordial de buenos deseos…nos despedimos y nos hicimos a la mar rumbo a Isla de Guadalupe con la esperanza de obtener agua, ya que la que encontramos en San Quintín era de inferior calidad y podía obtenerse sólo escarbando un pozo…[En Isla de Guadalupe no encontraron agua, por lo que tuvieron que zarpar rumbo al este hasta llegar a la costa cercana a San Borja, en donde anclaron]…

….Al siguiente día fuimos visitados por el padre de la misión Mariano Apolinario, quien nos había estado esperando por varios días, y había dispuesto un vigía indio… para que le avisara inmediatamente sobre nuestro arribo…[llegó]…acompañado por 20 criados, con provisiones y bagaje cargado en 25 caballos y mulas… Hicimos los mejores arreglos que pudimos para el acomodo del padre y de sus sirvientes, pero después de pasar una noche en la embarcación tuvo tales molestias por el movimiento del barco, que fue necesario proveerlo de abrigo en la playa… [Los hombres de Cleveland hicieron una espaciosa tienda con una vela del barco, y así pasaron varios días conversando y paseando por las colinas de arena. El padre Apolinario traía un buen cocinero y todos disfrutaban de la comida, que se servía en una batea grande de madera, en donde cada quién metía su cuchara para comer, en una forma primitiva, pero disfrutando, según el capitán, de una comida mejor que la de la más lujosa y elegante mesa. Sabiendo que el agua escaseaba en el barco, el misionero ordenó que trajeran el líquido todos los días desde una distancia de 6 millas]….Mientras más conocíamos al padre Mariano, más nos convencíamos de que el suyo era un carácter de amor y respeto. Parecía ser uno de esos de clase rara , quien por piedad y amor a sus semejantes, podía justamente equipararse con un Fenelón o un Cheverus…Su trato humano y tierno a sus sirvientes hacía que su relación más pareciera la de un padre con sus hijos que la del amo con sus criados…[Sigue narrando Cleveland que al hacer el padre sus oraciones diarias acompañado de su gente, e imponer respeto por la solemnidad con que se hacían, nunca reprochó a los marineros herejes presentes su nula participación en aquellos actos] este buen hombre estaba dotado con una mentalidad demasiado liberal y noble, y una benevolencia muy pura como para pronunciar condena por la diferencia de opiniones, o para creer en el monopolio de la verdad y la bondad en cualquier secta de los cristianos. [Cleveland haría rumbo a las islas Sandwich, en donde pensaba regalarle al rey nativo un par de caballos, por lo que en el intercambio hecho con el misionero de San Borja, este le entregó un caballo y una yegua, un barril de vino, frutas secas y otras provisiones, a cambio de todas las manufacturas que el buen padre quisiera y trajera el capitán en la bodega del barco].…Temprano en la siguiente mañana, fuimos a la playa y pasamos una hora con el padre, mientras que nuestros hombres se encargaban de deshacer la tienda y de llevarse la vela que la había formado. Nos expresó la gran satisfacción que había experimentado por nuestra sociedad, y lamentó que no pudiéramos pasar otra semana con él…que en la misión vivía como ermitaño, sin compañía excepto los rudos indios, y repitió que nuestra visita era un “envío de Dios”.

[El padre Apolinario se despidió emotivamente de Cleveland, quien zarpó hacia el sur, a los 4 días ancló en la bahía de San José del Cabo para proveerse de agua, aquí también comerció con los misioneros, de quienes recibió provisiones como vegetales y frutas, además de que los padres vendieron al capitán perlas por un valor de dos mil dólares, así como una yegua con su cría. El 28 de mayo zarpó para las islas Sandwich. El padre Mariano Apolinario fue misionero dominico en Baja California de 1792 a 1804 y Ramón López de 1797 a 1809].

Las Expediciones Filibusteras de William Walker y del Almirante Napoleón Zerman a Baja California

Fuente: “Reminiscences of a ranger; or, Early times in southern California; por el mayor Horace Bell; Yarnell , Caystile & Mathes, printers, 1881. Ingreso a la Biblioteca del Congreso por Horace Bell, 1881. Para complementar el tema de Zerman se consultó, entre otros trabajos, “Schemers and Dreamers: Filibustering in méxico, 1848-1921; por Joseph A. Stout Jr.

INTRODUCCIÓN: Los mexicanos que lean a Bell seguramente disfrutarán de la ironía y la burla con que se refiere a los filibusteros norteamericanos que querían “liberar” al pueblo del norte del país de la supuesta tiranía del gobierno, aunque él mismo haya participado en algunas de esas expediciones. Se transcriben a continuación algunos renglones de sus Reminiscences en que narra las invasiones de William Walker y el almirante Zerman.. El valor de su relato estriba en que, aunque no fue protagonista de los hechos, sí fue testigo de ellos, y en el caso de Zerman hasta conoció personalmente a algunos de sus seguidores. Respecto a Walker, escribió su historia apenas unos años después de ocurridos los acontecimientos y estuvo en California por el tiempo en que sucedieron.

La invasión de William Walker a Baja California.

(p. 207)…En octubre de 1853, la barca Carolina zarpó de San Francisco con la república de Sonora y Baja California a (p. 208) bordo. William Walker como Presidente y Watkins como Vicepresidente, con un total complemento de Ministros de Guerra, de Marina, de Finanzas, de Relaciones Exteriores y de Estado, con todos sus respectivos Secretarios y otros graves funcionarios, oficiales judiciales, y así sucesivamente, muy tediosos de mencionar; y al organizar los departamentos del gobierno, con un establecimiento militar [con] generales, coroneles, y así por el estilo, todos los cuales tenían que ser seleccionados de menos de cincuenta hombres, es dudoso que haya quedado el tradicional cabo para hacer guardia.

En noviembre, el gobierno de las dos repúblicas llegó a La Paz, desembarcó, hizo huir a sus habitantes, capturó al gobernador, proclamó la independencia de Baja California, arrió la bandera mexicana, declaró el código civil de Louisiana como la ley de esta tierra, e izó la bandera del “destino manifiesto”, un campo azul y una solitaria estrella roja. Todo esto se hizo en media hora. Pocos días después, fue peleada una gran batalla. Los ingratos mexicanos se rebelaron contra sus liberadores, dos o tres murieron de cada lado, los rebeldes fueron azotados y el gobierno [los filibusteros] triunfó. Ésta se llamó la Batalla de La Paz. Las noticias de esta batalla causaron en California más entusiasmo que las batallas peleadas por Taylor en el Río Grande En San Francisco, la bandera nacional de la nueva república fue izada al viento en la esquina de las calles Kearny y California, en donde se abrió una oficina de reclutamiento. y fueron puestos en el mercado y vendidos bonos del gobierno.

El espíritu de guerra se volvió tumulto; el grito de batalla era “Libertad a los mexicanos y el botín para los americanos”. “Baja California debe ser libre, y entonces, ¡Vámonos a Sonora!”. “Una legua de tierra con ganado para ocuparla, y todo [sólo] por el trabajo de ir allá”. Luego llegaron las noticias de la batalla de La Grulla, en donde los libertadores fueron manejados sin guantes [rudamente] por un joven Hércules mexicano llamado Meléndez [Antonio Ma. Meléndrez], quien se opuso a ser liberado. “América joven, al rescate”, fue el grito. Hombres de (p. 209) posibilidades aportaron dinero los cuarteles en San Francisco estaban llenos de gente, “¡La Grulla debe ser vengada! ¡Meléndez, el rebelde, debe ser colgado!¡Los tiranos mexicanos deben ser derrocados!”

Consecuentemente, en diciembre, la barca Anita, con la bandera de la estrella solitaria, zarpó de San Francisco llevando 240 ardientes libertadores. El gobierno [de Walker], mientras tanto, llevando consigo los archivos, abandonó La Paz y estableció la capital nacional en Ensenada, en donde se le unió el contingente del Anita. Alentado por este formidable refuerzo, el gobierno, por un gracioso movimiento de la pluma de Walker, abolió la vieja bandera e izó en su lugar la bandera de la triple barra y doble estrella, y anexó Sonora, todo en unos pocos minutos, a lo que siguió una grandilocuente proclama que trataba de la “santidad de la causa”…

…Un total de unos quinientos hombres se reunieron para el apoyo de las repúblicas gemelas. Pero, de uno u otro modo, el joven Hércules aun se rehusaba a ser liberado, y se mantuvo hostigando al gobierno a tal grado que se les hizo difícil buscar carne y frijoles, los soldados estaban con hambre e insatisfechos, y algunos intentaron desertar, por lo que el gobierno los fusiló. Meléndez, el rebelde continuó sin cesar atacando al gobierno hasta que fue expulsado de su capital28, sin un lugar en donde descansar su fatigada cabeza, y así partió a pie para Sonora. Meléndez también resolvió irse a Sonora, y siguió muy de cerca en la retaguardia al gobierno emigrante, lo acosó de día y de noche, y lo persiguió a través de la línea fronteriza [Bell asegura que Meléndrez persiguió a Walker aun en territorio norteamericano, lo cual no es mencionado por otros autores y resulta dudoso] cuando el gobierno se desvió (p. 210) hacia San Diego, con Meléndez ladrando en sus talones. El mayor McKinstry, al mando de la guarnición en San Diego, caritativamente marchó al rescate, y amablemente acogió al gobierno de las repúblicas gemelas, e invitó a Hércules Meléndez para que se fuera a casa y fuera un muchacho bueno…

La expedición de Jean (Juan) Napoleón Zerman a Baja California

(p. 229)…En octubre de 1855, el bergantín “Archibald Gracie” zarpó del “Golden Gate”, llevando a Zerman y a sus tontos seguidores, en número de unos cien, rumbo a La Paz, que resultó ser cualquier cosa, menos un cielo de paz para el gran almirante y sus desafortunados expedicionarios. Zerman aseguraba tener una comisión de una alta autoridad mexicana para Gobernar Baja California, y al desembarcar en La Paz, presentó su autoridad, sellada con el gran emblema que lleva el simbólico nopal y la serpiente mexicana, al viejo general Blancarte, quien gobernaba con látigo de cuero, que descargaba duro y pesado en todas ocasiones. Digo que cuando Zerman presentó su patente de autoridad y le dijo a Blancarte que se saliera, Blancarte llamó a una fila de haraposos rufianes, que encadenaron a Zerman y Blancarte le dijo [a Zerman] que se metiera, y consecuentemente fue aventado [de] cuello y talones en la prisión de La Paz, en donde firmó una orden a sus seguidores para que desembarcaran, desarmados, y se formaran enfrente del cuartel general, lo que al cumplirse en debida forma; el viejo Blancarte encadenó a la bola de tontos y los mandó a hacerle compañía a su líder. El desenlace de todo esto fue que todo el grupo fue finalmente enviado por barco a través del Golfo a San Blas, y obligado a caminar a pie hasta la ciudad de México, llevando cada patriota una cadena atada a su tobillo y convenientemente aventada sobre su hombro a manera de adorno…

No todos los autores concuerdan con Bell respecto a la forma como Zerman fue aprehendido por Blancarte. Se ha dicho que cuando la flotilla de tres barcos bajo el mando de Zerman estuvo frente a La Paz el 13 de noviembre de 1855, el “almirante” mandó un comunicado a Blancarte en el cual destacaban los siguientes puntos: venía autorizado por el general Juan Álvarez como almirante de la armada mexicana para hacerse cargo del gobierno, bloquear el puerto en caso necesario, establecer una zona de libre comercio y garantizar los derechos de los ciudadanos; finalmente, solicitaba una entrevista de 30 minutos con el jefe político. Blancarte no se inmutó y advirtió a Zerman que si desembarcaba sería aprehendido y fusilado como filibustero, por lo que debería regresarse de inmediato. Cabe aclarar que Zerman sí había tenido pláticas con Álvarez.

El ostentoso atuendo de Zerman era una combinación del uniforme de los oficiales de la marina mexicana e inglesa, sólo que él llevaba un sombrero con dos vistosas plumas, no escuchó la advertencia de Blancarte y desembarcó con un grupo de sus oficiales y su hijo. Al tocar tierra, los extranjeros fueron aprehendidos y llevados ante el jefe político, quien sin escuchar las vehementes protestas de Zerman, ordenó que se les encerrara en prisión. Mientras tanto, Blancarte exigió a los filibusteros de los barcos que se rindieran, a lo cual se negaron; pero los navíos del “almirante” se habían metido en un canal que les impedía maniobrar con rapidez, lo cual fue aprovechado por los artilleros mexicanos del puerto, les dispararon varios cañonazos lo que resultó en un norteamericano muerto y dos heridos.

Lo anterior bastó para que los expedicionarios izaran una bandera blanca y se rindieran, fueron conducidos prisioneros a México, aunque tiempo después fueron puestos en libertad. Washington exigió a México la indemnización por los daños causados a los expedicionarios, alegando que (aquí es donde coinciden parcialmente las versiones de Bell y del gobierno norteamericano) Blancarte, pérfidamente, había invitado a Zerman a comer, pero en lugar de banquete le dio un calabozo; que había disparado contra los barcos sin dar ninguna advertencia o explicación previa; y que los soldados mexicanos habían cometido abusos contra los expedicionarios29. Lo cierto es que, después de una determinación de la Suprema Corte de Justicia de México, se indemnizó al gobierno de los Estados Unidos sólo por la confiscación del “Rebecca Adams”; Zerman no recibió pago alguno por los daños sufridos, ni por la confiscación del “Archibald Gracie”.

RELATIVO A LA PRESENCIA JESUÍTICA EN BAJA CALIFORNIA, 1683-1768

Fuente: “Archivo franciscano”, formado por miles de documentos que datan del S. XVI hasta mediados del XIX, depositados en la Biblioteca Nacional de México, parte de la cual se ha digitalizado. Entre estos documentos están numerosas cartas, diarios de viajes e informes de los misioneros jesuitas y autoridades de la Nueva España, en los que el autor del documento de que se trate fue protagonista o testigo de los hechos narrados. Un ejemplo de lo dicho es el informe que hace el padre Juan de Ugarte al padre Procurador José de Echeverría sobre la construcción de la balandra “El Triunfo de la Cruz” y su viaje de exploración hacia las bocas del río Colorado

De la pléyade de misioneros jesuitas que estuvieron en la Península de Baja California, sin ningún riesgo de exceso en el encomio, se puede tomar como ejemplo al padre Juan de Ugarte, quien honró a la orden de San Ignacio de Loyola con múltiples acciones tendientes finalmente a lograr la salvación de las almas de los nativos gentiles, aunque en ocasiones saliéndose para lograr su objetivo de la ortodoxia propia en aquella época, como cuando recompensaba a los nativos después de un agobiante día de trabajo sacando troncos de Guaribos del fondo de las barrancas de la Sierra de Guadalupe, sirviéndoles además de carne, chocolate y piloncillo, buenos tragos de vino o aguardiente. A continuación se transcribe una pequeña parte del referido documento. Hoja número cinco de “Relación que hace el padre Juan de Ugarte al Padre Procurdor José de Echeverría sobre el descubrimiento del Golfo de California o Mar Lauretano a bordo de la balandra “El Triunfo de la Cruz”.

…Y procurando tener bien comidos a los que trabajaban, pues entre naturales y oficiales de la otra banda gasté de mi misión doscientas reses. Acabado con el corte arriba, me bajé a la playa a vivir debajo de una ramada de mangles, mientras duraba la fábrica. Ese año no vino memoria [provisiones y ayuda que llegaban por barco de la Nueva España] para el almacén. Como Vuestra Reverencia sabe, no hubo una vara de género, ni una libra de chocolate, ni de azúcar, ni de panocha o piloncillo; y era preciso a los que trabajaban en la fábrica asistirles con algún socorro. Para eso llevé de mi misión lo que me habían traído de México para el desayuno ordinario, y de un poco de cacao que el padre Francisco de Peralta, misionero entonces de Raun me envió de limosna.

Hice labrar un poco de chocolate que con otras dos arrobas que me dio un padre misionero …y el piloncillo o panocha que se había hecho en San Miguel y en San Pablo, se llevó todo para racionarlos y no por cuenta de su trabajo sino por pura gratitud del buen ánimo y empeño con que trabajaron, porque se acabase breve la obra, y por ese título de gratitud, se les daba también a todos, el vino y el aguardiente cosecha de esta misión de San Pablo, en que al precio regular, hacían la cuenta de cerca de dos mil pesos, porque a quien trabaja recio, no se le puede escasear el alivio de este agasajo…

…Bendíjolo el Reverendo Padre Francisco María Pícolo, [el] día del Triunfo de la Santa Cruz, y se echó al agua el día de La Exaltación de la Santa Cruz. Y el día [en] que se ajustaba el año en que salimos de Loreto…entró en la Bahía de Loreto con admiración de los que decían cuando se iba a fabricar que los quemasen con las astillas del barco que se fabricase en Californias30.

III. Relación de misioneros franciscanos que llegaron a estar en Baja California

  1. Abavia, José; 1768
  2. Amurrio, Gregorio; 1772-73
  3. Arriguibar, Pedro de; 1772
  4. Basterra, Dionisio; 1768-70
  5. Cambón, Pedro Benito; 1772-73
  6. Campa y Cos, Miguel de la; 1768-73
  7. Crespí, Juan; 1768
  8. Echasco, Francisco Antonio; 1772
  9. Escudero, Juan
  10. Fernández Somera, José Angel; 1772
  11. Figuer, Juan; 1771-73
  12. Fuster, Vicente; 1772
  13. Gastón, Juan Ignacio; 1769-70
  14. Gómez, Francisco
  15. Herrera, José
  16. Lago, Manuel; 1772
  17. Lasuén, Fermín Francisco de; 1768-73
  18. Legarra, José; 1772
  19. Legomera, José
  20. Madinabeytia, Juan León de; 1768-73
  21. Linares, Antonio; 1772-73
  22. Martínez, Antonio; 1768-71
  23. Medina, José; 1768
  24. Morán, Antonio
  25. Murguía, José Antonio de; 1768-73
  26. Oliva, Antonio de; 1768
  27. Palacios, Martín
  28. Palou, Francisco; 1768-72
  29. Parrón, Fernando; 1768-71
  30. Peña Sarabia, Tomás de la; 1772
  31. Prestamero, Juan de;1772
  32. Ramos de Lora, Juan; 1768-71
  33. Riobóo, Juan Antonio
  34. Sánchez, Miguel
  35. Santa María, Vicente de; 1772
  36. Senrá, Marcelino;1771-73
  37. Serra, Junípero; 1768-69
  38. Sierra, Juan Benito de la; 1769-72
  39. Somera, Angel
  40. Tejada, Francisco Javier
  41. Torre, Juan Sancho de la; 1770-72
  42. Usón, Ramón
  43. Villaumbrales, Andrés; 1768-70
  44. Villauendas, Francisco
  45. Vizcaíno, Juan
  46. Ymas, Vicente; 1772

  1. El 12 de febrero de 1851, Rafael Espinosa comunicó el nombramiento de Francisco Javier del Castillo Negrete como subjefe político provisional de La Frontera a Manuel de Jesús Castro. ↩︎

  2. En esta época Juan Mendoza, en apoyo de José Matías Moreno, intentó quitar del poder a Feliciano Ruiz de Esparza y promovió un alzamiento de un buen número de indios de la región del Colorado y de la sierra, cometió latrocinios y asesinatos y algunas personas en el lado norteamericano se sintieron amenazadas, lo cual obligó al mayor Armistead a colaborar con Esparza ↩︎

  3. Durante muchos años, el sistema de gobierno de la Alta California consistió en lo siguiente: un gobernador responsable del gobierno con residencia en Monterrey; un prefecto, especie de subgobernador quien pasaba las órdenes superiores a los subprefectos que presidían los diversos distritos; los alcaldes, responsables del gobierno de los pueblos bajo la vigilancia de los subprefectos; un secretario de estado, asesor del gobernador con residencia en Monterrey; un comandante militar; la junta departamental, integrada por 7 miembros que se elegían de las diferentes secciones del departamento, tenían sesión cada año, la cual duraba de uno a tres meses; en el caso de inhabilitación o fallecimiento del gobernador, quedaba en su lugar el presidente de la junta departamental. ↩︎

  4. Poco antes, José Mariano Monterde había decretado que las misiones se convirtieran en pueblos hasta San Borja y Santa Gertrudis. ↩︎

  5. Se ha argumentado que los Estados Unidos procedieron de mala fe al medir la legua marina no desde el punto más meridional del puerto, sino del punto más meridional de la bahía de San Diego, lo que les permitió apropiarse de una buena parte de territorio mexicano que en rigor no les correspondía, ya que el puerto estaba entonces 9.5 millas más al norte del extremo sur de la bahía. Sin embargo, quienes justifican la interpretación dada al artículo V del tratado y el establecimiento de la frontera en donde actualmente está dicen lo siguiente: -La Comisión Conjunta que realizó los trabajos de trazado y medición de la frontera recibió de sus respectivos gobiernos y del tratado mismo poderes prácticamente absolutos para resolver cualquier dificultad que se presentara, y como aparece documentado en las minutas oficiales de la referida Comisión Conjunta fechadas el 10 de octubre de 1849, sus integrantes, mexicanos y norteamericanos, estuvieron de acuerdo en la localización del punto inicial de la frontera en el Océano Pacífico. -La actual frontera entre ambos países se marco con rojo en el mapa de Pantoja cuando éste se anexó al Tratado de Guadalupe Hidalgo. -El mapa de Pantoja fue firmado por los tres plenipotenciarios mexicanos: Bernardo Couto, Miguel Aristáin y Luis G. Cuevas. -Siguiendo los mecanismos fijados por el tratado y el derecho internacional, México ha hecho algunas reclamaciones como el caso del Rancho Sasabe, Mina Oro Blanco, La Tinaja, Tres Bellotas, La Noria, La Tinaja (en Sonora); Ascensión (Chihuahua), etc., pero nunca se inconformó respecto a la frontera de Baja California con los Estados Unidos. [^1099]: Durante la administración de Esteban Cantú, el Distrito Norte de la Baja California era la región en que se recaudaban más impuestos por contribuyente en toda la república: 175 pesos, todos los cuales se invertían sin la autorización de Carranza en el Distrito. Pero ese dinero era aportado casi en su totalidad por los casinos, el hipódromo, prostíbulos, la venta de alcohol y el ingreso de chinos, afectándose muy poco al pueblo humilde. Samaniego, op.cit., pp. 61-62. [^1100]: En el AGE se encuentra copia de la circular número 41 fechada el 4 de octubre de 1917 que dice en parte: Con fecha de hoy queda establecido en esta población el Gobierno del Distrito, por convenir así a los intereses generales del mismo. Lo comunico a usted para su conocimiento y fines consiguientes, reiterándole mi consideración. Constitución y Reformas. Mexicali, Baja Cfa., 4 de octubre de 1917. El Gobernador del Distrito, Esteban Cantú. Además, en el libro Breves Apuntes Geográficos del Distrito Norte de la Baja California, publicado en 1918 por el Profr. Matías Gómez, Director de Educación Pública, en la p. 73 el autor señaló: La capital del Distrito Norte es Ensenada, aunque desde hace cuatro años ha cambiado por temporadas a Mexicali, Tecate y Tijuana, según las necesidades del Gobierno. ↩︎

  6. Siendo presidente Plutarco Elías Calles, por decreto del 15 de octubre de 1925 se creó la Municipalidad de Tijuana, dándosele el nombre de Zaragoza. El ayuntamiento electo entraría en funciones el 1º. de enero de 1926, lo cual no ocurrió, porque el gobierno del Distrito nombró un Concejo Municipal que fue presidido por Federico Palacios. ↩︎

  7. Cuando el general Juan Felipe Rico Islas se hizo cargo del gobierno del Territorio Norte de Baja California el 2 de agosto de 1944 en lugar del coronel Rodolfo Sánchez Taboada, ya el gobierno federal había resuelto judicial y administrativamente la entrega al estado de Sonora de una extensa superficie contigua al río Colorado, incluyendo San Luis, Río Colorado, según el reclamo sonorense al apegarse a lo establecido desde tiempos antiguos en el sentido de que el límite entre las dos entidades sería el cauce del río Colorado. La cesión de aquellas tierras al estado de Sonora se confirmó con una especie de plebiscito en el que los agricultores y vecinos de la región manifestaron verbalmente y por escrito, en presencia del ingeniero Oribe de Alba, jefe del Departamento de Recursos Hidráulicos, su deseo de pertenecer al estado de Sonora cuyo gobernador era el General Abelardo L. Rodríguez. Por lo expuesto, cuando el General Juan Felipe Rico Islas asumió el gobierno del territorio, tuvo que firmar los documentos de entrega correspondientes. ↩︎

  8. Macedonio González era hijo de Teresa Pérez, hermana de Eulalia Pérez, y ésta era esposa de Miguel Antonio Guillén, sargento al mando cuando se fundó la misión de San Vicente en 1780. Macedonio relataba que él y su primo Aniceto Murillo llegaron a San Vicente para prestar sus servicios en la Escolta en La Frontera; el comandante era Francisco María Ruiz, quien después fue comandante en San Diego. Macedonio murió, según algunos, a los 106 ó 107 años de edad en el rancho San Jacinto, de la familia Estudillo, en el Condado de San Diego, aunque Bancroft expresa que su edad al fallecer era arriba de 70 años. ↩︎

  9. En este trabajo se consideran básicos los registros del día 9 y 10 de febrero de 1774 que hace Juan Bautista de Anza en su Diario de la expedición de 1774 para encontrar una ruta entre Sonora y Alta California, que en parte dicen, refiriéndose al paraje inmediato al sitio en que se hizo el cruce del río Colorado: (9 de Feb.)…A los de esta parte les di el nombre de Puerto de la Concepción, que presentaron una vista muy agradable, distinguiéndose de ellos el mencionado confluente de los ríos, inmensa arboleda de sauces y álamos…(10 de Feb.)…levantando nuestro tren nos pusimos en camino río abajo…se paró a las faldas de un cerro que llamamos San Pablo, y de él, tomando al oeste por otra legua se hizo alto para pasar la noche a orillas del río…. Si el cerro de que habla Juan Bautista de Anza coincide con el cerro en el que se estableció el poblado de San Pedro y San Pablo de Bicuñer, aguas abajo a partir de La Concepción, significaría que el poblado y misión quedaron muy cerca de Los Algodones, Baja California. Por su parte, Luis de Sales, en su “Noticias de California”, carta iii, 65-7, señala que las misiones se plantaron en territorio dominico, al sur de la confluencia del Colorado con el Gila. ↩︎

  10. Se dijo por varias autoridades de la época que las hostilidades comenzaron y terminaron el 17 de julio, pero Arricivita indica que el ataque duró tres días. Esto parece confirmarse con una nota de Croix, fechada un año después de los acontecimientos, el 17 de julio de 1782, corrigiendo un reporte de Neve en el cual se señalaba que Rivera había muerto el primero de julio; Neve rectifica expresando que esto ocurrió el 18 de julio, lo que concuerda con lo dicho por Arricivita. Ibíd., p. 364 ↩︎

  11. Junto al nombre de la señora Montielo que aparece al pie de la carta, está la nota bibliográfica No. 12 que en idioma inglés refiere: Traducido del original en dos folios dentro de un fólder 40 de la caja 202; Colección Civezza, Biblioteca Antonianum , Roma, Italia. ↩︎

  12. Proverbio alemán. ↩︎

  13. En los documentos originales de Linck, el apellido está escrito Linck, excepto al final del diario de 1776, en donde firmó dos veces, en una está Linck, y en la otra Linc. Clavijero siempre escribió Link. En escritos en latín, Linck escribía Wenceslaus , y en español Venceslao o Wenceslao. Los autores alemanes escriben Wenzel. ↩︎

  14. Es muy probable que Consag haya llegado un poco más al norte de Keda. ↩︎

  15. La expulsión de los jesuitas les impidió fundar allí una misión, pero en parte, gracias a la información de Linck sobre la región, Junípero Serra lo hizo en 1769, dándole el nombre de San Fernando Vellicatá. ↩︎

  16. Nombre dado a la ranchería, al cerro y después a la visita que allí se estableció dependiente de San Fernando Vellicatá. ↩︎

  17. En reporte de 1762, anterior a esta expedición, Linck informó haber visto algunos indios del norte con cobijas limpias, de tejido artístico..que pudiera servir de tapete en cualquier parte…, algunas forradas con pieles de nutria o conejo, así como ídolos bien labrados, uno de ellos con un tridente en la mano; También supo por los indios que hacia el interior había casas más grandes y altas que la del misionero, tal vez refiriéndose a las de algunos pueblos nativos de la región del Colorado, hechas de varios pisos; pp. 46-48 de los Reportes y Cartas de W. Linck. ↩︎

  18. Linck nunca llegó a los 33 grados de latitud norte. Su latitud más septentrional en el viaje pudo ser de 31 grados cuarenta y siete minutos, al pie de la sierra de Las Pintas o de Los Reyes. La latitud de Mexicali es de 32º 43´ N. ↩︎

  19. Píccolo castellanizaba su nombre escribiéndolo con mucha frecuencia con una sola “c”. ↩︎

  20. Informe y Relación Succinta que de la Nueva Conversión, Estado y Progresos de la California, Hizo y Presentó a la Real Audiencia de Guadalaxara, por su Orden, el P. Francisco María Pícolo de la Compañía de Jesús. Páginas 8 y 9 del informe original. ↩︎

  21. Ibíd., p. 10. ↩︎

  22. Ibid., p. 12. ↩︎

  23. Harpers New Monthly Magazine, Dic. 1868, Explorations in Lower California, Browne, J. Ross, pp. 744, 745. ↩︎

  24. A sketch of the settlement and exploration of Lower California. The Goverment and People of Lower California …Dec. 22. 1867. Páginas A 174 y A 175 ↩︎

  25. “Harpers…”, Op.cit., p. 748 ↩︎

  26. “Harper´s New Monthly Mag.”, diciembre de 1868, p. 746. ↩︎

  27. El relato de Cleveland es poco conocido, pero tiene dos características que lo hacen interesante al lector: se percibe a través de su obra la personalidad de un hombre culto y capaz de narrar sus experiencias de un modo fluido y sencillo, y además, se refiere, aunque en poca extensión, a la época de los dominicos en Baja California a principio del siglo XIX, de la cual siempre harán falta informaciones para iluminar un poco más su nebuloso panorama. Al describir las personalidades de los padres Mariano Apolinario y Ramón López, aunque de éste último no se menciona explícitamente su nombre, quedan con claridad en la mente del lector las grandes virtudes de algunos misioneros dominicos, y los errores que cometieron otros en su afán de evangelizar a los indios de La Frontera empleando los más violentos medios, incluido el asesinato ↩︎

  28. Bell, a diferencia de casi todos los historiadores norteamericanos, afirma que la salida de Walker a Sonora se debió al constante hostigamiento de Meléndrez. ↩︎

  29. El representante de los Estados Unidos en México en 1856, John Forsyth, era un decidido partidario de la intervención norteamericana en el país, ya que, decía, sin la intervención , y, o garantías de los Estados Unidos, en una forma u otra, un gobierno estable nunca puede asegurarse para esta gente…(“Schemers and Dreamers: Filibustering in México, 1848- 1921; Joseph A. Stout Jr..). Esto explica su furibunda reacción después de lo sucedido a Zerman, y las violentas demandas hechas a México con el fin de lograr una compensación por los daños que habían sufrido los expedicionarios extranjeros. Al principio, la respuesta del gobierno mexicano fue que se trataba de un problema interno del país, y que los Estados Unidos no tenían por qué intervenir en su solución. Todavía Forsyth insistió en una carta de diecinueve páginas dirigida a Antonio de la Fuente, pero ya nada le valió. Un mes después de esto, el secretario de fomento Miguel Lerdo de Tejada, autor de la Ley de Desamortización de Bienes Eclesiásticos, contestó al representante yanqui: La expedición de Zerman …exhibe las características de una invasión filibustera en contra de la paz, la dignidad y el territorio de la República Mexicana, violando las leyes de neutralidad de los Estados Unidos y cambiando ilegalmente de bandera en alta mar. Stout Jr. dice, en una parte de su obra que se ha citado antes, que Forsyth aconsejaba lo siguiente: los americanos debían buscar el control del poder de la iglesia en México, integrarse en el ejército mexicano, y tomar acciones para proteger a los norteamericanos y a sus propiedades en México No queda claro cómo se lograrían tales actos y porqué la iglesia era parte de esa declaración Tal vez Stout Jr. no tomó en cuenta, para explicarse las ideas de Forsyth, que fue en ese tiempo cuando la iglesia en México sentía que la desamortización de los bienes eclesiásticos era un ataque a sus antiguos privilegios, y los perversos políticos norteamericanos contemplaban el disgusto de la iglesia contra el gobierno, como una buena opción para dividir al país y debilitar cualquier forma de resistencia ante una intervención extranjera en suelo mexicano. Es evidente que Forsythe desconocía la entereza y patriotismo de aquellos hombres de La Reforma, un Juan Antonio de la Fuente y un Miguel Lerdo de Tejada, a quienes había dirigido sus prepotentes exigencias por las justas acciones de Blancarte en contra de Zerman. ↩︎

  30. Archivo Franciscano, ficha No. 287, Título *Relación que hace el padre Juan de Ugarte al padre procurador José de Echeverría…*Biblioteca Nacional de México, fondo reservado, colección Archivo Franciscano, (4/53.1, f. 1-16v). ↩︎